Eso que llaman independentismo

Oscar Wilde decía que el nacionalismo es la virtud de los depravados y eso que Wilde no vivió los probablemente peores actos cometidos por el nacionalismo ya que falleció en el año 1900 y no tuvo que sufrir los hechos que llevaron a las guerras mundiales.

Hay personas que confunden el nacionalismo con el patriotismo, pero no tiene nada que ver. El patriotismo es simplemente sentido común, entender que no puede ser autosuficiente y que necesita interaccionar con otras personas a muchos niveles para cubrir buena parte de sus necesidades.

El patriotismo es la comprensión de tu necesidad de pertenecer a ese conjunto para sobrevivir y desarrollarte como individuo y el deseo de conservarlo y mejorarlo por la convicción de que dichas mejoras redundarán en tu propio beneficio, del mismo modo que atacar y dañar a tu patria sólo puede desembocar en un daño a ti mismo pues dependes de ella.

El patriotismo no tiene absolutamente nada que ver con ideas políticas, religiosas o económicas. Podemos considerar patriota a un inmigrante que trabaje para buscar su propio beneficio a través del beneficio de la sociedad que le ha acogido; y antipatriota a un español que defraude al estado y estafe a sus prójimos para enriquecerse.

El patriotismo es amor a lo tuyo. El nacionalismo, en cambio, es la creencia de que lo tuyo es superior a lo demás por propia naturaleza. En Catalunya, la maquinaria independentista que se ha dedicado durante años a lavar el cerebro en los colegios, en los medios de comunicación y, sobre todo, en la televisión donde hasta en las series o los “culebrones” se hace propaganda Nacional-Catalanista.

En la realidad, el 40% de la población es catalanoparlante y el 60% castellanoparlante. Si nos ceñimos a la provincia de Barcelona, el porcentaje de catalanoparlantes es aún menor. Sin embargo, en series que tratan de reflejar el día a día de Barcelona nadie habla castellano, salvo algún personaje en concreto.

De los personajes que hablan castellano, solamente hay dos tipos: el que es bien visto por los protagonistas pues suele tener los cánones de formal y buen trabajador pero no muy inteligente; y el fascista, maleducado y violento.

Ser catalán es una cuestión de nacimiento y, sí, sé que eso es de perogrullo pero, a día de hoy, en la Catalunya del “procés” da la sensación de que no, que es cuestión de estirpe, de política y casi casi de religión.

El nacionalismo, que es la ideología más retrógrada, más rancia y más casposa de todas, es vista en Catalunya como moderna, juvenil y situada en la izquierda, cuando una persona de izquierdas no puedo ser jamás nacionalista, puede ser patriota pero no nacionalista. Como bien dijo Boadella, en España no hay extrema derecha porque la extrema derecha son los nacionalistas.

La CUP, ese partido que finge ser anticapitalista y de extrema izquierda, pero que son hijos de la burguesía catalana de toda la vida jugando al mayo del 68, ha realizado una moción que reclama a Junts pel Sí un apoyo sin fisuras a la declaración de la ruptura.

Ciertamente, yo creo que más que buscar una Declaración Unilateral de Independencia lo que realmente busca la CUP es demostrar a la opinión pública que Junts pel Sí no está dispuesta a forzar la máquina por la independencia.

Lo peor de este asunto es que ya hay alcaldes de la CUP que van a ser juzgados por sedición y condenados a pagar una multa o incluso ir a la cárcel, un castigo que quizá merezcan más otros que están más arriba y que en realidad están moviendo los hilos para que los de abajo se muevan.

El conflicto de Catalunya está llegando a un callejón sin salida. Una discusión entre la CUP y Junts pel Sí es la única salida honrosa que les queda. No debieron continuar con esta pantomima cuando el pueblo catalán dio la espalda al independentismo en la votación del 27 de septiembre y ahora no les queda más que escenificar una ruptura y que Puigdemont, el cual creo que acabará con el sobrenombre del Breve, disuelva el Parlamernt y vayamos a unas autonómicas normales y corrientes. De este modo, con ese escenario, los independentistas quizá luchen por lo que crean. Eso sí, confiemos que pronto la educación esté en manos del gobierno central porque, sino, la escuela en Catalunya seguirá siendo una fábrica de hacer independentistas.

 

Fuente de la fotografía de portada: naciodigital.cat

 

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100 días sin gobierno

Como en esas malas películas de acción, tenemos un reloj corriendo de modo inverso hasta que llegue a cero, acabe la posibilidad de hacer gobierno y tengamos que volver a las urnas. Como ocurre en esas películas, estamos esperando a que algo inverosímil pase y, finalmente, salvemos la situación.

Ayer Sánchez volvió a reunirse con Rivera y hoy volverá a hacerlo con Iglesias. Se barajan todas las posibilidades y estamos a la espera de que, como ocurrió en Catalunya, algo pase. Pero, entre el caso Puigdemont y la situación actual, hay una diferencia.

En el caso de Catalunya, hubo un factor determinante para alcanzar el acuerdo. El soberanismo perdía muchos votos en el caso de que se repitieran las elecciones, de modo que ni a Junts pel Sí ni a la CUP les interesaba unos nuevos comicios.

Sin embargo, en el panorama actual, parece que poca cosa cambiaría. Sí es cierto que la mayoría de las encuestas favorecen a PSOE y a Ciudadanos, pero no es menos cierto que poco cambiarían las cosas según los sondeos y, descartando a los nacionalistas, haría falta que tres partidos se unieran para formar gobierno.

De momento, guste más o menos, sólo socialistas y C’s han sido capaces de entenderse y siguen a la espera de que Populares o Podemitas se unan a ese acuerdo. De momento, el PP de Mariano Rajoy ni está ni se le espera con la eterna cantinela de que él ganó las elecciones.

Obviamente, los españoles hablaron y Rajoy era el primero que debía tratar de formar gobierno, pero no lo hizo, negó al Rey y dejó todo en manos de Pedro Sánchez, que podía gobernar junto a la extrema izquierda y los nacionalistas.

El Partido Popular jugó a la ruleta rusa convencido de que Sánchez no podría formar gobierno y en esas está aún a día de hoy. Pero la nación no es un juego, los ciudadanos españoles merecen que sus políticos traten con total seriedad los asuntos que les competen.

A Sánchez le achacan que su lucha no es por el bien de la nación sino por salvarse a sí mismo. Todos tenemos presente que, si no logra su objetivo, probablemente la Presidenta de Andalucía, Susana Díaz, sería la candidata a las hipotéticas elecciones de junio.

Sea eso cierto o no, sí es verdad que el actual secretario general del PSOE solamente ve la posibilidad de que Podemos le permitiera gobernar y también cree que podría valer con una simple abstención ya que, con ella, quizá Compromís, Izquierda Unida o PNV podrían acceder a un gobierno de centro-izquierda que acabara con el gobierno del PP.

En los últimos días, se ha especulado que dentro de Podemos hay miembros importantes que estarían dispuestos a aceptar el gobierno de Sánchez, a pesar de que el partido morado no entrase en él. Sin embargo, la cúpula, el lado más fiel a Iglesias, no valora esa posibilidad y no apoyará a Sánchez a no ser que sea a cambio de Ministerios, cargos y sillas.

Pablo Iglesias no teme a unas nuevas elecciones, por más que estas no le favorezcan según las encuestas. Está convencido de que puede remontar la situación, como hizo el 20 de diciembre. Yo no lo descartaría. Política desde luego no saben hacer, ahora, lo que son campañas y convencer a personas, a cambio de promesas que no se pueden cumplir, sí.

La mayor diferencia entre las elecciones pasadas y las de junio es que España ya ha podido ver las verdaderas intenciones de unos y otros. Muchos ya han podido comparar a Rivera con Iglesias y saben que la intención de Ciudadanos es acabar con el bipartidismo y la de Podemos, formar parte de él, que su único objetivo son ministerios, pagas, sillones y, como hemos visto en los ayuntamientos donde gobiernan, enchufar a novias, amigos y familiares.

 

Fuente de la fotografía: www.huffingtonpost.es

Rufián y Molinero, los charnegos agradecidos

A través de los medios de comunicación, ha habido una serie de declaraciones entre el locutor de radio Justo Molinero y el Diputado de ERC Gabriel Rufián en la que el periodista acabó llamando gilipollas al político. Imagino que Justo Molinero habrá creído que Rufián puede quitarle el primer puesto en la lista de Charnegos Agradecidos y Siervos del Nacional Catalanismo.

Justo Molinero ha presumido de ser el andaluz mejor adaptado a Catalunya durante años y, claro, para él adaptarse es arrodillarse ante los que creen que los ciudadanos de Catalunya que han venido desde otros puntos de España son de segunda categoría.

El locutor ha sido una marioneta que se ha enriquecido del mismo modo que los siervos que eran cercanos a los Reyes se ganaban un puesto en la corte. Ha sido el bufón que ha tratado que los andaluces e hijos de andaluces estuvieran distraídos oyendo la radio, montando ferias y enrolados en asociaciones culturales para que no pensaran en política.

Obvio es que una persona que dejó Dos Hermanas deba adaptarse a la vida de Barcelona, tanto como uno que venga de un pueblo de Girona, pero eso de comparar el hecho de adaptarse, como si los andaluces hubieran venido de otro país, es hacer poco bien a los propios andaluces.

Molinero, que empezó a hacerse rico gracias a una cadena de radio ilegal y que consiguió la licencia gracias a una manifestación que se hizo en Barcelona en la que asistieron muchísmos andaluces, es el reflejo claro de lo que es un charnego agradecido.

Pero adaptarse a Catalunya no es ser más nacionalista que nadie. Quien a día de hoy diga que los andaluces, que son casi un millón de personas (sin contar a sus hijos que ya nacieron en tierras catalanas), no se han adaptado a Catalunya creo que no entiende el significado de la palabra adaptarse.

Que se utilice el idioma para indicar que alguien no se ha adaptado es la mayor de las perversiones que puede hacerse. Yo he defendido en este blog que el catalán es un idioma tan español como el castellano y, del mismo modo, defiendo que el castellano es un idioma tan de Catalunya como el castellano.

Molinero siempre ha intentado estar con el poder y le ha ido bien, pero no creo que sea ejemplo para nadie. Hay un chiste que dice que unos andaluces llegaron a Catalunya siendo pobres y volvieron ricos a su tierra, donde al llegar les dicen: “-Oye, ¿cómo habéis hecho tanto dinero, si os fuisteis de Andalucía con una mano delante y otra detrás?”. A lo que el otro contesta: “-Pues, mira, mi mujer se quitó la mano de delante y yo la de detrás y nos hicimos ricos”.

Esa ha sido la forma, metafóricamente hablando, de cómo ha ganado dinero Justo Molinero. Y lo peor es que en su programa trata de hacerse el paleto y, con ello, dando una imagen de catetos a los que vinieron de otro punto de España a Catalunya.

Rufián y Molinero son dos caras de la mima moneda. No representan a los adaptados, porque adaptados están todos los que han venido a Catalunya, sobre todo porque es fácil adaptarse a una ciudad de tu mismo país.

Tengo pendiente escribir una entrada hablando de cómo, cuándo y por qué los andaluces fueron masivamente a Catalunya. Pero la imagen que dan Rufián y Molinero, desde luego, es totalmente falsa. Esa entrada se la debo a todos los andaluces que han hecho de Catalunya lo que es hoy, hablando en ella sobre cómo el rechazo a los andaluces, en algún momento de la vida, fue más por motivos políticos y clasismo que por identidad nacional, como muchos nos quieren hacer creer.

Molinero, Rufián, un aplauso para vosotros, habéis cumplido vuestro objetivo de ganar dinero arrodillados ante el Nacional-Catalanismo, pero que en vuestra propia ciudad hayan fracasado los partidos independentistas refleja que, para los independentistas, quizá sois un ejemplo pero para los constitucionalistas no sois más que unos vendidos al poder establecido.

Fuente de la fotografía de portada: lavanguardia.com

No hay respeto por los muertos en la Catalunya del pensamiento único

Cuando el Flaco llegó al Barcelona, fue toda una revolución. Cruyff había ganado tres Copas de Europa con el Ajax de Ámsterdan y era considerado el mejor jugador del mundo. No pudo debutar hasta la octava jornada de una Liga loca en la que el Real Madrid iba décimo y el Barcelona decimocuarto, a un solo punto del descenso. Como en las películas, la llegada del futbolista holandés hizo mejorar a todo el equipo. En ese primer partido, el Barcelona gana 4 a 0 al Granada y comienza a remontar; el Barça no volvería a perder hasta que no fue campeón de Liga después de catorce años de sequía.

Por lo que dicen quienes vivieron esos tiempos, las cuatros siguientes temporadas no fueron tan buenas para el Holandés, que nunca estuvo tan acertado como en aquel primer año. En cinco temporadas, únicamente ganó un 1 Liga y 1 Copa, pero para los aficionados fue un ídolo, sobre todo por aquella Liga y un histórico 0-5 en el Bernabeú. Para los culés, Cruyff era uno de los suyos, demostró su amor por Catalunya, quiso poner a su hijo Jordi, pero las autoridades no lo permitían, de modo que el niño nació en Ámsterdan y se llamó Johan Jordi Cruyff.

La historia como entrenador, en la que estuvo 8 años, fue hasta entonces la más exitosa de la historia del conjunto culé. Ganó 4 Ligas y la ansiada Copa de Europa y, algo más importante, consiguió cambiar la mentalidad del Club para siempre. Johan no volvió a entrenar nunca más cuando dejó el Barça, hasta que obtuvo el anecdótico cargo de Seleccionador de Catalunya. Durante 5 años, entrenó a la selecció en los tradicionales partidos amistosos de Navidad. Cuando Johan Cruyff murió, fue una pena para todos, para todos los catalanes incluso para los que no somos del Barça.

Sin embargo, esos muchos como yo nos sentamos ante la pantalla, pusimos la cadena autonómica catalana decididos a ver un programa sobre su vida y, ¿qué nos encontramos? Más propaganda independentista, más pensamiento único, más lavado de cerebro. Una vez más, para TV3 no puede haber amor a Catalunya sin independentismo.

Gente, y digo gente porque no son personas sino simplemente gente como Artur Mas, Puigdemont el señor Más de los mismo y personajes de bajeza moral similares, no dudó en colocar la estelada (metafóricamente) en el cuerpo sin vida del hombre que cambió la historia del Barcelona para siempre. Un hombre al que, en lo deportivo, Catalunya le debe mucho, pero también toda España ya que su estilo de juego tuvo su máxima expresión en la selección que ganó un Mundial y dos Eurocopas.

Cruyff era una persona con visión, con mucha visión y con mucha personalidad, que siempre tenía algo que decir sobre la cuestión que fuese y que no tenía miedo a decir lo que pensaba. En sus últimas entrevistas, dijo que no entendía que se pitara el himno de España y que no comprendía tampoco la independencia porque, aunque reconocía y reclamaba la identidad catalana, decía que en el mundo siempre era mejor unir que separar, a pesar de que también opinaba que era bueno votar y escuchar al pueblo.

En su visión sobre Catalunya, dijo que cuando llegó al Barça fichó vascos porque los catalanes eran cobardes. En esa entrevista que le realizó Risto Mejide, éste le recriminó esas palabras, a lo que Johan indicó que la situación actual no era un signo de valentía. Johan, en su peculiar visión de las cosas y sin pelos de la lengua, contestó que los de sangre española eran los que habían puesto valentía al independentismo catalán.

Cruyff fue un hombre de principios, se quitó una raya de la camiseta de Holanda en el mundial 74 porque Adidas no le pagaba y en 1978 no fue al mundial de Argentina porque allí había una dictadura. De Cruyff han dicho estos días que fue un gran embajador de Catalunya y sí, eso sí que es cierto, desde luego mucho mejor embajador que los Pujol, Mas, Puigdemont y toda esa pandilla de lamentables representantes de Catalunya .

Ojalá hubiese más embajadores en mi tierra como Johan Cruyff, pero Johan ya se ha ido, dejémosle descansar. Pero una cosa está clara, el hombre que cambió la historia del Barça y de la selección española no ha hecho nunca jamás una declaración a favor del independentismo porque, por más que les pese a muchos, amar, respetar y defender a Catalunya y el independentismo son dos cosas diferentes, antagónicas en realidad ya que, los independentistas sólo aman, respetan y defienden a una parte de esta tierra.

Ciudadanos (la historia) – Capítulo X

Analizado en la entrada anterior, en el Capítulo IX de la historia de Ciudadanos (la podeis encontar clickando aquí), el mapa geográfico de los resultados, ahora veremos de qué caladero “pescó” los votos Ciudadanos.

Muchas veces, se habla de este tema con demasiada ligereza ya que cometemos el error de decir que los votos vienen de tal o cual partido, considerando que los votos son de alguien, es decir, como si las personas tuvieran la obligación de votar siempre al mismo. Ese quizá haya sido uno de los grandes errores de este país y el grave problema del bipartidismo en España PP-PSOE.

La diferencia entre un súbdito y un ciudadano es precisamente esa. Un súbdito está a las órdenes del Gobierno, del Estado, cuando es al revés, los gobernantes están para servir al pueblo. Nosotros con el voto cedemos la confianza a quienes nos van a representar, pero esa confianza es efímera, lo es hasta que lo creamos oportuno y, si no hacen las cosas como deben, no volveremos a depositarla en ellos. Por eso, siempre hay que tener presente que los votos, en este caso a Ciudadanos, no pertenecían a ningún partido. Eso no quita que sea de gran interés ver estadísticamente a quién habían votado antes los que ahora votaban a Ciudadanos en esta primera oportunidad de hacerlo.

Más de un tercio (36,3), eran personas que votaban por primera vez, que no habían votado antes o  que lo habían hecho en blanco. Este dato es importante ya que la teoría de que una gran cantidad de ciudadanos no se acercaba a las urnas, porque no había un partido situado en el centro izquierda no nacionalista, tomaba consistencia. Y esa era una buena noticia para un posible crecimiento del partido ya que la abstención seguía siendo del 44%. El 29,7% de los sufragios provenían de personas que habían votado en las anteriores elecciones al PSC, el 22% de ex votantes del PP y un 9,9 de CiU.

Todo es analizable, pero esos datos indicaban que Ciudadanos convencía principalmente al sector no nacionalista de los socialistas, al más centrado de los populares e, incluso, a algunos votantes de Convergènia i Unió que o bien se situaban en el centro político o bien castigaban a estos por sus pactos de estado en el gobierno de España. Las urnas habían dictaminado dónde estaba Ciudadanos. Había perjudicado al PSC, pero los que comenzaban a ponerse nerviosos eran los independentistas en general y miembros de ERC en particular, por más que tratasen de ningunear la presencia de la formación de Albert Rivera en el Parlament, diciendo que sería efímera.

En la investidura de José Montilla, los miembros de Ciudadanos fueron los únicos en no entonar el beligerante y violento himno de Catalunya, en el que se anima al pueblo a afilar las hoces y estar alerta contra el enemigo (la España Borbónica). Debido a eso, o simplemente al hecho de que tuvieran representación en el Parlament, Ciudadanos pasó definitivamente a ser el enemigo número uno de los independentistas catalanes.

El primer discurso en el Parlament del líder de Ciudadanos, Albert Rivera, era recordado así por el mismo en su libro “Juntos podemos” (Editorial ESPASA):

Sentí en cada una de mis células como todas las miradas estaban puestas en nuestro partido y, particularmente, en mí. Esos días dormí poco. Seguiamos en una nube tras haber conseguido que un nuevo partido, nacido de la sociedad civil, consiguiera entrar en el Parlament, algo que no había ocurrido en más de veinte años. Comencé a bajar los escalones desde mi escaño y las paredes se me echaban encima. Ya había pensado otras veces, durante la campaña, que ese momento podría producirse, y aunque muchos creían que no lo lograríamos, aquel día se realizó el sueño de los cerca de noventa mil ciudadanos que habían confiado en nosotros. Encaré los últimos escalones y los murmullos comenzaron a extenderse por un hemiciclo lleno, como era de esperar en una sesión de investidura. Sin duda, no era el escenario más cómodo para un chico de veintisiete años recién cumplidos que, además, tenía el honor y la responsabilidad de ser el diputado más joven de aquella legislatura. Alcé la vista por encima de las primeras filas y comencé a hablar. Por supuesto, aquel no fue mi mejor discurso, sino todo lo contrario, pero mucho me temo que cuando uno quiere preparar a fondo las cosas, casi nunca consigue el resultado esperado.

Días después, la famosa periodista independentista Pilar Rahola se despachó a gusto en un artículo para EL PAÍS:

 Lo cierto es que me parecen necesarias algunas reflexiones sobre la entrada de Ciutadans en el Parlament. Pero avanzo una previa: el fenómeno me parece relevante, pero no trágico.(…) El éxito de Ciutadans está directamente relacionado con el hostión que se ha dado Pepe Montilla en sus feudos tradicionales, esos mismos que decía movilizar gracias a sus orígenes y su apellido. (…)Algo o mucho de voto antisistema se ha llevado la gente de Ciutadans.

Los ataques contra Ciudadanos no fueron solamente verbales, ese mismo día los medios recogían la noticia de que un alumno de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), que llevaba puesta una camiseta con el logotipo del partido había sufrido un altercado por parte de un grupo de estudiantes. El joven, matriculado en Ciencias Políticas y Sociología, fue increpado durante unos minutos por varios estudiantes, hasta que finalmente una chica del grupo le arrancó la camiseta.

El rector de la UAB, Lluís Ferrer, abrió un expediente informativo y dio su rechazo absoluto a todo acto violento.

 

Fuente de la fotografía de portada: elpais.com

La nueva Convergència no quiere la herencia de Pujol

Convergència fue un proyecto político que nació entorno de Jordi Pujol durante los últimos años de la dictadura franquista. Pujol, que según sus propias memorias se considera “un noi de poble”, lo cierto es que perteneció a una familia burguesa de Barcelona que únicamente abandonó la ciudad para ir a Premià de Dalt mientras duraba la Guerra Civil. En 1939, ya en Barcelona, estudió en el Colegio Alemán, lugar del que sus padres no le sacaron, a pesar de lo que estaba aconteciendo en la II Guerra Mundial.

Ya a los 17 años, comenzó a enrolarse en asociaciones antifranquistas de ideología católica y catalanista. Con 30 años, fue arrestado por sus protestas contra la dictadura de Franco, en lo que fue conocido como los sucesos del Palau de la Música. Sin embargo, gracias a los contactos de su familia en las grandes esferas, no cumplió la pena de 7 años a los que le habían condenado y salió de prisión dos años después.

En noviembre de 1974, se formó el partido en una reunión clandestina a la que asistieron 150 personas. En dicha reunión, Pujol definió hacer país como formar una determinada moral, transformar las mentalidades y construir la colectividad catalana, reformar la lengua, expandir la cultura catalana, afianzar las tradiciones y crear una nueva mentalidad económica”.

Convergència lideró la coalición Pacte Democràtic per Catalunya que se presentó en las primeras elecciones generales en 1977 junto a Partit Socialista Catalá Reagrupament, Esquerra Democràtica de Catalunya y Front Nacional Catalá. Obtuvo 11 diputados, por los 15 que consiguió el PSC-PSOE.

En ese tiempo, los diputados catalanes en conversaciones con el gobierno de Suárez trataron de ponerse de acuerdo en cómo debería ajustarse Catalunya en la Constitución española, que debía votarse el año siguiente. En esas conversaciones, los representantes de Catalunya consiguieron la autonomía que debería ser reafirmada por el pueblo catalán en referéndum y decidieron no tener un concierto económico propio como en Euskadi, cuestión que Jordi Pujol siempre achacó al PSC y al PSUC, por más que miembros de este partido siempre aseguraron que precisamente Jordi Pujol era uno de los que más riesgos veía en que Catalunya tuviera una hacienda propia.

Pujol fue reafirmado como diputado en las II elecciones democráticas, las de 1979. Y en 1980 fue elegido President de la Generalitat, obteniendo el 27,83% de los votos y con el apoyo de ERC y la UCD. Con esos apoyos, la jugada salía perfecta ya que le apoyaba el catalanismo de izquierdas (a pesar de que Josep Tarradellas era muy crítico con Pujol), así como también el constitucionalismo de centro. De modo que Convergència se mostraba como catalanista dentro del orden.

Cuatro años después, Jordi Pujol obtenía mayoría absoluta y así fue hasta 1995, en una Catalunya que prospera adecuadamente y en la que Pujol tenía todo bajo control. En ese 1995 consiguió la investidura con las abstenciones de PP y PSC ya que ambos sabían que en las Generales de 1996 CiU sería necesaria, tal y como así fue, para que pudiera gobernar José María Aznar. Cuatro años después, el pacto de Madrid se trasladó a Barcelona y el Partido Popular permitió con su voto a favor la investidura de Pujol que estuvo 23 años en el poder.

Comenzaron los problemas y la sombra de la corrupción planeó sobre la cabeza del President que dejó a su delfín Artur Mas a cargo del partido. El caso Banca Catalana fue el primero, pero después vinieron otros como el caso Adigsa, el caso Palau o Millet y el de las ITV, hasta que Jordi Pujol admitió haber evadido impuestos con un dinero que tenía en Suiza y Andorra (y que luego se supo que sus hijos habían repartido por varios paraísos fiscales).

Convergència, que tiene hasta la sede embargada, se envuelve en la bandera del independentismo para que los ataques contra su partido se consideren ataques contra Catalunya. Por miedo a perder las elecciones y porque saben que sus siglas están manchadas de corrupción, se presentan a las elecciones bajo diferentes siglas Junts pel Sí en autonómicas y Democràcia i Llibertat en las generales.

Ahora, Convergència quiere refundarse, cambiar el nombre, las siglas, que nadie pueda reconocerles en la corrupción de Pujol y Más. Matar al padre para librarse de la mala imagen, un volver a empezar para esconder al pueblo que “Catalunya ens roba als catalans”.

Pero, para refundar el partido, harán falta mucho más que otras sedes u otro nombre. Tampoco valdrá con que traten de que entre al partido gente de centro y de izquierda, porque en Catalunya todo el mundo sabe lo que Convergència representa, a quienes representan y a pesar de que lleven más de 100 años con transformismos de primera calidad para quedarse siempre en el poder, pase lo que pase, mande quien mande, en Catalunya la fractura social les está haciendo a ellos mismos más daño que a nadie. Por eso, ya solamente tiene 30 diputados en el Parlament cuando llegó a tener 72 y únicamente 8 en el Congreso, cuando obtuvo 18 en sus mejores tiempos.

Fuente de la fotografía de portada: elpais.com

¿Pactos o día de la marmota?

En el fracasado proceso de investidura de Pedro Sánchez, el PP y Podemos votaron del mismo lado. Por cierto, del mismo lado que también votó PNV, Bildu, ERC, Convergència. etc. Muchas personas criticaban un pacto de perdedores, pero no era así, pues la cuestión no era que los partidos menos votados se juntaran para derrocar al más votado, sino que lo que realmente pasó es que la fuerza más votada, es decir, el Partido Popular, le negó a su Majestad el Rey formar gobierno y, a raíz de ahí, perdió su turno.

El líder de Ciudadanos, Albert Rivera, ya dijo antes de las elecciones que el partido que representa no iba a ser un impedimento para el que tratara de hacer gobierno y así ha sido. Rivera y Sánchez firmaron 200 propuestas de cambio para España, propuestas que, obviamente, no es el programa de PSOE ni el de C’s, sino puntos en común entre ambos, cuestión que parece extraña por más que la política debería ser el arte de llegar a acuerdos.

Estos últimos días, la prensa cercana a PP y Podemos sigue el camino de sus partidos; van de la mano contra el pacto PSOE-C’s, sobre todo criticando a Ciudadanos, el cual según la prensa de derechas será traicionado por el PSOE quien irá de la mano de Podemos y los independentistas para formar gobierno.

No entiendo esa lectura. Si eso ocurre, que es posible, nadie podrá criticar a Ciudadanos porque, precisamente, Albert Rivera y su equipo son los únicos que han intentado que eso no ocurra. Si finalmente hay un gobierno de Sánchez con la extrema izquierda y los independentistas, solamente habrá un culpable de eso, el Partido Popular, que no habrá movido un dedo para que eso no ocurra.

Estos días en la prensa se utiliza hasta el término infidelidad para el caso referido, pero Ciudadanos y PSOE no están casados, han llegado a un acuerdo de 200 puntos sin pedir sillas ni cargos a cambio. Fuera de esos 200 puntos, PSOE puede negociar con quien quiera, siempre y cuando respete esos puntos. Si no lo hacen, el pacto se rompe, Ciudadanos estará fuera de ese acuerdo y pasará a la oposición, tan sencillo como eso.

Por más que los contrarios a Ciudadanos decoren esa posibilidad como un fracaso del partido, ciertamente no es así. Ciudadanos quedaría en la oposición con sus 40 diputados, es decir, tal y como quedó tras la votación del 20 de diciembre, además que, ciertamente, la situación del partido es lo de menos. Lo importante es el bien del país y, obviamente, lo mejor para España es que los que quieren romperla no sean decisivos a la hora de hacer gobierno.

Sigo pensando que lo ideal es llegar a un acuerdo antes que repetir elecciones, pero que el PP acepte que gobierne Sánchez parece imposible y que Podemos acepte no formar parte de él, menos aún. Las encuestas dicen que ambos partidos serán castigados en las urnas. Quizá esa sea la única posibilidad de que alguno ceda, del mismo modo que ocurrió en Catalunya cuando el bajón que iban a dar Junts pel Sí y la CUP les unió.

Si, finalmente, vamos a nuevas elecciones, deberíamos dar un paso más y acercarnos a las grandes democracias de Europa, me refiero a que los partidos ya digan antes de las elecciones con quién sí y con quién no estarían dispuestos a pactar, tal y como ocurre, por ejemplo, en Dinamarca. Eso sí, en ese caso, Podemos y Partido Popular tendrían que ceder en sus exigencias si quieren que alguien esté dispuesto a pactar con ellos, porque sino, España puede vivir el día de la marmota, como en la película que protagoniza Bill Murray.