Ciudadanos (la historia) – Capítulo VII

Continuamos repasando la historia de Ciudadanos (recordad que podéis encontrar el Capítulo VI aquí):

¿Quién es Albert Rivera?

Ciudadanos ya tenía cara, nombres y apellidos. El secretario general, Antonio Robles, un veterano de las batallas contra la política lingüística de los sucesivos gobiernos de la Generalitat, y el presidente Albert Rivera, un joven abogado sin experiencia política, fueron elegidos en el congreso fundacional del partido, celebrado durante un fin de semana en un hotel de Bellaterra.

La candidatura ganadora se impuso con claridad por 219 votos contra 49, pero el hecho de que hubiera dos listas lo complicó todo, hasta el extremo de que la clausura prevista se produjo casi cuatro horas más tarde. Albert y Antonio fueron escogidos por orden alfabético. La realidad es que, según dicen, fue un pequeño truco para que Rivera fuese elegido y más tarde ya se vería si sería ratificado. Obviamente, por más que hay quien lo sostiene, no fue casualidad que Rivera ya hubiese salido en los medios y que, no solo había sido campeón de España universitario de oratoria, sino que años después sería el líder político más valorado por los españoles en todas las encuestas.

En sus primeras declaraciones como presidente, Albert Rivera mostraba su perspectiva de lo que debería ser Ciudadanos:

“Este partido nunca debe dejar de ser un partido de ciudadanos, sea quien sea el presidente o su secretario” (…) Nunca entraremos en el juego de decir lo que no pensamos ni comportarnos como políticos profesionales” (…) “otra forma de hacer política, basada en la solución de los problemas”.

Los medios de comunicación criticaron mucho el hecho de que no se les dejase asistir a la asamblea. Desde el partido se decía que era cuestión de espacio, pero la prensa no creyó esa teoría e insistieron en que se debatía la tendencia política que el partido debía tomar. Según decían:

Un áspero debate entre los que defendían una etiqueta de izquierda o de centro izquierda, y aquellos otros que apostaban por una fuerza “transversal” o “liberal”; es decir, capaz de acoger en su seno al españolismo más derechista (El país).

Ciutadans busca el voto del PSC y se olvida del PP (La Vanguardia).

Ciutadans buscará el voto españolista que se abstiene en las autonómicas (El Mundo).

Al ser preguntado por esto a Albert Rivera, contestó: “Nuestra política será socialdemócrata y liberal progresista. Aunque no nos guste hablar en estos términos, nuestro partido ocupará un espacio de centro-izquierda”.

¿Pero quién es Albert Rivera? ¿De dónde había salido? Hijo de catalán y  madre andaluza (sus cuatro abuelos malagueños), fue campeón de natación de Catalunya, licenciado en Derecho y tiene un posgrado en Derecho Constitucional  en ESADE (prestigiosa universidad privada, tema que ha servido para que le acusaran de ser de buena familia, aunque sus padres pertenecen a la clase media regentando un pequeño negocio, llegándose a decir que sus progenitores le habían pagado la campaña electoral, otra de las grandes leyendas urbanas de Rivera y Ciudadanos). Fue alumno de Francesc de Carreras, catedrático de Derecho Constitucional e impulsor de la plataforma cívica que dio origen a Ciudadanos. Una vez licenciado, en septiembre de 2002 comienza a trabajar en La Caixa de Ahorros y Pensiones, “La Caixa”. En 2004 aprueba unas oposiciones internas del mismo centro y trabaja hasta 2006 como Letrado en la Asesoría Jurídica de los Servicios Centrales de La Caixa, solicitando una excedencia voluntaria para poder preparar las elecciones autonómicas de 2006.

Un partido que nace desnudo.

Las encuesta eran poco aragüeñas, los sondeos más optimistas daban un 0.5% de los votos. ¿Sería la poca notoriedad en la prensa? ¿Verdaderamente Montilla había hecho volver al redil a los votantes de centro izquierda no-nacionalistas? Sea como fuere, Ciudadanos debía llamar la atención si quería ser conocido por los votantes. De modo que, tras decir que estaban desnudos frente al nacionalismo, Ciudadanos realizó un cartel de campaña con su líder Albert Rivera sin ropa, lo cual trajo una gran controversia dentro del partido (con una gran cantidad de bajas de afiliados) y también en la opinión publica y la prensa.

Joan B. Culla i Clarà escribió en el País el 29 de septiembre del 2006:

Tras dos meses de misterio, el enigma se ha resuelto al fin. Cuando, a principios de julio, tuvo lugar el alumbramiento de Ciutadans-Partit de la Ciutadania, causó general extrañeza que el presidente y cabeza de lista de la nueva formación política no fuese ninguno de los conspicuos intelectuales o artistas que la habían engendrado, sino un joven y desconocido abogado de nombre Alberto Carlos Rivera Díaz. Ahora, después de que el partido haya publicado ya sus primeros y rompedores anuncios de prensa, se entiende a la perfección el porqué: ¿imaginan ustedes que, en vez del envidiable físico del señor Rivera -de 27 años, y ex campeón de natación por añadidura- la que apareciera desnuda a toda plana fuese la anatomía de alguno de los sexagenarios o casi septuagenarios ideólogos del grupo? El efecto sobre el electorado podía haber sido francamente desmovilizador…

 Antonio Robles, secretario general, respondió así en el mismo diario:

En su análisis del acto del Palau donde se presentó Ciutadans eliminó todos los discursos del partido, los eslóganes, a las personas relevantes que dieron su apoyo a Ciutadans y sus intervenciones, como Rosa Díez, Fernando Savater y Gotzone Mora; ninguneó el cártel metáfora de la necesidad de transparencia y frescura en la política catalana plasmado en el desnudo del candidato a la presidencia a la Generalitat, Albert Rivera. La estratagema retórica de mandarnos a la ultraderecha con el puntapié del refrán “Dime con quien andas y te diré quién eres” es clasista y sectaria. Todo el mundo sabe que en Cataluña cualquier medio o persona que no le baile el agua al nacionalismo es de ultraderecha. Ya saben,   El Mundo,   la COPE,   Libertad digital.   Toda su argumentación es asegurar que tales medios nos miman. ¿Qué habrían de hacer, ocultarnos como hace nuestra televisión pública TV-3 a pesar de que se vierten acusaciones infundadas contra nosotros y ni tan siquiera tenemos derecho a replicarlas? ¿Acaso tenemos nosotros la culpa de que en nuestra propia casa se nos oculte como se ocultaba a las madres solteras de antaño?

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