El separatismo subconsciente

Hoy voy a escribir uno de esos artículos de los que recibo críticas de un lado y del otro pero que, de vez en cuando, sigo haciendo dado que creo que, en un mundo cada vez más extremista, es importante buscar soluciones a los problemas que existen en nuestro país, por más que muchos líderes políticos, con el Presidente Rajoy entre ellos, hayan optado por la táctica de esconder la cabeza bajo del ala y esperar a que los problemas se solucionen solos.

Muchos se hacen la pregunta “¿Qué ha llevado a catalanes que no eran independentistas a comenzar a serlo?”. Muchas veces, caemos en el error de intentar responderlo con una sola frase y, en mi opinión, simplificar tanto las cuestiones es cuanto menos difícil.

Es una obviedad que, para la opinión de muchos, Catalunya no acaba de encajar en España y que eso ha llevado a algunos a pensar en la posibilidad de crear una nueva nación. Más allá de lo legal e ilegal de esta cuestión, lo cierto es que, para arreglar los problemas de los catalanes, aquellos que de verdad importan, los del día a día, y que haya una convivencia normal entre los que piensan diferente en esta tierra, hay que encontrar una solución y hallarla de veras, si bien es cierto que no debe de ser fácil cuando, desde hace más de un siglo, existe a mayor o menor medida eso que llamamos “el problema catalán”.

El separatismo creció en los últimos tiempos (de esto ya hemos hablado muchas veces), gracias a que el gobierno autonómico utilizó la lengua, la cultura y la historia de Catalunya, aprovechando altavoces tan importantes como la prensa y la escuela, para crear una guardia pretoriana preparada para ese momento en el que salieran a la luz sus actos de corrupción. Hace ya más de treinta años que Pujol dijo aquello de “atacarme a mí es atacar a Catalunya”.

Sin embargo, hay otro foco de separatismo catalán, el que muchas veces se resume de forma inexacta en la frase “El PP es una máquina de crear independentistas“.

Obviamente, eso no es así del todo, aunque sí tiene algo de realidad. En el resto de España, hay muchas personas que son separatistas en el subsconciente, es decir, que creyendo que muestran “españolidad”, tratan a los ciudadanos de Catalunya como si, verdaderamente, esta tierra fuera otro país. Los políticos lo hacen y podemos recordar ejemplos claros, como cuando Esperanza Aguirre, preguntada por las consecuencias que podía tener la OPA de Gas Natural sobre Endesa, dijo aquello de que “es una mala noticia para la Comunidad de Madrid que la sede de una empresa eléctrica, que es multinacional y que es una de las grandes empresas españolas, se traslade fuera del territorio nacional”, cuando lo cierto es que la sede iba a ir a Barcelona. Entonces, ¿Catalunya no es España? Otro ejemplo de ello es cuando el Ministro Wert aseguró qu “hay que españolizar a los niños catalanes”, como si una persona pudiera estar más o menos españolizada.

El problema catalán tiene dos soluciones reales: el encaje en España o la independencia. Después, existe la opción de eternizar el problema, que es aquello de “Eres español porque lo pone en el DNI” o “Catalunya pertenece a España”. Esta última frase refleja, claramente, ese separatismo subsconsciente del que hablo, dado que, obviamente, Catalunya no pertenece a España, sino que forma parte de España. Y es que, si pertenecieras significaría que Catalunya es una colonia y, si es una colonia, según la resolución de la ONU, sí tendría derecho al referéndum de independencia.

De modo que centrémonos en las soluciones verdaderamente posibles y descartemos, lógicamente, la independencia, ya no sólo por ilegal y por ir en contra de las resoluciones de la ONU, además de ir contra la Constitución Española y el Estatuto, sino también porque la mayoría de los catalanes no la quiere. Asimismo, pensemos en por qué no encaja, en por qué a españoles de Catalunya les cuesta sentir España como su nación, en quién tiene la responsabilidad de que eso ocurra y, lo más importante, en cómo se puede solucionar.

Ya he escrito otras veces que, a mi modo de ver, la catalanofobia existe en la España democrática porque hay quien lo promueve y a quien le conviene políticamente. La catalonofobia se ha alimentado desde Catalunya y desde el resto de España porque, tanto primero a Convergència como después al Partido Popular, les ha dado votos. De modo que, a mi entender, es algo así como un pacto no escrito entre ambas formaciones que a los Convergents les ha dado votos en esta tierra y al Partido Popular en el resto de la geografía española.

No obstante, en lo que, en mi opinión, se equivocan los nacionalistas catalanes es en culpar a los populares y a los nacionalistas castellanos de esa falta de encaje en España, porque a quien deben responsabilizar ellos es a su gobierno, a sus dirigentes, los cuales nunca han hecho porque ese encaje ocurra.

Ya desde la redacción de la Constitución, los políticos catalanes hicieron por no encajar y lo hicieron de un modo inteligente para sus propósitos, de un modo con el que poder culpar a Madrid siempre de todos sus males y mirando por su bien y la de sus corruptelas y no por de Catalunya ni el de España. En los tiempos que se redactaba, ya nos avisaba Josep Tarradellas que tuviéramos cuidado con Jordi Pujol y sus planes a largo plazo.

Lo cierto es que, por más que CiU se ha mostrado como el partido que iba al Congreso de los Diputados y al Senado para defender los intereses de los catalanes, la realidad es que se ha aprovechado del respetable sentimiento catalanista para enfrentar a su pueblo.

Así, si Convergencia se fundó para defender la lengua y la cultura catalanas, ¿por qué no exigieron que el catalán fuera un idioma oficial en toda España? Sé que muchos pensarán que me he vuelto loco, que cómo va a ser el catalán oficial en lugares donde no se conoce la lengua. Sin embargo, no nos paramos a pensar que pertenecemos a la Unión Europea y que, por ejemplo, el finlandés es un idioma oficial en todo el territorio de la Unión, también en España, por más que, así a primeras, podríamos decir que ningún español sabe finlandés. Es decir, que sea oficial no quiere decir que todo el mundo deba conocerlo.

Pero no nos quedemos con el ejemplo de la Unión Europea, hablemos de naciones. ¿Por qué los idiomas españoles, aparte del castellano, no son idiomas oficiales de toda España? Hay casos como Suiza donde el alemán, el italiano y el francés son oficiales en todo el país, por más que, obviamente, no todas las personas que allí residen conozcan las tres lengua. El más utilizado es el alemán, pero nadie dirá jamás que el idioma oficial de Suiza es dicho idioma. ¿Por qué en España el castellano está por encima de las otras lenguas españolas? Espero que, a esta cuestión, nadie responda que eso ocurre porque ninguna de las lenguas que se hablan en Suiza son lenguas propias de la nación ya que, en ese caso, estarán haciendo otro ejercicio más de “separatismo subconsciente”, puesto que los separatistas suelen decir que el catalán es la lengua propia de Catalunya, cuando eso no es verdad.

No existen las lenguas propias de los territorios, existen la lengua materna y las lenguas oficiales y, de este modo, el castellano es tan lengua propia de Catalunya como lo es el catalán. Porque, claro, si hablamos del territorio, antes de que los romanos introdujeran el latín y éste derivara al catalán, ¿qué hablaban los habitantes de la ahora Catalunya? ¿El íbero? ¿Es entonces el íbero la lengua propia de Catalunya?

Por poner un ejemplo, en Bélgica, el servicio público de correos tiene una triple denominación lingüística: “De post” (en neerlandés), “La Poste” (en francés) y “Die Post ” (en alemán). La población belga que habla alemán es de, aproximadamente, 70.000 personas, es decir, representa el 1% de la población. ¿Es lógico que en España este tipo de cuestiones no estén escritas también en catalán, cuando lo hablan o lo entienden cerca de 14 millones de personas y el 28% de la población?

Sé que, en la situación actual, muchos dirán que no hay que ceder ante los separatistas, pero no hagamos otro ejercicio de “separatismo subconsciente” pues el catalán es un idioma español y es el idioma de todos los catalanes junto al castellano. También es el idioma de los que no lo usan. Y no voy a hablar del tan desgastado tema del bilingüismo porque, según los entendidos, solamente es bilingüe el que tiene dos lenguas maternas y no el que conoce dos idiomas. Aún así, sí voy a defender el enriquecimiento que significa conocer mientras más lenguas mejor.

Mi modo de ver no es que en Catalunya las personas deban ir cambiando de idioma según quién tengan delante, sino que ambos idiomas deben estudiarse por igual para que todos los conozcan y entiendan, de tal modo que, después, cada uno hable en la lengua que desee, dándole naturalidad, cosa que no ocurre, precisamente, porque los catalanistas no han querido encajar en España y porque, desde los tiempos de la Lliga Regionalista (con sus errores), en los que se acusaba en Catalunya a Cambó y los suyos de ser catalanistas en Madrid pero españolistas en Barcelona, no hay un regionalismo sensato que luche por mostrar al resto de España las virtudes de Catalunya y su colaboración con el resto del país.

Normalizar esta idea, que todas las culturas no castellanas sean tan españolas como cualquiera, debería ser labor de todos. En Catalunya, los que luchamos contra el separatismo sufrimos zancadillas de otros que, estando en contra del Proceso, pertenecen a ese “separatismo subconsciente” y señalan a todo lo catalán como no-nacional, unas veces sin pretenderlo y, otras, ejecutando ese nacionalismo castellano que es tan malo como cualquier otro nacionalismo. La cultura en general y el idioma en particular son usados por unos y otros como arma arrojadiza y eso hace que cuestiones tan normales, como que alguien use su lengua materna, en este caso el catalán, que es un idioma español, sean vistas como un ataque al propio país, algo en mi opinión ridículo. Les pongo un ejemplo: ¿No es Rafa Nadal y, permítanme el término, el deportista más “españolazo” que tenemos? ¿Son conscientes los españoles que Rafa Nadal es catalano hablante? ¿Y de que también lo es Pau Gasol?

¿Tercera vía, señor Mas? No, gracias.

Fue en el final de un acto de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid. El hombre que ha metido a la Catalunya política en un lío y que ha dividido a la sociedad civil abría una puerta hacia la posibilidad de una alternativa al proceso soberanista. Eso sí, dejó claro que debía ser el Estado, y no el gobierno catalán, el que moviera ficha. En realidad, todos sabemos que una gran parte de los miembros de Convergència siempre han visto el tema de la independencia como una excentricidad y que, para muchos, no era más que un “órdago a la grande”, que diría un jugador de Mus, pedir la luna para conseguir algo más terrenal.

La cuestión es que, llegado el momento de repetir el referéndum, el Govern tendrá que dar la cara, dado que el resultado del mismo ya lo conocemos: los separatistas irán a votar y los que respetan la Ley, la Constitución y el Estatuto de Catalunya, no. De este modo, ganará el Sí, con un total cercano menor a dos millones, cuando hay cinco millones y medio de catalanes con derecho a voto en las autonómicas. Llegado ese punto, ¿va a atreverse el Govern de Catalunya a declarar la independencia? Obviamente, no, porque la autodeterminación no es para el quien la quiere, sino para a quien se la reconocen y, seamos serios, ¿cuántos países van a reconocer un país que salga de un referéndum ilegal, donde la mayoría no vaya a votar y donde, además, todo eso ocurra en un país democrático y ejemplo de libertades como es España?

Obviamente, por más que en Catalunya cada vez haya más personas que reclaman que hay que llegar a un acuerdo, no es el Señor Puigdemont quién tiene la sartén por el mango, todo lo contrario. Aunque, por otra parte, después de todo el circo montado y de todas las “performances”, difícil sería la papeleta de tener que decir a su “público” que hay que olvidarse de la independencia y conformarse con una mayor inversión del Estado o un mejor sistema de financiación, el cual, por otra parte, a mi modo de ver, tampoco debería llegar ya que la política española no se puede mover a base de amenazas efectuadas por parte de los nacionalismos.

Si el Gobierno central hace un guiño a los nacionalismos, debería ser discreto, muy discreto, porque los que en Catalunya sufren el separatismo saben que a esta situación se ha llegado a causa de ir cediendo desde los comienzos de la democracia hasta ahora. Convergència y el PNV han sido durante años piezas esenciales en el espectro político, pero el multipartidismo les ha relegado al ostracismo y Podemos se ha quedado solo a la hora de defender a los nacionalistas con cierto poder, de ahí que en Catalunya y Euskadi se votase masivamente al partido morado. A pesar de ello, el panorama es el que es y con Podemos no va a pactar ningún partido fiel a la Constitución. Esa pérdida de poder por parte de los partidos nacionalistas en el Congreso de los Diputados es lo que les tiene nerviosos y es la causa de que, sobre todo en Catalunya, el Gobierno autonómico se esté apropiando indebidamente de cuestiones que, por Ley, no le pertocan.

¿Tercera vía, señor Mas? No, gracias. Lo que tiene que hacer el Govern de la Generalitat es cumplir y hacer cumplir la Ley. Una vez todo vuelva a la normalidad democrática y los señores del Junts pel Sí y la CUP acaben con el secuestro del Parlament y de los ciudadanos de Catalunya, luchen ustedes por los catalanes, por todos, también por los que no les han votado. No discriminen a nadie por la lengua que hablan, por la ciudad donde viven o por a quien votan y, a raíz de ahí, como ocurrió en la Transición, todos los catalanes se unirán para defender las necesidades de los ciudadanos de Catalunya.

Mientras el gobierno catalán planea un golpe de estado, el gobierno español espera a ver si llueve

Hay días que, al coger los diarios y leer los titulares, uno se siente indefenso, desprotegido por el gobierno de Mariano Rajoy, que sigue sin preocuparse lo más mínimo por la intentona golpista catalana. No sé si, como siempre ha ocurrido desde la Transición, los populares y los convergents tienen su propio plan oculto, un plan que favorezca a los dos y a su causa común, que no es otra que mejorar las condiciones de la burguesía de acá y de allá a costa de la clase obrera, pero tanto si lo hay como si no, la actitud del gobierno de España, ante el ilegal y anticonstitucional proceso separatista, está dejando mucho que desear.

El juez Vidal fue suspendido de empleo por 3 años por haber participado en la elaboración de una futura Constitución de Catalunya. Tras eso, Esquerra Republicana de Catalunya le premió ofreciéndole uno de los primeros puestos en las listas para el Senado. En las últimos horas, nos hemos enterado de que este personaje ha asegurado que: “La Generalitat tiene todos vuestros datos fiscales. Esto es ilegal porque está protegido por la Ley de Bases de Datos. Son unos datos reservados, en teoría los que llevamos este proceso no deberíamos tener acceso a ellos, pero a veces suceden cosas, no os diremos cómo, porque no es exactamente legal”.

Esta no es más que otra prueba más de que el Gobierno de la Generalitat y la panda de cuatreros que han comprado por un plato de lentejas, muy a diferencia de lo que predican, no quieren hacer un nuevo país libre y democrático, sino que, como los espías de la Stasi en la RDA, están utilizando toda su maquinaria para, desde la ilegalidad, tratar de crear un país a su imagen y semejanza. Un país que, como todos sabemos, no busca nada más que la salvación de los Pujol y de las cuatrocientas familias que dominan Catalunya desde tiempos inmemoriales y que, semana tras semana, viajan a Andorra y Suiza para blanquear el dinero que, ilegalmente, tienen depositado en estos paraísos fiscales.

Mientras, al lado observas la noticia en la que Mariano Rajoy dice que el recibo de la luz va a bajar porque va a llover. “Han anunciado que va a llover y eso va a dar lugar a una bajada”, así explicaba el presidente del Gobierno en el programa de radio de Carlos Alsina, confiando en que los chubascos y la entrada de la energía hidráulica en el mix de energía ayuden a reducir las tarifas de la electricidad.

De modo que Mariano Rajoy esperará a ver si llueve para solucionar el tema de la electricidad que, en plena ola de frío, se está llevando a ciudadanos españoles a la muerte. Me pregunto si el problema del separatismo catalán y la amenaza de golpe de estado y conflicto civil de Catalunya también los va a resolver mirando a las nubes.

Sabemos que Mariano Rajoy ha hecho un arte de la espera, del quedarse quieto hasta que los contrarios se pongan nerviosos, pero en el asunto del separatismo catalán está comenzando a llegar demasiado lejos. La fractura en la sociedad es grave, a pesar de que sea cierto que, en el día a día, la sensación sea que el separatismo se desinfla. Para mí, pues, eso es lo menos importante ya que el independentismo no es un tema preocupante porque Catalunya jamás va a ser independiente, dado que el pueblo catalán no lo quiere.

El verdadero problema es que el Govern de la Generalitat está utilizando las estructuras de la autonomía para enfrentar a los catalanes, para que toda Catalunya quede sepultada en una nube de odio, una nube que Mariano Rajoy no podrá ver mirando el cielo de Madrid desde La Moncloa.

Santiago Vidal dimite como senador, pero el intento de golpe de estado de los separatistas continúa.

El Secretario General de UGT a los pies del separatismo burgués

Las dudas sobre la lucha de clases vienen a mí cada vez que oigo a alguien quejarse de que si le toca el euromillón tendrá que pagar un 20% de impuestos. Es decir, todas esas personas ven bien que los ricos paguen más impuestos pero, cuando se imaginan siendo ricos, ya les parece excesivo lo que los ricos han de pagar al fisco.

Las ayudas sociales y la solidaridad son básicas en un Estado de Derecho, pero tengo la sensación de que, a menudo, confundimos la idea de los derechos de los que menos tienen con una visión utópica de lo que la igualdad de salarios deberían ser. Pongo por ejemplo cuando la gente de a pie se queja de que los futbolistas ganan mucho, cuestión que personalmente no considero un problema pues el verdadero problema, en mi opinión, son las personas que ganan poco, pero teniendo siempre claro que el mucho o poco no es comparándolo con otro oficio, sino que se gana mucho o poco según lo que se produce.

Los sindicatos son una herramienta que, en un sistema democrático, debería ser importantísima a la hora de defender a los trabajadores. Sin embargo, las dudas sobre el buen trabajo de los sindicatos siempre afloran dejándolo en entredicho. Supongo que en el mundo ideal, en ese del que a veces hablamos en el que no debería haber Rey y los ministros deberían ganar 1.000 euros al mes, los líderes sindicalistas tendrían que ser también hombres de mono azul que dejaran un momento la fábrica para acudir a las ruedas de prensa y no personas que no han dado un palo al agua nunca, más allá de sus labores sindicales, y que con su ropa de marca y sus relojes caros nos llaman a la revolución desde la televisión.

Criticar la labor política es una cuestión que está de moda, no así criticar a los sindicatos, imagino porque de hacerlo corres el riesgo de que te llamen fascista y todas esas cuestiones. Yo, para que pierdan el miedo a llamar las cosas por su nombre, les recomiendo que escriban un blog, así te llaman fascista, socialista, españolista y catalanista según las fobias de los lectores y ves que esas palabras pierden importancia.

Josep Maria Álvarez llegó a Catalunya desde su Asturias natal para trabajar en la Maquinista Terrestre y Marítima donde, rápidamente, se afilió a UGT hasta llegar al cargo de Secretario General. No le ha ido mal la vida y me pregunto si será por eso por lo que se ha convertido en uno de esos charnegos agradecidos que rinden pleitesía al nacionalcatalanismo. Quizá el hecho de que su carrera sindical le hiciese abandonar pronto su vida de obrero le haya hecho perder la perspectiva.

En el mundo ideal que antes hablábamos, quizá sería mejor que el líder de la UGT en Catalunya, tal y como lo fue durante muchos años Josep Maria Álvarez, hubiese sido alguno de los miles de trabajadores que llegaron a estas tierras huyendo de la esclavitud a la que les sometían los señoritos andaluces para acabar teniendo que aguantar la de los señoritos burgueses catalanes. Pero, claro, pedir eso es imposible, mucho más difícil que pedir que los ministros sean mileuristas y que no haya Rey, porque en la Catalunya de los Pujol y los Mas solamente ocupan puestos de responsabilidad quienes se arrodillan ante el régimen.

Josep Maria Álvarez decía, según recoge el diario El Mundo, que UGT no apoyaría “ni a unos ni a otros” si hay un referéndum catalán. No esperábamos menos de uno de los aspirantes al premio “Nou Catalá de l’Any”. El líder de UGT es una estrella del nacionalcatalanismo, imagino que, por eso, tiene nombre artístico, dado que Josep nació como José en su Asturias natal.

Josep siempre ha defendido el derecho a decidir, dado que el Tribunal Constitucional (sí, ese que está para juzgar qué es constitucional y qué no) trastocó el Estatut de Catalunya que había creado el PSC en el desastroso Tripartit nacional-socialista / socialista-nacional, del que Josep es afín. Que el Estatut no fuese justo, que dejara claro que había catalanes de primera y de segunda no fue un impedimento para que el líder sindical lo apoyara. Al parecer, la igualdad entre los ciudadanos ya no es algo de vital importancia para la izquierda ni para los sindicatos.

A mi modo de ver, lo peor de las declaraciones de Álvarez es que diga aquello de “ni a uno ni a otros”, equiparando a los que se saltan las leyes, no respetan la Constitución y buscan un golpe de estado con los que, contrariamente, sí respetan la Ley. Lo que más me duele de todo es que quieran hacer ver que hay dos bandos que deben dialogar, porque no es así, no se trata de los que están con la independencia y los que no, sino que los bandos son los que quieren saltarse la Ley y los que la respetan. Estos últimos son los ciudadanos; los otros, los cómplices de un golpe de estado.

Álvarez no va a morder la mano que le dio de comer. Acudió a votar en el butifarréndum y es un experto a la hora de ponerse de lado. Será uno de los que, cuando acabe la locura separatista, dirá que él nunca jamás lo fue. Así están las cosas a día de hoy en esta tierra, donde personas como Josep Maria Álvarez defienden la solidaridad de los que tienen más con los que tienen menos, a la vez que apoya que las comunidades autónomas más ricas puedan dejar la nación porque no quieren ser solidarias con las que tienen menos.

Defender posturas de izquierdas, más desde un sindicato, y apoyar a la vez al separatismo es la contradicción mayor que se puede hacer. O somos solidarios o no lo somos, quizá ese sea el verdadero referéndum. Pero no se puede reclamar que los de Pedralbes sean solidarios con los de Nou Barris o que los de la provincia de Barcelona sean solidarios con las provincias más pobres de Catalunya y, sin embargo, que los catalanes no lo sean con los extremeños, porque eso es xenofobia, no hay otro nombre.

Otro año de promesas incumplidas

Como en esos propósitos para cada año que nunca cumplimos (ponernos a dieta, ir al gimnasio, aprender inglés, etc.), en la Catalunya política el propósito que no se va a cumplir es, un año más, el de la independencia. El proceso soberanista está siendo la tumba y, a la vez, el hilo de vida que le queda a Convergència, un partido que, mientras fue regionalista, fue quien más apoyo obtuvo en Catalunya y que, sin embargo las últimas encuestas le sitúan ya como la tercera fuerza en unas hipotéticas elecciones catalanas.

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Elcharnego agradecido de Rufián ha salido raudo y veloz, ante dichas encuestas que sitúan a ERC como primera fuerza, para decir que su formación no busca ganar las elecciones, sino ganar el referéndum de independencia. Mucho me temo que será cuestión de tiempo que eso cambie. En mi opinión, el futuro de Catalunya está en un pacto ERC-Podemos-CUP en el que entrará el PSC si es necesario.

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Me sorprendería mucho que Convergència apoyase un pacto con Esquerra, liderado por estos últimos, entre otras cosas porque no creo que haya un escenario peor para los clásicos votantes de CiU que una Catalunya liderada por ERC.

Por eso, el Señor Mas De Lo Mismo, Puigdemont, no quiere mirar más allá del referéndum de septiembre, el cual anuncia a bombo y platillo como si éste fuese el final del camino, cuando la realidad es que no es más que volver a la casilla de salida, regresar a ese butirreferéndum de noviembre de 2014, en el que los separatistas tuvieron que observar cómo casi 4 millones de personas dieron la espalda a la votación y prefirieron quedarse en casa.

¿Qué hay de diferente entre aquel referéndum y éste? Ninguna, pues por más que lo repitan una y mil veces, la Generalitat de Catalunya no tiene potestad para realizar esta votación y nos quedará ver si esta vez el gobierno actúa de forma más contundente y no permite que los separatistas utilicen los datos de los catalanes de forma irregular.

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Obviamente, hasta que llegue la fecha, la demagogia nacionalista seguirá, volveremos a oír esas frases, tales como “Por qué no dejan que sepamos cuánta gente apoya el proceso”, como si después de vivir cuatro elecciones en un año no hubiéramos comprobado ya que los separatistas no sólo es que sean menos, sino que cada día van menguando.

En Catalunya todos sabemos que jamás habrá independencia, pero también sabemos que, mientras más tiempo dure el monotema del proceso, más largas serán las colas en los hospitales y mayor será la tensión en la calle, así como también el adoctrinamiento en las escuelas, donde desde hace décadas se educa a los niños catalanes en el odio a España, el cual muchas veces es también el odio hacia sus propios padres o abuelos.

El nuevo 9-N trae la novedad de que Colau, bajo la tutela de miembros de Podemos como Errejón, apoyan un referéndum que sólo va a servir para que las políticas sociales queden al margen del debate diario y que la política catalana se centre en cómo desconectar a Catalunya del resto del país.

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Podemos es el nuevo tonto útil que recoge votos de constitucionalistas para cedérselos al nacionalismo catalán. Ese trabajo antes era del PSC, pero ahora lo hace Podemos que es, sin duda, el problema con el que Catalunya se va a encontrar en los próximos años.

En fin… como hemos dicho al principio, es hora de lanzar promesas que no vamos a cumplir. Haremos dieta, nos apuntaremos al gimnasio, aprenderemos inglés y seremos independientes. Como cada año.

Por qué en Catalunya no puede haber un referéndum

Hoy me gustaría volver a explicar el porqué no se puede votar un referéndum de independencia en Catalunya. Tras la vergüenza de la II Guerra Mundial, las Naciones Unidas nacen como un ente superior para tratar de resolver los problemas de las naciones sin que deba haber guerra de por medio. La Organización de las Naciones Unidas nace con la idea de resolver los problemas entre naciones, tratando de ser lo más democrático posible. En un mundo en el que había países conquistados y colonizados, las Naciones Unidas llegan a la conclusión de que hay que dar libertad a todos los pueblos y, para ello, crea el Derecho a la Autodeterminación de los Pueblos, muchos de los cuales conseguirían la independencia en su momento. ¿Qué requisitos se piden para que un pueblo pueda autodeterminarse? 1) Ser una colonia y 2) Ser un pueblo oprimido. No hay más requisitos que esos.

¿Es Catalunya una colonia? Obviamente, no, porque no hay separación física del resto de España. ¿Es un pueblo oprimido? Tiene propio gobierno, libertad para su cultura, libertad para su lengua, cuerpos de seguridad propios, etc etc. Es una de las autonomías más ricas económicamente, donde las tasas de paro son más bajas, por no hablar de que se rige la ley que sale de una Constitución democrática… Obviamente, Catalunya no es un pueblo oprimido. ¿Puede haber un referéndum de independencia? Si el Gobierno lo permitiera, sería reconocer que Catalunya es un pueblo oprimido y ahí radica el truco. Si lo admite, Catalunya ya sería un país independiente y, aunque en el referéndum ganase el No, daría igual, Catalunya sería un país independiente que, voluntariamente, ha decidido quedarse en España. De modo que, a partir de ahí, no habría problema para que el referéndum se repitiera cada año, cada mes, cada semana o cada día si fuese necesario.

Con una particularidad, de ganar el No, se podría repetir eternamente; de ganar el Sí, sería definitivo. Es decir, el problema no es la independencia; el problema, el engaño, la farsa… es el referéndum. Muchos dicen “pues que se vote y, si es que Sí, Sí y, si es que No, No”. Pero no es así cómo funciona pues, de ganar, que ganaría el No, los independentistas no sólo no cesarían en su empeño, sino que el referéndum serviría para crear jurisprudencia. ¿En qué se podría amparar el gobierno para no repetir una votación cuando ya se ha hecho una?

Ahora, el gobierno catalán vuelve a decir que habrá un referéndum en septiembre de 2017. ¿Es un déjà-vu? ¿El Día de la Marmota? ¿Esto no lo hemos vivido ya antes? Ya hubo uno el 9 de noviembre de 2014 y ganó el Sí a la independencia con casi el 81% de los votos. ¿Por qué no declaran ya la independencia? ¿A qué están esperando? Después hicieron unas elecciones autonómicas y dijeron que, en realidad, era una consulta de independencia. Junts pel Sí y la CUP obtuvieron mayoría parlamentaria. Entonces… ¿a qué esperan? ¿Por qué no declaran la independencia ya?

Nos dijeron que sería en 18 meses, ya han pasado 15. ¿Y ahora nos dicen que en septiembre habrá otro referéndum? ¿No se cansan los votantes separatistas de que sus líderes políticos les tomen el pelo? ¿La Catalunya separatista se da cuenta de lo grave que es defender que los políticos, si son separatistas, pueden estar por encima de la Ley? ¿Se dan cuenta de que no se puede hablar de democracia cuando no se respeta la separación de poderes? ¿Se dan cuenta que el “nou país” nacería siendo de facto una dictadura? ¿Se dan cuenta de que no hay un número suficiente de parlametarios, concejales, etc. para incumplir la Ley? ¿No se dan cuenta de que es irrisorio necesitar 2/3 del Parlament para cambiar el Estatut y que pidan un 50% + 1 para la independencia?

Educando a los niños en el odio a España

Hay entradas de este Blog que duele escribir. En Catalunya se ha utilizado todos los medios, desde prácticamente el comienzo de la Transición, para que los catalanes acaben odiando a España sin saber realmente el porqué. Sutilmente, fueron introduciendo el odio desde todos los puntos: medios de comunicación subvencionados, instituciones, asociaciones culturales, clubes deportivos, desde los colegios, etc.

Ha sido un plan cocido a fuego lento, sin prisas, “avui paciència i demà independència”. Para el plan, hizo falta seducir a una parte del enemigo: hacer de los hijos “dels nouvinguts” futuros hijos de la patria, hacer crecer el número de charnegos agradecidos hasta la cifra mágica del 50% + 1 con la que dirán al mundo que hay una mayoría que quiere un “nou país”.

La tarea no era fácil, el Franquismo había aletargado a un catalanismo burgués que jamás se sintió incómodo con el Dictador y, para más inri, el President de la Generalitat  en el exilio pisaba Catalunya entonando un mensaje de unidad y no haciendo distinción entre catalanes, hubiesen nacido dónde hubiesen nacido o se apellidaran cómo se apellidaran.

Como ocurrió en la República y en la Guerra Civil, el principal enemigo del catalanismo era la izquierda, lugar dónde podían unirse progresistas ya fuesen catalanistas o no en un frente común. Los andaluces, manchegos y murcianos pidieron el Estatuto de Autonomía para Catalunya con más ahínco que los propios catalanes.

Después llegó la inmersión linguística; todos entendían que el idioma catalán e, incluso, la historia de Catalunya estaban en desventaja en los conocimientos de los catalanes y había que igualarlas con la lengua y la historia del resto de España. Qué buena fe tuvieron nuestros padres: pronto, primero el PSUC, después el PSC y ahora Podemos se han convertido en los tontos útiles del nacionalcatalanismo.

Las escuelas debían ser también clave para formar futuros nacionalistas pero había que hacerlo poco a poco, sin que los padres se dieran cuenta. Pronto, esos andaluces, manchegos y murcianos estuvieron orgullosos de que sus hijos hablasen con soltura dos idiomas. En el mundo castellanohablante, la mayoría de padres de esos niños apenas pudieron estudiar y eso hacía que dejasen la educación en los maestros. “¡Ya los tenemos!” dijeron desde el nacionalcatalanismo.

Jordi Pujol había sido educado en colegios católicos, único refugio del nacionalismo catalán. En sus primeros años, ya Josep Tarradellas nos avisa de que estaba ejerciendo una “dictadura blanca” y nos alerta sobre él. Cuando le investigan por el caso de Banca Catalana, Jordi Pujol hace que la Generalitat deje el discurso de unidad del “ciutadans de Catalunya” de Tarradellas para hablar de “nosaltres i ells” (nosotros y ellos), somos una nación y con nosotros no se juega. Jordi Pujol copiaba, de este modo, el sistema de Franco: si para el dictador cada ataque a él era un ataque a España, un ataque a Pujol era un ataque a Catalunya.

En ese 1983, en el acto de investidura de Pujol, los asistentes agreden a los miembros del PSC y PP. Es el principio del fin de la Catalunya unida pues, a partir de entonces, todo será “nosaltres i ells” y a los niños en los colegios nos empiezan a hablar de España como “ellos”. Algunos profesores se rebelan; ya unos años antes el manifiesto de los 2.300 docentes, los profesores se quejan amargamente del efecto catalanizador de la escuela. La prensa, subvencionada, se vuelca contra estos (maestros en su mayoría), se les acusa de fascistas, por más que muchos hubiesen luchado contra al Dictadura, y hasta el FC Barcelona cede su estadio para un linchamiento público contra estos profesores y periodistas, entre otros. Uno de aquellos disidentes, Jiménez Losantos, es secuestrado por la banda terrorista Terra Lliure y le disparan en una pierna, aunque lo dejan en libertad. El objetivo ya estaba conseguido, el miedo a disentir ya estaba ahí.

Miles de maestros abandonan Catalunya en esos años y la lucha contra el nacionalismo en las escuelas se pierde para los disidentes. La siguiente generación, la de mi hermano, ya será educada desde el primer día en el odio. Lo primero de todo, el primer día, le dicen que ya no se llama Javi, sino Xavi. En ese momento creo que ninguno nos dimos cuenta de lo grave que era eso, cambiarte el nombre es el primer paso para el cambio de personalidad.

En esos años ocurre un hecho horrible que nos abrirá los ojos a muchos. La guerra de Yugoslavia y la acogida en el colegio de niños bosnios. En esos meses tenemos un curso acelerado de lo que significa el nacionalismo y comenzamos a exigirles a nuestros hermanos pequeños que no se dejen catalanizar el nombre. Pero también cometemos un error, no luchamos porque no haya “nosaltres i ells”, sino que comenzamos a aceptar que hay bandos y que nosotros somos de “ellos”, de los “otros”.

Hasta entonces, habíamos aceptado con normalidad y con gusto el idioma, la cultura y todo lo relacionado con Catalunya; a partir de entonces, de algún modo comenzamos a verlo como algo que nos quieren imponer para quitarnos nuestra propia identidad, cuestión que era cierta, sólo que desde nuestra mirada de niño no supimos exigir que no había “nosotros y ellos” y que queríamos ser catalanes y españoles a la vez.

En la mayoría de los centros de la mayoría de ciudades catalanas, la educación en el nacionalcatalanismo continúa, incluso les hacen a los niños aprenderse el Himno del Segadors en el que se les insta a coger las armas contra el enemigo (los españoles).

Más tarde, a los profesores se les pide el nivel C de catalán para poder ejercer, sin embargo, de la noche a la mañana, la Generalitat anuncia que los títulos de la escuela oficial de idiomas dejaban de ser válidos. El Procés no necesita profesores de fuera que aprendan catalán, sino profesores catalanes que ya se hayan formado bajo la influencia del régimen.

En estos últimos años ya no sé qué pasa en esos colegios porque ya no estoy allí pero; sí sé que una amiga me comentó que su hijo había venido un día diciendo que él no era español, que española era su abuela porque no sabía hablar catalán y eso, obviamente, no lo piensa un niño por sí mismo.

Ahora tenemos este vídeo para saber qué es lo que pasa en Catalunya y observar horrorizados cómo, con la excusa de una obra teatral, se les inculca a unos pequeños el odio a España:

A esas gentes de derechas e izquierdas, encerradas en sí mismas pensando: ‘a nosotros no nos conseguiréis nunca’, pienso, me da igual, a vuestros hijos sí los tendremos. A estos los educaremos desde el principio en el ideal” (Adolf Hitler)

https://www.dolcacatalunya.com/2016/12/espeluznante-clase-odio-espanya-cole-cambrils/