Se consolida el centro en España

Si tengo que hacer un análisis sobre los resultados de Ciudadanos, podría decir aquello de “me remito a mi anterior declaración”, instando a leer mi entrada del día de las elecciones. Voy a volver a repetirme diciendo que las elecciones, la política, no son una carrera, que el objetivo principal no es ganar las elecciones sino que todos los españoles tengan verdadera representación en el Congreso de los Diputados.

Aún así, yo ya he dicho otras veces también que no critico ni juzgo a aquellos que votan por aquello del voto útil, porque en el pasado yo también voté a uno con tal de que no ganara el que me parecía peor. Por eso, entendía que, en unas elecciones disfrazadas de segunda vuelta, Ciudadanos fuese a perder fuerza.

¿Qué debemos criticar a Ciudadanos? Pues, seguramente, que no pudiera convencer a los votantes de que no eran esa segunda vuelta sino unas nuevas elecciones, así como también de que el domingo a las 9h de la mañana las urnas iban a estar vacías. Pero estarán conmigo en que eso era muy difícil, más cuando los demás partidos intentaban venderlo como una segunda vuelta.

De modo que los que habían confiado en Ciudadanos hace seis meses tenían que decidirse entre ayudar a un partido a ganar o votar al partido naranja, aún y a sabiendas de que no era posible que Albert Rivera fuese el nuevo Presidente del Gobierno.

En unas elecciones marcadas por el hastío de los ciudadanos, hartos ya de elecciones y de que no se formara gobierno, que un partido como Ciudadanos conservara el 13% de los votos es una proeza. Así lo siento, no trato de poner paños calientes. Prácticamente, el mismo porcentaje de españoles que hace 6 meses votaron a Ciudadanos ha preferido dar su confianza a quien cree que les va a representar, por más que supiera que no iba a ser la fuerza más votada.

Cuando pase un tiempo, quizá nos demos cuenta del gesto de madurez que ha tenido el votante de Ciudadanos este 26 de junio, especialmente si nos comparamos con Podemos, que ha perdido más de un millón de votos y ha bajado 3,23 puntos en seis meses, cuando las encuestas decían que sí competía por la Presidencia. Sin embargo, C’s, como he dicho, únicamente ha bajado 0,88, a pesar de que sus votantes sabían que no sería fuerza más votada. Es claro y evidente que, mientras Ciudadanos se consolida y ya sabe cuántos son, Podemos y sus 27 partidos satélites aún no saben con cuántas personas pueden contar, porque ni siquiera saben cuántos votaron a ellos, cuántos a sus partidos regionales, cuántos a Izquierda Unida y cuántos a sus otras formaciones.

Creo que el hecho de que C’s haya tenido ocho diputados menos, a pesar de mantener el 13% de voto, ha hecho que muchas personas vean el resultado con cierta amargura. Pero C’s, que podía haber hecho las cosas mejor y que, lógicamente, tiene cosas a mejorar, no es el culpable de que exista una injusta ley electoral. Todos estaremos de acuerdo en que es extraño que, perdiendo 8 décimas, se hayan perdido 8 escaños, como es extraño también que el PSOE mejore en votos y pierda 5 escaños o que PACMA no obtenga representación teniendo los mismos votos que el PNV que, en cambio, consigue 5.

A mi modo de ver, Ciudadanos debe poner sobre la mesa la reforma electoral a la hora de permitir gobernar con una abstención a la fuerza más votada. No digo que sea lo único que deba negociar, pero creo que sí debería ser una prioridad porque, por más que pensemos que hay cosas más urgentes, la realidad es que pocas cosas pueden haber más urgentes que la igualdad de todos los españoles.

Esta es mi forma de ver los resultados electorales de C’s. Sé que muchos de los que me están leyendo se habrán sentido decepcionados con los votos que ha tenido el partido; esa es buena señal pues hay que tener ambición, hay que tener la mirada siempre al frente, superando retos y consiguiendo objetivos. Pero, por encima de gobernar, de más diputados o menos, tenemos que tener claro que no hay cosa más importante que estar representado en la cámara, cosa que los que han votado por el mal llamado voto útil no tendrán.

 

Fuente de la fotografía de portada: www.elmundo.es
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Pablo Iglesias sostiene el bipartidismo en España y hace virtual Presidente a Rajoy

Hace solamente tres meses, había una posibilidad de cambio para España con un gobierno formado por PSOE y Ciudadanos, un gobierno de centro izquierda que debía ser aceptable por los votantes del PP y también por los de Podemos. Sin embargo, Pablo Iglesias salvó a Rajoy, como en esas películas en las que uno de los espadachines está frente a un desarmado rival y, en lugar de acabar con él, decide darle una espada para ganarle de tú a tú.

En ese momento, el ambicioso Pablo Iglesias y los medios de comunicación afines trataron de que las nuevas elecciones fueran vistas como una segunda vuelta, como la batalla final entre PP y Podemos. Pero los morados se olvidaron de un gran detalle: Podemos no era la segunda fuerza en España, sino que lo era el PSOE. Pero, para eso, el estratega de los juegos de rol tenía un plan, comprar las almas de Izquierda Unida y, a falta de poder conseguir votos, los quiso comprar, pero en política dos más dos no son siempre cuatro.

Muchas veces he dicho, aunque parezca una frase hecha, algo que anoche quedó claro que es así. La diferencia entre Ciudadanos y Podemos es que Ciudadanos ha venido a acabar con el bipartidismo y Podemos, en cambio, a formar parte de él. Pero, esta vez, ni siquiera eso han conseguido.

Cuando uno forma un partido de extrema izquierda, un partido del más antiguo comunismo, de una ideología que contempla a 300 millones de asesinatos, debe saber que o tienen mayoría o nadie va a pactar con ellos. ¿Pactaría alguien con Amanecer Dorado? ¿Y con el Frente Nacional? Pues Podemos es lo mismo por el otro lado.

El miedo a Podemos ha hecho que personas que pretendían dejar de votar a los Populares hayan vuelto a hacerlo porque, entre el susto o muerte, han elegido susto y eso ha hecho que Unidos Podemos sea la fuerza que más ha perdido, un 3,1% comparado con los votos que Podemos e Izquierda Unida sacaron hace seis meses. Obviamente, PSOE y Ciudadanos también han perdido, pero los socialistas han ganado 0,7% y Ciudadanos, en cambio, ha bajado 0,9%, es decir, que sus escaños perdidos son más por culpa de la ley electoral que otra cosa.

Queda claro que no hay otra opción más allá de que Mariano Rajoy sea Presidente. El popular ha utilizado de señuelo a Iglesias para hacer que el miedo al comunismo, a la extrema izquierda, le diese la victoria y lo ha conseguido. Veremos a ver lo que ocurrirá en los próximos días, pero poco queda ya además de reconocer la victoria del PP y no seguir con el país bloqueado. A PSOE y Ciudadanos sólo les queda permitir la gobernabilidad y, a Podemos, poco podemos decir salvo que el plan de subir a un partido extremista para dividir el bloque de la izquierda le ha salido perfecto. Un viejo plan que ya en su día realizó Suárez, legalizando a toda prisa el Partido Comunista, para que le quitase los votos al PSOE y, así, ser Presidente del Gobierno.

Un cambio a mejor

Estas son las cuartas elecciones para mí en 13 meses y lo cierto es que desgasta, pero la ilusión que me supone el poder colaborar con una formación que sé que me va a representar bien, que no me va a defraudar, te quita el cansancio y el desgaste, más cuando, en estos meses, he podido comprobar que Ciudadanos es la única formación política que ha conseguido sentarse con todas las formaciones, que ha tenido la mano rendida a izquierda y derecha, poniendo siempre por delante los intereses del Estado antes que los del partido.

Para mí, fue alentador ver cómo se llegaba a un pacto con el partido que propuso Su Majestad el Rey para gobernar nuestros destinos y más cuando pudimos observar que, desde Ciudadanos, no se mira con quién pactar sino para qué, y todo sin pedir vicepresidencias, CNI, espías, cargos y sillas.

Iré al colegio electoral, para colaborar como apoderado, sabiendo que se ha trabajado, mucho y bien, con la esperanza de que Ciudadanos sea determinante para futuros acuerdos, porque tengo claro que, si la formación naranja no tiene buenos resultados, iremos de cabeza a nuevas elecciones. Y eso ocurrirá, porque los demás partidos principales ponen sus vetos y sus líneas rojas por encima de la idea de llegar a acuerdos por el bien de España y sus ciudadanos.

¿Cuál es el objetivo de estas elecciones? Digo lo mismo que dije hace 6 meses: lo importante es saber cuántos somos, saber si España necesita un partido Liberal Progresista, un partido que, desde la centralidad, puede ser importante para evitar una España de ciudadanos enfrentados entre la izquierda y la derecha, entre rojos y azules.

Porque los que hemos nacido, crecido y vivimos en democracia no tenemos que cargar con mochilas del pasado. Nuestra España, la constitucional, nació el día en el que se votó la Constitución y comenzó una época que ha sido la más próspera, la de mayores avances sociales y paz de la historia de esta nación.

Una vez sepamos cuántos somos, una vez los españoles nos digan que sí, que es importante un partido de centro, contaremos los escaños para saber si somos determinantes. Si lo somos, lucharemos por la regeneración política, por acabar con la corrupción y los chiringuitos de amiguetes, por la separación de poderes y por hacer una España atractiva de la que nadie quiera irse.

Si no somos determinantes, nuestro papel será el de no poner palos en las ruedas. Haremos una oposición dura pero constructiva, poniendo la lupa en el Gobierno, pero nunca pensando en que, si al Gobierno le va mal, será mejor para nuestro partido.

Como europeo, quiero que la Unión sea unos verdaderos Estados Unidos de Europa, el viejo sueño de que los países hermanos nos demos la mano. Ser Europeo consiste también en tener memoria y no olvidar que esta tierra ha sido un campo de batalla y que la Unión se hizo también para firmar una paz eterna.

Como español, quiero que mi país pueda mirar a los ojos a los países más importantes de Europa y, para eso, necesitaremos un Gobierno fuerte, un Gobierno que no tenga las manos atadas, un Gobierno que carezca de complejos.

Y, como catalán, quiero que mis compañeros sean capaces de hacer entender algo tan sencillo como que ser catalán no es ser menos español y que ser español no es ser menos catalán. Que defendamos, al mismo nivel, que España es un país diverso pero unido. Porque, cuando los españoles han estado unidos, hemos sido un país imparable y hemos logrado méritos enormes, como una Transición alabada por todo el mundo. Sin embargo, cuando hemos estado separados, hemos cometido actos vergonzosos, como una sangrienta guerra entre hermanos.

Para mi país, quiero diálogo; para mi país, quiero acuerdos; para mi país, quiero unión; para mi país, quiero un cambio, pero un cambio a mejor. Porque yo no me conformo con un 18% de paro, pero tampoco quiero un cambio a peor, un cambio liderado por extremistas populistas que quieren sacarnos de Europa y del  Euro.

Albert Rivera es el líder más valorado por los españoles y es la persona adecuada para una segunda transición, para que actualice la Constitución, la adapte a los tiempos y la mejore. Con Albert, España cambiará, pero con el objetivo de reformarla, no de romperla.

Ahora toca votar con ilusión, votar con sensatez, sabiendo que ya hemos ganado, que somos gente corriente que consigue cosas extraordinarias y sabiendo que, pase lo que pase, tendremos personas que nos van a representar de verdad, que en el Congreso habrá Ciudadanos como tú.

No hay porqué elegir entre susto o muerte

Estamos asistiendo a cambios, cuestiones que quizá muchos aún no perciban como asuntos sumamente importantes, pero que, sin embargo, lo son. Ayer nos despertamos con la terrible noticia del Brexit. El Reino Unido dejará de formar parte de la Unión Europea. Y no es una mala noticia por el hecho de que uno de los países más importantes abandonen la Unión, ya que esta tiene métodos para poder seguir para adelante, sino por el hecho de que la salida llega por un nacionalismo mayúsculo y por racismo retrógrado.

La historia de Europa es la historia de sus guerras y la Unión Europea es la mayor institución de paz que se ha conocido en nuestra era. Ahora todo comienza a resquebrajarse y ocurre porque malentendemos lo que es la democracia. La democracia no es votar, la democracia no es hacer un referéndum por todo, la democracia consiste en elegir quién nos va a representar y cómo hacerlo.

El conservador Cameron necesitó los votos de la extrema derecha para ganar, por eso prometió un referéndum que no quería y, por eso también, dimite ahora. Cameron se vendió al populismo y ahora paga las consecuencias. El nacionalismo, la extrema derecha y la extrema izquierda son cánceres que ya creíamos erradicados de la sociedad, pero hemos olvidado la historia, no sólo las terribles guerras mundiales, sino también lo que ocurrió en Yugoslavia en los años noventa.

En España, estamos ahora ante unas elecciones en las que nos han vendido que tenemos que elegir entre susto o muerte, pero no es así. No tenemos que elegir entre el Partido Popular de la corrupción, de las sedes embargadas, de Rato, de Bárcenas, de Soria y sus cuentas de Panamá o de Fernández Díaz y su utilización de los poderes del Estado en beneficio propio o entre el Podemos, herencia del más rancio comunismo, que se financió gracias al dinero que consiguió para su fundación de regímenes como Venezuela o Irán, que tiene patas arriba Madrid y Barcelona con huelgas contra los llamados ayuntamientos del cambio, donde maltratan al contribuyente favoreciendo a okupas, y que llaman terrorista a Amancio Ortega y héroe y hombre de paz al asesino de Otegi.

El domingo a las 9h de la mañana, las urnas estarán vacías, nada está escrito, todo está por ver. Por eso y para que no ocurra como en el Reino Unido, debes votar, no para que pierda aquel, sino para que haya quien te represente en las instituciones. Ese y no otro es el voto útil, el que llevará a un diputado que te represente al Congreso.

Tras el 26 J, llegará el momento de llegar a acuerdos, pero hay partidos que (y hablo otra vez de la pinza PP-Podemos) que no van a conseguir pactar con nadie. Los populares porque se encierran en ese infantil discurso de que el que tiene más votos gana, cuando la realidad es que gana el que consigue una mayoría parlamentaria que te haga Presidente. Si el PP hubiese ganado de verdad, no estaríamos como estamos. ¿Pero quién va a pactar con el PP? ¿Quién va a estar dispuesto a defender las corruptelas, los aforados, los pitufeos y los chiringuitos de amiguetes de los populares?

¿Y con Podemos? ¿Quién va a pactar con un partido que quiere salirse del Euro, que está en contra de la Unión Europea, que lleva como línea roja un referéndum para romper España y hacer de nuestro país la Yugoslavia del siglo XXI, que quiere hablar con el Estado Islámico, que llega a pactos con Bildu, es decir, con ETA, pero que no puede sentarse con un partido progresista como Ciudadanos?

El voto útil no es, desde luego, la pinza PPPodemos porque nadie va a pactar con ellos. De modo que apostemos por posiciones más centradas, más sensatas; apostemos por un cambio a mejor, por un partido moderno que no cree que la solución sea romper con Europa, sino mirar cara a cara a los líderes europeos.

Ciudadanos es el único partido que dialoga, que puede llegar a acuerdos con todos, que puede reunir junto a una mesa a personas de distintas ideologías. Ciudadanos, desde su posición de centro, puede tender manos, crear puentes de diálogo. Ciudadanos es un partido de gente corriente que consigue cosas extraordinarias, un partido que no tiene varitas mágicas para mejorar el país, sino que simplemente va a aplicar en nuestra nación la misma receta que ha llevado a que países donde hay gobiernos de partidos hermanos de Ciudadanos, como Dinamarca, Holanda, Bélgica, Finlandia y Luxemburgo, sean las cinco mejores economías de Europa.

Quedan pocas horas, horas en las que tenemos que intentar conseguir un cambio a mejor, porque todo apunta que vienen tiempos muy muy duros en el mundo, el Brexit, Le Pen, Donald Trump, Syriza, Podemos… pero aún estamos a tiempo de arreglarlo.

El falso sorpasso

El año 2015 comenzó con Podemos como primera fuerza en intención de voto, sin embargo, tras la mala actuación de los ayuntamientos del cambio y del gobierno de Syriza, además de los cambios constantes de programa, Podemos bajó y bajó hasta acabar siendo la cuarta fuerza más votada. No obstante, tras la noche electoral, la sensación es de que en los últimos meses Podemos ha resurgido, aunque lo cierto es que no es así.

La verdad del 20 de diciembre es que Podemos fue la cuarta fuerza más votada con 3.198.584, trescientos mil votos menos que Ciudadanos, que le sirvieron para obtener 42 diputados. Lo que verdaderamente hizo crecer al partido morado fueron las confluencias, que les hizo abultar el resultado hasta los famosos 69 diputados. Así, Compromís, En Comú Podem y En Marea consiguieron para Podemos 27 escaños en Valencia, Catalunya y Galicia respectivamente.

Dentro de estas siglas, hay muchos más partidos. Esquerda Unida en Galicia e Iniciativa per Catalunya y Esquerra Unida del País Valenciá ya habían sumado fuerzas, pues hasta entonces estaban dentro de Izquierda Unida, pero además están Anova, Ourense en Comú, Frente Popular Galega, Bloc Nacionalista Valencià, Equo, Mes per Mallorca, Barcelona en Comú, Esquerra Unida i Alternativa, Partido Pirata y alguno más que me debo dejar. Esos partidos, por separado, ya habían conseguido setecientos mil votos en 2011 sin la influencia de Podemos.

Aún así, Podemos no consiguió asaltar los cielos y, por eso, se puso manos a la obra y, como no puede conseguir más votos, decidió comprar más almas. Esta vez, quien vendió su alma al diablo fue Izquierda Unida que, a su vez, ya es una confluencia de decenas de partidos.

Con la suma de esas almas, se habla de Sorpasso, de falso Sorpasso en realidad porque, si contamos los votos de Izquierda Unida y los de Podemos el 20 de diciembre, ya tenían más votos que los socialistas.

El 20 D Podemos+Izquierda Unida sumaban 6.112.438 votos y el 24,2% de los sufragios. Todo lo que sea bajar de eso será un fracaso para Pablo Iglesias y Alberto Garzón porque, por más que quieran venderlo al alza, lo cierto es que la mayoría de las encuestas y en especial la última realizada, el llamado Sondeo Prohibido que ayer mismo mostró El Periódico de Andorra (que, por cierto, acertó bastante el 20 D), dice que Podemos e Izquierda Unida solamente conseguirán el 23,6% de los sufragios, es decir, perderían medio punto.

Teniendo en cuenta que en Valencia, Catalunya y Galicia Izquierda Unida ya iba con Podemos y aceptando que repetirán más o menos los mismos resultados, En Marea, En Comú y Compromís conseguirían 27 diputados que deberíamos restar a los 85 que, según las encuestas, conseguirán todo el amalgama de siglas, es decir, Podemos conseguiría alrededor de 58 diputados. Entonces, ¿dónde está el sorpasso?

Es decir, si Podemos y sus satélites consiguen 85 diputados y el PSOE 84 y consigue (por poner un ejemplo) el apoyo de Coalición Canaria y su diputado, entonces, ¿quién estaría por delante? ¿Podemos y sus confluencias o el PSOE y las suyas?

Pablo Iglesias puede hacerse todas las trampas al solitario que quiera, de hecho, intentaron también unirse a partidos animalistas y ecologistas que podrían darle casi 300.000 votos más. Pero, claro, estos preguntaron cómo se podía ser ecologista y prometer ayuda a los mineros con el contaminante carbón y, al final, se negaron.

En la democracia, y perdónenme que insista mucho en esto, lo importante es que haya personas que nos representen de verdad. Eso es mucho más importante que ganar o perder unas elecciones. Además, ¿alguien cree que esas decenas y decenas de siglas que forman la candidatura de Iglesias van a poder ponerse de acuerdo?

Podemos no ha escondido nunca la prioridad de la estrategia sobre el fondo ideológico que debían suavizar para lograr el poder y, con él, la auténtica transformación social a través de la división interna porque, como ya he escrito otras veces, el plan de Podemos no es acabar con el bipartidismo sino formar parte de él, sabiendo que el cambio pendular algún día lo llevará al poder, de ser capaces de ocupar el sitio histórico del PSOE.

Espero que ese día no llegue nunca, pero el domingo ya sabremos si el encantador de serpientes, el comprador de almas, se sale con la suya. Difícil lo veo ya que creo que nadie, salvo Esquerra Republicana, Convergència y Bildu, es decir, los que quieren romper España, apoyaría al partido morado. Porque el PSOE no creo que quiera inmolarse y si, como dijo Albert Rivera, el PSOE debe decidir qué quiere ser de mayor, ya saben lo que dijo Churchill: “Quien a los veinte años no es comunista no tiene corazón, quien a los cuarenta sigue siendo comunista no tiene cerebro”. Sólo nos queda esperar que el PSOE se haya hecho ya mayor.

 

Fuente de la fotografía de portada: www.elconfidenciadigital.com

¡FUERA!

No es momento para paños calientes, no es momento para medias tintas; es momento de ser claro, es momento de llamar a las cosas por su nombre, es momento de que personas como Fernández Díaz y Mariano Rajoy dejen de aferrarse a su asiento, dejen de agarrarse a su poltrona y dimitan por el bien de nuestro país.

La crisis está haciendo que nuestros compatriotas estén pasando por malos momentos y tenemos que tirar para adelante, tenemos que resurgir pero, para eso, debemos estar juntos, debemos estar unidos en la lucha por el bien de España que es, al fin y al cabo, el bien de todos los ciudadanos.

España no se merece un gobierno corrupto, no se merece un gobierno con las sedes embargadas y no se merece un gobierno que use los estamentos del Estado con beneficio propio. Las grabaciones en las que se escucha a Fernández Díaz conspirando con el director de la Oficina Antifrau, Daniel de Alfonso, para buscar casos de corrupción que salpiquen a dirigentes de ERC y CDC no sólo es deshonesto, sino que también es burlarse de las leyes del país.

En el momento que eso ocurre, como dijo en su día Felipe González, deja de ser un Estado de Derecho para ser un Estado deshecho. No se puede permitir que personas del Partido Popular se dediquen a espiar a otros políticos, más cuando ellos criticaron abiertamente las escuchas que CDC había realizado en Catalunya.

Hay muchas personas que estamos intentando ayudar para mejorar el país y también para unirlo, pero el Partido Popular es una máquina de hacer podemitas y de hacer independentistas. Puede que el frontismo le dé réditos electorales pero, obviamente, ese no es bueno para la nación, no es bueno para nuestro país.

Si los líderes independentistas han cometido delitos, a la cárcel y, si no lo han hecho, se les combate con política. A los que no respetan la democracia hay que darles más democracia.

Ya me he quejado en otras ocasiones de que el PP use la catalonofobia como arma electoral. A los catalanes que buscamos que los independentistas dejen de serlo y que entiendan que el verdadero catalanismo es intentar que Catalunya sea una de las locomotoras de España y no intentar romper el país, los populares nos hacen un flaco favor.

Que las personas que votan independentismo tomen posiciones más moderadas no se consigue con un “Tú eres español y punto, porque lo pone en el DNI”, sino que se consigue conociendo a Catalunya y entendiendo que uno no puede ser un patriota español odiando a una parte de España como es Catalunya.

El Partido Popular dice hacer españolismo, cuando lo que hace es castellanismo. Quien no entienda que el idioma catalán es tan español como el castellano y que las costumbres, la cultura o el folklore catalán son tan españoles como el madrileño, el andaluz o el valenciano, no sólo no entiende nada sino que le está dando la razón involuntariamente a los independentistas.

Catalunya nunca va a ser independiente, entre otras cosas porque los catalanes no lo quieren, pero sí es cierto que los separatistas aprovechan las escuelas, la prensa y la instituciones para hacer independentistas, pero no es menos cierto que las políticas del PP han hecho más independentistas que todas esas cuestiones juntas.

Yo, que por ser catalán no soy menos español y por ser español no soy menos catalán, estoy cansado también de que los independentistas utilicen este tipo de cosas en su favor, porque el PP no es España, ni Fernández Díaz es España, ni Mariano Rajoy es España. Lo que ocurre es que, mientras peor gobierno haya en España, mejor para los independentistas, por eso apoyan con el voto a Podemos. Mientras más independentistas haya, mejor para el Partido Popular y sus propósitos electorales.

He visto declaraciones lamentables de Puigdemont y otros líderes separatistas. Si como dice el President Mas de lo mismo, esto es un GAL mediático, él es un golpista, de modo que más le valdría taparse en este asunto.

Los españoles no tienen porqué conformarse con este país que tenemos, aspiramos a una España sin frontismo, sin bandos, así sería un país imparable. Por eso, hemos de volver al espíritu de la transición, al espíritu del abrazo entre personas que no pensamos igual. España necesita un cambio, pero un cambio sensato, un cambio a mejor y eso, hoy en día, no está en manos del PP y, por supuesto, tampoco de Podemos.

 

Fuente de la fotografía de portada: www.20minuto.es

Cameron de la isla británica

David Cameron fue elegido Primer Ministro del Reino Unido para tomar decisiones. Así funciona la democracia representativa. El pueblo elige al que cree que mejor puede dirigir las riendas de la nación, pensando en el bien de todos y cada uno de los habitantes del país.

Para lo que desde luego no eligieron a Cameron es para que, como Poncio Pilatos, se lave las manos en los temas decisivos y, a base de referéndum, sea el pueblo, muchas veces sin conocer toda la información, quien elija el destino del país.

A mi modo de ver, David Cameron ya se equivocó con el referéndum en Escocia, el cual no sirvió absolutamente para nada ya que los nacionalistas escoceses ya están preparando el siguiente. Y es que crear el precedente del referéndum es lo que tiene. De este modo, si una vez les dijiste Sí, ¿por qué no les vas a dar la misma respuesta cada vez que te pidan el referéndum?

Sí es cierto que Cameron venció en aquel sondeo e imagino que también va a vencer en el que se realizará mañana, de modo que, políticamente, Cameron saldrá beneficiado de todo esto. Pero un político no debe arriesgar el futuro de su nación y el de la Unión Europea para réditos personales.

El referéndum sobre la continuidad del Reino Unido en la Unión Europea quedará marcado para siempre por el asesinato de la laborista Jo Cox. No es cuestión de buscar culpables, pero a veces no somos conscientes de que la política y la democracia representativa están precisamente para evitar este tipo de cosas, para evitar que las personas en la calle peleen por lo que ellos creen que es mejor.

Yo quiero y espero que el Reino Unido siga en la Unión Europea y lo quiero porque estoy completamente seguro de que el futuro pasa por unos Estados Unidos de Europa. Muchos piensan que de ese sueño ya hemos despertado, que no es posible una Unión Europea unida, y esto ocurre por el mismo problema que existe en España con las autonomías.

Hemos de tener claro que una unión no irá bien jamás si no se mira el bien común. Si la Unión Europea va a ser la de unos pueblos pisoteados por otros, obviamente, no va a ir bien. Pero solamente se deja pisotear quien quiere. Si España tuviera un gobierno fuerte, podría mirar a los ojos a cualquier país de Europa, pero eso no ocurre porque las autonomías pelean contra el Estado, en lugar de ayudarlo, como ocurre sobre todo en Catalunya. ¿Cómo va a ir bien un país si la autonomía que debería ser la locomotora hace políticas para perjudicar al Estado?

Mientras más países, naciones, pueblos unidos haya, más fácil será la convivencia y más fácil será también que haya un mundo globalizado, donde el comercio sea libre y todos nos podamos beneficiar. Pero, para que haya una unión, sea la que sea, hay que pensar en el bien común y pensar el bien común no es renunciar a la idiosincrasia de tu autonomía o tu país. El más claro ejemplo es el de los Estados Unidos de América, lugar donde todos los estados tienen sus leyes propias, pero donde también todos tienen claro que son estadounidenses y que el bien común es el bien propio.

Pero, volviendo al Reino Unido, país que por otra parte yo creo que podría dirigir la Unión mejor que Alemania, opino que éste debería dar un paso para acercarse al resto de Europa, porque ser más europeo no significa ser menos británico. Mañana los británicos dirán Sí a Europa, pero esa no es una victoria de Cameron porque él no es Primer Ministro para que un pueblo, no del todo informado, sea quien acabe decidiendo el futuro de millones de personas.