A Colau este año sí le interesa ir al 11 de septiembre

La buena de Ada Colau dice que irá al aquelarre separatista del 11 de septiembre. Normal, ¿acaso alguien creía que tenía algo mejor que hacer ese día? Lo curioso es que se vuelva a la pregunta “¿Es separatista Colau?”, como si no supiésemos a día de hoy quién es la alcaldesa de Barcelona, una persona que ha vivido del cuento toda su vida y que ha llegado a la alcaldía de la capital catalana “sin dar un palo al agua”.

El año pasado por estas fechas, cuando la actividad política estaba en las elecciones autonómicas catalanas, la amalgama de partidos que formaban Catalunya Sí que es Pot analizó las elecciones y pensó que, puesto que los catalanes iban a ver los comicios como un referéndum separatista y sabiendo que los independentistas estarían unidos a Junts pel Sí, lo ideal era no mostrarse partidario de la separación, eso sí, sí a favor de una consulta para votar si se quiere o no balcanizar España.

La táctica era recoger votos de los independentistras que buscaban una salida tras una votación y también las de los constitucionalistas de izquierda. Pablo Iglesias dobló turno por el llamado cinturón rojo para conseguir que, en aquellas ciudades donde a principios de la democracia dominaba el comunismo, volviera a resurgir el sentimiento.

Podemos, Barcelona en Comú y las demás formaciones que estaban asociadas  ambos habían conseguido buenos resultados en las municipales de unos meses antes. Barcelona en Comú había sido primera fuerza en la capital catalana y Ada Colau había sido aclamada como la mesías de la ciudad condal al grito (en castellano) de sí se puede.

Las encuestas al principio situaban a Catalunya Sí que es Pot como tercera fuerza, muy cerca de Ciudadanos y lejos de la unión de Convergència y ERC en Junts pel Sí. Sin embargo, tanto Pablo Iglesias hacía un discurso españolista (por el que Artur Mas llegó a compararle con José María Aznar) que el candidato de la coalición Franco Rabell (que había votado sí en el butirreferéndum del 9 N) aseguraba no ser separatista, sino que ese voto había sido de protesta contra el PP por no dejar hacer un referéndum, no importándole a Franco Rabell que fuese ilegal.

Ese no saber si eran o no eran, el sí pero no de la formación hizo que Catalunya Sí que es Pot bajara en las encuestas. Sin embargo, lo que verdaderamente les hundió a límites insospechados y no ser ya tercera fuerza sino cuarta fue el “desliz” que tuvo el teniente de alcalde y compañero de Colau, Gerardo Pisarello, cuando hubo el sainete en el balcón del ayuntamiento en plena exhibición castellera.

El separatista Alfred Bosch, concejal de ERC, exhibió una estelada, a lo que Alberto Fernández del PP respondió mostrando una bandera constitucional española. A ese comportamiento de niños, respondió de forma lamentable Pisarello, tratando de arrebatar la bandera nacional a Fernández como si esta fuese una imagen del diablo, mientras que no le importaba en absoluto que los separatistas enseñaran la bandera del odio y de la xenofobia antiespañola que representa la estelada.

El batacazo de Catalunya Sí que es Pot fue de libro obteniendo menos diputados de los que ya tenía Iniciativa per Catalunya, que formaba parte de la coalición. Tras formar el Parlament, los miembros del partido dan una de cal y otra de arena para mojarse lo menos posible a la hora de decantarse por estar con la ilegalidad o con los independentistas.

Con las elecciones Generales, Podemos descubrió la panacea en tierras catalanas. Ganó las elecciones con los votos de muchas personas situadas a la izquierda de la izquierda y otros que buscaban la revolución. Sin embargo, lo que le hizo ganar fue que los independentistas votaran a Pablo Iglesias creyendo que éste les traería el ansiado referéndum.

Y es por eso por lo que Ada Colau este año sí va al acto separatista, vislumbrando que, si fracasa  Junts pel Sí, quizá unas nuevas elecciones podrían hacer que los que hasta ahora votaban fuerzas independentistas esta vez le voten a ella. Colau no tiene ideología, no tiene principios, será lo que haga falta con tal de conseguir lo que quiere y sabiendo que, por más escándalos que cometa, por más que deje a la Policía indefensa y a los comerciantes hundidos a causa de los manteros, por más que haya enchufado a su pareja y amigos en el ayuntamiento, por más que se haya descubierto que el anterior alcalde, el señor Trias le financiaba cuando era líder de la PAH, muchos catalanes están con ella, con ellos, porque muchos siguen pensando que son los de abajo, que son el pueblo, por más que Colau y sus enchufados realmente sean de vivir del cuento.

 

Fuente de la fotografía de portada: periodistadigital.com
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El falso sorpasso

El año 2015 comenzó con Podemos como primera fuerza en intención de voto, sin embargo, tras la mala actuación de los ayuntamientos del cambio y del gobierno de Syriza, además de los cambios constantes de programa, Podemos bajó y bajó hasta acabar siendo la cuarta fuerza más votada. No obstante, tras la noche electoral, la sensación es de que en los últimos meses Podemos ha resurgido, aunque lo cierto es que no es así.

La verdad del 20 de diciembre es que Podemos fue la cuarta fuerza más votada con 3.198.584, trescientos mil votos menos que Ciudadanos, que le sirvieron para obtener 42 diputados. Lo que verdaderamente hizo crecer al partido morado fueron las confluencias, que les hizo abultar el resultado hasta los famosos 69 diputados. Así, Compromís, En Comú Podem y En Marea consiguieron para Podemos 27 escaños en Valencia, Catalunya y Galicia respectivamente.

Dentro de estas siglas, hay muchos más partidos. Esquerda Unida en Galicia e Iniciativa per Catalunya y Esquerra Unida del País Valenciá ya habían sumado fuerzas, pues hasta entonces estaban dentro de Izquierda Unida, pero además están Anova, Ourense en Comú, Frente Popular Galega, Bloc Nacionalista Valencià, Equo, Mes per Mallorca, Barcelona en Comú, Esquerra Unida i Alternativa, Partido Pirata y alguno más que me debo dejar. Esos partidos, por separado, ya habían conseguido setecientos mil votos en 2011 sin la influencia de Podemos.

Aún así, Podemos no consiguió asaltar los cielos y, por eso, se puso manos a la obra y, como no puede conseguir más votos, decidió comprar más almas. Esta vez, quien vendió su alma al diablo fue Izquierda Unida que, a su vez, ya es una confluencia de decenas de partidos.

Con la suma de esas almas, se habla de Sorpasso, de falso Sorpasso en realidad porque, si contamos los votos de Izquierda Unida y los de Podemos el 20 de diciembre, ya tenían más votos que los socialistas.

El 20 D Podemos+Izquierda Unida sumaban 6.112.438 votos y el 24,2% de los sufragios. Todo lo que sea bajar de eso será un fracaso para Pablo Iglesias y Alberto Garzón porque, por más que quieran venderlo al alza, lo cierto es que la mayoría de las encuestas y en especial la última realizada, el llamado Sondeo Prohibido que ayer mismo mostró El Periódico de Andorra (que, por cierto, acertó bastante el 20 D), dice que Podemos e Izquierda Unida solamente conseguirán el 23,6% de los sufragios, es decir, perderían medio punto.

Teniendo en cuenta que en Valencia, Catalunya y Galicia Izquierda Unida ya iba con Podemos y aceptando que repetirán más o menos los mismos resultados, En Marea, En Comú y Compromís conseguirían 27 diputados que deberíamos restar a los 85 que, según las encuestas, conseguirán todo el amalgama de siglas, es decir, Podemos conseguiría alrededor de 58 diputados. Entonces, ¿dónde está el sorpasso?

Es decir, si Podemos y sus satélites consiguen 85 diputados y el PSOE 84 y consigue (por poner un ejemplo) el apoyo de Coalición Canaria y su diputado, entonces, ¿quién estaría por delante? ¿Podemos y sus confluencias o el PSOE y las suyas?

Pablo Iglesias puede hacerse todas las trampas al solitario que quiera, de hecho, intentaron también unirse a partidos animalistas y ecologistas que podrían darle casi 300.000 votos más. Pero, claro, estos preguntaron cómo se podía ser ecologista y prometer ayuda a los mineros con el contaminante carbón y, al final, se negaron.

En la democracia, y perdónenme que insista mucho en esto, lo importante es que haya personas que nos representen de verdad. Eso es mucho más importante que ganar o perder unas elecciones. Además, ¿alguien cree que esas decenas y decenas de siglas que forman la candidatura de Iglesias van a poder ponerse de acuerdo?

Podemos no ha escondido nunca la prioridad de la estrategia sobre el fondo ideológico que debían suavizar para lograr el poder y, con él, la auténtica transformación social a través de la división interna porque, como ya he escrito otras veces, el plan de Podemos no es acabar con el bipartidismo sino formar parte de él, sabiendo que el cambio pendular algún día lo llevará al poder, de ser capaces de ocupar el sitio histórico del PSOE.

Espero que ese día no llegue nunca, pero el domingo ya sabremos si el encantador de serpientes, el comprador de almas, se sale con la suya. Difícil lo veo ya que creo que nadie, salvo Esquerra Republicana, Convergència y Bildu, es decir, los que quieren romper España, apoyaría al partido morado. Porque el PSOE no creo que quiera inmolarse y si, como dijo Albert Rivera, el PSOE debe decidir qué quiere ser de mayor, ya saben lo que dijo Churchill: “Quien a los veinte años no es comunista no tiene corazón, quien a los cuarenta sigue siendo comunista no tiene cerebro”. Sólo nos queda esperar que el PSOE se haya hecho ya mayor.

 

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Podemos dicen ser patriotas en el resto de España e independentistas en Catalunya

No es de extrañar, en absoluto, que Podemos haya utilizado el método del catálogo de Ikea para hacer campaña, sobre todo porque todos sabemos que los catálogos van cambiando cada tres meses, tal y como hacen los programas electorales del partido morado. A raíz de ahí, poco más podemos analizar del partido de extrema izquierda.

La coherencia no es uno de sus fuertes, ni quieren que lo sea, pues para Podemos, sólo hay un objetivo, derrotar al Partido Socialista, con el fin de crear un nuevo bipartidismo, para que llegue el momento en el que el péndulo cambie de lado y les toque gobernar. Además, tiene la colaboración especial del Partido Popular que no ven a Podemos como rival y lo prefieren en la oposición antes que el PSOE. Confiemos en que, como en Frankenstein, el monstruo que han fabricado desde la calle Génova no se haga tan grande que acabe atacándonos a todos.

Unidos Podemos es una amalgama de más de treinta partidos que se unen buscando la victoria por encima de los ideales. Con la premisa de sacar del gobierno al PP, se han juntado partidos que se contradicen en su ideario entre sí. De este modo, por ejemplo, no se puede ir de ecologista a la vez que se lucha por los mineros asturianos, cuando el carbón es un material altamente contaminante.

Casos contradictorios hay para hacer una lista interminable pero, si hay uno que me llama la atención, quizá porque me toca vivirlo de cerca, es observar cómo Podemos hace un mensaje patriótico en el resto de España, mientras que en Catalunya se pone de parte de los separatistas.

No puede valer todo en política, no puede un hombre que quiere presidir España hacerlo con el voto de los independentistas, no puede gobernar la nación alguien que llama terrorista a Amancio Ortega y héroe a Arnaldo Otegi.

¿Por qué Podemos es la sonrisa de un país en Madrid o Sevilla y, a su vez, la sonrisa de los pueblos en Catalunya? La respuesta es muy fácil, los podemitas juegan con la inteligencia de los españoles. Pero se puede engañar a muchos un tiempo o a pocos todo el tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo y Podemos, tal y como sube, bajará, porque en la España democrática no hay sitio para partidos que bordean lo democrático, para partidos que desprecian un hecho histórico como la Transición en la que personas que estaban cuarenta años a tiros se abrazaron y dieron la mano.

La realidad es que estos casi cuarenta años de democracia son los de mayor prosperidad, paz, libertad  y bienestar de toda la historia de España y, sí, es cierto que los últimos gobiernos de PSOE y PP han ralentizado la prosperidad de nuestro país, pero eso no resta que, obviamente, debamos seguir luchando por nuestra democracia y nuestra Constitución.

Podemos no ha venido a acabar con el bipartidismo, ha venido a formar parte de él con la idea de que el cambio pendular de los gobiernos les lleve a la Moncloa algún día. Y, si eso hay que hacerlo de un modo inmoral, no es problema para los morados porque, obviamente, ser el Presidente de España gracias a los votos de los que la quieren romper es totalmente inmoral.

Con la llegada de partidos al panorama nacional como Ciudadanos, el poder para el chantaje de los nacionalistas debía haber acabado, sin embargo, Podemos tomó el relevo de los Pujol a la hora de amenazar al Estado con los nacionalismos periféricos.

Realmente, no hay sólo dos Podemos, hay tantos como la gente necesite, como todo aquel que quiera agarrarse a un clavo ardiendo pueda encontrar. Pero la única realidad es que esta amalgama de partidos que forman ahora Podemos no tiene ningún criterio salvo el de tener más votos que el PSOE, caiga quien caiga.

¿Un nuevo frente popular?

Podemos e Izquierda Unida, Izquierda Unida y Podemos acercan posturas para ir de la mano en las futuras elecciones de junio, si es que finalmente no hay un acuerdo que evite las elecciones. Alberto Garzón siempre ha manifestado que Izquierda Unida, que en su día aglutinó a gran parte de los partidos de ideología comunista, no acabaría siendo parte de Podemos, pero lo cierto es que, según indican los medios de comunicación, pronto lo hará sea de un modo u otro.

Lo cierto es que Izquierda Unida es perjudicada por el sistema electoral y es que, siendo la sexta fuerza más votada, hay hasta nueve fuerzas con más representación en el Congreso. Como ejemplo del injusto modo de reparto, diremos que IU tiene 2 diputados con más de 900.000 votos, mientras que Bildu también tiene 2 con poco más de 200.000 votantes.

De modo que Izquierda Unida sabe que, de la mano de Podemos, podría tener más representación. Pero, ¿y sus votantes? ¿Estarán verdaderamente representados con las ideas de Podemos? Para el partido morado, esto no es más que un nuevo paso en su partida de Risk, en su Juego de Tronos particular, en ese asalto de los cielos que se inicia comiéndose a los partidos más cercanos en cuanto a ideología.

El éxito de Podemos se ha debido a las confluencias, a los votantes que votaban ya a Compromís en Valencia o a Iniciativa en Catalunya, a más a más, obviamente, de los votos que les han cedido los nacionalistas, tanto en Catalunya, Euskadi y Galicia, ya que aunque a veces nos olvidamos, Podemos sacó en realidad menos votos que Ciudadanos.

Las reglas son las reglas y Podemos, por esta vez, no hace trampas. Pero sí que es verdad que pervierte el sentido de la democracia ya que de lo que supuestamente trata esto es de saber la opinión del pueblo, no de ir haciendo alianzas de gente que piensa parecido pero no igual para, después, decidir qué se hace y qué no. Pongo por ejemplo estas preguntas:¿Qué tanto por cierto de personas que votan a Podemos en Andalucía está a favor de que estén apoyando al soberanismo catalán? ¿Qué porcentaje de los que han votado a Podemos en Castilla ven con buenos ojos que vayan de la mano con Bildu en Euskadi?

La idea de formar un nuevo Frente Popular como en 1936 es una más de las obsesiones por volver a ese año, ya saben, como cuando Rita Maestre asaltó una capilla al grito de: “Os vamos a quemar como en el 36”. En las cuentas de Iglesias y su obsesión por el sillón, la unión de estas dos formaciones en las elecciones del 20 de diciembre hubiera supuesto ser la segunda fuerza sumando también a En Marea, Compromís y En Comú.

Como ya hemos dicho en otras ocasiones, ese y no otro es el verdadero objetivo de Podemos ya que los morados no quieren acabar con el bipartidismo, sino formar parte de él y creen que, superando al PSOE y siendo oposición, tarde o temprano, le llegará su hora de gobernar.

A mi parecer, que partidos que se quieren apropiar de que son los únicos que juegan bien traten de hacer artimañas para conseguir más representación de la que corresponde es poco ético. Pero no es lo que más me importa de todo esto, sino que traten de facturar el país entre los que están con ellos y los que están en contra. Llegado a ese punto, pasará algo que ya se está intuyendo estos días: que Podemos, o tenga mayoría absoluta, o no pueda gobernar nunca porque ningún partido que respete la Constitución y las Leyes podrá ir de la mano de otro que quiera imponer un nuevo régimen en España, un régimen que, por cierto, ha fracaso allá donde se ha instaurado.

Independentismo con azúcar

No, no es 28 de diciembre, no es el Día de los Santos Inocentes, no es una broma, todos los medios de comunicación se han hecho eco de ello. Y, sí, sé que suena a chiste, a broma pesada, pero no lo es. Ada Colau ha visto la necesidad de formar un nuevo partido en Catalunya, un partido de izquierdas y nacionalista ya que, según ella (y esto sigue sin ser broma), es “para impulsar un espacio político necesario que no estaba presente”.

¿Qué no está presente? ¡Qué no está presente! Pero si en Catalunya solamente hay partidos de izquierda nacionalista. Veamos… dentro de Junts pel Sí está Esquerra Republicana de Catalunya, que en sus listas ha incluido a Estat Catalá, además se unieron Solidaritat Catalana per la Independencia (SI), Reagrupament, Catalunya Sí, Catalunya Acció, Avancem y Moviment d’Esquerres (MES) a lo que, además, como claramente independentista, hay que sumar a la CUP que, dentro de su candidatura, llevaba a Endavant y Arrán. Sin olvidarnos, por otro lado, de los que apuestan por el derecho a decidir, tales como Iniciativa per Catalunya (ICV) EUiA, los cuales formaron Catalunya Sí que es Pot junto a Podem y, en este resumen, sin dejar de mencionar también al PSC pues fue con él y el triparito que formó que comenzó esta locura nacionalista.

De modo que, ¿de verdad hace falta un nuevo partido de izquierda nacionalista? ¿Y los que son de izquierda no nacionalista a quién votan? ¿Deben seguir votando a partidos que dicen no ser independentistas pero sí lo son o al menos su cúpula lo es? En Catalunya, como se pudo ver en estas últimas elecciones autonómicas, las personas cada vez lo tienen más claro. Saben que si votas nacionalismo es siempre lo mismo, dar el voto a la oligarquía catalana, de ahí el auge de Ciudadanos.

Hace poco, un lector me preguntaba qué era eso de la oligarquía catalana y, dado que observo que hay algunos que no me acaban de entender, lo voy a explicar lo más claro que sé. La oligarquía catalana consiste en que, a pesar de que los diez apellidos más comunes de Catalunya sean García, Martínez, López, Sánchez, Rodríguez, Fernández, Pérez, González, Gómez y Ruíz, nunca nadie que se apellide así esté en el Gobierno.

Imaginamos que la idea de Colau es que muchos de esos partidos antes referidos acaben en coalición con el nuevo partido y que repitan el éxito de En Comú Podem en las elecciones generales, donde fueron la fuerza más votada, uniendo el voto de los que votaban a Podemos como partido de izquierda y el de los independentistas que querían que el Presidente fuese un Pablo Iglesias que había prometido un referéndum de autodeterminación en Catalunya.

Si eso es así, tendremos el trabajo de siempre para el cual nació Ciudadanos en su día, el de hacer entender a las personas que este partido será lo mismo que fue el PSC en su momento, un partido catalanista que recogerá el voto de los constitucionalistas de izquierda, de catalanes que también se sienten españoles y europeos, para después dárselo a la oligarquía que en estos tiempos se viste de independentismo.

Habrá que hacer entender a los catalanes que no se puede hacer un referéndum ni tan siquiera para que gane el No y se acabe, porque no funciona así. En el momento en el que un gobierno de España acepte una consulta, ya estará reconociendo que Catalunya es independiente y entonces ya dará igual el Sí que el No.

Habrá que seguir explicando que el derecho de autodeterminación únicamente existe para los pueblos oprimidos y para las colonias y que Catalunya, obviamente, no es ni lo uno ni lo otro.

Habrá que explicar que votar a En Comú o como se llame este partido solamente es el desesperado intento nacionalista para llegar a ese ansiado 50% +1, que creen que es suficiente para creerse legitimado, por más que nunca haya tanto por ciento suficiente para saltarse la Ley y traicionar la Constitución y el Estatut de Catalunya.

Habrá que trabajar y mucho para que vuelvan a errar el tiro y que el partido de Colau quite votos a los independentistas, pero no a los constitucionalistas, a los que creemos que la soberanía está en el pueblo y no en los territorios, a los que creemos que la política la marcan los ciudadanos y no el Govern de Catalunya, para los que creemos en un país de personas libres e iguales, para los que sabemos que ser catalán es un lugar de nacimiento, un sentimiento o incluso una filosofía de vida pero no una ideología pues el hecho de nacer en Catalunya no te hace creer en una cosa u otra, no te hace ver las cosas de una u otra manera. Porque cada uno es catalán a su manera, que tan catalán es el que vota a Ciudadanos, al PSC, al PP o a la CUP; que tan catalán es el que es del Barcelona como del Espanyol o del Madrid o del Betis; que tan catalán es el que ve TV3 como TVE, La Sexta o Telecinco. Porque, para ser catalán, solamente hace falta haber nacido en Catalunya o amarla y respetarla como si lo hubieras hecho.

 

Fuente de la fotografía de portada: 20minutos.es

Segunda ronda de contactos

A día de hoy, sigo pensando que la peor de las posibilidades que se barajan en la política española es la repetición de las elecciones y, sí, sé que ante la posibilidad de un pacto que situara a Pablo Iglesias de vicepresidente y controlando todos los ministerios más importantes, a muchos les parecerá que la posibilidad de nuevas elecciones no está tan mal.

En mi opinión, unas nuevas elecciones serían un fracaso de España como país, una malísima imagen en el extranjero y, lo que es peor, una decepción para aquellos ciudadanos que ya descreen de la política y que quizá les supondría acabar de perder la confianza en el sistema para siempre.

Ya he escrito otras veces que defiendo la democracia representativa y que entiendo que el pueblo elige a los diputados y que son estos los que eligen al Presidente. De modo que no me rasgo las vestiduras porque el Presidente no sea el más votado y entendería y aceptaría que el PSOE gobernara con los votos de Podemos e Izquierda Unida, si entre los tres tuvieran mayoría, pero no es así.

Eso sí, lo que no entiendo es que aún y en este caso, Podemos e Izquierda Unida pidieran estar en el Gobierno. Una cosa es permitir la gobernabilidad y otra querer entrar en un gobierno a tres en el cual Podemos, que es la cuarta fuerza más votada (no contando a sus socios Compromís, En Comú y En Marea), exija al PSOE cómo debe ser el gobierno y, para rizar el rizo, colocando a un independentista a negociar el referéndum.

PSOE+Podemos+Compromís+En Marea+Izquierda Unida suman 161 escaños y, en contra, tendrían 163. Con lo cual, necesitarían que alguno de los partidos nacionalistas se sumara al bloque y eso sería pervertir las elecciones ya que ERC o Bildu, que quieren dejar de ser españoles, no deberían formar parte del gobierno del Estado y Convergència, PNV y Coalición Canaria, más allá de su nacionalismo, son de derechas. Así que la posibilidad de un acuerdo es posible, pero pervertiría el voto de los españoles.

A mi manera de ver, entendiendo que el PSOE no quiera investir a Rajoy, hubiera pedido una posibilidad alternativa al PP como, por ejemplo, abstenerse en la investidura a cambio de que Rajoy y todos los que de un modo u otro se puedan ver salpicados por la corrupción no pudieran formar parte del gobierno entrante. Pero eso no se ha planteado, ni eso ni nada parecido, porque Pedro Sánchez no ha tenido miras de Estado. Si hubiera planteado algo así y el PP se hubiera negado, Pedro Sánchez tendría más legitimidad para tratar de formar gobierno.

No acierto a adivinar qué buscó Pablo Iglesias humillando a Pedro Sánchez y al PSOE. La “sonrisa del destino” fue un duro palo para muchos miembros del PSOE, entre ellos Rubalcaba o Ximo Puig que ayer mismo ya calificaban de “chantaje” a las palabras del líder de Podemos. Pero la sensación que tengo es que Iglesias lanzó “el ordago” sabiendo que no iba a haber ese pacto entre socialistas, comunistas, populistas y separatistas. El comunicado del PSOE dejó claro que no van a arrodillarse ante la propuesta de Pablo Iglesias.

Mariano Rajoy estuvo astuto, reconoció que aún no puede formar gobierno y ganó tiempo. Ahora habrá una segunda ronda de conversaciones con el Rey en el que quien verdaderamente se la juega es el PSOE. Los socialistas tienen dos vías: una, dejar de lado a Podemos y buscar un acuerdo con Ciudadanos, o dos, aceptar un pacto con Podemos e Izquierda Unida y que, como mucho, podrá ofrecer esos 161 votos a favor. Si eso pasara, Mariano Rajoy lo tendría fácil para seguir ganando tiempo ya que, siendo el último en hablar con Felipe VI y sabiendo lo que van a hacer los demás, podría aceptar intentar formar gobierno, por más que sepa que no lo conseguiría; podría aceptar que Sánchez formara gobierno, siempre y cuando Podemos no esté en él, o incluso, en el caso de que Sánchez se presentara con esos 161 votos, sumando a Podemos y sus satélites y a Izquierda Unida. Mariano Rajoy podría sugerir al Rey aceptar que no realizase gobierno, pero que sus 123 diputados apoyasen la investidura de Rivera que, en ese caso, contaría con 163 votos, 2 más que Sánchez, lo que podría llevar al Rey Felipe a ofrecer formar Gobierno al líder de Ciudadanos antes que a Pedro Sánchez. De ese modo, Rajoy volvería a poner la pelota en el tejado de Sánchez ya que tendría dos opciones, abstenerse para que gobierne Ciudadanos o negarse y repetir elecciones. Unas elecciones a las que llegaríamos con Rajoy pudiendo decir que miró tanto por el bien del Estado que hasta ofreció la Presidencia a otro, mientras que Sánchez llegaría a esas supuestas elecciones apareciendo como el culpable de la repetición al no haber querido aceptar ninguno de los posibles gobiernos que el Rey planteó.

 

Fuente de la fotografía de portada: elperiodicodecanrias.com

Podemos contra Podemos

Volviendo del trabajo en el tren, tuve como compañeros de vagón a dos señores de ya avanzada edad que hablaban de política. Lo hacían sobre política, sobre Podemos para ser concretos y sobre los cuatro grupos que el Partido de Pablo Iglesias quiere tener en el Congreso de los Diputados. Uno de los señores trataba de explicarle al otro cómo funcionaba eso de los cuatro grupos. El otro que no lo acababa de entender sentenció con la frase: “Si no saben gobernarse entre ellos, ¿cómo quieren gobernar a los demás?”.

Albert Rivera comentaba en RNE sobre este tema y dijo: “Lo que no se ha conseguido en las urnas, no se puede conseguir en los despachos. No se puede intentar hacer fraude ni jugar con la bolita y en este caso por una promesa nuevamente incumplida de Pablo Iglesias a sus socios” (…) “Quien ha estafado, quien ha engañado, quien no ha cumplido, no es el reglamento de la Cámara, el PSOE o el PP. Quien no cumple con sus pactos, quien ha prometido algo que no se puede hacer, para variar, es Pablo Iglesias”.

Aunque que lo diga un rival político de Iglesias no es quizá lo más importante, sino que la propia Mónica Oltra, líder de Compromís, dejase claro que, de algún modo, Pablo Iglesias no había cumplido lo prometido al partido nacionalista valenciano: “Compromís no es Podemos y la coalición que se presentó a las elecciones generales no es Podemos” (…) “Esto lo tienen claro tanto los diputados electos de Compromís como los de Podemos”.

De modo que, si no son Podemos, ¿por qué fueron a las elecciones con Podemos? La propia Oltra nos lo dice: “obviamente, si hubiéramos ido por separado no habríamos conseguido los mismo resultados electorales y desconozco cuántos diputados habríamos obtenido”(…) “Fuimos en un proyecto común pero que desde luego no es equiparable al partido Podemos”.

Entonces… ¿Dónde quedó todo aquello que iban a mirar por el bien de los ciudadanos y no por  el partido? A día de hoy, puede verse claro cristalino que lo que Podemos y sus satélites hicieron en las elecciones fue un intento de pervertir los resultados, de trastocar el deseo de los españoles y ahora es cuando vienen los problemas porque, si a menudo ya cuesta ponerse de acuerdo entre personas del mismo partido (véase el PSOE), imagínense cuando dentro de una coalición hay cuarenta partidos diferentes.

Compromís contempló la posibilidad de hacer grupo con Izquierda Unida (ya hablaremos otro día de Garzón y las amistades peligrosas), pero precisamente Pablo Iglesias ha sido quien no ha dejado que eso ocurra creando así un gran enfado en Compromís, sobre todo en la parte más nacionalista, lo cual me lleva a pensar si verdaderamente a Podemos le vendrían tan bien como ellos creen unas nuevas elecciones ya que, quizá, algunos de los partidos que le han acompañado esta vez no lo harían en mayo y eso le haría perder a Podemos muchos, pero que muchos votos.

En la tribuna de EL PAÍS, escribía ayer mismo un excelente artículo el catedrático de Ciencia Política Antonio Elorza, titulado “La tentación caudillista” y que explica de forma clara y directa cómo Pablo Iglesias está tratando de conseguir el poder más al estilo de las estrategias militares que haciendo política.

Les recomiendo la lectura en la que Elorza explica, de modo muy claro, cómo Pablo Iglesias rechaza la democracia, por más que se llene la boca con esa palabra. Y eso es algo que todos los españoles deberían saber a pesar de que, como ya he dicho en anteriores entradas al blog, Podemos seguiría teniendo muchos votos, por más que dijese que lo que verdaderamente defienden no es más que la herencia comunista de toda la vida. Finalmente a ultima hora del día, Compromís anunciaba que abandonaba el grupo de Podemos, con lo cual los 69 escaños pasan a 65.

Los análisis políticos siempre son interesantes, así como también las opiniones de unos y otros, lo que podemos leer en la prensa o los comentarios a favor y en contra, pero al final todo se resume en la frase de una persona mayor anónima que dice, cuando cree que nadie le está escuchando, “Si no saben gobernarse entre ellos, ¿cómo quieren gobernar a los demás?”.

 

Fuente de la fotografía de portada: libremercado.com