Pablo Iglesias y Anna Gabriel, dos visiones del Pijo-Comunismo

¿Qué me lleva a ver una entrevista de La Tuerka, en la que el líder de Podemos, Pablo Iglesias, entrevista a la cupaire Anna Gabriel? Supongo que tratar de entender algo sus pensamientos, los de ella sobre todo, que es la entrevistada, y encontrar, así, ese punto de unión que siempre creo que tenemos los que pensamos diferente. Antes de ver la entrevista, como es obvio, tengo ciertos prejuicios que dentro de lo que cabe trato de quitarme a la hora de escucharles. No voy a decir qué opinaré sobre ellos con neutralidad porque la neutralidad no existe, pero sí que es cierto que, siempre que oigo o leo personas que opinan diferente que yo, trato de poner oído y entender qué nos une y qué nos separa y el porqué.

Pronto empezaron a hablar de la lucha de clases. Me pongo atento. Yo, a pesar de pertenecer a una familia de clase trabajadora y de inclinaciones izquierdistas, nunca he acabado de entender eso de la lucha de clases. Y comienzo a entender que ellos quieren dar a entender que quien no cree o defiende la lucha de clases no desea la igualdad, cuestión que, personalmente, me parece todo lo contrario. La igualdad de oportunidades es muy importante, así como también la libertad para que cada uno sea lo que desee con el objetivo de ser feliz.

Gabriel habla de sus recuerdos infantiles y, para empezar, da una imagen poco realista de lo que es su población, Sallent, de la que dice que se le suele etiquetar como Catalunya profunda pero que, en realidad, es una zona de emigración española y de mayoría de clase trabajadora, es decir, habla de Sallent como si fuese Cornellà o l’Hospitalet de Llobregat, nada más lejos de la verdad. Sallent es una zona mimada del Pujolismo en donde, políticamente, CiU ha sido siempre la fuerza más votada y donde PSC, PP y Ciudadanos ni siquiera osan presentarse en las municipales. Explica Gabriel que le chocaba que hubiera unas escuelas para pobres y otros para ricos y me pregunto si en el comunismo hay una suerte de envidia al que tiene lo que tú no y si verdaderamente ser comunista consiste en ese hombre que le dice a su hijo que estudie para que, con suerte, su nieto ya no tenga que ser comunista.

Anna Gabriel sigue explicando que su madre era concejal del PSUC y que desde pequeña oyó aquello de que los nacionalismos dividen a la clase trabajadora  y que están al servicio de la burguesía, pero que a los dieciséis años unió la lucha antifascista con la lucha por la lengua. Imagino que ahí está la madre del cordero: señalar el fascismo como algo español y el antifascismo como algo catalán. Pero, ¿por qué? Eso no lo explica y no lo hace porque no hay un porqué.

¿La lucha de la lengua? En esa época (hablamos del primer lustro de los noventa), el catalán gozaba de perfecta salud, el castellano estaba siendo discriminado y es probable que sí hubiese unos jóvenes que levantaban la bandera española como símbolo de rebeldía contra la escuelas que les estaban robando el idioma y que les explicaban una historia y unos países imaginarios. Entonces, ¿Anna Gabriel se rebeló contra aquel movimiento? Puede que sí y, probablemente, entendió que aquello era una amenaza fascista por el hecho de estar dentro de una familia de padres y abuelos dedicados a la lucha comunista. Sin embargo, ¿por qué no vio como algo fascista el adoctrinamiento nacionalcatalanista que desde hace décadas se hace a los niños en Catalunya? Esa es la eterna pregunta. ¿Tan bien se hizo el adoctrinamiento? ¿O el hecho de que Gabriel tenga las raíces fuera de Catalunya nos hace acabar en otro caso de charnego agradecido?

Gabriel no explica qué le lleva a pasar de la izquierda al nacionalismo, porque no hay explicación, porque no se puede ser de izquierdas sin defender la igualdad y la solaridad y no hay nada más desigual e insolidario que el nacionalismo. Y, en cierto modo, la cupaire habla como si lo supiese, pero señala que España está tan podrida que solamente un nuevo Estado puede resolver estos problemas. En realidad, sin embargo, lo que está diciendo es que España nunca podrá ser un país con estructuras comunistas, como si eso fuese algo malo y, no, ni España ni ningún país de los que llamamos el Primer Mundo pueden tener estructuras comunistas, pero por el simple hecho de que en el Primer Mundo no hay lugar para pensamientos totalitarios. Pero todo ello lo dice a su modo: “La independencia es para cambiarlo todo. Es antifascismo, antiracismo, justicia social, distribución de la riqueza y no cambiar banderas e himno y no es exactamente eso”. Ante esas palabras, ¿qué personas progresistas no pueden estar de acuerdo? Por eso, la CUP ha subido tanto en votos en Catalunya, pero si nos ponemos a analizar los hechos y las palabras, nos damos cuenta de que, cuando dicen antifascismo, quieren decir antiespañolismo. Asociar el fascismo a España ha sido una de las cuestiones que más rédito les ha dado a este tipo de partidos, porque fascismo en la España democrática poco ha habido más allá del de los amigos de la CUP de ETA y Terra Lliure. Y es que en España no hay ultraderecha porque la ultraderecha son los nacionalismos periféricos.

La CUP es realidad, no es más que la sexta fuerza en Catalunya pero que, sin embargo, se ha convertido en actor protagonista por la necesidad de su apoyo para que Junts pel Sí pudiera gobernar, algo que así fue, a pesar de que, según confesara la propia Gabriel, la CUP se formó para acabar con el Pujolismo ¿¿¿??? Triste destino le espera a la CUP si nació para acabar con el Pujolismo y acabar haciendo presidente a un Convergent. Y es que, si alguna vez derribar el Pujolismo, es decir, el dominio de la Catalunya derechista católica y burguesa, fue el objetivo de la CUP (cuestión que me parece una patraña), ya mucho antes del apoyo a Junts pel Sí, dejó de serlo. No hay que olvidar cómo otro charnego agradecido, David Fernàndez (que cambió el acento de lado para integrarse), cuando Rodrigo Rato fue al Parlament, le amenazó y le llamó gángster zapatilla en mano, pero que, cuando Jordi Pujol fue a declarar por los casos de corrupción, todo eran amabilidades. Porque puede que Pujol también sea “un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”, que diría Roosevelt.

Por supuesto, en la entrevista sale el tema del referéndum y Gabriel vuelve a utilizar el término España en negativo, diciendo: “En España es tan difícil hacer algo tan sencillo como un referéndum de independencia” pero no es en España, es en todo el mundo, ni en Estados Unidos, ni en Francia, ni más recientemente en Alemania se ha dejado hacer estos referéndums porque son ilegales y porque, como ya hemos dicho otras veces, el sólo hecho de celebrarlos ya concede la independencia a la región en cuestión, aunque ganara el No. Sin embargo, la cupaire justifica con ese no referéndum su alianza con la Catalunya burguesa católica y derechista.

En la supuesta lucha obrera de las CUP, nadie le pregunta a estos por qué tienen más votos en ciudades con la renta per cápita alta y por qué no les votan en las ciudades obreras. La respuesta es fácil, porque la mayoría de los votantes de la CUP no son más que hijos de papá, hijos de burgueses convergents que están jugando al Mayo del 68. Puede que sus dirigentes no lo sean pero sus votantes sí. Quizá ocurre lo contrario que en Podemos, donde sus dirigentes son miembros del Pijo-Comunismo y, seguramente, sus votantes no.

Para acabar, una última reflexión. Pablo Iglesias dice que, seguramente, Catalunya es más de izquierdas que el resto de España… Tiene gracia oír eso, cuando Convergència i Unió, que es el partido más de derechas que ha habido en toda España, ha estado a sus anchas desde tiempos inmemoriales. Pero ya sabemos cómo funciona esto, la derecha es fascismo, el fascismo es español y, entonces, para Iglesias, CiU no es de derechas.

¿Un referente político señora Gabriel? Mi abuela y Fidel Castro.

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La muerte del dictador

Lunes por la mañana en el trabajo, toca tertulia futbolística, comentar lo que pasó entre tal y cual equipo, debates entre moderados y forofos. Decía Valdano, exjugador, exentrenador, exdirector general, excomentarista, que dijo aquello de que “el fútbol es un estado de ánimo”. Valdano es de ese extraño núcleo de futbolistas con aires de intelectual, aprendiz de todo y maestro de nada (lo digo como halago), que ha dejado para la historia frases inteligentes sobre fútbol, política y vida.

En el programa deportivo El Transistor de José Ramón de la Morena, le preguntaban a Valdano sobre la figura de Fidel Castro. El exfutbolista, que nunca ha escondido sus inclinaciones por el comunismo, respondió que “Es una persona de la que hablan muy bien las personas situadas muy a la izquierda y muy mal los que están situados muy a la derecha”. Imagino que no quiso mojarse mucho; no sabemos si por no defender a un dictador o por no tener que oír las críticas de sus camaradas en el caso de que pensara hablar mal del dictador cubano.

Obviamente, hay voces más autorizadas a la hora de hablar de Cuba que la de Jorge Valdano, pero me llamó la atención esa frase y las diferencias entre los que son muy de izquierdas y muy de derechas. ¿Y los que no somos ni lo uno ni lo otro qué debemos pensar sobre Fidel? Pues ahí está la trampa de la superioridad moral que las personas muy de izquierdas quieren ejercer sobre los demás. Si yo hablo hoy mal del dictador, ya me sitúan “muy a la derecha”.

La misma superioridad moral es la que lleva a líderes de la extrema izquierda española a alabar la figura del dictador. Mientras Alberto Garzón se dejaba los dedos retuiteando alabanzas sobre el cubano, Iglesias hablaba de las luces y las sombras. Las sombras son muertes, torturas, privar la libertad… ¿las luces? Estamos tratando de averiguarlo todavía.

En el maravilloso País de Catadisney, vemos a la CUP alabar y homenajear al dictador, me imagino que por aquello del derecho a decidir, ¿no? Como todo, el mundo sabe que Fidel Castro convocaba elecciones cada dos por tres… espero que esos que en algún momento han pensado que eran independentistas pero que en realidad no lo son vayan tomando nota de qué país están diseñando estos demagogos.

Entre los medios de comunicación, me sorprendió el titular de EL PAÍS, Muere Fidel Castro, símbolo del sueño revolucionario. No me imagino a este diario haciendo un reportaje sobre Hitler titulado “Cuando murió el sueño nacional socialista” o uno de Franco diciendo “Cuando murió el sueño fascista”. Pero parece ser que ser un dictador de izquierdas o de derechas cambia mucho, sobre todo cuando en las redes se ha recordado el titular de El País de cuando murió Pinochet, Muere Pinochet sin responder de sus crímenes ante la justicia.

Entonces, ¿somos demócratas o no lo somos? ¿O solamente lo somos cuando gobierna alguien con ideas parecidas a las nuestras? Más allá de ideologías, la libertad y los derechos de los ciudadanos deberían ser la lucha de todos los demócratas, sobre todo de la izquierda, y en una dictadura estos no son posibles, por más que el dictador se diga socialista o comunista.

Fidel Castro ha muerto y hasta a los dictadores hay que desearles que descansen en paz. ¿Los que le alaban? Bueno, me tendrán que explicar muy despacio cómo las mismas personas que critican la monarquía de España defienden que en Cuba, antes de morir el dictador, éste dejase en el cargo a su hermano Raúl. Murió Fidel, pero sigue la dictadura en Cuba. A pesar de eso, por televisión pudimos ver en Miami una mujer de color de 90 años saltar y reír por la muerte de Castro y diciendo “Quería que se muriera antes que yo”. Sería de ultraderecha diría Valdano.

Entre Donald Trump y Belén Esteban

Siempre me han sorprendido esas personas que, cuando van al cine, hablan de una película diciendo que se trata de un filme de Bruce Willis o de Julia Roberts o del actor que sea, por el simple hecho de que las películas no son de los actores, son de los directores. Yo voy a ver películas de Woody Allen o de Danny Boyle, pero nunca he ido a ver una película por un actor porque, como es obvio, el estilo lo pone el director o el guionista y la película la hace todo un equipo, un equipo en el que, nos gusté o no, la mayoría de las veces los actores son lo de menos. Sin embargo, cuando la gente va a ver las películas de Mario Casas o de Adriana Ugarte es porque, probablemente, desde el propio mundillo del cine se vende que el cine es de los actores y no de los directores, por más que, si reflexionamos, es obvio que no es así.

En el mundo de la política, pasa algo parecido, muchos son de este o aquel actor, es decir, de tal o cual político cuando lo que deberíamos es tratar de ser de unos ideales, de una ideología, mucho más que de un partido o de un político. Así ocurre que son más importantes los actores que, incluso, el personaje; la actuación que el contenido. Los avatares políticos de los últimos tiempos han hecho que, para muchos, la política se haya convertido en una película sencilla, de buenos y malos, de indios y vaqueros. No obstante, no nos damos cuenta de que, en esas películas, que son vistas desde el lado de los vaqueros, nos parece que los vaqueros son los buenos y ni siquiera nos hemos planteado que no pueda ser así. Nunca hemos visto el lado de los indios y, como lo desconocemos, no son los nuestros sino los otros, los de ellos.

Hay un  gran número de personas, unos por edad y otros por desgana, que nunca habían prestado atención a la política y que, sin embargo, ahora parecen ser grandes especialistas. A pesar de ello, si les preguntases qué es la socialdemocracia, el liberalconservadurismo, el socioliberalismo o cualquier otro pensamiento político, no sabrían decirte ni la historia de esos movimientos ni qué significan, ni siquiera qué partidos se asocian a esas corrientes de pensamiento. Todo es una peli de vaqueros, de buenos y malos, una peli enfocada desde un solo punto de vista. Y eso hace que haya miles de personas que, verdaderamente, se crean que el Congreso se divide entre “La Gente” y “Los Fascistas”.

Ha cuajado la idea de que, porque no todo haya salido bien, porque haya habido casos de corrupción política y judicial, la democracia no es real y esa irrealidad se achaca a ser una herencia del franquismo, por eso, todos los que piden respeto a la democracia y a la Constitución son fascistas. Pero lo cierto es que es completamente al revés. Primero, y como es obvio, porque los corruptos son los que no han respetado la Constitución y, segundo, porque esa corrupción judicial que todo el mundo achaca a que los jueces, en parte, son elegidos por los partidos políticos, en realidad muestra el desconocimiento de que, en realidad, eso fue un punto exigido por la izquierda para firmar la Constitución y que, precisamente, Alianza Popular y la UCD de Adolfo Suárez estaban en contra de ello.

Sin embargo, ahora leemos el presente como si el partido que está en el Gobierno fuese quien ha redactado esa norma. La creencia de que quien gobierna hace y deshace sin tener que rendir cuentas es muy común en nuestro país cuando, en realidad, no es así, entre otras cosas gracias a la Constitución. De este modo, en esta eterna campaña electoral que hemos vivido y que ha durado más de un año, cada vez que la policía o los medios de comunicación han sacado a la luz un caso de corrupción del PSOE, de Podemos o de un partido nacionalista, se ha achacado a que estos están dirigidos por el partido que gobierna. No obstante, si repasamos la hemeroteca, el 80% de los casos de corrupción que han salido en este tiempo pertenecían al Partido Popular.¿Entonces? ¿Hay un gobierno fascista que controla todo o vivimos en una democracia donde la policía y la prensa tienen su calendario propio y no miran, si hay elecciones o no, para destapar un caso de corrupción?

¿Entonces por qué muchos tienen la sensación de que el Gobierno dirige los jueces, la policía y la prensa? ¿Por qué ven la película sólo desde el lado del vaquero y no del indio? Por qué, sino, los de más a la izquierda y los nacionalistas no protestan cuando hay personas que rodean el Congreso de los Diputados el día en el que, democráticamente, los representantes del pueblo están invistiendo al Presidente del Gobierno, nos guste o no, sea quien sea ese Presidente que, por cierto, a mi tampoco me gusta

A partir de la investidura es cuando comienza la verdadera película. Pero muchos no quieren verla por el director que somos los españoles, los de derecha, los de izquierda, los de centro, los andaluces, los madrileños, los vascos, los conservadores, los socioliberales, los comunistas… sino que quieren ver los actores, a sus actores preferidos, aunque hagan de villanos, como fue el caso de Pablo Iglesias o de Gabriel Rufián. Eso sí, Rufián tiene una excusa, él quiere que la película sea mala, quiere que España fracase, de hecho, está en Madrid y no en el Parlament de Catalunya porque es un político mediocre. Por este motivo no está en el gobierno de Catalunya y está en el Congreso de los Diputados, pues saben que allí puede hacer perfectamente el papel de Tardà, un bufón burlesco e irrespetuoso, con la tranquilidad de que en el Congreso no tiene nada que hacer, no tiene trabajo, no ha de hacer que el país vaya a mejor, sino que solamente debe entorpecer del mismo modo que estos años ha hecho Tardà. Pero al estilo charnego, para que en Madrid vean que los hijos de los que vinieron desde otros puntos de España ya están bajo el abrazo del independentismo.

Peor es el caso de Iglesias cuando parafraseó a Primo de Rivera al decir que el Congreso no representaba al pueblo, sino que el pueblo estaba fuera. Aplaudió a Oskar Matute de Bildu y se quedó quieto cuando PP, PSOE, Ciudadanos y PNV aplaudieron a las víctimas de ETA. Eso sí, Pablo Iglesias perdió el protagonismo, no fue el malo de la peli, Rufián le ganó, consiguió dividir el Congreso entre los que para él son la gente y los fascistas, pero que en realidad son constitucionalistas y guerracivilistas. Que Rufián fuese el protagonista es lo de menos, lo peor es el estilo, entre Donald Trump y Belén Esteban, y sobre todo que haya una parte de la población que lo defienda porque ha visto la película desde el lado de los vaqueros.

Lo importante es buscar el bien de España y España no es el Rey, ni el Presidente, ni siquiera el Himno o la bandera; España son los ciudadanos que vivimos en este país y, por mucho que haya quien no le guste España, no se sienta cómodo con su historia, con su presente o con lo que sea, deben dejar de engañarse, no se puede querer el bien de los ciudadanos sin que el país vaya bien. Si a España le va bien, a nosotros nos irá bien y eso solamente se consigue uniendo fuerzas y no poniendo palos en las ruedas, como hacen Iglesias, Rufián y compañía.

Fuente de la fotografía de portada: elperiodico.com

Acabó el bipartidismo

Hace un par de años, todo el mundo parecía que estaba de acuerdo en que tenía que acabar el bipartidismo. Sin embargo, después nos hemos dado cuenta de que muchos de esas personas no sabían qué significaba eso. Acabar con el bipartidismo no significaba que PP o PSOE dejaran de ser la fuerza más votada, sino que, para gobernar, no pudieran hacerlo en mayoría, que España no funcionase de Real Decreto en Real Decreto y que más de una fuerza política fuese determinante para el gobierno de nuestro país.

Quienes querían que Podemos y Ciudadanos ocuparan el lugar de PP y de PSOE no querían un fin del bipartidismo, sino que hubiera otro bipartidismo. Es más, a la vista de las declaraciones, muchos de los que no querían bipartidismo no querían tampoco pactos. Obviamente, esos no saben ni lo que quieren, pues el fin del bipartidismo son los pactos, el fin de este dominio de populares y socialistas se consigue cuando otras fuerzas políticas son protagonistas de las decisiones.

La aparición de Ciudadanos y Podemos debía conseguir eso. Ese iba a ser el cambio de esta época. De hecho, hubo la posibilidad de un gran cambio ya que también hubo la ocasión de que pasáramos de un gobierno conservador en mayoría a la opción de que se diera un pacto de centro izquierda entre socialdemócratas y socioliberales. Pero no pudo ser y todos sabemos que aquello no se consiguió, única y exclusivamente, porque Podemos había hecho las cuentas de la vieja y creía que, sumando los votos de Izquierda Unida, daría el “sorpasso” a los socialistas en unas nuevas elecciones.

Pero Pablo Iglesias y los suyos se equivocaron. En política, 2+2 no siempre son 4 y las nuevas elecciones supusieron una pérdida de 3,6 puntos para Unidos Podemos y, en porcentaje, el PSOE alzó el vuelo. Finalmente, esas segundas elecciones beneficiaron al Partido Popular y dejó a España sin alternativa ninguna a que gobernara Mariano Rajoy.

Cualquiera que esté puesto en política nacional entendía que había que dejar gobernar a los populares porque, de haber unas nuevas elecciones, el partido de Mariano Rajoy aún ganaría por más. El PSOE, sin embargo, pareció no entender eso, al menos Pedro Sánchez no lo entendió y tardó mucho en darse cuenta de que había que permitir que el país arrancara. Esa tardanza y no otra cosa es lo que ha llevado a los socialistas a una crisis interna que ya veremos cómo acaba.

La mayor diferencia en este periodo entre Ciudadanos y Podemos es que Ciudadanos ha llegado a la política nacional a acabar con el bipartidismo, mientras que Podemos ha querido formar parte de él. Podemos ha querido ocupar el lugar del PSOE y eso no es ni bueno ni sano. En países con más tradición demócrata, como es el caso de Dinamarca, rara vez el partido ganador consigue más del 25% de los sufragios y, a menudo, para formar gobierno, tienen que realizar pactos de tres o cuatro partidos. En España estamos lejos de que esto pueda ocurrir pero, aunque no lo parezca, es lo ideal. No obstante, hay una diferencia enorme entre ambos países, pues en España existe el guerracivilismo, votamos a uno para que no gane el otro, mientras que ellos tienen claro que hay que votar a quien te va a representar bien, gane o no.

Lógicamente, en España estamos aprendiendo. Nuestra democracia es joven, pero ya hemos podido ver que Ciudadanos, con 32 diputados, está siendo más importante que Podemos con 71. Los de Pablo Iglesias puede que sean los mejores en Twitter o en propaganda pero, una vez en las instituciones, no saben qué hacer. Podemos ha dedicado todos estos meses a crear un clima que llevara a las terceras elecciones, a esas terceras elecciones que supondrían superar al PSOE. Ese y sólo ese ha sido su objetivo, aunque ni siquiera lo han conseguido.

Los españoles deben comprender que Podemos no quiere lo mejor para España. ¿Cómo va a querer lo mejor para un país quien quiere pactar con quien desea romperlo? ¿Cómo vamos a tomar en serio a un partido de extrema izquierda que quiere pactar con PNV y Convergència, dos partidos de derechas? ¿Cómo vamos a confiar en alguien que va de la mano con Bildu, que dice que Otegi es un hombre de paz y que los empresarios son terroristas?

Cuando el próximo Gobierno eche a rodar, tenemos una gran oportunidad para dar un paso adelante como país. Los partidos de la oposición, PSOE, Ciudadanos y Podemos, tienen la obligación de controlar al Gobierno, de ser constructivos y de hacer país teniendo algo claro: que, aunque el presidente siga siendo Rajoy, ya ha comenzado el cambio y el bipartidismo se ha acabado.

Llega a España la moda del payaso diabólico

Estaba hablando con una amiga mientras, de reojo, observaba los discursos de la finalmente No investidura de Mariano Rajoy. Mi amiga, que había cumplido 26 años el día anterior, decía que “Ya es hora de ir sentando la cabeza”. Yo le respondía que, a mi modo de ver, la madurez total es un proceso que va desde los 28 a los 35 años. En ese momento, sube al estrado Pablo Iglesias y tira toda mi teoría por los suelos. Después pienso y… claro, una persona con 38 años que no tiene hijos ni hipoteca, que no ha tenido nunca un trabajo de mancharse las manos (ni su padre, ni su abuelo) y que nunca ha salido de la universidad, ¿puede saber lo que es la vida? Seguramente, no. Quizá no sepa que fuera de los muros de la Universidad y de los bares de Vallecas sigue habiendo “gente” como él dice.

Pasar de alumno a profesor de universidad, no haber abandonado ese ambiente estudiantil jamás debe de ser clave para que a la cúpula de Podemos “no se le haya quitado aún la tontería”, que diría mi madre. Iglesias cree que el Congreso de los Diputados es un aula de instituto y, cansado ya de ser los primeros de la clase, de los estudiantes repipis, ahora, junto a sus compañeros, se han cogido el papel de repetidores malotes y graciosillos. No veo del todo mal que se quite cierto aire de solemnidad en el Congreso pero siempre sin olvidar que esa cámara representa a la soberanía nacional y que eso es algo muy serio.

Viendo al líder polemista y podemista, pensé cómo una persona tan inmadura puede pretender ser Presidente del Gobierno de un país tan importante como España. Aunque estoy seguro de que eso es parte de la táctica, que es parte de la propaganda, a nadie se le escapa que en esos temas son muy buenos los de Podemos. Iglesias casi calcó en su día una frase de Adolf Hitler cuando dijo que no tenía que convencer a los mayores porque sus hijos ya estaban con él. Imagino que por ahí van los tiros, portarse como gamberrillos de instituto, que esos siempre son más populares que los que se dedican a estudiar, como bien pudo observar durante años Iglesias en su pupitre mientras observaba con envidia a los que gozaban de popularidad. En el fondo, imagino que Iglesias hubiera cambiado alguno de sus excelentes por ser un poquito más popular en el instituto.

Como en el fondo Iglesias no era de los malotes, sino de los estudiosos, hay veces que los chascarrillos no le salen del todo bien. Además, como todos sabemos, hay cosas que memorizamos para los exámenes pero que, una vez aprobados, se nos olvidan, nos suenan pero se nos olvidan. Algo así debió de pasar con la Cruz de Borgoña (que suena casi igual que “Vergonya”, que es como decimos “vergüenza” en Catalunya y, sí, “vergonya” es lo que sentí al oír a Iglesias) o cuando Pablo confundió a los Carlistas con los Gudaris, algo que es casi lo de menos, pues lo de más  fue que intentase ridiculizar a Albert Rivera en un momento del discurso que absolutamente nada tenía que ver ni con Albert ni con Ciudadanos.

Cada vez que Pablo Iglesias, sin venir a cuento, habla de Albert Rivera, tengo más claro que ve en él al que le quitaba el bocadillo en el cole o al que las chicas hacían caso mientras al pobre Pablo, no. Cada vez tengo más claro que es un trauma infantil, un trauma que no ha resuelto cuando Podemos sumó a mil y un partidos para sacar más votos que Ciudadanos y lo entiendo ya que, con sólo 32 diputados, Albert Rivera está consiguiendo más cosas que Pablo con los 71 de Unidos Podemos, las Mareas y demás.

No fue el único gag de El Club de la Comedia de Pablo Iglesias: Hay más delincuentes potenciales en esta cámara que allí fuera” 

¿Qué es poesía?, dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía… eres tú.

Pablito, tápate un poquito (sigo con la poesía), que entre los tuyos están Pedro de Palacio, condenado en 2002 por abusar sexualmente de una niña de cinco años; Alberto Rodríguez, detenido en varias ocasiones por agresión a policías en revueltas estudiantiles; Jorge Luis Bail, detenido en 2012 por agresión a la Guardia Civil; Enrique López, detenido por agredir a un policía; Antonio Gómez Varela, quien apoyó al etarra Iñaki de Juana Chaos, condenado por 25 asesinatos como jefe del comando Madrid; Josetxu Arrieta, detenido como “responsable político de ETA en la zona de Rentería” y condenado a seis años de cárcel; José Ramón Galindo, detenido en 2008 por tráfico de drogas; Andrés Bódalo, condenado a tres años y medio de prisión por agresión al ex teniente de alcalde del municipio de Jódar en el año 2012 y, quién sabe, quizá en la grada estaban hasta los padres de las criaturitas.¿Estaría el padre del diputado Ramón Espinar, encausado en la trama de las Tarjetas Black? ¿Y el padre de Iglesias, quien estuvo detenido como miembro de la banda terrorista FRAP?

Cuando pude volver a mirar cómo iba el debate en al televisión, estaban dando las noticias y la presentadora dijo: “Llega a España la moda del payaso diabólico”. Por un momento, creí que seguían hablando de la intervención de Pablo Iglesias pero, no, era otro tema.

La formación del Gobierno y de la Oposición

Ahora que parece que el acuerdo de gobierno está más cerca y que los partidos constitucionalistas han sabido desbloquear la situación y poner en marcha el país, creo que es importante que, no sólo se forme Gobierno, sino también la Oposición. Con esto quiero decir que, con un Gobierno en minoría, sin apoyos y que será elegido como mal menor para PSOE y Ciudadanos, va a ser tan importante el Gobierno como la Oposición. Tengo la impresión de que muchos españoles, si siguen la actualidad política, van a llevarse muchas sorpresas y van a entender en estos años la importancia del multipartidismo. Veremos cómo en algunas propuestas los partidos de la oposición se ponen de acuerdo y consiguen mayorías, a pesar de tener en contra al partido que gobierna.

Creo que, por primera vez, los españoles vamos a entender algo tan sencillo como que el que gobierna no puede hacer y deshacer a sus anchas, sino que tendrá que tener en cuenta a la Oposición y eso hará que veamos lo importante que es tener quién nos represente en la cámara del Congreso de los Diputados; porque debemos entender que eso es lo importante, que haya alguien que nos represente, que lo importante no es ganar las elecciones o no sino ser conscientes de que en el Congreso hay personas que van a defender lo que pensamos y que verdaderamente nos representan.

Ahora que parece que no va a haber más elecciones, es el momento de recalcar esto. Porque, cuando había elecciones de por medio, podía parecer que estas frases no eran más que una parte de la estrategia para tratar de convencer de que votaran a un partido que sabíamos que no iba a ser la fuerza más votada, como era el caso de Ciudadanos, pero, no, no es una estrategia, sino que sigo pensando que lo del voto útil, lo de votar a un partido para que no gane otro, es el voto más inútil posible. He oído a personas que decían estos días que, en el caso de que hubiera habido unas nuevas elecciones, ¿de qué servía votar a Ciudadanos? Cuando oigo estas cosas, lo cierto es que los ojos se me abren como platos debido a la sorpresa. ¿Cómo que de qué sirve? Si el partido naranja no existiera, ahora estaríamos en uno de estos casos donde, o bien gobernaría el PSOE con miembros de Podemos como Ministros, con Pablo Iglesias de vicepresidente y los nacionalistas metiendo baza, o bien habría un Gobierno en mayoría absoluta de un partido conservador que está de espaldas al progreso y de corrupción hasta arriba.

Creo que cualquier persona moderada en sus pensamientos debe pensar que la situación que tendremos, si finalmente hay Gobierno, es la mejor (si hay voluntad política). Los que están en el Gobierno no podrán vivir a base de Real Decreto y los que están en la Oposición no serán meros espectadores y tendrán que trabajar por el país. La única duda que tengo es saber si Podemos dejará ya la estrategia, si dejará la calculadora y comenzará a hacer verdadera política. Lo cierto es que lo dudo pues, a dia de hoy, no sé si los podemistas tienen ideas concretas más allá de intentar conseguir votos a base de protestarlo todo. Que Podemos trabaje por el bien del país será importante porque sabemos que los nacionalistas no lo van a hacer y, dentro de Podemos, hay partidos nacionalistas en Valencia, Catalunya y Galicia.

Si no fuera por la unión de Podemos con fuerzas nacionalistas, estos ya no pintarían nada a la hora de formar gobiernos y eso es otro de los logros de Ciudadanos. Y con esto no estoy diciendo que los nacionalistas (siempre y cuando respeten la Constitución) no tengan su sitio, que sí lo deben tener, sino que a partir de ahora tendrán que ser constructivos si quieren conseguir sus propósitos y no podrán basarse en el “chantaje”, como ocurría hasta ahora cuando Convergència y el PNV votaban investiduras y presupuestos a cambio de favores más que dudosos.

Los últimos de Filipinas

El sitio de Baler fue un asedio al que fue sometido un destacamento español por parte de los insurrectos filipinos en la iglesia del pueblo de Baler, en Luzón (Filipinas), durante 337 días. España y Estados Unidos pusieron fin a la guerra y España cedío la soberanía a los Estados Unidos. Sin embargo, durante los últimos seis meses, los hombres atrincherados en Baler siguieron defendiendo sus posiciones, no creyendo que la guerra ya había acabado. A esta heroica defensa de aquellos hombres se le conoce como “Los últimos de Filipinas”.

De ese momento histórico me acordé al ver a Pedro Sánchez y los suyos atrincherados en la sede del PSOE de Ferraz; algo que vi con tristeza y que, junto al años sin gobierno y al intento golpista de los separatistas de Catalunya, hace que sea el momento más frágil de la historia de nuestra joven democracia. No es bueno para el país, más allá de nuestros ideales políticos, lo que está sucediendo en el Partido Socialista.

Lógicamente, los problemas del partido hasta ahora liderado por Pedro Sánchez no vienen de nuevo pues el PSOE tiene un pasado turbio del que, para saber más, recomiendo la lectura del libro de Juan Carlos Girauta La Verdadera Historia del PSOE (Buenas Letras, 2010),  desde el inicio  han tenido que convivir bajo las mismas siglas personas que ideológicamente iban desde el socioliberalismo hasta el socialismo marxista, pasando por la Social Democracia. Para más dificultad, ha de convivir con las 17 identidades diferentes que tiene el PSOE en cada una de las autonomías.

Creo que ese ha sido uno de los grandes problemas del partido socialista, tener tan diferentes discursos y, de hecho, de ahí surgieron los nuevos partidos Ciudadanos y Podemos. Aún recordamos a Pedro Sánchez presentándose a candidato con una gran bandera española tras él, tratando de dar normalidad a que la izquierda no se avergüence de la bandera de la España democrática, mientras que en Valencia Ximo Puig pactaba con un partido pancatalanista como Compromís, en ciudades catalanas se gobierna junto a ERC o la CUP y en Galicia con el BNG, por no hablar de la gran multitud de pactos con Podemos, partido que defiende referéndum ilegales para romper España.

Cierto es que el PSOE ha puesto mucho de su parte para estar como está, pero no es menos cierto que PP y Podemos hayan aprovechado muy bien su debilidad para acabar de romper a los socialistas. El PSOE ha sido tirado de un brazo por Populares y del otro por Podemistas hasta que se han roto por la mitad. Hace unos meses, Pablo Iglesias tuvo en su mano que Sánchez fuera presidente del gobierno y votó, junto al PP y los independentistas, incluido Bildu, contra él, recordando la cal viva. Para Podemos, no era posible aceptar un gobierno de PSOE con C’s pero sí veía viable un gobierno con ellos más sus mareas y los que desean romper España.

En ninguna cabeza (sana) cabe la posibilidad de que se pueda pactar una investidura de gobierno con partidos que quieren romper la unidad nacional que ese gobierno representaría. Sin embargo, tenemos que oír a personajes como Miquel Iceta, que antes de las autonómicas calcaba el discurso de unidad de catalanes que defendía Inés Arrimadas para C’s, proponer ahora un gobierno de Sánchez con el consentimiento de los separatistas en un Parlament Catalán donde Puigdemont está anunciando el intento de dar un golpe de Estado a la soberanía popular.

¿Cuántos PSOE hay? Es muy normal tener varias corrientes dentro de un partido, pero ¿hasta qué punto? Una de las grandes dificultades que tienen los socialistas es la red clientelar que les da votos pero que, a su vez, les hace tener dentro de sus muros personas de tan diferente pensamiento. Me consta que hay personas dentro del PSOE que miran lo mejor por el partido, más allá de lo que sea lo mejor por el país e, incluso, no siendo fiel a sus propios pensamientos, y eso a la larga trae problemas. El PSOE se comporta como una empresa, una sociedad en la que muchos de los que están dentro tratan de hacer lo mejor para progresar, a pesar de sus ideologías.

Veremos qué ocurre en los nuevos episodios pero, de cara a lo que nos preocupa a los que no somos votantes socialistas, tenemos que estar expectantes pues verdaderamente creo que, a día de hoy, lo mejor para España es que el PSOE deje gobernar al PP en minoría y no ir a unas nuevas elecciones en las que todo indica que Mariano Rajoy conseguirá mayoría absoluta.