PNV-PSOE, ¿el menos malo de los pactos?

Me decían el otro día que cómo podía ver Ciudadanos con buenos ojos el pacto de PNV con PSOE y que si esa unión no era algo parecido al Tripartit que hubo en Catalunya, el cual prendió la mecha del separatismo radical en mi tierra. Me lo decían con el trasfondo que existe en Catalunya de que quizá C’s, con su expansión nacional, esté perdiendo en parte su esencia.

Los partidos políticos, como el clima, son cambiantes por naturaleza por el simple hecho de que el decorado por el paso del tiempo no es siempre el mismo. Sin embargo, y como dijo Winston Churchill, “Hay políticos que cambian de partido por sus ideologías y otros que cambian de ideología por su partido“. Los primeros son los buenos políticos, los segundos son políticos profesionales.

Yo, personalmente, opino que hay que ser comprensivo con los cambios, siempre que estos no traicionen su esencia y siempre y cuando no haya una nueva formación que esté más cerca de ti de lo que estaba la anterior. Porque la democracia debería ser eso, personas votando a quienes les van a representar y no representantes variando según su electorado.

Pero, respondiendo a la pregunta “¿Es este caso como el del Tripartit de Catalunya?”, respondemos que no del todo, porque aquí se han quedado fuera los más radicales a diferencia de lo que ocurrió en Catalunya. La posibilidad de un pacto Bildu-Podemos hacía tiritar y no de frío, precisamente, al más pintado.

A veces la aritmética es así de compleja, no queda más remedio que elegir entre susto o muerte. Ahora lo que toca es esperar que el PSE sea sensato y lleve al PNV a su terreno y no al contrario. Si no ocurriera así, obviamente, el problema lo tendrían principalmente los socialistas y lo cierto es que no están para muchos sustos más.

Sobre el PNV, estoy seguro de que se puede luchar por el idioma, la cultura, el folclore y las tradiciones vascas y, a su misma vez, trabajar por el bien del común de los españoles. Es más, es una oportunidad única para que los nacionalistas muestren su sensatez y expliquen al resto de España las peculiaridades de Euskadi sin amenazas de por medio.

A tantos  kilómetros de distancia, no voy yo a opinar sobre el camino que el PNV va a tomar. Desde el resto de España, todos ven al PNV y a Convergència como hermanos siameses pero, sin vivir el día a día de las tierras vascas, no me atrevo yo a decir que sea así. Hace poco más de una década, aquí en Catalunya no pensábamos que Convergència iba a acabar así; sí es cierto que habíamos oído eso del “avui paciència i demà indepèndencia” pero, sinceramente, la mayoría no pensábamos que llegarían tan lejos y tan pronto.

Imagino que tendremos que ir fijándonos en los síntomas que vayan apareciendo, siempre teniendo en cuenta que el pacto de nacionalistas y socialistas es un mal menor, que verdaderamente peor sería un pacto entre los que fueron ETA y los que a nivel nacional se comportan como el brazo político de ETA .

En Barcelona, ya me ocurrió a mí que sonreí con la victoria de Colau sobre Convergència en las municipales, hice mía esa frase acuñada a Calvo Sotelo “mejor una España roja que una España rota” pero, sinceramente, hoy creo que la nación puede romperse más por Podemos que por los nacionalistas.

¿Es el País Vasco una nación? A preguntas como estas no valen medianías, no se permiten respuestas como la de sí a nivel cultural. Porque el sí de Bildu y de Podemos no sería a nivel cultural, no hemos de engañarnos. Si Euskadi es una nación a nivel cultural, da igual llamarle nación que región que provincia, pues el término nación en España tristemente siempre se ha usado para dividir a las personas.

No debería seguir ese debate estéril entre la España grande y libre y la España estado de naciones. La mejor España posible es la diversa pero unida, la que se enriquece de todos los idiomas y todas las culturas que habitan en nuestro país. Pero, para luchar por eso, no debemos perder el tiempo en batallas regionalistas que no llevan a ninguna parte. Y me da igual que sea la Convergència de Catalunya, el PNV del País Vasco, el PP de Madrid o el PSOE de Andalucía. Quien ataca a una región de España nos ataca a todos.

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Llega a España la moda del payaso diabólico

Estaba hablando con una amiga mientras, de reojo, observaba los discursos de la finalmente No investidura de Mariano Rajoy. Mi amiga, que había cumplido 26 años el día anterior, decía que “Ya es hora de ir sentando la cabeza”. Yo le respondía que, a mi modo de ver, la madurez total es un proceso que va desde los 28 a los 35 años. En ese momento, sube al estrado Pablo Iglesias y tira toda mi teoría por los suelos. Después pienso y… claro, una persona con 38 años que no tiene hijos ni hipoteca, que no ha tenido nunca un trabajo de mancharse las manos (ni su padre, ni su abuelo) y que nunca ha salido de la universidad, ¿puede saber lo que es la vida? Seguramente, no. Quizá no sepa que fuera de los muros de la Universidad y de los bares de Vallecas sigue habiendo “gente” como él dice.

Pasar de alumno a profesor de universidad, no haber abandonado ese ambiente estudiantil jamás debe de ser clave para que a la cúpula de Podemos “no se le haya quitado aún la tontería”, que diría mi madre. Iglesias cree que el Congreso de los Diputados es un aula de instituto y, cansado ya de ser los primeros de la clase, de los estudiantes repipis, ahora, junto a sus compañeros, se han cogido el papel de repetidores malotes y graciosillos. No veo del todo mal que se quite cierto aire de solemnidad en el Congreso pero siempre sin olvidar que esa cámara representa a la soberanía nacional y que eso es algo muy serio.

Viendo al líder polemista y podemista, pensé cómo una persona tan inmadura puede pretender ser Presidente del Gobierno de un país tan importante como España. Aunque estoy seguro de que eso es parte de la táctica, que es parte de la propaganda, a nadie se le escapa que en esos temas son muy buenos los de Podemos. Iglesias casi calcó en su día una frase de Adolf Hitler cuando dijo que no tenía que convencer a los mayores porque sus hijos ya estaban con él. Imagino que por ahí van los tiros, portarse como gamberrillos de instituto, que esos siempre son más populares que los que se dedican a estudiar, como bien pudo observar durante años Iglesias en su pupitre mientras observaba con envidia a los que gozaban de popularidad. En el fondo, imagino que Iglesias hubiera cambiado alguno de sus excelentes por ser un poquito más popular en el instituto.

Como en el fondo Iglesias no era de los malotes, sino de los estudiosos, hay veces que los chascarrillos no le salen del todo bien. Además, como todos sabemos, hay cosas que memorizamos para los exámenes pero que, una vez aprobados, se nos olvidan, nos suenan pero se nos olvidan. Algo así debió de pasar con la Cruz de Borgoña (que suena casi igual que “Vergonya”, que es como decimos “vergüenza” en Catalunya y, sí, “vergonya” es lo que sentí al oír a Iglesias) o cuando Pablo confundió a los Carlistas con los Gudaris, algo que es casi lo de menos, pues lo de más  fue que intentase ridiculizar a Albert Rivera en un momento del discurso que absolutamente nada tenía que ver ni con Albert ni con Ciudadanos.

Cada vez que Pablo Iglesias, sin venir a cuento, habla de Albert Rivera, tengo más claro que ve en él al que le quitaba el bocadillo en el cole o al que las chicas hacían caso mientras al pobre Pablo, no. Cada vez tengo más claro que es un trauma infantil, un trauma que no ha resuelto cuando Podemos sumó a mil y un partidos para sacar más votos que Ciudadanos y lo entiendo ya que, con sólo 32 diputados, Albert Rivera está consiguiendo más cosas que Pablo con los 71 de Unidos Podemos, las Mareas y demás.

No fue el único gag de El Club de la Comedia de Pablo Iglesias: Hay más delincuentes potenciales en esta cámara que allí fuera” 

¿Qué es poesía?, dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía… eres tú.

Pablito, tápate un poquito (sigo con la poesía), que entre los tuyos están Pedro de Palacio, condenado en 2002 por abusar sexualmente de una niña de cinco años; Alberto Rodríguez, detenido en varias ocasiones por agresión a policías en revueltas estudiantiles; Jorge Luis Bail, detenido en 2012 por agresión a la Guardia Civil; Enrique López, detenido por agredir a un policía; Antonio Gómez Varela, quien apoyó al etarra Iñaki de Juana Chaos, condenado por 25 asesinatos como jefe del comando Madrid; Josetxu Arrieta, detenido como “responsable político de ETA en la zona de Rentería” y condenado a seis años de cárcel; José Ramón Galindo, detenido en 2008 por tráfico de drogas; Andrés Bódalo, condenado a tres años y medio de prisión por agresión al ex teniente de alcalde del municipio de Jódar en el año 2012 y, quién sabe, quizá en la grada estaban hasta los padres de las criaturitas.¿Estaría el padre del diputado Ramón Espinar, encausado en la trama de las Tarjetas Black? ¿Y el padre de Iglesias, quien estuvo detenido como miembro de la banda terrorista FRAP?

Cuando pude volver a mirar cómo iba el debate en al televisión, estaban dando las noticias y la presentadora dijo: “Llega a España la moda del payaso diabólico”. Por un momento, creí que seguían hablando de la intervención de Pablo Iglesias pero, no, era otro tema.

Mejor una España… ¿Roja? ¿Rota? ¿O azul?

A José Calvo Sotelo se le asocia la frase: “Es mejor una España roja que una España rota”. Al parecer, la frase la dijo siendo Diputado en el Congreso, aunque hay una versión más larga de la misma cita que podría haber sido pronunciada por Calvo Sotelo en un mitín en Urumea, San Sebastián, y que dice: “Entre una España roja y una España rota, prefiero la primera, que sería una fase pasajera, mientras que la segunda seguiría rota a perpetuidad”.

Algo así pensé yo mismo cuando, en Barcelona, Barcelona en Comú sacaba del Ayuntamiento a Convergència i Unió. Ada Colau era para mí algo así como un mal menor ante un ayuntamiento separatista. Meses después, tuve que reírme, aunque no tenga gracia, cuando oí a la propia Colau y a miembros de su partido decir que en Catalunya hacía falta un partido de izquierdas catalanista, más allá de que un socialista o un comunista no puedan ser nacionalistas por ideología propia, cosa que da la impresión de que las personas de izquierdas parecen olvidarse.

¿Acaso se habla de nacionalidades en la internacional socialista? “El mundo va a cambiar de base.
Los nada de hoy todo han de ser”(…) “Agrupémonos todos, en la lucha final.El género humano es la internacional”. Mundo, género humano… ¿dónde hay lugar para el nacionalismo en la izquierda?

Lo importante es que en Catalunya todos los partidos de izquierda son o catalanistas o nacionalistas o independentistas. De modo que, en todo caso, en Catalunya lo que se necesita es un partido de izquierda no catalanista, no nacionalista, no separatista. Para lo demás, ya está la CUP, ERC, Podemos, PSC, etc. etc. etc.

Más preocupante es que los partidos de izquierdas nacionales, por cierto complejo histórico, apoyen el nacionalismo. Por muchas vueltas que le queramos dar, la libertad no está en dejar que una ley la pueda votar el pueblo si esa misma ley quita libertad al pueblo. El archifamoso referéndum catalán no es más que aceptar que la soberanía no está en los ciudadanos sino en los territorios, en las expansiones de tierra, tal y como ocurría en la época feudal.

Si en alguna zona de Andalucía, Castilla o Extremadura la familia de los Duques de Alba dijeran de hacer un referendúm para que en sus tierras hubiera leyes propias, Podemos y PSOE pondrían, con razón, el grito en el cielo. Pues no es muy distinto lo que quieren hacer en Catalunya. Sin embargo, la izquierda no es capaz de quitarse el complejo. Durante 40 años Franco secuestró España, sus símbolos, sus instituciones… pero no eran suyas. ¿Entonces? ¿Por qué la izquierda no se sacude el complejo y comienza a sentir España con naturalidad? ¿Por qué le avergüenza su propio país?

Ese sentimiento de la izquierda es el que hace que se asocie al nacionalismo. Como si defender la unidad de España fuese cuestión de “fachas” y no de constitucionalistas. ¿Todavía seguimos con los traumas de la Guerra Civil? Entonces, si Podemos o algún otro partido de izquierdas se presenta como nuevo, me pregunto yo, ¿se puede ser nuevo teniendo la cabeza en la Guerra Civil? ¿Prefiere la nueva izquierda una España rota para siempre que una España azul por un tiempo?

Porque ni siquiera se puede entender que ni PSOE ni Podemos se acerquen al nacionalismo por reeditos electorales puesto que ni en Catalunya ni en el País Vasco ni en Galicia gana Podemos ni PSOE, ni siquiera entre los dos juntos pueden gobernar. ¿Por qué la izquierda puede aceptar la independencia de tres regiones españolas donde eternamente gobierna la derecha con fuerzas conservadoras como Convergència, PNV y PP? ¿Verdaderamente no se dan cuenta de que España quedaría rota y que Galicia, el País Vasco y Catalunya son azules y no rojas?

¿Por qué tratamos de ver la independencia como algo progresista y de izquierdas y que, en las llamadas “naciones históricas”, ganen una y otra vez fuerzas conservadoras? ¿Por qué personajes como Iceta, líder del PSC, dice que prefiere pactar con independentistas de derechas y no con el Partido Popular? ¿Para un constitucionalista de izquierdas no es menos mala una España azul temporalmente que una España rota para siempre? ¿Por qué Iceta no tiene narices a decir eso ante unas elecciones catalanas? Y es que, antes de las autonómicas, calcó el discurso de Ciudadanos, de hecho, hasta Podemos en Catalunya calcó dicho discurso, motivo por el cual Colau y los suyos no apoyaron a Iglesias en su momento. ¿Es lícito que Podemos quiera recoger en las autonómicas catalanas el voto de los constitucionalistas y en las generales el de los independentistas?

Yo no quiero una España azul, ni una España roja. Mi deseo es que haya una España naranja o una España de mezcla de colores. Lo que sí sé es que no quiero una España rota, que no quiero un país de pueblos enfrentados, de vecinos y de familias que no se miran a la cara y, desgraciadamente, en ese camino vamos. Lo que sí sé es que prefiero una España azul o roja temporalmente que una España rota para siempre.

La España conservadora se queda sin oposición política

Los resultados de las elecciones en Galicia y el País Vasco han dejado a las claras que en este país las políticas conservadoras se van quedando sin oposición. El conservadurismo al que nos referimos no es sólo el del PP, que gobierna en la mayoría de autonomías de nuestro país, sino que también el PNV en el País Vasco y Convergència (disfrazada de Junts pel Sí) lo hacen. Yo, personalmente, como persona de ideales liberales, tengo claro que todas las ideologías, también el conservadurismo, tienen cosas acertadas. De modo que no veo como una tragedia que esto ocurra, por más que yo sea de ideales progresistas. Lo que sí considero que es un drama es observar que no hay oposición, que no hay alternativa a estas políticas.

Desde que Podemos se decidió a hacer políticas radicales de extrema izquierda, la política se ha radicalizado terriblemente y España se está partiendo en bandos. En las elecciones generales, eso está llevando a problemas para componer gobierno y así llevamos prácticamente ya un año con un Gobierno en funciones; en las elecciones autonómicas, es mucho peor ya que, además del tema ideológico, está también presente el nacionalismo, que es protagonista hasta en los lugares donde no hay nacionalismo ya que, por poner un ejemplo, nadie pone en duda que para los gallegos el PP sea su partido “regional”, del mismo modo que ocurre en Andalucía con el PSOE.

La presencia de Podemos, la posibilidad de que, como ha ocurrido en Euskadi, este partido pudiera pactar con Bildu ha reforzado al PNV que, abandonando (al menos de cara a la galería) cualquier tipo de separatismo, ha conseguido que personas que habían votado a PP y C’s en las elecciones generales hayan votado en esta ocasión al PNV, el único partido que podía vencer al pacto de los de la Capucha y la Goma 2, quedando, así, dañadas las fuerzas más centradas ideológicamente.

En Galicia, el PP ha subido 6 puntos desde las elecciones generales, imagino que, en parte, porque es visto como el partido regional por muchos gallegos, pero también porque muchos querían evitar la posibilidad de que Podemos pudiera llegar a gobernar junto a PSOE y BNG. En Galicia, Podemos, PSOE y Ciudadanos han perdido apoyo respecto a las Generales y eso demuestra que la España Conservadora se queda sola. En Euskadi, tres cuartos de lo mismo pues PSOE, Podemos y Ciudadanos han perdido apoyo, mientras que en ambos casos los partidos nacionalistas de izquierdas, BNG y Bildu, han subido respecto a las Generales.

En Euskadi, hay quien habla de batacazo de fuerzas como C’s, igual que en Galicia, pero la realidad es que en tierras vascas el partido naranja ha bajado 1,5% respecto a las Generales, mientras que Podemos ha perdido el 14% de los votos pasando de ser primera a tercera fuerza y dejando claro aquello que tanto he comentado en este blog sobre el voto en negativo que los independentistas vascos daban a la formación de Pablo Iglesias en las Generales, creyendo que les traería la negociación para romper España.

España se está partiendo en dos, cuestión que ya ha ocurrido en nuestro país y que ya sabemos qué desastrosos resultados ha traído. La radicalidad izquierdista y los nacionalismos están beneficiando a las fuerzas conservadoras de modo evidente y en prácticamente todo el país. Sin embargo, no acabamos de ver que la forma de conseguir equilibrio no es compensando un voto extremo con uno extremo del otro lado sino que el equilibrio se consigue votando al centro. Ese debe ser el reto de Ciudadanos, conseguir hacer entender algo que en el fondo es evidente.

Fuente de la fotografía de portada: electomania.es

Hablando catalán en la intimidad

Todo el mundo conoce la historia de cómo los votantes del Partido Popular pasaron de gritar el “Pujol, enano, habla en castellano” para que, poco después, tras el llamado “Pacto del Majestic”, según el cual CiU daba apoyo a la investidura de José María Aznar como presidente del Gobierno a cambio de darle más competencias a Catalunya y del apoyo del PP a CiU, aquí en mi tierra, acabaran cantando aquello del “Pujol, guaperas, habla como quieras”. Meses después, el ya presidente Aznar rozaba lo trágicomico cuando aseguraba aquello de que “Hablo catalán en la intimidad”.

El pacto entre los conservadores catalanes y los del resto de España acabó con un PP rendido a Pujol hasta el punto de que acabaría sirviéndole en bandeja de plata la cabeza de Aleix Vidal-Quadras, el hombre que mejores resultados ha dado a los populares en Catalunya. Pronto Jordi Pujol pasó de ser un ogro nacionalista catalán a ser el español del año, un ejemplo de hombre de Estado que anteponía el bien del país a sus ideas nacionalistas catalanas.

Ahora sabemos que Jordi Pujol tuviese cogido por las partes blandas a Aznar y a Felipe González ha servido para que todos mirasen para otro lado mientras el líder nacionalista se llenaba los bolsillos (y los de sus hijos) con las mordidas del famosos 3%. Desde entonces, los gobiernos de la Generalitat y de España están en una  pelea en la cual, sobre todo, el PP finge luchar contra el nacionalismo catalán cuando, en realidad, siempre que lo necesita acaba encontrándose con él, como ha ocurrido en el reciente caso de los 10 votos fantasma.

Este caso ha hecho sonar las alarmas. ¿Conseguirá el PP el apoyo de los nacionalistas? No lo creo. “¿Con qué cara mirarían a sus votantes?” se preguntan muchos. Pero, seamos realistas, las cosas desde Catalunya se ven diferentes que desde el resto de España y, a mi parecer, a los votantes de Convergència (y cuando hablo de los votantes me refiero a los que a chorros han dejado de votarles) probablemente no les parezca mal el apoyo de Convergència al PP. Aún así, considero que es imposible el voto positivo porque eso, probablemente, significaría el fin de Junts pel Sí o al menos el apoyo de la CUP a Carles Puigdemont, lo que nos llevaría a unas elecciones que, a día de hoy, Convergència o el Partit Demòcrata de Catalunya, como se hacen llamar ahora, no podría ganar.

Pero, ¿realmente Mariano Rajoy está comenzando a hablar en catalán en la intimidad? No lo creo, porque un Sí y quizá hasta una abstención de Convergència podrían hacer que Ciudadanos votase No en la investidura de Mariano. Intuyo que la táctica del PP será pretender que, ante la posibilidad de que los nacionalistas puedan ser decisivos, C’s, que nació precisamente para eso, para acabar con el poder de los nacionalistas en el Congreso, acabe votando Sí para, de ese modo y contando el diputado de Coalición Canaria, el PP se presente con 170 votos afirmativos y con la investidura muy, muy cerca.

Pero Ciudadanos no puede hacer Presidente a Mariano Rajoy. Primero, porque es preferible que España tenga un gobierno de la fuerza más votada pero que, a su vez, deba pactar las propuestas con las demás formaciones pues, tras 4 años de reales decretos y ordeno y mando, necesitamos una legislatura consensuada y en la que los partidos tengan que llegar a acuerdos. Segundo, porque un Sí a Rajoy, por más que después no hubiera pacto de gobierno, haría que cada lunes Albert Rivera o los demás diputados de C’s tuvieran que salir a dar explicaciones de por qué apoyaron a un partido que practica la corrupción institucional y en el que no puedes quitar las manzanas podridas porque estos puedan tirar de la manta.

El PSOE debería aceptar su responsabilidad con su abstención. Así, pondría a funcionar el gobierno y, como he dicho, con 137 diputados, los populares nada podrían hacer sin llegar a acuerdos con las demás formaciones. Si eso no ocurre y Rajoy pacta con los nacionalistas, C’s debería votar en contra, pero no por rechazo al pensamiento nacionalista, de hecho, yo creo que, bien entendido, es bueno que exista ese catalanismo pero, lo dicho, siempre bien entendido. En España jamás habrá un buen entendimiento mientras los nacionalismos estén tan presentes y, cuando hablo de nacionalismo, meto también en la saca al nacionalismo castellano del PP. Sé que mucha gente no me entiende cuando escribo este mensaje, pero no se puede ser español, odiando a una parte de España; no puede ser patriota español quien rechaza, denigra o insulta o las culturas catalanas, gallegas o vascas.

El nacionalismo castellano, por encima de las realidades históricas de las autonomías, es quizá la única herencia del franquismo que sigue latente. Pero no hay más verdad que considerar un pueblo fronterizo de Girona tan España como la puerta del Sol de Madrid, que la muñeira sea tan española como las sevillanas o que el Euskera sea una lengua tan española como el castellano. Y, precisamente en no hacer ver eso, en no luchar por eso, es en lo que han traicionado los nacionalismos periféricos a sus pueblos. Jordi Pujol no intentó que se entendiera la realidad catalana, sino que buscó el enfrentamiento, ficticio o no, para ganar votos y llenarse los bolsillos. Por eso, yo siempre pongo el ejemplo que una vez puso el líder de la Lliga Regionalista Catalana en el Congreso de los Diputados. Francesc Cambó (se me enfadarán los nacionalistas catalanes por nombrarle) dijo que, si por uno de aquellos avatares de la historia, la Corte se hubiese situado en Lisboa y el portugués hubiese acabado siendo la lengua de la realeza y de sus súbditos, hoy los madrileños y los catalanes trabajarían juntos por pedir los derechos para sus lenguas.

Sin embargo, los nacionalistas catalanes, desde la Transición hasta nuestros días, no han hecho nada para normalizar las costumbres de mi tierra, sino que han hecho evidente una guerra con el PP que ha beneficiado a ambos electoralmente pero que también ha dañado la imagen de los catalanes, además de llevar a los ciudadanos de Catalunya a tensiones absurdas cuando los independentistas han hecho con el castellano lo mismo que Franco hizo con el catalán, apartarlo de las instituciones. Y, todo esto, con el beneplácito del PP, que ha decidido perder Catalunya, no pintar nada en esta autonomía para ganar votos catalanofóbicos en el resto de la nación.

Como el perro del hortelano

Gracias a Lope de Vega, que en su obra “El Perro del Hortelano” usaba el símil del perro del hortelano en un amor escondido entre Diana, condesa de Belflor, y su secretario, Teodoro, este hecho se ha extendido a esas situaciones en las que una persona ni hace una cosa ni deja que los demás la hagan tampoco. Los perros normalmente no son vegetarianos, de modo que son un buen guardián para un huerto: no se comerá los productos ni tampoco dejará que nadie se acerque.

El perro del hortelano (permítanme la metáfora) de la política española es Podemos. Él no comer ni dejar comer, lo lleva haciendo desde el día siguiente de las elecciones del pasado 20 de diciembre. Es aburrido hablar de números, pero debo hacerlo para que nos entendamos bien. Pablo Iglesias pedía una unión de PSOE con su partido, que sumaba 159 apoyos, es decir, faltaban 17 para la mayoría absoluta. Para más inri, Iglesias, el líder podemita, más allá de pedir sillones, vicepresidencias, controlar los espías, los cuerpos de seguridad, televisión etc., exigía saber de dónde debían salir esos 17. Más allá de los 2 de Izquierda Unida, los otros 15 debía buscarlos en fuerzas nacionalistas o independentistas.

Todo eso, aliñado con que Podemos tenía como línea roja el derecho a la autodeterminación de los pueblos. Es decir, Pablo Iglesias y los suyos exigían que el futuro gobierno español reconociera a Euskadi y Catalunya como colonia o pueblo oprimido para hacer un referéndum de independencia y hacer de España la Yugoslavia del siglo XXI. Con eso, ya no sólo obligaba al PSOE a decir no, sino que hacía imposible cualquier tipo de acuerdo entre estos y Ciudadanos, partido que lleva diez años contra una guerra civil entre catalanes.

El PSOE y C’s actuaron con sensatez y con miras de Estado y, ante el No al Rey de Mariano Rajoy, llegaron a un acuerdo que hacía desbloquear la situación. El pacto de los 200 puntos hubiera sido aceptado por la gran mayoría de votantes de los populares y de los podemitas pero, para entonces, las encuestas ya decían que PP y Podemos iban a ser los más beneficiados de haber unas nuevas elecciones  y ambas formaciones hicieron pinza para que no hubiese posibilidad de que hubiera gobierno.

De modo que ya sabemos lo que ocurrió: nuevas elecciones y, ante ellas, nos encontrábamos con una novedad notable, Garzón e Iglesias unían fuerzas, es decir, Izquierda Unida y Podemos irían juntos, lo que suponía que, si hacíamos las cuentas de la vieja, habría sorpasso de Podemos a los socialistas ya que, uniendo los votos del 20 D, Podemos+IU tenían el 24,3% de los votos mientras que PSOE tenía el 22%. Sin embargo, en política 2+2 no son siempre 4, es más, rara vez lo son. De modo que el PP creció, el PSOE subió ligeramente en porcentaje, C’s bajó 0,9 décimas, mientras que Unidos Podemos se daba un batacazo de 3,6% de porcentaje de votos.

Las ansias de Podemos por asaltar los cielos habían ayudado al Partido Popular a conseguir más apoyo. Con 14 diputados más, era una obviedad que solamente los populares iban a poder gobernar ya que una unión de PSOE y Podemos volvía a requerir a los independentistas y la unión de PSOE con C’s no superaba los diputados de los Populares. La lógica, mirando lo mejor por España y cuando todas las fuerzas han dicho por activa y por pasiva que no va a haber nuevas elecciones, era que Ciudadanos y PSOE se abstuvieran para que el PP gobernara pero no pudiera sacar para adelante ni una sola moción sin el apoyo de dos de las otras tres fuerzas con mayor representación. Sin embargo, el PSOE y Podemos se unieron en el No. Es más, exigían a los Populares que llegaran a acuerdos con partidos de su misma ideología. Obviamente, a día de hoy, los partidos similares en políticas conservadoras al PP son PNV y Convergència, pero con la deriba nacionalista que pudieran pactar estaba entre lo improbable y lo imposible.

Ciudadanos decide hacer una abstención técnica dejando en las manos del PSOE y Podemos que eligieran entre gobierno en minoría de Rajoy o terceras elecciones. Con esas, llegamos al día de la constitución de la Cámara y ahí el perro del hortelano vuelve a aparecer. Sabiendo Pablo Iglesias y los suyos que Albert Rivera prefiere que el Presidente del Congreso sea de distinto color que el Presidente del Gobierno, se podría haber acordado que Patxi López del PSOE continuara en el cargo. Sin embargo, ni comiendo ni dejando comer, Iglesias elige a Xavier Domènech, un independentista catalán disfrazado de comunista.

Ante esta posibilidad, Ciudadanos decide pactar con el PP el Presidente. Los naranjas intentan que sea Nacho Prendes de C’s y cabe la posibilidad de que así sea. Con casi un acuerdo conseguido, el PP cae en la cuenta de que una de las funciones del Presidente del Congreso es definir las fechas de, entre otras cosas, la votación de investidura. De modo que el Partido Popular negocia con C’s obtener sus votos para que Ana Pastor sea Presidenta de la Cámara, ofreciendo dos miembros de la mesa a los naranja.

Para que esa mesa, que, por cierto, más plural no puede ser con 3 de PP, 2 de PSOE, 2 de Podemos y 2 de Ciudadanos, se formara el Partido Popular necesitaba 10 votos más y Mariano Rajoy, supuestamente, ha hecho caso a las recomendaciones de PSOE y Podemos y ha conseguido 10 votos de los conservadores vascos y catalanes. Sin embargo, los podemitas, en su mal perder, aseguran que el PP ha comprado los votos a cambio de favores pero, claro, si Podemos hubiera llegado a un acuerdo con ellos, se hubiera debido al buen hacer de las negociaciones, ¿no?

Seamos un poco serios: que los podemitas entiendan que ya ha acabado la campaña electoral, que ahora llega el tiempo de pactos y acuerdos y que sean sensatos porque en la España de hoy solamente hay dos posibilidades, un gobierno en minoría del PP, con la obligación de llegar a acuerdos con uno o dos de los tres partidos grandes, o bien unas terceras elecciones, que probablemente supondrían la mayoría absoluta de Mariano Rajoy.

 

Fuente de la fotografía de portada: periodistadigital.com

¿Se funda el PPodemos?

El acuerdo entre Pedro Sánchez y Albert Rivera tuvo la atención de todos los medios de comunicación durante el día de ayer pero a mí, personalmente, me ha llamado mucho más la atención el otro acuerdo, el de Mariano Rajoy y Pablo Iglesias para ir a nuevas elecciones.

Me parece sobretodo curioso el caso de Podemos ya que, si nos pusiéramos un vídeo que resumiera toda la campaña electoral, nos daríamos cuenta de que todo lo que dijo que haría Rivera lo ha hecho él: pedir cargos entre ellos la vicepresidencia, pedir sillas o votar junto al Partido Popular.

Lo que opino de Podemos me vale también para Compromís e Izquierda Unida. Personalmente, no entendería que estas formaciones se unieran al PP en el voto del No al gobierno del PSOE, lo que llevaría a unas nuevas elecciones en las que, probablemente, ganaría el PP y en este caso, si ofreciera a Ciudadanos lo mismo que ha firmado el PSOE, lógicamente el partido naranja estaría obligado a dar el sí al PP.

Como suele decirse, la bola está en el tejado de todos estos partidos pues son ellos los que deben decidir entre un gobierno de centro-izquierda o ir a nuevas elecciones. Lo tienen fácil, sobre todo Podemos, ya que únicamente debe abstenerse. En el caso de que lo haga, el panorama quedaría con en principio 142 votos negativos, los 123 del PP (aunque en realidad son 119 ya que los 2 de Unión del Pueblo Navarro, el de Foro Asturias y el expulsado por el PP, Pedro Gómez de la Serna, están en el grupo mixto), los 9 de Esquerra, los 8 de Convergència y los 2 de Bildu. 64 abstenciones de Podemos y el Sí tendría que venir a cargo de PSOE, Ciudadanos, PNV, Compromís, Izquierda Unida y Coalición Canaria. En ese caso, habría 144 Sí, dos más que en el No.

A día de hoy, parece que Pablo Iglesias y los suyos no están muy dispuestos a que eso ocurra y, como hemos dicho, piensa ponerse del lado del Partido Popular. ¿Es entendible? Bueno… en estos días será difícil ya que Pablo Iglesias se siente como el enamorado cuyo amor se ha ido con otro y eso se hace difícil de aceptar. Pero, por más que él quiera un gobierno de extrema izquierda, entiendo que tendrá que aceptar que, para su formación, es mejor un gobierno de centro-izquierda que gastar 180 millones de euros en unas nuevas elecciones en las cuales ganaría el Partido Popular.

Lo que pase dependerá, como en la novela de Jane Austen, del orgullo y el prejuicio de los miembros de Podemos. Si piensan en el bien de los españoles y no en el de sus siglas, no habrá problema alguno, pero demasiado orgullo y demasiado prejuicio veo yo en la corte del Rey Pablo.

El Partido Popular, de pensar más en la nación, también debería abstenerse. Cierto es que ellos son la fuerza más votada, así como también que yo personalmente prefiera que gobierne la fuerza más votada, pero no es menos cierto que ellos y sólo ellos fueron los que desobedeciendo la propuesta del Rey decidiendo no formar gobierno.

El hecho de que Sánchez no quisiera negociar con Rajoy y que el Partido Popular seguramente fuese la fuerza más votada en unas nuevas elecciones hace que todos tengamos claro que no existe ninguna posibilidad de que cedan. Sea como sea, pase lo que pase, si finalmente en junio repetimos elecciones, espero que los españoles tengan en cuenta de que hay partidos que intentaron llegar a acuerdos y otros que no. Veremos qué ocurre con el PPodemos. Yo aún guardo la esperanza de que eviten el fracaso político que conllevarían unas nuevas elecciones.

 

Fuente de la fotografía de portada: www.antena3.com