¿Qué es ser Liberal Progresista? (5ª parte)

Proseguimos con la respuesta a la pregunta “¿Qué es ser Liberal Progresista?”, un ciclo de entradas cuya cuarta parte podéis encontrar clickando aquí:

Como describimos en la anterior entrada, la II Guerra Mundial fue la exaltación de distintas ideologías, llevadas al radicalismo, que luchaban contra el Liberalismo. Por más que éste venció la guerra, gracias en gran parte a los Estados Unidos, se perdió en Europa la hegemonía entre las ideologías más aceptadas.

Sin embargo, el elemento que más parecía atisbar un retorno a principios económicos liberales fue la extraordinaria recuperación económica de Alemania, la gran derrotada de la guerra. De este modo, gracias a la iniciativa de Ludwing Erhard, que adoptó lo que se llamó “economía social de mercado”, el país pudo dirigirse hacia un periodo de prosperidad nunca visto, lo cual hizo parecer que probablemente un régimen económico esencialmente liberal pudiera establecerse en Europa.

Pero no fue así y hoy en día el liberal, en el sentido clásico de la palabra, se ha reducido a un pequeño número de economistas. Políticamente, sí que hubo un auge del Liberal Progresismo como una denominación de aspiraciones esencialmente socialistas, lo que hace que difícilmente en países, sobre todo del sur de Europa, el Liberal Progresismo pueda acceder a un votante que cree que esos valores representan a la socialdemocracia, la cual se apropió del pensamiento, de la intervención del Gobierno, para corregir las causas injustas que un mercado libre ofrece.

Pero si nos fijamos en Alemania y lo que llamamos “El milagro alemán” de la postguerra, más allá de que no gobernase un partido liberal, sí fue el pensamiento liberal gran partícipe de la reconstrucción del país. Los alemanes asumieron la responsabilidad de su propio destino y, en tanto que la protección legal era para ayudar a todos en la consecución de sus fines, no se esperaba que el Estado garantizara a los individuos los resultados de sus esfuerzos. Se aceptó una organización en la cual los individuos eran formados para servir un objetivo común.

En la actualidad, hay un error muy común que es creer que lo que el Liberal Progresismo busca es, económicamente, la forma de hacer dinero de los conservadores o de los liberales clásicos, para después repartirlo en temas sociales, como lo harían los socialdemócratas o los socialistas, no llegando ni a lo uno ni a lo otro.

Pero para los Liberales progresistas, su ideología no puede ni debe basarse únicamente en la economía, de ahí la frase que Ciudadanos repite una y otra vez indicando que lo que buscan es “un nuevo modelo para España” y es que, verdaderamente, esa es la cuestión, porque no hay porqué elegir entre susto o muerte, no hay que votar la que consideramos menos mala de las opciones, no hay que resignarse porque haya nuevas formas de hacer política pues, de hecho, muchos españoles la piden, sobre todo los más jóvenes, como se observó en las manifestaciones del 15 M.

Muchos tratan de asociar el fenómeno a Podemos pero, si lo analizamos, el partido de Iglesias no ofrece lo que las personas pedían en la manifestación que era, ante todo, democracia real, es decir, libertad real. Obviamente, sólo los liberales pretenden ese mundo libre en el que se acepten los pensamientos de los demás. Como han podido leer, no hay liberalismo progresista sin la idea de que hay que defender lo que piensan los demás, aunque tengan ideologías diferentes a las nuestras. El famoso “Los que no piensan como nosotros no son nuestros enemigos, sino nuestros compatriotas” de Albert Rivera.

Podemos no quiere eso, quiere asaltar los pensamientos de los demás, ridiculizar a los que no piensan como ellos, porque ellos dicen tener la verdad absoluta, volviendo al enfrentamiento y a los pensamientos sectarios. O nosotros o ellos, cuestión que, como todos sabemos, nos ha llevado a las más feroces guerras en la historia. Como hemos dicho, las desigualdades, los estados de preguerra hacen que las posiciones se radicalicen y hasta los que creen pedir libertad lo hacen como clan. Los obreros, los de abajo o envueltos en la bandera de una nación, pero ninguna reivindicación de clan o de nación es una verdadera declaración de libertad, las declaraciones de libertad sólo pueden ser para el ser humano. Reivindicar una clase por encima de otra, una ideología por encima de otra o una nación por encima de otra no puede ser jamás una reivindicación de libertad, siempre y cuando hablemos dentro de un marco democrático actual porque, obviamente, los liberales sí lucharon por las libertades colectivas en la historia, como la de las sufragistas en el Reino Unido o para acabar con la esclavitud en América.

A día de hoy, los rastros del mundo pasado, racista y machista, no hay que seguir protegiéndolos para que, de este modo, no haya desigualdades entre las personas, de la misma manera que hay que conseguir que los tres poderes se separen de verdad, que no haya intervención política en los jueces y que los mismos políticos no puedan aprovecharse del aforamiento. En la España actual, los partidos de izquierda se hacen eco de estos pensamientos liberales y, como ha ocurrido históricamente, tratan de hacerlos suyos, llegando al punto de que en los últimos años, PSOE y Podemos critican al PP de aprovecharse de jueces politizados y de la figura del aforamiento, haciendo ver que el actual partido del Gobierno es el culpable de esas desigualdades, cuando la realidad es que estos dos hechos de desigualdad provienen de la Transición y fueron los partidos de izquierda, sobre todo el comunista, los que lo pusieron como línea roja para firmar la Constitución.

De modo que la falta de libertad que hay por el aforamiento y porque los jueces no pueden decidir sus representantes fue culpa del comunismo y de la socialdemocracia; porque ellos, por más que quieran hacer ver otras cosas, no pregonan la libertad ni representan a los libres.

Lo mejor para Catalunya, lo mejor para España

Más allá de leyendas de la Edad Media y de movimientos románticos, Catalunya, mi Catalunya, en la que yo he vivido desde el día en el que nací. La democrática, que tan bien describió Josep Tarradellas en su vuelta a estas tierras tras el exilio que duró casi cuarenta años, a la que instó a los ciudadanos a trabajar para servir de locomotora y de ejemplo a todos los pueblos de España.

Alguna vez me han preguntado que por qué elogio a Tarradellas, pues fue miembro de ERC y tenía fuertes convicciones catalanistas, algo que, a pesar de que pueda parecer extraño, imagino que quizá me lo preguntan por desconocimiento de la figura de Tarradellas. Y es que el que fuera President de la Generalitat en el exilio trabajó siempre por tal de que Catalunya fuese más importante dentro del conjunto de España, precisamente lo contrario de lo que han hecho CiU y ERC desde la instauración de la democracia.

Si verdaderamente los partidos catalanistas, sobre todo CiU, que colaboró con el gobierno tanto del PSOE como del PP, hubieran tenido voluntad de hacer entender las necesidades y el sentimiento de los catalanes, seguro es que, a día de hoy, no nos encontraríamos con la deriva soberanista que es, al fin y al cabo y a partes iguales, culpa tanto del gobierno de la Generalitat como del central.

Pero ayudar a los catalanes nunca estuvo en la mente de CiU ni de ERC en el Congreso de los Diputados. Estas dos formaciones han jugado con los sentimientos de los catalanes que han confiado en ellos para que les represente en las Cortes, pues no han ayudado en nada al proyecto común, por el simple hecho de que siempre han creído que “estar de malas” en Madrid les daba votos en las autonómicas y votos en las autonómicas significa gobernar y gobernar, significa mordidas del 3% y mordidas del 3% significa cuentas millonarias en Andorra y Suiza.

Este cruel juego que han hecho los partidos nacionalistas en Catalunya ha provocado que tengamos la sensación de que ser catalán, ser catalanista y ser independentista es lo mismo. Y ese pensamiento que se tiene como norma, hace que creamos también que quien no es independentista no puede ser catalanista y que quien no es catalanista no sólo no es catalán, sino que es españolista y que todos los españolistas son fascistas.

La realidad es que en esa idea de que Catalunya debe ser un referente, tratando de ser la locomotora de un tren que vaya a toda marcha, estamos todos los catalanes, del mismo modo que todos defendemos cuestiones como la del Corredor del Mediterráneo. Pero por esas cosas no luchan ni Convergència ni ERC en Madrid, porque la buena relación con el gobierno central, como he dicho, quizá les restaría votos en las autonómicas.

Debido a ese motivo, hay muchas personas que desean la eliminación de las autonomías. Yo no creo en ello, yo no creo que fuese un error el modelo autonómico, lo que sí es un error es que los gobiernos autonómicos vayan contra el gobierno central, porque eso no es para lo que existe la política, ni para eso se hicieron los gobiernos autonómicos.

Hay que pensar en los ciudadanos y luchar por el proyecto común y los catalanes “de seny” no tienen una opción mejor para estas generales que votar a Ciudadanos, porque la formación naranja conoce los problemas de estas tierras tan bien como Convergència y ERC pero, a diferencia de estos, sí tiene intención de solucionarlos y no por favorecer a los catalanes, sino porque esos proyectos son buenos para toda España, porque Catalunya es la clave para modernizar el país.

España no debe conformarse sólo con ser un país de servicios, de turismo y de trabajar el campo. España debe mirar a los ojos a los países de Europa y para eso sí que es necesario que Catalunya, que Barcelona, tenga más presencia en las cuestiones importantes de España.

Inés Arrimadas, catalana porque así lo quiso, andaluza de nacimiento y castellana de sangre, entiende perfectamente lo que es España y lo que Catalunya puede aportar para el bienestar de todos los españoles. Su presencia en el Parlament, sus exposiciones y sus declaraciones están siendo claves para que en estas tierras se esté creando una unión entre el sentimiento catalanista que no tiene porqué dar la espalda a España.

Josep Pla decía que ser catalán siempre fue ser cien por cien español, pero que ahora les han dicho que tiene que ser otra cosa. Y así es, muchos catalanes creen que Catalunya no ha sido bien tratada por el gobierno central, cuando la realidad también es que los partidos nacionalistas catalanes han querido que eso fuese así para mantener su discurso.

Ha llegado el momento de que los ciudadanos de Catalunya volvamos a ser lo que fuimos, porque lo que desde luego no es la Catalunya real es la del odio racial contra España, ni la que defiende a los okupas y está en contra de los comerciantes y los miembros de seguridad, ni por supuesto la que lleva a un terrorista al Parlament.

Por todo esto, los catalanes debemos dar un paso adelante, abandonar a los que han fomentado la catalanofobia desde Madrid y a los que han fomentado el odio a España desde Barcelona, porque esto no va de siglas ni de partidos, va de personas y las personas en Catalunya estábamos unidas hasta que los políticos nos separaron. Ha llegado el momento de volver a estar juntos, mejor unidos, y Ciudadanos no es sólo el voto de los que no quieren la independencia, sino también el partido de los catalanes que quieren trabajar por el bien común y que creen que se puede ser catalán queriendo el bien de toda España.

 

Fuente de la fotografía de portada: diariosur.es

Ciudadanos (la historia) – Capítulo XIX

Continuamos repasando la historia de Ciudadanos (recordad que podéis encontrar el Capítulo XVIII aquí):

En junio de 2013, diversas encuestas apuntan a que Ciudadanos se acerca a PSC, PP e ICV en intención de voto. El gobierno nacionalista de Mas y que Ciudadanos sea el único partido que habla sin pelos en la lengua dentro del Parlament hacen que muchos catalanes comiencen a ver al partido naranja como la mejor opción contra los separatistas. Probablemente, eso tuvo mucho que ver con que el PSC se alejara de los nacionalistas y, finalmente, no participara en el pacto “nacional” por el derecho a decidir, al que, además de 25 entidades, apoyaban CiU, ERC, ICV y CUP.

Artur Mas trata de hacer equilibrios, intentando llevar a cabo el referéndum mientras las encuestas dicen que perderían unas próximas elecciones y la corrupción sacude su formación. Los grupos de la oposición a CiU coincidían en reclamar en bloque responsabilidades políticas durante sus turnos de preguntas al presidente de la Generalitat, Artur Mas, si se demostraba que el partido se financió irregularmente a través de comisiones ilegales pagadas por Ferrovial.

El gobierno de la Generalitat creó un Consejo Asesor para la Transición Nacional con el objetivo de asesorar a la Generalitat en el “proceso de transición nacional de Catalunya” y lograr la consulta. El 11 de septiembre de ese 2013, la Asamblea Nacional Catalana (ANC) organizó una cadena humana que debía recorrer 400 km a través de toda Catalunya. Días después, el Partido Popular catalán insta a PSC, Unió y Ciutadans para hacer un frente al común frente a las ideas secesionistas, pero Albert Rivera opina que estos temas afectan a toda España y que deben reunirse los líderes a nivel nacional y no a nivel autonómico. Unió rechaza la reunión mientras que PP opina que estos temas deben tratarse con los líderes autonómicos. Los socialistas califican este frente como cínico y no aceptan.

Oriol Junqueras vuelve a mostrar su apoyo a Artur Mas para la convocatoria del referéndum separatista. Albert Rivera retó al presidente de la Generalitat, Artur Mas, a convocar elecciones anticipadas para evitar “tres años de deriva y de fractura social” independentista y, en caso contrario, le invitó a gobernar Catalunya con sus competencias, en lugar de “construir naciones”.

El 10 de octubre, se contempló en el Parlament uno de los actos más lamentables y que más se han tergiversado sobre Ciudadanos, tras haber acabado el debate de una moción que pedía, entre otras cosas, la condena del franquismo, las apologías del nazismo y la destitución de la delegada del Gobierno, María de los Llanos de Luna, por haber homenajeado a la División Azul en un acto en Sant Andreu de la Barca, en el cual Ciudadanos había declarado que votaría a favor de esa condena. El portavoz de la CUP, David Fernández, se refirió a los miembros de C’s y PP diciendo que estaba muy bien condenar el fascismo y el nazismo en el Parlament, pero que el Día de la Hispanidad se manifestarían junto a fascistas y nazis en la Plaza de Catalunya.

Obviamente, las palabras del líder de la CUP eran una falacia porque en el Día de la Hispanidad sí hay una manifestación fascista que se realiza en Montjuïc, pero que nada tiene que ver con la que se realiza en la Plaza de Catalunya donde yo, personalmente, jamás he visto una bandera fascista, aunque curiosamente la televisión pública catalana siempre encuentra un par para poner en el telediario de TV3 y, así, falsear las noticias y dar a entender que todos los españoles son fascistas.

Ante la acusación de fascistas y nazis, Jordi Cañas pidió la palabra por alusiones, pero la Presidenta de la cámara, la ultra radical nacionalista Núria de Gispert, no dio opción de defenderse a los miembros de C’s, a pesar de tan duras e infames acusaciones, lo que llevó a un rifirrafe entre el Diputado Jordi Cañas y la Presidenta del Parlament, quien apagó el micro del parlamentario. Aún sin micrófono, Jordi Cañas siguió defendiendo su postura, a lo que De Gispert respondió mandando callar en numerosas ocasiones. Ante dicha acción, Cañas sigue defendiéndose, aún sin que se le pueda oír por el micrófono y dice que “Ciutadans nunca aceptará lecciones de democracia de un grupo como la CUP que se ha manifestado junto al comando Barcelona de ETA”. Reaccionan con aplausos los miembros del PP e, incluso, varios del PSC. La Presidenta del Parlament acusa a los Diputados de “No tener vergüenza” y los miembros de Ciudadanos abandonan el Parlament en señal de protesta. En modo de solidaridad, los miembros del PP también se marchan. La lamentable escena acabó con la fanática De Gispert gritando a los Diputados “Iros, iros, que eso es lo que tenéis que hacer”.

 

Tras el abandono de C’s y PP de la cámara, el Parlament aprobó la moción y, desde esa fecha, tanto los independentistas como la extrema izquierda han utilizado el hecho anecdótico de que ni Ciudadanos ni Partido Popular estaban en la cámara, a pesar de que ya habían dicho que iban a condenar el fascismo y el nazismo, para hacer ver que se negaron a votarlo, o que abandonaron la cámara para no condenar el fascismo. En estos dos vídeos, pueden ver lo que realmente pasó. Sin embargo, desde este hecho se ha acusado a Ciudadanos de extrema derecha y de fascistas por “Negarse a condenar el fascismo” cuando eso no es realmente lo que sucedió.

La manifestación para la unidad de España acoge a 160.000 personas, casi cien mil más que el año interior. La llamada “Mayoría silenciosa” comenzaba a hacerse a oír, a pesar de que partidos como el PSC no apoyaron la manifestación, aunque sí se acercaron políticos socialistas a modo personal.

 

Fuente de la fotografía de portada: Cronicaglobal.com

Para Ada Colau, un Okupa vale más que un policía

Mientras Barcelona vuelve a temer que llegue la noche, no puedo por menos que escribir esta nota para dar mi apoyo a los cuerpos de seguridad, que tan mal están siendo tratados por parte de los políticos en Catalunya.

La alcaldesa de la ciudad condal, Ada Colau, en todas las declaraciones pone a un mismo nivel a los Mossos o a la Guardia Urbana que a los Okupas que vuelcan coches, queman cubos de basura y agreden a los policías.

No hay Estado de Derecho sin Ley y no hay Ley sin personas que la guarden. El servicio que hacen los miembros de seguridad a la ciudadanía es algo impagable y, sin embargo, parece ahora que tengan que justificarse por todo lo que hagan, dando la imagen de que estamos en un estado represivo, en el que los policías coartan la libertad de los ciudadanos.

Es obvio que la Policía, en un país democrático y más en el siglo XXI, no debe excederse en sus actos. Pero, ¿acaso alguien cree que alguien mejor que ellos sabe hasta dónde deben llegar? Y, sí, sé que me dirán que hay casos de policías que han abusado de su autoridad, pero ¿no hay también profesores que lo han hecho? ¿Y médicos? Y, claro, no hablemos ya de políticos.

Colau, esa cómica que hace papel de política, una persona de dudoso nivel para representar a los barceloneses y que lleva viviendo del cuento toda la vida, aprovechándose de los necesitados, no sólo ha demostrado su ineptitud como Alcaldesa, sino que además ha dicho una mamarrachada de tal nivel como que “Los vecinos deben hablar con los Okupas”, es decir, que son los pobres vecinos que han de sufrir tener una alcaldesa incompetente, los que deben solucionar el problema.

¿Y usted para qué está, además de para hacer esas cosas que dijo que no haría, como ir a los palcos a ver los partidos de fútbol acompañada de la Jet Set?

Barcelona está perdiendo toda su magia por momentos y se está convirtiendo en una ciudad sin ley, dominada por okupas que no pagan impuestos y donde los malos de la película son los contribuyentes que se levantan a las 5h de la mañana para ir a trabajar; donde los manteros y las mafias que hay tras ellos tienen bula papal por parte de la alcaldesa y los comerciantes tienen que ver cómo sus negocios se vienen abajo porque los impuestos no les dejan respirar.

¿Y la Policía qué? Ellos ponen la cara y, si se la rompen, han de quedarse quietos y callados, mientras que, contra los okupas o los manteros, no se puede hacer nada. Los llamados ayuntamientos del cambio son una especie de mundo al revés en el que los delincuentes y los vagos están bien mirados, mientras que las personas honradas, que se ganan la vida dignamente, y los miembros de seguridad son parte de la opresión.

Por favor, seamos serios, Barcelona hasta los Juegos Olímpicos no estaba en el mapa y, ahora, ya hay países que recomiendan a sus ciudadanos no viajar a la capital catalana. La Colau se está cargando esta gran ciudad y, para más inri, el PSC le da ahora apoyo. Un poquito de seriedad, por favor, a los políticos, a la política y Colau… a lo que quiera que sepa hacer.

 

Fuente de la fotografía de portada: elperiodico.com

Elevar a la categoría política de normal lo que a nivel de calle es simplemente normal

Parafraseando al Presidente Adolfo Suárez, diríamos que en Catalunya deberíamos “Sencillamente, quitarle dramatismo a nuestra política. Vamos a elevar a la categoría política de normal lo que a nivel de calle es simplemente normal”.

Que en un lugar donde hay dos lenguas oficiales, no ya sólo se intente imponer una sobre la otra, sino que una de ellas intente eliminarse es, aparte de antidemocrático y anticonstitucional, inmoral, más cuando esa cuestión se hace con un gran tufo a querer mostrar diferencias étnicas.

En Catalunya, conviven los dos idiomas desde tiempos inmemoriales, hay muchas familias en las que se habla en los dos entre ellos, hijos que hablan con uno de sus progenitores en castellano y con otro en catalán sin ningún problema; en estas tierras, puede ocurrir que una conversación se empiece hablando en catalán y se acabe en castellano, sin saber por qué y en qué momento se cambió de idioma. Todo ello es algo que ocurre mecánicamente, el conocer dos lenguas lo hace así.

Aquí ocurre a veces que dos personas, aún teniendo como lengua materna el catalán, hablan siempre en castellano entre ellos porque, como decimos aquí, “te conocí en castellano”, que no quiere decir otra cosa que las personas hablan siempre en el idioma con el que realizaron la primera conversación.

Sin embargo, los que dirigen Catalunya desde los comienzos de la democracia han tenido la idea fija de prohibir el castellano, de que no se hable en los colegios, ni en las instituciones, así como tampoco lo puedan hablar los funcionarios para dirigirse a la ciudadanía. ¿Cómo pueden ocurrir esas cosas? nos preguntan desde otros puntos de España y solamente hay una respuesta a ello: el Parlament no representa a la población. Los votantes de PSC y de Podemos no son independentistas, pero sus dirigentes sí hacen la rosca al Gobierno por el temor que tienen a que la burguesía se ponga en su contra.

La Ley de que los funcionarios no deban hablar en castellano ya causó polémica en su día, pero ahora había una oportunidad de volver atrás, sin embargo, Ciudadanos y PP se han quedando solos defendiendo la libertad individual de que las personas hablen en la lengua oficial que quieran.

Lo más gracioso de esto es ver a personas que se alegran de ello, independentistas que se les llena la boca de pedir libertad. ¿De verdad alguien cree que es más libre un pueblo al que se le obliga a hablar una lengua que no desea hablar? ¿No es más libre una tierra donde cada uno, como hasta ahora, hable la lengua que quiera?

Menuda creencia de la libertad es esa. Pero éste es un problema que viene de un error de base. La libertad en democracia no se debe buscar para un plan, ni para los de izquierda, ni para los de derecha; la libertad no se puede pedir para los obreros o para los empresarios y, desde luego, la libertad no se puede pedir para un territorio. En un Estado de Derecho, la libertad es para las personas, la libertad es individual, porque si se pide la libertad para un clan, en ese clan habrá tantas definiciones de lo que es la libertad como personas haya.

En Catalunya, tras la muerte de Franco y la llegada del President Tarradellas, todos los ciudadanos de Catalunya, los que habían nacido aquí y los que no, reclamaron derechos para Catalunya, todos se manifestaron pidiendo el Estatuto de Autonomía y, gracias a que todo el pueblo, unido y en conjunto lo deseaba, se consiguió.

Ahora, sin embargo, una parte de ese pueblo (los menos) quiere imponer a la otra (los más) cómo deben comportarse en su vida diaria. Obviamente, el radical y xenófobo independentismo de Junts pel Sí y la CUP tiene gran parte de culpa de lo que está ocurriendo en Catalunya, pero la verdadera culpa siempre fue del PSC que, una vez tras otra, engañan a su votantes.y ahora también de Podemos.

 

Fuente de la fotografía de portada: periodistadigital.com

¿Qué es ser Liberal Progresista? (4ª parte)

Proseguimos con la respuesta a la pregunta “¿Qué es ser Liberal Progresista?”, un ciclo de entradas cuya tercera parte podéis encontrar clickando aquí:

Si hablamos del recorrido de los distintos partidos de corte Liberal Progresista, quizá debemos comenzar por el Reino Unido. Como ya dijimos, este pensamiento político tiene gran influencia en el mundo anglosajón. La tradición más antigua del Liberalismo la encontramos en los Whig, asociación política que comenzó en 1678 y finalizó en 1868 (ya usaba el color naranja como distintivo) y de la que es herencia el actual Partido Liberal Demócrata (Lib Dens), el cual es una unión entre los Liberales y del Partido Social Demócrata, una escisión del Partido Laborista en 1980, si bien el adjetivo Liberal, que asumió su connotación política durante las últimas décadas del siglo XVIII, al ser utilizado cuando Adam Smith escribió sobre el “Plan liberal de igualdad, libertad y justicia”, fue utilizado por primera vez en 1812 para designar al partido español de los Liberales.

Los principios básicos en el que se basaron los Whigs para confeccionar el Liberalismo evolutivo tenían una larga prehistoria que comenzaba en los griegos, el primer pueblo que formuló claramente el ideal de la libertad individual. Los ideales griegos de libertad se transmitieron a los modernos, especialmente a través de escritos romanos. Marco Tulio Cicerón fue el más importante, pero también debe incluirse al historiador Tito Livio y al emperador Marco Aurelio ya que Roma dio al continente europeo un derecho privado altamente individualista.

Fue en el transcurso de los debates durante la Guerra Civil y del periodo de la Commonwealth que las ideas sobre el imperio o la supremacía de la Ley se articularon definitivamente para convertirse, después de la Gloriosa Revolución de 1688. Los Whigs aportó el modelo de instituciones políticas que siguió principalmente el liberalismo europeo del siglo XIX.

La doctrina Whig de un Estado limitado por normas generales de Derecho y de restricciones estrictas sobre los poderes del ejecutivo se convirtió en una doctrina británica característica. Los comienzos del movimiento liberal en Gran Bretaña fueron pronto interrumpidos por la Revolución Francesa y una desconfianza hacia sus admiradores en Inglaterra ya que no era el mismo liberalismo el inglés, que respetaba otros pensamientos políticos y no discutía la figura del monarca, siempre y cuando la soberanía residiese en el pueblo, que la francesa, que decapitaba al Rey sin juicio de por medio.

El fin del desarollo de este liberalismo inglés original se establece con la obra de Edmund Burke quien, después de replantear la doctrina Whig en defensa de los colonos americanos, se volcó contra las ideas de la Revolución Francesa. La idea de los antiguos Whig y de Adam Smith se reinició solamente después de las guerras napoleónicas. De hecho, en este escrito observaremos que las guerras llegan siempre cuando el Liberalismo, en todas sus formas, es desplazado del pensamiento mayoritario para dejar paso a los extremismos.

Ahí residía también la máxima diferencia en la forma de entender el Liberismo como se entendía en el norte de Europa, así como también en el centro y sur, donde las ideas radicales de los filósofos del iluminismo francés, como Turgot o Abate Sieyes, dominaron la opinión en Francia y países de su influencia, donde se manifestaba en una fuerte actitud anticlerical, antirreligiosa y antitradicionalista, cuestión que ocurrió en todos los países católicos cuando la Iglesia asumió la lucha contra el “modernismo” y, por tanto, las ideas liberales.

Todo eso acabó derivando a que en estos países, a mediados del siglo XIX, acabaran calando las ideas socialistas, salvo en Alemania donde, a pesar de estar influidos por la corriente francesa, estas ideas sufrieron una transformación con las contribuciones de los más importantes liberales alemanes, como el filósofo Emmanuel Kant, que aportó una teoría sobre bases centrada en el concepto del derecho como protección a la libertad individual.

Volviendo al Reino Unido, caminando hacia esa mitad de siglo, se consiguieron los hitos que hicieron que una nación estuviera más cerca a la realización de los principios liberales. En 1829, Inglaterra se emancipaba de la Iglesia Católica y, tras la aprobación del Acta de Reforma de 1832, los  Whig, cuya intención era reducir el poder de la monarquía y conseguir un gobierno representativo de los diferentes pensamientos, resultaron vencedores de las primeras elecciones generales al Reino Unido, siendo el Conde de Grey primer ministro quien gobernó hasta 1841. Después fue alternando gobierno con los conservadores. Precisamente estos decidieron derogar las Leyes sobre los cereales, después de una gran lucha de los Liberales y reivindicada por los campesinos, que por medio de asociaciones locales, formadas en casi todas las ciudades de Inglaterra y en algunas de Escocia, extendieron su idea de establecer un libre comercio y reducir los costos de los productos básicos. Tras conseguir eso, en relación a política interna, las aspiraciones de los liberales se encontraban ya satisfechas. Entre los que apoyaban el movimiento de libre comercio, había también una fuerte actitud antiimperialista, antiinvercionista y antimilitarista.

En 1860, el gobierno liberal de Lord Palmerston firmaba con el gobierno francés el Tratado Cobden, en el que se permitía el comercio libre entre las dos naciones. En la esfera intelectual, se discutían los principios básicos del liberalismo, la idea de que la presencia del Gobierno debía ser mínima comenzaba a cuestionarse y se pedía que quizá debiese intervenir más en los asuntos sociales. John Stuart, en su obra “Sobre la Libertad”, comenzó a crear una tendencia que acabaría con el paso de muchos liberales a tener un pensamiento socialdemócrata. Esa tendencia se reforzó con el filosofo T. H. Green y el partido Liberal comenzó a perder apoyos y, en las dos últimas décadas del siglo, acabó el bipartidismo. Desde 1880, los liberales dejaron de ser la primera fuerza política y no fue hasta 1906 que no volvieron a ganar las elecciones gracias al hastío de 26 años de conservadurismo. En 1910, volvió a ganar en minoría, después la guerra y  la época del multipartidismo y los extremos. El Partido Liberal se partió en dos, el Liberal y el Nacional Liberal (de derechas), favoreciendo la irrupción del Partido Laborista que se situó como segunda fuerza. Pronto, el Reino Unido quedó abierto en tres bloques, el Conservador, el Laborista y el Liberal, quedando este último relegado a la tercera fuerza, muy lejos de las otras dos. Probablemente, el desempleo y la gran depresión pareciera marcar el fin de una economía mundial libre.

Tras la segunda Guerra Mundial, los liberales apenas tenían participación y el eje derecha-izquierda se disputaba las elecciones. Las ideas progresistas parecían ahora ser mejor representadas por el partido Laborista. Ya en 1974, las ideas liberales tuvieron un pequeño resurgir consiguiendo más de seis millones de votos (19,3%) y en 1983, ya con la unión de Liberales y Progresistas, subió hasta el 25%, quedando muy cerca de los Laboristas. En el año 2010, con Nick Clegg como líder, los Laboristas eran, por primera vez desde antes de la I Guerra Mundial, una posibilidad real de cambio. Las encuestas apuntaban que los indecisos decidirían. Los Liberales volvieron a ser tercera fuerza, pero eran decisivos para formar gobierno. Se unieron a la fuerza más votada y Clegg fue viceprimer ministro del gobierno conservador de David Cameron, apoyo que le salió caro al partido ya que en 2015 dio un batacazo histórico perdiendo más de cuatro millones de votos y siendo superado en escaños incluso por el Partido Nacionalista Escocés.

Hofer, Tsipras, Le Pen, Iglesias, Trump… ¿Comienza la era del Populismo?

Las novelas y las películas de ciencia ficción nos hicieron creer que el siglo XXI estaría repleto de tecnología; algunas historias fantásticas nos hicieron pensar que quizá los coches voladores y los viajes espaciales estarían a la orden del día y lo cierto es que, si bien es cierto que no todo es tal y como esperábamos, verdaderamente han cambiado muchas cosas en estos últimos años.

Eso no quita que a muchos nos haya decepcionado ese siglo XXI que, en estos primeros años, será recordado por terrorismo, guerra y crisis… Y me dirán, “nada que no se haya vivido en otras épocas” y, sí, eso es lo decepcionante. Este principio de siglo, con sus matices, se asemeja tanto al del siglo XX que debemos reflexionar sobre, si más allá de computadoras y teléfonos inteligentes, hemos avanzado algo.

Más allá de la sociedad, en política está ocurriendo lo mismo, estamos asistiendo a un resurgimiento de lo peor que vivimos en el siglo pasado, la exaltación del nacionalismo y los populimos que están llevando a que los pueblos del primer mundo estén comenzando a girar hacia los extremos. Cuando ya creíamos haber aprendido la lección, ahora nos damos cuenta de que la extrema derecha, la extrema izquierda y el nacionalismo están aquí de nuevo.

El pasado fin de semana, la extrema derecha, que ya goza de fuerza en Polonia y en Hungría, ha estado a punto de ganar las elecciones en Austria. No quiero hacer una comparativa de todos los pensamientos de extrema derecha porque creo que en cada nación esta tiene sus matices, así como tampoco compararlo con lo que pasó hace un siglo porque los factores han cambiado pero, cuanto menos, me reconocerán que es llamativo que la ultra derecha tenga su auge mayoritariamente en unas tierras donde las diferencias étnicas hicieron desaparecer el imperio austrohúngaro y que cuyas tierras causaron disputas que llevaron a la segunda Guerra Mundial.

No al mismo nivel, pero lo cierto es que, en prácticamente toda Europa, están resurgiendo la extrema derecha y la extrema izquierda, si bien es cierto que esta última solamente gobierna hasta el momento en Grecia, aunque también está subiendo en muchos países del continente como es el caso de España con Podemos.

Da la sensación de que el ser humano deja de creer en la libertad individual, deja de creer en un mundo globalizado de colaboración y solidaridad para volver a los tiempos en los que las naciones estaban encerradas en sí mismas y enfrentadas a las demás. Lo peor de todo es que todo esto se está consiguiendo con un discurso populista, antiguo y ramplón que, en mi opinión, no se acerca al verdadero pensamiento de la sociedad europea.

Hofer en Austria, Tsipras en Grecia, Le Pen en Francia, Iglesias en España, Trump en los Estados Unidos… son dos caras de la misma moneda que nos están llevando a que, en pocos años, quizá haya dos corrientes políticas más allá de siglas e ideologías, la de los moderados y la de los exaltados. Estos últimos están aprovechando la crisis, la emigración, el terrorismo y los refugiados para coartar la libertad de las personas.

En España, la extrema derecha no está teniendo auge, más allá de algunos partidos que no han conseguido representación; eso es una constante en Europa donde en los países donde había un régimen comunista apenas hay extrema izquierda y en casos como España o Portugal no hay extrema derecha tras las dictaduras vividas, con lo que se demuestra que el humano aprende de los errores propios pero no de los ajenos. En nuestro país, el problema lo tenemos con la extrema izquierda y, curiosamente, personas que critican lo que pasa en Austria, Francia o al propio Donald Trump no se dan cuenta de que Podemos y sus satélites representan exactamente lo mismo.

Además, en España, el pensamiento de la ultra derecha lo ocupan los nacionalistas, que apelan a la tierra, a la sangre y a las leyendas para conseguir, a través de la educación de nuestros pequeños y de la televisión, que, como ocurre en mi tierra, en Catalunya, los niños crezcan creyendo que la libertad no está en las personas sino en los pueblos, que la soberanía no reside en los ciudadanos sino en los territorios y que todo lo que hay más allá de nuestras fronteras es el enemigo.

Olvidar el pasado es volver a repetirlo y lo cierto es que Europa se está contagiando de exaltados. Aún estamos a tiempo de vacunarnos, de que esto no vaya a más pero, para ello, primero debemos reflexionar y pensar primero si nosotros no estamos ya infectados.