Cataluña XII (de 1980 a 2016) Lo que el nacionalismo nunca te contará

Con la llegada de la democracia, el catalanismo de derechas, de CiU, como dijimos en nuestro anterior capítulo, tuvo más apoyos que el de izquierdas. Convergència i Unió no se declaraba separatista pero sí fuertemente catalanista y en su bando ingresaron muchas familias que provenían de la Lliga y que después habían colaborado con el franquismo.

En las primeras elecciones municipales, muchísimos de los alcaldes que ganaron con Convèrgencia ya eran alcaldes del Movimiento Nacional Franquista. Pero la relación de CiU con el franquismo no acaba ahí pues muchos de los actuales convergentes son o fueron franquistas o son descendientes de ellos. Voy a poner algunos ejemplos:

Miguel Montaña: escogido como diputado por CiU en las elecciones catalanas de 1984, fue nombrado alcalde de Lleida por Franco en 1974 y confirmado por Arias Navarro después. Además, fue consejero local del Movimiento Nacional y procurador de las cortes franquistas.

Enrique Olivé: escogido diputado en el Parlamento autonómico por las listas de CiU en 1980, fue designado por Franco alcalde de Tarragona entre 1949 y 1954, coincidiendo con los años más duros de la dictadura.

José Maria Coll: fue uno de los fundadores de la plataforma nacionalista Omnium cultural y elegido diputado de CiU en el Parlament en 1984 y otra vez en 1988. Por su inquebrantable lealtad al régimen franquista, fue nombrado alcalde de Sant Celoni entre 1959 y 1966, aunque ya era concejal desde 1954.

Santiago March Blanch: antes de la Guerra, formó parte de la Lliga Regionalista. Se alistó en el requeté durante la Guerra Civil. Presidió la FET-JONS de Badalona, localidad de la cual fue alcalde entre 1954-1961. En 1957 entregó la medalla de oro de la ciudad a Francisco Franco; le encantaba organizar desfiles por la ciudad. Edificó sedes e instalaciones deportivas para la Sección Femenina y el Frente de Juventudes. Fue diputado provincial desde 1951 hasta 1961 y en 1977 apareció en las listas del partido de Jordi Pujol.

Joaquín Molins López-Rodo: excandidato a alcalde de Barcelona y portavoz de CiU en el Congreso entre 1996 y 1999, es sobrino de Laureano López-Rodo, ministro estrella de Franco. Por la rama lateral, la presencia en CiU de familiares directos de jerarcas franquistas es enorme.

Mientras el catalanismo de izquierdas era totalmente separatista y radical, en 1978 se funda la banda terrorista Terra Lliure que cometió más de 200 atentados, entre ellos cinco víctimas mortales y varias decenas de heridos. Durante su existencia, los cuerpos de seguridad llegaron a detener a 300 personas vinculadas a la organización. La banda se disolvió en 1991 y muchos de sus miembros dirigentes y militantes ingresaron en Esquerra Republicana de Catalunya.

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Además, tanto el Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC) como el Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC) se declaran abiertamente catalanistas, por más que sus votantes no lo sean. El caso del PSC es especialmente trascendente ya que, desde el inicio de la democracia, esta formación, dirigida por una parte de la burguesía catalana, ha tratado de hacer equilibrios entre sus dirigentes catalanistas, a menudo nacionalistas catalanes y alguna vez hasta independentistas, y sus votantes, mayoritariamente catalanes venidos desde otros puntos de España, que están totalmente en contra del nacionalismo catalán y que votan al PSC creyendo que estos y el PSOE son el mismo partido y pensando que tienen la misma ideología y los mismos fines.

Ya contaba Oriol Bohigas en Entusiasmos compartidos y batallas sin cuartel que Joan Reventós, presidente de Convergència socialista, le advirtió del “peligro de un triunfo en solitario del PSOE en Catalunya”. En aquella época, la Federación Catalana del PSOE tenía gran implantación social, pero no era nacionalista, mientras que Reagrupament era nacionalista pero no tenía apoyo social.

De este modo, Joan Reventós entiende que la única salida es aliarse con el PSOE, pues así conseguiría los votos de las personas que votaban a Felipe González y se los llevaba a una formación en realidad nacionalista. El propio Reventós escribiría en sus memorias inacabadas Tal com ho vaig viure (Tal y como lo viví) que Los socialistas nos hubieran partido en dos mitades. Y preferí la hegemonía de Pujol”.

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La sensación de no haber oposición al catalanismo de Convergència hace que, progresivamente, elección tras elección, voten menos personas, sobre todo no nacionalistas que se sienten huérfanos de partidos. CiU gana las elecciones de 1984, 1988 y 1992 consiguiendo la mayoría absoluta, si bien en las elecciones del año olímpico únicamente fue a votar el 54% de los catalanes.

Precisamente los Juegos Olímpicos de Barcelona supusieron un espaldarazo único para Barcelona y toda Catalunya; la ciudad había vivido de espaldas al mar y, a raíz de ese 1992, se reinventaría. Además, todas las instituciones españolas se volcarían para tratar de que aquellos fueran los mejores Juegos de la historia y que la imagen de Barcelona, Catalunya y de toda España quedara fortalecida.

En las elecciones de 1995, la participación subió 9 puntos y ello llevó a que, como ocurre siempre en tierras catalanas, a más participación menos voto catalanista. CiU perdía la mayoría, obteniendo 60 diputados y perdiendo 10 y consiguiendo gobernar gracias a la abstención tanto de PSC como de PP, que querían estar a buenas con la formación catalanista a la espera de unas próximas elecciones generales, en las cuales Pujol devolvió el favor a Azmar. Eso sí, a cambio, pidió la cabeza del único líder que luchaba contra el nacionalismo catalán, Aleix Vidal-Quadras. Jose María Aznar la entregó en bandeja de plata.

Las sombras de la corrupción y el pacto con el PP habían perjudicado mucho al partido de Pujol y, en las elecciones de 1999, el PSC fue la fuerza más votada con un estrecho margen de menos de cinco mil votos. Pero la Ley Electoral, que favorece a las zonas más despobladas, hace que CiU consiga 56 diputados y PSC 52. El pacto del Majestic sigue presente y el PP da la gobernabilidad a Jordi Pujol, quien pronto anunciaría que sería su última legislatura.

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La política catalana se polariza entre derecha e izquierda. En 2003 el PSC vuelve a ser la fuerza más votada, pero CiU vuelve a tener más diputados, 46 por 42 de los socialistas. Sin embargo, esta vez los partidos conservadores no suman y se forma un tripartito entre PSC, ERC e ICV. A raíz de ese momento, el PSC realizará políticas totalmente cercanas al nacionalismo catalán, especialmente con la idea de hacer un nuevo estatuto en el que colaborará también CiU y en el que los castellanoparlantes quedarán relegados a ciudadanos de segunda.

Eso hace que una serie de intelectuales decidan lanzar una plataforma para la construcción de un partido político; de ahí nacerá Ciudadanos. Tras la aprobación del Estatuto con sólo un 49% de votantes y un 73,9% de votos positivos, el Tripartit adelanta las elecciones. En 2006 el PSC comienza a pagar sus coqueteos con el separatismo, la participación baja un 7% y CiU será la fuerza más votada, consiguiendo 48 diputados. Sin embargo, PSC, ERC e ICV vuelven a sumar fuerzas y repiten Tripartit. Ciudadanos, que según las encuestas no iba a entrar en el Parlament, consigue 3 y se muestra como el azote del separatismo catalán.

En 2010, cuando ya se empieza a observar que el nuevo Estatuto es la semilla de un proceso separatista, el PSC es totalmente castigado y Artur Mas gana las elecciones consiguiendo 62 diputados. Desde entonces y debido al gran éxito de la manifestación del 11 de septiembre, CiU, la misma CiU que era hija del franquismo y nieta de la Lliga, se compromete a hacer de Catalunya un estado y se declaran independentistas. Con ese propósito, Artur Mas adelanta las elecciones a 2012 para comprobar si tiene respaldo para el proyecto.

La participación sube un 8%, CiU pierde 8 puntos y 12 escaños, la suma de las fuerzas separatistas baja un 2% y obtienen el 48% de ellos; el PP sube ligeramente su porcentaje de votos y Ciudadanos duplica sus votos y triplica sus escaños. Sin embargo y a pesar de todo eso, Artur Mas lo considera un triunfo e inicia el proceso soberanista.

Tras gastarse el dinero de la sanidad y la educación en embajadas, fiestas y manifestaciones separatistas, Artur Mas promete hacer un referéndum de independencia ilegal. El gobierno no le da el permiso y, finalmente, el President se inventa un referéndum en el que pueden votar los menores de dieciocho y los extranjeros y cuyo recuento lo harán los propios voluntarios separatistas.

Finalmente, menos de un tercio del electorado va a votar y de ellos el 80% dicen Sí.Así, pues, Mas promete unas elecciones que, según él, serán un referéndum. PSC e ICV, que se habían declarado a favor del derecho a decidir, se alejan de esas posiciones y Unió decide romper su relación histórica con Convergència. Sale a la luz el caso Pujol y los catalanes conocen que el expresident y su familia han cometido el mayor caso de corrupción de la historia de España.

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Eso hace que Mas retrase las elecciones. Las encuestas le dan una caída en picado y sólo convocará elecciones si hay una coalición de todas las fuerzas y asociaciones separatistas. Finalmente, sólo la CUP da el No a Artur Mas y la nueva coalición toma por nombre Junts pel Sí. La fecha que se elige es el 27 de septiembre, para que la campaña comience el día 11 con la celebración de la manifestación.

Junts pel Sí, desde un principio, hace de las elecciones autonómicas un referéndum de Sí o No a la independencia. La participación llega a un histórico 75%, la unión de Convergència y Esquerra logra la victoria con el 39,6% de los sufragios, es decir, pierden 5 puntos. Con la suma de la CUP, sin embargo, suman 47,8% de los votos y el líder cupaire Baños anuncia que han perdido el referéndum.

Ciudadanos sube de los 9 a los 25 diputados y consigue ser segunda fuerza, habiendo por primera vez en la historia de Catalunya una verdadera oposición.

Junts pel Sí y la CUP negocian un gobierno, el partido de extrema izquierda finalmente dará la presidencia a  Junts pel Sí, si no lo lidera Artur Mas. Cuando todo apunta a unas nuevas elecciones, llegan a un acuerdo y Carles Puigdemont se convierte en President anunciando que, en 18 meses, Catalunya será un estado independiente, a pesar de que, finalmente, anuncien que en septiembre de 2017 se hará un nuevo referéndum ilegal. Las últimas encuestas dicen que el independentismo ha bajado 7 puntos y que, en unas hipotéticas elecciones, la suma Junts pel Sí y CUP no obtendría mayoría.

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Cataluña XI (de 1939 a 1980) Lo que el nacionalismo nunca te contará

Al acabar la Guerra Civil con la toma de Madrid (podéis encontrar la anterior entrada de este ciclo aquí), el Dictador Franco prohibió las asociociones y partidos políticos, así mismo cualquier tipo de gobierno autonómico. El President Lluís Companys se exilió en Francia, como muchos otros republicanos españoles.

Las autoridades franquistas pidieron la extradición a los alemanes que habían conquistado militarmente gran parte del país galo. El 13 de agosto de 1940, Companys sería deportado, llevado a Madrid y después a Barcelona, donde sería recluido en el Castillo de Montjuïc. Allí sería juzgado y fusilado, el 15 de octubre de 1940, por rebelión militar.

La ejecución de Companys ha sido clave a la hora de vender la Guerra como algo entre España y Catalunya, dando a entender que Catalunya fue totalmente contraria al bando nacional. Sin embargo, como ocurrió en toda España, en Catalunya también había partidarios de uno y otro bando, más allá de los aliados políticos de los que ya hablamos en parte en nuestra anterior entrada.

Fotograma de la Pelicula “Companys Un proceso a Cataluña”

Sin embargo, los catalanistas de derechas acabaron en gran mayoría en el franquismo. Nombres de la Lliga como Eusebi Bertrand i Serra, quien ya en guerra escapó de la Catalunya de Companys para huir a la España Nacional, o Joan Ventosa i Clavell, que dió grandes cantidades económicas para mantener la nuevo régimen, por no hablar de Eduardo Aunós, que pasó de diputado de la Lliga a ser Ministro de Justicia de Franco en 1943, son buenos ejemplos de ello.

Además de políticos, hubo muchos catalanes universales que apoyaron el fascismo, como Dalí que en 1949 regresó a Catalunya. La tragedia de la Guerra le cogió muy cerca ya que su hermana Anna Maria sufrió la represión por parte del bando republicano por pertenecer a una familia burguesa. Acusada falsamente de espionaje, estuvo diecisiete días encarcelada en varias prisiones donde sufrió múltiples torturas y violaciones. Sufrió una fuerte crisis nerviosa que le salvó la vida puesto que, a raíz de esta crisis, salió en libertad.

Josep Pla, Juan Antonio Samaranch, Jose María de Porcioles, Josep Gomis, Narcís de Carreras… son otros de los nombres de catalanes que apoyaran a Franco. Hay casos particulares, como el de Josep Maria Pons i Gurí, que durante la República fue Presidente de l’Acció Catòlica y de la Lliga; pasó la Guerra escondido y, tras la victoria nacional, volvió a la vida pública para ser alcalde de Franco en Arenys de Mar. Fue Diputado Provincial hasta 1954 y, tras la muerte de Franco, se enroló en Convergència.

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Dedicó sus días a rescatar la historia de las instituciones de la Catalunya medieval y en 1987 recibió la Medalla de Oro de la Universidad Pompeu i Fabra. Publicó en catalán durante el franquismo Estudi dels pilots (1960), El llibre de la Universitat de la Vila de Blanes (1969) y Senyors i pagesos (1978).

El idioma catalán estuvo prohibido totalmente hasta 1941, si bien es cierto que fue perseguido hasta 1946. Ese mismo año, se permitió el teatro en dicha lengua, así como también el Orfeó y la edición de algunos libros en catalán. Sin embargo, en Catalunya se ha repetido tanto la historia de que el catalán estuvo totalmente prohibido que, aún hoy en día, los catalanes jóvenes creen que hubo una persecución a cualquier tipo de cultura catalana. Albert Branchadell, en su obra L’aventura del catalá , reconoce que “las dificultades del catalán durante el franquismo fueron de más a menos“.

En 1947 se organizó el premio literario Joan Martorell a la novela en catalán; en 1954 la obra La Ferida Luminosa tuvo 100 representaciones en el Teatro Romea; en 1955 al autor Segarra le concedieron la Gran Cruz de Alfonso X por su obra en catalán; en 1956 nacía el premio Lletra d’Or al mejor libro editado en catalán; en 1961 Fèlix Millet i Maristany, banquero y excombatiente franquista en Burgos, crea Òmnium Cultural que en 1967 tendría reconocimiento nacional como asociación de la cultura catalana… Sí, han leído bien, una de las asociaciones que más luchan ahora por el separatismo catalán fue fundado por franquistas. En 1968 nació el premio Josep Pla para la novela en catalán y en 1969 el Premi d’Honor a les Lletres Catalanes.

También hubo revistas infantiles en catalán durante el franquismo. De este modo, por ejemplo, en 1951 apareció L’infantil que en 1973 pasó a llamarse Tretzevents, así como también en los medios de comunicación, poco a poco, se comenzó a utilizar el catalán. En 1949 Radio Barcelona realizaba un programa en el cual se hablaba de libros en catalán, en 1952 se graba la película en catalán El Judes y en 1964 TVE comenzó a emitir el programa Teatro Catalán y en 1967 el informativo en catalán Marenostrum. 

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En lo estrictamente político, la Generalitat continuó en el exilio. A la muerte de Companys, Josep Irla, presidente del Parlament de Catalunya, elegido en 1938, asumió interinamente el cargo de la presidencia de la Generalitat en el exilio y en 1945 formó un gobierno. A partir de su dimisión en 1954, un grupo de antiguos diputados del Parlamento catalán, reunido en la embajada española en México (porque el gobierno mexicano no había reconocido el régimen de Franco), decidió mantener la continuidad institucional y eligió como presidente de la Generalitat a Josep Tarradellas, que en 1937 había sido primer consejero del gobierno catalán y consejero de Finanzas.

La designación de Tarradellas era polémica para los más nacionalistas ya que estaba alejado de los pensamientos separatistas. Siempre instó a los catalanes a integrarse con el resto de España, que los catalanes debían dejar de ser victimistas y abandonar sus prejuicios nacionalistas.

Sin embargo, su actitud no sólo fue siempre contraria a la independencia y a los “Países Catalanes”, lo que ha hecho que para muchos separatistas sea visto como un traidor a Catalunya. Josep María Benet fue muy crítico con él: “Tarradellas no es un hombre responsable. Manda a base de órdenes y presiones. Fuera de la liturgia, en Cataluña no se ha hecho nada por la preautonomía y se están cometiendo graves errores como, por ejemplo, la congelación de la Asamblea de Parlamentarios. Ahora resulta que diputados y senadores nos hemos de reunir para discutir diversos temas, y no sabemos cómo hacerlo para que nuestro presidente no se enfade(…)Los partidos piensan como yo, pero no hablan porque están dentro del Gobierno y tienen miedo. Nadie se atreve a enfrentarse con el presidente, yo lo hago porque soy independiente(…)Tarradellas no sabe lo que es gobernar; su única obsesión en estos momentos es crear una importante secretaría de la Generalitat para controlarlo todo. Para colmo, no existen las demás nacionalidades, sólo existe el Gobierno de Madrid; a éste sí que le tiene un gran respeto”.

Tras la muerte de Franco, regresó nuevamente a España, después de realizar varias negociaciones con Salvador Sánchez-Terán y el Presidente Suárez, quien le reconoció la legitimidad del cargo que ostentaba, nombrándole Presidente del Gobierno Preautonómico de Coalición en 1977. El 23 de octubre del mismo año, en el balcón del Palau de la Generalitat, gritó a la multitud concentrada en la plaza de Sant Jaume “Ciutadans de Catalunya, ja sóc aquí!”. Fue muy simbolico no referirse a los Catalanes sino a todos los ciudadanos de Catalunya.

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En dicho discurso, instaba a los ciudadanos de Catalunya a trabajar para ser ejemplo para todos los pueblos de España, lo que supuso que todos los ciudadanos de Catalunya, fuesen del color político que fuesen o hubiesen nacido dónde quiera que fuese, lucharan por el estatuto de autonomía cuyo referéndum fue el 25 de octubre de 1979 y fue votado con un 88% de votos afirmativos, si bien es cierto que la participación fue muy baja con un 59,7%.

El 20 de marzo de 1980 se celebrarían las primeras elecciones autonómicas en Catalunya desde 1932. En ellas, la fuerza más votada fue la de Convergència i Unió de Jordi Pujol con el 27,8% de los sufragios. El PSC-PSOE de Joan Reventós consiguió el 22,3%; el PSUC de Josep Benet el 18,7%; la UCD de Anton Cañellas el 10,6%; ERC de Heribert Barrera, partido que había gobernado antes de la Guerra, consiguió el 8,9%; y, sorprendentemente, el Partido Andalucista conseguía el 2,6% de los votos, obteniendo dos escaños. De este modo, la normalidad democrática volvía a Catalunya y Jordi Pujol era proclamado President de la Generalitat.

Cataluña X (de 1931 a 1939) Lo que el nacionalismo nunca te contará

Dejamos la anterior entrada en diciembre de 1933, tras la muerte de l’avi Francesc Macià y con Lluís Companys como presidente de la Generalitat, pero tenemos que ir atrás en el tiempo, a 1931, para volver a vivir el nacimiento de Esquerra Republicana de Catalunya y explicar, así, las grandes diferencias entre Companys y Macià que, por más que el santoral separatista a día de hoy los coloque a un mismo nivel, lo cierto es que tuvieron muchas diferencias.

Macià provenía de una familia acomodada y monárquica, tal y como eran todos los catalanistas de finales del siglo XIX, e hizo carrera militar llegando a ser coronel del ejército español. En 1905 protestó cuando miembros del ejército asaltaron la imprenta en la que se elaboraba el semanario que había publicado una caricatura que consideraron vejatoria para los oficiales destinados en Catalunya, el Cu-cut!. En vez de tomarse medidas contra los militares, se les dio la razón y a los autores de la caricatura se les juzgó por un tribunal militar.

Macià, que era un patriota español, abandonó el ejército y se enroló en las ideas catalanistas de la época. Si bien en un principio optó por el hispanismo por contra del castellanismo reinante, más tarde abrazó las ideas de que en España se odiaba a los catalanes y pronto se convirtió en uno de los referentes del nacionalismo catalán. Primero, formó parte de Solidaridad Catalana (una amalgama de partidos nacionalistas que iban desde la extrema derecha hasta la izquierda).

Pasa a ser un referente para el pueblo catalán cuando, como ya contamos en nuestra anterior entrada, intenta conquistar Catalunya desde el exterior en plena dictadura de Primo de Rivera. Desde entonces, también se le achacará el adjetivo de “soñador” y se dice de él que no actubaa con la prudencia de un catalán, sino con el ardor de un español. Macià en el exilio se declara separatista (por más que hoy haya quien asocie ese término a algo despectivo), forma el Partido Separatista en el exilio y utiliza la Estelada como bandera de la nación catalana. En 1931 ingresa en ERC.

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La historia de Companys es muy diferente: él siempre fue republicano y cercano en la izquierda, pero jamás había sido nacionalista catalán. De hecho, Companys había sido compañero de Lerroux hasta que, en 1906, marchó con los miembros de izquierda que ingresaron en Solidaridad Catalana. Fue detenido durante la Semana Trágica que, muy a pesar de lo que digan algunos ahora, fue una revuelta obrera-sindicalista sin ningún toque de nacionalismo.

Companys fue detenido hasta quince veces por la lucha obrera y cambió de partidos en gran cantidad de ocasiones, no logrando nunca un cargo político. Volvió con Lerroux en el Partido Radical (considerado españolista por los catalanistas) y, ahí sí, consiguió su acta de concejal de Barcelona. Fue entonces cuando, tal y como narra el historiador catalanista Hilari Raguer, al ser también elegido Manuel Carrasco i Formiguera como concejal en Barcelona, Companys se negó a dejarle pasar alegando que era un separatista y que debía gritar primero “¡Viva España!”.

Con la dictadura de Primo de Rivera, Companys fue uno de los firmantes del manifiesto para fundar un partido republicano de izquierdas, del que nacería ERC y donde coincidió con Macià. Por más que ahora suene extraño, la realidad es que la mayoría de los miembros de ERC no eran separatistas, sólo la parte que apoyaba a Macià, que eran los menos. Sin embargo, la popularidad de éste hizo que fuese la cabeza visible del partido.

Esas diferencias entre los miembros de ERC fue lo que llevó a que, cuando se proclamó la República, hubiera fuertes discursiones para saber qué tipo de república se quería. Algunos pidieron que se declarara la independencia de Catalunya; otros, la República Catalana dentro de una Federación Ibérica; también había los que preferían una República Española; y, finalmente, los más cautos pedían que se esperasen a las noticias del resto del país, sobre todo de Madrid.

El 14 de abril Lluís Companys, queriendo obtener más protagonismo del que debía, acudió junto con otros miembros de su partido al ayuntamiento sin consultarlo con Macià. Entró por la fuerza y llegó al despacho del alcalde, el cual no estaba allí. Aún sin constituir el nuevo ayuntamiento, se nombró alcalde. A pesar de no estar ni entre los diez candidatos más votados, Companys salió al balcón, izó la bandera tricolor y proclamó la República Española. Cuando Macià supo lo ocurrido, declaró la República Catalana dentro de la República ibérica y ambos casi llegan a las manos.

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En las primeras elecciones generales con la República, ERC sacó unos excelentes resultados, siendo la fuerza más votada en Catalunya y obteniendo 24 escaños. Entre ellos, el de Macià, Companys, el de un joven Josep Tarradellas y el de Ramón Franco (hermano del general Francisco Franco). En 1932 tuvieron lugar elecciones en la Generalitat y se confirmó a Macià como Presidente de Catalunya, cargo que ocupó hasta su muerte en diciembre de 1933.

Companys puso en altos cargos a personas del lado separatista, como Josep Dencàs, para asegurarse los votos de estos y perpetuarse como President de la Generalitat. En las siguientes elecciones generales, vence la CEDA, coalición de derechas. Companys no acepta el resultado y el 6 de octubre de 1934, Companys, tras acusar al nuevo gobierno español de “monarquizante” y “fascista”, proclamó el Estado Catalán. El golpe de Estado duró 24 horas, hasta que Companys se rindió al General Batet. Los desesperados intentos que había hecho por radio para que los catalanes acudieran a apoyarlo fracasaron, se quedó solo, pues ni sus compañeros anarquistas acudieron a salvarlo, y fue detenido y condenado a treinta años de prisión.

En febrero de 1936, la coalición Frente Popular de Izquierdas ganó las elecciones, Azaña formó el nuevo gobierno de la República y Companys fue liberado. Sin elecciones de por medio, colocaron en los municipios a los alcaldes de izquierdas que habían vencido en 1931. El levantamiento militar del 18 de julio hizo despertar en Catalunya una revolución anarquista que ocasionó miles de muertos. El fracaso en Barcelona de la insurrección llevó a los miembros de las izquierdas a organizarse. Companys cedió el poder a los anarquistas y Catalunya se convirtió en una dictadura comunista que no se puso a las órdenes de la República.

Companys, en julio de 1936, mandó fusilar 199 militares de graduación de general a teniente, de los que se sublevaron en Barcelona el 19 de julio. Él, en su día fue indultado cuando proclamó el Estado Catalán, no tuvo piedad. Entre las primeras firmas que pidieron su indulto en 1934, figuraba la del obispo de Barcelona, Monseñor Manuel Irurita. En diciembre de 1936, el religioso fue asesinado en el cementerio de Montcada por las milicias armadas que Companys había legalizado.

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El 26 de agosto de 1936 tuvieron lugar en el Castillo de Montjuïc los fusilamientos del Capitán del Arma de Artillería, José López Amor Jiménez y de los Capitanes del Arma de Infantería, Enrique López Belda y el propio Fernando Lizcano de la Rosa, así como también, en el mismo lugar, las ejecuciones de sesenta y tres religiosos, ejecuciones que se hicieron con orden firmada de Companys. También firmó la ejecución de 43 periodistas que criticaban la violencia de los anarquistas y la vista gorda del President.

En Catalunya, el gobierno catalán persiguió a monárquicos y religiosos. Más tarde, a contrarios políticos (muchos catalanistas de derechas tuvieron que huir a Francia, entre ellos, el líder de la Lliga Regionalista, Francesc Cambó). Al final, a manos de las juventudes de ERC, se acabó fusilando a los que hablaban castellano. No se dejaba entrar a personas de otras regiones, sobre todo de Andalucía y Murcia, que huían de sus tierras a causa de la guerra, y se construyeron campos de concentración, como el de Omells en Urgell. Al final y según los datos desclasificados ya en democracia, Companys mandó asesinar a 8.532 personas en Catalunya.

Cuando la victoria de Franco parecía un hecho, Companys huyó a Francia, donde la Gestapo nazi lo arrestó y lo repatrió. Tras un más que dudoso juicio, fue condenado a muerte y fusilado, convirtiéndose, de ese modo, en un mártir para el separatismo catalán.

Con la dictadura de Franco, las instituciones catalanas quedaron prohibidas, aún así, en el exilio, continuaría el Gobierno de la Generalitat, primero presidido por Josep Iria y después por Josep Tarradellas. Desde entonces y sobre todo debido a la ejecución de Companys, en Catalunya se ha “vendido” la historia de que la Guerra Civil fue una guerra de Catalunya contra España y que, al perderla, el pueblo catalán perdió sus instituciones y cultura.

Lo cierto es que en Catalunya se vivieron varias guerras civiles dentro de una misma. Los catalanistas conservadores de la Lliga tuvieron que partir su corazón entre la Catalunya republicana y su sentir conservador, burgués y cristiano. Estos, catalanistas como Matons, Llates, Peiro e incluso el líder catalanista por antonomasia Francesc Cambó, creían que una Catalunya con Franco perdía libertad, pero sobreviviría.

La Lliga Regionalista ya se había presentado a las elecciones de febrero de 1936 en coalición con la CEDA para intentar frenar al Frente Popular que había radicalizado sus ideas y que era una amenaza de dictadura al estilo soviético. El día del alzamiento, Cambó estaba en alta mar y se fue a Francia. Los miembros de la Lliga tuvieron que huir por miedo a ser fusilados por Companys.

Cambó calificó la guerra como una lucha entre la barbarie comunista y la civilización nacional. En agosto de 1936 dió un cheque de 10.000 libras esterlinas a José Quiñones de León, representante de Franco en París. En octubre la mayoría de miembros de la Lliga Regionalista firmaron un manifesto de adhesión al alzamiento. Cambó escribió un artículo en el que decía que: “bajo la sombra de la tiranía anarquista. El golpe de Franco  es una manifestación de patriotismo”.

En 1937 Cambó creó la Oficina de Prensa y Propaganda que puso al servicio del bando nacional. Aún así, cuando Franco ganó la guerra, Cambó no volvió a España. Sin embargo, muchos de los miembros de la Lliga acabaron ligados a la Falange. Lógicamente, la guerra que separó a los españoles separó también a los catalanes.

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Cataluña IX (de 1910 a 1931) Lo que el nacionalismo nunca te contará

Tras los sucesos de la Semana Trágica, mencionada en la entrada anterior de este ciclo, Antonio Maura convocó elecciones para el 8 de mayo de 1910. En ellas, el partido conservador, muy desmembrado en ese momento, sufrió una inapelable derrota en manos del Partido Liberal de Canalejas. Desde el primer momento, Prat de la Riba y Francesc Cambó intentaron llegar a un acuerdo con el nuevo gobierno para que las cuatro diputaciones provinciales de Catalunya se unieran en una mancomunidad que hiciera las labores de gobierno regional.

Era curioso que, cuando la Semana Trágica no había sido un acto catalanista sino republicano-obrero, fuesen los catalanistas de la Lliga (que no movieron un dedo en las revueltas y que, incluso, estaban en contra de ellas) quienes fueran a sacar beneficio. Con esto, se ha conseguido que, incluso a día de hoy, muchos crean que la Semana Trágica fuese un acto catalanista, cuando no hubo ninguna reclamación nacionalista y, de hecho, la mayoría de revolucionarios pertenecía al partido de Lerroux, tachado de españolista.

El presidente del Gobierno, José Canalejas, presentó el 1 de mayo de 1912 a las Cortes como proyecto de Ley de Mancomunidades. Sin embargo, un sector de su propio partido, encabezado por Segismundo Moret, se opuso al proyecto. Aún así, el proyecto fue aprobado el 5 de junio de 1912, la ley entró en vigor en diciembre de 1913 y la Mancomunitat de Catalunya se constituyó a principios de 1914. 

La Mancomunitat de Catalunya constaba de una Asamblea General, formada por 96 diputados de las cuatro Diputaciones; la Presidencia, ocupada por el presidente de la Diputación Provincial de Barcelona; y el Consejo permanente, que incluía las siguientes consejerías: Caminos y Puertos, Cultura e Instrucción, Agricultura y Servicios Forestales, Beneficencia y Sanidad, Obras hidráulicas y Ferrocarriles, Teléfonos, Política Social, y Hacienda.

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La relevancia de la Mancomunitat también residía en su carácter simbólico. Prat de la Riba no olvidó mencionar en su discurso inaugural del 6 de abril de 1914 que durante doscientos años Catalunya había perdido su autogobierno. La Lliga no dejaría escapar la baza de tener un órgano administrativo para inculcar y desarrollar al pueblo una consciencia catalanista.

La Lliga se volvió pragmática, ofrecía apoyo a los gobiernos de turno a cambio de concesiones para el catalanismo. Prat de la Riba permanecía en Barcelona transformado en hombre de gobierno, mientras que Francesc Cambó se convertía en el líder parlamentario en Madrid.

En 1916 la Lliga publicó el manifiesto Per Catalunya i l’Espanya Gran, redactado por Prat de la Riba y firmado por todos los diputados y senadores del partido. En el manifiesto, se denunciaba que en Catalunya se veían como “españoles de tercera clase” y pedían la autonomía, para “el bien de la unidad de todos los españoles”(…) “Fundar la constitución de España en el respeto a la igualdad de derecho de todos los pueblos que la integran es dar el primer paso hacia la Gran España”, convertidos en un “imperio peninsular de Iberia” con lo que se pedía también la unidad de Portugal.

El gobierno del conservador Dato intentó desprestigiar la convocatoria presentando la reunión como un movimiento separatista y revolucionario. A principios de noviembre de 1918, con motivo del fin de la Primera Guerra Mundial, se celebraron varias manifestaciones hostiles a la monarquía en Barcelona, junto con mítines convocados por los grupos nacionalistas catalanes radicales. El día 5 de noviembre, una sonada intervención de Francesc Macià a favor de la independencia de Catalunya en el Congreso provocó que la gran mayoría de diputados abandonaran el hemiciclo.

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Francesc Macià

El 15 de noviembre Cambó mantuvo una entrevista con el rey. Según Cambó, Alfonso XIII le animó a lanzar la campaña autonomista con el fin de distraer a los independentistas. El 17 de noviembre de 1918, Macià dio una conferencia en los locales del CADCI, donde presentó por primera vez  la bandera independentista: la Estelada, con triángulo azul y estrella blanca. A la salida de la conferencia se formó una manifestación en las Ramblas.

En 1919 se realizó el Proyecto de Estatuto de la Mancomunidad de Cataluña, que sería rechazado por las Cortes Generales. En el debate, Cambó manifestó que “(Catalunya) ha producido una lengua, un derecho civil, un derecho político y un sentimiento general que ha caracterizado la expresión de su vida. Y este pueblo se unió primero a la Corona de España, luego la incorporación fue total con el estado, y en siglos de convivencia se han creado intereses comunes, se han creado trabazones espirituales que establecen una fórmula de patriotismo común que sería insensato querer destruir; pero a la vez, esta personalidad que había tenido una vida propia, independiente, subsiste, y no ha desaparecido; han persistido la lengua, el derecho, el sentido jurídico y el espíritu público propio, y todo eso, que era un hecho biológico mientras no había un fenómeno de voluntad que le convirtiese en un hecho político. Esta voluntad, ¿qué dice, qué expresa, qué quiere? Quiere que para todo lo que sea vida propia interior de Catalunya, Catalunya tenga plenitud de soberanía para regirse, y que en todo lo que afecte a lo que mira más allá de sus fronteras, no haya más que una unidad que sea España”.

Los obreros y los anarquistas se distanciaron del movimiento nacionalista y hubo altercados entre estos y los representantes de la burguesía. Además, comenzó a haber conflictos también entre los independentistas de Macià y lo que se denominó Liga Patriótica Española. En este ambiente y como respuesta a lo que la burguesía catalanista llamaba “reacción bolchevique”, estos, los miembros del partido catalanista de la Lliga Regionalista, apoyaron y financiaron la rebelión militar de Primo de Rivera. 

La Cámara de Comercio e Industria de Catalunya saludó al dictador “con el mayor entusiasmo”, esperando que pusiera fin a un estado de cosas que se consideraba intolerable. Josep Puig i Cadafalch, presidente de La Mancomunitat, escribió una nota que fue publicada en los diarios el 19 de septiembre en la que decía: “entre un hecho extralegal y la corrupción del sistema, la Lliga opta por lo primero“.

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Miguél Primo de Rivera

Sin embargo, Primo de Rivera hizo más daño que lo que nunca nadie había hecho antes a la cultura y la lengua catalanas. Una Circular de la Dirección General de Enseñanza Primaria del 27 de octubre de 1923 impuso la enseñanza exclusiva en castellano. El 24 de diciembre, dimitió el presidente Josep Puig i Cadafalch en señal de protesta por la política anticatalanista de la Dictadura y se autoexilió en Francia. La fotografía que quedará para la historia de estos años en Catalunya fue cuando, por orden de Primo de Rivera, las cuatro columnas de Montjuïc, que representaban las cuatro barras del escudo, fueron derruidas.

El catalanismo retiró el apoyo al Dictador y, para cuando en 1930 cayó la dictadura, el nacionalismo catalán se había radicalizado del todo y se había partido en dos. Para muchos, ya no valían las medias tintas de la Lliga y trataron de formar un nuevo partido nacionalista. Y quién mejor para liderarlo que Francesc Macià que, durante la dictadura, se había convertido en un héroe para los nacionalistas ya que en 1926 decidió llevar a cabo la invasión de Catalunya con un pequeño ejército. El plan consistía en penetrar por Prats de Molló, en Francia, tomar Olot y marchar sobre Barcelona, donde simultáneamente se declararía la huelga general y, con la colaboración de una parte de la guarnición, se proclamaría la República Catalana.

Pero la policía francesa estaba sobre aviso, por lo que no tuvo muchas dificultades para detener cerca de la frontera española. Macià fue detenido y, a pesar del fracaso, Macià fue considerado un héroe por los nacionalistas catalanes y, en diciembre de 1927, inició un viaje por América Latina que culminó en Cuba, donde en 1928 fundó el Partit Separatista Revolucionari Català.

En 1931 Jaume Aiguader, en la Conferència d’Esquerres Catalanes, celebrada entre el 17 y el 20 de marzo de 1931, aunaba el Partit Republicà Català de Lluís Companys, Estat Català de Francesc Macià y el grupo L’Opinió en una nueva formación política que se denominaría Esquerra Republicana de Catalunya, en la cual y como el propio nombre indica, se unían los izquierdistas y nacionalistas catalanes.

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Con sólo unos meses de vida y con las listas electorales hechas casi sin personas que verdaderamente fuesen del partido, ERC se presenta a las elecciones municipales de Barcelona en las que vence sorprendentemente. Consiguen 25 concejales por sólo 12 de la Lliga y de la Unión de republicanos y socialistas. La victoria de fuerzas republicanas en la mayoría de las capitales hace que se proclame la República en algunas ciudades. El Rey Alfonso XIII, tras consultar con las fuerzas armadas y saber que no le apoyaban, decide abandonar el país “para evitar el derramamiento de sangre entre españoles” y la II República se convierte en una realidad, a pesar de que en el total de las poblaciones realmente había ganado los partidos monárquicos.

El 14 de abril de 1931, el mismo día en que se proclamaba la República en Madrid, Macià proclamaba desde el balcón de la antigua Generalitat de Catalunya la República Catalana dentro de una federación de pueblos ibéricos. El hecho motivó preocupación fuera de los círculos nacionalistas, siendo solucionado con la restauración de la Generalitat. La posterior aprobación de la Constitución republicana que, tras enconados debates reconoció la posibilidad de autonomía regional, permitió la aprobación de L’Estatut de 1932. El 20 de noviembre de 1932, se celebraron las elecciones al Parlamento de Catalunya que supusieron una gran victoria de Esquerra Republicana, obteniendo 67 de los 85 escaños en disputa por sólo 17 de la Lliga. Macià era nombrado Presidente y Companys presidente del Parlament hasta que, tras la muerte de Macià en diciembre de 1933, le sustituyó en el cargo.

Francesc Macià declarando la República Catalana

Cataluña VIII (de 1714 a 1909) Lo que el nacionalismo nunca te contará

Nueva entrada de este ciclo sobre la historia de Catalunya que dejamos en el periodo de 1640 a 1714:

En 1716 se firma el Decreto de Nueva Planta de Catalunya, con el cual se abolía el Consell de Cent (consejo que muchos creen que es de autogobierno de Catalunya cuando lo cierto es que era solamente de Barcelona), se sustituía el Virrey por un Capitán General, al igual que en el resto de los reinos de la Corona de Aragón, y se dividía Catalunya en doce corregidurías, tal y como sucedía en Castilla, y no en las tradicionales veguerías. Del mismo modo, se prohíben las milicias populares armadas de Catalunya, los llamados somatens, así como también se establece el catastro, gravando propiedades urbanas y rurales y los beneficios del trabajo, el comercio y la industria, y el castellano como idioma oficial de la Audiencia, tras dejar de serlo el latín. ¡Ojo! Se impuso el castellano sobre el latín y no sobre el catalán, como venden en nuestros días los separatistas. El catalán siguió usándose tanto en la documentación notarial como en la literatura no oficial.

Con los nuevos decretos, los impuestos entre reinos, principados y señoríos acabaron y, de este modo, todos los catalanes pudieron comerciar por toda España, América incluida, cosa que supuso un gran crecimiento del comercio catalán. El querer comerciar con el resto de españoles fue la base de la castellanización de Catalunya y el inicio de lo que acabaría siendo la burguesía catalana.

En estos escritos, no buscamos ni héroes ni culpables, pero sí que hay un hecho sucedido en esta época del que no se suele hablar y que es determinante en la historia de Catalunya y del resto de España. A consecuencia de los austriacistas y su defensa de un Rey ilegítimo, como comentamos en la entrada anterior, comenzó una guerra que acabó tomando tintes mundiales y acabaría siendo clave para España, la pérdida de sus posesiones en Italia y los Países Bajos, más Gibraltar y Menorca, así como también en la pérdida del control del comercio con el Imperio de las Indias, a causa de la concesión a los británicos del asiento de negros y del navío de permiso, con el cual comenzó la decadencia española, decadencia que ya en el siglo XIX fue el inicio del separatismo catalán, es decir, debido a la causa austriacista, comenzó el principio del fin del Imperio Español que más tarde serviría de excusa para los nacionalistas catalanes a la hora de querer formar un nuevo país.

A pesar de la difícil situación interna, Catalunya lograría a lo largo del siglo XVIII una notable recuperación económica, centrada en un crecimiento demográfico importante, un aumento considerable de la producción agrícola y una reactivación comercial gracias al comercio con América, abierto totalmente en 1778. Comenzaría, así, la industrialización,  especialmente centrada alrededor del algodón y otras ramas textiles.

En 1808 Catalunya fue ocupada por las tropas de Duhesme, general de Napoleón, incorporada al Imperio Francés y dividida en 4 departamentos: Bouches de l’Ebre, Montserrat, Sègre y TerTal y como sucede en el resto de España, la gran mayoría de la población catalana se rebela contra la ocupación. De este modo, la Batalla del Bruc y los asedios de Girona serán históricas. La capital gerundense fue sitiada tres veces y heroicamente defendida por el pueblo de Girona (lo que no se suele contar es que al mando estaba el general andaluz Álvarez de Castro). El dominio francés se extendió hasta 1814 cuando se firmó el armisticio por el cual los franceses debían abandonar Barcelona y otras plazas fuertes que habían ocupado hasta el último momento.

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Álvarez de Castro

La guerra contra el Francés inició el patriotismo español y, con la Constitución de Cádiz de 1812, el inicio de la nación española, en la que los españoles dejaban de ser súbditos para ser ciudadanos. El patriotismo español se vivió especialmente en Catalunya por su situación geográfica cercana a Francia y por toda su historia de conflictos con estos. Los representantes catalanes en las Cortes hicieron especial hincapié en que Catalunya conservase, a toda costa, los privilegios y fueros de los cuales gozaba, sin perjuicio, incluso, de recobrar los que disfrutó durante la monarquía de los Reyes de la Casa de Austria. Los catalanes querían una España unida, fuerte, bélica, pero no centralizada.

En España hubo disputas entre liberales y conservadores, pero los campesinos de Catalunya siempre estuvieron del lado de los conservadores y de la monarquía autoritaria. En 1827, con la Guerra de los Agraviados o dels Malcontents, voluntarios catalanes que pedían leyes absolutistas, la vuelta de la Inquisición, el poder de la Iglesia y la muerte de los liberales y sus ideas, 30.000 hombres se movilizaron en Catalunya para defender el poder absoluto del Rey de España.

Tras la muerte de Fernando VII y la deriva que llevó a la Guerra Carlista, una guerra civil entre los partidarios de que el trono estuviese en manos de la reina Isabel II y los partidarios del infante Carlos María Isidro de Borbón (éste último defendía el absolutismo, la España más rancia, en la que la nobleza y la Iglesia estaban por encima del resto de la población), la mayoría de catalanes se posicionaron al lado del Carlismo y en contra del liberalismo, de las ideas progresistas y de una España de ciudadanos iguales, es decir, la mayoría de los catalanes defendían la monarquía tradicional, resumida en su lema “Dios, Patria, Rey”.

La Segunda Guerra Carlista sucedió casi íntegramente en tierras catalanas. Ninguna tierra como Catalunya luchó tanto por el conservadurismo, la monarquía y la Iglesia. La postura carlista, defendida por la mayoría de los catalanes, perdió ambas guerras, sin embargo, eso beneficiaría a Catalunya pues la victoria de los liberales sobre los carlistas dio pie al desarrollo de la Revolución Burguesa bajo el reinado de Isabel II. Los vencedores se dividieron pronto en moderados y progresistas. En Catalunya, sobre todo en Barcelona, la industrialización avanza a mayor velocidad que en el resto del país y muchas personas que habían llegado a Barcelona huyendo del duro trabajo del campo, comienzan a tener que trabajar más horas y en peores condiciones en las fábricas. Así surgirá una nueva clase social, el proletariado.

El reinado de Isabel II, marcado por la corrupción, la mala administración y el centralismo, hizo que en España se desarrollara la ideología republicana y federal que tuvo especial auge en tierras catalanas. El descontento estalló la Revolución de 1868, La Gloriosa, que causó la caída de Isabel II y dio lugar al comienzo del Sexenio Revolucionario. Siendo Jefe de Gobierno el catalán general Prim, que había superado en las elecciones al también catalán Pi i Margall, se decidió mantener la monarquía en la persona de Amadeo de Saboya. Sin embargo, el asesinato de Prim privó al nuevo monarca de su principal apoyo antes de llegar a España.

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El nuevo Rey abdicó dos años después y el enfrentamiento entre las diversas opciones monárquicas favoreció la proclamación de la República que tendría como presidente temporal al catalán Estanislau Figueras, quien pronto convocó elecciones, en las cuales ganaría el catalán Francesc Pi i Margall. Curiosamente, cuando en Catalunya comenzaba a asomar el nacionalismo, la presidencia del gobierno español se sucedía catalán tras catalán.

Sin embargo, durante la misma República, en Catalunya se suceden diversos intentos separatistas que fueron neutralizados. A la mayoría de los catalanes no les gustaba la España Liberal, izquierdista y antieclesiástica de la República y pronto desde Catalunya se preparó la Segunda Restauración Borbónica que coronó a Alfonso XII como Rey de España. La monarquía era sinónimo de orden para la burguesía catalana, motivo por el cual fue la gran promotora de la vuelta de Alfonso XII. De hecho, en gratitud al pueblo barcelonés, el monarca decidió entrar en España por Barcelona.

En 1880 tiene lugar el Primer Congreso Catalanista en el cual se reclamará una escuela en lengua catalana para transmitir su cultura y lengua. En 1883 se reúne de nuevo el Segundo Congreso Catalanista, dando paso al primer acto oficial en catalán: el Memorial de Agravios, un escrito que pide al Rey ciertos privilegios políticos. Los componentes del Centro Catalán querían conseguir el apoyo de la burguesía, pero estos hacían suyo el catalán medievalizante.

Alfonso XII murió repentinamente, quedando la Reina María Cristina como regente al trono hasta la mayoría de edad de su hijo. En 1888, aprovechando la visita de la Reina Regente a Barcelona para la Exposición Universal, redactan el Mensaje a la Reina Regente, pidiendo autonomía política para Catalunya. En 1891 la Unió Catalanista redactó las Bases de Manresa, un programa de autonomía para Catalunya. Pi i Margall luchaba por el federalismo, es decir, que España fuese una unión de federaciones territoriales unidas, pero desde el gobierno se observan todos esos movimientos catalanistas como un primer paso hacía el separatismo.

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Bases de Manresa

En 1901 se formó la Lliga Regionalista de Enric Prat de la Riba y Francesc Cambó. En ese mismo tiempo, nacen también tres grandes tendencias: el sindicalismo, el socialismo y el anarquismo. Poco después, aparecería Alejandro Lerroux quien, con demagogia y populismo, sí consiguió dos cosas importantes: una, que los obreros se preocupasen por la política y, dos, que estos observaran que el catalanismo no era más que una distracción burguesa para que, mientras se pedía idioma y Juegos Florales, no se reclamase trabajo digno y libertades para los trabajadores.

Tras la movilización de reservistas para su envío a la zona de Melilla, donde el día 9 del mismo mes había comenzado la Guerra de Melilla (para muchos motivada exclusivamente por el descubrimiento del año anterior de unas minas propiedad de una sociedad controlada por el Conde de Romanones, el Marqués de Comillas y el Conde de Güell), aconteció en Barcelona la Semana Trágica entre el 26 de julio y el 2 de agosto de 1909.

Los disturbios de la ciudad de Barcelona suponen un total de 78 muertos (75 civiles y 3 militares), medio millar de heridos y 112 edificios incendiados (80 edificios religiosos). El gobierno Maura, inicia de inmediato una represión durísima y arbitraria. Se detienen varios millares de personas, de las que 2000 fueron procesadas, resultando 175 penas de destierro, 59 cadenas perpetuas y 5 condenas a muerte: Josep Miquel Baró, un nacionalista republicano; Antonio Malet Pujol, un republicano lerrouxista; Clemente García, el joven discapacitado mental que había bailado con el cadáver de una monja por las calles de Barcelona;  Eugenio del Hoyo, un ex guardia civil y guardia de seguridad; y Francisco Ferrer Guardia, anarquista cofundador de la Escuela Moderna. El caso de este último fue clave para que Maura tuviera que dimitir.

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Semana Trágica en Barcelona

Cataluña VII (de 1640 a 1714) Lo que el nacionalismo nunca te contará

Proseguimos con este ciclo sobre la Historia de Cataluña que dejamos con una última entrada localizada en el periodo comprendido entre el año 1511 y 1640:

Tras unos meses de calma, los ataques se dan contra cualquier entidad de poder, así como también contra los señores feudales defensores de la oligarquía catalana, es decir, los campesinos atacan también a la Generalitat de Catalunya. La oligarquía catalana se encontró en medio de una auténtica revolución social entre la autoridad del rey y el radicalismo de sus súbditos más pobres y en 1641 Pau Claris declara la República Catalana bajo la protección de Francia. Sin embargo, las rebeliones de los campesinos continúan y la Generalitat se alía con el monarca francés, rindiendo vasallaje al Rey Luis XIII de Francia, al que nombran Conde de Barcelona. ¿Había tintes reivindicativos nacionalistas, si se acaba dando el poder a un extranjero? Obviamente, no, lo que ocurría es que Claris y los miembros de la Generalitat sabían que sus vidas corrían peligro y se agarraban a un clavo ardiendo. Así que culparon a Felipe IV de sus desgracias y se unieron a su rival. En este tema, los separatistas siempre cuentan que, entre la declaración de independencia del 17 de enero de 1641 y el 23 de ese mismo mes, día en el que se rindió vasallaje a Francia, Catalunya fue independiente… Quién no se consuela es porque no quiere.

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Catalunya 1608

Luis XIII (por cierto, Luis XIII de Borbón para más gracia) nombró entonces un virrey francés y llenó la administración catalana de afrancesados. El coste del ejército francés para Catalunya era cada vez mayor y acabó ocupando la región. Mercaderes franceses comenzaron a competir con los locales, favorecidos los primeros por el gobierno francés, que convirtió Catalunya en un nuevo mercado para Francia. Todo esto, junto a la situación de guerra, la consecuente inflación, plagas y enfermedades llevó a un descontento que iría a más en la población, consciente de que su situación había empeorado con Luis XIII respecto a la que soportaban con Felipe IV. En 1643 comienza la invasión francesa, lo que llevó a que muchos catalanes abandonasen su tierra para ir a otros puntos de España, entre ellos muchos nobles y grandes mercaderes. En 1651 un ejército dirigido por Juan de Austria comienza un asedio a Barcelona. El ejército franco de Barcelona se rinde en 1652 y se reconoce a Felipe IV como soberano y a Juan José de Austria como Virrey en Catalunya. Años más tarde, en 1659, se firmará el Tratado de los Pirineos, pactando que todo aquel territorio localizado al norte de los mismos es Francia y al sur España, es decir, todo el delirio de la oligarquía catalana sólo sirvió para traer hambre, guerras y además perder lo que los nacionalistas llaman la Catalunya Nord (Rosellón, el Conflent, el Vallespir y parte de la Cerdaña).

A raíz de ahí, el gobierno de los Austrias fue mucho más centralizado. Hablaremos ya, pues, de Carlos II “El hechizado”, cuya muerte sin descendencia en el año 1700 sería clave para otra de las mitificaciones del separatismo catalán, la Guerra de Sucesión, que en Catalunya se vende como de Secesión. Lo acontecido en ella fue que Carlos II dejó en testamento que el heredero al trono fuese Felipe de Anjou y su hermana, la infanta María Teresa de Austria, la mayor de las tres hijas de Felipe IV. Sin embargo, en la corte había quien prefería que el futuro rey fuese el archiduque Carlos de Austria, con tal de que no cambiase la dinastía. No obstante a ello, la línea sucesoria era clara y, por más que siempre se achacó por parte de los austricistas a presiones para la firma del testamento, lo cierto era que María Teresa de Austria y, en ese caso, su marido tenían el derecho. El problema se enquistó ya que la mayoría de las naciones no veía con buenos ojos que los Borbones pudieran reinar en Francia y España, lo que les supondría ser la primera potencia mundial.

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Felipe V, pintado por Jean Ranc (1725)

En Catalunya se aceptó inicialmente a Felipe V, pues éste había jurado y prometido guardar sus fueros. Sin embargo, las clases dirigentes catalanas fueron desconfiando por lo que percibían como formas absolutistas y centralistas del nuevo monarca, así como también por la política económica pro-francesa que se estaba llevando a cabo. Curiosamente, el recuerdo del mal comportamiento de los franceses, cuando la Generalitat vendió su pueblo a Francia, volvía ahora para ir contra el nuevo Rey de España. Ello derivó en hostilidad en Catalunya, que acabaría uniéndose a la Alianza de la Haya y se posicionaría del lado de Carlos de Austria como heredero al trono. De modo que, mientras Castilla y Navarra se posicionaban de parte de Felipe, los antiguos territorios de Aragón lo hacían mayoritariamente de parte de Carlos, llegando éste a eser reconocido por los suyos Rey en Barcelona con el nombre de Carlos III de España. La sucesión al trono se traslada a Europa donde Francia, Baviera, Colonia, Mantua y Saboya luchan por Felipe y Austria, Prusia, Hannover, los Países Bajos, el Reino Unido y Portugal lo harán por Carlos, llegando, incluso, a América y convirtiéndose, así, en la primera guerra a nivel mundial.

Obviamente, en todos los territorios de España y, por supuesto, en Catalunya también había Felipistas y Carlistas. Ahora se vende como que los partidarios del Borbón eran más españolistas y los partidarios del Austria más catalanistas, lo cual es totalmente absurdo; primero, porque en esa época no había países como ahora, sino que se regía por vasallajes a reyes y, segundo, porque los borbónicos defendían a un rey cuanto menos más extranjero que el Austria que, al menos, era de la misma familia de reyes desde Carlos I, es decir, el bando que defendían mayoritariamente en Catalunya era la continuación de la dinastía de los reyes españoles, por más que Felipe fuese el rey legítimo. Es muy contada la historia sobre cómo las tropas de Felipe V conquistaron Barcelona en 1714, pero no se cuenta tanto, sin embargo, que la ciudad era felipista en un principio y que los partidarios del Archiduque Carlos la asaltaron antes, bombardeándola desde el mar. El ejército de Felipe, como hemos dicho, recuperó Barcelona y lo hizo el famoso 11 de septiembre de 1714, día que es conmemorado como el fin de las libertades de Catalunya, como el fin de la nacionalidad catalana, como si esta hubiese existido alguna vez.

Debido a esta efeméride, el 11 de septiembre se celebra la Fiesta Nacional de Catalunya, lo cual es otra forma muy llamativa de ver la historia. Primero, porque ese día no cayó Catalunya, sino que lo hizo Barcelona, defendida de modo heroico. Lo que sí es cierto es que, cuando ocurrió la toma de Barcelona, en Catalunya ya se sabía que, de perder la guerra, se suprimirían sus leyes, porque Aragón y Valencia habían corrido esa misma suerte. Ese es otro de los clavos ardientes en los que se agarra el separatismo para defender que esta guerra fue por la libertad de Catalunya. Sin embargo, de ahí a darle un toque independentista va un trecho, dado que no hay que olvidar que los catalanes austricistas luchaban en todo momento por el Rey de España que ellos creían legítimo y siempre se refieren a Carlos como el Rey de España y no como Conde de Barcelona o Príncipe de Catalunya. Éste es el pregón de los defensores de Barcelona (en Catalán en el original):

Se hace saber a todos generalmente, de parte de los tres Excmos. Comunes, tomado el parecer de los señores de la Junta de Gobierno, personas asociadas, nobles, ciudadanos y oficiales de guerra que, por separado, están impidiendo el internarse los enemigos en la ciudad; dado que la deplorable infelicidad de esta ciudad, en quien hoy reside la libertad de todo el Principado y de toda España, está expuesta al último extremo de sujetarse a una entera esclavitud; notifican, amonestan y exhortan, representando Padres de la Patria que se afligen de la desgracia irreparable que amenaza el furor e injusto encono de las armas galohispanas, hecha sería reflexión del estado en que los enemigos del Rey Nuestro Señor, de nuestra libertad y Patria, están apostados ocupando todas las brechas, Cortadura, baluarte del Portal Nou, Santa clara, Llevant i Santa Eulàlia. Se hace saber que si luego, inmediatamente de oído el presente pregón, todos los naturales, habitantes y demás gentes hábiles para las armas, no se presentan a las Places de Jonqueres, Born i Plaça de Palacio, a fin de que, unidos con todos los señores que representan los Comunes, se pueden rechazar los enemigos, haciendo el último esfuerzo, esperando que Dios misericordioso mejorará la suerte”.

“Se hace también a saber que, siendo la esclavitud cierta y forzosa, en obligación de nuestros empleos , explican , declaran y protestan a los presentes y dan testimonio a los venideros de que han ejecutado las últimas exhortaciones y esfuerzos , protestando de todos los males , ruinas y desolaciones que sobrevengan a nuestra común y afligida patria y exterminio de todos los honores y privilegios , quedando esclavos con los demás engañados españoles y todos en esclavitud del dominio francés ; pero con todo se confía en que todos , como verdaderos hijos de la Patria , amantes de la libertad, acudirán a los lugares señalados , a fin de derramar gloriosamente su sangre y vida por su Rey, por su honor, por la Patria y por la libertad de toda España”.

“Y finalmente los dicen y hacen saber que si después de una hora de publicado el presente pregón no comparecen gente suficiente para ejecutar la ideada empresa, es forzoso , preciso y necesario hacer llamada y pedir capitulación a los enemigos antes de venir la noche, para no exponer a la más lamentable ruina esta ciudad ; para no exponerla a un saco general, profanación de los santos templos y sacrificio de las mujeres , chicos y personas religiosas ; y porque a todos sea generalmente notorio se manda que con voz alta , clara e inteligible sea publicado por todos los calles de la presente ciudad . Dado en la Casa de la Excma. Ciudad , residente en el Portal de San Antonio , presentes dichos Señores Excmos . Y personas asociadas , a 11 de septiembre, a las 3 de la tarde, de 1714 ” .

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Alegaciones Jurídicas impresas en Barcelona y enviadas a Madrid para ganar adeptos a la causa en la que se denomina a Carlos de Austria como “verdadero y legítimo Rey de las Españas”

Catalunya tenía su Constitución, sus leyes, su idioma y su idiosincrasia, cuestión que no discuten, pero este bando municipal es una de las muchas pruebas que existen de que los barceloneses lucharon por España y quienes ellos creían su legítimo rey. Como es obvio, no se nombra a Catalunya, pues no hay ningún toque nacionalista en este asunto y menos independentista.

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Monedas acuñadas en Barcelona de Carlos III como Rey de España

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Con la victoria de los Borbones, algunos de los austricistas catalanes abandonaron su tierra y, una vez en el exilio, en Viena formaron el Consejo Supremo de España (no de Barcelona ni de Catalunya, sino de España), cuyo secretario fue Ramón de Vilana i Perlas. Estos exiliados pudieron volver a tierras españolas en 1725, cuando firmaron el reconocimiento de Felipe V como Rey de España y aceptaron sus leyes, incluido el Decreto de Nueva Planta.

Cataluña VI (de 1511 a 1640) Lo que el nacionalismo nunca te contará

Tras la última publicación, la Cataluña de 1454 a 1510, proseguimos este viaje por la historia de Cataluña mediante este ciclo denominado “Lo que el nacionalismo nunca te contará“.

Con la muerte del Rey Fernando de Aragón, se dejaron en legado todas sus posesiones a favor de su hija y, en el puesto que ella debía asumir, el gobierno y la regencia de los reinos de Castilla y Aragón. Hasta la llegada de su nieto Carlos, se nombró a su hijo (bastardo) Alonso de Aragón regente de los reinos de la Corona de Aragón y al Cardenal Cisneros, regente de Castilla. De este modo, Carlos I es considerado el primer Rey de la España unida.

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Territorios gobernados por Carlos I

En la época de este monarca, la economía y la población de Catalunya tendrán una gran subida, debido a la no existencia de conflictos bélicos, motivo por el cual desciende la mortalidad, y a la llegada a tierras catalanas de una gran cantidad de franceses (muchos de los descendientes de estos franceses son los que se creen actualmente catalanes “de toda la vida”), dada la bonanza que en ese momento supone que España sea la primera potencia mundial. En 1521 Carlos I nombró Virrey de Catalunya al Arzobispo de Tarragona, Don Pedro Folch de Cardona, uniendo Besalú, Vallespir, Perelada, Osona, Ampurias, Urgel y Cerdanya al resto de condados, siendo gobernados juntos por primera vez como región histórica unificada. Es decir, por primera vez en la historia, se puede hablar de Catalunya como región (y que no se me enfaden los separatistas por el término), de una Catalunya más o menos tal y como la conocemos ahora. En ese 1521 es cuando el Principado de Catalunya y el Reino de Aragón son dos realidades distintas aunque, obviamente, mantienen lazos comunes.

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Carlos I de España

Es en esta época cuando los catalanes ya comienzan a comerciar por toda España, motivo por el cual empieza a crecer su economía. Es en este tiempo también cuando los catalanes comienzan a “castellanizarse” en costumbres y en idioma, pero no por imposición, no porque Castilla dominara a Aragón, sino por algo tan simple como que, para poder negociar con la gran mayoría del país, se había que aprender castellano. La mejora económica de Catalunya en estos tiempos se hace visible en que, mientras en el resto de la nación hay revueltas de comuneros debido a los impuestos, en tierras catalanas reina la paz, en parte por pagar unos impuestos mucho más bajos y por no enviar tropas al ejército.

De esta época procede otro de los grandes mitos del nacionalismo. Se trata de la exclusión de los catalanes de los negocios en América. Ya comentamos hace unos capítulos que, en la repartición de las conquistas y los tratados firmados, América pertenecía en su origen a Castilla y no a Aragón, del mismo modo que Nápoles o Sicilia no pertenecían a Castilla. Sí es cierto que Sevilla y su navegable Guadalquivir tenían el monopolio y que el comercio en el Mediterráneo se había complicado a causa de los piratas turcos, pero no había ninguna ley que prohibiera a los aragoneses y, por ende, a los catalanes comerciar a modo personal en América.

Durante mucho tiempo, en Catalunya se presumió de lo que habían hecho muchos catalanes en América y eran vistos como héroes por ello. Sin embargo, después hay un especial interés en fingir que ni un catalán pisó América. ¿Cuándo y por qué? Cuando la conquista deja de verse como una hazaña y se empieza a sentir como un holocausto al pueblo indígena. Es en ese momento cuando, desde Catalunya, se pone empeño en decir que “nosotros no estuvimos allí”.

Sin embargo, las tres primeras iglesias en tierras americanas se dedicaron a Montserrat (Patrona de Catalunya), a Santa Tecla (patrona de Tarragona) y a Santa Eulàlia (patrona de Barcelona). ¿De dónde creen ustedes que eran los sacerdotes? ¡Efectivamente! Lo han adivinado. El Padre Boil, aragonés que había recibido los votos en Lleida, y doce monjes de Montserrat fueron los primeros evangelizadores de América. En ese viaje también estaba Pere Margarit, Jefe Militar que acabaría siendo Gobernador de la Española y que, en su honor, reciben el nombre las Islas Margaritas en el Caribe. Por otro lado, encontramos Jaume Ferrer de Blanes, uno de los cosmógrafos más reconocidos y autor del primer mapa mundi en el que se incluyó América. Todos ellos eran catalanes, como también lo eran personas como el tarraconense Miquel de Ballester, al que Cristóbal Colón nombró Alcaide de la Fortaleza de la Concepción en La Española (por cierto, que Colón le llamara en su desembarque “La Española” y no “La Castellana” hace obvio que la conquista era de toda España y no sólo del Reino de Castilla). Durante el siglo XVI, hubo misioneros como Josep Alemany i Cunill que evangelizaron Nevada o Miquel Domènech Veciana que fue misionero en Missouri. Curiosamente, el Decreto de Nueva Planta de 1716, tan odiado por los separatistas, fue quien acabó con las aduanas dentro de las fronteras de España y ya los súbditos de la Corona de Aragón y, por ende, de Catalunya pudieron negociar sin problemas en todos los territorios españoles incluyendo América.

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Detalles del monumento a Colón en Barcelona con las estatuas de los catalanes antes referidos que viajaron a América.

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Realmente, no hay un documente en el que se prohíba a los aragoneses ir a América, lo que sí existe, tal y como ya comentamos en entradas pasadas, es un acuerdo entre Castilla y Aragón para que todas las tierras del Oeste sean para Castilla y las del Este para Aragón, cuestión que la Reina Isabel la Católica recuerda en su testamento y que, originalmente, proviene de un tratado de 1291 entre Sancho IV y Jaime II (cuando se desconocía la existencia de América y, de ese modo, el pacto era favorable a Aragón).

De lo acontecido en América hay mucho que contar, así que retomaremos más adelante el tema, pero ahora volvemos a centrarnos en la historia de Catalunya y su relación con el resto de España. Obviamente, con la ya definitiva unión de la nación y con Carlos I como el primer oficial Rey de España, no iremos repasando rey a rey lo acontecido, sino que nos ceñiremos a los episodios que crearán controversia en el nacionalismo. Sí hemos de decir que Carlos I es un monarca del que se habla bien en Catalunya, más que nada por poner a los Austrias mejor que a los Trastámara y los Borbones, por más que en esa época y durante varias generaciones Catalunya perdiera importancia ante el gran poder de Castilla, además de que las guerras posteriores contra Francia afectaran por claras razones geográficas a Catalunya, que se convertía en frecuente campo de batalla.

El reinado de Felipe II marcaría el inicio de un proceso de deterioro. La crisis económica que comienza en Castilla en 1580 lleva a que en la economía de Catalunya nazca el bandolerismo. Con Felipe III, en 1618 se inicia la Guerra de los Treinta Años. Inicialmente, se trataba de un conflicto político entre estados partidarios de la Reforma y la Contrarreforma dentro del propio Sacro Imperio Romano Germánico. La intervención paulatina de las distintas potencias europeas convirtió gradualmente el conflicto en una guerra general por toda Europa. Francia se convertiría en potencia de primer nivel, rompiendo la hegemonía del Imperio Otomano y el Español. En 1648, al final de la guerra, tras la Paz de Westfalia, se abre un nuevo mundo de equilibrios de poder.

En 1640, ya con Felipe IV como monarca, ocurre otro de los grandes mitos del nacionalismo catalán y que forma parte de la antes referida Guerra de los Treinta Años, la Sublevación de Catalunya, a la que en el siglo XIX durante la Renaixença se rebautizó con el nombre de Guerra dels Segadors (Guerra de los Segadores). La sublevación comienza con el Corpus de Sangre del 7 de junio de 1640, explosión de violencia en Barcelona, cuyo hecho más trascendente es el asesinato del Conde de Santa Coloma, noble catalán y Virrey de Catalunya, protagonizada por campesinos que se sublevaron debido a los abusos cometidos por el ejército real, desplegado en el Principado a causa de la guerra con la monarquía de Francia.

Para ponernos en antecedentes, hemos de explicar que Felipe IV nunca fue un rey bien visto en Catalunya, pues tardó cinco años en jurar las Leyes Catalanas y se fue de allí sin que las Cortes de Catalunya hubiesen concluido. Los problemas derivados de la Guerra de los Treinta Años habían llevado a la crisis y eso supuso una subida de impuestos y de soldados en todas las zonas de España, de modo que todos esos gastos no recaían ya únicamente en Castilla, que según algunos estudios pagaba un 400% más de impuestos que los demás reinos, condados o principados de España. La Unión de Armas (1626) obliga a que todos los reinos, estados y señoríos contribuyan en soldados y dinero en proporción a población y hacienda. Con ello, a Catalunya le tocará poner 16.000 soldados. Las instituciones catalanas rechazan la propuesta amparándose en su Constitución y privilegios. Obviamente, no eran privilegios de Catalunya como nación o como pueblo ni nada parecido, lo que defendían eran los privilegios de los señores feudales y de sus campesinos, es decir, no es que las autoridades catalanas no quisieran que su pueblo luchase con España, sino que, mirándolo en el contexto histórico, los señores feudales no querían ceder a los campesinos porque eran suyos (los pageses de remensa eran semiesclavos y la oligarquía catalana no quería entregarlos gratis al ejército de la nación). Les parecen derechos anticuados y retrógrados supongo. Pues esos privilegios medievales y no otros son los que el separatismo reclama como “diferencias históricas” y de ahí proviene la tan demandada por ellos como “Libertad de Catalunya”.

Cuando en 1635, y dentro de la Guerra de los Trenta Años, Francia y España entran en guerra, Catalunya vuelve a convertirse en campo de batalla ya que la idea francesa es quedarse con el Rosellón y la Cerdanya. Desde Barcelona, no salen tropas para defender las tierras catalanas de más allá de los Pirineos y, así, son tropas procedentes de Nápoles, de Balonia, alemanes y castellanos las que lo hacen. El ejército se debe alojar entre la población catalana en ese momento y el Conde Duque de Olivares reclama a las instituciones catalanas los soldados para ir a la batalla. Pero la oligarquía, los señores feudales siguen negándose y los campesinos, hartos de alimentar y dar cobijo, se rebelan. El 7 de junio de 1640, fiesta de Corpus, los campesinos entran en Barcelona y estalla la rebelión. Los insurrectos se ensañan contra los funcionarios reales, sacan a los presos de las cárceles y hay motines y un grito que se asocia al nacionalismo catalán, el “Viva la Terra” al que muchos asocian a un “Viva Catalunya”, aunque lo cierto es que en todas las revueltas de campesinos, sea en la provincia de España o en el siglo que sea, se utiliza el término “Viva la Tierra” en señal de que se trata de la tierra y no de los gobiernos quienes les dan de comer. Según los historiadores y a pesar de que el nombre del “Corpus de Sangre” parezca que hubo una masacre, solamente murieron alrededor de 12 personas.

La leyenda del Segadors, tal y como la narra el separatismo a día de hoy, es producto de Manel Angelón i Broquetas que durante La Renaixença escribió en 1857 la novela Un Corpus de Sangre o los fueros de Cataluña. De aquí viene mucha parte de la leyenda, dado que los famosos segadores en realidad, según las crónicas, no llevaban hoces sino mosquetones, navajas y pistolas. La historia de las hoces se la debemos, cómo no, a la Renaixença y más concretamente a Antoni de Bofarull i Brocá y a los cuadros que se pintaron a raíz de ahí, llevando la leyenda de los segadores al tétrico y violento himno de Catalunya que proviene de un poema de Milà i Fontanals en su romancerillo catalán.