Cataluña VII (de 1640 a 1714) Lo que el nacionalismo nunca te contará

Proseguimos con este ciclo sobre la Historia de Cataluña que dejamos con una última entrada localizada en el periodo comprendido entre el año 1511 y 1640:

Tras unos meses de calma, los ataques se dan contra cualquier entidad de poder, así como también contra los señores feudales defensores de la oligarquía catalana, es decir, los campesinos atacan también a la Generalitat de Catalunya. La oligarquía catalana se encontró en medio de una auténtica revolución social entre la autoridad del rey y el radicalismo de sus súbditos más pobres y en 1641 Pau Claris declara la República Catalana bajo la protección de Francia. Sin embargo, las rebeliones de los campesinos continúan y la Generalitat se alía con el monarca francés, rindiendo vasallaje al Rey Luis XIII de Francia, al que nombran Conde de Barcelona. ¿Había tintes reivindicativos nacionalistas, si se acaba dando el poder a un extranjero? Obviamente, no, lo que ocurría es que Claris y los miembros de la Generalitat sabían que sus vidas corrían peligro y se agarraban a un clavo ardiendo. Así que culparon a Felipe IV de sus desgracias y se unieron a su rival. En este tema, los separatistas siempre cuentan que, entre la declaración de independencia del 17 de enero de 1641 y el 23 de ese mismo mes, día en el que se rindió vasallaje a Francia, Catalunya fue independiente… Quién no se consuela es porque no quiere.

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Catalunya 1608

Luis XIII (por cierto, Luis XIII de Borbón para más gracia) nombró entonces un virrey francés y llenó la administración catalana de afrancesados. El coste del ejército francés para Catalunya era cada vez mayor y acabó ocupando la región. Mercaderes franceses comenzaron a competir con los locales, favorecidos los primeros por el gobierno francés, que convirtió Catalunya en un nuevo mercado para Francia. Todo esto, junto a la situación de guerra, la consecuente inflación, plagas y enfermedades llevó a un descontento que iría a más en la población, consciente de que su situación había empeorado con Luis XIII respecto a la que soportaban con Felipe IV. En 1643 comienza la invasión francesa, lo que llevó a que muchos catalanes abandonasen su tierra para ir a otros puntos de España, entre ellos muchos nobles y grandes mercaderes. En 1651 un ejército dirigido por Juan de Austria comienza un asedio a Barcelona. El ejército franco de Barcelona se rinde en 1652 y se reconoce a Felipe IV como soberano y a Juan José de Austria como Virrey en Catalunya. Años más tarde, en 1659, se firmará el Tratado de los Pirineos, pactando que todo aquel territorio localizado al norte de los mismos es Francia y al sur España, es decir, todo el delirio de la oligarquía catalana sólo sirvió para traer hambre, guerras y además perder lo que los nacionalistas llaman la Catalunya Nord (Rosellón, el Conflent, el Vallespir y parte de la Cerdaña).

A raíz de ahí, el gobierno de los Austrias fue mucho más centralizado. Hablaremos ya, pues, de Carlos II “El hechizado”, cuya muerte sin descendencia en el año 1700 sería clave para otra de las mitificaciones del separatismo catalán, la Guerra de Sucesión, que en Catalunya se vende como de Secesión. Lo acontecido en ella fue que Carlos II dejó en testamento que el heredero al trono fuese Felipe de Anjou y su hermana, la infanta María Teresa de Austria, la mayor de las tres hijas de Felipe IV. Sin embargo, en la corte había quien prefería que el futuro rey fuese el archiduque Carlos de Austria, con tal de que no cambiase la dinastía. No obstante a ello, la línea sucesoria era clara y, por más que siempre se achacó por parte de los austricistas a presiones para la firma del testamento, lo cierto era que María Teresa de Austria y, en ese caso, su marido tenían el derecho. El problema se enquistó ya que la mayoría de las naciones no veía con buenos ojos que los Borbones pudieran reinar en Francia y España, lo que les supondría ser la primera potencia mundial.

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Felipe V, pintado por Jean Ranc (1725)

En Catalunya se aceptó inicialmente a Felipe V, pues éste había jurado y prometido guardar sus fueros. Sin embargo, las clases dirigentes catalanas fueron desconfiando por lo que percibían como formas absolutistas y centralistas del nuevo monarca, así como también por la política económica pro-francesa que se estaba llevando a cabo. Curiosamente, el recuerdo del mal comportamiento de los franceses, cuando la Generalitat vendió su pueblo a Francia, volvía ahora para ir contra el nuevo Rey de España. Ello derivó en hostilidad en Catalunya, que acabaría uniéndose a la Alianza de la Haya y se posicionaría del lado de Carlos de Austria como heredero al trono. De modo que, mientras Castilla y Navarra se posicionaban de parte de Felipe, los antiguos territorios de Aragón lo hacían mayoritariamente de parte de Carlos, llegando éste a eser reconocido por los suyos Rey en Barcelona con el nombre de Carlos III de España. La sucesión al trono se traslada a Europa donde Francia, Baviera, Colonia, Mantua y Saboya luchan por Felipe y Austria, Prusia, Hannover, los Países Bajos, el Reino Unido y Portugal lo harán por Carlos, llegando, incluso, a América y convirtiéndose, así, en la primera guerra a nivel mundial.

Obviamente, en todos los territorios de España y, por supuesto, en Catalunya también había Felipistas y Carlistas. Ahora se vende como que los partidarios del Borbón eran más españolistas y los partidarios del Austria más catalanistas, lo cual es totalmente absurdo; primero, porque en esa época no había países como ahora, sino que se regía por vasallajes a reyes y, segundo, porque los borbónicos defendían a un rey cuanto menos más extranjero que el Austria que, al menos, era de la misma familia de reyes desde Carlos I, es decir, el bando que defendían mayoritariamente en Catalunya era la continuación de la dinastía de los reyes españoles, por más que Felipe fuese el rey legítimo. Es muy contada la historia sobre cómo las tropas de Felipe V conquistaron Barcelona en 1714, pero no se cuenta tanto, sin embargo, que la ciudad era felipista en un principio y que los partidarios del Archiduque Carlos la asaltaron antes, bombardeándola desde el mar. El ejército de Felipe, como hemos dicho, recuperó Barcelona y lo hizo el famoso 11 de septiembre de 1714, día que es conmemorado como el fin de las libertades de Catalunya, como el fin de la nacionalidad catalana, como si esta hubiese existido alguna vez.

Debido a esta efeméride, el 11 de septiembre se celebra la Fiesta Nacional de Catalunya, lo cual es otra forma muy llamativa de ver la historia. Primero, porque ese día no cayó Catalunya, sino que lo hizo Barcelona, defendida de modo heroico. Lo que sí es cierto es que, cuando ocurrió la toma de Barcelona, en Catalunya ya se sabía que, de perder la guerra, se suprimirían sus leyes, porque Aragón y Valencia habían corrido esa misma suerte. Ese es otro de los clavos ardientes en los que se agarra el separatismo para defender que esta guerra fue por la libertad de Catalunya. Sin embargo, de ahí a darle un toque independentista va un trecho, dado que no hay que olvidar que los catalanes austricistas luchaban en todo momento por el Rey de España que ellos creían legítimo y siempre se refieren a Carlos como el Rey de España y no como Conde de Barcelona o Príncipe de Catalunya. Éste es el pregón de los defensores de Barcelona (en Catalán en el original):

Se hace saber a todos generalmente, de parte de los tres Excmos. Comunes, tomado el parecer de los señores de la Junta de Gobierno, personas asociadas, nobles, ciudadanos y oficiales de guerra que, por separado, están impidiendo el internarse los enemigos en la ciudad; dado que la deplorable infelicidad de esta ciudad, en quien hoy reside la libertad de todo el Principado y de toda España, está expuesta al último extremo de sujetarse a una entera esclavitud; notifican, amonestan y exhortan, representando Padres de la Patria que se afligen de la desgracia irreparable que amenaza el furor e injusto encono de las armas galohispanas, hecha sería reflexión del estado en que los enemigos del Rey Nuestro Señor, de nuestra libertad y Patria, están apostados ocupando todas las brechas, Cortadura, baluarte del Portal Nou, Santa clara, Llevant i Santa Eulàlia. Se hace saber que si luego, inmediatamente de oído el presente pregón, todos los naturales, habitantes y demás gentes hábiles para las armas, no se presentan a las Places de Jonqueres, Born i Plaça de Palacio, a fin de que, unidos con todos los señores que representan los Comunes, se pueden rechazar los enemigos, haciendo el último esfuerzo, esperando que Dios misericordioso mejorará la suerte”.

“Se hace también a saber que, siendo la esclavitud cierta y forzosa, en obligación de nuestros empleos , explican , declaran y protestan a los presentes y dan testimonio a los venideros de que han ejecutado las últimas exhortaciones y esfuerzos , protestando de todos los males , ruinas y desolaciones que sobrevengan a nuestra común y afligida patria y exterminio de todos los honores y privilegios , quedando esclavos con los demás engañados españoles y todos en esclavitud del dominio francés ; pero con todo se confía en que todos , como verdaderos hijos de la Patria , amantes de la libertad, acudirán a los lugares señalados , a fin de derramar gloriosamente su sangre y vida por su Rey, por su honor, por la Patria y por la libertad de toda España”.

“Y finalmente los dicen y hacen saber que si después de una hora de publicado el presente pregón no comparecen gente suficiente para ejecutar la ideada empresa, es forzoso , preciso y necesario hacer llamada y pedir capitulación a los enemigos antes de venir la noche, para no exponer a la más lamentable ruina esta ciudad ; para no exponerla a un saco general, profanación de los santos templos y sacrificio de las mujeres , chicos y personas religiosas ; y porque a todos sea generalmente notorio se manda que con voz alta , clara e inteligible sea publicado por todos los calles de la presente ciudad . Dado en la Casa de la Excma. Ciudad , residente en el Portal de San Antonio , presentes dichos Señores Excmos . Y personas asociadas , a 11 de septiembre, a las 3 de la tarde, de 1714 ” .

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Alegaciones Jurídicas impresas en Barcelona y enviadas a Madrid para ganar adeptos a la causa en la que se denomina a Carlos de Austria como “verdadero y legítimo Rey de las Españas”

Catalunya tenía su Constitución, sus leyes, su idioma y su idiosincrasia, cuestión que no discuten, pero este bando municipal es una de las muchas pruebas que existen de que los barceloneses lucharon por España y quienes ellos creían su legítimo rey. Como es obvio, no se nombra a Catalunya, pues no hay ningún toque nacionalista en este asunto y menos independentista.

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Monedas acuñadas en Barcelona de Carlos III como Rey de España

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Con la victoria de los Borbones, algunos de los austricistas catalanes abandonaron su tierra y, una vez en el exilio, en Viena formaron el Consejo Supremo de España (no de Barcelona ni de Catalunya, sino de España), cuyo secretario fue Ramón de Vilana i Perlas. Estos exiliados pudieron volver a tierras españolas en 1725, cuando firmaron el reconocimiento de Felipe V como Rey de España y aceptaron sus leyes, incluido el Decreto de Nueva Planta.

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2 comentarios sobre “Cataluña VII (de 1640 a 1714) Lo que el nacionalismo nunca te contará”

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