Cataluña VIII (de 1714 a 1909) Lo que el nacionalismo nunca te contará

Nueva entrada de este ciclo sobre la historia de Catalunya que dejamos en el periodo de 1640 a 1714:

En 1716 se firma el Decreto de Nueva Planta de Catalunya, con el cual se abolía el Consell de Cent (consejo que muchos creen que es de autogobierno de Catalunya cuando lo cierto es que era solamente de Barcelona), se sustituía el Virrey por un Capitán General, al igual que en el resto de los reinos de la Corona de Aragón, y se dividía Catalunya en doce corregidurías, tal y como sucedía en Castilla, y no en las tradicionales veguerías. Del mismo modo, se prohíben las milicias populares armadas de Catalunya, los llamados somatens, así como también se establece el catastro, gravando propiedades urbanas y rurales y los beneficios del trabajo, el comercio y la industria, y el castellano como idioma oficial de la Audiencia, tras dejar de serlo el latín. ¡Ojo! Se impuso el castellano sobre el latín y no sobre el catalán, como venden en nuestros días los separatistas. El catalán siguió usándose tanto en la documentación notarial como en la literatura no oficial.

Con los nuevos decretos, los impuestos entre reinos, principados y señoríos acabaron y, de este modo, todos los catalanes pudieron comerciar por toda España, América incluida, cosa que supuso un gran crecimiento del comercio catalán. El querer comerciar con el resto de españoles fue la base de la castellanización de Catalunya y el inicio de lo que acabaría siendo la burguesía catalana.

En estos escritos, no buscamos ni héroes ni culpables, pero sí que hay un hecho sucedido en esta época del que no se suele hablar y que es determinante en la historia de Catalunya y del resto de España. A consecuencia de los austriacistas y su defensa de un Rey ilegítimo, como comentamos en la entrada anterior, comenzó una guerra que acabó tomando tintes mundiales y acabaría siendo clave para España, la pérdida de sus posesiones en Italia y los Países Bajos, más Gibraltar y Menorca, así como también en la pérdida del control del comercio con el Imperio de las Indias, a causa de la concesión a los británicos del asiento de negros y del navío de permiso, con el cual comenzó la decadencia española, decadencia que ya en el siglo XIX fue el inicio del separatismo catalán, es decir, debido a la causa austriacista, comenzó el principio del fin del Imperio Español que más tarde serviría de excusa para los nacionalistas catalanes a la hora de querer formar un nuevo país.

A pesar de la difícil situación interna, Catalunya lograría a lo largo del siglo XVIII una notable recuperación económica, centrada en un crecimiento demográfico importante, un aumento considerable de la producción agrícola y una reactivación comercial gracias al comercio con América, abierto totalmente en 1778. Comenzaría, así, la industrialización,  especialmente centrada alrededor del algodón y otras ramas textiles.

En 1808 Catalunya fue ocupada por las tropas de Duhesme, general de Napoleón, incorporada al Imperio Francés y dividida en 4 departamentos: Bouches de l’Ebre, Montserrat, Sègre y TerTal y como sucede en el resto de España, la gran mayoría de la población catalana se rebela contra la ocupación. De este modo, la Batalla del Bruc y los asedios de Girona serán históricas. La capital gerundense fue sitiada tres veces y heroicamente defendida por el pueblo de Girona (lo que no se suele contar es que al mando estaba el general andaluz Álvarez de Castro). El dominio francés se extendió hasta 1814 cuando se firmó el armisticio por el cual los franceses debían abandonar Barcelona y otras plazas fuertes que habían ocupado hasta el último momento.

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Álvarez de Castro

La guerra contra el Francés inició el patriotismo español y, con la Constitución de Cádiz de 1812, el inicio de la nación española, en la que los españoles dejaban de ser súbditos para ser ciudadanos. El patriotismo español se vivió especialmente en Catalunya por su situación geográfica cercana a Francia y por toda su historia de conflictos con estos. Los representantes catalanes en las Cortes hicieron especial hincapié en que Catalunya conservase, a toda costa, los privilegios y fueros de los cuales gozaba, sin perjuicio, incluso, de recobrar los que disfrutó durante la monarquía de los Reyes de la Casa de Austria. Los catalanes querían una España unida, fuerte, bélica, pero no centralizada.

En España hubo disputas entre liberales y conservadores, pero los campesinos de Catalunya siempre estuvieron del lado de los conservadores y de la monarquía autoritaria. En 1827, con la Guerra de los Agraviados o dels Malcontents, voluntarios catalanes que pedían leyes absolutistas, la vuelta de la Inquisición, el poder de la Iglesia y la muerte de los liberales y sus ideas, 30.000 hombres se movilizaron en Catalunya para defender el poder absoluto del Rey de España.

Tras la muerte de Fernando VII y la deriva que llevó a la Guerra Carlista, una guerra civil entre los partidarios de que el trono estuviese en manos de la reina Isabel II y los partidarios del infante Carlos María Isidro de Borbón (éste último defendía el absolutismo, la España más rancia, en la que la nobleza y la Iglesia estaban por encima del resto de la población), la mayoría de catalanes se posicionaron al lado del Carlismo y en contra del liberalismo, de las ideas progresistas y de una España de ciudadanos iguales, es decir, la mayoría de los catalanes defendían la monarquía tradicional, resumida en su lema “Dios, Patria, Rey”.

La Segunda Guerra Carlista sucedió casi íntegramente en tierras catalanas. Ninguna tierra como Catalunya luchó tanto por el conservadurismo, la monarquía y la Iglesia. La postura carlista, defendida por la mayoría de los catalanes, perdió ambas guerras, sin embargo, eso beneficiaría a Catalunya pues la victoria de los liberales sobre los carlistas dio pie al desarrollo de la Revolución Burguesa bajo el reinado de Isabel II. Los vencedores se dividieron pronto en moderados y progresistas. En Catalunya, sobre todo en Barcelona, la industrialización avanza a mayor velocidad que en el resto del país y muchas personas que habían llegado a Barcelona huyendo del duro trabajo del campo, comienzan a tener que trabajar más horas y en peores condiciones en las fábricas. Así surgirá una nueva clase social, el proletariado.

El reinado de Isabel II, marcado por la corrupción, la mala administración y el centralismo, hizo que en España se desarrollara la ideología republicana y federal que tuvo especial auge en tierras catalanas. El descontento estalló la Revolución de 1868, La Gloriosa, que causó la caída de Isabel II y dio lugar al comienzo del Sexenio Revolucionario. Siendo Jefe de Gobierno el catalán general Prim, que había superado en las elecciones al también catalán Pi i Margall, se decidió mantener la monarquía en la persona de Amadeo de Saboya. Sin embargo, el asesinato de Prim privó al nuevo monarca de su principal apoyo antes de llegar a España.

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El nuevo Rey abdicó dos años después y el enfrentamiento entre las diversas opciones monárquicas favoreció la proclamación de la República que tendría como presidente temporal al catalán Estanislau Figueras, quien pronto convocó elecciones, en las cuales ganaría el catalán Francesc Pi i Margall. Curiosamente, cuando en Catalunya comenzaba a asomar el nacionalismo, la presidencia del gobierno español se sucedía catalán tras catalán.

Sin embargo, durante la misma República, en Catalunya se suceden diversos intentos separatistas que fueron neutralizados. A la mayoría de los catalanes no les gustaba la España Liberal, izquierdista y antieclesiástica de la República y pronto desde Catalunya se preparó la Segunda Restauración Borbónica que coronó a Alfonso XII como Rey de España. La monarquía era sinónimo de orden para la burguesía catalana, motivo por el cual fue la gran promotora de la vuelta de Alfonso XII. De hecho, en gratitud al pueblo barcelonés, el monarca decidió entrar en España por Barcelona.

En 1880 tiene lugar el Primer Congreso Catalanista en el cual se reclamará una escuela en lengua catalana para transmitir su cultura y lengua. En 1883 se reúne de nuevo el Segundo Congreso Catalanista, dando paso al primer acto oficial en catalán: el Memorial de Agravios, un escrito que pide al Rey ciertos privilegios políticos. Los componentes del Centro Catalán querían conseguir el apoyo de la burguesía, pero estos hacían suyo el catalán medievalizante.

Alfonso XII murió repentinamente, quedando la Reina María Cristina como regente al trono hasta la mayoría de edad de su hijo. En 1888, aprovechando la visita de la Reina Regente a Barcelona para la Exposición Universal, redactan el Mensaje a la Reina Regente, pidiendo autonomía política para Catalunya. En 1891 la Unió Catalanista redactó las Bases de Manresa, un programa de autonomía para Catalunya. Pi i Margall luchaba por el federalismo, es decir, que España fuese una unión de federaciones territoriales unidas, pero desde el gobierno se observan todos esos movimientos catalanistas como un primer paso hacía el separatismo.

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Bases de Manresa

En 1901 se formó la Lliga Regionalista de Enric Prat de la Riba y Francesc Cambó. En ese mismo tiempo, nacen también tres grandes tendencias: el sindicalismo, el socialismo y el anarquismo. Poco después, aparecería Alejandro Lerroux quien, con demagogia y populismo, sí consiguió dos cosas importantes: una, que los obreros se preocupasen por la política y, dos, que estos observaran que el catalanismo no era más que una distracción burguesa para que, mientras se pedía idioma y Juegos Florales, no se reclamase trabajo digno y libertades para los trabajadores.

Tras la movilización de reservistas para su envío a la zona de Melilla, donde el día 9 del mismo mes había comenzado la Guerra de Melilla (para muchos motivada exclusivamente por el descubrimiento del año anterior de unas minas propiedad de una sociedad controlada por el Conde de Romanones, el Marqués de Comillas y el Conde de Güell), aconteció en Barcelona la Semana Trágica entre el 26 de julio y el 2 de agosto de 1909.

Los disturbios de la ciudad de Barcelona suponen un total de 78 muertos (75 civiles y 3 militares), medio millar de heridos y 112 edificios incendiados (80 edificios religiosos). El gobierno Maura, inicia de inmediato una represión durísima y arbitraria. Se detienen varios millares de personas, de las que 2000 fueron procesadas, resultando 175 penas de destierro, 59 cadenas perpetuas y 5 condenas a muerte: Josep Miquel Baró, un nacionalista republicano; Antonio Malet Pujol, un republicano lerrouxista; Clemente García, el joven discapacitado mental que había bailado con el cadáver de una monja por las calles de Barcelona;  Eugenio del Hoyo, un ex guardia civil y guardia de seguridad; y Francisco Ferrer Guardia, anarquista cofundador de la Escuela Moderna. El caso de este último fue clave para que Maura tuviera que dimitir.

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Semana Trágica en Barcelona
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