A vueltas con el Día de la Constitución en Rubí

En mi entrada de hace unos días, aplaudía como constitucionalista que mi ciudad Rubí celebrara el Día de la Constitución. Entre otras cosas, indiqué que el PSC de Rubí, mostrando su constitucionalidad, se acercaba más al pensamiento de sus votantes, constitucionalistas en su mayoría.

A mí no se me caen los anillos a la hora de alabar las cuestiones buenas que hacen formaciones a las que yo no he votado. De hecho, en lo que al tema constitucionalista se refiere, también he de alabar al PP, el único partido en el que, junto a Euzkadiko Ezkerra, algunos de sus miembros votaron en contra de esa Constitución y que ahora ha moderado su discurso.

Sin embargo, todas las fuerzas que se han mostrado anticonstitucionalistas han tratado de señalar la celebración como algo que realmente no es. Los partidos nacionalistas enfocan dicha celebración como una suerte de fiesta “españolista” que, obviamente, no es, pues el 6 de diciembre es un día de ciudadanía que poco tiene que ver con la mirada que otros quieren dan.

La Constitución fue redactada y votada por miembros de la mayoría de partidos, entre ellos socialistas, comunistas y nacionalistas vascos y catalanes. Se hizo por consenso y obvio es que todas las partes tuvieron que ceder. La Constitución no es perfecta para ninguno de nosotros y ese es su gran valor, pues no está hecha para que nadie se la apropie, es de todos con sus virtudes y sus defectos.

La Constitución, a mi modo de ver, fue dar un portazo a cuarenta años de dictadura franquista en los que las libertades de los españoles quedaron secuestradas. Sin embargo, otros han opinado que la Transición, que la democracia, que la Constitución… no devolvieron a España a dónde debía, a la República, sino a una monarquía que el dictador había dejado en su testamento.

¿Ese es todo el problema? ¿Que España no es republicana? Si ese es todo el problema, todo podría tener fácil solución. Yo entiendo que en la mayoría de las personas que vota fuerzas constitucionalistas como PP, PSOE, C’s tiene claro que, en una sociedad ideal, no debería haber monarca. Ese debate llevaría a un cambio constitucional pero, antes de plantearnos abrir el melón constitucional, deberíamos preguntarnos si vamos a respetar la Constitución que quede tras los cambios o los partidos que ahora plantean estos cambios seguirán quejándose hasta que tengan una a su imagen y semejanza.

Cuando observas que las personas que más se quejan de la celebración del Día de la Constitución en Rubí, a la vez, alaban la figura del dictador cubano Fidel Castro, te da que pensar sobre si verdaderamente vale la pena reformar la Constitución a petición de esas formaciones políticas, en las que se defienden dictadores si son de su ideología. Franklin Delano Roosevelt, en una referencia al dictador nicaragüense Anastasio Somoza, dijo: “Es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta“. Eso piensan muchos de Fidel. Cuando se acabe el sectarismo, se podrá empezar a pensar en tener un mundo mejor

España es el único país donde se asocia república a izquierda y es el único país también en el que los comunistas acusan de fascista a todo aquel que no es comunista, como si en el mundo no hubiera más que blanco y negro y no toda una gama de colores. Durante el franquismo, se creía que todo aquel que no era franquista era comunista; ahora creen que todo el que no es comunista es franquista… ese y no otro es el drama de España.

¿Pero de verdad todo se centra en una España Republicana? ¿Eso es todo para los miembros de ICV? Hacia una república es fácil ir, muchos podríamos encontrarnos en ese camino, eso sí, hacía una república del siglo XXI, no a una reedición de la II República porque aquella, no sólo no fue ejemplar, sino que, desde las fuerzas más a la izquierda, fue  traicionada por la idea de una dictadura comunista, así como también por la extrema derecha y el bando nacional de Franco.

A mí no me disgusta cuando el miembro de AUP (coalición que entre otros está la CUP) dice aquello de que “Ustedes mismos, es su país no es el mío” porque el señor Àitor Sánchez y su partido dicen lo que piensan y son coherentes en campaña, en el consistorio y fuera de él, pero los que votan a ICV y, repito, los que lo votan, no digo sus afiliados, deben saber qué es lo que defiende su partido, por qué ese ataque feroz a una constitución que es de todos y que, incluso, el PC y el PSUC votaron positivamente está a mí parecer fuera de lugar.

Y no hagan demagogia, no vuelvan a hablar de la Constitución como si fuese un apéndice del franquismo; no vuelvan a hablar de que los militares la condicionaron, mientras se olvidan de que los terroristas también la condicionaron. No olviden que la extrema derecha y la extrema izquierda se unieron contra la Constitución; no olviden que, tristemente, la izquierda fue atacada, pero también sufrieron ataques miembros de partidos como la UCD.

Piensen en por qué personas como yo, (que somos miles en Rubí) hemos dejado de votar a fuerzas como PSC e ICV porque han hecho políticas cercanas al nacionalismo catalán y, sobre todo, dejen de hacer de todo una lucha de bandos, dejen de recordar la Guerra Civil, dejen descansar a los muertos, porque yo, que tengo que aguantar que  valoren si soy o no nacionalista español, que si soy o no franquista, que si soy o no monárquico, también tengo familiares en alguna cuneta, hay personas de mi sangre enterradas sin honra tras ser fusiladas por el bando nacional. De modo que, por más que en política se pueda discutir casi todo, hay una cosa que no voy a discutir, mis muertos son míos, así que, señores de ICV, ERC, AUP, con todo el respeto, no se apropien de mis muertos y menos con fines políticos.

Entre Donald Trump y Belén Esteban

Siempre me han sorprendido esas personas que, cuando van al cine, hablan de una película diciendo que se trata de un filme de Bruce Willis o de Julia Roberts o del actor que sea, por el simple hecho de que las películas no son de los actores, son de los directores. Yo voy a ver películas de Woody Allen o de Danny Boyle, pero nunca he ido a ver una película por un actor porque, como es obvio, el estilo lo pone el director o el guionista y la película la hace todo un equipo, un equipo en el que, nos gusté o no, la mayoría de las veces los actores son lo de menos. Sin embargo, cuando la gente va a ver las películas de Mario Casas o de Adriana Ugarte es porque, probablemente, desde el propio mundillo del cine se vende que el cine es de los actores y no de los directores, por más que, si reflexionamos, es obvio que no es así.

En el mundo de la política, pasa algo parecido, muchos son de este o aquel actor, es decir, de tal o cual político cuando lo que deberíamos es tratar de ser de unos ideales, de una ideología, mucho más que de un partido o de un político. Así ocurre que son más importantes los actores que, incluso, el personaje; la actuación que el contenido. Los avatares políticos de los últimos tiempos han hecho que, para muchos, la política se haya convertido en una película sencilla, de buenos y malos, de indios y vaqueros. No obstante, no nos damos cuenta de que, en esas películas, que son vistas desde el lado de los vaqueros, nos parece que los vaqueros son los buenos y ni siquiera nos hemos planteado que no pueda ser así. Nunca hemos visto el lado de los indios y, como lo desconocemos, no son los nuestros sino los otros, los de ellos.

Hay un  gran número de personas, unos por edad y otros por desgana, que nunca habían prestado atención a la política y que, sin embargo, ahora parecen ser grandes especialistas. A pesar de ello, si les preguntases qué es la socialdemocracia, el liberalconservadurismo, el socioliberalismo o cualquier otro pensamiento político, no sabrían decirte ni la historia de esos movimientos ni qué significan, ni siquiera qué partidos se asocian a esas corrientes de pensamiento. Todo es una peli de vaqueros, de buenos y malos, una peli enfocada desde un solo punto de vista. Y eso hace que haya miles de personas que, verdaderamente, se crean que el Congreso se divide entre “La Gente” y “Los Fascistas”.

Ha cuajado la idea de que, porque no todo haya salido bien, porque haya habido casos de corrupción política y judicial, la democracia no es real y esa irrealidad se achaca a ser una herencia del franquismo, por eso, todos los que piden respeto a la democracia y a la Constitución son fascistas. Pero lo cierto es que es completamente al revés. Primero, y como es obvio, porque los corruptos son los que no han respetado la Constitución y, segundo, porque esa corrupción judicial que todo el mundo achaca a que los jueces, en parte, son elegidos por los partidos políticos, en realidad muestra el desconocimiento de que, en realidad, eso fue un punto exigido por la izquierda para firmar la Constitución y que, precisamente, Alianza Popular y la UCD de Adolfo Suárez estaban en contra de ello.

Sin embargo, ahora leemos el presente como si el partido que está en el Gobierno fuese quien ha redactado esa norma. La creencia de que quien gobierna hace y deshace sin tener que rendir cuentas es muy común en nuestro país cuando, en realidad, no es así, entre otras cosas gracias a la Constitución. De este modo, en esta eterna campaña electoral que hemos vivido y que ha durado más de un año, cada vez que la policía o los medios de comunicación han sacado a la luz un caso de corrupción del PSOE, de Podemos o de un partido nacionalista, se ha achacado a que estos están dirigidos por el partido que gobierna. No obstante, si repasamos la hemeroteca, el 80% de los casos de corrupción que han salido en este tiempo pertenecían al Partido Popular.¿Entonces? ¿Hay un gobierno fascista que controla todo o vivimos en una democracia donde la policía y la prensa tienen su calendario propio y no miran, si hay elecciones o no, para destapar un caso de corrupción?

¿Entonces por qué muchos tienen la sensación de que el Gobierno dirige los jueces, la policía y la prensa? ¿Por qué ven la película sólo desde el lado del vaquero y no del indio? Por qué, sino, los de más a la izquierda y los nacionalistas no protestan cuando hay personas que rodean el Congreso de los Diputados el día en el que, democráticamente, los representantes del pueblo están invistiendo al Presidente del Gobierno, nos guste o no, sea quien sea ese Presidente que, por cierto, a mi tampoco me gusta

A partir de la investidura es cuando comienza la verdadera película. Pero muchos no quieren verla por el director que somos los españoles, los de derecha, los de izquierda, los de centro, los andaluces, los madrileños, los vascos, los conservadores, los socioliberales, los comunistas… sino que quieren ver los actores, a sus actores preferidos, aunque hagan de villanos, como fue el caso de Pablo Iglesias o de Gabriel Rufián. Eso sí, Rufián tiene una excusa, él quiere que la película sea mala, quiere que España fracase, de hecho, está en Madrid y no en el Parlament de Catalunya porque es un político mediocre. Por este motivo no está en el gobierno de Catalunya y está en el Congreso de los Diputados, pues saben que allí puede hacer perfectamente el papel de Tardà, un bufón burlesco e irrespetuoso, con la tranquilidad de que en el Congreso no tiene nada que hacer, no tiene trabajo, no ha de hacer que el país vaya a mejor, sino que solamente debe entorpecer del mismo modo que estos años ha hecho Tardà. Pero al estilo charnego, para que en Madrid vean que los hijos de los que vinieron desde otros puntos de España ya están bajo el abrazo del independentismo.

Peor es el caso de Iglesias cuando parafraseó a Primo de Rivera al decir que el Congreso no representaba al pueblo, sino que el pueblo estaba fuera. Aplaudió a Oskar Matute de Bildu y se quedó quieto cuando PP, PSOE, Ciudadanos y PNV aplaudieron a las víctimas de ETA. Eso sí, Pablo Iglesias perdió el protagonismo, no fue el malo de la peli, Rufián le ganó, consiguió dividir el Congreso entre los que para él son la gente y los fascistas, pero que en realidad son constitucionalistas y guerracivilistas. Que Rufián fuese el protagonista es lo de menos, lo peor es el estilo, entre Donald Trump y Belén Esteban, y sobre todo que haya una parte de la población que lo defienda porque ha visto la película desde el lado de los vaqueros.

Lo importante es buscar el bien de España y España no es el Rey, ni el Presidente, ni siquiera el Himno o la bandera; España son los ciudadanos que vivimos en este país y, por mucho que haya quien no le guste España, no se sienta cómodo con su historia, con su presente o con lo que sea, deben dejar de engañarse, no se puede querer el bien de los ciudadanos sin que el país vaya bien. Si a España le va bien, a nosotros nos irá bien y eso solamente se consigue uniendo fuerzas y no poniendo palos en las ruedas, como hacen Iglesias, Rufián y compañía.

Fuente de la fotografía de portada: elperiodico.com

¿Podemistas de Cristo Rey?

De niño, era bastante curioso y me gustaba ver las noticias. Nací en 1979, soy hijo de la Transición, lo que me lleva a no haber vivido el Franquismo pero sí el cambio de la España de la Dictadura a la democrática.

En uno de esos recuerdos infantiles que se quedan grabados en la mente, tengo el de cuando en la televisión hablaron, a principios de los ochenta, de los Guerrilleros de Cristo Rey, un grupo parapolicial de extrema derecha que ya apenas cometía actos vandálicos y terroristas, pero del que aún se hablaba en reportajes y documentales.

Lo cierto es que daba miedo pensar que uno podía estar en cualquier sitio y que estas personas apareciesen para lincharle. No volví a oír a hablar de los Guerrilleros de Cristo Rey hasta años más tarde, cuando estando jugando en el parque, llegaron unas personas a poner un atril y hablar de política. Eran de Iniciativa per Catalunya, nos dieron unos globos y pegatinas y aceptamos acabar el partido de fútbol y dejarles hacer el mitin.

Los mayores que había por ahí decían “estos son los del PSUC”. Yo pregunté por qué ponía Iniciativa entonces y me respondieron que eran los mismos que se habían cambiado el nombre. Al PSUC yo no lo conocía tanto por la televisión sino porque había pintadas de ellos hechas a plantilla por todo el barrio.

Entre los que llegaron, había varios vecinos que conocía; uno de ellos dijo que ahora era más fácil dar discursos porque “ya no les llamaban rojos, ya todo el mundo sabía que no tenían cuernos y rabo”, y porque “ya sabían que no iban a aparecer los guerrilleros de Cristo Rey”.

Cuando volví a casa, pregunté a mi padre sobre todo aquello: Inciativa, el PSUC, los rojos, los cuernos y el rabo y los Guerrilleros de Cristo Rey.

Mi padre me contó que todo eso significaba que la Democracia se hacía grande, que ya todo el mundo entendía que había que oír a todos y que las discusiones se debatían en las urnas votando. No entendí del todo aquello, pero ahora sí que entiendo que mi padre tenía razón, que esas palabras significaban darle normalidad a todo.

A veces he pensado que los que nacimos más o menos en ese tiempo tuvimos la sensación de que lo hicimos en el mejor momento. Siendo pequeños, asfaltaron las calles del barrio, se normalizó la política, ya no había luchas entre fachas y rojos, no había guerra y, como decía mi padre, los problemas se resolvían en las urnas.

A día de hoy, creo que estamos yendo para atrás a marchas forzadas. El adulto que soy hoy no entiende que un grupo de extrema izquierda tratara de coartar un derecho tan fundamental como es la libertad de expresión al Presidente Felipe González y mucho menos que a alguien que estuvo en la cárcel por su lucha contra la Dictadura se le acuse de facha.

España tiene que ser valiente, no puede ser un país timorato ante este auge de la extrema izquierda. Los periódicos no deberían hablar de protestas o actos vandálicos cuando ocurren estas cosas. No es la primera vez que esto sucede pues, en estos últimos años, Rosa Díez, Albert Rivera o Mariano Rajoy, quien llegó a ser agredido, han recibido ataques terroristas por parte de la extrema izquierda. Porque eso es lo que son ataques terroristas, así se debería hablar de ellos cada vez que alguien trata de causar terror a los que asisten a charlas, conferencias o ruedas de prensa de alguien que, ejerciendo la libertad de expresión, trata de convencer a los ciudadanos de que les den su apoyo y ejerzan su libertad de voto.

Ahora debatiremos quiénes eran estos jóvenes que han querido causar terror a Felipe González y a las personas que asistían a oírle en la Universidad. Pero todos sabemos quiénes son, así como también sabemos qué partidos son los que no dan especial interés a condenar estas actuaciones. Podemos, Izquierda Unida, Bildu, CUP, ERC, BNG etc. etc. La extrema izquierda que lucha contra un enemigo imaginario que ellos llaman fascismo.

Decir que en España hay fascismo es de risa, para troncharse y mondarse. Ojalá todos los países de Europa tuvieran un porcentaje tan bajo de personas de ultraderecha como tenemos en España. Sin embargo, la extrema izquierda aprovecha ese amigo imaginario para llevar a un enfrentamiento político que cada vez está más cerca de la calle.

De niño también oí muchas veces el cuento en el que, de tanto avisar que viene el lobo, acaban no creyéndole cuando vino de verdad. Yo no quiero convertirme en ese hombre que decía que viene el lobo, pero yo creo que todos sabemos que algo duro está por llegar. Ya se está hablando de que habrá una huelga general organizada por Podemos para diciembre si Mariano Rajoy es investido Presidente. Me da miedo esa huelga, de verdad lo digo, porque hoy hay algo que hace unos años no había: partidos políticos, como los que nombré antes, que tienen apoyo popular, y estos grupos vandálicos que tiene el apoyo de algunos partidos políticos que todos sabemos.

¿Eran los asaltantes podemistas de Cristo Rey? Respondan ustedes mismos.

Los últimos de Filipinas

El sitio de Baler fue un asedio al que fue sometido un destacamento español por parte de los insurrectos filipinos en la iglesia del pueblo de Baler, en Luzón (Filipinas), durante 337 días. España y Estados Unidos pusieron fin a la guerra y España cedío la soberanía a los Estados Unidos. Sin embargo, durante los últimos seis meses, los hombres atrincherados en Baler siguieron defendiendo sus posiciones, no creyendo que la guerra ya había acabado. A esta heroica defensa de aquellos hombres se le conoce como “Los últimos de Filipinas”.

De ese momento histórico me acordé al ver a Pedro Sánchez y los suyos atrincherados en la sede del PSOE de Ferraz; algo que vi con tristeza y que, junto al años sin gobierno y al intento golpista de los separatistas de Catalunya, hace que sea el momento más frágil de la historia de nuestra joven democracia. No es bueno para el país, más allá de nuestros ideales políticos, lo que está sucediendo en el Partido Socialista.

Lógicamente, los problemas del partido hasta ahora liderado por Pedro Sánchez no vienen de nuevo pues el PSOE tiene un pasado turbio del que, para saber más, recomiendo la lectura del libro de Juan Carlos Girauta La Verdadera Historia del PSOE (Buenas Letras, 2010),  desde el inicio  han tenido que convivir bajo las mismas siglas personas que ideológicamente iban desde el socioliberalismo hasta el socialismo marxista, pasando por la Social Democracia. Para más dificultad, ha de convivir con las 17 identidades diferentes que tiene el PSOE en cada una de las autonomías.

Creo que ese ha sido uno de los grandes problemas del partido socialista, tener tan diferentes discursos y, de hecho, de ahí surgieron los nuevos partidos Ciudadanos y Podemos. Aún recordamos a Pedro Sánchez presentándose a candidato con una gran bandera española tras él, tratando de dar normalidad a que la izquierda no se avergüence de la bandera de la España democrática, mientras que en Valencia Ximo Puig pactaba con un partido pancatalanista como Compromís, en ciudades catalanas se gobierna junto a ERC o la CUP y en Galicia con el BNG, por no hablar de la gran multitud de pactos con Podemos, partido que defiende referéndum ilegales para romper España.

Cierto es que el PSOE ha puesto mucho de su parte para estar como está, pero no es menos cierto que PP y Podemos hayan aprovechado muy bien su debilidad para acabar de romper a los socialistas. El PSOE ha sido tirado de un brazo por Populares y del otro por Podemistas hasta que se han roto por la mitad. Hace unos meses, Pablo Iglesias tuvo en su mano que Sánchez fuera presidente del gobierno y votó, junto al PP y los independentistas, incluido Bildu, contra él, recordando la cal viva. Para Podemos, no era posible aceptar un gobierno de PSOE con C’s pero sí veía viable un gobierno con ellos más sus mareas y los que desean romper España.

En ninguna cabeza (sana) cabe la posibilidad de que se pueda pactar una investidura de gobierno con partidos que quieren romper la unidad nacional que ese gobierno representaría. Sin embargo, tenemos que oír a personajes como Miquel Iceta, que antes de las autonómicas calcaba el discurso de unidad de catalanes que defendía Inés Arrimadas para C’s, proponer ahora un gobierno de Sánchez con el consentimiento de los separatistas en un Parlament Catalán donde Puigdemont está anunciando el intento de dar un golpe de Estado a la soberanía popular.

¿Cuántos PSOE hay? Es muy normal tener varias corrientes dentro de un partido, pero ¿hasta qué punto? Una de las grandes dificultades que tienen los socialistas es la red clientelar que les da votos pero que, a su vez, les hace tener dentro de sus muros personas de tan diferente pensamiento. Me consta que hay personas dentro del PSOE que miran lo mejor por el partido, más allá de lo que sea lo mejor por el país e, incluso, no siendo fiel a sus propios pensamientos, y eso a la larga trae problemas. El PSOE se comporta como una empresa, una sociedad en la que muchos de los que están dentro tratan de hacer lo mejor para progresar, a pesar de sus ideologías.

Veremos qué ocurre en los nuevos episodios pero, de cara a lo que nos preocupa a los que no somos votantes socialistas, tenemos que estar expectantes pues verdaderamente creo que, a día de hoy, lo mejor para España es que el PSOE deje gobernar al PP en minoría y no ir a unas nuevas elecciones en las que todo indica que Mariano Rajoy conseguirá mayoría absoluta.

Mejor una España… ¿Roja? ¿Rota? ¿O azul?

A José Calvo Sotelo se le asocia la frase: “Es mejor una España roja que una España rota”. Al parecer, la frase la dijo siendo Diputado en el Congreso, aunque hay una versión más larga de la misma cita que podría haber sido pronunciada por Calvo Sotelo en un mitín en Urumea, San Sebastián, y que dice: “Entre una España roja y una España rota, prefiero la primera, que sería una fase pasajera, mientras que la segunda seguiría rota a perpetuidad”.

Algo así pensé yo mismo cuando, en Barcelona, Barcelona en Comú sacaba del Ayuntamiento a Convergència i Unió. Ada Colau era para mí algo así como un mal menor ante un ayuntamiento separatista. Meses después, tuve que reírme, aunque no tenga gracia, cuando oí a la propia Colau y a miembros de su partido decir que en Catalunya hacía falta un partido de izquierdas catalanista, más allá de que un socialista o un comunista no puedan ser nacionalistas por ideología propia, cosa que da la impresión de que las personas de izquierdas parecen olvidarse.

¿Acaso se habla de nacionalidades en la internacional socialista? “El mundo va a cambiar de base.
Los nada de hoy todo han de ser”(…) “Agrupémonos todos, en la lucha final.El género humano es la internacional”. Mundo, género humano… ¿dónde hay lugar para el nacionalismo en la izquierda?

Lo importante es que en Catalunya todos los partidos de izquierda son o catalanistas o nacionalistas o independentistas. De modo que, en todo caso, en Catalunya lo que se necesita es un partido de izquierda no catalanista, no nacionalista, no separatista. Para lo demás, ya está la CUP, ERC, Podemos, PSC, etc. etc. etc.

Más preocupante es que los partidos de izquierdas nacionales, por cierto complejo histórico, apoyen el nacionalismo. Por muchas vueltas que le queramos dar, la libertad no está en dejar que una ley la pueda votar el pueblo si esa misma ley quita libertad al pueblo. El archifamoso referéndum catalán no es más que aceptar que la soberanía no está en los ciudadanos sino en los territorios, en las expansiones de tierra, tal y como ocurría en la época feudal.

Si en alguna zona de Andalucía, Castilla o Extremadura la familia de los Duques de Alba dijeran de hacer un referendúm para que en sus tierras hubiera leyes propias, Podemos y PSOE pondrían, con razón, el grito en el cielo. Pues no es muy distinto lo que quieren hacer en Catalunya. Sin embargo, la izquierda no es capaz de quitarse el complejo. Durante 40 años Franco secuestró España, sus símbolos, sus instituciones… pero no eran suyas. ¿Entonces? ¿Por qué la izquierda no se sacude el complejo y comienza a sentir España con naturalidad? ¿Por qué le avergüenza su propio país?

Ese sentimiento de la izquierda es el que hace que se asocie al nacionalismo. Como si defender la unidad de España fuese cuestión de “fachas” y no de constitucionalistas. ¿Todavía seguimos con los traumas de la Guerra Civil? Entonces, si Podemos o algún otro partido de izquierdas se presenta como nuevo, me pregunto yo, ¿se puede ser nuevo teniendo la cabeza en la Guerra Civil? ¿Prefiere la nueva izquierda una España rota para siempre que una España azul por un tiempo?

Porque ni siquiera se puede entender que ni PSOE ni Podemos se acerquen al nacionalismo por reeditos electorales puesto que ni en Catalunya ni en el País Vasco ni en Galicia gana Podemos ni PSOE, ni siquiera entre los dos juntos pueden gobernar. ¿Por qué la izquierda puede aceptar la independencia de tres regiones españolas donde eternamente gobierna la derecha con fuerzas conservadoras como Convergència, PNV y PP? ¿Verdaderamente no se dan cuenta de que España quedaría rota y que Galicia, el País Vasco y Catalunya son azules y no rojas?

¿Por qué tratamos de ver la independencia como algo progresista y de izquierdas y que, en las llamadas “naciones históricas”, ganen una y otra vez fuerzas conservadoras? ¿Por qué personajes como Iceta, líder del PSC, dice que prefiere pactar con independentistas de derechas y no con el Partido Popular? ¿Para un constitucionalista de izquierdas no es menos mala una España azul temporalmente que una España rota para siempre? ¿Por qué Iceta no tiene narices a decir eso ante unas elecciones catalanas? Y es que, antes de las autonómicas, calcó el discurso de Ciudadanos, de hecho, hasta Podemos en Catalunya calcó dicho discurso, motivo por el cual Colau y los suyos no apoyaron a Iglesias en su momento. ¿Es lícito que Podemos quiera recoger en las autonómicas catalanas el voto de los constitucionalistas y en las generales el de los independentistas?

Yo no quiero una España azul, ni una España roja. Mi deseo es que haya una España naranja o una España de mezcla de colores. Lo que sí sé es que no quiero una España rota, que no quiero un país de pueblos enfrentados, de vecinos y de familias que no se miran a la cara y, desgraciadamente, en ese camino vamos. Lo que sí sé es que prefiero una España azul o roja temporalmente que una España rota para siempre.

El demagogo y el rufián

Joan Tardà i Coma, diputado en el Congreso por Esquerra Republicana de Catalunya, alcanzó gran popularidad en Catalunya sobre todo gracias al satírico programa Polonia, en el que lo caricaturizaban como un ogro bueno que repetía siempre la frase “Algú ho havía de dir” (Alguien lo tenía que decir). Tardà licenciado en filosofía y letras lleva viviendo de la política desde hace 37 años ya, con lo cual puede hablarnos del Nou país, pero no de nuevas políticas.

En 1979 fue concejal en Cornellá por el PSUC (al cual ya no pertenecía ya que rompió el carnet del partido cuando el Partido Comunista aceptó la monarquía) pero, tras un cisma en el partido, fue sustituido de su cargo de Concejal de Cultura en 1981. Más tarde, se unió a Nacionalistas d’Esquerres afiliándose a ERC en 1992. Con los republicanos fue progresando y, una vez en el Congreso, siempre trató de llamar la atención haciendo que el Presidente de la Cámara tuviera que llamarle la atención por saltarse el reglamento.

Sus salidas de tono también han ocurrido fuera del Congreso, como cuando en un acto de las Juventudes de Esquerra deseó al muerte del Rey. La figura del Monarca ha sido siempre un objetivo de Tardà quien, incluso, una vez recriminó a Juan Carlos I el no haber aprendido nunca catalán, por más que se ha visto públicamente hablarlo, tanto a él como a Felipe VI. Aunque a Tardà y a los suyos no les importa quedar retratados porque, especialmente él ya tiene su propia verdad y lo mismo te defiende la defensa de las lenguas de España como vota en contra de una partida para la defensa de la lengua asturiana.

Tardà fue el miércoles al Congreso no ha hablar sobre el sí o no a Mariano Rajoy sino, como diría Francisco Umbral, “Yo he venido a hablar de mi libro” y quien dice libro dice cuento, el cuento del separatismo catalán. Pensé que quizá hablaría el Rufián y, al final, sin embargo, lo hizo el demagogo que buscó falsas comparaciones para reivindicar el referéndum unilateral que los separatistas catalanes piensan realizar en junio del año próximo.

Habló Tardà de cómo Noruega se independizó de Suecia. La realidad de la historia noruega es que en 1397 se produjo en la Unión de Kalmar la reagrupación de los reinos de Dinamarca, Noruega y Suecia en una misma persona, la reina Margarita I. La unión no tuvo arraigo ya que la aristocracia sueca siempre fue reacia a los daneses que lideraban dicha unión. El reino de Dinamarca y Noruega siguió hasta 1814 cuando la alianza con Napoleón provocó que Noruega volviese a Suecia en reinos unidos, pero diferenciados e independientes y con el rey de Suecia aceptando la Constitución de Noruega. En 1905 la unión con Suecia acabó y Noruega entregó su reino al príncipe de Dinamarca que acabaría siendo Carlos VI de Noruega. Esa separación se hizo con un referéndum que aprovecha Tardà para reclamarlo como ejemplo de la independencia de Noruega, pero Noruega siempre fue independiente, por más que estuviese unida a Suecia, y la separación estaba contemplada en la constitución noruega que acató el Rey de Suecia. Es decir, los casos no tienen absolutamente nada que ver.

Tardà también puso el ejemplo de Escocia y su referéndum en el que el pueblo escocés votó seguir unido al Reino de la Gran Bretaña. El de los escoceses es otro caso que no tiene absolutamente nada que ver con Catalunya. En el acta de unión de 1707 decidieron que Escocia e Inglaterra unirían en un mismo gobierno las naciones, algo similar con lo ocurrido con Irlanda que, pese a tener la independencia de Inglaterra, quiso voluntariamente formar parte del Reino Unido en 1800. El Reino Unido no tiene Constitución y, como tal y para que nos entendamos, la unión entre los distintos países es “voluntaria”, no siendo una nación sino una unión de naciones. Precisamente el hecho de no haber una Constitución firme hizo que Irlanda y el Reino Unido acabaran en guerra, firmando la paz en 1921 y, posteriormente, habiendo una guerra civil irlandesa. Creo que éste tampoco es ejemplo para Catalunya.

Para finalizar, iremos al siempre controvertido caso de Quebec en Canadá. Quebec formaba parte de Nueva Francia (que incluía parte de Canadá y parte de los actuales Estados Unidos). Con el Tratado de París en 1763, el Rey Luís XV entregó Quebec al que consideraba un territorio helado sin importancia al Reino Unido. Esas tierras acabarían formando Canadá, uniendo a ingleses con franceses y a anglicanos con cristianos. La composición de Canadá y la de España se parecen tanto como un huevo a una castaña. Canadá se formó hace 150 años, mientras que Catalunya y España comparten historia desde que el mundo es mundo. Canadá fueron dos pueblos unidos a la fuerza por potencias extranjeras, mientras que Catalunya simplemente está dentro de España. Además, en el Quebec hay un reconocimiento histórico por parte de la mayoría de países de hecho diferencial con Canadá.

Constitucionalmente, muy pocos países han reconocido en su historia el derecho a decidir en su propia patria y casi todos ellos, debido a que eran pueblos que se unieron tras evoluciones o conflictos bélicos, como son los casos de la Unión Soviética, a día de hoy solamente Etiopía y Sudán (que ya lo ejerció) poseen esa posibilidad en su Constitución, a más del conocido caso de Canadá en el que se ejerció el derecho de partir el país prácticamente en dos, el antiguo lado inglés y el antiguo lado francés, que en este tiempo prácticamente han convivido como estados independientes ya que esa falta de fusión real de Quebec con el resto de Canadá ha originado diferencias que, desde la perspectiva española, parecen insólitas. En la región de Quebec, el 81% de la población habla únicamente francés, el 10% son alófonos, el 8% sólo inglés y menos del 0,8% son bilingües. En el resto de Canadá, la lengua predominante es el inglés.

Como dice el refrán, difama que algo queda, pero cuando Tardà y Rufián lo hacen en el Congreso que no lo hagan como si representaran al conjunto de los catalanes, menos aún cuando solamente les han votado el 17% de ellos. Los que, como yo, que somos mayoría, no somos independentistas también pagamos el sueldo a estas personas, sin embargo, el descrédito y la antipatía que estamos teniendo los catalanes por culpa de personajes de esta índole es algo que los demagogos y los rufianes nunca nos podrán pagar.

Fuente de la fotografía de portada: www.ara.cat

Catalunya año cero

Sin la separación de poderes, los gobiernos no se podrían llamar democráticos, es decir, serían, digámoslo así y para que todos me entiendan, dictaduras elegidas democráticamente, pero dictaduras al fin y al cabo. Yo creo que nadie, absolutamente nadie, tiene a día de hoy ninguna duda de que, por ejemplo, Adolf Hitler fue un dictador más allá de que ganara unas elecciones.

El Tribunal Constitucional es independiente en su función como intérprete supremo de la Constitución y está sometido sólo a la Constitución y a dicha Ley. Sin embargo, ayer el gobierno de la Generalitat hizo algo inédito en nuestro país, desobedecer al Tribunal Constitucional, desobedecer la Ley y el orden porque, según ellos, sólo obedecen al pueblo catalán. ¿Cómo se puede ser tan impresentable, tan malintencionado y tan sinvergüenza para hablar en nombre de los catalanes, en nombre de Catalunya, en una moción que los representantes del 53% de la población se ha negado a votar por ilegal?

Si Junts pel Sí y la CUP no gobiernan para todos los catalanes, sino que solamente lo hacen para una parte, y desoyen al resto de la población, que además es mayoría, significa que en mi tierra no hay democracia. Para los separatistas, quienes no les votan no merecen representación, no son ciudadanos de pleno derecho, no son personas, no son humanos. El gobierno xenófobo y racista de Catalunya está haciendo algo muy peligroso, separar a todo un pueblo, poner un muro sin alambradas ni hormigón pero, en definitiva, un muro que separa a los para ellos buenos y malos catalanes.

El gobierno de la Generalitat ha desobedecido al Tribunal, ha desobedecido la Ley y el Estado de Derecho, con lo cual el gobierno catalán se ha convertido en ilegítimo. Sabemos lo que pasará ahora, PP, PSOE y C’s llevarán la resolución al propio Tribunal y seguiremos jugando al ratón y al gato. Es lo que ocurre cuando, en lugar de tener a un presidente serio, tienes al hombre del plasma. En cualquier país serio, la Presidenta del Parlament, la racista y xenófoba Carme Forcadell, sería detenida por golpista, pero con el gobierno del PP ya sabemos que nunca ocurre nada.

Para más inri, el golpe de estado ha sido televisado por la televisión pública catalana, esa televisión que los infrahumanos, los que no tenemos derecho a hablar, los colonos y botiflers, también pagamos y en la que tenemos que aguantar cómo se nos insulta, cómo se nos menosprecia. El No-Do del régimen nacional-catalanista hoy daba paso a la publicidad o el presentador hablaba encima cada vez que la líder de la oposición, Inés Arrimadas, iba a comenzar su turno de palabra. Finalmente, Podemos votó en contra, PSC se negó a votar, Ciudadanos y PP abandonaron el Parlament.

Toda esta pantomima tiene sólo un motivo: Carles Puigdemont necesita el Sí de la CUP en el voto de confianza y ahora ya lo tiene. E, insisto en algo: yo no temo por la independencia de Catalunya, porque no llegará nunca, porque el pueblo no la quiere, pero la ruptura en dos bandos de la sociedad civil en Catalunya sí es algo peligroso, muy peligroso, es algo que ya hemos vivido en este país y sabemos las consecuencias que tiene.

Ayer Junts pel Sí y la CUP votaron iniciar el proceso constituyente de Catalunya como nación independiente de España. Obviamente, no es más que un brindis al sol, simplemente es otra provocación de estos fanáticos nacionalistas que hablan de la independencia como el futuro pero que, sin embargo, vuelven a la época feudal tanto en pensamiento, ya que son de la opinión de la que la soberanía está en los territorios y no en los ciudadanos, como en la práctica, dado que incluso tienen como mapa político organizar Catalunya en veguerías, como en el siglo XII.

Un día triste para Catalunya, un día triste para la democracia ya que en Catalunya no hay corrupción parece, no hay problemas sociales parece, ni de sanidad, ni de educación… en Catalunya sólo existe la independencia y, con eso, se arreglará todo. Ayer el Parlament secundó que “las leyes que se aprueben no son susceptibles de control, suspensión o impugnación por cualquier otro control por parte de ningún otro poder, juzgado o tribunal”.

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