Ciudadanos, Podemos y las historias del pasado

Durante la dictadura, el activismo antifranquista de izquierdas fue protagonizado por el Partido Comunista, mientras que los socialistas, con la cúpula fuera de nuestras fronteras y liderados  por Rodolfo Llopís, al que el tiempo y la distancia le habían hecho perder la realidad de la política nacional, poco habían hecho por derrocar al Caudillo. Tras el asesinato a manos de ETA del Presidente franquista Carrero Blanco, en todo el mundo había la sensación de que el franquismo no sobreviviría a Franco y que, con la muerte del dictador, la democracia se implantaría en España. Es entonces cuando suenan las alarmas y, observando también lo que acontecía en Portugal, donde estuvo a punto de que hubiera una guerra civil tras la Revolución de los Claveles, se teme que la democracia sea una nueva batalla entre fascistas y comunistas y que vuelva el fantasma de las dos España, que “una de ellas ha de helarte el corazón”, que decía  Antonio Machado.

Mientras que Adolfo Suárez es el elegido por el Rey para que  “elevara a la categoría política de normal lo que a nivel de calle es simplemente normal”, en la izquierda se trata de tutelar un partido moderado que no cree un conflicto y complique la transición democrática española. Sobre quién tuteló al PSOE se han escrito ríos de tinta. Algunos señalan que el propio franquismo introdujo a varias personas (Gónzalez incluido) para moderar a la izquierda; otros al Gobierno de los Estados Unidos, a la social-democracia europea con Willy Brandt a la cabeza. Quizá hubiera un poco de todo, lo que sí es cierto es que en los primeros años de democracia el PSOE tenía poco más de cinco mil afiliados y poco bagaje en la lucha contra Franco y que, sin embargo, en un visto y no visto, pasaba a ser la alternativa de izquierdas para gobernar.

El PSOE había sido desde su fundación y hasta la Guerra Civil un partido de lucha obrera, muchas veces causante de acciones violentas, incluso de asesinatos, y protagonista del fracaso de la II República, a la que traicionó, así como también responsable del inicio del conflicto bélico que asoló a España desde 1936 hasta 1939. Sin embargo, el franquismo había señalado al Partido Comunista como enemigo durante cuarenta años y los crímenes y malas artes del PSOE quedaron en el olvido, quedando sus siglas limpias para la opinión popular. Por esa cuestión, fuerzas y agentes poderosos de dentro y fuera de España quisieron convertir las históricas siglas en la versión española de la respetable Social-Democracia europea.

En 1973 el avispado Alfonso Guerra registró las siglas ITE-PSOE. Teóricamente, ese PSOE significaba Proyectos Sociológicos de Organización y Estudios. Realmente, sin embargo, era un embrión para crear un nuevo partido que nada tuviera que ver con el clásico PSOE, pero que aprovechara sus históricas siglas como valor estratégico. En aquel momento, dentro y fuera de España creían que era clave dotar a España de una potente formación de izquierda moderada, con altos grados de patriotismo y que no agitara la creación de brechas territoriales debido a los nacionalismos periféricos. En plena Guerra Fría y con el mundo dualizado entre el capitalismo y el comunismo, si el PSOE pretendía ser un partido de gobierno, debía huir de los postulados marxistas, cuestión que, en principio, no gustaba a las bases, de ahí que decidieran cambiar la estructura del partido. Hasta 1976 la unidad del partido se lograba por medio de la Agrupación Local que elegía a los delegados provinciales y regionales que les representarían en los Congresos y elegían a los cargos.

Ante la imposibilidad de que González-Guerra pudieran controlar las agrupaciones, dan un golpe. González dimite (de forma pactada) y una junta gestora, controlada por los dos políticos sevillanos, dirige el partido y comienza a sancionar y expedientar a numerosos militantes y dirigentes críticos o adversarios de la cúpula. Una vez depurado el partido, González vuelve a liderar el partido que ahora se controla de arriba a abajo y no de abajo a arriba, los socialistas dejan de lado el marxismo y en 1982, solamente siete años después de la muerte del dictador, los socialistas gobiernan  España y lo harán durante más de una década. El éxito electoral de Felipe González  ha hecho que, desde entonces, la táctica a la hora de controlar las formaciones políticas de todos los partidos (quizá UPyD no lo hizo y así le fue) sea a imitación de los que el PSOE hizo en la Transición.

En los últimos tiempos, muchos españoles han apostado por otra forma de hacer políticas que han llevado al éxito de Ciudadanos y Podemos. Recientemente, ambas formaciones han celebrado sus Asambleas Nacionales, las cuales han sido muy distintas pero han tenido un punto común, centralizar el poder dentro del partido. En mi opinión, esa cuestión no tiene que ser buena ni mala, lo importante es lo que se va a hacer con dicho poder, que los líderes no busquen perpetuarse en los cargos ni que el bien del partido esté por delante  del país y de sus ciudadanos. Y eso no se puede hacer sin corrientes críticas (constructivas) y no creo que el ejemplo del PSOE y que tan buen resultado electoral le dio a González-Guerra sea útil en nuestros tiempos. La Transición fue un momento histórico puntual que nada tiene que ver con la España actual, en la que las personas de a pie estamos disgustados con las formas de actuar de los partidos clásicos.

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¿Podemistas de Cristo Rey?

De niño, era bastante curioso y me gustaba ver las noticias. Nací en 1979, soy hijo de la Transición, lo que me lleva a no haber vivido el Franquismo pero sí el cambio de la España de la Dictadura a la democrática.

En uno de esos recuerdos infantiles que se quedan grabados en la mente, tengo el de cuando en la televisión hablaron, a principios de los ochenta, de los Guerrilleros de Cristo Rey, un grupo parapolicial de extrema derecha que ya apenas cometía actos vandálicos y terroristas, pero del que aún se hablaba en reportajes y documentales.

Lo cierto es que daba miedo pensar que uno podía estar en cualquier sitio y que estas personas apareciesen para lincharle. No volví a oír a hablar de los Guerrilleros de Cristo Rey hasta años más tarde, cuando estando jugando en el parque, llegaron unas personas a poner un atril y hablar de política. Eran de Iniciativa per Catalunya, nos dieron unos globos y pegatinas y aceptamos acabar el partido de fútbol y dejarles hacer el mitin.

Los mayores que había por ahí decían “estos son los del PSUC”. Yo pregunté por qué ponía Iniciativa entonces y me respondieron que eran los mismos que se habían cambiado el nombre. Al PSUC yo no lo conocía tanto por la televisión sino porque había pintadas de ellos hechas a plantilla por todo el barrio.

Entre los que llegaron, había varios vecinos que conocía; uno de ellos dijo que ahora era más fácil dar discursos porque “ya no les llamaban rojos, ya todo el mundo sabía que no tenían cuernos y rabo”, y porque “ya sabían que no iban a aparecer los guerrilleros de Cristo Rey”.

Cuando volví a casa, pregunté a mi padre sobre todo aquello: Inciativa, el PSUC, los rojos, los cuernos y el rabo y los Guerrilleros de Cristo Rey.

Mi padre me contó que todo eso significaba que la Democracia se hacía grande, que ya todo el mundo entendía que había que oír a todos y que las discusiones se debatían en las urnas votando. No entendí del todo aquello, pero ahora sí que entiendo que mi padre tenía razón, que esas palabras significaban darle normalidad a todo.

A veces he pensado que los que nacimos más o menos en ese tiempo tuvimos la sensación de que lo hicimos en el mejor momento. Siendo pequeños, asfaltaron las calles del barrio, se normalizó la política, ya no había luchas entre fachas y rojos, no había guerra y, como decía mi padre, los problemas se resolvían en las urnas.

A día de hoy, creo que estamos yendo para atrás a marchas forzadas. El adulto que soy hoy no entiende que un grupo de extrema izquierda tratara de coartar un derecho tan fundamental como es la libertad de expresión al Presidente Felipe González y mucho menos que a alguien que estuvo en la cárcel por su lucha contra la Dictadura se le acuse de facha.

España tiene que ser valiente, no puede ser un país timorato ante este auge de la extrema izquierda. Los periódicos no deberían hablar de protestas o actos vandálicos cuando ocurren estas cosas. No es la primera vez que esto sucede pues, en estos últimos años, Rosa Díez, Albert Rivera o Mariano Rajoy, quien llegó a ser agredido, han recibido ataques terroristas por parte de la extrema izquierda. Porque eso es lo que son ataques terroristas, así se debería hablar de ellos cada vez que alguien trata de causar terror a los que asisten a charlas, conferencias o ruedas de prensa de alguien que, ejerciendo la libertad de expresión, trata de convencer a los ciudadanos de que les den su apoyo y ejerzan su libertad de voto.

Ahora debatiremos quiénes eran estos jóvenes que han querido causar terror a Felipe González y a las personas que asistían a oírle en la Universidad. Pero todos sabemos quiénes son, así como también sabemos qué partidos son los que no dan especial interés a condenar estas actuaciones. Podemos, Izquierda Unida, Bildu, CUP, ERC, BNG etc. etc. La extrema izquierda que lucha contra un enemigo imaginario que ellos llaman fascismo.

Decir que en España hay fascismo es de risa, para troncharse y mondarse. Ojalá todos los países de Europa tuvieran un porcentaje tan bajo de personas de ultraderecha como tenemos en España. Sin embargo, la extrema izquierda aprovecha ese amigo imaginario para llevar a un enfrentamiento político que cada vez está más cerca de la calle.

De niño también oí muchas veces el cuento en el que, de tanto avisar que viene el lobo, acaban no creyéndole cuando vino de verdad. Yo no quiero convertirme en ese hombre que decía que viene el lobo, pero yo creo que todos sabemos que algo duro está por llegar. Ya se está hablando de que habrá una huelga general organizada por Podemos para diciembre si Mariano Rajoy es investido Presidente. Me da miedo esa huelga, de verdad lo digo, porque hoy hay algo que hace unos años no había: partidos políticos, como los que nombré antes, que tienen apoyo popular, y estos grupos vandálicos que tiene el apoyo de algunos partidos políticos que todos sabemos.

¿Eran los asaltantes podemistas de Cristo Rey? Respondan ustedes mismos.

¿Qué piensa hacer, señor Sánchez?

No creo que la objetividad total exista pues, a mi modo de ver, a la hora de mostrar nuestras opiniones, siempre nos influye nuestro pensamiento, nuestra ideología, pero cuando se trata de llegar a acuerdos, deberíamos ser conscientes de que nunca puede gustarnos del todo. Obviamente, las miras de Estado, el hecho de pensar más en el país que en las siglas de nuestro partido, deberían ser algo suficientemente atractivo para ser generosos, pero no lo es.

No hablo ya de políticos, sino también de las personas de a pié. En las conversaciones diarias con los conocidos, te das cuenta de que hay muchas personas cuya ideología no va más allá de votar a alguien por tradición familiar o de hacerlo a la izquierda porque creen que va a defender a los trabajadores, así como también que los que tienen algo que conservar voten a los conservadores.

Muchos presumen de que “no van a cambiarse la chaqueta” pero si ni siquiera se plantean el cambiarse de chaqueta. ¿Para qué sirve la democracia? En estas conversaciones, me sorprende para mal cuando oigo a personas que no van a cambiar de chaqueta criticar a los que no tienen una preferencia y acuden a las urnas dependiendo del programa que más les convenza.

Me sorprenden y hasta me entristecen las personas que, si tratas de desbloquear el país con el PSOE, te acusan de ser de izquierdas y, si lo tratas de hacer con el PP, te acusan de derechas, más cuando todo el país dice que lo peor que puede haber son unas terceras elecciones. No sé si estos comentarios se deben a desinformación o desinterés pero, ¿qué soluciones me dan las personas que no quieren ni pactos ni elecciones? ¿De verdad saben cómo funciona esto?

Me entristece aún más darme cuenta de que muchas personas ven como enemigos a los que no piensan como ellos. Somos un país que hemos sufrido guerras entre hermanos en todos los siglos de nuestra historia y no aprendemos de esto. Obviamente, con esto no estoy diciendo que estemos cerca de un conflicto bélico ni nada por el estilo, pero sí existen conflictos entre conciudadanos y eso me parece increíble. Yo siempre he pensado que todas las ideologías tienen su parte de razón, que todas buscan lo mejor para el país, por más que no intenten llegar a ese bienestar por el mismo camino; siempre he creído que en un 70% de las cosas todos pensamos igual, sólo que muchas veces las prioridades de las cosas hacen que nos decantemos por una ideología u otra.

El otro día leí a un historiador que decía que una cuestión común entre los dictadores era la de crear un partido único y que no lo hacían para no tener competencia puesto que podían haber varios partidos de una misma ideología, sino que eso se debia a que los dictadores solian coincidir en la idea de que, si el Estado y el partido no son lo mismo, los países no pueden ir bien, porque los políticos siempre acaban pensando más en el bien del partido que en el del Estado.

En los últimos tiempos, estamos viendo que algo de eso hay, supongo que además de ciertos radicalismos que, como he dicho antes, nos hacen ver a los que no piensan como nosotros como enemigos. En las anteriores elecciones, las de diciembre, Podemos  se dejó embaucar por las encuestas y por las cuentas de la lechera para creer que, yendo de la mano de Izquierda Unida, conseguirían el sorpasso. Sin embargo, ahora da la impresión de que es el PSOE (también aupado en las encuestas) quienes lo van a hacer.

El Partido socialista puede hacer lo que crea conveniente, pero me parece lamentable que se excusen en que “los votantes socialistas no han votado a Pedro Sánchez para que haga Presidente a Mariano Rajoy”. Obvio que no, ni los que han votado a Ciudadanos ni los que han votado a Podemos pero, ¿qué piensa hacer, señor Sánchez? ¿Cuál es el plan B? ¿Piensa dar la posibilidad de ir de nuevo a elecciones? Unas elecciones que, por cierto, probablemente gane el PP con más diferencia aún…

Espero que, finalmente, se deje gobernar al PP y que, a partir de ahí, PSOE, Podemos y Ciudadanos sean durísimos en la oposición, que peleen por los intereses de sus votantes pero que, de una vez por todas, los españoles nos pongamos de acuerdo en que lo importante, lo verdaderamente trascendental es que el país mejore, que logremos remontar esta situación y, después, de aquí a cuatro años, ya llegará el momento de luchar por el voto. ¿Oirá Sánchez a Zapatero y Felipe González? Debería, porque no es momento de siglas, no es momento de personalismo, es momento de que España arranque y avance.

 

Fuente de la fotografía de portada: elconfidencial.com

La evolución democrática y las terceras elecciones

Más allá de ideologías, de tendencias y colores, la democracia española fue en evolución hasta que llegó el punto de que el bipartidismo paró el avance natural de las cosas. Me estoy refiriendo a que nuestra joven democracia, para que vaya madurando, necesita de todo tipo de gobiernos posibles.

Para España, probablemente fue bueno que en 1977 Adolfo Suárez fuera presidente tras 40 años de franquismo ya que era la forma de entrar pausada y moderadamente. Más allá de sus virtudes y defectos, ahora, con el paso de los años, sabemos que los españoles eligieron bien ya que un gobierno de izquierdas entonces hubiera supuesto un cambio demasiado brusco para el que quizá no estábamos preparados por aquellos entonces. Si ya con un Presidente de centro, que políticamente venía del franquismo y elegido por el monarca en primera instancia, se intentó un golpe de Estado, qué podría haber pasado si el Presidente hubiera sido un socialista.

Unos años después, en 1983, Felipe González conseguía la presidencia, lo cual y, lógicamente, también con virtudes y defectos, fue bueno para la democracia española ya que superábamos miedos y estigmas y éramos capaces de tomar con total naturalidad que un partido de izquierda gobernara nuestro país. González, como Suárez antes, fue hombre de Estado y por eso los socialistas tuvieron que “endulzar” su revolución.

Insisto que, más allá de los colores de cada uno, fue también un paso de madurez que en 1996 ganara un partido de la derecha conservadora. De este modo, España declaraba que podía haber una derecha constitucionalista y que los tiempos del franquismo parecían olvidados. Pero, ¿y después? Después nada, desde 1996 España no ha vuelto a evolucionar políticamente. Desde entonces, bipartidismo, intercambio de poder y del Cánovas a Sagasta y de Sagasta a Cánovas de los finales del siglo XIX.

Tras el 15M, parecía que España podía despertar, nuevas tendencias políticas podían cambiar el panorama. UPyD luchó sin éxito por acabar con el bipartidismo pero, finalmente, Ciudadanos desde el centro y Podemos desde el extremo parecían que sí iban a conseguir acabar con el bipartidismo y, no ya por los votos y escaños que iban a conseguir, sino porque parecía que, incluso, los que tenían la intención de seguir votando a PP o PSOE apostaban por una España a cuatro.

Sin embargo, parece que no estamos preparados para esta nueva evolución, sobre todo porque no acabamos de entender que los partidos deben pactar, que no hay más opciones, que lo contrario al bipartidismo es la política de pactos y, con eso, llego a la conclusión de que en España no se quiere acabar con este sistema de dos partidos, sino que hay quien quiere mantener el viejo bipartidismo y quien quiere hacer uno nuevo.

En este último caso, encontramos a Podemos, a sus políticos y a muchos de sus votantes que no quieren acabar con el bipartidismo sino que quieren formar parte de él. Más allá de si eso es buena o mala solución, lo que está demostrado es que ahora mismo no estamos preparados para eso y me temo que los votantes de Podemos reflexivos, los que han optado por la formación morada más allá del puntual enfado con la clase política y del voto de castigo, son conscientes de que han perdido la oportunidad de un cambio no aceptando el pacto de PSOE con Ciudadanos.

Tengo la sensación de que les han podido las ganas, que los aires de grandeza de Pablo Iglesias se han contagiado a muchos de sus votantes que no han sabido medir los tiempos y no han entendido que sólo había dos opciones: o PSOE+C’s o unas nuevas elecciones que favorecerían al Partido Popular.

Podemos no ha entendido que, a día de hoy, en un país como España, nadie va a pactar con la extrema izquierda por más que se disfracen de socialdemócratas. De modo que Podemos para el futuro debe apostar por dos caminos: uno, dejar el radicalismo, abandonar los nacionalismos de sus grupos catalán, valenciano y gallego y poder trabajar por estar en las decisiones, aún y perdiendo votos; y, dos, ganar por mayoría absoluta. No queda otra. Pero, claro, ganar por mayoría es imposible a día de hoy y, al abandonar el radicalismo, dejarían también de ser Podemos.

Iglesias y los suyos, refiriéndose a Ciudadanos, han dicho más de una vez que los naranjas son un recambio y no un cambio, pero la lectura correcta sería que Ciudadanos representa una evolución y no una revolución y, por más que no les guste a los podemitas, en España, a día de hoy, no se quiere una revolución y menos que esa revolución la lideren personas que son capaces de contradecirse, tanto en lo que son y como en lo que representan. Podemos dice que son el 15 M, pero el 15 M protestaba contra el gobierno de Zapatero y hoy, en cambio, Iglesias dice que Zapatero es el mejor presidente de la democracia… Entonces, ¿dónde me he perdido, señor Iglesias?

Las elecciones de diciembre supusieron un ligero paso atrás para Ciudadanos (0,8%) y un gran descalabro para Podemos (3,5%), además, y repito, más allá de tendencias políticas, quedó un panorama con sólo una posibilidad, hacer presidente a Mariano Rajoy.

Supongo que Podemos, al fin y al cabo, es utopía y, como dijo Calderón de la Barca, “los sueños, sueños son” y siguen en su no, en que la revolución será Podemos o no será. Pero la realidad es que Podemos ha estado dejando siempre el dominio de la situación a otros y en política, como en el Boxeo, el que da primero da dos veces.

Políticamente, y repito olvidándonos de colores, ahora estamos en manos de PP y de PSOE y ellos pueden elegir repetir elecciones. Y, ¿qué pasaría si hay unas nuevas elecciones? Lógicamente, eso es jugar a política ficción pero, a mi modo de ver, sería la tumba de la España a 4. Me voy a “mojar” y voy a dar un pronóstico: si hay nuevas elecciones, no creo que Podemos y Ciudadanos juntos sumen más de 60 diputados, es decir, el bipartidismo, que estaba hace un año herido de muerte, estaría vivito y coleando y todo gracias a que Podemos no ha sabido medir los tiempos.

Todas las formaciones políticas insisten en que no habrá esas terceras elecciones. Pero, ¿las habrá? Jugando a ser un asesor político que no deba mirar el bien de España y sí el bien del partido, si yo estuviera a sueldo del PP, les diría: “Tratad de conseguir el Gobierno que más vale pájaro en mano pero, sino, tranquilidad con unas terceras elecciones pues con ellas rozaríais la mayoría absoluta”.

Si estuviera a sueldo del PSOE, les diría: “No nos vienen mal unas repeticiones de las elecciones, subiríamos en diputados, acabaríamos con Podemos y Ciudadanos y sólo os quedaría esperar que el péndulo del bipartidismo cambiase para gobernar”.

Si trabajara para C’s y tuviera que mirar el bien del partido, les dejaría claro que, con unas nuevas elecciones, perderían cerca de la mitad de los diputados por la dichosa ley electoral, pero que podrían ser incluso más decisivos que ahora ya que podrían dar o no la gobernabilidad al PP. Sin embargo, y aunque suene extraño, mi recomendación para Podemos hubiera sido: “Firmad una abstención junto a PSOE y C’s y, así, controlaréis a Rajoy porque sino, ya no sólo es que vuelva el bipartidismo, sino que para Podemos se habrá cerrado la posibilidad de ser la referencia de la izquierda”.

De modo que pienso esto y me pongo a temblar. Si a PP y a PSOE les pueden interesar unas nuevas elecciones y a Podemos no les vas a sacar del eterno No, ¿cómo va a hacer Ciudadanos, que es el único que está mostrando miras de Estado, por evitarlas? Difícil tarea… esperemos que la presión popular haga que los políticos miren más por el país que por ellos mismos y eviten las terceras elecciones. En la mano de Pedro Sánchez estamos.

 

Fuente de la fotografía de portada: votaycalla.com

Hace ya trenta y nueve años

Tal día como hoy, en 1977, los españoles eran conocedores de que en las elecciones celebradas dos días antes, el 15 de junio, la UCD de Adolfo Suárez había sido la fuerza más votada por los españoles. Muy al contrario de lo que la mayoría creía, lo cierto era que España no se dividía entre Rojos y Azules, sino que, en una prueba de madurez, nuestros compatriotas apostaban por ideologías moderadas.

El recuento duró dos interminables días. La nula experiencia y el gran número de listas ralentizó el escrutinio pero, en la tarde del día 16, ya estaba claro el ganador. La participación había sido casi del 79% y en España comenzaba a hacerse popular esa frase de que “si no votas, no puedes quejarte”. El voto quedó muy repartido entre los centristas de Suárez y los socialista de Felipe González. La Unión de Centro Democrático obtenía el 34,4% de los votos, mientras que los socialistas obtenían el 29,3%.

Aquellas elecciones que parecían a cuatro acabaron siendo a dos. El Partido Comunista solamente obtuvo el 9,3% de los votos y la Alianza Popular del exministro franquista Manuel Fraga únicamente conseguía el respaldo del 8,2% de la población española.

En cuanto el Congreso de los Diputados votó a Suárez como Presidente del Gobierno, éste se puso en marcha en la creación de la Constitución que hacía que los españoles fueran reconocidos como los soberanos del país. El Presidente Suárez fue capaz de sentar alrededor de una mesa a personas que 40 años antes habían estado literalmente a tiros.

El 88,5% de los españoles votó sí a la Constitución, poniendo, de este modo, fin a la transición española que había llevado al país de un régimen absolutista a una democracia constitucional en la que, poco a poco, nuestro país se equiparaba a las grandes democracias europeas.

Una vez la Constitución era una realidad, el Presidente Suárez volvió a combocar elecciones. Muchos miembros de su partido no entendieron que el líder centrista siguiera siendo candidato a la presidencia y  la UCD comenzó a romperse.

El Presidente Suárez sí había dicho a sus allegados que, una vez la democracia echara a andar, dejaría la presidencia pero, según sus propias palabras, cierta inestabilidad, el terrorismo de ETA y los ruidos de sables procedente de un Ejército que había jurado lealtad a Franco le hacían sentir demasiada responsabilidad con el futuro de la nación como para dejarlo en manos de otra persona.

En las elecciones de 1979, Suárez volvió a ser el más votado. La UCD subió 3 escaños pero no obtener la mayoría absoluta supuso una pequeña decepción para el líder centrista quien, solamente dos años después, debido a las presiones internas, a la tensión existente y a cierto desencanto, declinó su Presidencia a su compañero de Partido Calvo Sotelo.

Precisamente en la investidura de éste, fue cuando Antonio Tejero, acompañado de cientos de Guardia Civiles, asaltó el Congreso para dar un golpe de Estado. A los disparos de los asaltantes, los Diputados respondieron tirándose al suelo y escondiéndose tras sus escaños. Adolfo Suárez no se movió, no iba a esconderse, él era el Presidente del Gobierno, el representante del pueblo español, y no podía dejarse intimidar.

Tras el fracaso del golpe, Calvo Sotelo fue elegido Presidente y Suárez abandonó la UCD. El que fuera el Presidente de la Transición no abandonaría la política, creó el CDS y consiguió seguir siendo diputado hasta que, en 1991, dejó la política definitivamente. Una vez alejado de la vida pública, fue reconocido por su gran labor en unos tiempos difíciles para este país. Suárez fue un gran hombre de Estado que, no sólo ayudó a la prosperidad de España, sino que supo hacerse a un lado cuando intuyó que su presencia podía ser perjudicial para la presidencia. Como siempre digo, Suárez, siempre acusado de ser presumido y prepotente, tuvo el más humilde de los gestos cuando, habiendo sido Presidente del Gobierno y uno de los actores principales de la Transición, un día decidió olvidarse de todo lo que había hecho por este país, como no queriendo darle importancia.

Los jarrones chinos y la ecuación para formar gobierno

Felipe González dijo cierta vez que los expresidentes del Gobierno son como jarrones chinos en domicilios pequeños, que se les presume distinción y gran valor pero que nadie sabe dónde colocarlos y que, incluso, muchas veces se espera que alguien le clave un golpe, lo tire al suelo y se rompa en mil pedazos.

Lo cierto es que el que fuera primer presidente socialista tras la muerte del Dictador suele ser bastante brillante a la hora de hacer símiles. En España, los expresidentes me recuerdan a esos actores como Bela Lugosi que, de tanto interpretar a Drácula, se acabó creyendo que, verdaderamente, era un vampiro. Pues algo así ocurre con los expresidentes que parece a veces que en sus cabezas nunca dejan de serlo.

González y Jose María Aznar están últimamente dando opinión a diario sobre lo que los políticos actuales deben o no deben hacer. Imagino que, en esas posturas, hay cierto paternalismo, esa cuestión muy de los padres de no darse cuenta que sus hijos ya son adultos y que este tiempo es el de ellos.

Eso no quita que todos miremos sus palabras con atención pues, al fin y al cabo, el primer presidente del socialismo y el primero de los populares, con sus luces y sus sombras, han marcado la historia de la España reciente.

A mi modo de entender, ambos tienen algo en común y que es positivo: ambos hablan con una gran visión de estado. Imagino que es mucho más fácil hacerlo ahora que están relativamente fuera de la política, pero sí es cierto que en sus palabras podemos ver que están mirando más por el bien de España que por el bien de sus partidos.

José Maria Aznar, en el acto de clausura del Máster en Gobierno, Liderazgo y Gestión Pública del Instituto Atlántico y que presidió, manifestó que el Partido Popular se estaba equivocando de estrategia, que se equivocaban polarizando el electorado upues no es bueno para el país radicalizar, dividir y enfrentar a unos españoles contra otros.

Es decir, el Presidente Aznar se ha quejado de eso mismo que yo he escrito otras veces en este blog y es que, por más que dé votos y que que como táctica sea buena, es muy peligroso que el PP dé alas a la extrema izquierda de Podemos y a los separatistas catalanes ya que, a día de hoy, en unas elecciones que estuvieran entre Partido Popular y Podemos, los que no son de uno u otro probablemente prefieran el malo conocido que el bueno por conocer.

Aznar también criticó que en los populares reine el personalismo y advirtió que, si para seguir gobernando hace falta un cambio de caras, ningún integrante del PP debería colocarse por encima del bien del partido.

Precisamente en esas es donde nace la dificultad para los populares porque, por más que presumiblemente vaya a ser la fuerza más votada, es casi imposible que tengan mayoría y, si necesitan apoyos, ¿quién se los va a dar? Con el PSOE, las relaciones están rotas y Ciudadanos, además de tener que soportar los insultos, las descalificaciones y los improperios de los populares, tienen algo aún mayor que les separa, la corrupción y los aforamientos.

Y dirán ustedes, ¿y la corrupción del PSOE? Y ahí hay una clara diferencia y es que estarán ustedes de acuerdo conmigo en que la corrupción puede salir en cualquier partido, que no todos los líderes autonómicos o municipales serán de la confianza de sus líderes generales, pero ahí hay una diferencia clara entre PSOE y PP y es que los populares ponen a dedo a sus representantes y que, si el dedo divino de Mariano Rajoy ha puesto donde están a los corruptos, eso le hace por acción o por omisión máximo responsable de lo que pasa en su partido.

Felipe Gónzalez también ha hablado estos días, lo hizo durante el coloquio Venezuela, una reflexión sobre el presente donde dejó claro que las políticas del país sudamericano no podían llegar a España, en clara referencia a Podemos. Pero también dijo que un gobierno de gran coalición difícilmente podía darse y que no veía a ministros socialistas bajo la Presidencia de Mariano Rajoy. Entonces, ¿qué alternativa hay? Hubo una frase de González que me hizo entender cuál es el camino que el expresidente ve viable. Vino a decir que, además de dividirse España entre derecha e izquierda y entre lo nuevo y lo viejo, también se dividía entre los que pueden llegar a acuerdos y los que no.

¿Apuesta González por un pacto antes de las elecciones? ¿Cree el expresidente que, como ocurre en Dinamarca, los partidos deberían decir antes de los comicios con quién van a pactar? ¿Apuesta el líder socialista por una unión PSOE-Ciudadanos antes de las elecciones? Lo cierto es que, como a mi parecer, si dio a entender González que el pacto de 200 puntos se reforzara y los líderes de ambos partidos dijeran que van a unir sus diputados, difícil papeleta tendría el Partido Popular ya que, hasta ahora, siempre ha basado su discurso en ser la fuerza más votada. De este modo, no lo sería y, en ese caso, como piden los populares, ¿dejarían gobernar a la fuerza más votada? ¿Dejarían que hubiera un gobierno de Sánchez y Rivera?

 

Fuente de la fotografía de portada: www.abc.es

La (casi) segunda Transición

Cuando el 15 de junio de 1977 se votaba por primera vez a Cortes, se pudo observar que, a pesar de que durante décadas habíamos creído que había dos Españas, la de los rojos y la de los azules, la de los comunistas y la de los franquistas, realmente no era así.

Los españoles votaron masivamente por la moderación, por el reformismo, sin llegar a terreno pantanoso. Los partidos nostálgicos del dictador apenas tenían votantes mientras que tanto los que apostaban por una democracia sin grandes cambios como Alianza Popular o los Comunistas, que llevaban la bandera de la lucha contra el régimen, pasaban a un segundo plano. España se decantó por la moderación, por el centro de la UCD de Suárez y por la izquierda más moderada del PSOE de Felipe González.

Ahora, sin embargo, tenemos la sensación de que somos más moderados y, a pesar de ello, nos mostramos más extremos en las urnas. El Partido Popular, a pesar de todo lo que lleva tras de sí, sigue siendo la primera fuerza y la extrema izquierda de Podemos se presenta como la alternativa de izquierdas.

Las situaciones no son iguales, lógicamente y más allá de las diferencias de los tiempos y de la situación del país, aunque también es cierto que ahora el Congreso ha quedado mucho más repartido que entonces y, si bien en 1977 la cuarta fuerza Alianza Popular tuvo 16 escaños, ahora la cuarta, que es Ciudadanos, ha tenido 40 y eso lo complica o facilita todo si hay ganas de llegar a acuerdos.

El Partido Popular debería haber tratado de formar gobierno más allá de las dificultades que ello conlleva. Eso sí, debió ser consciente también que, para que eso ocurriera, debería haber sido desde el primer día implacable contra la corrupción, luchando de verdad y quizá incluso dando un paso al lado por parte de alguno de sus miembros. Una vez que no lo hizo y que, a mi modo de ver, hizo un fuerte desagravio a su Majestad el Rey no aceptando su petición de formar gobierno, pasó el turno al PSOE.

Desde el primer día, tanto el PP como Ciudadanos, así como también los propios varones del PSOE, mostraron su disconformidad a que el PSOE pactara con Podemos, sus partidos satélites y los independentistas. Y Sánchez también lo vio así, de ahí que desde el primer día intentase llegar a un acuerdo con Ciudadanos, un acuerdo que muchos creerían que no llegaría, imagino que porque, acostumbrados a que los políticos no digan la verdad, no creyeron a Albert Rivera cuando, durante toda la campaña, dijo que había que llegar a pactos, a acuerdos para hacer una segunda Transición.

La visión de C’s ha de ser de Estado y, ante la posibilidad de que haya una mínima posibilidad  de que un partido radical como Podemos entre en el Gobierno, estaba obligado a intentar llegar a acuerdos con el PSOE, acuerdos que muchos quizá no entiendan pero hay datos tan contundentes como que ambos partidos votan igual en el 84% de los casos en el Parlamento Europeo y todos tendremos claro que un 84% de coincidencias es como para sentarse a hablar.

En aquellos tiempos, Suárez y González se entendieron y ahora hay una posibilidad de que Sánchez y Rivera lo hagan. No sé si esto finalmente llegará a ocurrir, pero si es así hay muchos partidos que tendrán que dar beneplácito a ese acuerdo ya que, si la pinza Podemos-PP se niega, España deberá ir a unas nuevas elecciones en las que, según las encuestas, poco cambiaría el panorama.

No creo que ni PP ni Podemos tengan muchos motivos para vetar ese acuerdo más allá del bien de sus partidos. El PP, se quiera o no, ha de formar parte de esos pactos, ya sea de un modo u otro, ya que la mayoría absoluta del Senado le hace tener la sartén por el mango a la hora de permitir o no ciertas leyes. Podemos tendría que elegir entre que haya un gobierno de centro-izquierda o ir a unas nuevas elecciones en las que el Partido Popular volvería a ganar y seguro es que, en ese caso, probablemente no cedería turno a la segunda fuerza a la hora de intentar formar gobierno.

 

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