El demagogo y el rufián

Joan Tardà i Coma, diputado en el Congreso por Esquerra Republicana de Catalunya, alcanzó gran popularidad en Catalunya sobre todo gracias al satírico programa Polonia, en el que lo caricaturizaban como un ogro bueno que repetía siempre la frase “Algú ho havía de dir” (Alguien lo tenía que decir). Tardà licenciado en filosofía y letras lleva viviendo de la política desde hace 37 años ya, con lo cual puede hablarnos del Nou país, pero no de nuevas políticas.

En 1979 fue concejal en Cornellá por el PSUC (al cual ya no pertenecía ya que rompió el carnet del partido cuando el Partido Comunista aceptó la monarquía) pero, tras un cisma en el partido, fue sustituido de su cargo de Concejal de Cultura en 1981. Más tarde, se unió a Nacionalistas d’Esquerres afiliándose a ERC en 1992. Con los republicanos fue progresando y, una vez en el Congreso, siempre trató de llamar la atención haciendo que el Presidente de la Cámara tuviera que llamarle la atención por saltarse el reglamento.

Sus salidas de tono también han ocurrido fuera del Congreso, como cuando en un acto de las Juventudes de Esquerra deseó al muerte del Rey. La figura del Monarca ha sido siempre un objetivo de Tardà quien, incluso, una vez recriminó a Juan Carlos I el no haber aprendido nunca catalán, por más que se ha visto públicamente hablarlo, tanto a él como a Felipe VI. Aunque a Tardà y a los suyos no les importa quedar retratados porque, especialmente él ya tiene su propia verdad y lo mismo te defiende la defensa de las lenguas de España como vota en contra de una partida para la defensa de la lengua asturiana.

Tardà fue el miércoles al Congreso no ha hablar sobre el sí o no a Mariano Rajoy sino, como diría Francisco Umbral, “Yo he venido a hablar de mi libro” y quien dice libro dice cuento, el cuento del separatismo catalán. Pensé que quizá hablaría el Rufián y, al final, sin embargo, lo hizo el demagogo que buscó falsas comparaciones para reivindicar el referéndum unilateral que los separatistas catalanes piensan realizar en junio del año próximo.

Habló Tardà de cómo Noruega se independizó de Suecia. La realidad de la historia noruega es que en 1397 se produjo en la Unión de Kalmar la reagrupación de los reinos de Dinamarca, Noruega y Suecia en una misma persona, la reina Margarita I. La unión no tuvo arraigo ya que la aristocracia sueca siempre fue reacia a los daneses que lideraban dicha unión. El reino de Dinamarca y Noruega siguió hasta 1814 cuando la alianza con Napoleón provocó que Noruega volviese a Suecia en reinos unidos, pero diferenciados e independientes y con el rey de Suecia aceptando la Constitución de Noruega. En 1905 la unión con Suecia acabó y Noruega entregó su reino al príncipe de Dinamarca que acabaría siendo Carlos VI de Noruega. Esa separación se hizo con un referéndum que aprovecha Tardà para reclamarlo como ejemplo de la independencia de Noruega, pero Noruega siempre fue independiente, por más que estuviese unida a Suecia, y la separación estaba contemplada en la constitución noruega que acató el Rey de Suecia. Es decir, los casos no tienen absolutamente nada que ver.

Tardà también puso el ejemplo de Escocia y su referéndum en el que el pueblo escocés votó seguir unido al Reino de la Gran Bretaña. El de los escoceses es otro caso que no tiene absolutamente nada que ver con Catalunya. En el acta de unión de 1707 decidieron que Escocia e Inglaterra unirían en un mismo gobierno las naciones, algo similar con lo ocurrido con Irlanda que, pese a tener la independencia de Inglaterra, quiso voluntariamente formar parte del Reino Unido en 1800. El Reino Unido no tiene Constitución y, como tal y para que nos entendamos, la unión entre los distintos países es “voluntaria”, no siendo una nación sino una unión de naciones. Precisamente el hecho de no haber una Constitución firme hizo que Irlanda y el Reino Unido acabaran en guerra, firmando la paz en 1921 y, posteriormente, habiendo una guerra civil irlandesa. Creo que éste tampoco es ejemplo para Catalunya.

Para finalizar, iremos al siempre controvertido caso de Quebec en Canadá. Quebec formaba parte de Nueva Francia (que incluía parte de Canadá y parte de los actuales Estados Unidos). Con el Tratado de París en 1763, el Rey Luís XV entregó Quebec al que consideraba un territorio helado sin importancia al Reino Unido. Esas tierras acabarían formando Canadá, uniendo a ingleses con franceses y a anglicanos con cristianos. La composición de Canadá y la de España se parecen tanto como un huevo a una castaña. Canadá se formó hace 150 años, mientras que Catalunya y España comparten historia desde que el mundo es mundo. Canadá fueron dos pueblos unidos a la fuerza por potencias extranjeras, mientras que Catalunya simplemente está dentro de España. Además, en el Quebec hay un reconocimiento histórico por parte de la mayoría de países de hecho diferencial con Canadá.

Constitucionalmente, muy pocos países han reconocido en su historia el derecho a decidir en su propia patria y casi todos ellos, debido a que eran pueblos que se unieron tras evoluciones o conflictos bélicos, como son los casos de la Unión Soviética, a día de hoy solamente Etiopía y Sudán (que ya lo ejerció) poseen esa posibilidad en su Constitución, a más del conocido caso de Canadá en el que se ejerció el derecho de partir el país prácticamente en dos, el antiguo lado inglés y el antiguo lado francés, que en este tiempo prácticamente han convivido como estados independientes ya que esa falta de fusión real de Quebec con el resto de Canadá ha originado diferencias que, desde la perspectiva española, parecen insólitas. En la región de Quebec, el 81% de la población habla únicamente francés, el 10% son alófonos, el 8% sólo inglés y menos del 0,8% son bilingües. En el resto de Canadá, la lengua predominante es el inglés.

Como dice el refrán, difama que algo queda, pero cuando Tardà y Rufián lo hacen en el Congreso que no lo hagan como si representaran al conjunto de los catalanes, menos aún cuando solamente les han votado el 17% de ellos. Los que, como yo, que somos mayoría, no somos independentistas también pagamos el sueldo a estas personas, sin embargo, el descrédito y la antipatía que estamos teniendo los catalanes por culpa de personajes de esta índole es algo que los demagogos y los rufianes nunca nos podrán pagar.

Fuente de la fotografía de portada: www.ara.cat
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