Entre Donald Trump y Belén Esteban

Siempre me han sorprendido esas personas que, cuando van al cine, hablan de una película diciendo que se trata de un filme de Bruce Willis o de Julia Roberts o del actor que sea, por el simple hecho de que las películas no son de los actores, son de los directores. Yo voy a ver películas de Woody Allen o de Danny Boyle, pero nunca he ido a ver una película por un actor porque, como es obvio, el estilo lo pone el director o el guionista y la película la hace todo un equipo, un equipo en el que, nos gusté o no, la mayoría de las veces los actores son lo de menos. Sin embargo, cuando la gente va a ver las películas de Mario Casas o de Adriana Ugarte es porque, probablemente, desde el propio mundillo del cine se vende que el cine es de los actores y no de los directores, por más que, si reflexionamos, es obvio que no es así.

En el mundo de la política, pasa algo parecido, muchos son de este o aquel actor, es decir, de tal o cual político cuando lo que deberíamos es tratar de ser de unos ideales, de una ideología, mucho más que de un partido o de un político. Así ocurre que son más importantes los actores que, incluso, el personaje; la actuación que el contenido. Los avatares políticos de los últimos tiempos han hecho que, para muchos, la política se haya convertido en una película sencilla, de buenos y malos, de indios y vaqueros. No obstante, no nos damos cuenta de que, en esas películas, que son vistas desde el lado de los vaqueros, nos parece que los vaqueros son los buenos y ni siquiera nos hemos planteado que no pueda ser así. Nunca hemos visto el lado de los indios y, como lo desconocemos, no son los nuestros sino los otros, los de ellos.

Hay un  gran número de personas, unos por edad y otros por desgana, que nunca habían prestado atención a la política y que, sin embargo, ahora parecen ser grandes especialistas. A pesar de ello, si les preguntases qué es la socialdemocracia, el liberalconservadurismo, el socioliberalismo o cualquier otro pensamiento político, no sabrían decirte ni la historia de esos movimientos ni qué significan, ni siquiera qué partidos se asocian a esas corrientes de pensamiento. Todo es una peli de vaqueros, de buenos y malos, una peli enfocada desde un solo punto de vista. Y eso hace que haya miles de personas que, verdaderamente, se crean que el Congreso se divide entre “La Gente” y “Los Fascistas”.

Ha cuajado la idea de que, porque no todo haya salido bien, porque haya habido casos de corrupción política y judicial, la democracia no es real y esa irrealidad se achaca a ser una herencia del franquismo, por eso, todos los que piden respeto a la democracia y a la Constitución son fascistas. Pero lo cierto es que es completamente al revés. Primero, y como es obvio, porque los corruptos son los que no han respetado la Constitución y, segundo, porque esa corrupción judicial que todo el mundo achaca a que los jueces, en parte, son elegidos por los partidos políticos, en realidad muestra el desconocimiento de que, en realidad, eso fue un punto exigido por la izquierda para firmar la Constitución y que, precisamente, Alianza Popular y la UCD de Adolfo Suárez estaban en contra de ello.

Sin embargo, ahora leemos el presente como si el partido que está en el Gobierno fuese quien ha redactado esa norma. La creencia de que quien gobierna hace y deshace sin tener que rendir cuentas es muy común en nuestro país cuando, en realidad, no es así, entre otras cosas gracias a la Constitución. De este modo, en esta eterna campaña electoral que hemos vivido y que ha durado más de un año, cada vez que la policía o los medios de comunicación han sacado a la luz un caso de corrupción del PSOE, de Podemos o de un partido nacionalista, se ha achacado a que estos están dirigidos por el partido que gobierna. No obstante, si repasamos la hemeroteca, el 80% de los casos de corrupción que han salido en este tiempo pertenecían al Partido Popular.¿Entonces? ¿Hay un gobierno fascista que controla todo o vivimos en una democracia donde la policía y la prensa tienen su calendario propio y no miran, si hay elecciones o no, para destapar un caso de corrupción?

¿Entonces por qué muchos tienen la sensación de que el Gobierno dirige los jueces, la policía y la prensa? ¿Por qué ven la película sólo desde el lado del vaquero y no del indio? Por qué, sino, los de más a la izquierda y los nacionalistas no protestan cuando hay personas que rodean el Congreso de los Diputados el día en el que, democráticamente, los representantes del pueblo están invistiendo al Presidente del Gobierno, nos guste o no, sea quien sea ese Presidente que, por cierto, a mi tampoco me gusta

A partir de la investidura es cuando comienza la verdadera película. Pero muchos no quieren verla por el director que somos los españoles, los de derecha, los de izquierda, los de centro, los andaluces, los madrileños, los vascos, los conservadores, los socioliberales, los comunistas… sino que quieren ver los actores, a sus actores preferidos, aunque hagan de villanos, como fue el caso de Pablo Iglesias o de Gabriel Rufián. Eso sí, Rufián tiene una excusa, él quiere que la película sea mala, quiere que España fracase, de hecho, está en Madrid y no en el Parlament de Catalunya porque es un político mediocre. Por este motivo no está en el gobierno de Catalunya y está en el Congreso de los Diputados, pues saben que allí puede hacer perfectamente el papel de Tardà, un bufón burlesco e irrespetuoso, con la tranquilidad de que en el Congreso no tiene nada que hacer, no tiene trabajo, no ha de hacer que el país vaya a mejor, sino que solamente debe entorpecer del mismo modo que estos años ha hecho Tardà. Pero al estilo charnego, para que en Madrid vean que los hijos de los que vinieron desde otros puntos de España ya están bajo el abrazo del independentismo.

Peor es el caso de Iglesias cuando parafraseó a Primo de Rivera al decir que el Congreso no representaba al pueblo, sino que el pueblo estaba fuera. Aplaudió a Oskar Matute de Bildu y se quedó quieto cuando PP, PSOE, Ciudadanos y PNV aplaudieron a las víctimas de ETA. Eso sí, Pablo Iglesias perdió el protagonismo, no fue el malo de la peli, Rufián le ganó, consiguió dividir el Congreso entre los que para él son la gente y los fascistas, pero que en realidad son constitucionalistas y guerracivilistas. Que Rufián fuese el protagonista es lo de menos, lo peor es el estilo, entre Donald Trump y Belén Esteban, y sobre todo que haya una parte de la población que lo defienda porque ha visto la película desde el lado de los vaqueros.

Lo importante es buscar el bien de España y España no es el Rey, ni el Presidente, ni siquiera el Himno o la bandera; España son los ciudadanos que vivimos en este país y, por mucho que haya quien no le guste España, no se sienta cómodo con su historia, con su presente o con lo que sea, deben dejar de engañarse, no se puede querer el bien de los ciudadanos sin que el país vaya bien. Si a España le va bien, a nosotros nos irá bien y eso solamente se consigue uniendo fuerzas y no poniendo palos en las ruedas, como hacen Iglesias, Rufián y compañía.

Fuente de la fotografía de portada: elperiodico.com
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El demagogo y el rufián

Joan Tardà i Coma, diputado en el Congreso por Esquerra Republicana de Catalunya, alcanzó gran popularidad en Catalunya sobre todo gracias al satírico programa Polonia, en el que lo caricaturizaban como un ogro bueno que repetía siempre la frase “Algú ho havía de dir” (Alguien lo tenía que decir). Tardà licenciado en filosofía y letras lleva viviendo de la política desde hace 37 años ya, con lo cual puede hablarnos del Nou país, pero no de nuevas políticas.

En 1979 fue concejal en Cornellá por el PSUC (al cual ya no pertenecía ya que rompió el carnet del partido cuando el Partido Comunista aceptó la monarquía) pero, tras un cisma en el partido, fue sustituido de su cargo de Concejal de Cultura en 1981. Más tarde, se unió a Nacionalistas d’Esquerres afiliándose a ERC en 1992. Con los republicanos fue progresando y, una vez en el Congreso, siempre trató de llamar la atención haciendo que el Presidente de la Cámara tuviera que llamarle la atención por saltarse el reglamento.

Sus salidas de tono también han ocurrido fuera del Congreso, como cuando en un acto de las Juventudes de Esquerra deseó al muerte del Rey. La figura del Monarca ha sido siempre un objetivo de Tardà quien, incluso, una vez recriminó a Juan Carlos I el no haber aprendido nunca catalán, por más que se ha visto públicamente hablarlo, tanto a él como a Felipe VI. Aunque a Tardà y a los suyos no les importa quedar retratados porque, especialmente él ya tiene su propia verdad y lo mismo te defiende la defensa de las lenguas de España como vota en contra de una partida para la defensa de la lengua asturiana.

Tardà fue el miércoles al Congreso no ha hablar sobre el sí o no a Mariano Rajoy sino, como diría Francisco Umbral, “Yo he venido a hablar de mi libro” y quien dice libro dice cuento, el cuento del separatismo catalán. Pensé que quizá hablaría el Rufián y, al final, sin embargo, lo hizo el demagogo que buscó falsas comparaciones para reivindicar el referéndum unilateral que los separatistas catalanes piensan realizar en junio del año próximo.

Habló Tardà de cómo Noruega se independizó de Suecia. La realidad de la historia noruega es que en 1397 se produjo en la Unión de Kalmar la reagrupación de los reinos de Dinamarca, Noruega y Suecia en una misma persona, la reina Margarita I. La unión no tuvo arraigo ya que la aristocracia sueca siempre fue reacia a los daneses que lideraban dicha unión. El reino de Dinamarca y Noruega siguió hasta 1814 cuando la alianza con Napoleón provocó que Noruega volviese a Suecia en reinos unidos, pero diferenciados e independientes y con el rey de Suecia aceptando la Constitución de Noruega. En 1905 la unión con Suecia acabó y Noruega entregó su reino al príncipe de Dinamarca que acabaría siendo Carlos VI de Noruega. Esa separación se hizo con un referéndum que aprovecha Tardà para reclamarlo como ejemplo de la independencia de Noruega, pero Noruega siempre fue independiente, por más que estuviese unida a Suecia, y la separación estaba contemplada en la constitución noruega que acató el Rey de Suecia. Es decir, los casos no tienen absolutamente nada que ver.

Tardà también puso el ejemplo de Escocia y su referéndum en el que el pueblo escocés votó seguir unido al Reino de la Gran Bretaña. El de los escoceses es otro caso que no tiene absolutamente nada que ver con Catalunya. En el acta de unión de 1707 decidieron que Escocia e Inglaterra unirían en un mismo gobierno las naciones, algo similar con lo ocurrido con Irlanda que, pese a tener la independencia de Inglaterra, quiso voluntariamente formar parte del Reino Unido en 1800. El Reino Unido no tiene Constitución y, como tal y para que nos entendamos, la unión entre los distintos países es “voluntaria”, no siendo una nación sino una unión de naciones. Precisamente el hecho de no haber una Constitución firme hizo que Irlanda y el Reino Unido acabaran en guerra, firmando la paz en 1921 y, posteriormente, habiendo una guerra civil irlandesa. Creo que éste tampoco es ejemplo para Catalunya.

Para finalizar, iremos al siempre controvertido caso de Quebec en Canadá. Quebec formaba parte de Nueva Francia (que incluía parte de Canadá y parte de los actuales Estados Unidos). Con el Tratado de París en 1763, el Rey Luís XV entregó Quebec al que consideraba un territorio helado sin importancia al Reino Unido. Esas tierras acabarían formando Canadá, uniendo a ingleses con franceses y a anglicanos con cristianos. La composición de Canadá y la de España se parecen tanto como un huevo a una castaña. Canadá se formó hace 150 años, mientras que Catalunya y España comparten historia desde que el mundo es mundo. Canadá fueron dos pueblos unidos a la fuerza por potencias extranjeras, mientras que Catalunya simplemente está dentro de España. Además, en el Quebec hay un reconocimiento histórico por parte de la mayoría de países de hecho diferencial con Canadá.

Constitucionalmente, muy pocos países han reconocido en su historia el derecho a decidir en su propia patria y casi todos ellos, debido a que eran pueblos que se unieron tras evoluciones o conflictos bélicos, como son los casos de la Unión Soviética, a día de hoy solamente Etiopía y Sudán (que ya lo ejerció) poseen esa posibilidad en su Constitución, a más del conocido caso de Canadá en el que se ejerció el derecho de partir el país prácticamente en dos, el antiguo lado inglés y el antiguo lado francés, que en este tiempo prácticamente han convivido como estados independientes ya que esa falta de fusión real de Quebec con el resto de Canadá ha originado diferencias que, desde la perspectiva española, parecen insólitas. En la región de Quebec, el 81% de la población habla únicamente francés, el 10% son alófonos, el 8% sólo inglés y menos del 0,8% son bilingües. En el resto de Canadá, la lengua predominante es el inglés.

Como dice el refrán, difama que algo queda, pero cuando Tardà y Rufián lo hacen en el Congreso que no lo hagan como si representaran al conjunto de los catalanes, menos aún cuando solamente les han votado el 17% de ellos. Los que, como yo, que somos mayoría, no somos independentistas también pagamos el sueldo a estas personas, sin embargo, el descrédito y la antipatía que estamos teniendo los catalanes por culpa de personajes de esta índole es algo que los demagogos y los rufianes nunca nos podrán pagar.

Fuente de la fotografía de portada: www.ara.cat

Rufián y Molinero, los charnegos agradecidos

A través de los medios de comunicación, ha habido una serie de declaraciones entre el locutor de radio Justo Molinero y el Diputado de ERC Gabriel Rufián en la que el periodista acabó llamando gilipollas al político. Imagino que Justo Molinero habrá creído que Rufián puede quitarle el primer puesto en la lista de Charnegos Agradecidos y Siervos del Nacional Catalanismo.

Justo Molinero ha presumido de ser el andaluz mejor adaptado a Catalunya durante años y, claro, para él adaptarse es arrodillarse ante los que creen que los ciudadanos de Catalunya que han venido desde otros puntos de España son de segunda categoría.

El locutor ha sido una marioneta que se ha enriquecido del mismo modo que los siervos que eran cercanos a los Reyes se ganaban un puesto en la corte. Ha sido el bufón que ha tratado que los andaluces e hijos de andaluces estuvieran distraídos oyendo la radio, montando ferias y enrolados en asociaciones culturales para que no pensaran en política.

Obvio es que una persona que dejó Dos Hermanas deba adaptarse a la vida de Barcelona, tanto como uno que venga de un pueblo de Girona, pero eso de comparar el hecho de adaptarse, como si los andaluces hubieran venido de otro país, es hacer poco bien a los propios andaluces.

Molinero, que empezó a hacerse rico gracias a una cadena de radio ilegal y que consiguió la licencia gracias a una manifestación que se hizo en Barcelona en la que asistieron muchísmos andaluces, es el reflejo claro de lo que es un charnego agradecido.

Pero adaptarse a Catalunya no es ser más nacionalista que nadie. Quien a día de hoy diga que los andaluces, que son casi un millón de personas (sin contar a sus hijos que ya nacieron en tierras catalanas), no se han adaptado a Catalunya creo que no entiende el significado de la palabra adaptarse.

Que se utilice el idioma para indicar que alguien no se ha adaptado es la mayor de las perversiones que puede hacerse. Yo he defendido en este blog que el catalán es un idioma tan español como el castellano y, del mismo modo, defiendo que el castellano es un idioma tan de Catalunya como el castellano.

Molinero siempre ha intentado estar con el poder y le ha ido bien, pero no creo que sea ejemplo para nadie. Hay un chiste que dice que unos andaluces llegaron a Catalunya siendo pobres y volvieron ricos a su tierra, donde al llegar les dicen: “-Oye, ¿cómo habéis hecho tanto dinero, si os fuisteis de Andalucía con una mano delante y otra detrás?”. A lo que el otro contesta: “-Pues, mira, mi mujer se quitó la mano de delante y yo la de detrás y nos hicimos ricos”.

Esa ha sido la forma, metafóricamente hablando, de cómo ha ganado dinero Justo Molinero. Y lo peor es que en su programa trata de hacerse el paleto y, con ello, dando una imagen de catetos a los que vinieron de otro punto de España a Catalunya.

Rufián y Molinero son dos caras de la mima moneda. No representan a los adaptados, porque adaptados están todos los que han venido a Catalunya, sobre todo porque es fácil adaptarse a una ciudad de tu mismo país.

Tengo pendiente escribir una entrada hablando de cómo, cuándo y por qué los andaluces fueron masivamente a Catalunya. Pero la imagen que dan Rufián y Molinero, desde luego, es totalmente falsa. Esa entrada se la debo a todos los andaluces que han hecho de Catalunya lo que es hoy, hablando en ella sobre cómo el rechazo a los andaluces, en algún momento de la vida, fue más por motivos políticos y clasismo que por identidad nacional, como muchos nos quieren hacer creer.

Molinero, Rufián, un aplauso para vosotros, habéis cumplido vuestro objetivo de ganar dinero arrodillados ante el Nacional-Catalanismo, pero que en vuestra propia ciudad hayan fracasado los partidos independentistas refleja que, para los independentistas, quizá sois un ejemplo pero para los constitucionalistas no sois más que unos vendidos al poder establecido.

Fuente de la fotografía de portada: lavanguardia.com

Las dos Catalunya

Joan Tardà es diputado en el Congreso desde hace 12 años. Ha hecho siempre muchos esfuerzos por mantener su trabajo, no porque haya hecho grandes mociones, ni grandes discursos, ni por supuesto por ayudar a que el Estado funcione mejor, sino por gritar, insultar y menospreciar a los españoles, requisito indispensable para ser Portavoz de Esquerra en Madrid.

Tardà es un actor, no un político. De hecho, bastante buen actor, desde luego mucho mejor que Rufián, y siempre ha sabido que, siendo un excéntrico, no le faltaría el pan. Su currículum está lleno de insultos al Rey, los cuales los colecciona como si fueran medallas de guerra.

Ya en 2008, comenzó a tener fama por su grito de “Muerte al Borbón” en el día de la Constitución, después matizó que no se refería a Juan Carlos I sino que era un grito popular catalán de 1714. ¡Vaya! Ese día se me cayó un mito pues, más allá de discrepar en las ideas, pensé que era valiente, pero no, no estaba dispuesto a meterse en marrones ni por Catalunya ni por la República.

Pensé que era un defensor de las culturas y las lenguas de España, pero ahí también me equivoqué ya que votó en contra a la enmienda presupuestaria de Foro Asturias que proponía un presupuesto estatal de 143.000 € para la Academia de la Llingua Asturiana.

Luego dijo que había sido un error, pero no hay error, el independentismo catalán es la exaltación de la creencia romántica que dice que los catalanes pertenecen a una etnia superior, cosa que por supuesto los asturianos no.

Antes de ayer, nombró así de corrido a la Inquisición, los bombardeos de Felipe V y la dictadura de Franco, aludiendo a una limpieza étnica imagino que contra los catalanes. A Tardà le gusta hablar sobre guerras y batallas del pasado y lo hace haciendo equivalencias con la situación catalana actual, es decir, como si hubiera una guerra en Catalunya.

Sin embargo, cuando le nombran el nerviosismo patente en las calles, él lo niega y asegura que en las calles todo sigue normal, que no hay tensión ni enfrentamientos, es más, siempre presume de que el proceso independentista de Catalunya es pacífico.

¿Pacífico? Hombre, amigo Tardà… de tener Ejército ya veríamos, pero ahora es pacífico, claro, teniendo en cuenta que Catalunya no tiene ni una sola posibilidad de hacer nada a la fuerza. Qué remedio queda que el independentismo sea pacífico.

Aunque, lógicamente, en el año 2016 todos sabemos que el maltrato psicológico era tan duro como el físico y ahí sí que hay violencia, no por parte de los independentistas, sino de los que dirigen el proceso independentista, los amigos de Junts pel 3% y sus siervos de la CUP.

¿Hay maltrato? Si nos parece poco, maltrato que nos hagan sentir extranjeros en la tierra donde hemos nacido; si nos parece poco, que nos llamen fascistas por el simple hecho de sentirnos españoles… pero, claro, hay muchos que dicen que no pasa nada, que todo está normal, también los no nacionalistas. Pero, claro, los que no tienen problemas son aquellos que no se muestran políticamente. Digan lo que piensan y verán cómo todo cambia.

Mientras la mayoría silenciosa sea silenciosa, no habrá problemas y, por eso, muchos de los catalanes que se sienten españoles no dicen lo qué piensan ni qué votan. Pero, claro, ocultar tus pensamientos está convirtiendo a Catalunya en una dictadura.

Sin embargo, todo esto y aunque parezca mentira está trayendo algo bueno para los catalanes que también se sienten españoles. Y es que estamos demostrando nuestra catalanidad desde la españolidad y eso con el tiempo conseguirá tres cosas: una, que los catalanes que se sienten españoles defiendan la cultura catalana como propia; dos, que los catalanistas sensatos pronto abandonarán el radicalismo independentista; y lo tercero y más importante es que, ya no sólo se oye el catalán en el Congreso para chillar e insultar como Joan Tardà, sino que en sólo dos plenos ya hemos tenido la oportunidad de oír con total normalidad  en catalán a Albert Rivera y Dolors Montserrat del Partido Popular. Con lo cual, el señor Tardà y los suyos no podrán vivir de un enfrentamiento diseñado por ellos.

 

Fuente de la fotografía de portada: antena3.com

Ciudadanos sin complejos

Tuve la oportunidad de conocer al diputado en el Parlament de Catalunya por Ciudadanos Sergio Sanz en una visita a mi ciudad, Rubí, en la campaña electoral de las Generales, acompañando al ahora Diputado en el Congreso Juan Carlos Girauta y a los también Diputados en el Parlament Carlos Carrizosa, Marina Bravo y mi paisana Sonia Sierra.

Sergio se interesó muchísimo por la política local, nos hizo muchas preguntas sobre lo que acontecía en la población y no se fue sin antes intercambiar solicitudes de amistad en las redes sociales. Desde entonces, le he seguido bastante y, a día de hoy, tengo claro que es una de esas personas de la que te sientes orgulloso que te represente.

En sus declaraciones, ya sea en el Parlament o en las redes sociales, no se esconde en absoluto, no tiene miedo a mostrar lo que piensa, lo que siente y es una persona totalmente coherente. El pasado día 3, fue el encargado de, por enésima vez, condenar el franquismo en el Parlament, por más que Rufián, ya saben, el charnego agradecido de ERC, dijese que el partido naranja no ha querido condenar la Dictadura que tuvo que padecer España durante casi 40 años.

Rufián, que para los más despistados es apellido y no apodo, se puso nervioso por el mismo motivo que todos los miembros nacionalistas lo están, porque ya están observando que Ciudadanos va a desenmascarar todas las mentiras de los independentistas. Para comenzar y aún sin Presidente en el Gobierno, ya toda España ha podido observar que, si utilizas el catalán en las Cortes para dar naturalidad y no para agredir, absolutamente nadie (quizá algún despistado del PP) critica el hecho de que se utilice dicha lengua en el hemiciclo y Albert Rivera lo hizo sin complejo alguno.

Rufián y los suyos creen que, por decir mil veces una mentira, se convertirá en verdad, pero lo cierto es que no es así. El propio Girauta, respondiendo a Pablo Iglesias en un tema similar, ya indicó que la única relación que él tiene con el franquismo es a su abuelo que estuvo encarcelado por esos mismos fascistas por luchar por sus ideas.

Pero Iglesias y Rufián estaban despistados ya que, como he dicho antes, el pasado miércoles sin ir más lejos, Sergio Sanz en el Parlament volvió a condenar el franquismo y de modo contundente, “Ante está moción volveremos a manifestar, como siempre hemos hecho, que condenamos el franquismo y cualquier forma de fascismo y tolitarismo”.

De verdad digo que relacionar al franquismo con Ciudadanos es la mayor aberración que hay en la política y la más desagradable de las patrañas que, como leyendas urbanas, recorren internet.

Hay otras formaciones, como Podemos o Esquerra, que consideran que la democracia española es una secuela de la Dictadura. Llegan a utilizar el término del posfranquismo para hablar del actual sistema democrático en el que vivimos y que, por más que digan, es la época de mayor libertad, bienestar y paz que hemos vivido en la historia de España. De ese rocambolesco pensamiento vendrá esa rareza de llamar franquistas a los más constitucionalistas.

Pero en el mundo real, en el de las personas sensatas, ser constitucionalista es todo lo contrario, es defender los derechos y las libertades de los españoles. Por eso, para los que defendemos las ideas de C’s, lo primero es la igualdad entre los españoles y la defensa a ultranza de que los ciudadanos son los dueños y soberanos del Estado.

Para los que hemos nacido en democracia, tener que condenar el franquismo es llamativo porque, como es obvio, el Dictador es alguien que no tenemos en mente por la sencilla razón de que no pertenecemos a la misma época. Aún así, Sergio Sanz volvió a condenarlo en nombre de Ciudadanos con un discurso claro y rotundo.

Eso sí, como leí por ahí, es paradójico que los que aclaman a un preso de ETA como Otegui y que lloraron la muerte de un Dictador como Chávez exijan a demócratas que condenemos una Dictadura. Por supuesto que lo hacemos. ¿Y ustedes? ¿Por qué no condenan los atentados de ETA o de Terra Lliure? ¿Por qué no condenan los crímenes de Venezuela?

En fin, volvamos al presente, volvamos a la democracia que imagino que es lo que todos queremos. Eso sí, para que haya democracia, hay que sentarse a negociar, tratar de llegar a acuerdos, firmas, pactos, cosa que hasta ahora muchos se niegan.