En una época política de pactos, ¿tiene sentido votar a un partido con el que nadie va a pactar jamás?

Un conocido me decía ayer que el 26 de junio no iba a volver a votar a Podemos. Más allá de la alegría que me dio, me pareció interesante su reflexión: “estamos en una época de pactos, así que para qué voy a votar a un partido con el que nadie va a pactar”.  La reflexión es clara, simple, pero no por ello menos inteligente.

Yo ya he escrito alguna vez aquí que Podemos, con su extremismo, estando en contra de la Constitución, yendo de la mano de los independentistas y tratando de defender a personas como Otegi, se ha creado un micromundo en el que nadie puede entrar, más aún cuando estos se creen que tienen la sartén por el mango. De modo que o gana por mayoría absoluta, que eso no va a ocurrir, o les será imposible estar en el Gobierno.

Muy obcecado hay que estar con Podemos o muy hipnotizado por los cantos de sirena de Pablo Iglesias, para no reconocer que quien votó a Podemos jamás pensó que ante la posibilidad de permitir gobernar a Pedro Sánchez y no a Mariano Rajoy, el partido morado decidiría no hacerlo.

Pero Podemos no quiere sacar al PP del Gobierno, su intención es dar el sorpaso a PSOE y, a falta de conseguir más votantes, su táctica es que más partidos entren en coalición con ellos. Así, si no pueden convencer a personas, intentarán comprar almas.

Los confluencias de Podemos son un engaño y, además, los líderes de la formación morada juegan con esa trampa; dicen ser la tercera fuerza más votada cuando son la cuarta pero, claro, ellos cuentan también a los diputados de las confluencias. Sin embargo, el pasado sábado, cuando Iñigo Errejín habló en LA SEXTA del gasto de Podemos en campaña, solamente contó los 2,2 millones de Euros que gastaron ellos, no teniendo en cuenta el gasto de En Marea, Compromís y En Comú Podem. Entonces, ¿qué ocurre? ¿Estos sólo son de Podemos cuando nos interesa?

Ahora el trabajo de la formación de ultra-izquierda está en convencer a Izquierda Unida e, incluso, al partido animalista PACMA, de que formen parte de Podemos. Eso son 1 millón 50 mil votos o almas. Pero en la política ese tipo de cuentas no siempre salen. De hecho, rara vez sale salen. Pero, para Podemos, parece que lo importante no es ver cuánta gente le apoya, sino única y exclusivamente ser parte del bipartidismo que tanto criticó.

No sé si muchos de los que votaron a Podemos el 20D piensan cómo mi conocido, si verdaderamente harán esa reflexión y se darán cuenta de que el voto a Podemos es un voto perdido y que los que verdaderamente desean un cambio tendrán que utilizar el voto útil, cosa que, en la política actual, es aquel que va a un partido con posibilidades real de cambio a través de pactos.

Soy de la opinión de que no habrá grandes cambios en las elecciones y que la cuestión estará más en que los partidos abandonen las líneas rojas y no en que los españoles cambien el voto.

Con la más que presumible victoria del PP, los partidos tendrán que comenzar a pensar en qué peaje le piden a los populares a cambio de dejarles gobernar y ahí es donde, a mi parecer, las cabezas de Mariano Rajoy y de alguno de los más cercanos a él pueden peligrar.

Las formaciones deben tener claro que todos deberán ceder y que el Partido Popular no puede pretender que otras formaciones le apoyen sin más. Yo espero que eso no ocurra; me encantaría pensar que habrá un vuelco y que los españoles valorarán el esfuerzo de Ciudadanos para formar gobierno, para evitar las elecciones. Si eso no ocurre, desearía que la menos, la formación naranja, fuera decisiva para poder formar un gobierno, ya sea de PP o de PSOE.

La nación tiene en estos momentos dos grandes peligros y ambos están dentro de casa: uno es el radicalismo de extrema izquierda de Podemos y, el otro, el independentismo. De modo que, queramos o no, los partidos constitucionalistas deberán entenderse.

“Qué decepcionado estoy con Podemos” dijo mi conocido y lo cierto es que yo, que jamás pensé en votar al partido de Pablo Iglesias, también lo estoy. Qué triste es que, escondido en una fachada de partido nuevo, haya una ideología del siglo XIX y qué pena que partidos como UPyD o, incluso, la propia Izquierda Unida de hace un tiempo no tengan sitio en este Congreso y Podemos sí.

 

Fuente de la fotografía de portada: elperiodico.com
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Una nueva forma de hacer política

Soy yo un simple opinador y no soy quien para dar lecciones de nada, pero cierto es que a menudo me sorprendo de oír o leer cuestiones que demuestran que hay muchas personas que, al parecer, no conocen bien del todo cómo funcionan las instituciones. Hay personas que critican la postura de Ciudadanos en cuanto a que haya permitido gobiernos de PSOE y del PP en diferentes ciudades o autonomías.

En cuanto esto, hay dos cuestiones que debemos analizar. Una, que muchas personas confunden el permitir la gobernabilidad y, otra, qué es formar parte del Gobierno. Y digo esto porque, por lo que veo, hay muchos españoles que no tienen clara la diferencia. Hay quien asegura que Ciudadanos apoyó al PSOE en Andalucía y al PP en Madrid y eso es rotundamente falso.

Más allá que, de hacerlo, no ocurriría nada, ya que el partido naranja ha mantenido, desde su creación hace diez años, que es más importante mirar lo que nos une que lo que nos separa con las formaciones que no piensan como nosotros, no es cierto que Ciudadanos forme parte del gobierno de ninguna autonomía y me alegro de que así ocurra porque esa fue una promesa electoral del partido y se ha respetado en cada una de las autonomías españolas.

En Madrid, por ejemplo, Ciudadanos permitió gobernar al Partido Popular a cambio de que el partido liderado por Cristina Cifuentes aceptara una gran serie de puntos, en cuanto a regeneración política y transparencia, pero se quedó en la oposición y hace oposición así que, como es normal, en algunos asuntos votó de la mano del PP y en otros lo mismo que PSC y Podemos.

Y quienes critican que Ciudadanos dejara gobernar al PP, yo les digo, ¿Qué debía hacer? La única alternativa era votar a favor de un pacto de PSOE con Podemos, ¿eso sería mejor? ¿Verdaderamente C’s debe permitir que un partido que no respeta la Constitución como Podemos tenga la llave de la gobernabilidad en la comunidad de Madrid?

Y hay quien dice que en el PP de Madrid ha habido corrupción. Y, sí, la ha habido, de ahí que Ciudadanos sea implacable con los casos que ocurran en dicha comunidad y que, si Cifuentes no respeta el pacto, habrá un voto de censura y nuevas elecciones.

En Andalucía ocurre algo parecido. El PSOE de Susana Díaz ganó las elecciones y solamente había dos opciones, o repetir elecciones o tratar de permitir que gobernara la fuerza más votada, a cambio de ser implacable con la corrupción y que personas como Chaves y Griñan tuvieran que abandonar su acta del PSOE. Por supuesto, como ocurre en todas las comunidades, Ciudadanos se quedó en la oposición.

De modo que, en este tema, hay dos cuestiones importantes: una, que los votantes de Ciudadanos que vengan de votar anteriormente a PP o PSOE deben tener claro que el partido no debe acercarse a lo que ustedes votaron antes, sino que ustedes tendrán que dar un paso al centro si creen que la opción del cambio sensato es la mejor de todas; y lo segundo es que no seamos hipócritas, es decir, que si en las Elecciones Generales nos quejamos de que los votantes no nos hemos equivocado y que los políticos deberían haber llegado a un acuerdo, no critiquemos también lo contrario. Quienes vean mal que Ciudadanos dejara gobernar al PP en Madrid y al PSOE en Andalucía ¿qué están diciendo? ¿Que en esas comunidades sí se equivocaron los votantes? Porque no olviden que los madrileños votaron mayoritariamente al PP y los andaluces al PSOE. ¿Entonces? ¿Por qué los españoles no se han equivocado y los madrileños y los andaluces sí lo hicieron?

De modo que no confundamos churras con merinas. No es lo mismo permitir un gobierno que formar parte de él. No es lo mismo estar en la oposición que pedir cargos y sillas y, por supuesto, Ciudadanos no debe estar ni más cerca del PP que del PSOE ni viceversa. Ciudadanos debe intentar llegar a acuerdos con aquellos que quieran gobernar y recalco lo de que quieran gobernar ya que en las Generales no fue Ciudadanos quien rompió su regla de tratar de sentarse a hablar con la fuerza más votada, sino que fue la fuerza más votada la que se negó a intentar formar un gobierno.

En política, no siempre podremos estar de acuerdo con todo lo que haga un partido, porque una formación política no es una secta, hay tendencias y pensamientos diferentes y cada momento, cada lugar y cadas elecciones tienen sus matices y el no entenderse en un lugar no quiere decir que no se pueda conseguir en otro y, sino, les pondré un ejemplo. Hagamos política-ficción y supongamos que en las elecciones 2019 en Catalunya hay dos posibles gobiernos (que Dios no lo quiera) y C’s es la llave para elegir entre que gobiernen los independentistas o un gobierno alternativo de Podemos y PSOE. ¿Qué debería hacer Ciudadanos? ¿Qué problema es mayor? ¿El radicalismo independentista o el de extrema izquierda? ¿Y en Euskadi? Si Ciudadanos permitiera gobernar a Podemos para que no gobernase Bildu, ¿estaría traicionando su palabra o hay que evitar que gobierne el partido de los que antes eran ETA?

La política no es fácil, hay que tomar decisiones. Yo, personalmente, lo único que pido a C’s es que siga anteponiendo el bien de los españoles a los del partido como ha hecho durante este año. Y, ya saben, ni rojos ni azules, somos naranja y estamos aquí para intentar conseguir una nueva forma de hacer política.

Pablo Iglesias, el estandarte de la gente “normal” cree que tener amigos en ETA es normal

Decía Pablo Iglesias que él no tiene amigos en los papeles de Panamá porque la gente “normal” no es la que tiene sus nombres en paraísos fiscales, sino que la gente “normal” es la que está en el paro, la que ha sido desahuciada, la que no tiene para calefacción o para comer.

Creo que no se puede hacer más populismo en menos tiempo. Entonces yo, que llevo quince años trabajando en el mismo sitio, que pago religiosamente la hipoteca, que pongo la calefacción cuando tengo frío y que como tres veces cada día… ¿no soy normal?

Es curiosa la doble moral de Iglesias (y quien dice de Iglesias dice de Alberto Garzón que, últimamente, son como los personajes de Tintín Hernández y Fernández, esos gemelos que siempre dicen lo mismo), en la que, cuando alguien recuerda el daño que ha hecho ETA, le acusan de estar aprovechando las víctimas para ganar votos y, sin embargo, la ultraizquierda puede usar a los que no tienen trabajo, a los desahuciados y a los que no tienen para comer en su campaña electoral.

Yo creo que las personas normales somos los que tenemos amigos que les va bien, que ganan dinero y pueden viajar por el mundo visitando hoteles de 5 estrellas y, a la vez, tenemos también amigos que están en el paro. Porque las personas normales no somos clasistas, no miramos a nuestras amistades por su cuenta corriente.

Las personas normales no creemos que los que no piensan como nosotros son nuestros enemigos, las personas normales creemos en el diálogo, creemos que todos tenemos un poco de razón y que en algo debemos equivocarnos.

Eso sí, entre las personas normales de mi entorno no hay ninguno que tenga amigos en ETA, no conozco a ninguno que su propio padre fuese un terrorista porque, digo yo… Cierto es que suele pasar que creamos que lo que hay en nuestro entorno es lo normal. ¿No es verdad que cuando somos niños creemos que todo el mundo es tal y como es nuestra casa?

Cuando educamos a los más pequeños, tratamos de dar ejemplo. Si los padres no beben alcohol, los hijos creerán que lo normal es no beber. Sin embargo, si los padres beben, creerán lo contrario. Del mismo modo, si un padre trabaja en una fábrica, el hijo cree que lo normal es trabajar en una fábrica o, si es futbolista, probablemente crea que todos los papás son futbolistas.

De ahí que creamos que lo normal siempre sea lo que está en nuestro entorno; por eso es lógico que alguien crea que ser amigo de un terrorista como Otegi es lo normal, cuando tu padre ha estado encarcelado como miembro de la banda terrorista FRAP y qué decir ya si tu abuelo fue juzgado por hacer sacas durante la Guerra Civil.

Algunos de ustedes estarán pensando que hay hijos que no quieren parecerse a sus padres y cierto es, pero no es el caso de Iglesias que presume de ser hijo del FRAP. De hecho, cuando murió Santiago Carrillo, el líder podemita dijo literalmente: “Créanme si les digo que, siendo hijo de un militante del FRAP, tiene su mérito admirar a Carrillo”, es decir, que siendo hijo de una persona que no quería la reconciliación entre los españoles, que no deseaba la democracia, que estuvo contra la Constitución, podía admirar al líder comunista que sí aceptó que la Transición debía ser el símbolo de la reconciliación de los españoles.

En 1973, el FRAP, en el que militó el padre de Pablo Iglesias, comenzó a asesinar matando en Madrid a un subinspector de la Brigada Político Social. Posteriormente, asesinó a dos agentes de la Policía Armada y a un teniente de la Guardia Civil. De ese origen y de ese padrinazgo se siente muy orgulloso Pablo Iglesias.

Por eso, en el mundo normal de los Iglesias creer que Otegi es un hombre de paz es normal, equiparar a los que ponían las pistolas y los que ponían las nucas es normal, preocuparse de los verdugos más que de las víctimas es normal.

Y mi última reflexión es para Alberto Garzón y pienso… ¿estará triste por no tener ese tipo de familia?

La pinza PP-Podemos logra el objetivo y en junio volveremos a las urnas

Decenas de formaciones políticas, centenas de diputados a elegir, miles de esperanzas y, sin embargo, las elecciones del 20 de diciembre no valieron para casi nada. Habrá elecciones y las habrá porque hay muchos partidos que no han intentado llegar a un acuerdo, sobre todo PP y Podemos que, desde el principio, querían que las elecciones se repitieran.

A mi parecer, la gran incógnita de los nuevos comicios es saber qué porcentaje de abstención habrá porque eso y no otra cosa será lo que marque los resultados que, presumiblemente, no variarán demasiado. Habrá que ver si, como se presume, la abstención será notable y si eso afectará a Podemos como todo indica.

Para eso, aún falta mucho. Ahora lo principal es saber qué formaciones presentarán candidatura y si habrá uniones antes de la campaña. A mi parecer, lo ideal sería saber qué partidos tienen intención de sumar fuerzas. Eso haría que las elecciones fuesen más parecidas a como son en Dinamarca y los países nórdicos, esos países a los que muchos miramos con envidia.

Por lo que he podido apreciar, tengo la sensación de que en España no acabamos de entender esa forma de ver la política. Aquí, por más que queramos dejarlo atrás, seguimos en la lucha entre rojos y azules y no creo que se entendiera que, por poner un ejemplo, Ciudadanos dijera de antemano si va con un acuerdo con PSOE o PP.

Eso no tiene porqué ser un contrato cerrado, obviamente, pero este tiempo de negociaciones ha tenido que valer para saber con quién se podrá llegar a acuerdos y con quién no y, de algún modo, creo que se presentarán así.

El Partido Popular se sabe ganador, de hecho, presumiblemente, mientras más abstención haya, más favorecido saldrán los Populares. Pero, eso sí, ¿con quién va a pactar? Porque ser la fuerza más votada es muy probable para el partido de Rajoy pero, obviamente, no va a tener mayoría. El futuro que tenemos por delante deberá ser sí o sí de acuerdos y, verdaderamente, si como se dice, el PP en sus listas no tiene un gran cambio de caras, difícilmente nadie podrá llegar a acuerdos con ellos.

La corrupción es hoy en día la preocupación más grande de los españoles y, sí, sé que corrupción ha habido en prácticamente todos los partidos que han gobernado, pero en el PP parece obvia la corrupción institucional y, si miramos los números, a pesar de que sea menos dinero que en otras como los ERE, salpica a muchos nombres.

Personalmente, el Partido Popular no debe perder la oportunidad de renovarse, de que personas que todos tenemos en mente, como Pablo Casado, Javier Maroto o Andrea Levy, tengan una presencia más destacada y más importancia. Sin que eso ocurra, difícil va a ser para el PP conseguir apoyos.

Con Podemos, pasa tres cuartos de lo mismo. Pueden conseguir el apoyo de Izquierda Unida e, incluso, de ERC, Bildu, Convergència y el PNV. Pero, claro, mientras esos sean quienes le dan la mano, será imposible que PP, PSOE o Ciudadanos le den apoyo. Eso hace que se dé la paradoja de que la pinza PP-Podemos, que son los ganadores morales de esta corta legislatura, ya que han conseguido su propósito de ir a nuevas elecciones, sean quienes más difícil lo tienen para conseguir apoyos.

Estos partidos van a conseguir que los españoles nos gastemos 160 millones de euros en las elecciones de junio y eso debería ser suficiente para que los españoles castigasen a PP y a Podemos. Pero lo cierto es que no estoy seguro de que eso ocurra. PP y Podemos ya tienen sus maquinarias puestas para bombardear a Ciudadanos y PSOE, respectivamente, lo que demuestra que tanto unos como otros buscan que el bipartidismo no acabe, sino que mute… señoras, señores, ha nacido el PPodemos.

 

Fuente de la fotografía de portada: eldiario.es

La historia interminable de la Catalunya del pensamiento único

Ya expliqué una vez cómo, durante meses, estuve mirando la posibilidad de marcharme a vivir fuera de Catalunya, pues llegó el momento en el que la presión del nacionalismo iba a hacer irme de la tierra donde nací y viví siempre.

La locura colectiva que vive Catalunya está haciendo mucho daño y, a pesar de que en mi entorno el independentismo es algo casi inapreciable y que los pocos independentistas que tenía cerca se han querido alejar de mi vida, es dura la sensación de estar en un sitio donde muchos no te quieren, donde muchos te rechazan y llega el momento en el que la cuestión es saber quién tiene o no razón, haciéndose casi imposible vivir en un lugar donde una parte de la población siente odio hacia ti, hacia tu familia, hacia lo que tú representas.

Decidí quedarme por dos cuestiones: una de política, ver a los miembros de Ciudadanos luchando para que Catalunya fuese lo que siempre fue porque, por más que ahora nos quieran hacer ver que el independentismo siempre estuvo ahí, eso no es cierto dado que antes solamente lo era una minoría muy minoritaria y ahora se confunde el ser nacionalista con el ser independentista.

El otro motivo que me llevó a quedarme en mi tierra fue el ver una fotografía del año en el que yo nací, en la cual en el paisaje se veía la nada donde ahora hay todo un barrio, un barrio construido por personas que habían llegado desde otros puntos de España y que no fueron a quitar nada a nadie, sino a instalarse en la nada para construir algo.

Sin embargo, hay días en los que vuelvo a pensar en irme, en abandonar estas tierras. Días en los que piensas que la mejor forma de que acabe el enfrentamiento es dejar solos a los nacionalistas, aún a sabiendas que, cuando estuvieran solos, tendrían que inventarse alguien a quien odiar ya que el que ha hecho del odio su forma de vida difícilmente sabrá vivir sin él.

Tener que ver cosas, como los ataques a los miembros de Sociedad Civil Catalana en la Universidad Autónoma u observar cómo fascistas del nacional-catalanismo creen que los fascistas son los otros, te quitan las ganas de todo y te recuerdan las historias que nuestros mayores nos han contado sobre cómo tuvieron que sobrevivir a una guerra, de cómo llegaron a Catalunya y de cómo lucharon, sin ser catalanes de nacimiento, para que los catalanes recuperaran su autonomía, para que los catalanes pudieran estudiar su lengua, para que ahora a ellos y a sus hijos e incluso a catalanes, catalanoparlantes que defienden la unidad de España, les llamen fascistas.

Ver a estos impresentables, perros guardianes de los burgueses catalanes que odian más a los españoles por obreros que por españoles, querer hacer contra el castellano y los españoles lo mismo que en la época del dictador Franco se hizo contra el catalán; u observar a la Alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, y a la marioneta de Artur Mas, Carles Puigdemont, en la inauguración de la Feria de Abril de Barcelona, tratando a los andaluces como si fuesen extranjeros en Catalunya y fingiendo estar interesados por unas personas a las que odian, unas personas que ya han dicho basta, que ya han dicho “no nos engañáis más” y que, por tanto, silbaron a los dirigentes.

Los andaluces, por más que no se enteren estos dirigentes, no han tenido que adaptarse a Catalunya, no han tenido que acostumbrarse a nuevas costumbres en estas tierras, porque a nadie le cuesta adaptarse a su propia tierra, a su propio país. De modo que, por eso, silbaron a estos dos dirigentes que odian a los españoles, porque las personas ya no aguantan que se les hable como si fueran de otro lado y más cuando se trata de personas que, en su mayoría, han nacido en Catalunya.

Porque, por más que a los del pensamiento único no les entre en la cabeza, para ser catalán únicamente hace falta nacer o vivir en Catalunya. Ser catalán no es la pertenencia a una estirpe milenaria, ser catalán no es ser de un ADN diferente, ser catalán no es ser de una raza superior, ser catalán no es un apellido, ser catalán no es hablar en catalán, y ser catalán, por más que se empeñe esta gente, no es dedicar tu vida a odiar a España. Ser catalán es simple y llanamente haber nacido o vivir en Catalunya.

Sin embargo, tener que ver, que oír, que silbaban al President y a la Alcaldesa porque son catalanes me hierve la sangre, ¿y nosotros entonces qué somos? ¿Nosotros no somos catalanes? ¿Qué nos falta para serlo? ¿Qué requisito nos falta?

Lo peor de todo esto es que hay gente que está harta y ya no quiere ser catalana, que renuncia a ello y eso es un error ya que, por más que puedo entender ese sentimiento en parte, hay que tener una cosa clara, no es Catalunya la que nos odia, no son los catalanes. Quien nos odia es el independentismo, pero eso no es Catalunya, porque nosotros también somos Catalunya y no debemos renunciar a ello, no debemos irnos, no debemos dejar de luchar porque el nacionalismo, lacra de un siglo XX lleno de odio, de guerras y de muertos, no tiene cabida en el siglo XXI.

Por eso, debemos seguir luchando, para que no se propague esta enfermedad que destruyó media Europa en su momento. No rechacemos a los independentistas, hablemos con ellos, el nacionalismo es lo que es y, llegado el momento, ellos tendrán que elegir entre si verdaderamente pertenecen a una corriente racista, xenófoba y excluyente o si, en realidad, no son independentistas.

 

Fuente de la fotografía de portada: elperiodico.com

Ciudadanos irá a las nuevas elecciones siendo el único partido que se esforzó en evitarlas

Durante la campaña electoral de las Elecciones Generales, a menudo me preguntaba qué opinión tendrían de Ciudadanos las personas del resto de España que, a diferencia de los catalanes, que hemos podido comprobar durante diez años la trayectoria del partido, quizá eran más vulnerables y podían ver con escepticismo el partido presidido por Albert Rivera.

Cuando tuve la suerte de poder asistir al acto central de campaña en Vistalegre y vi cómo miles de personas se habían acercado de todos los puntos de España a apoyar el proyecto de C’s, quedé sorprendido de la esperanza que esas personas depositaban en el partido naranja.

Para alguien como yo, así como también otros que también fueron desde Catalunya a vivir ese acontecimiento, era muy emocionante ver lo que había crecido un proyecto que, una década antes, había nacido en Barcelona de la nada. Porque, por más que nos den la matraca con el tema de los grandes empresarios, el IBEX 35 y otros asuntos del mismo calibre, lo cierto es que este partido nació de la sociedad civil y solamente a base de esfuerzo y trabajo hizo lo que parecía imposible, que un partido no nacionalista llegara a ser tan importante como posibilidad real de alternativa a los representantes de la Catalunya nacionalista.

Las elecciones catalanas ya habían sido un gran triunfo, no ya sólo por el resultado, que ensalzó a nuestra Inés Arrimadas como Jefa de la Oposición y el azote del nacional-catalanismo, sino también porque la posibilidad de que Ciudadanos ganara las elecciones obligó a Convergència y ERC a ir unidos dado su temor de no llegar a ser la fuerza más votada.

Cuando se acercaba el 20 de diciembre, cada vez eran más las voces que acusaban a C’s de ser la marca blanca del PP, llegando a publicarse teorías con tan poco fundamento como que, ante el avance de Podemos, los poderosos buscaban un Podemos de derecha para sobrevivir. Es obvio que Ciudadanos ni se parece nada a Podemos ni es de derechas, pero lo más increíble de todo es que alguien pueda llegar a creer que miles de personas, que ya formaban parte de Ciudadanos antes de que se expandiera al resto de España, fingieran durante años ser de centro para que, si algún día aparecía otro partido de izquierdas, surgir como la nueva derecha para quitarle los votos a la verdadera derecha y, así, tenerlo más fácil para ganar.

Pero, claro, para llegar a este razonamiento hay que razonar. Desde Ciudadanos, sobre todo desde el núcleo del partido en Catalunya, teníamos claro que nuestro primer objetivo era tratar de ser clave para formar gobierno para que, de este modo, el partido que ganara las elecciones no tuviese por qué recurrir a los nacionalistas para gobernar, especialmente teniendo en cuenta que su chantaje, sobre todo el de Convergència, ha sido uno de los grandes males de nuestro país y una de las cuestiones que nos han llevado a donde estamos ahora.

Alguna parte de la prensa sumaba los votos de Ciudadanos a los del PP a la hora de hacer encuestas. En este mismo blog, ya escribí en esos tiempos que no sabía si lo hacían con mala intención o por mala información porque, por más que Ciudadanos deba tratar de dejar que gobierne la fuerza más votada, eso debe hacerse siempre que dicha fuerza acepte unos mínimos que no sean para nada descabellados, ni vicepresidencias ni ministerios, es decir, que simplemente sean reforzar la soberanía nacional en el pueblo, despolitizar la justicia, tolerancia cero con la corrupción y tratar de suprimir las duplicidades políticas.

Sin embargo, no hubo ocasión de pactar todo eso dado que Mariano Rajoy le negó al Rey. Es por ello que Ciudadanos trató de llegar a acuerdos con el PSOE para que en el gobierno de Pedro Sánchez no entrara la extrema izquierda bolivariana de Podemos, 200 puntos que la mayoría de votantes podrían aceptar, también los del PP y Podemos.

Sin embargo, estos dos partidos, en lugar de tratar de formar un gobierno, se empeñaron en culpar a los españoles y desde el principio trataron de que hubiese nuevas elecciones. Lo cierto es que, desde Ciudadanos, no se puede hacer más y que se ha intentado ya todo para evitar unas nuevas elecciones, a pesar de que las encuestas digan que estas nos favorecerían.

Ciudadanos es un partido con miras de estado; un partido que quizá los españoles creen que aún no está en disposición de liderar el cambio en España, pero en el que hemos demostrado que pensamos en el bien del país anteponiéndolo al bien del partido.

Finalmente, si no hay milagro, habrá nuevas elecciones y, una vez más, la cuestión está en manos de los españoles que deberán decidir qué España quieren, si la España cañí del PP, las 17 Españas del PSOE, la España balcanizada de Otegui y Pablo Iglesias o, bien, la España Europea de Ciudadanos, un país que trate de parecerse a Dinamarca, Finlandia, Holanda, Bélgica, Luxemburgo y demás países donde gobierna Ciudadanos.

 

Fuente de la fotografía de portada: huffingtonpost.com

Ciudadanos (la historia) – Capítulo XIV

Continuamos repasando la historia de Ciudadanos (recordad que podéis encontrar el Capítulo XIII aquí):

Tras el error de ir con Libertas en las Elecciones Europeas, Ciudadanos estaba en el peor momento de su corta existencia. Los analistas trataban de explicar por qué el partido naranja había tomado la decisión de ir en ese grupo donde había un popurrí de partidos que iban desde la derecha a la izquierda, pasando por ecologista y no con los Liberales y Demócratas que era su lugar natural. Algunos periodistas llegaron a apuntar que la decisión de no ir en dicho grupo se debió a que Convergència estaba incluida en ese mismo grupo y se creyó que los votantes de Ciudadanos no entenderían que se pudiese ir en el mismo lugar donde estaba el partido contra el que se luchaba en Catalunya.

Albert Rivera también estaba en el momento más difícil desde que era Presidente del partido, con muchas voces críticas (como ya hemos dicho, con muchas personas pasando a formar parte de UPyD). A un año vista de las elecciones a la Generalitat de Catalunya, pocos esperaban que Ciudadanos sacase representación en el Parlament y muchas fueron también las voces que aseguraban que, si eso ocurría, probablemente el partido acabaría desapareciendo.

Ciutadans volvía a centrarse en su política en Catalunya, con las miras puestas a un año vista en la celebración de las elecciones autonómicas catalanas. Con la cercanía del 11 de septiembre, C’s presentaba la campaña “Vamos a contar diadas”, con la que quería  continuar con su intención de desmontar y refutar las mentiras históricas sobre las que se sustenta argumentalmente el independentismo catalán, desde la pedagogía y los datos históricos.

La campaña consistía en un juego interactivo en el que se planteaba una serie de preguntas sobre la Guerra de Sucesión.. Durante el juego, se desvelaba que Casanova no murió el 11 de septiembre de 1714, que la Guerra era de Sucesión y no de Secesión y que los defensores de Barcelona pregonaron por la ciudad el deber de los ciudadanos de “derramar gloriosamente su sangre y su vida por su Rey, por su honor y por la libertad de toda España“.

El portavoz de C’s, Jordi Cañas, señaló que el motivo de la campaña “es que los ciudadanos de Catalunya sepan que están siendo engañados con un evidente propósito: construir una historia a medida de los nacionalistas catalanes que justifique y argumente su proyecto de ruptura con España“.

El 31 de octubre de 2009, en el Teatro Villarroel de Barcelona, se presentó el manifiesto Cataluña somos todos, texto que defendía la pluralidad de Catalunya frente a una visión nacionalista de la misma. El texto fue apoyado por numerosas personalidades, como Pablo Castellano, que había formado parte del PSOE; Francesc de Carreras, uno de los intelectuales firmantes del manifiesto Ciutadans de Catalunya; Iñaki Ezkerra, fundador del Foro Ermua; y el periodista Juan Carlos Girauta.

Jordi Cañas explico que  “con el manifiesto, Ciudadanos pretendía recabar el mayor apoyo posible de los ciudadanos”(…)“Es necesario que defendamos conjuntamente, desde la sociedad civil y desde las instituciones, la Cataluña que deseamos para el presente y para el futuro: la Cataluña de todos”(…)”Los principales puntos reivindicativos de este manifiesto son la cooficialidad del catalán y del castellano”(…)“La Catalunya de todos es la Cataluña de los ciudadanos, de aquéllos que no ven incompatibilidad alguna en ser catalanes y españoles,(…)de aquéllos que rechazan cualquier proceso de fractura social y división territorial en torno a procesos independentistas,(…) de aquéllos que asumen que levantar fronteras dentro de un país de la Unión Europea es ir en contra de nuestra prosperidad y del signo de los tiempos”. Ciutadans contó durante años con el apoyo de los prestigiosos historiadores Fernando García de Cortázar y Gabriel Jackson para corroborar las mentiras del independentismo catalán.

En enero de 2010, se celebran las primarias en Ciutadans para las autonómicas. Rivera vuelve a presentarse y resulta reelegido, a pesar de que C’s está en el momento más bajo y UPyD parece que puede comerle el terreno. De hecho, en las encuestas recientes el partido liderado por Rosa Díez, se perfilaba como tercera fuerza y partido clave a la hora de formar gobierno en el gobierno central. Sin embargo, Ciudadanos no quiere perder su lugar como primera formación de centro en Catalunya e inicia una pre-campaña para intentar, al menos, repetir los buenos resultados de las anteriores elecciones.

En ese año 2010, hubo una gran polémica en Catalunya, la plataforma Prou! (¡basta!) había conseguido las 50.000 firmas necesarias para llevar al Parlament la posibilidad de una moción que prohibiera las corridas de toros. A su vez, los pro-taurinos trataban de conseguir que la fiesta de los toros fuera declarada de Interés General por parte del gobierno de España, aunque estos lo tenían mucho más difícil para conseguir las firmas ya que debían ser 500.000 en este caso. Acabarían consiguiendo 650.000, de ellas 150.000 en Catalunya, pero a pesar de que 50.000 personas en esta tierra pidieron prohibir los toros y 150.000 mantenerlos, los partidos nacionalistas decidieron apoyar la prohibición, más por considerarlo una tradición española que por el sentimiento animalista.

En esta perversión típica de nacionalismo catalán y en su modificación de la historia, excluían a Catalunya de la tradición taurina, cuando lo cierto es que en 1128 hay la primera prueba escrita de festejos taurinos en Barcelona y en 1387 la primera corrida de toros al uso durante el reinado de Joan I, según se recoge de forma oficial en el Archivo General de la Corona de Aragón. De hecho, la ciudad condal fue la única en tener 3 plazas de toros de primera categoría funcionando al mismo tiempo en el mundo.

La disputa no era entre taurinos y anti-taurinos ya que, en ningún momento, los partidos nacionalistas intentaron prohibir los Correbous, de gran popularidad en algunas zonas de Catalunya. Se lo tomaron como una más de las batallas para acabar contra todo lo que se pueda relacionar a Catalunya con el resto de España (de hecho, años más tarde, se prohibió la presencia de animales en el circo, pero una vez más no los Correbous). Debido a esto, el grupo parlamentario de Ciutadans se mantuvo en contra de la prohibición.

Llegado el día de la votación, Convergència y PSC dieron libertad de voto a sus parlamentarios y los toros se prohibieron en Catalunya con 68 votos a favor (32 de CiU, 21 de ERC, 12 de Iniciativa y 3 del PSC), 9 abstenciones y 55 en contra. Antes de que la prohibición se hiciera efectiva en la feria taurina de la Mercé, se invitó a asistir a una corrida a Albert Rivera. Éste, que había declarado no ser seguidor de la fiesta, asistió y manifestó la importancia de las libertades individuales y el respeto a los aficionados a los toros, aunque a él personalmente no le gustasen. Bautizada como Feria de la Libertad, Albert Rivera fue sacado a hombros de la Monumental junto al diestro Serafín Marín.