En el centro (izquierda) de la diana

Estos días en Ciudadanos está habiendo mucho debate interno, cuestión que me parece un sano ejercicio para toda formación política, pues el debate debe ser el músculo del partido y debería estar siempre presente, no solamente cuando se acerca el Congreso nacional. Que existan diferentes posicionamientos dentro de unas mismas ideas hace de una formación algo vivo; por el contrario, desear que haya un pensamiento único, lo convertiría en una secta.

Para mí, estos días de debate están siendo muy esperanzadores. Observar que diputados en cámaras autonómicas, concejales y muchos otros compañeros con proyección en C’s no tienen reparo alguno en comentar y defender que no se sienten cómodos en el rumbo que el partido podría tomar tras el Congreso Nacional nos demuestra que, en la formación naranja, hay muchas personas cuyos valores y ética están por encima de un sueldo o de labrarse un futuro en el partido más allá de sus propias creencias.

En lo más estrictamente personal, a quien escribe, ver estas personas defender lo que C’s siempre fue y reclamar la importancia de su origen y de su ideario me ha servido para recargar pilas, para creer que vale la pena seguir luchando por este proyecto que nació hace ya diez años.

Sin embargo, también he tenido que observar que hay personas que no solamente defienden los cambios del ideario, sino que en sus declaraciones, incluso, critican a quienes piensan lo contrario, cuestión que me sorprende. Primero, porque se esté a favor o en contra de los cambios, tengo claro que ambos pensamientos son muy respetables. Segundo, porque los que queremos mantener el ideario aún vigente somos acusados de querer dañar el partido. ¿Se puede dañar a C’s reclamando mantener el ideario de C’s? Y, tercero, porque he llegado a ver invitaciones a dejar el partido si no nos gusta cómo queda todo tras el Congreso.

Esto último comienza a ser habitual en foros y redes sociales, entre otros. Que simpatizantes de Ciudadanos (no me refiero a cargos) indiquen dónde está la puerta de salida a quienes defienden que C’s sea fiel a su origen me parece totalmente innecesario, sobre todo porque, lógicamente, las decisiones de cada uno deben tomarse una vez finalizado el proceso y no ahora. Ahora no estamos pensando en si seguir o no en C’s, sino en debatir qué partido queremos. Tras el Congreso, ya llegará el momento en el cual cada uno deba decidir según su criterio y sentimientos.

He leído a algunas personas decir que los que queremos que (entre otras cosas) el término socialismo democrático continúe dentro del ideario ya tenemos al PSOE para hacer nuestras políticas. No soy yo nadie para juzgar las opiniones de los demás, pero quiero decir a esas personas que, si piensan eso, es que no han entendido absolutamente nada pues, precisamente en el momento que el PSOE en ciertas autonomías abrazó el nacionalismo, abandonó el socialismo democrático. No se puede ser socialista y nacionalista a la vez y, si se puede ser ambas cosas, la historia nos ha demostrado que no es una buena combinación.

Estos días, hablando con compañeros de C’s y leyendo opiniones, decidí volver a leer un libro de 2007, Ciudadanos, Sed realistas: decid lo indecible en el que Félix de Azúa, Albert Boadella, Francesc de Carreras, Arcadi Espada, Félix Ovejero, Xavier Pericay y Fernando Savater describían lo que era Ciudadanos, lo que llevó a su nacimiento y cómo debería ser en el futuro. Esa relectura me sirvió para cerciorarme de que mi pensamiento es más cercano al de los inicios del partido que al de la actualidad y, aunque para algunos sea molesto que hablemos tanto de Catalunya, voy a volver a hacerlo. Y es que en Catalunya, en ese 2006 en el cual se inició todo, era muy necesario un partido de centro izquierda no nacionalista. Hoy, sigue siendo fundamental.

Si Ciudadanos no ocupa ese lugar, ¿quién lo hará? Creo que muy difícil va a ser que en estas tierras no nazca un nuevo partido en ese lugar y que consiga representación en el Parlament llegado el caso. Porque, lo queramos o no, en Catalunya hay dos grandes bloques, uno catalanista y de derechas y otro constitucionalista y de izquierdas, y esa es y en los próximos años será aún más la lucha política, esa lucha que se inició en el año 1980 entre Convergència y el PSC y que acabó cuando los socialistas traicionaron a sus votantes formando el Tripartit y promulgando el nuevo Estatut, germen del actual separatismo catalán.

En 2006 Ciudadanos se presentó en las elecciones autonómicas catalanas consiguiendo el 3,1% de los votos, mientras que el PSC conseguía el 27,4%, es decir, entre ambas formaciones conseguían un 30,5%. En el 2015 Ciudadanos lograba el 17,9% y el PSC el 12,7%, es decir, entre ambas un 30,6%, casi el mismo resultado. Si hay prácticamente un tercio de constitucionalistas en el centro izquierda, ¿tiene C’s que abandonar el espacio del que más rédito tiene en el lugar donde más arraigado está?

Sé que muchos me responderán que el nuevo ideario solamente cambia el término y no las ideas pero, si es así, ¿para qué se cambia el término? Si verdaderamente no es maquillar las cosas para acercarse al caladero de votos de la derecha, ¿vale la pena armar todo este revuelo? ¿Para qué? ¿Para definirse como centro? El centro se consigue al nutrirse del socialismo democrático y del liberalismo progresista, un espacio ideológico que nos ha permitido sumar.

Escribía Francesc de Carreras hace casi una década: “La ocupación  de este espacio de centro-izquierda no nacionalista es, pues, el secreto del éxito. Además Ciutadans debe ser un partido distinto en le sentido de que su objetivo principal no es alcanzar el gobierno-ni aún en coalición con otros- sino tener influencia directa en la opinión publica y, de forma colateral, en los demás partidos, al menos en los ideológicamente más cercanos(…)Ciutadans ya está influyendo en la política catalana: en la opinión publica, en el PSC y en el PP. Quizás también, incluso, en los mismos partidos nacionalistas. Y también en el resto de España”.

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Otro año de promesas incumplidas

Como en esos propósitos para cada año que nunca cumplimos (ponernos a dieta, ir al gimnasio, aprender inglés, etc.), en la Catalunya política el propósito que no se va a cumplir es, un año más, el de la independencia. El proceso soberanista está siendo la tumba y, a la vez, el hilo de vida que le queda a Convergència, un partido que, mientras fue regionalista, fue quien más apoyo obtuvo en Catalunya y que, sin embargo las últimas encuestas le sitúan ya como la tercera fuerza en unas hipotéticas elecciones catalanas.

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Elcharnego agradecido de Rufián ha salido raudo y veloz, ante dichas encuestas que sitúan a ERC como primera fuerza, para decir que su formación no busca ganar las elecciones, sino ganar el referéndum de independencia. Mucho me temo que será cuestión de tiempo que eso cambie. En mi opinión, el futuro de Catalunya está en un pacto ERC-Podemos-CUP en el que entrará el PSC si es necesario.

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Me sorprendería mucho que Convergència apoyase un pacto con Esquerra, liderado por estos últimos, entre otras cosas porque no creo que haya un escenario peor para los clásicos votantes de CiU que una Catalunya liderada por ERC.

Por eso, el Señor Mas De Lo Mismo, Puigdemont, no quiere mirar más allá del referéndum de septiembre, el cual anuncia a bombo y platillo como si éste fuese el final del camino, cuando la realidad es que no es más que volver a la casilla de salida, regresar a ese butirreferéndum de noviembre de 2014, en el que los separatistas tuvieron que observar cómo casi 4 millones de personas dieron la espalda a la votación y prefirieron quedarse en casa.

¿Qué hay de diferente entre aquel referéndum y éste? Ninguna, pues por más que lo repitan una y mil veces, la Generalitat de Catalunya no tiene potestad para realizar esta votación y nos quedará ver si esta vez el gobierno actúa de forma más contundente y no permite que los separatistas utilicen los datos de los catalanes de forma irregular.

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Obviamente, hasta que llegue la fecha, la demagogia nacionalista seguirá, volveremos a oír esas frases, tales como “Por qué no dejan que sepamos cuánta gente apoya el proceso”, como si después de vivir cuatro elecciones en un año no hubiéramos comprobado ya que los separatistas no sólo es que sean menos, sino que cada día van menguando.

En Catalunya todos sabemos que jamás habrá independencia, pero también sabemos que, mientras más tiempo dure el monotema del proceso, más largas serán las colas en los hospitales y mayor será la tensión en la calle, así como también el adoctrinamiento en las escuelas, donde desde hace décadas se educa a los niños catalanes en el odio a España, el cual muchas veces es también el odio hacia sus propios padres o abuelos.

El nuevo 9-N trae la novedad de que Colau, bajo la tutela de miembros de Podemos como Errejón, apoyan un referéndum que sólo va a servir para que las políticas sociales queden al margen del debate diario y que la política catalana se centre en cómo desconectar a Catalunya del resto del país.

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Podemos es el nuevo tonto útil que recoge votos de constitucionalistas para cedérselos al nacionalismo catalán. Ese trabajo antes era del PSC, pero ahora lo hace Podemos que es, sin duda, el problema con el que Catalunya se va a encontrar en los próximos años.

En fin… como hemos dicho al principio, es hora de lanzar promesas que no vamos a cumplir. Haremos dieta, nos apuntaremos al gimnasio, aprenderemos inglés y seremos independientes. Como cada año.

Ciudadanos, la izquierda y el nacionalismo

Ya he escrito otras veces que, para mí, lo más importante a la hora de depositar mi voto en una urna es saber que aquel a quien le doy mi confianza va a representar mi pensamiento en las instituciones. Esto que parece una perogrullada es menos habitual de lo que quizá pensamos. Muy a menudo, y casi todos los hemos hecho en alguna ocasión, hemos dado el voto a tal para que no ganara cual, por el tan mal llamado voto útil.

Realmente, el voto útil es aquel que te va a representar bien. Para muchos ciudadanos, la oposición no sirve para nada pues quien gobierna ordena y manda sin hacer un excesivo caso a lo que piensan los demás partidos. A menudo es difícil hacer ver a las personas que en unas elecciones ganar o no ganar no es lo más importante, más en España donde la política de bandos existe desde tiempos inmemoriales.

En el caso de Ciudadanos, ¿sirve de algo el partido naranja si no puede gobernar? Para mí, la respuesta es sí. C’s ha sido durante estos años en Catalunya una herramienta para hacer reacciones a miles de personas que, ante una situación como la que nos plantea el nacionalismo catalán, han reivindicado sus derechos y su identidad catalana sin olvidar la española.

Ciudadanos ha sido durante años un ejercicio de pedagogía para los constitucionalistas catalanes que, poco a poco, han ido despertando. Han dejado atrás el “complejo” de no ser nacionalistas y no han tenido miedo a decir bien alto lo que piensan. C’s ha hecho que la mayoría silenciosa comience a hablar y, no sólo eso, ha conseguido también que ciudadanos de a pie se interesaran por la política y, así, conseguir que el partido lo integrasen personas normales que hacían cosas extraordinarias.

Ciudadanos debía despertar las almas de muchos catalanes que, hasta entonces, creían que no podían o que no debían opinar y todo ello a través de una plataforma política que no tenía la presión de tener que ganar unas elecciones pues, para el partido naranja, la política nunca ha sido una carrera sino una herramienta para hacer de nuestra tierra un lugar más libre.

A Ciudadanos se acercaron personas que ya no creían en la capacidad de los viejos partidos para dirigir el país, menos aún en Catalunya donde tanto el Partido Popular como, sobre todo, el PSC se habían arrodillado ante el nacionalismo siempre que a estos les había hecho falta.

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Leí a Fernando Sabater en cierta ocasión: “Cuando era joven e iba a las manifestaciones contra Franco, siempre había alguno que te decía: ‘Si no os gusta esto, iros a Rusía’. Pues no, ¡oiga! Yo no quiero ni Rusia ni Franco”. 

Eso es lo que estaba comenzando a pasar en Catalunya. “Si no te gusta el nacionalismo, iros a Andalucía” (o a Galicia, o a Murcia, o a Extremadura o a donde sea). Pero no, nosotros no queríamos ni el nacionalismo ni irnos a ningún lado, sobre todo porque nuestra tierra es esta y es donde queremos estar, por más que los distintos gobiernos nacional-catalanistas de la Generalitat nos hayan maltratado como ciudadanos.

La lucha contra el nacionalismo será larga y dura porque los separatistas, aún siendo menos en número, controlan las instituciones, los medios de comunicación y, lo más peligroso, controlan la educación de nuestros pequeños que son educados en el odio a España.

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Dijo Albert Boadella en cierto momento que: “No se puede desvincular Ciutadans de la situación catalana y más concretamente del régimen nacionalista que, desde hace décadas, ha venido contaminando la política”(…)”Este fue el objetivo esencial y mientras no cambie sustancialmente el panorama seguirá siéndolo”.

¿Ha cambiado la situación en Catalunya? No pues, más allá de que los constitucionalistas hayan comenzado a perder el miedo, de que ya casi nadie se esconda a la hora de decir lo que piensa y a quien vota, no ha cambiado la estigmatización de los no nacionalistas, no ha cambiado que lo primero que te llamen sea “facha” por el simple hecho de defender la Ley, la Constitución o sentirte español.

Ese estigma es el que hace que en las familias catalanistas que entienden que el separatismo no es el camino cueste dejar su tradicional voto a los partidos nacionalistas porque les han inculcado que las demás formaciones odian a Catalunya, por más que una formación como C’s fue creada por catalanes y para catalanes.

En este sentido, Ciudadanos, que ha sido un partido de unión entre personas de distintos pensamientos, tiene la obligación moral de no desviarse del camino porque, por más que a muchos les cueste trabajo creerlo, se conseguirá más siendo menos y unidos que tratando de hacer tuyos votantes que realmente no creen en C’s.

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No quiero volver al tan traído tema de los últimos días sobre si es necesario que la palabra socialismo democrático siga o no en el ideario, porque la palabra en sí, obviamente, no es lo más importante; pero sí que es fundamental que las personas moderadamente de izquierdas tengan que seguir sintiéndose cómodas dentro de la familia de Ciudadanos. Más allá del puro debate interno, el problema radica en que, como escribió Félix Ovejero, “En España se ha producido una singular combinación entre el nacionalismo y los partidos de izquierda. Una combinación imposible: la izquierda, a lo largo de la historia, ha luchado por la extensión del ideal de ciudadanía, por la eliminación de cualquier privilegio vinculado con el origen, al linaje, al sexo o la clase social”.

Con esto quiero decir que las personas que son moderadamente de izquierdas en todas y cada unas de las autonomías donde la lacra del nacionalismo está presente necesitan ser representadas y creo que, hasta ahora, Ciudadanos ha sido quien mejor lo ha hecho, así como también que no debería excluir a todas estas personas que, además, en buena medida, son las que comenzaron este proyecto.

¿Formará Aznar un nuevo partido de derechas?

La neutralidad en política no existe, es inevitable que nuestra ideología, nuestra corriente de pensamiento haga que nuestro enfoque no pueda hacerse de modo neutro. Sin embargo, creo también que es un ejercicio interesante tratar de acercarse a esa tan difícil neutralidad.

En estos últimos tiempos, la actualidad política, tanto nacional como internacional, comienza a ser preocupante. Los populismos, esa forma fina de llamar a la extrema izquierda y derecha, comienzan a avanzar y Europa, y en realidad todo el mundo, comienza a hacer un claro retroceso en la mentalidad democrática que, desde el fin de la II Guerra Mundial, había ido siempre en aumento.

Dependiendo de la idiosincrasia del país, están creciendo los extremismos, tanto por el lado derecho como el izquierdo, pero la historia nos dice que estos polos opuestos se atraen y que, muy probablemente, donde hay extrema derecha, como sucede en Austria, por poner un ejemplo, acabará naciendo una extrema izquierda y, del mismo modo, donde hay extrema izquierda, como en el caso de España, nacerá una extrema derecha.

¿Por qué en España no hay extrema derecha fuerte a día de hoy? En mi opinión, por dos grandes cuestiones: una, que el recuerdo del franquismo hace difícil que pueda nacer una extrema derecha de un modo moderno (dentro de lo antiguo que es este pensamiento) y, dos, porque el sitio de la extrema derecha en España lo ocupan los nacionalistas. Bildu, ERC, BNG, CUP, etc. son la extrema derecha española, por más que se coloquen la camiseta de antifascistas ya que, en su perversión del pensamiento, el fascismo sólo es español y, por eso, cuando se dicen antifascistas, en realidad quieren decir antiespañoles.

Sin embargo, por más que desde la muerte de Franco se haya intentado crear una extrema derecha en España, hasta ahora ha sido imposible que esta tenga respaldo, salvo el escaño que consiguió Blas Piñar. Desde el lado más izquierdista, se achaca eso a que el sector de la extrema derecha lo controla el Partido Popular. Sobre este tema ya hemos hablado alguna vez y, repito, a mi entender, lo único a lo que creo que tengo que estar agradecido al PP es en haber centrado sus pensamientos y en haber conseguido que los que estaban en la extrema derecha voten a un partido de centro derecha acabando, de este modo, con ella, cuestión que ojalá hubiese conseguido el PSOE con la extrema izquierda y no tendríamos que lidiar, a día de hoy, con partidos que rozan lo anticonstitucional y lo antidemocrático, como Podemos.

La falta de neutralidad es lo que crea los extremos. Me hace gracia que muchas personas acepten como verdad que el PP sea un partido de extrema derecha, del mismo modo que aceptan que el PSOE no es verdaderamente de izquierda. Ese pensamiento es el que ha conseguido que nazca la extrema izquierda en España y el que, con el tiempo, conseguirá que nazca una extrema derecha real, como está ocurriendo ya en muchos países de Europa. Una extrema derecha que, como en el caso de Alemania, culpa directamente a Merkel de ser la culpable de los atentados de Berlín.

En nuestro país, hay un sector del Partido Popular que está contrario a su partido (José María Aznar, entre ellos) por haber dejado de hacer políticas de derecha. En mi opinión, el gobierno de Rajoy no hace políticas ni de derechas ni de izquierdas, hace políticas de gobierno por encima de las ideologías, algo que molesta al lado democristiano de los azules. ¿Será éste el comienzo de una nueva formación situada a la derecha del Partido Popular? El tiempo lo dirá, pero cuesta trabajo pensar que España vaya a quedar libre de esta corriente de pensamiento que está naciendo en toda Europa y, por supuesto, también en los Estados Unidos.

El hecho de que Aznar haya abandonado la presidencia de honor del PP ha creado la expectativa a muchos de que en España pueda nacer un partido más a la derecha del PP. No sé si a corto plazo esto es posible, pero quizá no estaría mal pues podría ser que esto nos pudiera acercar al estilo de otros países como Dinamarca, en los que hay hasta 9 partidos medianos y donde ninguno de ellos llega al 25% de los votos, lo que obliga a realizar gobiernos de coalición. En este caso, también tengo otra pregunta: ante el paso al extremo centro de Ciudadanos, ¿hay en España sitio para un partido de centro izquierda moderno?

Origen

Creo que un año largo y frenético repleto de elecciones ha hecho que, dentro de los propios partidos (de todos), se haya perdido el debate interno, dado que la vorágine de las campañas electorales se comía todo el tiempo para ello. Por eso, ahora en el PSOE, en Podemos y en Ciudadanos está saliendo a la luz el debate interno ausente en estos meses atrás.

Es curioso que, entre el amarillismo de la prensa e imagino que el desconocimiento del que no está enrolado en ninguna formación política, a veces se observe el debate interno como un cisma, como si los partidos se estuvieran rompiendo, cuando no es eso lo que ocurre, sino que ese debate es lo que hace que el partido esté vivo.

Ser crítico es un valor muy importante; ser criticón es un defecto enorme y desagradable. En el debate interno de C’s ante la inmediatez de su Congreso Nacional, hay quienes quieren hacer de la discrepancia un enfrentamiento y quienes quieren hacer ver que dar tu opinión es una crítica al partido. Por cierto, cada vez oigo también más a la gente utilizar el término “el partido”, como si se tratara de un ente abstracto… ¿Qué es el partido sino todos y cada uno de sus afiliados?

La discrepancia con la cúpula del partido no puede verse como un ataque al partido, no puede verse como tratar de debilitar al partido, porque es todo lo contrario, pues se trata de que Ciudadanos salga reforzado de todo esto. Este partido, a mi modo de ver, debe estar para unir y romper muros y, precisamente por ello, deben convivir en él personas con distintas sensibilidades unidas por el bien de la ciudadanía.

La existencia de distintas corrientes de pensamiento no es un “ellos contra nosotros”, no creo que deba verse así, no creo que en C’s haya un enfrentamiento entre el sector liberal y el sector socialdemócrata. A mí me duele que el partido quiera dejar atrás el ideario original, pero no por ser de un lado u otro, sino porque, a mi modo de ver, no sólo se pierde la esencia y el motivo de su nacimiento, sino que además se pierde también el equilibrio, equilibrio que también se perdería si lo que se debatiera fuese sacar el sector liberal.

De ahí a que se cuestione si esto es un ataque a Albert Rivera o a su liderazgo es hacer de esto una novela de Ciencia Ficción. Ese debate es otro y el hecho de que el Presidente de C’s votara a favor del cambio del ideario no convierte esto en un conmigo o contra mí. Estoy convencido de que muchos de los que quieren mantener a Ciudadanos en el lugar donde siempre ha estado han votado a Rivera en el pasado y lo volverán a hacer en el futuro.

Lógicamente, Albert Rivera no es el problema (ya he dicho otras veces que en C’s faltan “Riveras” y sobran “Riveristas”) pues si Albert es el líder político más valorado por los españoles, cómo para no serlo por los miembros de Ciudadanos. Pero es que el tiro creo que está errado por los que creen que esto es una lucha por el poder, porque no es así, es aún lucha por no perder la identidad.

Tampoco es una lucha de los que están más “a la derecha” con los que están más “a la izquierda”. En mi entorno hay personas que son más del lado liberal y que están totalmente en contra de que cambie el ideario.

Ciudadanos deberá ir evolucionando, pero no entiendo a los que dicen que la expansión nacional hace que las cosas cambien. ¿Significa eso que a los afiliados de Catalunya ahora, de la noche al día, nos tiene que dejar de importar lo que más nos ha importado durante años? Estos días he leído cosas como “es que lo de la independencia ya cansa”. Pues, si les cansa a los que viven a 600 kilómetros de aquí y que sólo leen las cosas que suceden, imagínense lo que nos cansa a los que tenemos que sufrirlo en nuestras carnes, a los que tenemos que asistir a un acto el Día de la Constitución amenazados, como ocurrió en Rubí, o a los que, como le ocurrió a un compañero de SCC, tienen que ser escoltados por los Mossos d’Esquadra hasta el tren tras un acto en Bellaterra.

También debemos olvidar de un plumazo que Ciudadanos fue formado por y para los votantes de centroizquierda que estaban huérfanos contra el nacionalismo, así como también que C’s pedía al principio el voto a los que anteriormente habían dado su confianza a PSC e IU. Y, lo más importante, que olviden que Ciudadanos ha servido de núcleo de unión de catalanes que pensaban distinto y que decidieron pensar en lo que les unía y no en lo que les separaba.

En definitiva, hay que dialogar, llegar a acuerdos y una vez llegue el Congreso veremos qué rumbo toma C’s; después cada uno es libre de opinar cómo quiera. Lo que deseo es que el tema del ideario no tape otras cuestiones que también son importantes, como un reglamento más claro de cómo deben trabajar las agrupaciones y la autonomías de las mismas, que en C’s siga habiendo democracia interna y que los cargos los ocupe quien obtenga la confianza de sus compañeros y no los elegidos con el dedo divino, como pasa en otros sitios.

Ciudadanos, ¿del naranja al amarillo?

Ya hemos hablado muchas veces sobre cómo nació Ciudadanos, de los debates de aquellos primeros días, meses, años y de cómo ha ido derivando la formación naranja. Yo no estaba en el partido en aquellos primeros instantes pero, como persona a la que le preocupa lo que sucede a su alrededor, siempre estuve pendiente de lo que acontecía en esa nueva formación.

El problema de Catalunya lo hemos explicado ya cientos de veces: el PSC, desde sus comienzos cuando lo lideraba Joan Reventós, hacía políticas cercanas al nacionalismo catalán, por más que, la mayoría de sus votantes fueran constitucionalistas. Aún así, muchos votamos al PSC porque era la única formación que podía acabar con el Pujolismo. No esperábamos que iba a ser peor el remedio que la enfermedad y que el tripartito socialista-nacional, nacional-socialista, iba a ser el comienzo de una década en la que el separatismo catalán iba a crecer hasta creerse dueño de mi tierra.

Hemos hablado muchas veces también sobre cómo el Estatuto del Tripartit situaba a los castellanohablantes como ciudadanos de segunda y que eso sirvió para que, definitivamente, los constitucionalistas decidieran entrar en política, muchos de ellos en Ciudadanos, partido que conseguía representación en el Parlament.

Ciudadanos surgió de un manifiesto de intelectuales y precisamente uno de ellos, Francesc de Carreras,  fue el encargado de escribir su ideario, el cual decía que el partido “Se nutre del liberalismo progresista y del socialismo democrático. En la articulación de ambos, encontramos los principios que hoy fundamentan la convivencia en todas las sociedades avanzadas. Estas tradiciones políticas parten de una base común configurada en la época de la Ilustración: el predominio de la razón, por encima de los sentimientos y las tradiciones, en el enfoque de los problemas políticos. Ello comporta, muy especialmente, la afirmación de los derechos y las libertades individuales de las personas frente a unas supuestas identidades colectivas, la preocupación por la realidad y por los problemas cotidianos, más que por los símbolos y los mitos, la utilización de argumentos razonables en lugar de dogmas ideológicos inamovibles”.

El liberalismo progresista y el socialismo democrático, es decir, Ciudadanos se integra del amarillo y del rojo, de ahí que sea un partido naranja. ¿Y qué significa eso? Que Ciudadanos nació en el centro izquierda, como un partido socioliberal, como un partido naranja, es decir, que mezclaba amarillo y rojo.

Imagino que las formaciones políticas las hacen sus militantes quienes, a través de sus pensamientos, van variando el del partido y, lógicamente, el propio cambio de la sociedad hace que los partidos cambien. No podemos criticar ideologías del siglo XIX por el hecho de ser tan antiguas y, a la vez, negarnos al cambio de nuestro propio partido. Pero, claro, ese cambio debería llegar por la propia inercia de sus militantes y no ser impuesto.

Yo creo en la democracia representativa y que los representantes que todos votamos deben tener la voz y el voto de los que estamos abajo, pero también creo que no hay motivo para que Ciudadanos pase de ser un partido socioliberal a liberal sin más, es decir, que cambie el naranja por el amarillo.

Entiendo que se defienda la pureza del centro, querer hacer de la formación un partido de extremo centro o de centro radical, pero también opino que los que nos situamos en el centro lo hacemos porque creemos que, a día de hoy, nadie es totalmente de derechas, igual que no hay nadie totalmente de izquierdas, del mismo modo que nadie puede ser del centro del todo.

Hasta hace unos años, unos éramos de derechas y otros de izquierdas, por el simple hecho de que no había un partido de centro, hasta que apareció UPyD y Ciudadanos en Catalunya.

Aunque los cambios en el partido de Rivera vienen de antes, la expansión nacional ha sido definitiva para que C’s deje de utilizar el término centroizquierda y pase, definitivamente, a ser de centro, pero no abandonaba el discurso de creer que las ideas liberales y el socialismo democrático pueden estar unidas en un partido.

Con el Congreso, en unos meses, parece que Ciudadanos quiere dejar atrás su ideario, abandonar su origen y ser un partido liberal, un partido de centro extremo, un partido amarillo y no naranja. Más allá de dar nombre a las ideologías y más allá del antiguo debate derecha-izquierda, sí he de decir que ser un partido de centro extremo, cuando a la derecha sólo hay una formación a nivel nacional y a la izquierda tienes varias, hace que ser de centro te acerque mucho a la derecha, ser liberal a secas está cerca de ser liberal-conservador, ser amarillo en España es acercarse al azul.

En términos de estrategia, cuando el partido más votado en España es de centro-derecha, quizá sea bueno que Ciudadanos acerque la caña de pescar a ese bando porque, obviamente, el caladero es mayor pero, entonces, dejará de ser Ciudadanos y será otra cosa. Estaremos atentos a lo que ocurre en el Congreso y a lo que deriva Ciudadanos. Yo espero que el partido siga siendo socioliberal, que siga siendo naranja y que integre y no excluya.

C’s venía a acabar con el bipartidismo, Podemos venía a ser parte de él, a ocupar el puesto del PSOE. Quizá Ciudadanos acabe siendo eso, quien ocupe el puesto del Partido Popular en un nuevo bipartidismo Ciudadanos-Podemos, pero es que yo no quiero un nuevo bipartidismo, sino que no haya bipartidismo. Lo que yo quiero es que haya diputados que me representen y para que a mí me representen han de ser naranjas y no amarillos. Y llamadme idealista pero prefiero 32 naranjas que 70 amarillos.

Si, finalmente, Ciudadanos acaba siendo un partido de centro radical, a mi modo de ver, la propia aritmética le volcará al centroderecha y, si Ciudadanos acaba siendo un partido de centroderecha, perderá mi voto. Quizá gane diez, veinte o cien, pero yo prefiero tener un diputado que me represente bien que setenta que me representen mal. Porque, para que me representen mal, ya votaba al bipartidismo antes.

La idea de que un partido revisa sus principios es simplemente absurda. Los principios son aquello que identifica a un partido y como tales son inmodificables sin que el partido cambie, sin que sea otro partido. Es como acudir a jugar a fútbol y decir, sí, pero ahora cogeremos en balón con la mano. Más absurdo todavía es hablar de su caducidad “por el paso de los años”. Un principio no caduca o envejece. Tampoco pesa ni huele . Esas son afirmaciones sin sentido, predicaciones imposibles ¿Han caducado los principios de la revolución francesa? Si acaso, lo que cambian son las propuestas institucionales, la táctica con la que se juega el fútbol.
Salvo, claro, que uno sea el dueño de la pelota. Y diga, aquí se juega a lo que yo quiero.

Felix Ovejero.

Por qué en Catalunya no puede haber un referéndum

Hoy me gustaría volver a explicar el porqué no se puede votar un referéndum de independencia en Catalunya. Tras la vergüenza de la II Guerra Mundial, las Naciones Unidas nacen como un ente superior para tratar de resolver los problemas de las naciones sin que deba haber guerra de por medio. La Organización de las Naciones Unidas nace con la idea de resolver los problemas entre naciones, tratando de ser lo más democrático posible. En un mundo en el que había países conquistados y colonizados, las Naciones Unidas llegan a la conclusión de que hay que dar libertad a todos los pueblos y, para ello, crea el Derecho a la Autodeterminación de los Pueblos, muchos de los cuales conseguirían la independencia en su momento. ¿Qué requisitos se piden para que un pueblo pueda autodeterminarse? 1) Ser una colonia y 2) Ser un pueblo oprimido. No hay más requisitos que esos.

¿Es Catalunya una colonia? Obviamente, no, porque no hay separación física del resto de España. ¿Es un pueblo oprimido? Tiene propio gobierno, libertad para su cultura, libertad para su lengua, cuerpos de seguridad propios, etc etc. Es una de las autonomías más ricas económicamente, donde las tasas de paro son más bajas, por no hablar de que se rige la ley que sale de una Constitución democrática… Obviamente, Catalunya no es un pueblo oprimido. ¿Puede haber un referéndum de independencia? Si el Gobierno lo permitiera, sería reconocer que Catalunya es un pueblo oprimido y ahí radica el truco. Si lo admite, Catalunya ya sería un país independiente y, aunque en el referéndum ganase el No, daría igual, Catalunya sería un país independiente que, voluntariamente, ha decidido quedarse en España. De modo que, a partir de ahí, no habría problema para que el referéndum se repitiera cada año, cada mes, cada semana o cada día si fuese necesario.

Con una particularidad, de ganar el No, se podría repetir eternamente; de ganar el Sí, sería definitivo. Es decir, el problema no es la independencia; el problema, el engaño, la farsa… es el referéndum. Muchos dicen “pues que se vote y, si es que Sí, Sí y, si es que No, No”. Pero no es así cómo funciona pues, de ganar, que ganaría el No, los independentistas no sólo no cesarían en su empeño, sino que el referéndum serviría para crear jurisprudencia. ¿En qué se podría amparar el gobierno para no repetir una votación cuando ya se ha hecho una?

Ahora, el gobierno catalán vuelve a decir que habrá un referéndum en septiembre de 2017. ¿Es un déjà-vu? ¿El Día de la Marmota? ¿Esto no lo hemos vivido ya antes? Ya hubo uno el 9 de noviembre de 2014 y ganó el Sí a la independencia con casi el 81% de los votos. ¿Por qué no declaran ya la independencia? ¿A qué están esperando? Después hicieron unas elecciones autonómicas y dijeron que, en realidad, era una consulta de independencia. Junts pel Sí y la CUP obtuvieron mayoría parlamentaria. Entonces… ¿a qué esperan? ¿Por qué no declaran la independencia ya?

Nos dijeron que sería en 18 meses, ya han pasado 15. ¿Y ahora nos dicen que en septiembre habrá otro referéndum? ¿No se cansan los votantes separatistas de que sus líderes políticos les tomen el pelo? ¿La Catalunya separatista se da cuenta de lo grave que es defender que los políticos, si son separatistas, pueden estar por encima de la Ley? ¿Se dan cuenta de que no se puede hablar de democracia cuando no se respeta la separación de poderes? ¿Se dan cuenta que el “nou país” nacería siendo de facto una dictadura? ¿Se dan cuenta de que no hay un número suficiente de parlametarios, concejales, etc. para incumplir la Ley? ¿No se dan cuenta de que es irrisorio necesitar 2/3 del Parlament para cambiar el Estatut y que pidan un 50% + 1 para la independencia?