El PSOE defiende el castellano en USA pero no en Cataluña

Saltan las alarmas del orgullo patrio porque Donald Trump ha retirado el castellano de la web de la Casa Blanca y yo me quedo perplejo. Obviamente, no seré yo quién defienda al nuevo Presidente de los Estados Unidos, pero las lenguas son para que las personas se entiendan, hablando o escribiendo en un idioma según quién se quiera que escuche o lea. ¿Estaría bien que dicha web estuviera en castellano? Desde luego, y en francés, en árabe, en chino mandarín, catalán o eslovaco. Pero, ¿es algo noticiable? Yo creo que no. El único idioma oficial de los Estados Unidos es el inglés (si bien no depende del gobierno federal, 31 de sus 52 estados lo tienen como oficial y en todos es la lengua de uso en la administración). La noticia sería si no estuviera en un idioma oficial.

Susana Díaz, líder de los socialistas andaluces y quién sabe si pronto Secretaria General del PSOE, escribió un tweet que se ha hecho viral. En él, criticaba la exclusión del castellano por parte del gobierno de los Estados Unidos. Entiendo la postura de Díaz pues, cuando Trump en campaña ha menospreciado a los hispanos y ha asegurado que construirá un muro entre México y EE.UU, imagino que Susana ha visto la exclusión del castellano como un síntoma  de que los hispanos se van a convertir en ciudadanos de segunda y eso le preocupa.

Realmente, sin embargo, no es completamente así. Como hemos dicho ya, la única lengua oficial de los Estados Unidos de América es el inglés y esa es también la lengua de los hispanos que viven en ese país. Todos sabemos que el castellano es la segunda lengua allí pero, lógicamente, eso no la convierte en lengua oficial ni la hace tener un trato diferencial. Todos los ciudadanos deben ser iguales y no se debe discriminar a nadie por su procedencia, así como tampoco se debe dar un trato especial a nadie porque pertenezcan a un número mayor. Pero, más allá de eso, la noticia para mí es que parezca alarmante lo que ocurre en otro país y que, sin embargo, a pocos les preocupe que en España haya páginas web de ayuntamientos en los que también se excluye el castellano.

La gracia está en que, precisamente desde el PSOE, se critique lo mismo que el PSC promueve en Catalunya, donde el castellano sí es oficial y los castellanoparlantes sí son ciudadanos de segunda desde que se aprobara el Estatut de 2006. Desde entonces, el catalán actúa como lengua oficial (y legítima) de los catalanes y el castellano no es más que otra lengua que se puede hablar porque en Catalunya hay muchos castellanoparlantes. Quizá el problema venga de lo que para mí es un error: asociar lengua y patria. El catalán no es la lengua de los catalanes y el castellano de los que vinieron de fuera y sus descendientes, sino que el catalán y el castellano son las lenguas de todos los catalanes, se exprese cada uno en la que se exprese.

¿Por qué al PSOE no le importa que se discrimine a los castellanoparlantes? Volvemos a lo de siempre: el PSC, con Joan Reventós a la cabeza, creó un partido dirigido por burgueses catalanistas, al que votaban obreros constitucionalsitas que creían que estaban votando al mismo partido que lideraba Felipe González en Madrid. Además, el PSC se aprovechó de ser la única alternativa al gobierno corrupto del pujolismo. Con el Tripartit nacionalsocialista o socialistanacional, por fin todos los catalanes supieron que aquello era una farsa y el PSC comenzó a perder votos, que fueron a parar al PP y, sobre todo, a Ciudadanos.

A día de hoy, observando que el nacionalismo del PSC les ha hecho perder votos, se está tratando de virar el rumbo (más de cara a la galería que otra cosa). Por eso, planean la posibilidad de que el PSOE y el PSC se separen y, por eso también, se está tratando de implantar el partido liderado por Antonio Robles, CINC.

Para concluir, ¿los que hablan en castellano están discriminados en los Estados Unidos de América? Muchos pensarán que sí, a pesar de que se les permita hablar en castellano en sus casas y calles y que en las tiendas muchos te atiendan en castellano, es decir, lo mismo que ese concejal del PP andaluz dijo que le había pasado en Catalunya. Sin embargo, se puede rotular los negocios en castellano en USA, pero en Catalunya no y si se hace, se multa, con la diferencia de que en Catalunya el castellano (teóricamente) es oficial.

De indepes y constitucionalistas

La nación no es una esencia por encima del individuo, sino un pacto de individuos que se convierten en ciudadanos por mor del pacto. La nación española, tal y como la conocemos a día de hoy, proviene de cuando las ideas liberales se oponen a la España tradicional en la que los españoles eran súbditos de un rey. La Constitución de la Pepa de 1812 nace con la idea de legitimar un estado de ciudadanos libres e iguales.

Los liberales españoles, influenciados por los pensamientos de la Revolución Francesa y la Ilustración, tratan de redactar una constitución que acababa con el conservadurismo de la sociedad española. A día de hoy, muchos dirán que esa Constitución no era justa porque no la votaron personas elegidas por el pueblo, sino una serie de burgueses e, incluso, aristócratas. En efecto, fue así, pero eso no quita que para su época fuese revolucionaria.

Lo que también nació en aquella época, sobre todo durante las luchas contra el ejército de Napoleón, fue el nacionalismo español, que por entonces tuvo especial aceptación en Catalunya y Euskadi, debido a que esas tierras se convirtieron en campos de batalla dada su posición fronteriza. El nacionalismo español nace el día en el que los españoles que siempre habían querido un buen rey bueno y les daba igual que fuese español o no, ante el secuestro de Carlos IV y Fernando VII en Bayona, defienden al Infante por español y, obviamente, no por buen rey ya que era sólo un niño.

Desde entonces, los conservadores lucharon por mantener los privilegios de los Reyes, Iglesia y Ejército frente a los liberales que mantenían que los soberanos del país debían ser los ciudadanos. Cuando la monarquía comenzó a aceptar las ideas liberales, los nacionalistas del bando carlista quisieron conservar el poder de monarca e Iglesia con el lema de “Dios Patria y Rey”. Sin embargo, en la II Guerra Carlista unieron a ese lema la palabra “Fueros”, es decir, que los impuestos se quedaran en las tierras. De ahí nace el nacionalismo catalán del cual es heredero el de hoy en día.

El nacionalismo no es ni bueno ni malo. El nacionalismo es excluyente o, sencillamente, ¡no es! No se puede ser nacionalista y decir que se quiere la armonía con los demás pueblos pues el nacionalista piensa única y exclusivamente en su pueblo o en los que considera su pueblo. El nacionalismo no es sinónimo de patriotismo: los patriotas aman a su pueblo, los nacionalistas odian el de los demás. Obviamente, eso no podemos hacérselo entender a un nacionalista, hablar con un nacionalista es chocar contra una pared ya que un nacionalista es incapaz de pensar que tú no lo eres también. Si no eres nacionalista catalán, eres nacionalista español, no hay más.

En Catalunya se está educando a los jóvenes, no ya para que detesten lo español, sino para que llamen español a todo cuanto detestan. En la lógica separatista, si no eres nacionalista catalán, eres nacionalista español y eso te hace, por ende, un aficionado a los toros, al flamenco y a comer jamón (puede que en eso tengan razón). De modo que el no ser nacionalista catalán es señal de que te gusta ver sufrir a los toros, porque eres nacionalista español y a los nacionalistas españoles le gustan los toros… Así es la lógica indepe.

La misma lógica que dice que si no hablas en catalán es porque te gusta hablar en castellano y hablas en castellano porque es el idioma en el que Franco hablaba, de modo que no hablas catalán porque eres nacionalista español que hablas castellano como Franco. Porque, claro, Franco es español y La Pasionaria, Carrillo… “¿Eran españoles?”, te preguntas.¡No! Ellos eran comunistas y los comunistas no son españoles, por más que nazcan en España, españoles son sólo los fascistas y, si defiendes la Constitución, eres un franquista, por más que la Constitución fuese el poner la losa definitiva en la tumba de Franco.

No importa ni siquiera que los procuradores en Cortes del búnker franquista dijesen en el Congreso que, con la reforma política de la que nacería la Constitución, se mataba a Franco otra vez.  ¿Eres constitucionalsita? Eso es lo mismo que ser franquista. Hoy en día todos son fascistas, todos, los del PSOE, los de Ciudadanos, los del Partido Popular… Un hombre andaluz de izquierdas que huyendo de los caciques acabó en Catalunya es a día de hoy sospechoso de ser un fascista. Sin embargo, un hombre catalán que salía a aplaudir a Franco en los desfiles de Barcelona no. Esa es la paradoja.

¿Qué es el populismo catalanista? Pasarse el día entero hablando de Catalunya, pero no hablar nunca de los catalanes. ¿Y por qué no se habla de los catalanes? Porque a los separatistas sólo les preocupan los catalanes que siguen el Procés, y no los que, como dijo Forcadell, no son el pueblo catalán, sino el enemigo.

Y quemar la Constitución se convierte en un acto patriótico; esa Constitución que permite a los que la queman que la puedan quemar, esa Constitución que permite a los anticonstitucionalistas tratar de amedrentar a los que libremente celebran una festividad.

A vueltas con el Día de la Constitución en Rubí

En mi entrada de hace unos días, aplaudía como constitucionalista que mi ciudad Rubí celebrara el Día de la Constitución. Entre otras cosas, indiqué que el PSC de Rubí, mostrando su constitucionalidad, se acercaba más al pensamiento de sus votantes, constitucionalistas en su mayoría.

A mí no se me caen los anillos a la hora de alabar las cuestiones buenas que hacen formaciones a las que yo no he votado. De hecho, en lo que al tema constitucionalista se refiere, también he de alabar al PP, el único partido en el que, junto a Euzkadiko Ezkerra, algunos de sus miembros votaron en contra de esa Constitución y que ahora ha moderado su discurso.

Sin embargo, todas las fuerzas que se han mostrado anticonstitucionalistas han tratado de señalar la celebración como algo que realmente no es. Los partidos nacionalistas enfocan dicha celebración como una suerte de fiesta “españolista” que, obviamente, no es, pues el 6 de diciembre es un día de ciudadanía que poco tiene que ver con la mirada que otros quieren dan.

La Constitución fue redactada y votada por miembros de la mayoría de partidos, entre ellos socialistas, comunistas y nacionalistas vascos y catalanes. Se hizo por consenso y obvio es que todas las partes tuvieron que ceder. La Constitución no es perfecta para ninguno de nosotros y ese es su gran valor, pues no está hecha para que nadie se la apropie, es de todos con sus virtudes y sus defectos.

La Constitución, a mi modo de ver, fue dar un portazo a cuarenta años de dictadura franquista en los que las libertades de los españoles quedaron secuestradas. Sin embargo, otros han opinado que la Transición, que la democracia, que la Constitución… no devolvieron a España a dónde debía, a la República, sino a una monarquía que el dictador había dejado en su testamento.

¿Ese es todo el problema? ¿Que España no es republicana? Si ese es todo el problema, todo podría tener fácil solución. Yo entiendo que en la mayoría de las personas que vota fuerzas constitucionalistas como PP, PSOE, C’s tiene claro que, en una sociedad ideal, no debería haber monarca. Ese debate llevaría a un cambio constitucional pero, antes de plantearnos abrir el melón constitucional, deberíamos preguntarnos si vamos a respetar la Constitución que quede tras los cambios o los partidos que ahora plantean estos cambios seguirán quejándose hasta que tengan una a su imagen y semejanza.

Cuando observas que las personas que más se quejan de la celebración del Día de la Constitución en Rubí, a la vez, alaban la figura del dictador cubano Fidel Castro, te da que pensar sobre si verdaderamente vale la pena reformar la Constitución a petición de esas formaciones políticas, en las que se defienden dictadores si son de su ideología. Franklin Delano Roosevelt, en una referencia al dictador nicaragüense Anastasio Somoza, dijo: “Es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta“. Eso piensan muchos de Fidel. Cuando se acabe el sectarismo, se podrá empezar a pensar en tener un mundo mejor

España es el único país donde se asocia república a izquierda y es el único país también en el que los comunistas acusan de fascista a todo aquel que no es comunista, como si en el mundo no hubiera más que blanco y negro y no toda una gama de colores. Durante el franquismo, se creía que todo aquel que no era franquista era comunista; ahora creen que todo el que no es comunista es franquista… ese y no otro es el drama de España.

¿Pero de verdad todo se centra en una España Republicana? ¿Eso es todo para los miembros de ICV? Hacia una república es fácil ir, muchos podríamos encontrarnos en ese camino, eso sí, hacía una república del siglo XXI, no a una reedición de la II República porque aquella, no sólo no fue ejemplar, sino que, desde las fuerzas más a la izquierda, fue  traicionada por la idea de una dictadura comunista, así como también por la extrema derecha y el bando nacional de Franco.

A mí no me disgusta cuando el miembro de AUP (coalición que entre otros está la CUP) dice aquello de que “Ustedes mismos, es su país no es el mío” porque el señor Àitor Sánchez y su partido dicen lo que piensan y son coherentes en campaña, en el consistorio y fuera de él, pero los que votan a ICV y, repito, los que lo votan, no digo sus afiliados, deben saber qué es lo que defiende su partido, por qué ese ataque feroz a una constitución que es de todos y que, incluso, el PC y el PSUC votaron positivamente está a mí parecer fuera de lugar.

Y no hagan demagogia, no vuelvan a hablar de la Constitución como si fuese un apéndice del franquismo; no vuelvan a hablar de que los militares la condicionaron, mientras se olvidan de que los terroristas también la condicionaron. No olviden que la extrema derecha y la extrema izquierda se unieron contra la Constitución; no olviden que, tristemente, la izquierda fue atacada, pero también sufrieron ataques miembros de partidos como la UCD.

Piensen en por qué personas como yo, (que somos miles en Rubí) hemos dejado de votar a fuerzas como PSC e ICV porque han hecho políticas cercanas al nacionalismo catalán y, sobre todo, dejen de hacer de todo una lucha de bandos, dejen de recordar la Guerra Civil, dejen descansar a los muertos, porque yo, que tengo que aguantar que  valoren si soy o no nacionalista español, que si soy o no franquista, que si soy o no monárquico, también tengo familiares en alguna cuneta, hay personas de mi sangre enterradas sin honra tras ser fusiladas por el bando nacional. De modo que, por más que en política se pueda discutir casi todo, hay una cosa que no voy a discutir, mis muertos son míos, así que, señores de ICV, ERC, AUP, con todo el respeto, no se apropien de mis muertos y menos con fines políticos.

Rubí la primera ciudad catalana que celebrará el día de la Constitución

En 1992 la ciudad de Rubí, mi ciudad, fue objeto de un gran estudio sociológico. Se debía al hecho de que la abstención electoral en Catalunya era sistemáticamente mayor en las elecciones autonómicas que en las generales. Exactamente, un 12,3%. Esa abstención afectaba, sobre todo, al PSC, que llegaba a perder medio millón de votos, lo que llevaba a que, mientras el PSC-PSOE ganaba en Catalunya todas las generales, el PSC perdía todas las autonómicas o, dicho de otro modo, cuando los votantes votaban bajo la tutela del PSOE, no había dudas; pero cuando lo hacían al PSC, dado su nacionalismo catalán, muchos socialistas preferían quedarse en casa.

En aquel 1992, en las elecciones autonómicas de Catalunya, en Rubí únicamente fueron a votar el 57% de la población y el PSC consiguió 6,030 votos. Sin embargo, sólo un año después, para las generales acudieron a las urnas un 72,4% y el PSC consiguió 12.950 votos, es decir, más del doble.

Sobre por qué el PSC insistía en su catalanismo, a pesar de restarle votos, ya hemos hablado muchas veces en este blog. En el Partido de los Socialistas de Catalunya, sus votantes son de clase obrera y constitucionalistas, sus élites son burguesas y nacionalistas. Vuelvo a escribir las palabras del líder socialista Joan Reventós, quien destacaría en sus memorias inacabadas, Tal com ho vaig viure (Tal y como lo viví), que “Los socialistas nos hubieran partido en dos mitades. Y preferí la hegemonía de Pujol”.

Según pude leer en el libro de Antonio Robles, Del fraude histórico del PSC al síndrome de Catalunya, los resultados de las elecciones de Rubí llevaron a un equipo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de la Universidad Autónoma de Barcelona, dirigido por Josep María Colomer, a realizar el estudio antes referido y cuyo resultado fue incontestable: la abstención afectaba a los partidos de izquierda y nada a CiU.

Sin embargo, sabemos lo que ha ocurrido después, el PSC ha tendido la mano siempre a los partidos nacionalistas, mientras que los socialistas iban desangrándose electoralmente. Si en el 2007 en Rubí el PSC tenía 12 concejales, el último pacto del Tripartit en el Parlament, en el que los socialistas catalanes definitivamente abrazaron el nacionalismo catalán, llevó a que en 2011 consiguiera sólo 8 y en 2015 únicamente seis. Resumiendo, desde los “coqueteos” del PSC, primero al nacionalismo y después al independentismo, el PSC de Rubí pasó del 40% de los sufragios al 20%.

Ahora, tras un intento de moción de censura de los nacionalistas (en su derecho están) y de Iniciativa por Catalunya y Vecinos por Rubí (traicionando a sus votantes), el Partido de los Socialistas en Rubí ha comenzado a variar su discurso y sus hechos. Rubí se convertía el pasado jueves en la primera ciudad de Catalunya en aprobar una moción para celebrar un día tan importante como el de la Constitución, fecha que ponía fin a los 40 años de dictadura franquista en los que las libertades de los españoles estaban secuestradas.

Más allá de las diferencias ideológicas, PSC, C’s y PP están obligados a entenderse en Catalunya, más allá de izquierda, centro y derecha, más allá de socialdemócratas, socioliberales y conservadores. La unión de los constitucionalistas es importantísima en un momento como éste, en el que los nacionalistas están tratando de dividir al pueblo catalán.

Ahí, entre los constitucionalistas, también debería estar ICV, pero estos están esperando a que el primo de Zumosol, Podemos, les salve de la desaparición. Al parecer, el partido que es heredero del PSUC y que gobernó Rubí durante muchos años aún no se ha preguntado el porqué han pasado de ser una fuerza a la que votaban prácticamente dos tercios de la ciudad a acabar siendo una fuerza mínima con solamente dos concejales. Si se lo preguntan, la respuesta es fácil: sus votantes son constitucionalistas y no nacionalistas catalanes y, si a una moción de celebrar la Constitución el líder de ICV dice textualmente “Un No como una casa”, mal futuro tienen si no les salva el primo de Zumosol.

El Sí a la Constitución en Rubí por parte del grupo de gobierno de PSC, a más de C’s y PP no debería ser noticiable, pero tristemente en mi tierra, Catalunya, sí lo es. Ojalá esto sea el comienzo de algo grande en estas tierras pues nada desearía más que una unión entre constitucionalistas para conseguir aquello que dijo Suárez de conseguir, que en las instituciones sea normal lo que a nivel de calle es simplemente normal. Que Rubí es constitucionalista lo sabemos todos, que Catalunya es constitucionalista lo sabemos todos, pero eso no es visible a nuestros ojos porque, históricamente, PSC e ICV han traicionado sistemáticamente a sus votantes. Ahora da la sensación de que el PSC de Rubí quiere dejar de hacerlo, que van a ser lo que sus votantes quieren, es decir, la representación del PSOE en esta ciudad.

El futuro dirá cómo avanzan los acontecimientos, pero que Rubí, la decimosexta ciudad más grande de Catalunya, pierda los complejos y decida celebrar el Día de la Constitución es histórico y, quién sabe, quizá en unos años como rubinense me pueda sentir orgulloso de que en Rubí comenzase todo y poder decir aquello de que en Rubí nació la Catalunya que, sin complejos, se declara constitucionalista.

Tierra de traidores

Vaya por delante que, a mí, personalmente, la social democracia me parece una ideología muy respetable y que coincide, en bastantes cuestiones, con mis pensamientos. Sin embargo, a día de hoy, creo que no hay formación política que se sujete más con pinzas que la del caso del PSOE… Y qué decir ya del Partido de los Socialistas de Catalunya que, después de tantos años, aún no ha decidido qué va a ser de mayor.

Yo siempre he apostado (y en mi blog lo he reflejado en ciertas ocasiones) que el panorama político ideal para la buena marcha de una nación es aquel que incluye ocho o nueve formaciones cubriendo todo el universo de tendencias políticas, no teniendo, además, ninguno de ellos una gran masa social detrás, como ocurre en Dinamarca donde las diferentes formaciones están, así, obligadas a entenderse.

No obstante a ello,  opino que el PSC sobra en Catalunya. Eso no quiere decir que quiera su disolución, obvio que no, puesto que cuántas más formaciones políticas haya, mejor será nuestra salud democrática. Lo que ocurre es que pienso que el PSC no representa prácticamente a nadie en Catalunya.

No hace mucho que escribí, en mi artículo “Iceta y Parlón, dos caras de la misma moneda“, que el problema histórico del Partido de los Socialistas Catalanes es que las élites de la formación son burguesas y catalanistas y sus votantes, obreros y constitucionalistas. Entonces, ¿por qué existe un Partido que prácticamente no representa a nadie?

Más allá de que la base del socialismo sea (o fuese) llamar a los trabajadores del mundo a unirse, motivo por el cual los territorios no pueden estar por encima de las personas, lo que conlleva a que no se pueda ser socialista y nacionalista a la vez.

Entonces, ¿a quién representa el PSC? ¿Quizá a hijos de burgueses venidos a menos que ya no son conservadores porque cada vez tienen menos que conservar? ¿O a los hijos de familias adineradas que se sonrojan cuando su padre catalanista dice que con Franco se vivía mejor? Porque a quién, desde luego, no representa es a la clase trabajadora, a esas personas que les llevaron a gobernar en los ayuntamientos, la Generalitat y a la Moncloa.

El PSC jamás ha representado al prototipo de votante de la zona metropolitana que, desde luego, no es nacionalista, ni tan siquiera cuando colocaron el señuelo de Montilla, un cordobés que hizo las delicias del nacionalismo convirtiéndose en el Presidente que colocó a los castellanohablantes como ciudadanos de segunda en su propio país.

El despertar de estos votantes vino con el Tripartito y el gobierno junto a Iniciativa y Esquerra y, sobre todo, con el Estatut de 2006 que sirvió para dar alas al separatismo catalán que tan presente está a día de hoy. De ahí nació Ciudadanos y de ahí están surgiendo ahora plataformas que abogan por un PSOE catalán separado del PSC y otras formaciones como CINC (Centro Izquierda Nacional), promovida por Antonio Robles.

El PSC perdió votos: los que eran nacionalistas más que socialistas abrazaron a ERC, los que eran constitucionalistas antes que catalanistas se fueron a Ciudadanos y, antes de las elecciones a la Generalitat del 27 de septiembre de 2015, temieron que los jóvenes y los situados más a la izquierda se fueran a Podemos. Por eso, ante el desastre, Iceta y los suyos entonaron un discurso españolista ante unas elecciones que se vendían como un plebiscito de independencia.

Ese cambio de registro hizo que salvaran los muebles, que Iceta pudiera bailar una vez más a las notas de Queen y que, a pesar de haber perdido desde el primer Tripartit medio millón de votantes y 26 diputados en el Parlament, se considerara un triunfo.

Aún así, para los burgueses que dirigen a los Socialistas de Catalunya debía de ser duro estar en el lado de lo que los separatistas mal llaman “unionistas”. Me imagino la situación en las zonas altas de Barcelona: tener que bajar en el ascensor con su vecinos de Convergència y escuchar el carraspeo del convergente mientras que el socialista, avergonzado, mira el suelo y sólo se atreve a decir “Sembla que farà bon dia avui”. (parece que hará buen día hoy)

Por eso, a Iceta y los suyos se les hizo la boca agua cuando observó que el PSOE permitía el gobierno de Mariano Rajoy. Era la excusa ideal para separarse de los suyos, abrazar de nuevo el catalanismo, poder mirar a sus vecinos en el ascensor y todo fingiendo un gran malestar por permitir gobernar a la derecha (esa memoria selectiva que no recuerda que el PSC dejó gobernar a Convergència)

Lógicamente, unirse a los separatistas sería ahora un cante y además perdería su electorado más fiel, el del llamado Cinturón Rojo. Por eso, los socialistas de Catalunya quieren volver a su espacio de siempre, al del sí pero no, en el que desde el constitucionalismo trabajan para el nacionalismo catalán. El problema es que ese espacio ahora también lo ocupa Podemos, Colau y compañía, eso que se empieza a llamar “Los Comunes”. De modo que ya se empieza a hablar de que haya un frente de izquierda entre el PSC y Los Comunes para asaltar el trono de Junts pel Sí.

De este modo, cuando los separatistas caigan, el frente de izquierda tomará el relevo y seguirá trabajando (con disimulo) por el nacionalismo catalán y porque en Catalunya siga habiendo catalanes de primera y de segunda categoría. El PSC pretende volver a traicionar a sus votantes. Nada nuevo en el horizonte, estamos en tierras de traidores, ya sólo nos falta ver cómo acaba, si volverá a dejarse engañar la Catalunya obrera o si sólo les votarán los hijos de burgueses venidos a menos, que ya no son conservadores porque cada vez tienen menos que conservar, o los hijos de familias adineradas que se sonrojan cuando su padre catalanista dice que con Franco se vivía mejor.

Iceta y Parlon, dos caras de la misma moneda

La historia del PSC, desde el inicio de la democracia, es compleja. Esta formación, dirigida por una parte de la burguesía catalana, ha tratado de hacer equilibrios entre sus dirigentes catalanistas, a menudo nacionalistas catalanes y alguna vez hasta independentistas, y sus votantes, mayoritariamente catalanes venidos desde otros puntos de España, que están totalmente en contra del nacionalismo catalán y que votan al PSC creyendo que estos y el PSOE son el mismo partido, pensando que tienen la misma ideología y los mismos fines. Pero no es así.

Las élites del PSC, burguesas y catalanistas, y sus votantes, obreros y constitucionalistas, crean la gran división del PSC. Sin embargo, en estas primarias no había esas dos corrientes sino que tanto Iceta como Parlon representan el lado nacionalista, con la única diferencia de que Iceta y su equipo representan a la visión antigua de hacer política y Parlon a la nueva. Por decirlo de modo que se entienda, Iceta es de los socialistas que le han dorado la píldora a Convergència y al Pujolismo, mientras que Parlon representa al PSC que quiere hacer lo propio con Esquerra y Podemos. Es decir, no son lo mismo exactamente, pero sí tienen el mismo fin, complacer al nacionalismo catalán.

En el PSC, los nacionalistas son los menos, pero ocupan el poder. A veces, extratégicamente, colocan de cabeza de cartel a un “charnego”, como es el caso de Montilla, pero quienes les dirigen son las mismas familias burguesas. La táctica de poner a un cordobés al frente del PSC fue un gran juego de trileros para una sociedad catalana que comenzaba a despertar ante las injusticias de los gobiernos de Pujol, que habían colocado a los castellanohablantes como ciudadanos de segunda. Sin embargo, el gobierno del Tripartit, liderado por Montilla, fue el que más daño hizo a este sector de la población en un Estatut que colocaba a los castellanohablantes como ciudadanos de segunda en su propia tierra.

¿Qué pensarían ustedes si la Constitución dijese “La raza de los españoles es la blanca, pero también hay españoles de otras razas”? Yo pensaría que situa a las otras razas como de segunda categoría, ¿no es cierto? ¿O qué pensarían si el Estatuto dijese “La orientación sexual de los catalanes es la heterosexualidad pero también hay catalanes homosexuales, bisexuales o transexuales”? Yo pensaría que sitúa a estas últimas tendencias sexuales como de segunda categoría o minoritarias. ¿Y si cualquier constitución europea dijese que la religión de la nación es la católica, aunque también hay europeos que tienen otra religión? Yo pensaría que se coloca como ciudadanos de segunda a los no católicos. Pues, bien, el Estatuto de Catalunya del PSC de 2006, en el artículo 3 apartado 2º, dice que: El idioma catalán es el oficial de Cataluña, así como también lo es el castellano.  Lo que, obviamente, sitúa a los castellanohablantes como catalanes de segunda categoría.

Ya contaba Oriol Bohigas en Entusiasmos compartidos y batallas sin cuartel, que Joan Reventós, presidente de Convergència socialista, le advirtió del “peligro de un triunfo en solitario del PSOE en Catalunya”. En aquella época, la Federación Catalana del PSOE tenía gran implantación social, pero no era nacionalista, mientras Reagrupament era nacionalista pero no tenía apoyo social. De este modo, Joan Reventós entiende que la única salida es aliarse con el PSOE pues así conseguía los votos de las personas que votaban a Felipe González y se los llevaba a una formación en realidad nacionalista. El propio Reventós escribiría en sus memorias inacabadas Tal com ho vaig viure (Tal y como lo viví) que: “Los socialistas nos hubieran partido en dos mitades. Y preferí la hegemonía de Pujol”.

Quizá habría que dedicar una entrada de blog únicamente a Reventós para entender del todo lo que sucedió a finales de los setenta y principios de los ochenta y cómo el PSC ha hecho funciones de centrifugadora para recoger votos de obreros constitucionalistas, venidos del resto de España, para utilizarlos para los nacionalistas catalanes y burgueses, con algo tan ilógico como el propio Reventós escribió también en sus memorias y donde decía defender “La igualdad del género humano; la consciencia de la persona como sujeto de derechos y deberes; la identidad nacional de mi pueblo y mi país, Cataluña; la democracia, basada en las libertades individuales y nacionales, como mejor sistema político“.

¿La igualdad del género humano tratando a los que vinieron desde otros puntos de España como ciudadanos de segunda? ¿Socialismo y nacionalismo a la vez?

El PSC unió sus siglas en los primeros años (PSOE-PSC) para, una vez todos pensaran que era lo mismo, hacer desaparecer las siglas del partido nacional y quedarse sólo con PSC, Partit dels Socialistes de Catalunya. ¡Ojo! No Partido Socialista Catalán, sino Partido de los Socialistas de Catalunya, suprimiendo, por supuesto, la O de Obrero porque en el PSC nunca hubo obreros hasta que los andaluces, murcianos y extremeños entraron en política, normalmente para atraer votos pero sin aspiraciones políticas, a no ser que se catalanizaran. Desde luego, ni Reventós, estudiante en el Colegio de los Jesuitas de Sarrià y con residencia en el barrio de clase alta de Sant Gervasi, ni ninguno de los suyos eran obreros. Además, cabe destacar que el símbolo escogido por el PSC resalta la C, siendo más gruesa que la P y la S, para dejar a las claras que es más importante Catalunya que ser el Partit dels Socialistes.

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El PSC ha estado en muchas de las intrigas palaciegas. En 1999, del mismo PSC, salieron las denuncias a dos colaboradores para que Josep Borrell no fuese secretario general del PSOE. De ese modo, como escribió Antonio Robles en su obra, Del fraude histórico del PSC al síndrome de Catalunya, había que acabar con el líder socialista catalán que no se avergonzaba de ser español, de ser de izquierdas y de considerar el nacionalismo como un instrumento de la burguesía”.

Curiosamente, este hecho se vendió al revés, como la muestra evidente de que las élites no querían que España fuese gobernada por un catalán.

El PSC comenzó su decadencia cuando los obreros de la zona metropolitana y de los de los pueblos costeros de Tarragona comenzaron a ver que Ciudadanos les representaba más y mejor. Desde entonces y observando la bajada de votos, han tratado de cambiar su ruta y separarse del nacionalismo catalán, pero es una pose, lo sabemos, pues ya nos han engañado con el mismo truco otras veces. Por eso, el PSC ha pasado de ser la primera fuerza en Catalunya a ser la cuarta, tras Convergència, Esquerra y Ciudadanos y, por este motivo también, personas que estaban en el PSC han formado una plataforma para hacer un Partido Socialista no nacionalista para Catalunya. De este modo, para estas primarias, han puesto como rival de Iceta a Parlon, que es aún mucho más nacionalsita que él, para que dé la sensación de que ha vencido el que no es nacionalista, pero que todos sabemos que sí lo es.

 

Fuente de la fotografía de portada: lavanguardia.com

El PSC la eterna amenaza fantasma

Cuando veo a miembros del Partido de los Socialistas de Catalunya hablar con cierto orgullo de que estarían barajando la posibilidad de que, en el caso de un nuevo intento de investidura de Mariano Rajoy, no aceptar la posible abstención del PSOE y votar en contra de la misma, me planteo muchas preguntas. La primera es si votarán No a Rajoy o darán libertad de voto a sus miembros dado que, si dan libertad a sus miembros, podrán decir aquello de que han dado libertad también a sus diputados pero si, contrariamente, han de votar NO por obligación, tendremos que recordar cuando lleguen las autonómicas que el PSC y el PSOE no son lo mismo.

Todos tenemos claro que absolutamente nadie en el Partido Socialista quiere que ni Mariano Rajoy ni nadie del Partido Popular sean presidentes del gobierno y que, si llegara el caso de que los socialistas se abstuviesen para permitir la gobernabilidad, no sería por simpatías a los populares sino por considerarlo un mal menor, porque son conscientes de que en unas nuevas Elecciones Generales, probablemente, Rajoy y los suyos rocen la mayoría absoluta. Lógicamente, un socialista debe creer que es mejor un gobierno del PP en minoría que uno en mayoría, de modo que se abstendrían por el bien de España. Entonces, ¿qué ocurre con el PSC? ¿Para ellos no es lo más importante el bien de España?

Los socialistas catalanes viven históricamente dentro de una encrucijada: la bicefalia histórica entre los que son cercanos al PSOE y los que, por el contrario, creen que el PSC es un partido regionalista o nacionalista catalán. Obviamente, los de arriba, los mandatarios del PSC siempre han sido cercanos al nacionalismo catalán pero han tenido que tragar sapos y culebras porque sus votantes no lo son. El PSC ha sido ese apuesto Conde Drácula de las películas que consigue románticamente que sus votantes se dejen morder el cuello, no sabiendo que eso les haría convertirse en nacionalistas. Y eso ha llevado que, en mi tierra, mayoritariamente con el voto de andaluces y extremeños, se aprobaran Estatutos que trataban de colocarles a ellos mismos como ciudadanos de segunda.

Lógicamente, el PSC engaña a pocos ya en Catalunya y todo por no hablar claro. Si son nacionalistas catalanes, pero no al punto de ser independentistas, que lo digan; si verdaderamente son federalistas, que expliquen qué es eso y qué diferencias hay entre eso y las actuales autonomías; si se trata sólo de que los impuestos se queden en Catalunya, que se lean bien los ideales del socialismo donde la generosidad y la solidaridad son aspectos muy importantes.

El PSC sabe que fue mayoría cuando todos los votantes de izquierdas, tanto los constitucionalistas como los nacionalistas, les votaron y ahí sigue tratando de encontrar cómo hacer que eso vuelva a ocurrir. Pero, a día de hoy, eso es imposible pues personas que antes les votaban ahora lo hacen a partidos tan diferentes como ERC y Ciudadanos. De modo que los socialistas catalanes deben dejar de recrearse en el pasado y pensar qué van a ser de mayores porque, como dice el refrán, no se puede estar en el coro y repicando.

La amenaza fantasma de votar contrario al PSOE es eso, fantasma. Primero, porque a la práctica no serviría de nada ya que Mariano Rajoy sería elegido Presidente de igual modo y la crisis dentro de los socialistas se haría aún más grande. Ahora bien, me hubiera gustado a mí saber qué hubieran dicho ciertas personas del socialismo catalán si en la investidura fallida de Rajoy, por poner un ejemplo, los socialistas andaluces se hubieran abstenido dando, así, la gobernabilidad al PP. De hecho, todos sabemos lo que habría ocurrido: que les hubieran puesto de fachas para arriba. Sin embargo, cuando el PSC permite gobernar a Convergència, debemos verlo con normalidad, a pesar de que el partido nacionalista sea de derechas.

1. Reconocimiento de Cataluña como Nación.
2. Carácter Plurinacional del Estado.
3. Nacion de naciones.
4. Constitucio federal del Estado.
5. Ciudadania catalana.
6. Relación de igual bilateralidad de Cataluña con el Estado.
7. Supresión de las cláusulas de prevalencia y supletoriedad.
8. El Tribunal Superior de Justicia de los entes federados agotará los recursos judiciales.
9. Consideración del Estatuto como Constitución de entes federados.
10. Hacienda propia.

Estos son diez puntos que ha presentado Eva Granados Galiano portavoz del Grupo Socialista en el Parlament de Catalunya.