Conversos y renegados. La historia del nacionalismo catalán (XX) El complejo socialista frente al nacionalismo catalán

En 1977 se celebraban las primeras elecciones Generales en España desde antes de la Guerra Civil. En un país sin tradición democrática, muchos no acababan de entender la gran cantidad de siglas de los nuevos partidos políticos. En Catalunya, los comicios se enfocaron también bajo la idea de quién podría defender mejor los intereses catalanes en el Congreso. En estas tierras, una amplía mayoría demandaba la autonomía y un estatuto para Catalunya. Así que, bajo esa consigna, se formó una coalición llamada Pacte Democràtic per Catalunya, liderada por Jordi Pujol, y en la que, además de Convergència, Esquerra Democràtica y el Front Nacional, participaba también el PSC-Reagrupament.

Aquel pacto no duró mucho, el PSC-Reagrupament se disolvió y formó parte del PSC-PSOE, un Partido con dos almas ya que, mientras el PSC tenía fuertes inclinaciones catalanistas, el PSOE contaba en Cataluña con una Federación que basaba su fuerza, sobre todo, en los trabajadores de la zona metropolitana, la mayoría de origen de otros puntos de España. En 1978 las distintas fuerzas socialistas llegaron a un acuerdo que cristalizó en el Congreso de la Unidad Socialista. En este Congreso, se fundó el Partit dels Socialistes de Catalunya, un nuevo partido que aglutinaba a todo el espectro socialista catalán y tenía una relación federal con el PSOE, a pesar de que formalmente era un partido diferente, por más que, incluso hoy, muchos creen que PSC y PSOE son el mismo partido pero con distintas siglas.

Lo cierto es que, en aquel momento, el lado catalanista del PSC no dominaba el partido como lo haría después y si la unión con los socialistas de España se llevó a cabo fue porque la Federación Catalana del PSOE tenía gran implantación social. Sin embargo, ésta no era nacionalista, mientras que el PSC sí lo era pero no tenía apoyo social. De este modo, Joan Reventós entiende que la única salida es aliarse con el PSOE pues, así, conseguía los votos de las personas que votaban a Felipe González y se los llevaba a una formación en realidad nacionalista. Contaba Oriol Bohigas en Entusiasmos compartidos y batallas sin cuartel que Joan Reventós lo advirtió del “peligro de un triunfo en solitario del PSOE en Catalunya”.

El PSC-PSOE fue el ganador en Catalunya en Generales y Municipales. Sin embargo, en las primeras autonómicas Convergència i Unió resultó la fuerza más votada, entre otras cuestiones, gracias a que la derecha española de Alianza Popular no se presentó para no perjudicar a Pujol. No obstante, el socialismo pudo gobernar. Un pacto entre PSC-PSUC-ERC hubiera dado la mayoría parlamentaria, pero esta opción apenas se intentó. ¿El porqué? Se podría contestar a dicha pregunta con declaraciones del propio líder socialista Joan Reventós que escribiría en sus memorias inacabadas Tal com ho vaig viure (Tal y como lo viví) que “Nos hubieran partido (a los catalanes) en dos mitades. Y preferí la hegemonía de Pujol”.

Si Catalunya fue y es mayoritariamente de izquierdas, ¿por qué prácticamente nunca ha gobernado el socialismo Catalunya? La respuesta recae en el hecho de que la izquierda catalanista no pretendiese gobernar hasta que Pujol tuviese ya construidas las estructuras de un estado nacional catalán y la política se hiciese bajo el catalanismo, gobernara quién gobernara. 

El PSOE fue la fuerza más votada en Catalunya en las Elecciones Generales de 1982 y las Municipales de 1983. Sin embargo, en las elecciones  de 1984, con el ambiente enrarecido debido al caso de Banca Catalana, Pujol hace de aquellas autonómicas un referéndum entre buenos y malos catalanes, situando su partido en el lado del Bien. Convergència vence  y el PSC acaba con la fuerza del PSUC. Para entonces, los socialistas catalanes ya están completamente dirigidos por una parte de la burguesía catalana, que ha tratado de hacer equilibrios entre sus dirigentes catalanistas, a menudo nacionalistas catalanes y alguna vez hasta independentistas, y sus votantes, mayoritariamente venidos desde otros puntos de España, que están totalmente en contra del nacionalismo catalán y votan al PSC creyendo que estos y el PSOE son el mismo partido y pensando que tienen la misma ideología y fines. 

El desencanto con la políticas de izquierdas en Catalunya es tan grande que en 1988 la participación en las Autonómicas baja hasta el 59%. Y es que ya por aquel entonces los nacionalistas están organizados y unidos, mientras que los constitucionalistas no. Además, existe una gran decepción en la izquierda, dado que tanto PSC como Iniciativa per Catalunya son demasiado cercanos al catalanismo. El catedrático Francesc de Carreras definiría esto como el PUC (Partido Unificado de Catalunya), que constaría de CiU, ERC, PSC e Iniciativa, dejando fuera al Partido Popular, que colaboraba mostrándose como partido de derecha rancia, mientras que el partido de Pujol lo hacía de derecha moderna, por más que el olor a neftalina fuese el mismo entre ambas formaciones.

Una parte del voto de izquierdas no nacionalista se siente huérfano y no acude a las urnas en Autonómicas, aunque sí en Generales, donde en 1989 la participación sube hasta el 67%. En dichas elecciones, el PSOE sube 400.000 votos y es la fuerza más votada, una vez más, en Catalunya. En el famoso año olímpico de 1992, la participación de las Autonómicas baja hasta el 54%, lo que beneficia a Pujol, quien vuelve a ganar por mayoría y el PSC pierde dos diputados más. Otra vez se apreciará lo importante de la participación ya que en 1993 para las Generales sube hasta el 75% y el PSOE vuelve a ser la fuerza más votada superando a Convergència que, a pesar de que participaran un 21% más de electores, prácticamente calcó los resultados de las Autonómicas.

Aquel era el mejor momento, no sólo de Convergència, sino también del catalanismo, que consigue el 55% de los votos. Además, CiU permitió la gobernabilidad de Felipe González y se convirtió en necesaria en el Congreso de los Diputados, cuestión que aprovechó para ampliar sus dominios.   

En aquellos años, el nacionalismo empieza a hacerse asfixiante. Se comienzan a multar a los locales que no rotulan en catalán, en los colegios el castellano comienza a hacerse residual y en los medios de comunicación el ataque al disidente comienza a hacerse muy fuerte. Todo ello, unido al run-run de la corrupción de Convergència, hace que la Catalunya no nacionalista comience a moverse. Así, sube la participación un 15% y Pujol pierde la mayoría absoluta. De este modo, se ponía la primera piedra para que la izquierda pudiera destronar a Convergència y en 1999, de la mano de Pasqual Maragall, el PSC conseguía ser la fuerza más votada. No obstante, la caprichosa ley electoral hacía que Pujol tuviera más diputados y el PP permitiría la gobernabilidad.

El PSC sigue siendo la alternativa al nacionalismo, si bien es cierto que los socialistas, como diría Albert Boadella, “de estar tan cerca de la epidemia (nacionalista), no han podido (o no han querido, añado yo) evitarla.”

El socialismo catalán se comporta durante años como el Caballo de Troya para que el nacionalismo llegue a las zonas obreras. ¿Y qué mejor manera para convencer a éstas que acusar a todo lo español de fascismo o de derechas para que los obreros y sus hijos abracen el catalanismo, que finge ser bandera de la modernidad? Si en el resto de España la superioridad moral es de la izquierda contra la derecha, en Catalunya ésta corresponde a los nacionalistas frente a los constitucionalistas.

Acusar de españolismo a toda lucha obrera es algo común en la historia de esta tierra. Sucedió con Lerroux en la Semana Trágica y ocurrió con los anarquistas durante la República y la Guerra Civil. De hecho, el propio Joan Reventos, líder socialista de los inicios de la democracia, cuando se refería a la posibilidad de que hubiese habido una opción socialista no nacionalista, dijo en la presentación de sus memorias que “no quería que se instaurara con fuerza una opción lerrouxista y preferí la hegemonía de CiU.

El complejo del socialismo con el nacionalismo catalán podía haber terminado en 1999 cuando Josep Borell, un socialista catalán sin miedo a decir que se siente español, pudo ser secretario general del PSOE y candidato a la presidencia española. Sin embargo, una denuncia de corrupción sobre dos de sus colaboradores le hizo renunciar y truncar una brillante carrera política. Curiosamente, y según relata Antonio Robles en su libro Del fraude histórico del PSC al síndrome de Cataluña, aquella denuncia llegó desde el propio círculo dirigente de los socialistas catalanes.  

En ese mismo año, por primera vez la victoria en las Autonómicas por parte de Pujol no era clara y el que había sido alcalde de Barcelona en la época de los Juegos Olímpicos, Pasqual Maragall, salía a hacerle frente. Los socialistas de Catalunya parece que creían en un proyecto y consiguen ser la fuerza más votada. No obstante, da la victoria en diputados a Convergència que, gracias al voto favorable del Partido Popular, gobernará en Catalunya, “devolviendo el favor” del voto de Convergència en la investidura de Aznar como presidente del Gobierno.

Aquellos pactos harán que, por primera vez, las elecciones catalanas comiencen a mirarse desde la perspectiva derecha-izquierda, por encima de nacionalismo-constitucionalismo. En 2003 Maragall vuelve a ganar en votos pero no en diputados, sin embargo, esta vez ERC pasa a ser clave para la gobernabilidad y los independentistas de izquierdas prefieren pactar con el PSC (junto a Iniciativa) antes que con CiU, a la que empiezan a salpicar casos de corrupción.

Por primera vez, la izquierda logra gobernar Catalunya, siendo muy crítica con Convergència. Maragall insinúa las mordidas del 3% que CiU cobraba por las obras públicas, por más que después pediría perdón. El PSC continúa las políticas nacionalistas de Pujol y el desencanto vuelve a la izquierda no nacionalista, sobre todo a raíz del nuevo Estatuto, que es votado en 2006, por más que no fuera una demanda de los catalanes y que sólo votara un 46% de la población. El nuevo referéndum contaba con el apoyo de PSC, ICV y CiU y, en él, se situaba a los castellanohablantes como ciudadanos de segunda categoría en Cataluña, lo que llevó a que muchos abandonaran el PSC y que, tras la plataforma Ciutadans de Catalunya, acabara naciendo el partido Ciudadanos.

A raíz de ahí, los no nacionalistas perdieron la esperanza de que el PSC fuese quién les librara del nacionalismo catalán, suponiendo la pérdida de 5 diputados en 2006 (aunque repitió el Tripartit), 9 más en 2010, 8 en 2012 y 4 más en 2015, a pesar de que en este último año ya había reculado (en parte por estrategia electoral) su apoyo al nacionalismo catalán. Si en 1999 la izquierda teóricamente no nacionalista, PSC e Iniciativa, tenía 51 diputados, en 2015 sumaba 26 entre PSC y Catalunya sí que es pot. Es decir, perdía 25 diputados, justo el número que conseguía Ciudadanos en las últimas elecciones y que les colocaba como líderes de la oposición.

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Ciudadanos (la historia) – Capítulo XV

Continuamos repasando la historia de Ciudadanos (recordad que podéis encontrar el Capítulo XIV aquí):

El año 2009 de Ciudadanos acaba con unas declaraciones polémicas de Albert Rivera en las que aseguraba que PSC y CIU habían establecido un  “pacto de silencio” frente a la corrupción para no asumir sus responsabilidades políticas tras los últimos casos destapados en Catalunya. Pasqual Maragall, que había hablado años atrás de la corrupción del 3% de los Pujol, estaba ahora mudo y solamente PP y Ciudadanos querían reabrir ese debate. El silencio del PSC era preocupante.

Los partidos se preparaban para las elecciones autonómicas catalanas de 2010 y la disputa por el centro entre Ciudadanos y UPyD creaba debate. Dos partidos que peleaban por el mismo espacio se iban a perjudicar y daba la sensación de que los que confiaban en ese espacio de centro como alternativa a PP y PSC debían decantarse por naranjas o magentas.

Antonio Robles, ex de C’s, estaba ahora en UPyD y se debatía si conseguiría llevarse al electorado. Albert Rivera aseguraba que no e, incluso, públicamente, pidió que UPyD no se presentara en Catalunya para no entorpecer a Ciudadanos: “En Catalunya hemos representado una voz durante cuatro años en el Parlament. Somos conscientes de que somos una formación parlamentaria e intentaremos crecer sin estar pendiente de los cuatro votos que puedan sacar otros partidos”, dijo al preguntarle sobre si le preocupaba que UPyD pudiese arrebatarle votos.

En abril de 2010, el tripartito, apoyado por CiU, presentaba en el Parlament una resolución en la que se declaraba incompetente para dictar sentencia sobre el Estatut al Tribunal Constitucional.  Albert Rivera manifestó que Catalunya “hace el ridículo” al presentar el Parlament una resolución que catalogó de antidemocrática” y “barbaridad“.

Ciudadanos, en su cruzada contra el gobierno del Tripartit, en el que los socialistas habían vendido su alma a los nacionalistas, hacía una dura oposición e, incluso, el portavoz Jordi Cañas pidió a José Montilla que se redujese un 46% el sueldo del presidente de la Generalitat , con el fin de equipararlo al que percibía el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.

La campaña electoral comenzó con encuestas que auguraban que Ciudadanos volvería a tener prácticamente los mismos votos que en 2006. El partido presentó su candidatura en el Teatre Romea, eligió el eslogan “Rebélate” y, a diferencia del cartel de 2006, donde Rivera aparecía desnudo, esta vez eran un grupo de ciudadanos los que aparentaban estar desnudos mientras que Albert aparecía vestido.

“Nos rebelamos porque queremos convivencia, no enfrentamiento. Nos rebelamos contra la corrupción y a favor de la transparencia democrática, nos rebelamos contra la crisis y a favor de una Cataluña próspera, más justa”(…) “Nos rebelamos contra la mediocridad, contra la corrupción, contra las imposiciones, por una Catalunya libre, abierta y moderna, por una Cataluña de todos” dijo Rivera.

En el programa, C’s apostaba por una Ley electoral con listas abiertas, que se limitasen los mandatos de los representantes públicos y la supresión de las multas por no rotular en catalán, entre otras cuestiones.

Las elecciones cumplieron los pronósticos: Convergència volvió a ser la fuerza más votada, pasando de 48 a 62 diputados y, de este modo, haciendo imposible que pudiese volver a repetirse un pacto entre PSC-ERC e ICV. El PSC perdió 9 escaños y se quedó con 28, Esquerra perdió 11 y se quedó con 10, los mismos que Iniciativa que, por su parte, perdió 2. Además de CiU, los grandes triunfadores fueron el Partido Popular que subió de 14 a 18 diputados y quedó como tercera fuerza. Ciudadanos aumentó en 16.000 votos y logró mantener los tres escaños mientras que Solidaritat Catalana per la Independència logró 4, a pesar de tener menos votos que C’s.

La investidura de Artur Mas no pareció fácil de todos modos. En primera instancia, todos los partidos aseguraron que votarían No a su investidura. En la primera vuelta, requirió mayoría absoluta y no lo consiguió con 62 Sí y 73 No, es decir, toda la oposición en contra. Sin embargo, dos días después la segunda fuerza, el PSC de José Montilla se abstuvo y permitió la gobernabilidad a CiU por mayoría simple. Rivera fue el único que hizo una valoración acertada de lo ocurrido y aseguró que  Mas quiere superar al tripartito en nacionalismo” y le advirtió de que podía provocar “inestabilidad”.

Ciudadanos se quedó en el grupo mixto y lo debió compartir con SI, el partido de Joan Laporta, que estaba en las antípodas de C’s. El enero de 2011, todo quedó resuelto ya que el parlamento catalán apruebó por unanimidad una modificación de su reglamento que permitió la creación de dos subgrupos dentro del grupo mixto, a fin de que Solidaritat  y Ciutadans pudiesen funcionar de forma autónoma.

Un mes después, la Mesa del Parlament admitió a trámite la proposición de Ley de la Independencia de Catalunya con los votos a favor de CiU, ERC y SI.  Albert Rivera anunció que recurriría a la justicia. “CiU ha decidido traspasar la línea roja del Estado Derecho”. Mas contestó diciendo que “El trabajo será pesado y difícil, pero lo hemos de intentar. Yo estoy absolutamente dispuesto a poderlo hacer en los próximos dos años”.

En abril, el Parlament votó dicha proposición de Ley. Solamente Esquerra y Solidaritat tuvieron pensado votar a favor, mientras que CiU e ICV se abstendrían, quedando el voto negativo para PSC, PP y Ciudadanos. Sin embargo, ocurrió algo que en aquel momento pareció un error y que, sin embargo, quizá fuese un guiño ya que Artur Mas “se equivocó” y votó a favor, siendo el único miembro de CiU que lo hizo. A lo que sí votó de forma positiva Convergència i Unió fue a  favor del “derecho a decidir” y de la “autodeterminación”.

Ciudadanos (la historia) – Capítulo VI

Continuamos repasando la historia de Ciudadanos (recordad que podéis encontrar el Capítulo V aquí):

La plataforma se presentó también en Madrid con gran éxito con Albert Boadella como interlocutor, quien se encontró con un público entusiasta y un gran apoyo. Boadella descartó la posibilidad de encabezar alguna candidatura y avisó que la situación era muy alarmante y se degradaba cada día. Indicó que había una evidente deriva hacia el nacionalismo independentista y que Catalunya se había vuelto inhóspita para los que no estaban en la exaltación del nacionalismo, añadiendo que caminaba de forma irreversible hacia la secesión ya que Jordi Pujol había creado el caldo de cultivo para que esto pudiera suceder y el PSC de Pasqual Maragall quien lo había consolidado.

Aseguró que en la izquierda había mucha gente que se sentía estafada por el PSC. “Este partido vio cómo Pujol lo invadía todo, hasta el último recodo de la sociedad, y les entró complejo, creyeron que tenían que bailar la sardana mejor que Pujol para ganar” dijo con ironía.

La notoriedad que poco a poco iba teniendo la plataforma hizo que todo eso que no había ocurrido antes en Catalunya comenzase a ocurrir. Los miembros de Ciutadans de Catalunya eran atacados primero en Girona y después en Sant Cugat del Vallés (ya sí te pegaban por hablar en castellano, aunque lo hablases solamente a ratos).

Eso no hizo dar un paso atrás a la idea de formar un partido político, todo lo contrario. Así que, desde el principio del año 2006, todo aquello estaba cercano y los miembros de la plataforma dejaban claro para todo aquel que se quisiera unir cuál era la ideología del movimiento. Se definían como miembros de la doctrina liberal y socialdemócrata, defensores de la Constitución española, rechazaban considerarse antinacionalistas y buscaban afrontar los problemas que provoca el nacionalismo o el falso problema identitario.

Mientras más claro mostraba Ciutadans de Catalunya su ideología liberal-socialdemocrata y su posicionamiento en el centro izquierda, más era atacado por la prensa cercana al socialismo que lo definía como partido de derechas. Se decía que el nuevo partido buscaba el voto que pertenecía al Partido Popular (con lo cual los miembros de Ciutadans no sólo mentían, sino que además debían tener pocas expectativas ya que el PP nunca ha tenido mucha fuerza en Catalunya).

Se acercaba el referéndum del nuevo Estatut y los actos de Ciutadans eran cada vez más asiduos, así como también las agresiones que recibían los miembros de la plataforma. El delito era pedir el No en el referéndum. ¿Qué delito es pedir una de las dos opciones posibles de voto?

Los políticos de todos los partidos catalanes condenaban estos actos. Sin embargo, los miembros de Ciutadans denunciaban la actitud pasiva de los miembros de la policía autonómica catalana. Las agresiones bajaron a la vez que los asistentes a las conferencias crecían. En ese mes de junio de 2006, comenzó a aparecer un nombre nuevo junto a los de Boadella, Espada, Rieder o Pericay. Se trataba de un desconocido y joven jurista llamado Albert Rivera.

El día 18 se celebró el referéndum, el cual se aprobó por amplia mayoría, pero menos de la mitad de los catalanes fueron a votar. Políticamente, era una victoria legítima pero la realidad era que solamente uno de cada tres ciudadanos había votado a favor del nuevo Estatut. Esa situación de secuestro del Parlament en la cual no se representaban los pensamientos del pueblo daba alas al nuevo partido.

El 9 de julio de 2006, el nuevo partido político ya tenía nombre, se llamaría Ciudadanos Partido de la Ciudadanía, aunque en Catalunya se denominaría en catalán. El tema del nombre fue así desde el principio, por más que últimamente se haya especulado sobre si se debía decir en castellano o en catalán. Además del nombre, los congresistas decidieron también otra cuestión muy importante: el ámbito territorial de la nueva fuerza política. De este modo, se decidió que su ámbito sería toda España, pero con actuación circunscrita a Catalunya por razón de su origen.

Esta fórmula fue adoptada para dar acogida a los numerosos círculos de simpatizantes que el nuevo partido tenía en diversos puntos de España ya que había agrupaciones en Andalucía, Madrid, Aragón y Castilla y León. La estructura organizativa de la nueva formación constaba de federaciones provinciales, más una federación en la ciudad de Barcelona y otra para los afiliados en el resto de España.

Solamente uno de las firmantes del manifiesto para la creación del partido estuvo en la dirección: Teresa Giménez Barbat (que más tarde marcharía a UPyD). Los demás se quedaron fuera, por propia voluntad, como habían anunciado. Se eligió como secretario general a Antonio Robles, un acreditado activista en las diversas plataformas que se habían opuesto a la política lingüística de los sucesivos Gobiernos de la Generalitat desde 1980. Robles fue el principal impulsor de otro partido, denominado Iniciativa No Nacionalista (INN), que pasó a integrarse en Ciudadanos.

Como presidente, se eligió a un joven de 26 años al que los periódicos presentaron así: Albert Rivera es un licenciado en derecho que no había militado antes en ninguna organización política y que, según explicó a los periodistas tras ser elegido, se sentía desengañado de los partidos tradicionales tras haber votado a CiU, PSC y PP en distintas elecciones.

Fuente de la fotografía de portada: huffingtonpost.es

Ciudadanos (la historia) – Capítulo V

Continuamos repasando la historia de Ciudadanos (recordad que podéis encontrar el Capítulo IV aquí):

De ese modo, los “andaluces adaptados” daban su apoyo al PSC y la espalda al nuevo partido que, de esta manera, no iba a representar a los castellanoparlantes ni a los que vinieron de otro lugar de España o a sus hijos “porque, para eso, ya está el PSC que además ayudaba a integrarse, no como los de la plataforma que no lo están”. (Por más que la mayoría de firmantes del manifiesto eran catalanes de nacimiento y muchos de ellos hijos y nietos de catalanes también).

Verdaderamente, ni la plataforma de Ciutadans de Catalunya, ni posteriormente el partido Ciudadanos, es el partido de los catalanes de origen español ya que, precisamente, de lo que se trata es de no diferenciar una cosa de la otra porque ser catalán y español es histórica, social y culturalmente lo mismo. Sin embargo, el hecho que ocurrió entre Els altres andalusos y el govern del PSC, sí que determinó uno de los grandes “enemigos” del futuro partido y es lo que yo denomino “El trauma del charnego agradecido” y “El trauma del charnego de ciudad” (que conste, de aquí en adelante y para que no haya equívocos, que me siento legitimado para utilizar el despectivo y mal llamado término charnego, porque a mí me lo han llamado alguna vez también).

El charnego agradecido es el que, cuando va a Andalucía al pueblo de sus padres, ve lo que considera un gran retraso en dicho lugar y piensa en la suerte que tuvo de no nacer ahí, gracias a que sus padres se fueron a un lugar mejor. No entendiende que, precisamente, sus padres colaboraron con su trabajo al crecimiento de Catalunya.

El otro trauma, el de la ciudad, viene de gente que, sabiendo lo anteriormente dicho, se avergüenza de los orígenes humildes de sus familias y reniegan de ellos, creyendo que la mejor forma de lograr eso es abrazarse a todo lo catalán y renunciando a todo lo que provenga del resto de España.

Quizá alguno de estos males afectaban a la asociación Els altres andalusos. Ellos no eran inadaptados, como los de Ciudadanos de Catalunya; ellos estaban adaptados a Catalunya y tan bien lo estaban que el presidente de la asociación, Lluís Cabrera, a día de hoy, está ligado a Esquerra Republicana, se declara independentista y dice que sus antepasados son extranjeros y que sus primos andaluces le roban.

En Catalunya, como en todas partes, el nacionalismo nunca ha dejado de mostrar de una manera u otra su tendencia irreprimible a la exclusión, políticamente negando la legitimidad a PSC y PP antes, y ahora ocurría lo mismo con Ciudadanos, teniendo más gravedad lo del partido naranja ya que es un partido fundado en Catalunya y por catalanes.

En su momento, llegó a escribirse las dudas de la legitimidad que tenía Maragall para ser presidente, por ser de un partido supuestamente dirigido desde España, por no hablar de las que después hubo con Montilla, que era cordobés de nacimiento, por más que después fuese el President que hizo más política radicalmente catalanista (cosa de los traumas del charnego agradecido y del charnego de ciudad, seguramente). Políticamente, se habla de dos tipos de votantes diferentes, el de fuera del cinturón urbano, donde están los “Catalanes, catalanes” (como si se pudiera ser más catalán o menos) y luego los de Barcelona y alrededores, donde (junto a la costa de Tarragona) también se vota a los partidos “Catalanes, españoles” (como si hubiera catalanes que no lo sean)

Sin embargo, toda esta tendencia a la exclusión durante años se ha hecho ver en Catalunya que no existía y, obviamente, cierto es (salvo casos aislados) que no te pegan por hablar en castellano y también es cierto que los catalanoparlantes normalmente te hablan en castellano si ven que no conoces la lengua. Pero eso no quita que haya una reticencia a asumirla como propia por parte de la Administración, así como una protección oficial del catalán.

Lo que no había en Catalunya era una representación política para los liberales y social demócratas no nacionalistas y eso estaba a punto de cambiar.

Imagino que, por eso, de no ser un movimiento catalán, catalán (ironía), los primeros reconocimientos a la plataforma llegaron desde fuera de la comunidad autónoma con el IX Premio Gregorio Ordóñez, que otorga anualmente la fundación que lleva el nombre del que fue concejal donostiarra y presidente del PP de Guipúzcoa, asesinado por ETA en 1995.

El galardón, concedido para distinguir la “manifiesta labor contra el totalitarismo nacionalista” y la defensa del Estado de Derecho que realizaba la plataforma, era una escultura de Aitor Mendizábal que representaba la supervivencia del tronco de un árbol, aunque se desgajen partes de él. Dicho galardón fue entregado por Ana Iríbar a la representación de Ciutadans de Catalunya.

Al recogerlo, Espada expresó su “agradecimiento sentimental, pero también político” por el premio concedido, que considera un “estímulo esperanzador”, y anunció que en Catalunya se crearía un nuevo partido político para representar “a los ciudadanos que no tienen ni representación parlamentaria ni moral”.

Fuente de la fotografía de portada: libertaddigital.com

Ciudadanos (la historia) – Capítulo III

Continuamos repasando la historia de Ciudadanos (recordad que podéis encontrar el Capítulo II clickando aquí):

 

En las Generales del 2000, el Partido Popular ganó con mayoría absoluta y en Catalunya se votaba más a Socialistas que a CiU. Sin embargo, el desencanto de los catalanes de izquierda no nacionalista crecía con el PSC de Maragall, que cada vez se mostraba más catalanista, lo que creaba un debate interno en los socialistas entre los que podíamos denominar más cercanos al PSC y los que, al contrario, eran más cercanos al PSOE.

Para las Autonómicas del 2003, el PSC volvía a ser el más votado, pero volvía a perder las elecciones. CiU debía pactar para tener mayoría, sin embargo, esta vez no le sería suficiente con el PP y realizar un pacto por la derecha. La única opción era pactar con Esquerra Republicana, pero los republicanos lo prefirieron realizar con el PSC e Iniciativa per Catalunya – els Verds, en un gran pacto de izquierdas que sería conocido como el Tripartido.

Ese día y con ese pacto, nació de algún modo el sentimiento del que años más tarde nacería Ciudadanos.

“De movimiento ciudadano a partido político”

Lo que en Catalunya no cuajó durante los 23 años de gobiernos nacionalistas presididos por Jordi Pujol sí lo hizo en los primeros 18 meses del Gobierno formado por tres partidos de izquierdas y presidido por el socialista Pasqual Maragall: la creación en Catalunya de un partido cuya fundamentación fuese combatir el nacionalismo catalán.

El manifiesto fue presentado en un restaurante de la Plaza Real de Barcelona, en una de las conferencias de prensa que reunió a más periodistas de en los últimos años en la ciudad condal.

Uno de los promotores, el periodista Arcadi Espada, definió así el sentimiento que anima a los que han lanzado la iniciativa:

“Yo no voté al partido socialista en las elecciones catalanas (2003) para que hiciera en el Gobierno más nacionalismo del que hacía estando en la oposición (…) Nosotros no somos nacionalistas. Somos españoles del Estado español, el único que existe (…) Esquerra Republicana es la extrema derecha catalana y el PP, perdió su credibilidad como oposición al nacionalismo catalán cuando defenestró a Alejo Vidal-Quadras para lograr el apoyo de CiU al Gobierno de José María Aznar”. También le invalida, agregó, “el hecho de que se disponga a aceptar que el Estatuto de Autonomía defina a Catalunya como nación”.

Félix Ovejero explicó que el objetivo es “recuperar la idea de ciudadanía catalana frente a la idea de Catalunya; una idea de ciudadanía no excluyente. Lo que mueve a muchos de los firmantes de la propuesta”.

Según explicó otro de los impulsores del proyecto, el catedrático de Derecho Constitucional Francesc de Carreras, era la decepción por la deriva tomada por el PSC, en el que habían puesto su confianza. “Nuestro escepticismo acerca de que el PSC pueda cambiar esta situación es total. (…) Nuestras coordenadas políticas e ideológicas de los promotores se sitúan en ámbitos parecidos a los de movimientos surgidos en el Euskadi como ¡Basta Ya! y Foro Ermua, nacidos al calor de la lucha contra ETA”.

Félix de Azúa definió la iniciativa como una reacción al monopolio de la representación política por los nacionalistas. “En pocos lugares como en Catalunya puede crear problemas la mera expresión de las ideas políticas si no coinciden con las de los nacionalistas. Tanto es así, que muchas personas me han expresado su apoyo al manifiesto, pero no lo han querido firmar por miedo a que se les hiciera el vacío”.

No tardaron en llegar las opiniones de los partidos políticos. A Convergència i Unió, la nueva plataforma le caía simpática pues, al fin y al cabo, si se convertía en partido, le quitaría votos al PSC, es decir, su máximo competidor por la Generalitat. El portavoz de CiU, Felip Puig, dijo que la nueva formación nacía porque el PSC y el PP “no hacían bien su trabajo”.

El portavoz del Partido Popular, Francesc Vendrell, sin embargo, opinaba que quien de verdad tenía un problema no era su partido, sino el PSC.
La diputada socialista Lidia Santos afirmó que el PSC “no es nacionalista, sino catalanista” y que “el llamamiento de estos intelectuales respondía a una visión de Catalunua que no es real ni cierta”.

Esa fue la visión de los principales partidos políticos, pero ¿cuál fue la reacción de la prensa?

Parecida a la de los partidos: los medios pro Pujol sonreían ante los problemas del PSC y de cómo personas que antes habían votado a los socialistas ahora organizaban un nuevo partido.

Los medios nacionales se dividían. Los de derecha ignoraban bastante a Ciutadans de Catalunya, pero sonreían ante la debacle del PSC y también ante el nacimiento de un grupo que criticaba el nacionalismo catalán.

Por otra parte, estaba la prensa de izquierdas, la cual trataba de ridiculizar el movimiento, como Jordi Sánchez quien, el 13 de junio de 2005 en el prestigioso diario El País, llamó “provincianos” a los miembros del movimiento y habló de lo peligroso que era que entre los firmantes del movimiento hubiera algunos que desempeñan una labor docente.

Lo cierto era que, por aquel entonces, todo el que hablaba del peligro independentista, del adoctrinamiento anti español en los colegios o de la balcanización de España, era tachado de loco. Ahora, los hechos hacen que sepamos que todo aquello era cierto.

 

Fuente de la fotografía de portada: elpais.com

El independentismo catalán compró al Primer Ministro de Letonia

Cada día que pasa, hay nuevas noticias de la mafia catalana. Como si no tuviéramos bastante con el 3%, el caso Palau, las sedes de Convergència embargadas o con todos los miembros del clan Pujol en los juzgados, ahora nos enteramos de que se dieron 6 millones de euros al Primer Ministro de Letonia para que hablara a favor de la independencia de Catalunya, según un informe de la Policía al que ha tenido acceso INTERVIU.
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Ciudadanos (la historia) – Capítulo I

Para las autonómicas del 2003, había una gran novedad. Jordi Pujol no era candidato de Convergència i Unió, se retiraba supuestamente por la edad, aunque en Catalunya ya existía el rumor (aunque ahora algunos se hagan los sorprendidos) de que había un caso de corrupción alrededor de él. Como diría Maragall en el Parlament, “ustedes tienen un problema y el problema se llama tres por ciento”, en referencia a que supuestamente Jordi Pujol cobraba esa comisión por cada obra que se hacía en Catalunya.

El PSC volvía a ser el más votado, pero volvía a perder las elecciones. CiU debía pactar para tener mayoría, sin embargo, esta vez no le sería suficiente con el PP y realizar un pacto por la derecha. La única opción era pactar con Esquerra Republicana. CiU trató de hacer ver lo recomendable que sería realizar un pacto catalanista, pero los republicanos lo prefirieron realizar con el PSC e Iniciativa per Catalunya – Els verds, en un gran pacto de izquierdas que sería conocido como el tripartido.

Ese día, con ese pacto, nació de algún modo el sentimiento del que años más tarde nacería Ciudadanos y que, en un resumen, podríamos simplificar en la frase “Luchamos todos estos años para acabar con el catalanismo de Pujol y ahora ¿nos juntamos con los independentistas?”. Lo cierto era que, siendo justos, al PSC no le quedaba mucho más remedio si quería gobernar y lo cierto es que lo malo no era ese pacto en sí, sino todo lo que ocurrió después. Pronto, el líder de ERC, Carod Rovira, famoso por pactar un alto el fuego con ETA sólo para Catalunya, no importándole lo que le ocurriera al resto de españoles, comenzó a realizar con Maragall las bases de un nuevo Estatut para Catalunya que tendría el apoyo del gobierno central de Zapatero que había ganado las elecciones de 2004.

Se hablaba de que se reforzaba la multiculturidad de España y lo que se llamó la nación de naciones. Lógicamente, no había que ser muy avispado para saber que ERC lo que buscaba era la independencia y, se quiera reconocer o no, ese estatuto era el primer paso a una Catalunya independiente que, además, se hizo con el beneplácito del presidente del gobierno Español, José Luís Rodríguez Zapatero.

Convergència, en la oposición, apoyó ese Estatuto que, a palabras de los líderes de izquierda catalana, era tan necesario. La realidad fue que ni la mitad de la población fue a votar y que éste se aprobó a pesar de que solamente uno de cada tres catalanes lo quiso.

Eso dejaba una situación que podríamos llamar de secuestro del Parlament, es decir, que el Parlament no representaba ni por asomo a la ciudadanía. Y eso llevó a algunas personas a tomar la decisión de unirse para mostrar la realidad de Catalunya. En mayo de 2005, un grupo de intelectuales catalanes crearon una plataforma contra la situación de uniformidad nacionalista que se vivía en Cataluña. El objetivo de este colectivo era asentar las bases para fundar un nuevo partido político de carácter constitucionalista y no nacionalista. La plataforma estaba integrada por actores, profesores y escritores; entre ellos, Albert Boadella, Félix de Azúa, Miquel Porta Perales, Xavier Pericay, Iván Tubau, Félix Ovejero, Eugenio Trías, Francesc de Carreras y Arcadi Espada.

El embrión de Ciudadanos, que se llamaría Ciutadans de Catalunya, como la frase de Tarradellas, en la que el President llamaba a trabajar a todos los habitantes de Catalunya por el bien de España, se crearía a partir de ello.

“La Constitución y las lagunas de la España de las autonomías”

Para entender la historia de Ciudadanos debemos ir atrás en el tiempo, a la Transición, cuando Adolfo Suárez tuvo que realizar malabarismos para que el país pasara de un régimen totalitario y centralista a uno democrático y autonómico. La labor del que fue primer presidente de la democracia fue encomiable. El camino utilizado fue la elaboración de la Ley para la Reforma Política que fue aprobada por las Cortes franquistas y sometida a referéndum el día 15 de diciembre de 1976. Como consecuencia de su aprobación por el pueblo español, esta ley se promulgó el 4 de enero de 1977. Esta norma contenía la derogación tácita del sistema político franquista en sólo cinco artículos y una convocatoria de elecciones democráticas. Se celebraron finalmente el día 15 de junio de 1977.

Eran las primeras desde la Guerra Civil. La coalición Unión de Centro Democrático (UCD), liderada por Adolfo Suárez, resultó la candidatura más votada, aunque no alcanzó la mayoría absoluta y fue la encargada de formar gobierno. A partir de ese momento, comenzó el proceso de construcción de la democracia en España y de la redacción de una nueva constitución. Entre las elecciones y la Constitución, ocurrió un hecho que a veces no se le da la importancia histórica que tiene. La llegada del President de la Generalitat de Catalunya en el exilio, el señor Josep Tarradellas, quien recalcó la importancia de este acontecimiento porque, de igual modo que todos los entendidos dan por hecho que sin la participación del Partido Comunista no había democracia plena, tampoco la hubiera habido si lo que comenzaron a llamar “Naciones históricas” de España no hubieran gozado de cierta autonomía.

De todas las regiones del país, Catalunya y Euskadi eran las que con más ahínco reclamaban su Estatuto de Autonomía. El Presidente Suárez sabía de la importancia de ello y no dudó en reunirse con los líderes catalanes y vascos, por más que los militares no lo viesen de buen modo ya que temían a los separatistas.

El 23 de octubre, el President Tarradellas llegó a Barcelona y desde el balcón de la Generalitat reclamó la autonomía para Catalunya. Aquello era histórico para los catalanes y todos lo celebraron, desde los más nacionalistas hasta los “nouvinguts”. Sin embargo, los independentistas pronto calificarían a Tarradellas de “traidor, vendido a España y comprado por la monarquía”.

En aquel discurso de Tarradellas, pasó a la historia la frase “Ciutadans de Catalunya, ja sóc aquí” (Ciudadanos de Cataluña, ya estoy aquí). Sin embargo, se han pasado por alto otras frases que dijo, que yo escribiré en castellano y que el President dijo en catalán:

“Estoy aquí para que esta Catalunya se ponga a trabajar más que nunca, para hacerla bien fuerte y próspera, para que sea también un ejemplo para los otros pueblos de España”.

Ovacionando toda la plaza de San Jaime repleta de Senyeres, el President recalcaba lo de Ciudadanos de Catalunya, refiriéndose a todos los que vivían en la comunidad más allá de su lugar de nacimiento y llamaba a todos a trabajar por el bien de la nueva España que estaba iniciándose por aquel entonces.