Mientras el gobierno catalán planea un golpe de estado, el gobierno español espera a ver si llueve

Hay días que, al coger los diarios y leer los titulares, uno se siente indefenso, desprotegido por el gobierno de Mariano Rajoy, que sigue sin preocuparse lo más mínimo por la intentona golpista catalana. No sé si, como siempre ha ocurrido desde la Transición, los populares y los convergents tienen su propio plan oculto, un plan que favorezca a los dos y a su causa común, que no es otra que mejorar las condiciones de la burguesía de acá y de allá a costa de la clase obrera, pero tanto si lo hay como si no, la actitud del gobierno de España, ante el ilegal y anticonstitucional proceso separatista, está dejando mucho que desear.

El juez Vidal fue suspendido de empleo por 3 años por haber participado en la elaboración de una futura Constitución de Catalunya. Tras eso, Esquerra Republicana de Catalunya le premió ofreciéndole uno de los primeros puestos en las listas para el Senado. En las últimos horas, nos hemos enterado de que este personaje ha asegurado que: “La Generalitat tiene todos vuestros datos fiscales. Esto es ilegal porque está protegido por la Ley de Bases de Datos. Son unos datos reservados, en teoría los que llevamos este proceso no deberíamos tener acceso a ellos, pero a veces suceden cosas, no os diremos cómo, porque no es exactamente legal”.

Esta no es más que otra prueba más de que el Gobierno de la Generalitat y la panda de cuatreros que han comprado por un plato de lentejas, muy a diferencia de lo que predican, no quieren hacer un nuevo país libre y democrático, sino que, como los espías de la Stasi en la RDA, están utilizando toda su maquinaria para, desde la ilegalidad, tratar de crear un país a su imagen y semejanza. Un país que, como todos sabemos, no busca nada más que la salvación de los Pujol y de las cuatrocientas familias que dominan Catalunya desde tiempos inmemoriales y que, semana tras semana, viajan a Andorra y Suiza para blanquear el dinero que, ilegalmente, tienen depositado en estos paraísos fiscales.

Mientras, al lado observas la noticia en la que Mariano Rajoy dice que el recibo de la luz va a bajar porque va a llover. “Han anunciado que va a llover y eso va a dar lugar a una bajada”, así explicaba el presidente del Gobierno en el programa de radio de Carlos Alsina, confiando en que los chubascos y la entrada de la energía hidráulica en el mix de energía ayuden a reducir las tarifas de la electricidad.

De modo que Mariano Rajoy esperará a ver si llueve para solucionar el tema de la electricidad que, en plena ola de frío, se está llevando a ciudadanos españoles a la muerte. Me pregunto si el problema del separatismo catalán y la amenaza de golpe de estado y conflicto civil de Catalunya también los va a resolver mirando a las nubes.

Sabemos que Mariano Rajoy ha hecho un arte de la espera, del quedarse quieto hasta que los contrarios se pongan nerviosos, pero en el asunto del separatismo catalán está comenzando a llegar demasiado lejos. La fractura en la sociedad es grave, a pesar de que sea cierto que, en el día a día, la sensación sea que el separatismo se desinfla. Para mí, pues, eso es lo menos importante ya que el independentismo no es un tema preocupante porque Catalunya jamás va a ser independiente, dado que el pueblo catalán no lo quiere.

El verdadero problema es que el Govern de la Generalitat está utilizando las estructuras de la autonomía para enfrentar a los catalanes, para que toda Catalunya quede sepultada en una nube de odio, una nube que Mariano Rajoy no podrá ver mirando el cielo de Madrid desde La Moncloa.

Santiago Vidal dimite como senador, pero el intento de golpe de estado de los separatistas continúa.

El PSOE defiende el castellano en USA pero no en Cataluña

Saltan las alarmas del orgullo patrio porque Donald Trump ha retirado el castellano de la web de la Casa Blanca y yo me quedo perplejo. Obviamente, no seré yo quién defienda al nuevo Presidente de los Estados Unidos, pero las lenguas son para que las personas se entiendan, hablando o escribiendo en un idioma según quién se quiera que escuche o lea. ¿Estaría bien que dicha web estuviera en castellano? Desde luego, y en francés, en árabe, en chino mandarín, catalán o eslovaco. Pero, ¿es algo noticiable? Yo creo que no. El único idioma oficial de los Estados Unidos es el inglés (si bien no depende del gobierno federal, 31 de sus 52 estados lo tienen como oficial y en todos es la lengua de uso en la administración). La noticia sería si no estuviera en un idioma oficial.

Susana Díaz, líder de los socialistas andaluces y quién sabe si pronto Secretaria General del PSOE, escribió un tweet que se ha hecho viral. En él, criticaba la exclusión del castellano por parte del gobierno de los Estados Unidos. Entiendo la postura de Díaz pues, cuando Trump en campaña ha menospreciado a los hispanos y ha asegurado que construirá un muro entre México y EE.UU, imagino que Susana ha visto la exclusión del castellano como un síntoma  de que los hispanos se van a convertir en ciudadanos de segunda y eso le preocupa.

Realmente, sin embargo, no es completamente así. Como hemos dicho ya, la única lengua oficial de los Estados Unidos de América es el inglés y esa es también la lengua de los hispanos que viven en ese país. Todos sabemos que el castellano es la segunda lengua allí pero, lógicamente, eso no la convierte en lengua oficial ni la hace tener un trato diferencial. Todos los ciudadanos deben ser iguales y no se debe discriminar a nadie por su procedencia, así como tampoco se debe dar un trato especial a nadie porque pertenezcan a un número mayor. Pero, más allá de eso, la noticia para mí es que parezca alarmante lo que ocurre en otro país y que, sin embargo, a pocos les preocupe que en España haya páginas web de ayuntamientos en los que también se excluye el castellano.

La gracia está en que, precisamente desde el PSOE, se critique lo mismo que el PSC promueve en Catalunya, donde el castellano sí es oficial y los castellanoparlantes sí son ciudadanos de segunda desde que se aprobara el Estatut de 2006. Desde entonces, el catalán actúa como lengua oficial (y legítima) de los catalanes y el castellano no es más que otra lengua que se puede hablar porque en Catalunya hay muchos castellanoparlantes. Quizá el problema venga de lo que para mí es un error: asociar lengua y patria. El catalán no es la lengua de los catalanes y el castellano de los que vinieron de fuera y sus descendientes, sino que el catalán y el castellano son las lenguas de todos los catalanes, se exprese cada uno en la que se exprese.

¿Por qué al PSOE no le importa que se discrimine a los castellanoparlantes? Volvemos a lo de siempre: el PSC, con Joan Reventós a la cabeza, creó un partido dirigido por burgueses catalanistas, al que votaban obreros constitucionalsitas que creían que estaban votando al mismo partido que lideraba Felipe González en Madrid. Además, el PSC se aprovechó de ser la única alternativa al gobierno corrupto del pujolismo. Con el Tripartit nacionalsocialista o socialistanacional, por fin todos los catalanes supieron que aquello era una farsa y el PSC comenzó a perder votos, que fueron a parar al PP y, sobre todo, a Ciudadanos.

A día de hoy, observando que el nacionalismo del PSC les ha hecho perder votos, se está tratando de virar el rumbo (más de cara a la galería que otra cosa). Por eso, planean la posibilidad de que el PSOE y el PSC se separen y, por eso también, se está tratando de implantar el partido liderado por Antonio Robles, CINC.

Para concluir, ¿los que hablan en castellano están discriminados en los Estados Unidos de América? Muchos pensarán que sí, a pesar de que se les permita hablar en castellano en sus casas y calles y que en las tiendas muchos te atiendan en castellano, es decir, lo mismo que ese concejal del PP andaluz dijo que le había pasado en Catalunya. Sin embargo, se puede rotular los negocios en castellano en USA, pero en Catalunya no y si se hace, se multa, con la diferencia de que en Catalunya el castellano (teóricamente) es oficial.

Ciudadanos: El partido que queremos

Llegado el momento de la IV Asamblea de Ciudadanos, los que creemos que el partido naranja es vital para resolver los problemas de España tenemos la oportunidad de defender qué partido queremos. No es que C’s deba saber qué quiere ser de mayor, pues no es una formación nueva, sino un partido que se ha curtido en Catalunya picando piedra ante el Nacional-Catalanismo que controla los medios de comunicación y, lo que es peor, la educación de los pequeños donde, sistemáticamente, se adoctrina en el odio a España.

La experiencia de estos diez años de Catalunya que hizo crecer a C’s, desde no ser más que un manifiesto firmado por intelectuales a llegar a ser líderes de la oposición con 25 diputados en el Parlament catalán, son a mi opinión los cimientos en los que el partido siempre deberá apoyarse a la hora de seguir creciendo. La lucha contra los nacionalismos es muy importante y lo es también en las regiones donde no lo hay, ya que nuestro país no podrá crecer como debe si la rémora que supone el separatismo sigue presente.

Pero Ciudadanos es mucho más que su lucha en Catalunya, debe ser un partido importante en el panorama nacional porque, al fin y al cabo, es en el Congreso de los Diputados donde se resuelven los asuntos más importantes, ya que es ahí donde también está representado el pueblo soberano de todo el territorio. Ciudadanos debe ser el inicio de una democracia 2.0, en la que se acabe con la corrupción y con la política de amiguetes. Sin embargo, el control de la dignidad de sus miembros no puede ser que perjudique otras de las banderas del partido, como es la democracia interna.

La supervisión del partido a las listas electorales, sobre todo a las municipales, me parece perfecta, pero no que haga falta una cantidad imposible de afiliados para tener autonomía en las listas dado que, de este modo, puedes tratar que entre gente que haga mal al partido, pero también mantener a personas que perjudiquen al mismo. ¿Quién mejor que los propios afiliados puede decidir a sus candidatos? ¿Verdaderamente el partido puede “desde arriba” elegir a un alcaldable al que no apoyarán sus propios compañeros de agrupación?

Y, por supuesto, está el tema del ideario. C’s se nutre del Liberalismo Progresista y de la Social-Democracia y no debería perder ese equilibrio, dado que, de ser así, podría ser peligroso. Ciudadanos debe ser un lugar de acogida para los que están indignados con las viejas políticas, pero no debe ser ni un nuevo PSOE ni un nuevo PP, así como tampoco debe caer en el nacionalismo español y en el populismo demagógico. Somos no nacionalistas, no creemos en los derechos colectivos de los pueblos mientras los ciudadanos que los componen vivan en un estado democrático.

Ciudadanos, a mi opinión, no debe encerrarse en los esquemas convencionales de derecha e izquierda, pero eso no quiere decir que pueda dar cobijo a personas de cualquier ideología, ni que el partido deba moverse buscando el caladero de votos más grande, porque eso es pan para hoy y hambre para mañana.

Además, nuestras políticas deben estar basadas en la razón y no en los sentimientos. Debemos dialogar con los demás partidos constitucionalistas, pero hablándoles de tú a tú, siendo conocedores de que hay millones de votantes que han depositado su confianza en el partido naranja porque, si no es así, C’s corre el riesgo de hacerse viejo en cuatro días, como le ha ocurrido a otras formaciones que nacieron con la idea de ocupar el centro del panorama político.

Un lema de campaña de éxito para Ciudadanos fue el Mejor Unidos y debemos tenerlo presente siempre, porque C’s es un partido que debe estar para unir y no para separar y, tras este congreso, sería muy triste que una parte importante de nuestro gran equipo se sintiese excluido de lo que Ciudadanos va a ser de aquí en adelante.

La izquierda, los moderados y los extremistas

La historia interminable de las batallas derecha-izquierda en España es, a mi opinión, uno de los grandes lastres de nuestro país. He vuelto a pensar en ello cuando, en estos días y ante los próximos Congresos Nacionales de los cuatro partidos grandes, se ha oído el debate de que, si como sucede en Francia, sería bueno que los simpatizantes pudieran elegir a los dirigentes de los partidos políticos tras previo pago de una pequeña cuota. La idea no tiene por qué ser mala, pero creo que, en el frontismo con el que vivimos en España, no serían pocos los que pagarían esa cuota solamente por votar al peor de los candidatos del rival.

Sé que esto es hacer una caricatura pero realmente creo que en este país, antes de ir a un método como el francés, necesitamos más años de experiencia democrática dado que, a día de hoy, la mayoría prefiere un mal rival y no, como sería más lógico desear, que los mejores candidatos de todas las ideologías compitieran por ser el Presidente del Gobierno.

Desde que con la Transición comenzaron las encuestas, hemos vivido la paradoja de que rara vez el candidato más valorado pertenece a la fuerza que lidera las encuestas. Es obvio que, en parte, eso se deba a que los clásicos rivales siempre puntúan bajo al líder del partido rival, favoreciendo a los que no molestan, ni a unos ni a otros. Eso llevó a que en la época del CDS de Suárez, el que fuera primer Presidente del Gobierno, puesto que era el político más valorado aunque pocos le pensaban votar, dijese aquello de: “Queredme menos y votadme más”. Algo parecido le sucede ahora a Albert Rivera, al que los españoles consideran el mejor candidato posible, a pesar de que Ciudadanos sea la cuarta fuerza más votada.

Sobre ese panorama, los partidos tienen la opción de extremarse más, lo que les puede llevar a un éxito  inmediato o, por el contrario, tratar de que ese frontismo acabe, por más que los réditos electorales traten más tiempo en llegar. Imagino que, si el fin de los partidos, sobre todo de los nuevos, es cambiar la sociedad, deberían apostar por lo segundo a pesar de esa máxima que dice que, desde la oposición, no se pueden cambiar las cosas o al menos es muy difícil.

Tras las últimas elecciones, hemos visto que las distancias entre los pensamientos ideológicos de los españoles están cada vez más distantes y que los enfrentamientos derecha-izquierda están latentes, incluso dentro de los partidos. En el Partido Popular hay voces críticas que consideran que los Populares son el partido de derechas menos de derechas de Europa y apuestan por crear una formación (muchos sueñan que capitaneada por Aznar) de verdadera derecha. En el PSOE es donde la ruptura es mayor ya que muchos ven como una ofensa haber dejado gobernar a Rajoy, mientras otros creen que lo verdaderamente inadmisible hubiera sido llegar a un acuerdo con Podemos. En el partido morado, los errejonistas no acabaron de entender por qué no permitieron que gobernara Pedro Sánchez con el apoyo de Ciudadanos, permitiendo, de este modo, un nuevo gobierno de Mariano Rajoy y en C’s hay discusiones internas sobre si el partido debe seguir proyectándose desde el centro-izquierda o, contrariamente, dar un paso a la derecha para competir con el Partido Popular.

Lo más curioso es que exista esta batalla derecha-izquierda en todos los partidos, cuando las encuestas dicen que en una escala del 1 (extrema derecha) al 10 (extrema izquierda) la mayoría se sitúa en el 5, aunque no es menos cierto que en las calles es más fácil encontrar personas que se declaran de izquierdas que de derechas. Una vez, un compañero de partido me dijo que en España había personas de izquierdas y personas que votaban a la derecha, pero que no hay casi personas que digan ser de derechas y creo que está en lo cierto.

Imagino que esto se debe a que hay una irreal forma de ver las cosas. Flota en el ambiente que la izquierda encarna la generosidad, la justicia, la cultura y la libertad y que la derecha representa el egoísmo, la avaricia, el despotismo y la opresión, lo que lleva a la izquierda a una superioridad moral que, incluso, hace que, para los extremistas de izquierda, una izquierda moderada sea en realidad derecha, es decir, a sus ojos son egoístas, avaros, déspotas y opresores. Sin embargo, en la extrema izquierda, en el lado más radical de Podemos, por no hablar ya de en la izquierda nacionalista, hay comportamientos que se acercan más a esos adjetivos que los que se pueden encontrar en la izquierda y en la derecha moderada.

Buscar el equilibrio debería ser el objetivo de la mayoría de partidos. Ciudadanos es, sin duda, quien está más cerca de ello, a pesar de que muchos, incluido yo, somos de la opinión que el nuevo ideario y algunas de las apuestas de futuro podrían hacer que lo perdiéramos. Esto se ve también como una lucha  entre el sector Liberal y el Social-Demócrata, cuando yo creo que no se trata de etiquetas, sino de no coger el camino equivocado.

Yo soy cercano a  la izquierda moderada, entendiéndola como una corriente que pretende reconstruir la sociedad sobre unos postulados racionales; una lucha por tener una sociedad mejor que la que hay, con más igualdad, más justa, teniendo en cuenta que, como izquierda, entiendo también los primeros movimientos de los liberales y su intento de sentar las bases de un Estado, secuestrado en aquel momento por la invasión francesa, pero que también lo estaba con los reyes absolutistas. Todo ello, aceptando que hay unas instituciones existentes a las que respetar, pero observándolas desde postulados racionales y siendo conocedores de la imperfecta naturaleza humana.

Sin embargo me siento muy lejos de la izquierda sectaria, dogmática y muchas veces anti-española, que fue responsable de que la Restauración no cuajara, que apoyó la dictadura de Primo de Rivera, que llevó al traste las posibilidades de la República en cuestiones como la Revolución del 34 y que fue muy responsable de que en este país hubiera una Guerra Civil, en la que el bando republicano acabó en manos del dominio soviético de Stalin y sacando del país gran parte de su patrimonio;  lejos también de la izquierda que no hizo dura oposición a Franco, que trató de llevar al traste la Transición y que ya en democracia utilizó el terrorismo de Estado, asesinando a españoles sin juicio de por medio; y, por supuesto,  lejos también de la izquierda vendida al nacionalismo, que no defiende la igualdad entre todos los españoles y que, en ciertas autonomías, apuesta porque haya ciudadanos de primera (los nacionalistas) y de segunda.

Portada: El abrazo de Juan Genovés.

Puigdemont menosprecia a los catalanes que no votaron a Junts pel Sí

La tan pronunciada frase de “Quiero ser el alcalde o el Presidente o el Rey de todos” la mayoría de las veces nos suena ya hueca. Ninguno de nosotros nos acabamos de creer a esos políticos que quieren gobernar para todos, para los que les han votado y los que no. Pero eso no quita que ese debiera ser, dentro de lo posible, el propósito de los cargos públicos a los que los ciudadanos les dan su confianza.

Mariano Rajoy ha citado en el Senado a todos los presidentes autonómicos el próximo día 17 de enero, entre otras cosas para hablar de la financiación económica de las diferentes autonomías españolas. Obviamente, la financiación de las comunidades españolas es un caso difícil de resolver.

Sin embargo, en un acto de prepotencia más, ni el President de la Generalitat ni el Lehendakari vasco van a acudir a la cita. Puigdemont lleva meses pidiendo cita a Rajoy, quiere hablar de tú a tú, de presidente nacional a presidente nacional. Es decir, Puigdemont quiere que el Presidente del Gobierno forme parte de ese mundo imaginario que hay en la cabeza de los separatistas.

No entrando a valorar los fines políticos de Puigdemont y los suyos, no asistiendo a la cita de los Presidentes Autonómicos, el President de la Generalitat no falta el respeto a eso que ellos llaman “el Estado Español”, sino que a quien lo hace es al resto de autonomías. El nacionalismo es eso, exclusión y supremacismo. En realidad, también es complejo, porque los separatistas catalanes y vascos no se sienten superiores a los españoles en sí, pero sí a la gran mayoría de autonomías y a estas son a las que desprecian no acudiendo a la cita.

Puigdemont también desprecia a los catalanes que no le han votado aunque, en realidad, deberíamos decir que lo hace con los catalanes que no votaron a Junts pel Sí, puesto que a él no lo votó nadie, dado que no era el candidato. Porque los catalanes tienen derecho a que su President esté en esa cita autonómica y que luche por una mejor financiación para su tierra, a lo que no tiene derecho Puigdemont es a menospreciar a los que no le votaron, por más que ya sepamos que, para los separatistas, los catalanes que no lo somos son considerados ciudadanos de segunda, a pesar de que sigamos siendo quienes le pagamos el sueldo para que represente a todos los catalanes. Dejar la silla de Catalunya vacía, que no es la de Puigdemont, ni la de Junts pel Sí, sino la de todos los catalanes, es vergonzoso.

Por último, Puigdemont quiere demostrar a los suyos que Catalunya ya no está en la fase de tratar ser una autonomía mejor, sino que, verdaderamente, va camino de ser un estado independiente, por más que para ello no tenga más plan que volver al día de la marmota, regresar al 9N para realizar un referéndum ilegal en el que solamente acudirán los separatistas y que no tendría más valor que el enfrentar a la gente. Un enfrentamiento que, por cierto, llevó el pasado día 5 de enero al asesinato de un defensor del separatismo a otro que no lo era en Ciutat Vella, cuestión que los medios del régimen han tratado de silenciar, quitar importancia y tergiversar.

El 9N fue, de algún modo, un nuevo episodio de los pactos entre el PP y Convergència, un “tú no me lo prohíbes y yo hago un referéndum light”. Esta vez, el Gobierno no debería permitir que el Govern vuelva a saltarse la Ley y, para ello, no debe esperar a que se acerque el momento de la cita. Nada les gustaría más a los separatistas que observar cómo la Policía retira las cajas de cartón y las papeletas de la infamia. Sin embargo, lo que se debería hacer es hacer cumplir la Ley a los funcionarios del Estado que, al fin y al cabo, son quienes deben abrir los colegios electorales.

Además, como siempre digo, por más que parezca difícil, hay que hacer ver a los separatistas que Puigdemont se equivoca, que los que apuestan por el separatismo vuelven a equivocarse una vez más para que, cuando sean las próximas autonómicas catalanas (que no tardará mucho), apuesten por un cambio, que no voten a partidos separatistas creyendo que son los únicos que aman Catalunya, porque a nuestra tierra la amamos todos.

Pablo Iglesias y Anna Gabriel, dos visiones del Pijo-Comunismo

¿Qué me lleva a ver una entrevista de La Tuerka, en la que el líder de Podemos, Pablo Iglesias, entrevista a la cupaire Anna Gabriel? Supongo que tratar de entender algo sus pensamientos, los de ella sobre todo, que es la entrevistada, y encontrar, así, ese punto de unión que siempre creo que tenemos los que pensamos diferente. Antes de ver la entrevista, como es obvio, tengo ciertos prejuicios que dentro de lo que cabe trato de quitarme a la hora de escucharles. No voy a decir qué opinaré sobre ellos con neutralidad porque la neutralidad no existe, pero sí que es cierto que, siempre que oigo o leo personas que opinan diferente que yo, trato de poner oído y entender qué nos une y qué nos separa y el porqué.

Pronto empezaron a hablar de la lucha de clases. Me pongo atento. Yo, a pesar de pertenecer a una familia de clase trabajadora y de inclinaciones izquierdistas, nunca he acabado de entender eso de la lucha de clases. Y comienzo a entender que ellos quieren dar a entender que quien no cree o defiende la lucha de clases no desea la igualdad, cuestión que, personalmente, me parece todo lo contrario. La igualdad de oportunidades es muy importante, así como también la libertad para que cada uno sea lo que desee con el objetivo de ser feliz.

Gabriel habla de sus recuerdos infantiles y, para empezar, da una imagen poco realista de lo que es su población, Sallent, de la que dice que se le suele etiquetar como Catalunya profunda pero que, en realidad, es una zona de emigración española y de mayoría de clase trabajadora, es decir, habla de Sallent como si fuese Cornellà o l’Hospitalet de Llobregat, nada más lejos de la verdad. Sallent es una zona mimada del Pujolismo en donde, políticamente, CiU ha sido siempre la fuerza más votada y donde PSC, PP y Ciudadanos ni siquiera osan presentarse en las municipales. Explica Gabriel que le chocaba que hubiera unas escuelas para pobres y otros para ricos y me pregunto si en el comunismo hay una suerte de envidia al que tiene lo que tú no y si verdaderamente ser comunista consiste en ese hombre que le dice a su hijo que estudie para que, con suerte, su nieto ya no tenga que ser comunista.

Anna Gabriel sigue explicando que su madre era concejal del PSUC y que desde pequeña oyó aquello de que los nacionalismos dividen a la clase trabajadora  y que están al servicio de la burguesía, pero que a los dieciséis años unió la lucha antifascista con la lucha por la lengua. Imagino que ahí está la madre del cordero: señalar el fascismo como algo español y el antifascismo como algo catalán. Pero, ¿por qué? Eso no lo explica y no lo hace porque no hay un porqué.

¿La lucha de la lengua? En esa época (hablamos del primer lustro de los noventa), el catalán gozaba de perfecta salud, el castellano estaba siendo discriminado y es probable que sí hubiese unos jóvenes que levantaban la bandera española como símbolo de rebeldía contra la escuelas que les estaban robando el idioma y que les explicaban una historia y unos países imaginarios. Entonces, ¿Anna Gabriel se rebeló contra aquel movimiento? Puede que sí y, probablemente, entendió que aquello era una amenaza fascista por el hecho de estar dentro de una familia de padres y abuelos dedicados a la lucha comunista. Sin embargo, ¿por qué no vio como algo fascista el adoctrinamiento nacionalcatalanista que desde hace décadas se hace a los niños en Catalunya? Esa es la eterna pregunta. ¿Tan bien se hizo el adoctrinamiento? ¿O el hecho de que Gabriel tenga las raíces fuera de Catalunya nos hace acabar en otro caso de charnego agradecido?

Gabriel no explica qué le lleva a pasar de la izquierda al nacionalismo, porque no hay explicación, porque no se puede ser de izquierdas sin defender la igualdad y la solaridad y no hay nada más desigual e insolidario que el nacionalismo. Y, en cierto modo, la cupaire habla como si lo supiese, pero señala que España está tan podrida que solamente un nuevo Estado puede resolver estos problemas. En realidad, sin embargo, lo que está diciendo es que España nunca podrá ser un país con estructuras comunistas, como si eso fuese algo malo y, no, ni España ni ningún país de los que llamamos el Primer Mundo pueden tener estructuras comunistas, pero por el simple hecho de que en el Primer Mundo no hay lugar para pensamientos totalitarios. Pero todo ello lo dice a su modo: “La independencia es para cambiarlo todo. Es antifascismo, antiracismo, justicia social, distribución de la riqueza y no cambiar banderas e himno y no es exactamente eso”. Ante esas palabras, ¿qué personas progresistas no pueden estar de acuerdo? Por eso, la CUP ha subido tanto en votos en Catalunya, pero si nos ponemos a analizar los hechos y las palabras, nos damos cuenta de que, cuando dicen antifascismo, quieren decir antiespañolismo. Asociar el fascismo a España ha sido una de las cuestiones que más rédito les ha dado a este tipo de partidos, porque fascismo en la España democrática poco ha habido más allá del de los amigos de la CUP de ETA y Terra Lliure. Y es que en España no hay ultraderecha porque la ultraderecha son los nacionalismos periféricos.

La CUP es realidad, no es más que la sexta fuerza en Catalunya pero que, sin embargo, se ha convertido en actor protagonista por la necesidad de su apoyo para que Junts pel Sí pudiera gobernar, algo que así fue, a pesar de que, según confesara la propia Gabriel, la CUP se formó para acabar con el Pujolismo ¿¿¿??? Triste destino le espera a la CUP si nació para acabar con el Pujolismo y acabar haciendo presidente a un Convergent. Y es que, si alguna vez derribar el Pujolismo, es decir, el dominio de la Catalunya derechista católica y burguesa, fue el objetivo de la CUP (cuestión que me parece una patraña), ya mucho antes del apoyo a Junts pel Sí, dejó de serlo. No hay que olvidar cómo otro charnego agradecido, David Fernàndez (que cambió el acento de lado para integrarse), cuando Rodrigo Rato fue al Parlament, le amenazó y le llamó gángster zapatilla en mano, pero que, cuando Jordi Pujol fue a declarar por los casos de corrupción, todo eran amabilidades. Porque puede que Pujol también sea “un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”, que diría Roosevelt.

Por supuesto, en la entrevista sale el tema del referéndum y Gabriel vuelve a utilizar el término España en negativo, diciendo: “En España es tan difícil hacer algo tan sencillo como un referéndum de independencia” pero no es en España, es en todo el mundo, ni en Estados Unidos, ni en Francia, ni más recientemente en Alemania se ha dejado hacer estos referéndums porque son ilegales y porque, como ya hemos dicho otras veces, el sólo hecho de celebrarlos ya concede la independencia a la región en cuestión, aunque ganara el No. Sin embargo, la cupaire justifica con ese no referéndum su alianza con la Catalunya burguesa católica y derechista.

En la supuesta lucha obrera de las CUP, nadie le pregunta a estos por qué tienen más votos en ciudades con la renta per cápita alta y por qué no les votan en las ciudades obreras. La respuesta es fácil, porque la mayoría de los votantes de la CUP no son más que hijos de papá, hijos de burgueses convergents que están jugando al Mayo del 68. Puede que sus dirigentes no lo sean pero sus votantes sí. Quizá ocurre lo contrario que en Podemos, donde sus dirigentes son miembros del Pijo-Comunismo y, seguramente, sus votantes no.

Para acabar, una última reflexión. Pablo Iglesias dice que, seguramente, Catalunya es más de izquierdas que el resto de España… Tiene gracia oír eso, cuando Convergència i Unió, que es el partido más de derechas que ha habido en toda España, ha estado a sus anchas desde tiempos inmemoriales. Pero ya sabemos cómo funciona esto, la derecha es fascismo, el fascismo es español y, entonces, para Iglesias, CiU no es de derechas.

¿Un referente político señora Gabriel? Mi abuela y Fidel Castro.

Ciudadanos crece por la izquierda

Después del año frenético de elecciones tras elecciones, ha llegado el momento en el que los partidos deben hacer sus congresos y, de este modo, marcar el camino de lo que será de ellos en el futuro. Da la sensación de que en el Partido Popular es dónde están las aguas más calmadas y que ni siquiera la renuncia de Aznar como Presidente de Honor inquieta a las bases populares. El PSOE, contrariamente, parece a la deriva y lo que es peor ni siquiera parece tener claros voluntarios a tomar las riendas del partido para llevarlo a buen puerto. En Podemos, existe el debate entre “errejonistas” y “pablistas”, que no es más que decidir si seguir siendo Podemos y no gobernar nunca o hacer de la formación morada un partido de gobierno y dejar de ser Podemos.

El congreso de Ciudadanos, a mi entender, es el que menos expectación está creando, imagino que debido a no haber una alternativa a Albert Rivera en la Presidencia. Sin embargo, tengo la sensación de que es el que congreso que más puede marcar el futuro de la política nacional. Hay quien ha dicho que, en este congreso, Ciudadanos debe elegir lo que va a ser de mayor, cuestión que no entiendo, pues a menudo tengo la sensación de que para muchos Ciudadanos es una refundación de aquel partido que nació en Catalunya llamado Ciutadans pero que, en realidad, no son el mismo.

Crear en 2006 un partido no nacionalista en Catalunya para luchar contra el status quo ha hecho a Ciudadanos hacerse mayor de golpe. Tener que batallar, no sólo contra las otras fuerzas políticas, sino también contra los medios de comunicación y toda la infraestructura pujolista creada durante décadas, te hace adulto sin pasar por la pubertad. Sin embargo, tengo la sensación de que, para muchos, estos diez años no sirven de nada, que no dan la importancia a todo el trabajo que han realizado nuestros compañeros desde 2006 y a las ideas fundacionales del partido. Ya hemos hablado otras veces de lo que a muchos nos parece un giro a la derecha en el nuevo ideario del partido, para el que no veo otro propósito que buscar un mayor caladero de votos.

Sin embargo, por más que las encuentas no sean más que encuestas y que haya que darle únicamente la importancia justa que tiene, es bastante curioso que en medio de este debate interno los últimos sondeos digan que Ciudadanos crecería en la intención de voto aprovechando las crisis de PSOE y Podemos, es decir, que el crecimiento de C’s llegaría por la izquierda. Y es que, en estos meses de legislatura, en mi opiniónn ya se ha podido observar que para el partido naranja los asuntos sociales son básicos.

La idea de C’s debería ser que los españoles centren sus ideas, que veamos que, más allá de una derecha y una izquierda enfrentadas entre sí, hay un espacio moderado en el que muchos pueden sentirse cómodos y creo que sería terrible que, cuando los españoles se están dando cuenta  de ello, seamos nosotros mismos los que vayamos a dividirnos. Por eso, es tan importante que todos los que forman la familia naranja se sientan cómodos en el partido, algo que sólo se logrará siendo fieles al origen.

Su punto de partida como partido de centro izquierda no nacionalista ha llevado al partido hasta dónde está ahora y seguirá creciendo si no dejamos de ser nosotros mismos, algo que, entre otras muchas cosas, significa no cambiar por un puñado de votos, sino seguir explicando el proyecto sin desfallecer y conseguir, así, que poco a poco los españoles vayan creyendo en él, en nuestra idea de un estado sin frontismos, sin bandos, en el que todos defendamos que los que no piensan como nosostros no son nuestros enemigos.