El Barça y su independencia deportiva

Soy catalán y soy del Real Madrid. Ese es uno de los pecados más grandes que se pueden cometer en Catalunya. Hace unos días, Toni Freixa, directivo del Barça, decía que no se puede ser del Real Madrid y ser catalán, es decir, Toni Freixa se cree con la potestad de decir a personas como yo, que hemos nacido en Catalunya, que no somos de aquí.

Dicen las encuestas que en esta tierra hay un millón de madridistas, es decir, el Real Madrid es el segundo equipo de Catalunya. Muchas veces, los nacionalistas catalanes achacan eso a que los que vinieron desde otros puntos de España no estén adaptados y, no sólo eso, sino que además afirman que vinieron a traer el castellanismo, su lengua, sus costumbres o, incluso, su equipo de fútbol (al que, para hacer más terrorífica la historia, acusan de ser el equipo del Dictador Franco).

En la Psique nacional-catalanista, los que vinieron desde otros puntos de España somos castellanos; tienen tan absorbido el cerebro con el hecho de que un idioma y una nación son lo mismo que no entienden que los que vinieron desde otros puntos de España y nosotros sus hijos no somos castellanos, sino que los hay que son andaluces, extremeños, gallegos, aragoneses, murcianos… y, obviamente, castellanos sólo son los que vinieron de Castilla.

Cuando los líderes separatistas dicen cosas como que Franco mandó trenes llenos de pobres emigrantes para que mezclaran su sangre con la sangre pura de los catalanes para, de este modo, anular Catalunya, sus costumbres y su idioma, no es difícil hacer creer que una parte de ese plan para acabar con Catalunya es que esos pseudo-catalanes de padres de fuera se hagan del Real Madrid, para ellos clara institución del colonialismo.

Yo soy del Real Madrid porque en mi casa nunca vi nacionalismo, también porque en mi casa nunca me obligaron a ser de un equipo u otro. Esas cosas que ocurren en muchas familias catalanas en las que se hace socio del Barça a un recién nacido, como si el Barcelona fuese parte del linaje familiar, en mi caso no sucedieron.

Así que, cuando naces en un núcleo familiar en el que los equipos de fútbol son sólo equipos de fútbol, uno se hace del que mejor le cae, del que más le gusta o, como en mi caso, uno se hace del Real Madrid simplemente porque tu futbolista preferido ha fichado por ese equipo. Mi padre es seguidor del Real Betis así que en ese equipo fue en el que comencé a fijarme. En el equipo verdiblanco jugaba un excelente lateral izquierdo que corría la banda como una gacela con las medias bajadas. Gordillo, que jugaba también en la Selección, fichó por el Real Madrid y poco después yo también me aficioné a ese equipo.

Esa es mi verdadera historia. Sé que no es tan emocionante como que un Dictador mandara a mis padres en un tren para acabar con Catalunya y que, para ello, tuvieran hijos que fueran del Real Madrid pero, lo siento, esa es la verdad. Eso no quita que, cuando vas creciendo, cuando te das cuenta de cómo son las cosas, muchos como yo sí hayamos utilizado al Real Madrid como símbolo de nuestra rebeldía y como bandera de que hay otra forma de ser catalán.

Obviamente, hay muchos más hijos de andaluces, gallegos, extemeños, murcianos, etc. que son del Barcelona, que hijos de catalanes que son del Real Madrid pero, simplemente, se debe a eso, porque para los que vinieron de fuera normalmente el fútbol no es parte del nacionalismo, es solamente un deporte.

Tras el partido del Barcelona con el Celtic de la Copa de Europa, donde las asociaciones soberanistas quisieron repartir 30.000 esteladas, ha vuelto la polémica entre si se debe mezclar la política con el deporte o si el Barcelona está politizado. A mí, personalmente, no me parce un pecado que se mezcle, hasta cierto punto, la política y el deporte. De hecho, el Barcelona, para bien o para mal, siempre ha estado politizado. En tiempos del Dictador Franco, para muchos el Barcelona era la vía de escape para mostrar su catalanidad y, como escribió Manuel Vazquez Montalban, “El Barça es el ejército de un país desarmado”. De ahí viene la famosa frase que dice que el Barcelona es más que un club, porque no es sólo fútbol, sino que también es sentimiento y, por qué no decirlo, también política.

Hace unas semanas, me invitaron a ver el Barcelona – Betis en el Camp Nou y acepté. Hacía catorce años que no iba al estadio del equipo culé. Ahora había novedades como que en el minuto 17 y 14 segundos se grite “Independència”. Sabedor de que eso iba a ocurrir, me fijé en cuántos cantaban y lo hicieron no más de una quinta parte de los aficionados, en realidad, una minoría muy minoritaria, por más que quizá por televisión parezca que todo el campo es un clamor. En el partido contra el Celtic, he visto fotos de las gradas y sus esteladas, las cuales la UEFA no permite; me puse a contar la gente que no las mostraba y eran cerca del 80%. De modo que, siendo madridista como soy, les pido que no asocien al Barcelona con el independentismo reconociendo que sí, que los separatistas se aprovechan del club, lo utilizan. Lo de intentar repartir 30.000 esteladas (aunque no lo consiguieran) no fue más que un acto desesperado de darse publicidad días después de que la asistencia a la manifestación del 11 de septiembre bajara en un millón de personas.

Están nerviosos, el Proceso se muere, están utilizando todo lo que tienen a mano, también al Barcelona pero, como madridista, les pido que no culpen al Barça de esto, al menos no culpen a los barcelonistas, pues solamente son una víctima más del secuestro a Catalunya perpetuado por los separatistas. Y algunos me dirán que el Barça invitó a los organizadores del acto al palco y, sí, es verdad, y la UEFA seguro que toma cartas en el asunto, pero los directivos tampoco son el club. Lo que pasa es que en este régimen nacional-catalanista, las influencias de los que dirigen el país llegan a todas partes, también a quien puede o no puede ser candidato a la presidencia del Barcelona.

Fuente de la fotografía de portada: www.marca.com

La Diada y el traje nuevo del emperador

Dice la historia que, hace muchos años, vivía un rey que era comedido en todo excepto en una cosa: se preocupaba mucho por su vestuario. Un día oyó a Guido y Luigi Farabutto decir que podían fabricar la tela más suave y delicada que pudiera imaginar. Esta prenda, añadieron, tenía la especial capacidad de ser invisible para cualquier estúpido o incapaz para su cargo. Por supuesto, no había prenda alguna sino que los pícaros hacían lucir que trabajaban en la ropa pero estos, en realidad, se quedaban con los ricos materiales que solicitaban para tal fin.

Sintiéndose algo nervioso acerca de si él mismo sería capaz de ver la prenda o no, el emperador envió primero a dos de sus hombres de confianza a verlo. Evidentemente, ninguno de los dos admitieron que eran incapaces de ver la prenda y comenzaron a alabar a la misma. Toda la ciudad había oído hablar del fabuloso traje y estaba deseando comprobar cuán estúpido era su vecino.

Los estafadores hicieron como que le ayudaban a ponerse la inexistente prenda y el emperador salió con ella en un desfile, sin admitir que era demasiado inepto o estúpido como para poder verla. Toda la gente del pueblo alabó enfáticamente el traje, temerosos de que sus vecinos se dieran cuenta de que no podían verlo, hasta que un niño dijo:

«¡Pero si va desnudo!»

La gente empezó a cuchichear la frase hasta que toda la multitud gritó que el emperador iba desnudo. El emperador lo oyó y supo que tenían razón, pero levantó la cabeza y terminó el desfile.

Las asociaciones independentistas Òmnium (no significa “odio” en catalán, no) y ANC (Asamblea Nacional Catalana, no crean que significa Algunos Nazis Catalanes), junto con el gobierno ladrón del 3% y su maquinaria para lavar cerebros, basados en dos grandes pilares como son los medios de comunicación subvencionados por la Generalitat y la enseñanza, donde desde bien pequeñitos se adoctrina a los catalanes en el Nacional-Catalanismo y en el odio al resto de España, supondrían algo parecido al cuento que acabamos de contar.

Las asociaciones financiadas por la Generalitat, es decir, pagadas por todos los catalanes, han sido claves en todo este proceso soberanista, han dedicado millones de Euros al Procés, a enfrentar a los catalanes y a sembrar odio. Las performances separatistas han sido vistas como una gran fiesta estudiantil a la cual este año se le ha dedicado menos dinero (¿tendrá algo que ver con los registros en la sede de Convergència?) y eso ha derivado a que se haga menos publicidad y la Diada haya sido “light”.

A eso hemos de sumar que el síndrome del traje del emperador ha empezado en Catalunya y que muchos comienzan a darse cuenta de que esto es una farsa que no hay donde cogerla; muchos ya saben que el emperador está desnudo.

El Síndrome del Emperador comienza en la enseñanza, a los niños de Catalunya desde muy pequeños se les cuenta una historia inventada de su tierra en la que no se explica la relación con el resto de España sino que se pone énfasis en ciertas historias y leyendas para fingir que es una nación milenaria. Como es obvio, los estudiantes necesitan aprobar de modo que deben aprender esa falsa historia, llegándose a la paradoja de que los que más estudios tienen más engañados están y los que no tienen acaban diciendo que ven al emperador desnudo por vergüenza, ya que los estudiosos sí ven las telas.

Pero en Catalunya la mayoría silenciosa comenzó a decir que veía al emperador desnudo y, poco a poco, los que han defendido el separatismo comienzan a ver que no pueden seguir fingiendo, que el Procés es un acto nacionalista rancio que recuerda a otros del siglo pasado y que ya sabemos cómo terminaron.

La cuestión irá lenta pero cuando en el trabajo, en casa, en el barrio, muchos pierdan el miedo y digan que el emperador está desnudo, es decir, que no son independentistas, el hermano, el compañero y el vecino se atreverán a decir que ellos tampoco.

Los Mas, Pujol y compañía han secuestrado a Catalunya y ya es momento de que ese secuestro acabe y que Catalunya se devuelva a los suyos, a los ciudadanos de Catalunya.

 

Fuente de la fotografía de portada: okdiario.com

La fiesta de la nación inventada

El 11 de septiembre es un día triste para muchos catalanes porque no es el día en el que todos nos juntamos a celebrar el día de nuestra tierra sino que se trata del día en el que una parte (la más pequeña) nos dice a otra parte (la más grande) que no somos bienvenidos en el sitio donde hemos nacido. El separatismo catalán se sostiene en una parte de racismo, una parte de clasismo y una gran parte de ignorancia y, aclaro, ignorancia no en tono despectivo sino de ignorar gran parte de la historia de su propia tierra, en parte por que el adoctrinamiento escolar y los medios de comunicación del régimen nacional-catalanista cuentan sólo una parte de lo que ocurrió, dan un titular sin explicar el contenido.

Un día ya escribí que el separatismo se divide en tres partes: los que inventaron el cuento, los que se creen el cuento y los más peligrosos, los que viven del cuento. El 11 de septiembre no ha sido una fecha histórica como Día de Catalunya sino que ha sido en democracia cuando se escogió como tal, de igual modo que ya en democracia es cuando se le da oficialidad al beligerante, violento y sectario himno de Els Segadors. Que este día y este himno, que sirven para dividir y no para unir a los catalanes, tengan oficialidad democrática es una demostración más de que en el tema separatista no hay nada que pactar con el gobierno de la Generalitat porque cada concesión que se hace a la oligarquía catalana es usada por estos para agredir a una parte de su propio pueblo.

El 11 de septiembre se considera que es el día en el que Catalunya cayó totalmente en manos borbónicas en la Guerra de Sucesión. Pero hasta eso es mentira pues ese día cayó Barcelona pero aún hubo otras ciudades que estuvieron en manos austricistas unas semanas más. Para la oligarquía  burguesa barcelonesa, Catalunya es Barcelona, ríanse ustedes del centralismo español pero, bueno, eso es sólo una anécdota, hay cuestiones mucho más importantes en ese 11 de septiembre que los separatistas venden como el día que se perdió la nación catalana, cuando en realidad era una guerra simplemente para decidir quién sería rey de España.

La defensa de Barcelona por parte de los austricistas fue militarmente heroica, pero esos héroes no luchaban por Catalunya ni como región, ni como país, ni como nada de nada. De hecho, en el bando que se lee ese día a los barceloneses no se nombra a Catalunya en ningún momento, sino que siempre se habla de España.

“quedando esclavos con los demás engañados españoles y todos en esclavitud del dominio francés ; pero con todo se confía en que todos , como verdaderos hijos de la Patria , amantes de la libertad, acudirán a los lugares señalados , a fin de derramar gloriosamente su sangre y vida por su Rey, por su honor, por la Patria y por la libertad de toda España”.

Éste es un extracto de ese pregón, pero pueden buscarlo en las redes entero si quieren y verán que no hay ni una sola referencia a Catalunya, a la nación catalana y menos aún al separatismo.

Hay otros separatistas que sí reconocen que no había nada relacionado con el catalanismo en esa defensa de Barcelona, pero que también señalan esa fecha como en la que el catalán comenzó a prohibirse en tierras catalanas. Lo cierto es que estos tienen parte de razón, pero manipulan también lo que ocurrió ya que se refieren al Decreto de Nueva Planta que Felipe V aplicó a todos los antiguos reinos, condados y señoríos, convirtiéndolos en regiones, tal y como todos los reinos de Europa hicieron en su día, centralizando sus posesiones.

José Patiño y el catalán Francesc Ametller fueron quienes redactaron dicho decreto. A raíz de ahí, las causas de la Real Audiencia se redactaron en castellano, pero no supliendo al catalán, sino al latín, que es como se redactaban hasta entonces. El castellano era la lengua que se utilizaba en las instituciones de gobierno, por los funcionarios y por determinadas élites que consideraban su uso un factor de prestigio social y cultural, mientras que el catalán quedaba reducido al ámbito privado y familiar. Más doloroso fue en realidad para Catalunya el hecho de que que se cerraran todas su universidades, a excepción de la Cervera, donde las clases y los escritos eran en castellano.

El toque nacionalista a ese día se dio pasado más de un siglo cuando el renacimiento literario catalanista, “La Renaixença”, reescribió antiguas historias y leyendas para que el catalanismo literario tuviese éxito. Del literario se pasó al catalanismo político que en estos últimos días, convertido en separatismo, trata de dividir la sociedad en buenos y malos catalanes. El renacimiento del catalanismo se suele dar como punto de inicio con el poema de Aribau “Oda a la Partria”, en realidad un poema escrito por un catalán hacia otro que, fuera de su tierra, la añora. Realmente, pues, no hay ningún toque nacionalista en dicho poema, además de que Aribau no sólo no era nacionalista catalán sino que ese poema iba destinado al Marqués Gaspar de Remisa, un noble borbónico con grandes lazos con la entonces reina regente María Cristina.

Aribau no es el único padre del catalanismo que no era nacionalista y mucho menos independentista. De hecho, todos los grandes mitos del catalanismo dejaron claro en sus escritos que defender el catalán, defender las costumbres de esta tierra y defender a Catalunya no debían verse como un ataque a España. De ese modo, Milà y Fontanals dijo en su discurso de los Juegos Florales de 1859:

Con un entusiasmo mezclado de un poco de tristeza, le damos aquí a esta lengua una fiesta, le dedicamos un filial recuerdo, le guardamos la menos un refugio. A los que no hagan memoria de las ventajas que trae olvidarla, diremos que a estas ventajas preferimos retener un sentimiento en un rincón de nuestro pecho, y si en este sentimiento alguien quisiera ver peligros, discordias o una disminución del amor a la patria común, podríamos responder que eran bien catalanes muchos de los que ensangrentaron la sangre de Lepanto y de los que cazaron las águilas francesas; y podríamos repetir un aforismo ya usado al tratar de uno de los mejores catalanes y más ardientes españoles (se refiere a Antonio Capmany) que nunca ha habido: No puede querer a su nación, quien no ama a su provincia”.

O Víctor Balaguer que en su libro “Añoranzas” escribió:

“¿Soy yo por ventura regionalista como ahora se dice? No lo sé. Creo que sí, pero en el sentido y con el alcance que yo doy a la voz regionalismo, que todavía no ha definido ni fijado la Academia. Soy, sí, regionalista; pero no de esos al uso. No lo soy hasta el punto de faltar a mi patria española por mi hogar catalán, que la patria está por encima de todo”.

Muchos de estos que se creen separatistas a día de hoy seguro que, incluso, desconocen lo que pensaban los padres del catalanismo político, personas como Valentí Almirall o Prat de la Riba, nombres de cabecera del separatismo de hoy. Así, Almirall escribió en sus últimos años de vida:

“Que los separatistas por odio y malquerencia sigan los procedimientos que crean que mejor les lleve a su objetivo, pero no finjan, ni mientan, ni pretendan engañarnos. El odio y el fanatismo sólo pueden dar frutos  de destrucción y tiranía; jamás de unión ni concordia. Pretender buscar la armonía entre las regiones españolas que han de vivir unidas, por el camino de los insultos o al menos de los recelos (…) nuestra propaganda siempre ha tenido el mismo ideal. Jamás hemos entonado ni entonaremos Los Segadors, ni usaremos el insulto ni el desprecio para los hijos de ninguna de las regiones de España”.

O cómo Prat de la Riba, en el diario “La Veu de Catalunya”, aseguraba que ya antes del Decreto de Nueva Planta los catalanes de la época habían aceptado el castellano como lengua propia:

“El castellano no se ha impuesto por decreto en Catalunya , sino por adopción voluntaria, lenta, de nuestro pueblo, efecto del gran prestigio que iba adquiriendo la lengua castellana. Éramos libres, teníamos completa autonomía política, con cortes más soberanas que las propuestas por las bases de Manresa y ya se hablaba y se escribía en castellano, y en castellano hemos de leer uno de los discursos más ardientes que  se hicieron en el Salón de Sant Jordi en las ultimas cortes catalanas”. 

El 25 de octubre de 1979, día que se votó el Estatuto de Catalunya, sería un buen día para celebrar el Día de Catalunya, así como también el 23 de abril, Día de Sant Jordi y quizá el día más bonito para todos los catalanes. Pero el 11 de septiembre no significa nada para la mayoría de nosotros. Aún así, lo hemos respetado, como también respetamos un himno que nos amenaza con cortarnos el cuello pero, dada la deriva separatista de los últimos tiempos, sólo podemos decir que no es nuestro día, que este es el día de los que se avergüenzan de la bandera milenaria de Catalunya y han inventado una nueva, esa “estelada” que no significa nada. Es el día de los que deben sentir cierto complejo por ser catalanes y han inventado una Catalunya nueva.

Los “charnegos” salvan el honor de Cataluña en los Juegos Olímpicos

Primero, me gustaría indicar que el titular de esta entrada al Blog no es provocativo, sino sarcástico. Lo titulo así para contrarrestar las faltas de respeto de los medios de comunicación afines al régimen nacional-catalanista que han tenido repercusión en estos Juegos Olímpicos pero que, realmente, proceden de mucho antes. La polémica comenzó cuando en TV3 rotularon con la bandera catalana y no con la española el quinto puesto de Joaquín “el purito” Rodríguez en la prueba de ciclismo en ruta de los Juegos de Río.

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En el momento que vivimos, cuando Junts pel Sí y la CUP han desafiado al Estado, desobedeciendo el Estatut de Catalunya y la Constitución Española, todo lo que ocurre en mi tierra tiene una gran repercusión en el resto de España. Pero lo que está pasando estos días no es nada nuevo y viene de lejos. Recuerdo que hace ya mucho tiempo expliqué en este mismo Blog cómo, para los medios del régimen, Pedrosa era catalán cuando ganaba y de Repsol cuando perdía, a la vez que Lorenzo es balear cuando gana y español cuando pierde; exactamente lo mismo que le ocurre al mallorquín Rafa Nadal.

A veces estas cuestiones resultan hasta graciosas, por ejemplo, cuando en las retransmisiones de la Fórmula 1 de la televisión catalana no saben bien si deben hablar de Fernando Alonso como local o como foráneo. Lo mismo que sucede en los partidos de la Euroliga de Baloncesto, donde el locutor no sabe bien si debe hablar del Real Madrid como local o visitante, además de no tener ningún impedimento en tildar de español al Madrid, cosa que nunca oirán en referencia al Barcelona o al Joventut.

Más allá de que la gran mayoría de medios de comunicación catalanes los paguemos entre todos, los que no somos independentistas también, y dediquen nuestros recursos a promover el independentismo, a hacer un muro entre catalanes y a dividir la sociedad civil de Catalunya, toda esta propaganda está sirviendo para que los catalanes que también nos consideramos españoles y europeos nos sintamos cada vez más incómodos.

Muchas veces, se dice que no hay que mezclar el deporte y la política pero yo no estoy de acuerdo del todo en ello. Sin embargo, éste no es el caso, pues no se mezcla al deporte sino a los deportistas, en la ruptura de la sociedad por la que luchan los independentistas en Catalunya. Hace un año, la asociación Guanyarem (Ganaremos) hacía una campaña en la que se pedía a deportistas catalanes o instalados en Catalunya fotografiarse con el dedo alzado para mostrar su apoyo al deporte catalán. Sin embargo, a lo que estaban apoyando sin saber era a una plataforma pro independencia que se valía del deporte para ello. Muchos deportistas denunciaron a Guanyarem e indicaron que se había usado su imagen para un destino que no era el que habían indicado a esos deportistas.

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Obviamente, desde el mundo nacionalista, se achacó “al miedo” a que esos deportistas se “echaran atrás”. Se quiera o no, en Catalunya nos conocemos todos y había nombres en esa lista que no nos cuadraban en absoluto. Es hasta grotesco que nombres como Alex Corretja, Raúl Tamudo, Gervasio Deferr o Mireia Belmonte puedan relacionarse de algún modo al proceso soberanista catalán. El caso de Mireia puede ser el más sangrante y es que, siendo adolescente, le preguntaron si vería bien una competición de Catalunya contra España. Mireia dijo que sí, dijo sí a lo que ella veía como una competición más, sin embargo, de ese sí quiesieron hacer los independentistas un claro gesto separatista a la nadadora. Desde entonces, Mireia ha recalcado varias veces que es española ante todo, cuestión que ningún catalán tendríamos porque recalcarlo tanto.

Pero, volviendo a los Juegos, Mireia Belmonte ganó el primer oro para la delegación española. Mireia que, casualidad o no, tras recalcar su españolidad, tuvo que “emigrar” a Murcia porque ningún club catalán quiso contratarla. Fue a abrazar a su padre, José Belmonte, nacido en Granada, y éste le entregó una bandera española de la que no se separó en toda la celebración de su medalla. A alguno que otro se le hincharía aún más la vena cuando Mireia escuchó el himno nacional y no pudo reprimir las lágrimas.

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A Mireia Belmonte en los medios catalanes le quitaron incluso hasta la nacionalidad. Según la prensa, Mireia ya no era ni catalana, ni española, ni de ningún sitio… cosas que pasan. Unos días más adelante, la pareja de tenis masculina Nadal-López llegaba a la final y conseguía un nuevo oro. Para TV3, no era una pareja española sino catalano-balear. Para más inri, en la entrega de medallas, un paisano colocaba una estelada tras los tenistas. Al verla, Rafa Nadal le recriminó al espectador que aquella bandera no pintaba nada. Nadal le señaló a López lo que ocurría y este negó con la cabeza diciendo que no al de la bandera. La vena, una vez más, estaba a punto de estallar cuando López también derramó sus lágrimas con las notas del himno nacional.

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En los medios de comunicación de mi tierra, dieron mucha importancia a que Nadal y López se comunicaran entre ellos en catalán, algo que se convierte en un tema que me irrita bastante, dado que asociar el idioma a ser o no nacionalista, a ser o no independentista, es de risa. Y, sí, hablaban en catalán, porque sí, porque Rafa Nadal habla en catalán (o mallorquín que reclamarán los de estas tierras), pero ¿eso tiene algo que ver con ser o no independentista? ¿Alguien duda de que Rafa Nadal se sienta español?

Otro de los deportistas catalanes que consiguió medalla fue uno de los que más ha recalcado su españolidad, el Taekwondista Joel González. El chico de Figueres, de hecho, ha recalcado tanto su españolidad que en los medios catalanes ni siquiera lo ensalzan entre los deportistas catalanes de los que sentirse orgulloso. Por decirlo así, a Joel González ya hace tiempo que le retiraron el carnet de buen catalán, todo porque se le ocurrió decir en su día que era “español ante todo”.

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Más allá de otros representantes en deportes de equipo, eso que en los medios independentistas llaman “El equipo del Estado” en lugar de España o Selección Española, otro catalán, el leridano Saúl Craviotto Rivero, policía nacional de profesión, ha logrado también un oro para España. De modo que Belmonte García, Marc López, Joel Gónzalez y Craviotto Rivero, es decir, miembros de esos que nos quisieron hacer ser y sentir menos catalanes, esos a los que nos llaman charnegos, han sido los que han salvado “el honor” de Catalunya en estos Juegos Olímpicos que están a punto de finalizar.

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Para acabar, me gustaría escribir algo personal pues creo que no es casualidad que los atletas catalanes, junto a un nacionalizado, sean los que más se han emocionado con el himno. Algo que no ha sido por patriotismo rancio o añejo. Yo mismo, que más allá del respeto de lo que representa la marcha real, no había sentido emoción al oír el himno, esta vez sí lo he sentido y creo que se debe al mismo motivo que esos deportistas, a los que se les ataca, se les pone en duda su nacionalidad, sus sentimientos y sus símbolos, no es casualidad que se hayan emocionado esta vez al oír el himno de España, del que algunos ponen en duda que sea el suyo.

 

Fuente de las fotografías: tv3, Guanyarem, El Mundo, El país

Fuente de la fotografía de portada: www.elmundo.es

¿A dónde vas Convergència?

Convergència pudo llamarse en su día PNC, es decir, Partido Nacionalista Catalán, muy al estilo del Partido Nacionalista Vasco. Sin embargo, fue el propio Jordi Pujol quien se negó a ese nombre ya que, a su parecer, no había que dar la posibilidad de que se les viese como un partido nacionalista dado que Convergència no debía ser un partido nacionalista, sino el partido nacionalista catalán, el único.

No fue una mala táctica para el partido pues, durante décadas, todo catalanista sintió la obligación de apoyar al partido, sobre todo mientras Jordi Pujol fue su líder. A Convergència no solamente lo apoyaban los burgueses y empresarios de Catalunya, sino también prácticamente toda persona que se sintiera catalanista en cualquiera de sus términos, los que querían la independencia, los que querían más autonomía, los que querían que Catalunyha fuese el motor de España e, incluso, personas “españolistas” que veían más peligroso el catalanismo de izquierdas, que ese sí tenía como una aspiración la independencia y podía llegar al poder, como así acabaría siendo, con el apoyo de PSC e Iniciativa.

Así, Jordi Pujol se convirtió en algo más que un político o un líder; era algo así como el “Rey de Catalunya”, la persona que hacía y deshacía. Así mismo, consiguió que toda crítica contra él o contra el partido fuese vista, por gran parte del pueblo, como un ataque a Catalunya y al catalanismo en cualquiera de sus formas de verlo. Para Pujol, no era difícil lograr eso pues, al fin y al cabo, la base de su electorado provenía de familias que habían sido franquistas y antes monárquicos, con que la idea de un líder único que gobernase los destinos del pueblo por el bien de la nación la tenían en el ADN.

Ya he dicho en otras entradas que, aquí en mi tierra, era muy normal que las personas que confiaban en el Partido Popular en las elecciones Generales votaran a CiU en autonómicas y viceversa, más aún cuando, ante la posibilidad de un empate técnico, se apelaba al voto útil. De modo que al partido de Pujol en algunas épocas le votaban conservadores, cristianos, catalanistas y españolistas de derecha. Los dos bloques de intención de voto se rompieron cuando, para destronar a CiU, los socialistas catalanes se unieron a ICV y, sobre todo, a Esquerra, que había sido visto siempre como un partido radical y peligroso que no tenía reparos en cuestiones como integrar en sus filas a miembros de la banda terrorista Terra Lliure. Para que me entiendan los más jóvenes, la ERC de los 80 y 90 era vista, probablemente y para la época, como un partido más radical de lo que es la CUP ahora.

El gobierno del Tripartit fue quien cambió la historia de la Catalunya reciente. Un partido como el socialista jamás debería haber pactado un gobierno autonómico con un partido de Esquerra y lo pagó muy caro. Por un lado, porque una vez que estaban juntos, muchas personas que hasta entonces habían votado socialista creían ahora que el voto de izquierda más útil era el de ERC y, por el otro, porque muchos votantes, no entendiendo esa unión, decidieron apoyar a Ciudadanos, partido que acababa de formarse y que suponía una formación claramente contraria al nacionalismo.

Desde ese día, comenzamos a darnos cuenta de que la Catalunya abierta a las personas que habían venido de otros lados de España no había sido más que una mentira, que la Catalunya integradora y cosmopolita no había sido más que una táctica electoral y que en el gobierno de CiU había claros prejuicios racistas y xenófobos contra los catalanes de origen español. En ese momento y a causa de que se descubren multitud de casos de corrupción por parte de Convergència, los cuales afectan al mismísimo Jordi Pujol y familia, al tener un dinero en varios paraísos fiscales, al parecer procedente de mordidas de los contratos efectuados por la Generalitat de Catalunya, Convergència decide pasarse al separatismo catalán creyendo que treinta años de adoctrinamiento catalanista en las escuelas y medios de comunicación han debido de ser suficientes para que una mayoría les siga en el camino al precipicio.

Ya sabemos lo que ocurrió: Artur Mas quiso hacer de unas autonómicas un referéndum en el que, por cierto, perdieron los separatistas, aunque eso no fue lo más destacable ya que ERC y la CUP se pusieron del lado de Convergència, manchándose de sus tramas, de su corrupción y de su independentismo xenófobo. Mientras todo eso ocurre, Convergència se desangra tanto y tiene tan sucia su marca que, en estos días, trata de refundarse, de encontrar otro nombre, otras siglas, para que, como hizo hace ya casi 40 años, siga viéndose como el único partido nacionalista catalán. Pero no es cuestión de un nombre, es cuestión de saber “¿A dónde vas Convergència?”, cuando están perdiendo votos a chorros, cuando sus votantes son ya únicamente personas mayores que, a estas alturas, “no van a cambiarse de chaqueta” y jóvenes claramente clasistas que desprecian más a según qué parte de la población por su nivel económico que por de dónde provienen.

Se llame Democracia i Llibertat, Catalunya Estat o Junts per Catalunya, Convergència, la Convergència del 3%, no es un partido de futuro. Todo parece indicar que, dentro del soberanismo, muchos de sus votantes prefieren a ERC y que muchos catalanistas no independentistas han elegido a Ciudadanos y al Partido Popular en estas últimas elecciones. Por eso, soy de la opinión de que el cambio de nombre debe ser una forma tranquila para los que hasta ahora han votado a Convergència se cambien la chaqueta, simplemente porque ya se ha quedado pequeña; esta ya está en la basura y estoy completamente seguro de que la mayoría de catalanistas no son independentistas y de que quizá ha llegado el momento de que el catalanismo vuelva a ser lo que siempre fue, el anhelo de los catalanes de llevar las riendas de la economía y la política española. Estoy seguro de que esto acabará siendo así y de que Ciudadanos es el único partido que puede tender puentes entre los catalanes y el resto de españoles. Ahora sólo falta ver cuánto tiempo pasaremos en este proceso. Mientras más tarde, más tensión habrá en Catalunya, más amistades se perderán, más familias acabarán divididas. Por eso espero que ese cambio ocurra pronto pues los ciudadanos de Catalunya necesitamos trabajar unidos desde ya.

 

Fuente de la fotografía de portada: voxpopuli.com

Cameron de la isla británica

David Cameron fue elegido Primer Ministro del Reino Unido para tomar decisiones. Así funciona la democracia representativa. El pueblo elige al que cree que mejor puede dirigir las riendas de la nación, pensando en el bien de todos y cada uno de los habitantes del país.

Para lo que desde luego no eligieron a Cameron es para que, como Poncio Pilatos, se lave las manos en los temas decisivos y, a base de referéndum, sea el pueblo, muchas veces sin conocer toda la información, quien elija el destino del país.

A mi modo de ver, David Cameron ya se equivocó con el referéndum en Escocia, el cual no sirvió absolutamente para nada ya que los nacionalistas escoceses ya están preparando el siguiente. Y es que crear el precedente del referéndum es lo que tiene. De este modo, si una vez les dijiste Sí, ¿por qué no les vas a dar la misma respuesta cada vez que te pidan el referéndum?

Sí es cierto que Cameron venció en aquel sondeo e imagino que también va a vencer en el que se realizará mañana, de modo que, políticamente, Cameron saldrá beneficiado de todo esto. Pero un político no debe arriesgar el futuro de su nación y el de la Unión Europea para réditos personales.

El referéndum sobre la continuidad del Reino Unido en la Unión Europea quedará marcado para siempre por el asesinato de la laborista Jo Cox. No es cuestión de buscar culpables, pero a veces no somos conscientes de que la política y la democracia representativa están precisamente para evitar este tipo de cosas, para evitar que las personas en la calle peleen por lo que ellos creen que es mejor.

Yo quiero y espero que el Reino Unido siga en la Unión Europea y lo quiero porque estoy completamente seguro de que el futuro pasa por unos Estados Unidos de Europa. Muchos piensan que de ese sueño ya hemos despertado, que no es posible una Unión Europea unida, y esto ocurre por el mismo problema que existe en España con las autonomías.

Hemos de tener claro que una unión no irá bien jamás si no se mira el bien común. Si la Unión Europea va a ser la de unos pueblos pisoteados por otros, obviamente, no va a ir bien. Pero solamente se deja pisotear quien quiere. Si España tuviera un gobierno fuerte, podría mirar a los ojos a cualquier país de Europa, pero eso no ocurre porque las autonomías pelean contra el Estado, en lugar de ayudarlo, como ocurre sobre todo en Catalunya. ¿Cómo va a ir bien un país si la autonomía que debería ser la locomotora hace políticas para perjudicar al Estado?

Mientras más países, naciones, pueblos unidos haya, más fácil será la convivencia y más fácil será también que haya un mundo globalizado, donde el comercio sea libre y todos nos podamos beneficiar. Pero, para que haya una unión, sea la que sea, hay que pensar en el bien común y pensar el bien común no es renunciar a la idiosincrasia de tu autonomía o tu país. El más claro ejemplo es el de los Estados Unidos de América, lugar donde todos los estados tienen sus leyes propias, pero donde también todos tienen claro que son estadounidenses y que el bien común es el bien propio.

Pero, volviendo al Reino Unido, país que por otra parte yo creo que podría dirigir la Unión mejor que Alemania, opino que éste debería dar un paso para acercarse al resto de Europa, porque ser más europeo no significa ser menos británico. Mañana los británicos dirán Sí a Europa, pero esa no es una victoria de Cameron porque él no es Primer Ministro para que un pueblo, no del todo informado, sea quien acabe decidiendo el futuro de millones de personas.

Gracias a los intransigentes por recargarnos las pilas

Tenía preparada otra entrada para hoy, pero me he decidido a cambiarla a última hora, solamente para aprovechar mi blog para dar las gracias a los energúmenos que ayer trataron de boicotear un acto de democracia que hacía Ciudadanos en Barcelona. Y se las doy porque se hizo evidente algo a partir de ellos. Cuando uno pertenece a un partido como Ciudadanos, pertenece también a un partido de gente normal haciendo cosas extraordinarias, de personas que nos suena el despertador cada mañana para ir a trabajar y que, de nuestro poco tiempo libre, sacamos horas para ayudar al partido porque hemos decidido que no queremos que otros hagan política por nosotros, hemos decidido que queremos ser dueños de nuestro destino y pensar en qué vamos a hacer mañana y no en qué nos va a pasar mañana. Estamos desgastados por un año natural con 4 elecciones y porque, con gobiernos como los de PP y PSOE, que no son capaces de reconocer sus errores, y la amenaza de partidos de extrema izquierda y nacionalistas, se hace complicado mantener la ilusión. Pero no podemos decaer pues, si perdemos la ilusión, no nos quedaría nada. Aún así, notamos el desgaste y el cansancio físico, al faltarnos horas al día para poder hacerlo todo.

Por eso, les doy las gracias a esos fascistas de la CUP, porque ya no noto desgaste ni cansancio físico. Y es que el simple hecho de asaltarnos, empujar a personas mayores, insultarnos y boicotear un acto democrático ha hecho que se me recarguen las pilas por completo. Tristemente, esta es la Catalunya que tenemos. En mi tierra, tengo que aguantar a independentistas que me creen de una raza inferior porque mis padres no nacieron aquí, que quieren que haya una separación racial entre catalanes de primera y de segunda; tengo que soportar a gentuza que me odia solamente por el idioma en el que mis padres me enseñaron de pequeño. Esa es la Catalunya de hoy en día, así está la tierra donde nací, donde siempre he vivido y donde quiero pasar el resto de mi vida.

Además, te hace especialmente gracia que, precisamente, sean miembros de la CUP, el partido de los okupas, el partido de los que no quieren trabajar, el partido de los que no quieren seguir las reglas, el partido de los que viven a costa de los impuestos de toda la gente decente que levanta Catalunya cada día, los que quieran venir a atacarte, a causarte miedo, a reivindicar no se qué. Pero, insisto, yo les doy las gracias, las gracias por recordarme de qué va esto, por refrescarme la memoria y no desfallecer en mi lucha, que es la lucha de la democracia, de la libertad, de la igualdad entre las personas.

¿Qué clase de personas son las que no respetan la forma de pensar de los demás? ¿Qué clase de personas son las que quieren imponer su pensamiento como si fuera el único? ¿Qué tipo de personas son las que, también ayer, atacaron una carpa de Ciudadanos en Madrid? ¿Qué tipo de persona son las que agredieron a los miembros de Sociedad Civil Catalana? ¿Y los que pegaron a las chicas de la plataforma pro-selección? ¿Qué clase de persona hay que ser para boicotear un acto democrático?

Los que no somos así tenemos que seguir trabajando porque, para que el mal triunfe, sólo es necesario que los hombres buenos no hagan nada. A mí no me van a intimidar, no lo hacen ni en actos como el de ayer en Barcelona, ni cuando subieron a mi balcón a sacar una bandera española y una catalana que tenía colgadas, ni cuando me amenazan a través de las redes sociales. Las personas decentes, honradas, trabajadoras y que pagamos impuestos tenemos que seguir trabajando por hacer un mundo mejor y en el que las personas no tengan que vivir con miedo.