El espíritu de Viladecans

En las tertulias de la calle, de las plazas, de las ciudades de Catalunya, se habla (cómo no) del proceso soberanista, de la llamada desconexión. Los separatistas, como han hecho antes otros movimientos populistas nacionalistas, se acogen a la supuesta voluntad del pueblo. Obviamente, nunca hay un porcentaje suficiente para saltarse la Ley, pero que los independentistas nos quieran hacer creer que se puede declarar la independencia con el apoyo del 47% de los votantes, cuando sólo para cambiar el Estatuto de Catalunya hacen falta dos tercios de la cámara, es irrisorio.

Una de las claves de los estados de derecho es que la soberanía recae en el pueblo y no en los territorios. Eso hace que Catalunya no tenga potestad para decidir si quiere ser independiente o no. Pero para quienes crean que, como en la época feudal, la soberanía debe estar en los territorios, ¿puede entonces una provincia, una comarca, una ciudad, un barrio, una calle o un edificio decidir si quieren independizarse de Catalunya o si quieren seguir en España? Los líderes independentistas siempre responden a esto en tono burlesco, les parece de risa que, por ejemplo, Tarragona pueda dejar de ser  Catalunya y es que verdaderamente es gracioso, al menos tan gracioso como creer que hay la más remota posibilidad de que Catalunya pueda dejar de ser España.

Pero para los golpistas de salón de Junts pel Sí y la CUP, no hay orden, juez o tribunal que pueda ejercer ley que evite la desconexión y todo porque los buenos catalanes, ese 47% de los votantes que optó por esos dos partidos, son los verdaderos catalanes y los otros no. Ya dijo Carme Forcadell, Presidenta del Parlament, que los que votaban opciones como Ciudadanos y PP no eran catalanes, como si el ser catalán fuese una suerte de ADN mágico, una religión o una tendencia política. Pues no, señora Forcadell, no, catalanes somos todos los que nacimos, vivimos, trabajamos y amamos Catalunya.

Para estos fanáticos no es así, Catalunya is not Spain porque el pueblo lo quiere. Pero, ¿qué pueblo? ¿Dónde acaban los derechos territoriales? ¿Tiene Viladecans, una ciudad de más de 65.000 habitantes, derecho a rechazar el acuerdo del Parlament de Catalunya que ratificó las conclusiones de la comisión de estudio del proceso constituyente? Imagino que no, imagino que los separatistas estarán poniendo, una vez más, la sonrisa de desprecio para indicar que Viladecans no es una nación milenaria y que los ciudadanos de dicha ciudad no tienen derecho a decidir. Y eso que han sido 20 de 25 concejales, Ciudadanos, PSC, Viladecans Sí se Puede, Ganemos Viladecans y el Partido Popular, es decir, los representantes del 85% de la población.

De modo que Viladecans se desconecta del golpe contra el Estado dirigido por Forcadell, Puigdemont y los suyos.

Viladecans no va a ser ese reducto galo que pelea contra los romanos en Asterix y Obelix, ya llegarán otras ciudades, otros plenos y más localidades se sumarán a ese No a saltarse las leyes, a ese No a saltarse el Estatut, a ese No a saltarse la Constitución. Esta ciudad del Baix Llobregat ha sido la primera pero no la última pues decenas de poblaciones se sumarán al espíritu de Viladecans. Y, ¿entonces qué? ¿Qué pasará con las voluntades de los pueblos?

¿O es que en la Catalunya independiente, además de no haber jueces, de no haber tribunales para, de este modo, poder salvar a Pujol y a su pandilla de cuatreros, tampoco habrá ayuntamientos? ¿Será, como todo régimen totalitario, un país centralizado?

Viladecans ha dicho No a saltarse las leyes, No a hacer de Catalunya un régimen totalitario, pero no se equivoquen, Viladecans no ha dicho No a Catalunya, todo lo contrario, ha dicho Sí a Catalunya, Sí a nuestra tierra, Sí a la Catalunya de todos. Aquí en mi tierra sólo hay unos que han dicho No a Catalunya, los que están sembrando cizaña, los que están envenenando el aire, los pirómanos independentistas, el cáncer de mi tierra.

Viva la Resistencia

Como todos sabemos, el gobierno de la Generalitat se ha saltado la Ley, es más, ha declarado que no hay ley, tribunal o juez que esté por encima del gobierno de Junts pel Sí y la CUP. En el Parlament de Catalunya, asistimos a un frontal golpe contra al Estado a bombo y platillo y televisado. El gobierno catalán sólo obedece al pueblo, al 47% que votaron a Junts pel Sí y la CUP, es decir, en realidad obedece sólo al 35% de la población con derecho a voto. Sin embargo, hacen ver que eso no existe.

La oposición se portó bien, aunque no todos igual de bien, pero no pidamos peras al olmo. Los miembros del PSC se negaron a votar y, depende cómo sople el viento, en el futuro siempre podrán decir que ellos no votaron a favor de la desconexión, pero tampoco en contra, cosa que sí hizo Catalaunya Sí que es Pot, que sigue erre que erre en un referéndum que es tan ilegal como la desconexión, pero que a la vista de las personas parece menos agresivo.

El Partido Popular y Ciudadanos hicieron lo que había que hacer, salir de la cámara, no formar parte de ese sainete, no asistir a esa ofensa a las libertades, a la democracia, al Estat de Catalunya y a la Constitución. Eso sí, los del Partido Popular catalán deberían decirle a sus colegas de Madrid que estos son los mismos a los que luego se les quiere regalar grupo propio en el Congreso y 3 millones de euros.

La parte positiva de todo esto es volver a ver que, a diferencia de años atrás, ahora sí hay oposición. Inés Arrimadas volvió a dar un repaso a los intolerantes separatistas. La líder de la resistencia, porque hay que llamarnos así, la resistencia a los que cada día tenemos que sentir el odio, el desprecio y la ingratitud de estos desalmados, Inés, mostró una vez más que hay una Catalunya sensata que no se va a dejar amedrentar por los delirios de unos políticos iluminados y golpistas.

Cada día siento más pena y vergüenza de lo que ocurre en mi tierra, Catalunya, observando que estamos rodeados de personas que apoyan, sonríen o se ponen de lado ante la desfachatez de un nacionalismo autoritario golpista, xenófobo y racista, que está dividiendo a Catalunya entre quienes ellos consideran buenos y malos catalanes.

A esas personas, a las que les apoyan, les sonríen, se ponen de lado… les dedico estas palabras de Martin Niemöller: “Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas, guardé silencio porque yo no era comunista. Cuando encarcelaron a los socialdemócratas, guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata. Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas, no protesté, porque yo no era sindicalista. Cuando vinieron a llevarse a los judíos,no protesté, porque yo no era judío. Cuando vinieron a buscarme, no había nadie más que pudiera protestar”.

Ha llegado el momento en el que esto no es sólo un asunto político. La Generalitat de Catalunya no escucha a la mayoría del pueblo, nos hace ciudadanos de segunda, ha colocado un virtual muro en nuestra tierra y no, ya no vale ponerse de perfil “¿eres de la resistencia o eres cómplice de los que se saltan la Ley?”. Tienes que elegir pero, como Niemöller, debes pensarlo bien, porque hoy se persigue a Ciudadanos y al Partido Popular, a los que la ahora Presidenta del Parlament Carme Forcadell acusó en un mitin de la ANC (insisto, no significa Algunos Nazis Catalanes, no se confundan, sino Asamblea Nacional Catalana) de no ser catalanes, pero ya sabemos cómo funciona esto después. Ahí tenemos la historia. Así que, si estás del lado de los totalitarios, piénsalo bien… ¿eres totalmente catalán, lo suficientemente catalán para ellos? ¿Tu padre es catalán? ¿Y tu madre? ¿Y tu mujer?, ¿Y tu novio?…

Porque hoy son Ciudadanos y PP, pero guardas silencio porque no eres de C’s ni de PP; después serán PSOE y Podemos, pero guardas silencio porque no eres del PSOE ni de Podemos; después mirarán en qué idioma hablas; mirarán dónde nació tu padre, tu madre, tu mujer, tu novio… y, entonces, ya no tendrás a quién protestar.

¡Viva la resistencia!

 

Fuente de la fotografía de portada: elpais.com

Catalunya año cero

Sin la separación de poderes, los gobiernos no se podrían llamar democráticos, es decir, serían, digámoslo así y para que todos me entiendan, dictaduras elegidas democráticamente, pero dictaduras al fin y al cabo. Yo creo que nadie, absolutamente nadie, tiene a día de hoy ninguna duda de que, por ejemplo, Adolf Hitler fue un dictador más allá de que ganara unas elecciones.

El Tribunal Constitucional es independiente en su función como intérprete supremo de la Constitución y está sometido sólo a la Constitución y a dicha Ley. Sin embargo, ayer el gobierno de la Generalitat hizo algo inédito en nuestro país, desobedecer al Tribunal Constitucional, desobedecer la Ley y el orden porque, según ellos, sólo obedecen al pueblo catalán. ¿Cómo se puede ser tan impresentable, tan malintencionado y tan sinvergüenza para hablar en nombre de los catalanes, en nombre de Catalunya, en una moción que los representantes del 53% de la población se ha negado a votar por ilegal?

Si Junts pel Sí y la CUP no gobiernan para todos los catalanes, sino que solamente lo hacen para una parte, y desoyen al resto de la población, que además es mayoría, significa que en mi tierra no hay democracia. Para los separatistas, quienes no les votan no merecen representación, no son ciudadanos de pleno derecho, no son personas, no son humanos. El gobierno xenófobo y racista de Catalunya está haciendo algo muy peligroso, separar a todo un pueblo, poner un muro sin alambradas ni hormigón pero, en definitiva, un muro que separa a los para ellos buenos y malos catalanes.

El gobierno de la Generalitat ha desobedecido al Tribunal, ha desobedecido la Ley y el Estado de Derecho, con lo cual el gobierno catalán se ha convertido en ilegítimo. Sabemos lo que pasará ahora, PP, PSOE y C’s llevarán la resolución al propio Tribunal y seguiremos jugando al ratón y al gato. Es lo que ocurre cuando, en lugar de tener a un presidente serio, tienes al hombre del plasma. En cualquier país serio, la Presidenta del Parlament, la racista y xenófoba Carme Forcadell, sería detenida por golpista, pero con el gobierno del PP ya sabemos que nunca ocurre nada.

Para más inri, el golpe de estado ha sido televisado por la televisión pública catalana, esa televisión que los infrahumanos, los que no tenemos derecho a hablar, los colonos y botiflers, también pagamos y en la que tenemos que aguantar cómo se nos insulta, cómo se nos menosprecia. El No-Do del régimen nacional-catalanista hoy daba paso a la publicidad o el presentador hablaba encima cada vez que la líder de la oposición, Inés Arrimadas, iba a comenzar su turno de palabra. Finalmente, Podemos votó en contra, PSC se negó a votar, Ciudadanos y PP abandonaron el Parlament.

Toda esta pantomima tiene sólo un motivo: Carles Puigdemont necesita el Sí de la CUP en el voto de confianza y ahora ya lo tiene. E, insisto en algo: yo no temo por la independencia de Catalunya, porque no llegará nunca, porque el pueblo no la quiere, pero la ruptura en dos bandos de la sociedad civil en Catalunya sí es algo peligroso, muy peligroso, es algo que ya hemos vivido en este país y sabemos las consecuencias que tiene.

Ayer Junts pel Sí y la CUP votaron iniciar el proceso constituyente de Catalunya como nación independiente de España. Obviamente, no es más que un brindis al sol, simplemente es otra provocación de estos fanáticos nacionalistas que hablan de la independencia como el futuro pero que, sin embargo, vuelven a la época feudal tanto en pensamiento, ya que son de la opinión de la que la soberanía está en los territorios y no en los ciudadanos, como en la práctica, dado que incluso tienen como mapa político organizar Catalunya en veguerías, como en el siglo XII.

Un día triste para Catalunya, un día triste para la democracia ya que en Catalunya no hay corrupción parece, no hay problemas sociales parece, ni de sanidad, ni de educación… en Catalunya sólo existe la independencia y, con eso, se arreglará todo. Ayer el Parlament secundó que “las leyes que se aprueben no son susceptibles de control, suspensión o impugnación por cualquier otro control por parte de ningún otro poder, juzgado o tribunal”.

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Ciudadanos (la historia) – Capítulo XXII

Continuamos repasando la historia de Ciudadanos (recordad que podéis encontrar el Capítulo XXI aquí):

Con la ya definitiva expansión de Ciudadanos por todo el panorama nacional, volvía el debate que ya había habido años antes en Catalunya: ¿De derechas o de izquierdas? ¿Se puede tener algo de liberal y algo de socialdemócrata? ¿Liberal? ¿Neoliberal? ¿Socioliberal? ¿Jacobino?

Albert Rivera entona el discurso del centro, se define como constitucionalista, liberal y progresista e iinvita a todos los españoles a que revisen el ideario del partido, disponible en su página web, la vez que reclama esa posición central que existe en toda Europa y que en la eurocámara se agrupa en el ALDE (Asociación de Liberales y Demócratas Europeos).

Tal y como ocurrió años antes en Catalunya y ante las inminentes elecciones autonómicas andaluzas, los primeros en situar a Ciudadanos a la izquierda son los miembros del PP andaluz que resaltan que el ideario de C’s dice que “se nutre del liberalismo progresista y del socialismo democrático” y que en Catalunya ha crecido a costa de los votantes que les ha arrebatado al PSC. Además, califican a Rivera como republicano, como si el hecho de ser republicano fuese sinónimo de ser más de izquierdas o menos.

El momento más lamentable por parte del Partido Popular andaluz llega cuando Carlos Floriano, en actitud xenófoba y catalanofóbica, dice que no quiere que Andalucía sea gobernado por un partido que se llama “Siudatans” y por un hombre que se llama Albert. Rivera se defiende diciendo que, si desde el PP creen que los catalanes no deben formar parte de los asuntos españoles, es que tiene el mismo pensamiento que los independentistas. Además, le recuerda que el candidato por los populares a Presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno, es su paisano ya que nació en Barcelona.

Juan Marín es elegido por los afiliados andaluces como candidato para las elecciones andaluzas. La polémica llega con la deliberada malinterpretación de unas palabras de Rivera en las que, refiriéndose a que las subvenciones deben servir para generar riqueza, no para establecer redes de clientelismo político y que un partido se perpetúe en el poder, usa el símil de no regalar peces, sino el deber de enseñar a pescar, lo que tratan de vender como un menosprecio a los andaluces. Rivera recuerda que él no habla como foráneo, sino como andaluz porque su sangre es andaluza.

El delegado del Gobierno en Andalucía, Antonio Sanz, pidió perdón por los ataques a Ciudadanos desde el PP catalán, con la clara intención de poder llega a un pacto electoral. Pero la respuesta desde C’s llega rápidamente: Ciudadanos solamente apoyará a la fuerza más votada y siempre sin entrar en el gobierno. El 22 de marzo se celebran las elecciones en Andalucía, Ciudadanos consigue un meritorio resultado obteniendo 9 diputados. El PSOE de Susana Díaz sería la fuerza más votada, aunque finalmente necesitaría de cuatro intentos de investidura para la gobernabilidad. Ante el inmovilismo de PP y Podemos y con la posibilidad de repetir las elecciones, Ciudadanos votará a favor de que Susana Díaz sea presidenta tras llegar a un acuerdo de 72 puntos, entre los cuales está la obligación de dejar el acta de los imputados en casos de corrupción. De este modo, los expresidentes Chaves y Griñán tendrían que dejar sus actas de diputados.

Los buenos resultados del partido hacen que, una semana después, anuncie que se presentará a las elecciones autonómicas en todas las autonomías donde se celebran el mayo siguiente y también en las municipales de toda España. Ciudadanos marca entonces su línea roja, no pactará con quien quiera romper el país, solamente lo hará con partidos constitucionalistas. Las elecciones destacan por la gran cantidad de marcas blancas de Podemos, lo que hace de las elecciones un jeroglífico difícil de descifrar.

Ciudadanos, a pesar de no tener casi estructura en muchas automías, consigue representación en prácticamente todas las comunidades: 5 en Aragón, 3 en Asturias, 2 en Baleares, 2 en Cantabria, 5 en Castilla y León, 1 en Extremadura, 17 en Madrid, 4 en Murcia, 4 en La Rioja y 13 en Valencia.  En las municipales, es la tercera fuerza más votada consiguiendo más de 1500 concejales.

Más allá de los diversos pactos en municipios y gobiernos autonómicos, las miradas del mundo político nacional se posaban en Catalunya donde en septiembre habría unas elecciones autonómicas que eran puestas en escena por los partidos nacionalistas como si de un plebiscito por la independencia fuesen.

Se comienza a barajar la idea de que Convergència y ERC se unan en una lista independentista, más cuando Unió se separa de su histórico socio por el tema soberanista. Después también se contempla la posibilidad de que Podemos se una a Iniciativa per Catalunya y los partidos del cambio de las municipales para hacer un gran partido de izquierdas. Una encuesta del mes de julio da un empate entre Convergéncia y Esquerra, seguido de Podemos.

El astuto Artur Mas deja claro poco después que solamente habrá elecciones si hay una lista independentista unitaria con él como candidato. El 20 de julio nacería Junts pel Sí (que no contaría con la presencia de la CUP), después sabríamos la extraña lista en la que el hasta ahora miembro de Iniciativa, Raül Romeva, sería número 1 por Barcelona, aunque el candidato real sería Mas. De este modo, Convergència se aseguraba la presidencia y escondía la marca de Convergència, manchada por la corrupción de los Pujol y la del propio partido, el cual tiene hasta las sedes embargadas.

Con las elecciones catalanas y las generales a la vuelta de la esquina, Albert Rivera decide presentarse a las primarias para ser el candidato de C’s a La Moncloa. Finalmente, los afiliados del partido naranja eligen que la candidata al Parlament sea Inés Arrimadas.

La primera encuesta desde la formación de Junts pel Sí les da como ganadores con el 35,8% de los votos y colacan a Ciudadanos como segunda fuerza en Catalunya, dejando evidente que en unas elecciones marcadas como un plebiscito, C’s es visto por los catalanes como el partido que mejor defiende la unidad del pueblo catalán y el respeto a la Constitución.

Un partido nuevo, una mentalidad vieja

El anuncio de que Artur Mas será el Presidente del Partit Demòcrata Català, es decir, la antigua Convergència, hace buena la expresión popular de “ser los mismos perros pero con diferente collar”. Los electores catalanes pondrán en su sitio la operación de estética de la antigua Convergència pero, sinceramente, me extrañaría mucho que esta “performance” le pueda salir bien a Artur Mas.

Al que fuera President de la Generalitat, igual que ocurre con Mariano Rajoy, hay que alabarle cómo consigue sobrevivir una y otra vez cuando lo dan por muerto. Realmente, si Mas no se hubiera inventado el Procés, no se hubiera inventado a Junts pel Sí y, a día de hoy, él y los suyos estarían en la oposición desde 2014. Sin embargo, vamos a llegar como mínimo a 2017 con Carles Puigdemont, es decir, con Artur Mas en el poder.

Lo que ocurra en el futuro de la política catalana va a depender mucho de ERC pues tendrán que elegir entre desmembrar Junts pel Sí y, probablemente, ganar las elecciones (eso sí, dejando la independencia para más adelante) o permanecer en la coalición con el objetivo de la independencia pero liderado por los de siempre, por la burguesía barcelonesa que ahora son independentistas, antes catalanistas, antes franquistas y antes monárquicos, todo para estar siempre en el poder.

Estratégicamente, si entendemos que el objetivo de Mas, Pujol y todos los demás es mantener el poder, obviamente, lo están haciendo bien aunque, sin embargo, no dejan de estar en manos de Esquerra, que ha superado a los Convergentes en las dos últimas elecciones generales. Ahora, con el nuevo nombre, como ya dije en una entrada anterior, creo que podría ser un buen momento para que muchos votantes de CDC, que votaban dicho partido casi como una más de las tradiciones catalanas, den la espalda a PDC y se unan a otras fuerzas sin sonrojarse.

Insisto en este tema porque, viviendo el día a día de la extraña Catalunya en la que vivo, estoy completamente seguro de que los votantes de Convergència no aprueban esta metamorfosis de Mas y los suyos. Obviamente, no son solamente sensaciones, los datos son claros en las autonómicas catalanas de 2015 donde Junts pel Sí consiguió el 39,65 de los votos, mientras que por separado en 2012 tenían el 44,4% y en 2010 antes de que comenzara la locura soberanista el 45,5%. Precisamente en ese 2010, sólo CiU tenía el mismo porcentaje que ahora tiene Junts pel Sí.

El independentismo ha sido la salvación de Convergència, pero también puede ser su defunción. Curiosamente, entre los jóvenes, el nacionalismo catalán es visto como un fenómeno progresista y de izquierdas, imagino que por el simple hecho de que ven al Partido Popular como el enemigo, pero el nacionalismo siempre es de derechas, de extrema derecha, ultra conservador, porque el nacionalismo nos lleva a la época feudal en la que todo, incluido los ciudadanos, pertenecían a la nación, al reino o al condado.

El progresismo es todo lo contrario, es dar la soberanía al pueblo, es que todos esos ciudadanos sean iguales y gocen de los mismos derechos. Por eso, en los próximos años, cuando muchos jóvenes y no tan jóvenes catalanes vean cómo acaba el hechizo y el carruaje vuelva a convertirse en una calabaza, tendrán que elegir qué camino tomar. Y, cuando pase esto, entre los independentistas convencidos (una minoría), ¿cuántos de ellos iban a ver más cercanos a sus pensamientos los del Partit Demòcrata que los de Esquerra Republicana?

El Partit Demòcrata Català es un partido nuevo pero con una mentalidad vieja. Ciertamente, me sorprendería que en los próximos meses, cuando las encuestas sigan dando datos a la baja de los partidos secesionistas, no surgiese una tendencia, digámoslo así, “regionalista” de la antigua Convergència, un partido que defienda la cultura, la lengua catalana sin olvidar los temas sociales y que todo eso lo pueda hacer desde la Constitución, la Ley y con el objetivo de unir a los catalanes y no dividirlos.

En mi opinión y como ya dije en otra ocasión, los catalanistas moderados no tendrían que hacer un nuevo partido pues creo que ya tienen su sitio en Ciudadanos ya que no hay un lugar mejor donde defender el verdadero catalanismo, el cual realmente no es más que el anhelo catalán de ser importante en España. Pero ese paso lo veo difícil porque el nacionalismo catalán y el nacionalismo castellano del PP tratan de enfrentar de tal modo a la sociedad civil catalana que están alineando a personas en frentes muy marcados, tanto que los clichés que tiene Ciudadanos son montañas a subir.

¿Cómo se convence a un catalanista moderado que es machacado a diario por medios de comunicación, políticos, amigos y familiares que C’s no es un partido anticatalán? ¿Que no es un partido de derechas? ¿Que no es un partido colonizador? ¿Que no es, como dijo la misma Carme Forcadell, un partido de no catalanes? Y a la vez, ¿cómo se convence a los castellanoparlantes que no les dejan hablar su idioma en los colegios o en las instituciones públicas de que hay que estar orgulloso de ser catalanes? ¿De que tenemos que defender nuestra tierra más allá de los Mas, Pujol, etc.?

Difícil batalla es esta, pero es una lucha en la que no hay que desfallecer. Primero, porque debemos cuidarnos mucho del nacionalismo catalán, porque por más que lo vendan como algo moderno, como una moda juvenil, el nacionalismo es lo que es y la historia está ahí para no volver a caer en los mismos errores, más cuando el nacionalismo catalán cuenta con asociaciones como la ANC (que significa Assemblea Nacional Catalana y no Algunos Nazis Catalanes, como alguno podría pensar) que declaran, sin cortarse, el odio a España, a los españoles, incluidos los catalanes que nos sentimos españoles.

 

Fuente de la fotografía de portada: www.expansion.com

Hablando catalán en la intimidad

Todo el mundo conoce la historia de cómo los votantes del Partido Popular pasaron de gritar el “Pujol, enano, habla en castellano” para que, poco después, tras el llamado “Pacto del Majestic”, según el cual CiU daba apoyo a la investidura de José María Aznar como presidente del Gobierno a cambio de darle más competencias a Catalunya y del apoyo del PP a CiU, aquí en mi tierra, acabaran cantando aquello del “Pujol, guaperas, habla como quieras”. Meses después, el ya presidente Aznar rozaba lo trágicomico cuando aseguraba aquello de que “Hablo catalán en la intimidad”.

El pacto entre los conservadores catalanes y los del resto de España acabó con un PP rendido a Pujol hasta el punto de que acabaría sirviéndole en bandeja de plata la cabeza de Aleix Vidal-Quadras, el hombre que mejores resultados ha dado a los populares en Catalunya. Pronto Jordi Pujol pasó de ser un ogro nacionalista catalán a ser el español del año, un ejemplo de hombre de Estado que anteponía el bien del país a sus ideas nacionalistas catalanas.

Ahora sabemos que Jordi Pujol tuviese cogido por las partes blandas a Aznar y a Felipe González ha servido para que todos mirasen para otro lado mientras el líder nacionalista se llenaba los bolsillos (y los de sus hijos) con las mordidas del famosos 3%. Desde entonces, los gobiernos de la Generalitat y de España están en una  pelea en la cual, sobre todo, el PP finge luchar contra el nacionalismo catalán cuando, en realidad, siempre que lo necesita acaba encontrándose con él, como ha ocurrido en el reciente caso de los 10 votos fantasma.

Este caso ha hecho sonar las alarmas. ¿Conseguirá el PP el apoyo de los nacionalistas? No lo creo. “¿Con qué cara mirarían a sus votantes?” se preguntan muchos. Pero, seamos realistas, las cosas desde Catalunya se ven diferentes que desde el resto de España y, a mi parecer, a los votantes de Convergència (y cuando hablo de los votantes me refiero a los que a chorros han dejado de votarles) probablemente no les parezca mal el apoyo de Convergència al PP. Aún así, considero que es imposible el voto positivo porque eso, probablemente, significaría el fin de Junts pel Sí o al menos el apoyo de la CUP a Carles Puigdemont, lo que nos llevaría a unas elecciones que, a día de hoy, Convergència o el Partit Demòcrata de Catalunya, como se hacen llamar ahora, no podría ganar.

Pero, ¿realmente Mariano Rajoy está comenzando a hablar en catalán en la intimidad? No lo creo, porque un Sí y quizá hasta una abstención de Convergència podrían hacer que Ciudadanos votase No en la investidura de Mariano. Intuyo que la táctica del PP será pretender que, ante la posibilidad de que los nacionalistas puedan ser decisivos, C’s, que nació precisamente para eso, para acabar con el poder de los nacionalistas en el Congreso, acabe votando Sí para, de ese modo y contando el diputado de Coalición Canaria, el PP se presente con 170 votos afirmativos y con la investidura muy, muy cerca.

Pero Ciudadanos no puede hacer Presidente a Mariano Rajoy. Primero, porque es preferible que España tenga un gobierno de la fuerza más votada pero que, a su vez, deba pactar las propuestas con las demás formaciones pues, tras 4 años de reales decretos y ordeno y mando, necesitamos una legislatura consensuada y en la que los partidos tengan que llegar a acuerdos. Segundo, porque un Sí a Rajoy, por más que después no hubiera pacto de gobierno, haría que cada lunes Albert Rivera o los demás diputados de C’s tuvieran que salir a dar explicaciones de por qué apoyaron a un partido que practica la corrupción institucional y en el que no puedes quitar las manzanas podridas porque estos puedan tirar de la manta.

El PSOE debería aceptar su responsabilidad con su abstención. Así, pondría a funcionar el gobierno y, como he dicho, con 137 diputados, los populares nada podrían hacer sin llegar a acuerdos con las demás formaciones. Si eso no ocurre y Rajoy pacta con los nacionalistas, C’s debería votar en contra, pero no por rechazo al pensamiento nacionalista, de hecho, yo creo que, bien entendido, es bueno que exista ese catalanismo pero, lo dicho, siempre bien entendido. En España jamás habrá un buen entendimiento mientras los nacionalismos estén tan presentes y, cuando hablo de nacionalismo, meto también en la saca al nacionalismo castellano del PP. Sé que mucha gente no me entiende cuando escribo este mensaje, pero no se puede ser español, odiando a una parte de España; no puede ser patriota español quien rechaza, denigra o insulta o las culturas catalanas, gallegas o vascas.

El nacionalismo castellano, por encima de las realidades históricas de las autonomías, es quizá la única herencia del franquismo que sigue latente. Pero no hay más verdad que considerar un pueblo fronterizo de Girona tan España como la puerta del Sol de Madrid, que la muñeira sea tan española como las sevillanas o que el Euskera sea una lengua tan española como el castellano. Y, precisamente en no hacer ver eso, en no luchar por eso, es en lo que han traicionado los nacionalismos periféricos a sus pueblos. Jordi Pujol no intentó que se entendiera la realidad catalana, sino que buscó el enfrentamiento, ficticio o no, para ganar votos y llenarse los bolsillos. Por eso, yo siempre pongo el ejemplo que una vez puso el líder de la Lliga Regionalista Catalana en el Congreso de los Diputados. Francesc Cambó (se me enfadarán los nacionalistas catalanes por nombrarle) dijo que, si por uno de aquellos avatares de la historia, la Corte se hubiese situado en Lisboa y el portugués hubiese acabado siendo la lengua de la realeza y de sus súbditos, hoy los madrileños y los catalanes trabajarían juntos por pedir los derechos para sus lenguas.

Sin embargo, los nacionalistas catalanes, desde la Transición hasta nuestros días, no han hecho nada para normalizar las costumbres de mi tierra, sino que han hecho evidente una guerra con el PP que ha beneficiado a ambos electoralmente pero que también ha dañado la imagen de los catalanes, además de llevar a los ciudadanos de Catalunya a tensiones absurdas cuando los independentistas han hecho con el castellano lo mismo que Franco hizo con el catalán, apartarlo de las instituciones. Y, todo esto, con el beneplácito del PP, que ha decidido perder Catalunya, no pintar nada en esta autonomía para ganar votos catalanofóbicos en el resto de la nación.

Como el perro del hortelano

Gracias a Lope de Vega, que en su obra “El Perro del Hortelano” usaba el símil del perro del hortelano en un amor escondido entre Diana, condesa de Belflor, y su secretario, Teodoro, este hecho se ha extendido a esas situaciones en las que una persona ni hace una cosa ni deja que los demás la hagan tampoco. Los perros normalmente no son vegetarianos, de modo que son un buen guardián para un huerto: no se comerá los productos ni tampoco dejará que nadie se acerque.

El perro del hortelano (permítanme la metáfora) de la política española es Podemos. Él no comer ni dejar comer, lo lleva haciendo desde el día siguiente de las elecciones del pasado 20 de diciembre. Es aburrido hablar de números, pero debo hacerlo para que nos entendamos bien. Pablo Iglesias pedía una unión de PSOE con su partido, que sumaba 159 apoyos, es decir, faltaban 17 para la mayoría absoluta. Para más inri, Iglesias, el líder podemita, más allá de pedir sillones, vicepresidencias, controlar los espías, los cuerpos de seguridad, televisión etc., exigía saber de dónde debían salir esos 17. Más allá de los 2 de Izquierda Unida, los otros 15 debía buscarlos en fuerzas nacionalistas o independentistas.

Todo eso, aliñado con que Podemos tenía como línea roja el derecho a la autodeterminación de los pueblos. Es decir, Pablo Iglesias y los suyos exigían que el futuro gobierno español reconociera a Euskadi y Catalunya como colonia o pueblo oprimido para hacer un referéndum de independencia y hacer de España la Yugoslavia del siglo XXI. Con eso, ya no sólo obligaba al PSOE a decir no, sino que hacía imposible cualquier tipo de acuerdo entre estos y Ciudadanos, partido que lleva diez años contra una guerra civil entre catalanes.

El PSOE y C’s actuaron con sensatez y con miras de Estado y, ante el No al Rey de Mariano Rajoy, llegaron a un acuerdo que hacía desbloquear la situación. El pacto de los 200 puntos hubiera sido aceptado por la gran mayoría de votantes de los populares y de los podemitas pero, para entonces, las encuestas ya decían que PP y Podemos iban a ser los más beneficiados de haber unas nuevas elecciones  y ambas formaciones hicieron pinza para que no hubiese posibilidad de que hubiera gobierno.

De modo que ya sabemos lo que ocurrió: nuevas elecciones y, ante ellas, nos encontrábamos con una novedad notable, Garzón e Iglesias unían fuerzas, es decir, Izquierda Unida y Podemos irían juntos, lo que suponía que, si hacíamos las cuentas de la vieja, habría sorpasso de Podemos a los socialistas ya que, uniendo los votos del 20 D, Podemos+IU tenían el 24,3% de los votos mientras que PSOE tenía el 22%. Sin embargo, en política 2+2 no son siempre 4, es más, rara vez lo son. De modo que el PP creció, el PSOE subió ligeramente en porcentaje, C’s bajó 0,9 décimas, mientras que Unidos Podemos se daba un batacazo de 3,6% de porcentaje de votos.

Las ansias de Podemos por asaltar los cielos habían ayudado al Partido Popular a conseguir más apoyo. Con 14 diputados más, era una obviedad que solamente los populares iban a poder gobernar ya que una unión de PSOE y Podemos volvía a requerir a los independentistas y la unión de PSOE con C’s no superaba los diputados de los Populares. La lógica, mirando lo mejor por España y cuando todas las fuerzas han dicho por activa y por pasiva que no va a haber nuevas elecciones, era que Ciudadanos y PSOE se abstuvieran para que el PP gobernara pero no pudiera sacar para adelante ni una sola moción sin el apoyo de dos de las otras tres fuerzas con mayor representación. Sin embargo, el PSOE y Podemos se unieron en el No. Es más, exigían a los Populares que llegaran a acuerdos con partidos de su misma ideología. Obviamente, a día de hoy, los partidos similares en políticas conservadoras al PP son PNV y Convergència, pero con la deriba nacionalista que pudieran pactar estaba entre lo improbable y lo imposible.

Ciudadanos decide hacer una abstención técnica dejando en las manos del PSOE y Podemos que eligieran entre gobierno en minoría de Rajoy o terceras elecciones. Con esas, llegamos al día de la constitución de la Cámara y ahí el perro del hortelano vuelve a aparecer. Sabiendo Pablo Iglesias y los suyos que Albert Rivera prefiere que el Presidente del Congreso sea de distinto color que el Presidente del Gobierno, se podría haber acordado que Patxi López del PSOE continuara en el cargo. Sin embargo, ni comiendo ni dejando comer, Iglesias elige a Xavier Domènech, un independentista catalán disfrazado de comunista.

Ante esta posibilidad, Ciudadanos decide pactar con el PP el Presidente. Los naranjas intentan que sea Nacho Prendes de C’s y cabe la posibilidad de que así sea. Con casi un acuerdo conseguido, el PP cae en la cuenta de que una de las funciones del Presidente del Congreso es definir las fechas de, entre otras cosas, la votación de investidura. De modo que el Partido Popular negocia con C’s obtener sus votos para que Ana Pastor sea Presidenta de la Cámara, ofreciendo dos miembros de la mesa a los naranja.

Para que esa mesa, que, por cierto, más plural no puede ser con 3 de PP, 2 de PSOE, 2 de Podemos y 2 de Ciudadanos, se formara el Partido Popular necesitaba 10 votos más y Mariano Rajoy, supuestamente, ha hecho caso a las recomendaciones de PSOE y Podemos y ha conseguido 10 votos de los conservadores vascos y catalanes. Sin embargo, los podemitas, en su mal perder, aseguran que el PP ha comprado los votos a cambio de favores pero, claro, si Podemos hubiera llegado a un acuerdo con ellos, se hubiera debido al buen hacer de las negociaciones, ¿no?

Seamos un poco serios: que los podemitas entiendan que ya ha acabado la campaña electoral, que ahora llega el tiempo de pactos y acuerdos y que sean sensatos porque en la España de hoy solamente hay dos posibilidades, un gobierno en minoría del PP, con la obligación de llegar a acuerdos con uno o dos de los tres partidos grandes, o bien unas terceras elecciones, que probablemente supondrían la mayoría absoluta de Mariano Rajoy.

 

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