Como el perro del hortelano

Gracias a Lope de Vega, que en su obra “El Perro del Hortelano” usaba el símil del perro del hortelano en un amor escondido entre Diana, condesa de Belflor, y su secretario, Teodoro, este hecho se ha extendido a esas situaciones en las que una persona ni hace una cosa ni deja que los demás la hagan tampoco. Los perros normalmente no son vegetarianos, de modo que son un buen guardián para un huerto: no se comerá los productos ni tampoco dejará que nadie se acerque.

El perro del hortelano (permítanme la metáfora) de la política española es Podemos. Él no comer ni dejar comer, lo lleva haciendo desde el día siguiente de las elecciones del pasado 20 de diciembre. Es aburrido hablar de números, pero debo hacerlo para que nos entendamos bien. Pablo Iglesias pedía una unión de PSOE con su partido, que sumaba 159 apoyos, es decir, faltaban 17 para la mayoría absoluta. Para más inri, Iglesias, el líder podemita, más allá de pedir sillones, vicepresidencias, controlar los espías, los cuerpos de seguridad, televisión etc., exigía saber de dónde debían salir esos 17. Más allá de los 2 de Izquierda Unida, los otros 15 debía buscarlos en fuerzas nacionalistas o independentistas.

Todo eso, aliñado con que Podemos tenía como línea roja el derecho a la autodeterminación de los pueblos. Es decir, Pablo Iglesias y los suyos exigían que el futuro gobierno español reconociera a Euskadi y Catalunya como colonia o pueblo oprimido para hacer un referéndum de independencia y hacer de España la Yugoslavia del siglo XXI. Con eso, ya no sólo obligaba al PSOE a decir no, sino que hacía imposible cualquier tipo de acuerdo entre estos y Ciudadanos, partido que lleva diez años contra una guerra civil entre catalanes.

El PSOE y C’s actuaron con sensatez y con miras de Estado y, ante el No al Rey de Mariano Rajoy, llegaron a un acuerdo que hacía desbloquear la situación. El pacto de los 200 puntos hubiera sido aceptado por la gran mayoría de votantes de los populares y de los podemitas pero, para entonces, las encuestas ya decían que PP y Podemos iban a ser los más beneficiados de haber unas nuevas elecciones  y ambas formaciones hicieron pinza para que no hubiese posibilidad de que hubiera gobierno.

De modo que ya sabemos lo que ocurrió: nuevas elecciones y, ante ellas, nos encontrábamos con una novedad notable, Garzón e Iglesias unían fuerzas, es decir, Izquierda Unida y Podemos irían juntos, lo que suponía que, si hacíamos las cuentas de la vieja, habría sorpasso de Podemos a los socialistas ya que, uniendo los votos del 20 D, Podemos+IU tenían el 24,3% de los votos mientras que PSOE tenía el 22%. Sin embargo, en política 2+2 no son siempre 4, es más, rara vez lo son. De modo que el PP creció, el PSOE subió ligeramente en porcentaje, C’s bajó 0,9 décimas, mientras que Unidos Podemos se daba un batacazo de 3,6% de porcentaje de votos.

Las ansias de Podemos por asaltar los cielos habían ayudado al Partido Popular a conseguir más apoyo. Con 14 diputados más, era una obviedad que solamente los populares iban a poder gobernar ya que una unión de PSOE y Podemos volvía a requerir a los independentistas y la unión de PSOE con C’s no superaba los diputados de los Populares. La lógica, mirando lo mejor por España y cuando todas las fuerzas han dicho por activa y por pasiva que no va a haber nuevas elecciones, era que Ciudadanos y PSOE se abstuvieran para que el PP gobernara pero no pudiera sacar para adelante ni una sola moción sin el apoyo de dos de las otras tres fuerzas con mayor representación. Sin embargo, el PSOE y Podemos se unieron en el No. Es más, exigían a los Populares que llegaran a acuerdos con partidos de su misma ideología. Obviamente, a día de hoy, los partidos similares en políticas conservadoras al PP son PNV y Convergència, pero con la deriba nacionalista que pudieran pactar estaba entre lo improbable y lo imposible.

Ciudadanos decide hacer una abstención técnica dejando en las manos del PSOE y Podemos que eligieran entre gobierno en minoría de Rajoy o terceras elecciones. Con esas, llegamos al día de la constitución de la Cámara y ahí el perro del hortelano vuelve a aparecer. Sabiendo Pablo Iglesias y los suyos que Albert Rivera prefiere que el Presidente del Congreso sea de distinto color que el Presidente del Gobierno, se podría haber acordado que Patxi López del PSOE continuara en el cargo. Sin embargo, ni comiendo ni dejando comer, Iglesias elige a Xavier Domènech, un independentista catalán disfrazado de comunista.

Ante esta posibilidad, Ciudadanos decide pactar con el PP el Presidente. Los naranjas intentan que sea Nacho Prendes de C’s y cabe la posibilidad de que así sea. Con casi un acuerdo conseguido, el PP cae en la cuenta de que una de las funciones del Presidente del Congreso es definir las fechas de, entre otras cosas, la votación de investidura. De modo que el Partido Popular negocia con C’s obtener sus votos para que Ana Pastor sea Presidenta de la Cámara, ofreciendo dos miembros de la mesa a los naranja.

Para que esa mesa, que, por cierto, más plural no puede ser con 3 de PP, 2 de PSOE, 2 de Podemos y 2 de Ciudadanos, se formara el Partido Popular necesitaba 10 votos más y Mariano Rajoy, supuestamente, ha hecho caso a las recomendaciones de PSOE y Podemos y ha conseguido 10 votos de los conservadores vascos y catalanes. Sin embargo, los podemitas, en su mal perder, aseguran que el PP ha comprado los votos a cambio de favores pero, claro, si Podemos hubiera llegado a un acuerdo con ellos, se hubiera debido al buen hacer de las negociaciones, ¿no?

Seamos un poco serios: que los podemitas entiendan que ya ha acabado la campaña electoral, que ahora llega el tiempo de pactos y acuerdos y que sean sensatos porque en la España de hoy solamente hay dos posibilidades, un gobierno en minoría del PP, con la obligación de llegar a acuerdos con uno o dos de los tres partidos grandes, o bien unas terceras elecciones, que probablemente supondrían la mayoría absoluta de Mariano Rajoy.

 

Fuente de la fotografía de portada: periodistadigital.com

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2 comentarios sobre “Como el perro del hortelano”

  1. Yendo por partes: usar la palabra “podemita” no te hace parecer objetivo porque es un término despectivo que se ha inventado la derecha. Lo segundo, insistes en que Podemos quiso repetir las elecciones e, incluso, en la barbaridad de que Podemos hizo pinza con el PP. Podemos fue a la mesa de negociación con el PSOE y con tu partido y se encontró con un portazo. Negociar implica asumir que habrá que hacer concesiones y Pablo Iglesias no sólo iba dispuesto, sino que las hizo públicas. Ciudadanos le dijo a Podemos que su acuerdo con el PSOE no admitía cambios sustanciales sino meros retoques, con lo cual no se estaba cediendo en nada. Sánchez, en silencio cómplice. PSOE y Ciudadanos son los únicos culpables de la repetición de las elecciones por mucha altura de miras que quieras atribuirles. Afeas la petición de ministerios de Podemos, pero Rivera había blindado su vicepresidencia con el PSOE. Más lo que no sabemos. Y por otro lado, se miente cuando se dice que el acuerdo lo habrían aceptado los votantes de Podemos. No recogía la derogación de la Ley Mordaza, no recogía la derogación de la Reforma Laboral y el programa económico era el de FAES, propuesto por Ciudadanos. Lo cual demuestra dos cosas: una, que el acuerdo fuera progresista. La otra, que Ciudadanos sea un partido de centro. Y las dos cosas se desmienten por el mismo motivo: siguen el modelo de Aznar.

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