¿Formará Aznar un nuevo partido de derechas?

La neutralidad en política no existe, es inevitable que nuestra ideología, nuestra corriente de pensamiento haga que nuestro enfoque no pueda hacerse de modo neutro. Sin embargo, creo también que es un ejercicio interesante tratar de acercarse a esa tan difícil neutralidad.

En estos últimos tiempos, la actualidad política, tanto nacional como internacional, comienza a ser preocupante. Los populismos, esa forma fina de llamar a la extrema izquierda y derecha, comienzan a avanzar y Europa, y en realidad todo el mundo, comienza a hacer un claro retroceso en la mentalidad democrática que, desde el fin de la II Guerra Mundial, había ido siempre en aumento.

Dependiendo de la idiosincrasia del país, están creciendo los extremismos, tanto por el lado derecho como el izquierdo, pero la historia nos dice que estos polos opuestos se atraen y que, muy probablemente, donde hay extrema derecha, como sucede en Austria, por poner un ejemplo, acabará naciendo una extrema izquierda y, del mismo modo, donde hay extrema izquierda, como en el caso de España, nacerá una extrema derecha.

¿Por qué en España no hay extrema derecha fuerte a día de hoy? En mi opinión, por dos grandes cuestiones: una, que el recuerdo del franquismo hace difícil que pueda nacer una extrema derecha de un modo moderno (dentro de lo antiguo que es este pensamiento) y, dos, porque el sitio de la extrema derecha en España lo ocupan los nacionalistas. Bildu, ERC, BNG, CUP, etc. son la extrema derecha española, por más que se coloquen la camiseta de antifascistas ya que, en su perversión del pensamiento, el fascismo sólo es español y, por eso, cuando se dicen antifascistas, en realidad quieren decir antiespañoles.

Sin embargo, por más que desde la muerte de Franco se haya intentado crear una extrema derecha en España, hasta ahora ha sido imposible que esta tenga respaldo, salvo el escaño que consiguió Blas Piñar. Desde el lado más izquierdista, se achaca eso a que el sector de la extrema derecha lo controla el Partido Popular. Sobre este tema ya hemos hablado alguna vez y, repito, a mi entender, lo único a lo que creo que tengo que estar agradecido al PP es en haber centrado sus pensamientos y en haber conseguido que los que estaban en la extrema derecha voten a un partido de centro derecha acabando, de este modo, con ella, cuestión que ojalá hubiese conseguido el PSOE con la extrema izquierda y no tendríamos que lidiar, a día de hoy, con partidos que rozan lo anticonstitucional y lo antidemocrático, como Podemos.

La falta de neutralidad es lo que crea los extremos. Me hace gracia que muchas personas acepten como verdad que el PP sea un partido de extrema derecha, del mismo modo que aceptan que el PSOE no es verdaderamente de izquierda. Ese pensamiento es el que ha conseguido que nazca la extrema izquierda en España y el que, con el tiempo, conseguirá que nazca una extrema derecha real, como está ocurriendo ya en muchos países de Europa. Una extrema derecha que, como en el caso de Alemania, culpa directamente a Merkel de ser la culpable de los atentados de Berlín.

En nuestro país, hay un sector del Partido Popular que está contrario a su partido (José María Aznar, entre ellos) por haber dejado de hacer políticas de derecha. En mi opinión, el gobierno de Rajoy no hace políticas ni de derechas ni de izquierdas, hace políticas de gobierno por encima de las ideologías, algo que molesta al lado democristiano de los azules. ¿Será éste el comienzo de una nueva formación situada a la derecha del Partido Popular? El tiempo lo dirá, pero cuesta trabajo pensar que España vaya a quedar libre de esta corriente de pensamiento que está naciendo en toda Europa y, por supuesto, también en los Estados Unidos.

El hecho de que Aznar haya abandonado la presidencia de honor del PP ha creado la expectativa a muchos de que en España pueda nacer un partido más a la derecha del PP. No sé si a corto plazo esto es posible, pero quizá no estaría mal pues podría ser que esto nos pudiera acercar al estilo de otros países como Dinamarca, en los que hay hasta 9 partidos medianos y donde ninguno de ellos llega al 25% de los votos, lo que obliga a realizar gobiernos de coalición. En este caso, también tengo otra pregunta: ante el paso al extremo centro de Ciudadanos, ¿hay en España sitio para un partido de centro izquierda moderno?

La evolución democrática y las terceras elecciones

Más allá de ideologías, de tendencias y colores, la democracia española fue en evolución hasta que llegó el punto de que el bipartidismo paró el avance natural de las cosas. Me estoy refiriendo a que nuestra joven democracia, para que vaya madurando, necesita de todo tipo de gobiernos posibles.

Para España, probablemente fue bueno que en 1977 Adolfo Suárez fuera presidente tras 40 años de franquismo ya que era la forma de entrar pausada y moderadamente. Más allá de sus virtudes y defectos, ahora, con el paso de los años, sabemos que los españoles eligieron bien ya que un gobierno de izquierdas entonces hubiera supuesto un cambio demasiado brusco para el que quizá no estábamos preparados por aquellos entonces. Si ya con un Presidente de centro, que políticamente venía del franquismo y elegido por el monarca en primera instancia, se intentó un golpe de Estado, qué podría haber pasado si el Presidente hubiera sido un socialista.

Unos años después, en 1983, Felipe González conseguía la presidencia, lo cual y, lógicamente, también con virtudes y defectos, fue bueno para la democracia española ya que superábamos miedos y estigmas y éramos capaces de tomar con total naturalidad que un partido de izquierda gobernara nuestro país. González, como Suárez antes, fue hombre de Estado y por eso los socialistas tuvieron que “endulzar” su revolución.

Insisto que, más allá de los colores de cada uno, fue también un paso de madurez que en 1996 ganara un partido de la derecha conservadora. De este modo, España declaraba que podía haber una derecha constitucionalista y que los tiempos del franquismo parecían olvidados. Pero, ¿y después? Después nada, desde 1996 España no ha vuelto a evolucionar políticamente. Desde entonces, bipartidismo, intercambio de poder y del Cánovas a Sagasta y de Sagasta a Cánovas de los finales del siglo XIX.

Tras el 15M, parecía que España podía despertar, nuevas tendencias políticas podían cambiar el panorama. UPyD luchó sin éxito por acabar con el bipartidismo pero, finalmente, Ciudadanos desde el centro y Podemos desde el extremo parecían que sí iban a conseguir acabar con el bipartidismo y, no ya por los votos y escaños que iban a conseguir, sino porque parecía que, incluso, los que tenían la intención de seguir votando a PP o PSOE apostaban por una España a cuatro.

Sin embargo, parece que no estamos preparados para esta nueva evolución, sobre todo porque no acabamos de entender que los partidos deben pactar, que no hay más opciones, que lo contrario al bipartidismo es la política de pactos y, con eso, llego a la conclusión de que en España no se quiere acabar con este sistema de dos partidos, sino que hay quien quiere mantener el viejo bipartidismo y quien quiere hacer uno nuevo.

En este último caso, encontramos a Podemos, a sus políticos y a muchos de sus votantes que no quieren acabar con el bipartidismo sino que quieren formar parte de él. Más allá de si eso es buena o mala solución, lo que está demostrado es que ahora mismo no estamos preparados para eso y me temo que los votantes de Podemos reflexivos, los que han optado por la formación morada más allá del puntual enfado con la clase política y del voto de castigo, son conscientes de que han perdido la oportunidad de un cambio no aceptando el pacto de PSOE con Ciudadanos.

Tengo la sensación de que les han podido las ganas, que los aires de grandeza de Pablo Iglesias se han contagiado a muchos de sus votantes que no han sabido medir los tiempos y no han entendido que sólo había dos opciones: o PSOE+C’s o unas nuevas elecciones que favorecerían al Partido Popular.

Podemos no ha entendido que, a día de hoy, en un país como España, nadie va a pactar con la extrema izquierda por más que se disfracen de socialdemócratas. De modo que Podemos para el futuro debe apostar por dos caminos: uno, dejar el radicalismo, abandonar los nacionalismos de sus grupos catalán, valenciano y gallego y poder trabajar por estar en las decisiones, aún y perdiendo votos; y, dos, ganar por mayoría absoluta. No queda otra. Pero, claro, ganar por mayoría es imposible a día de hoy y, al abandonar el radicalismo, dejarían también de ser Podemos.

Iglesias y los suyos, refiriéndose a Ciudadanos, han dicho más de una vez que los naranjas son un recambio y no un cambio, pero la lectura correcta sería que Ciudadanos representa una evolución y no una revolución y, por más que no les guste a los podemitas, en España, a día de hoy, no se quiere una revolución y menos que esa revolución la lideren personas que son capaces de contradecirse, tanto en lo que son y como en lo que representan. Podemos dice que son el 15 M, pero el 15 M protestaba contra el gobierno de Zapatero y hoy, en cambio, Iglesias dice que Zapatero es el mejor presidente de la democracia… Entonces, ¿dónde me he perdido, señor Iglesias?

Las elecciones de diciembre supusieron un ligero paso atrás para Ciudadanos (0,8%) y un gran descalabro para Podemos (3,5%), además, y repito, más allá de tendencias políticas, quedó un panorama con sólo una posibilidad, hacer presidente a Mariano Rajoy.

Supongo que Podemos, al fin y al cabo, es utopía y, como dijo Calderón de la Barca, “los sueños, sueños son” y siguen en su no, en que la revolución será Podemos o no será. Pero la realidad es que Podemos ha estado dejando siempre el dominio de la situación a otros y en política, como en el Boxeo, el que da primero da dos veces.

Políticamente, y repito olvidándonos de colores, ahora estamos en manos de PP y de PSOE y ellos pueden elegir repetir elecciones. Y, ¿qué pasaría si hay unas nuevas elecciones? Lógicamente, eso es jugar a política ficción pero, a mi modo de ver, sería la tumba de la España a 4. Me voy a “mojar” y voy a dar un pronóstico: si hay nuevas elecciones, no creo que Podemos y Ciudadanos juntos sumen más de 60 diputados, es decir, el bipartidismo, que estaba hace un año herido de muerte, estaría vivito y coleando y todo gracias a que Podemos no ha sabido medir los tiempos.

Todas las formaciones políticas insisten en que no habrá esas terceras elecciones. Pero, ¿las habrá? Jugando a ser un asesor político que no deba mirar el bien de España y sí el bien del partido, si yo estuviera a sueldo del PP, les diría: “Tratad de conseguir el Gobierno que más vale pájaro en mano pero, sino, tranquilidad con unas terceras elecciones pues con ellas rozaríais la mayoría absoluta”.

Si estuviera a sueldo del PSOE, les diría: “No nos vienen mal unas repeticiones de las elecciones, subiríamos en diputados, acabaríamos con Podemos y Ciudadanos y sólo os quedaría esperar que el péndulo del bipartidismo cambiase para gobernar”.

Si trabajara para C’s y tuviera que mirar el bien del partido, les dejaría claro que, con unas nuevas elecciones, perderían cerca de la mitad de los diputados por la dichosa ley electoral, pero que podrían ser incluso más decisivos que ahora ya que podrían dar o no la gobernabilidad al PP. Sin embargo, y aunque suene extraño, mi recomendación para Podemos hubiera sido: “Firmad una abstención junto a PSOE y C’s y, así, controlaréis a Rajoy porque sino, ya no sólo es que vuelva el bipartidismo, sino que para Podemos se habrá cerrado la posibilidad de ser la referencia de la izquierda”.

De modo que pienso esto y me pongo a temblar. Si a PP y a PSOE les pueden interesar unas nuevas elecciones y a Podemos no les vas a sacar del eterno No, ¿cómo va a hacer Ciudadanos, que es el único que está mostrando miras de Estado, por evitarlas? Difícil tarea… esperemos que la presión popular haga que los políticos miren más por el país que por ellos mismos y eviten las terceras elecciones. En la mano de Pedro Sánchez estamos.

 

Fuente de la fotografía de portada: votaycalla.com

Hablando catalán en la intimidad

Todo el mundo conoce la historia de cómo los votantes del Partido Popular pasaron de gritar el “Pujol, enano, habla en castellano” para que, poco después, tras el llamado “Pacto del Majestic”, según el cual CiU daba apoyo a la investidura de José María Aznar como presidente del Gobierno a cambio de darle más competencias a Catalunya y del apoyo del PP a CiU, aquí en mi tierra, acabaran cantando aquello del “Pujol, guaperas, habla como quieras”. Meses después, el ya presidente Aznar rozaba lo trágicomico cuando aseguraba aquello de que “Hablo catalán en la intimidad”.

El pacto entre los conservadores catalanes y los del resto de España acabó con un PP rendido a Pujol hasta el punto de que acabaría sirviéndole en bandeja de plata la cabeza de Aleix Vidal-Quadras, el hombre que mejores resultados ha dado a los populares en Catalunya. Pronto Jordi Pujol pasó de ser un ogro nacionalista catalán a ser el español del año, un ejemplo de hombre de Estado que anteponía el bien del país a sus ideas nacionalistas catalanas.

Ahora sabemos que Jordi Pujol tuviese cogido por las partes blandas a Aznar y a Felipe González ha servido para que todos mirasen para otro lado mientras el líder nacionalista se llenaba los bolsillos (y los de sus hijos) con las mordidas del famosos 3%. Desde entonces, los gobiernos de la Generalitat y de España están en una  pelea en la cual, sobre todo, el PP finge luchar contra el nacionalismo catalán cuando, en realidad, siempre que lo necesita acaba encontrándose con él, como ha ocurrido en el reciente caso de los 10 votos fantasma.

Este caso ha hecho sonar las alarmas. ¿Conseguirá el PP el apoyo de los nacionalistas? No lo creo. “¿Con qué cara mirarían a sus votantes?” se preguntan muchos. Pero, seamos realistas, las cosas desde Catalunya se ven diferentes que desde el resto de España y, a mi parecer, a los votantes de Convergència (y cuando hablo de los votantes me refiero a los que a chorros han dejado de votarles) probablemente no les parezca mal el apoyo de Convergència al PP. Aún así, considero que es imposible el voto positivo porque eso, probablemente, significaría el fin de Junts pel Sí o al menos el apoyo de la CUP a Carles Puigdemont, lo que nos llevaría a unas elecciones que, a día de hoy, Convergència o el Partit Demòcrata de Catalunya, como se hacen llamar ahora, no podría ganar.

Pero, ¿realmente Mariano Rajoy está comenzando a hablar en catalán en la intimidad? No lo creo, porque un Sí y quizá hasta una abstención de Convergència podrían hacer que Ciudadanos votase No en la investidura de Mariano. Intuyo que la táctica del PP será pretender que, ante la posibilidad de que los nacionalistas puedan ser decisivos, C’s, que nació precisamente para eso, para acabar con el poder de los nacionalistas en el Congreso, acabe votando Sí para, de ese modo y contando el diputado de Coalición Canaria, el PP se presente con 170 votos afirmativos y con la investidura muy, muy cerca.

Pero Ciudadanos no puede hacer Presidente a Mariano Rajoy. Primero, porque es preferible que España tenga un gobierno de la fuerza más votada pero que, a su vez, deba pactar las propuestas con las demás formaciones pues, tras 4 años de reales decretos y ordeno y mando, necesitamos una legislatura consensuada y en la que los partidos tengan que llegar a acuerdos. Segundo, porque un Sí a Rajoy, por más que después no hubiera pacto de gobierno, haría que cada lunes Albert Rivera o los demás diputados de C’s tuvieran que salir a dar explicaciones de por qué apoyaron a un partido que practica la corrupción institucional y en el que no puedes quitar las manzanas podridas porque estos puedan tirar de la manta.

El PSOE debería aceptar su responsabilidad con su abstención. Así, pondría a funcionar el gobierno y, como he dicho, con 137 diputados, los populares nada podrían hacer sin llegar a acuerdos con las demás formaciones. Si eso no ocurre y Rajoy pacta con los nacionalistas, C’s debería votar en contra, pero no por rechazo al pensamiento nacionalista, de hecho, yo creo que, bien entendido, es bueno que exista ese catalanismo pero, lo dicho, siempre bien entendido. En España jamás habrá un buen entendimiento mientras los nacionalismos estén tan presentes y, cuando hablo de nacionalismo, meto también en la saca al nacionalismo castellano del PP. Sé que mucha gente no me entiende cuando escribo este mensaje, pero no se puede ser español, odiando a una parte de España; no puede ser patriota español quien rechaza, denigra o insulta o las culturas catalanas, gallegas o vascas.

El nacionalismo castellano, por encima de las realidades históricas de las autonomías, es quizá la única herencia del franquismo que sigue latente. Pero no hay más verdad que considerar un pueblo fronterizo de Girona tan España como la puerta del Sol de Madrid, que la muñeira sea tan española como las sevillanas o que el Euskera sea una lengua tan española como el castellano. Y, precisamente en no hacer ver eso, en no luchar por eso, es en lo que han traicionado los nacionalismos periféricos a sus pueblos. Jordi Pujol no intentó que se entendiera la realidad catalana, sino que buscó el enfrentamiento, ficticio o no, para ganar votos y llenarse los bolsillos. Por eso, yo siempre pongo el ejemplo que una vez puso el líder de la Lliga Regionalista Catalana en el Congreso de los Diputados. Francesc Cambó (se me enfadarán los nacionalistas catalanes por nombrarle) dijo que, si por uno de aquellos avatares de la historia, la Corte se hubiese situado en Lisboa y el portugués hubiese acabado siendo la lengua de la realeza y de sus súbditos, hoy los madrileños y los catalanes trabajarían juntos por pedir los derechos para sus lenguas.

Sin embargo, los nacionalistas catalanes, desde la Transición hasta nuestros días, no han hecho nada para normalizar las costumbres de mi tierra, sino que han hecho evidente una guerra con el PP que ha beneficiado a ambos electoralmente pero que también ha dañado la imagen de los catalanes, además de llevar a los ciudadanos de Catalunya a tensiones absurdas cuando los independentistas han hecho con el castellano lo mismo que Franco hizo con el catalán, apartarlo de las instituciones. Y, todo esto, con el beneplácito del PP, que ha decidido perder Catalunya, no pintar nada en esta autonomía para ganar votos catalanofóbicos en el resto de la nación.

Los jarrones chinos y la ecuación para formar gobierno

Felipe González dijo cierta vez que los expresidentes del Gobierno son como jarrones chinos en domicilios pequeños, que se les presume distinción y gran valor pero que nadie sabe dónde colocarlos y que, incluso, muchas veces se espera que alguien le clave un golpe, lo tire al suelo y se rompa en mil pedazos.

Lo cierto es que el que fuera primer presidente socialista tras la muerte del Dictador suele ser bastante brillante a la hora de hacer símiles. En España, los expresidentes me recuerdan a esos actores como Bela Lugosi que, de tanto interpretar a Drácula, se acabó creyendo que, verdaderamente, era un vampiro. Pues algo así ocurre con los expresidentes que parece a veces que en sus cabezas nunca dejan de serlo.

González y Jose María Aznar están últimamente dando opinión a diario sobre lo que los políticos actuales deben o no deben hacer. Imagino que, en esas posturas, hay cierto paternalismo, esa cuestión muy de los padres de no darse cuenta que sus hijos ya son adultos y que este tiempo es el de ellos.

Eso no quita que todos miremos sus palabras con atención pues, al fin y al cabo, el primer presidente del socialismo y el primero de los populares, con sus luces y sus sombras, han marcado la historia de la España reciente.

A mi modo de entender, ambos tienen algo en común y que es positivo: ambos hablan con una gran visión de estado. Imagino que es mucho más fácil hacerlo ahora que están relativamente fuera de la política, pero sí es cierto que en sus palabras podemos ver que están mirando más por el bien de España que por el bien de sus partidos.

José Maria Aznar, en el acto de clausura del Máster en Gobierno, Liderazgo y Gestión Pública del Instituto Atlántico y que presidió, manifestó que el Partido Popular se estaba equivocando de estrategia, que se equivocaban polarizando el electorado upues no es bueno para el país radicalizar, dividir y enfrentar a unos españoles contra otros.

Es decir, el Presidente Aznar se ha quejado de eso mismo que yo he escrito otras veces en este blog y es que, por más que dé votos y que que como táctica sea buena, es muy peligroso que el PP dé alas a la extrema izquierda de Podemos y a los separatistas catalanes ya que, a día de hoy, en unas elecciones que estuvieran entre Partido Popular y Podemos, los que no son de uno u otro probablemente prefieran el malo conocido que el bueno por conocer.

Aznar también criticó que en los populares reine el personalismo y advirtió que, si para seguir gobernando hace falta un cambio de caras, ningún integrante del PP debería colocarse por encima del bien del partido.

Precisamente en esas es donde nace la dificultad para los populares porque, por más que presumiblemente vaya a ser la fuerza más votada, es casi imposible que tengan mayoría y, si necesitan apoyos, ¿quién se los va a dar? Con el PSOE, las relaciones están rotas y Ciudadanos, además de tener que soportar los insultos, las descalificaciones y los improperios de los populares, tienen algo aún mayor que les separa, la corrupción y los aforamientos.

Y dirán ustedes, ¿y la corrupción del PSOE? Y ahí hay una clara diferencia y es que estarán ustedes de acuerdo conmigo en que la corrupción puede salir en cualquier partido, que no todos los líderes autonómicos o municipales serán de la confianza de sus líderes generales, pero ahí hay una diferencia clara entre PSOE y PP y es que los populares ponen a dedo a sus representantes y que, si el dedo divino de Mariano Rajoy ha puesto donde están a los corruptos, eso le hace por acción o por omisión máximo responsable de lo que pasa en su partido.

Felipe Gónzalez también ha hablado estos días, lo hizo durante el coloquio Venezuela, una reflexión sobre el presente donde dejó claro que las políticas del país sudamericano no podían llegar a España, en clara referencia a Podemos. Pero también dijo que un gobierno de gran coalición difícilmente podía darse y que no veía a ministros socialistas bajo la Presidencia de Mariano Rajoy. Entonces, ¿qué alternativa hay? Hubo una frase de González que me hizo entender cuál es el camino que el expresidente ve viable. Vino a decir que, además de dividirse España entre derecha e izquierda y entre lo nuevo y lo viejo, también se dividía entre los que pueden llegar a acuerdos y los que no.

¿Apuesta González por un pacto antes de las elecciones? ¿Cree el expresidente que, como ocurre en Dinamarca, los partidos deberían decir antes de los comicios con quién van a pactar? ¿Apuesta el líder socialista por una unión PSOE-Ciudadanos antes de las elecciones? Lo cierto es que, como a mi parecer, si dio a entender González que el pacto de 200 puntos se reforzara y los líderes de ambos partidos dijeran que van a unir sus diputados, difícil papeleta tendría el Partido Popular ya que, hasta ahora, siempre ha basado su discurso en ser la fuerza más votada. De este modo, no lo sería y, en ese caso, como piden los populares, ¿dejarían gobernar a la fuerza más votada? ¿Dejarían que hubiera un gobierno de Sánchez y Rivera?

 

Fuente de la fotografía de portada: www.abc.es

Ciudadanos (la historia) – Capítulo III

Continuamos repasando la historia de Ciudadanos (recordad que podéis encontrar el Capítulo II clickando aquí):

 

En las Generales del 2000, el Partido Popular ganó con mayoría absoluta y en Catalunya se votaba más a Socialistas que a CiU. Sin embargo, el desencanto de los catalanes de izquierda no nacionalista crecía con el PSC de Maragall, que cada vez se mostraba más catalanista, lo que creaba un debate interno en los socialistas entre los que podíamos denominar más cercanos al PSC y los que, al contrario, eran más cercanos al PSOE.

Para las Autonómicas del 2003, el PSC volvía a ser el más votado, pero volvía a perder las elecciones. CiU debía pactar para tener mayoría, sin embargo, esta vez no le sería suficiente con el PP y realizar un pacto por la derecha. La única opción era pactar con Esquerra Republicana, pero los republicanos lo prefirieron realizar con el PSC e Iniciativa per Catalunya – els Verds, en un gran pacto de izquierdas que sería conocido como el Tripartido.

Ese día y con ese pacto, nació de algún modo el sentimiento del que años más tarde nacería Ciudadanos.

“De movimiento ciudadano a partido político”

Lo que en Catalunya no cuajó durante los 23 años de gobiernos nacionalistas presididos por Jordi Pujol sí lo hizo en los primeros 18 meses del Gobierno formado por tres partidos de izquierdas y presidido por el socialista Pasqual Maragall: la creación en Catalunya de un partido cuya fundamentación fuese combatir el nacionalismo catalán.

El manifiesto fue presentado en un restaurante de la Plaza Real de Barcelona, en una de las conferencias de prensa que reunió a más periodistas de en los últimos años en la ciudad condal.

Uno de los promotores, el periodista Arcadi Espada, definió así el sentimiento que anima a los que han lanzado la iniciativa:

“Yo no voté al partido socialista en las elecciones catalanas (2003) para que hiciera en el Gobierno más nacionalismo del que hacía estando en la oposición (…) Nosotros no somos nacionalistas. Somos españoles del Estado español, el único que existe (…) Esquerra Republicana es la extrema derecha catalana y el PP, perdió su credibilidad como oposición al nacionalismo catalán cuando defenestró a Alejo Vidal-Quadras para lograr el apoyo de CiU al Gobierno de José María Aznar”. También le invalida, agregó, “el hecho de que se disponga a aceptar que el Estatuto de Autonomía defina a Catalunya como nación”.

Félix Ovejero explicó que el objetivo es “recuperar la idea de ciudadanía catalana frente a la idea de Catalunya; una idea de ciudadanía no excluyente. Lo que mueve a muchos de los firmantes de la propuesta”.

Según explicó otro de los impulsores del proyecto, el catedrático de Derecho Constitucional Francesc de Carreras, era la decepción por la deriva tomada por el PSC, en el que habían puesto su confianza. “Nuestro escepticismo acerca de que el PSC pueda cambiar esta situación es total. (…) Nuestras coordenadas políticas e ideológicas de los promotores se sitúan en ámbitos parecidos a los de movimientos surgidos en el Euskadi como ¡Basta Ya! y Foro Ermua, nacidos al calor de la lucha contra ETA”.

Félix de Azúa definió la iniciativa como una reacción al monopolio de la representación política por los nacionalistas. “En pocos lugares como en Catalunya puede crear problemas la mera expresión de las ideas políticas si no coinciden con las de los nacionalistas. Tanto es así, que muchas personas me han expresado su apoyo al manifiesto, pero no lo han querido firmar por miedo a que se les hiciera el vacío”.

No tardaron en llegar las opiniones de los partidos políticos. A Convergència i Unió, la nueva plataforma le caía simpática pues, al fin y al cabo, si se convertía en partido, le quitaría votos al PSC, es decir, su máximo competidor por la Generalitat. El portavoz de CiU, Felip Puig, dijo que la nueva formación nacía porque el PSC y el PP “no hacían bien su trabajo”.

El portavoz del Partido Popular, Francesc Vendrell, sin embargo, opinaba que quien de verdad tenía un problema no era su partido, sino el PSC.
La diputada socialista Lidia Santos afirmó que el PSC “no es nacionalista, sino catalanista” y que “el llamamiento de estos intelectuales respondía a una visión de Catalunua que no es real ni cierta”.

Esa fue la visión de los principales partidos políticos, pero ¿cuál fue la reacción de la prensa?

Parecida a la de los partidos: los medios pro Pujol sonreían ante los problemas del PSC y de cómo personas que antes habían votado a los socialistas ahora organizaban un nuevo partido.

Los medios nacionales se dividían. Los de derecha ignoraban bastante a Ciutadans de Catalunya, pero sonreían ante la debacle del PSC y también ante el nacimiento de un grupo que criticaba el nacionalismo catalán.

Por otra parte, estaba la prensa de izquierdas, la cual trataba de ridiculizar el movimiento, como Jordi Sánchez quien, el 13 de junio de 2005 en el prestigioso diario El País, llamó “provincianos” a los miembros del movimiento y habló de lo peligroso que era que entre los firmantes del movimiento hubiera algunos que desempeñan una labor docente.

Lo cierto era que, por aquel entonces, todo el que hablaba del peligro independentista, del adoctrinamiento anti español en los colegios o de la balcanización de España, era tachado de loco. Ahora, los hechos hacen que sepamos que todo aquello era cierto.

 

Fuente de la fotografía de portada: elpais.com

Ciudadanos (la historia) – Capítulo II

Continuamos resiguiendo la historia de Ciudadanos (recordad que podéis encontrar el Capítulo I clickando aquí):

El referéndum que ratificó la Constitución española de 1978 tuvo lugar el miércoles 6 de diciembre y la pregunta planteada fue “¿Aprueba el Proyecto de Constitución?”.

Fue aprobado por el 87,78% de votantes y con una participación del 67,11 de la población.

En Catalunya, se siguió luchando por el Estatut de Autonomia y el 25 de octubre de 1979 fue sometido a referéndum de los catalanes, siendo apoyado por el 88,1% de los votantes y con el 7,8% de votos negativos, aunque la participación fue baja 59,6%, debido al desgaste de imagen de la Generalitat provisional. Esa aprobación llevó a que el 20 de marzo de 1980 se celebraran las primeras elecciones autonómicas en Catalunya. La formación más votada fue Convergència i Unió (43 escaños), superando al PSC-PSOE (33), PSUC (25), UCD (18), ERC (14) y al Partido Andalucista (2). De modo que Jordi Pujol, líder de CiU, fue investido presidente con el apoyo de la Unión de Centro Democrático.
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Nervios

Faltan más de dos meses para las elecciones. Aún hay mucha tela que cortar tras las municipales y autonómicas, sin embargo, los nervios comienzan a notarse y en varios partidos. Quizá Ciudadanos es quien está más tranquilo, sobretodo porque las demás fuerzas con sus errores le están haciendo la campaña.

En el PP no parecen tener muy claro dónde está situado Ciudadanos. Mientras que José María Aznar dice que le están comiendo terreno en el centro derecha, Javier Maroto lee los estatutos de C’s y asegura que, al ser de centro izquierda no puede quitar votos al PP. Quizá ese sea el mayor error del PP, creer que los votos son de alguien. Los votos son de las personas, de todos esos ciudadanos que los prestamos a los partidos políticos durante cuatro años. Después se nos devuelven y podemos utilizarlo como queramos. Solamente hay que mirar los resultados electorales para saber que hay millones de personas que han votado a PP y a PSOE en diferentes elecciones, es decir, que no son de derecha ni de izquierda sino que, estando en el centro, han votado a uno o a otro según a su modo de ver quien más lo merecía.

Pero el PP no es el único que cree que hay que definirse entre azules y rojos, también Pedro Sánchez. El líder del PSOE ha pedido a Ciudadanos que manifieste a quién apoyaría, si a PP o a ellos, en un hipotético gobierno y si seguirían ayudando a la fuerza más votada como se ha hecho en las autonómicas. Lo cierto es que esas palabras de Pedro Sánchez son sonrojantes. Albert Rivera ya ha dicho infinidad de veces que Ciudadanos va a salir a ganar el partido, que se presenta a las elecciones con intención de ganar y que, en el caso de no ser así, habría que mirar cómo estaría el panorama para decidirse.

PP y PSOE no entienden que la idea de Ciudadanos no es ser un partido bisagra, sino que Ciudadanos es un proyector para gobernar España desde esa tercera vía que ya gobierna en Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Holanda o Luxemburgo. Después, si los españoles le dan la confianza a otra fuerza, habrá que sentarse con ellos como compatriotas que somos y como personas que tenemos un mismo fin que es el bien de España. Eso sí, llegado el caso que otra fuerza necesite el apoyo de C’s, tendrá que tener algunas cosas claras. Ciudadanos no va entrar en un gobierno que no dirija y el partido que quiera gobernar tendrá que aceptar las ideas de Ciudadanos para la regeneración democrática. Si no es así, tendrán que buscar un nuevo apoyo porque Ciudadanos ha llegado para cambiar la política, no para dejarla tal y como está.

Donde también hay nervios es entre Podemos e Izquierda Unida que, al final y ya definitivamente (de momento), no irán juntos en estas generales. Ahora es Izquierda Unida quien parece que no quiere formar parte de Podemos. Imagino que las últimas encuestas y el bajón de los resultados de Catalunya han hecho ver a IU y a su líder Alberto Garzón que quizá les puede ir mejor por separado. Sea como fuere, Podemos tratará de remontar, pero cuando las elecciones se acercan que tu única arma sea criticar lo que hacen los demás es posible que no sea la mejor de las cartas.

Mordaza; La ley de la vergüenza

El PP de Mariano Rajoy aprobó la conocida como Ley Mordaza, dada su mayoría en el Parlamento y sin apoyo alguno del resto de los partidos. Lo cierto es que de cara a la mayoría de la opinión pública, ha sido un acto de censura casi sin precedentes en la democracia de España.

No sé hasta qué punto esta ley podía haber sido vista con otros ojos en otro momento de la historia pero, a día de hoy, con el PP repleto de presuntos corruptos y con la población indignada, da la sensación que es una ley para proteger a los Bárcenas, Rato, Pujol etc. y para condenar a los indignados y a los nuevos partidos que han surgido del movimiento ciudadano. Leer más