Hablando catalán en la intimidad

Todo el mundo conoce la historia de cómo los votantes del Partido Popular pasaron de gritar el “Pujol, enano, habla en castellano” para que, poco después, tras el llamado “Pacto del Majestic”, según el cual CiU daba apoyo a la investidura de José María Aznar como presidente del Gobierno a cambio de darle más competencias a Catalunya y del apoyo del PP a CiU, aquí en mi tierra, acabaran cantando aquello del “Pujol, guaperas, habla como quieras”. Meses después, el ya presidente Aznar rozaba lo trágicomico cuando aseguraba aquello de que “Hablo catalán en la intimidad”.

El pacto entre los conservadores catalanes y los del resto de España acabó con un PP rendido a Pujol hasta el punto de que acabaría sirviéndole en bandeja de plata la cabeza de Aleix Vidal-Quadras, el hombre que mejores resultados ha dado a los populares en Catalunya. Pronto Jordi Pujol pasó de ser un ogro nacionalista catalán a ser el español del año, un ejemplo de hombre de Estado que anteponía el bien del país a sus ideas nacionalistas catalanas.

Ahora sabemos que Jordi Pujol tuviese cogido por las partes blandas a Aznar y a Felipe González ha servido para que todos mirasen para otro lado mientras el líder nacionalista se llenaba los bolsillos (y los de sus hijos) con las mordidas del famosos 3%. Desde entonces, los gobiernos de la Generalitat y de España están en una  pelea en la cual, sobre todo, el PP finge luchar contra el nacionalismo catalán cuando, en realidad, siempre que lo necesita acaba encontrándose con él, como ha ocurrido en el reciente caso de los 10 votos fantasma.

Este caso ha hecho sonar las alarmas. ¿Conseguirá el PP el apoyo de los nacionalistas? No lo creo. “¿Con qué cara mirarían a sus votantes?” se preguntan muchos. Pero, seamos realistas, las cosas desde Catalunya se ven diferentes que desde el resto de España y, a mi parecer, a los votantes de Convergència (y cuando hablo de los votantes me refiero a los que a chorros han dejado de votarles) probablemente no les parezca mal el apoyo de Convergència al PP. Aún así, considero que es imposible el voto positivo porque eso, probablemente, significaría el fin de Junts pel Sí o al menos el apoyo de la CUP a Carles Puigdemont, lo que nos llevaría a unas elecciones que, a día de hoy, Convergència o el Partit Demòcrata de Catalunya, como se hacen llamar ahora, no podría ganar.

Pero, ¿realmente Mariano Rajoy está comenzando a hablar en catalán en la intimidad? No lo creo, porque un Sí y quizá hasta una abstención de Convergència podrían hacer que Ciudadanos votase No en la investidura de Mariano. Intuyo que la táctica del PP será pretender que, ante la posibilidad de que los nacionalistas puedan ser decisivos, C’s, que nació precisamente para eso, para acabar con el poder de los nacionalistas en el Congreso, acabe votando Sí para, de ese modo y contando el diputado de Coalición Canaria, el PP se presente con 170 votos afirmativos y con la investidura muy, muy cerca.

Pero Ciudadanos no puede hacer Presidente a Mariano Rajoy. Primero, porque es preferible que España tenga un gobierno de la fuerza más votada pero que, a su vez, deba pactar las propuestas con las demás formaciones pues, tras 4 años de reales decretos y ordeno y mando, necesitamos una legislatura consensuada y en la que los partidos tengan que llegar a acuerdos. Segundo, porque un Sí a Rajoy, por más que después no hubiera pacto de gobierno, haría que cada lunes Albert Rivera o los demás diputados de C’s tuvieran que salir a dar explicaciones de por qué apoyaron a un partido que practica la corrupción institucional y en el que no puedes quitar las manzanas podridas porque estos puedan tirar de la manta.

El PSOE debería aceptar su responsabilidad con su abstención. Así, pondría a funcionar el gobierno y, como he dicho, con 137 diputados, los populares nada podrían hacer sin llegar a acuerdos con las demás formaciones. Si eso no ocurre y Rajoy pacta con los nacionalistas, C’s debería votar en contra, pero no por rechazo al pensamiento nacionalista, de hecho, yo creo que, bien entendido, es bueno que exista ese catalanismo pero, lo dicho, siempre bien entendido. En España jamás habrá un buen entendimiento mientras los nacionalismos estén tan presentes y, cuando hablo de nacionalismo, meto también en la saca al nacionalismo castellano del PP. Sé que mucha gente no me entiende cuando escribo este mensaje, pero no se puede ser español, odiando a una parte de España; no puede ser patriota español quien rechaza, denigra o insulta o las culturas catalanas, gallegas o vascas.

El nacionalismo castellano, por encima de las realidades históricas de las autonomías, es quizá la única herencia del franquismo que sigue latente. Pero no hay más verdad que considerar un pueblo fronterizo de Girona tan España como la puerta del Sol de Madrid, que la muñeira sea tan española como las sevillanas o que el Euskera sea una lengua tan española como el castellano. Y, precisamente en no hacer ver eso, en no luchar por eso, es en lo que han traicionado los nacionalismos periféricos a sus pueblos. Jordi Pujol no intentó que se entendiera la realidad catalana, sino que buscó el enfrentamiento, ficticio o no, para ganar votos y llenarse los bolsillos. Por eso, yo siempre pongo el ejemplo que una vez puso el líder de la Lliga Regionalista Catalana en el Congreso de los Diputados. Francesc Cambó (se me enfadarán los nacionalistas catalanes por nombrarle) dijo que, si por uno de aquellos avatares de la historia, la Corte se hubiese situado en Lisboa y el portugués hubiese acabado siendo la lengua de la realeza y de sus súbditos, hoy los madrileños y los catalanes trabajarían juntos por pedir los derechos para sus lenguas.

Sin embargo, los nacionalistas catalanes, desde la Transición hasta nuestros días, no han hecho nada para normalizar las costumbres de mi tierra, sino que han hecho evidente una guerra con el PP que ha beneficiado a ambos electoralmente pero que también ha dañado la imagen de los catalanes, además de llevar a los ciudadanos de Catalunya a tensiones absurdas cuando los independentistas han hecho con el castellano lo mismo que Franco hizo con el catalán, apartarlo de las instituciones. Y, todo esto, con el beneplácito del PP, que ha decidido perder Catalunya, no pintar nada en esta autonomía para ganar votos catalanofóbicos en el resto de la nación.

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