Tierra de traidores

Vaya por delante que, a mí, personalmente, la social democracia me parece una ideología muy respetable y que coincide, en bastantes cuestiones, con mis pensamientos. Sin embargo, a día de hoy, creo que no hay formación política que se sujete más con pinzas que la del caso del PSOE… Y qué decir ya del Partido de los Socialistas de Catalunya que, después de tantos años, aún no ha decidido qué va a ser de mayor.

Yo siempre he apostado (y en mi blog lo he reflejado en ciertas ocasiones) que el panorama político ideal para la buena marcha de una nación es aquel que incluye ocho o nueve formaciones cubriendo todo el universo de tendencias políticas, no teniendo, además, ninguno de ellos una gran masa social detrás, como ocurre en Dinamarca donde las diferentes formaciones están, así, obligadas a entenderse.

No obstante a ello,  opino que el PSC sobra en Catalunya. Eso no quiere decir que quiera su disolución, obvio que no, puesto que cuántas más formaciones políticas haya, mejor será nuestra salud democrática. Lo que ocurre es que pienso que el PSC no representa prácticamente a nadie en Catalunya.

No hace mucho que escribí, en mi artículo “Iceta y Parlón, dos caras de la misma moneda“, que el problema histórico del Partido de los Socialistas Catalanes es que las élites de la formación son burguesas y catalanistas y sus votantes, obreros y constitucionalistas. Entonces, ¿por qué existe un Partido que prácticamente no representa a nadie?

Más allá de que la base del socialismo sea (o fuese) llamar a los trabajadores del mundo a unirse, motivo por el cual los territorios no pueden estar por encima de las personas, lo que conlleva a que no se pueda ser socialista y nacionalista a la vez.

Entonces, ¿a quién representa el PSC? ¿Quizá a hijos de burgueses venidos a menos que ya no son conservadores porque cada vez tienen menos que conservar? ¿O a los hijos de familias adineradas que se sonrojan cuando su padre catalanista dice que con Franco se vivía mejor? Porque a quién, desde luego, no representa es a la clase trabajadora, a esas personas que les llevaron a gobernar en los ayuntamientos, la Generalitat y a la Moncloa.

El PSC jamás ha representado al prototipo de votante de la zona metropolitana que, desde luego, no es nacionalista, ni tan siquiera cuando colocaron el señuelo de Montilla, un cordobés que hizo las delicias del nacionalismo convirtiéndose en el Presidente que colocó a los castellanohablantes como ciudadanos de segunda en su propio país.

El despertar de estos votantes vino con el Tripartito y el gobierno junto a Iniciativa y Esquerra y, sobre todo, con el Estatut de 2006 que sirvió para dar alas al separatismo catalán que tan presente está a día de hoy. De ahí nació Ciudadanos y de ahí están surgiendo ahora plataformas que abogan por un PSOE catalán separado del PSC y otras formaciones como CINC (Centro Izquierda Nacional), promovida por Antonio Robles.

El PSC perdió votos: los que eran nacionalistas más que socialistas abrazaron a ERC, los que eran constitucionalistas antes que catalanistas se fueron a Ciudadanos y, antes de las elecciones a la Generalitat del 27 de septiembre de 2015, temieron que los jóvenes y los situados más a la izquierda se fueran a Podemos. Por eso, ante el desastre, Iceta y los suyos entonaron un discurso españolista ante unas elecciones que se vendían como un plebiscito de independencia.

Ese cambio de registro hizo que salvaran los muebles, que Iceta pudiera bailar una vez más a las notas de Queen y que, a pesar de haber perdido desde el primer Tripartit medio millón de votantes y 26 diputados en el Parlament, se considerara un triunfo.

Aún así, para los burgueses que dirigen a los Socialistas de Catalunya debía de ser duro estar en el lado de lo que los separatistas mal llaman “unionistas”. Me imagino la situación en las zonas altas de Barcelona: tener que bajar en el ascensor con su vecinos de Convergència y escuchar el carraspeo del convergente mientras que el socialista, avergonzado, mira el suelo y sólo se atreve a decir “Sembla que farà bon dia avui”. (parece que hará buen día hoy)

Por eso, a Iceta y los suyos se les hizo la boca agua cuando observó que el PSOE permitía el gobierno de Mariano Rajoy. Era la excusa ideal para separarse de los suyos, abrazar de nuevo el catalanismo, poder mirar a sus vecinos en el ascensor y todo fingiendo un gran malestar por permitir gobernar a la derecha (esa memoria selectiva que no recuerda que el PSC dejó gobernar a Convergència)

Lógicamente, unirse a los separatistas sería ahora un cante y además perdería su electorado más fiel, el del llamado Cinturón Rojo. Por eso, los socialistas de Catalunya quieren volver a su espacio de siempre, al del sí pero no, en el que desde el constitucionalismo trabajan para el nacionalismo catalán. El problema es que ese espacio ahora también lo ocupa Podemos, Colau y compañía, eso que se empieza a llamar “Los Comunes”. De modo que ya se empieza a hablar de que haya un frente de izquierda entre el PSC y Los Comunes para asaltar el trono de Junts pel Sí.

De este modo, cuando los separatistas caigan, el frente de izquierda tomará el relevo y seguirá trabajando (con disimulo) por el nacionalismo catalán y porque en Catalunya siga habiendo catalanes de primera y de segunda categoría. El PSC pretende volver a traicionar a sus votantes. Nada nuevo en el horizonte, estamos en tierras de traidores, ya sólo nos falta ver cómo acaba, si volverá a dejarse engañar la Catalunya obrera o si sólo les votarán los hijos de burgueses venidos a menos, que ya no son conservadores porque cada vez tienen menos que conservar, o los hijos de familias adineradas que se sonrojan cuando su padre catalanista dice que con Franco se vivía mejor.

Anuncios

Iceta y Parlon, dos caras de la misma moneda

La historia del PSC, desde el inicio de la democracia, es compleja. Esta formación, dirigida por una parte de la burguesía catalana, ha tratado de hacer equilibrios entre sus dirigentes catalanistas, a menudo nacionalistas catalanes y alguna vez hasta independentistas, y sus votantes, mayoritariamente catalanes venidos desde otros puntos de España, que están totalmente en contra del nacionalismo catalán y que votan al PSC creyendo que estos y el PSOE son el mismo partido, pensando que tienen la misma ideología y los mismos fines. Pero no es así.

Las élites del PSC, burguesas y catalanistas, y sus votantes, obreros y constitucionalistas, crean la gran división del PSC. Sin embargo, en estas primarias no había esas dos corrientes sino que tanto Iceta como Parlon representan el lado nacionalista, con la única diferencia de que Iceta y su equipo representan a la visión antigua de hacer política y Parlon a la nueva. Por decirlo de modo que se entienda, Iceta es de los socialistas que le han dorado la píldora a Convergència y al Pujolismo, mientras que Parlon representa al PSC que quiere hacer lo propio con Esquerra y Podemos. Es decir, no son lo mismo exactamente, pero sí tienen el mismo fin, complacer al nacionalismo catalán.

En el PSC, los nacionalistas son los menos, pero ocupan el poder. A veces, extratégicamente, colocan de cabeza de cartel a un “charnego”, como es el caso de Montilla, pero quienes les dirigen son las mismas familias burguesas. La táctica de poner a un cordobés al frente del PSC fue un gran juego de trileros para una sociedad catalana que comenzaba a despertar ante las injusticias de los gobiernos de Pujol, que habían colocado a los castellanohablantes como ciudadanos de segunda. Sin embargo, el gobierno del Tripartit, liderado por Montilla, fue el que más daño hizo a este sector de la población en un Estatut que colocaba a los castellanohablantes como ciudadanos de segunda en su propia tierra.

¿Qué pensarían ustedes si la Constitución dijese “La raza de los españoles es la blanca, pero también hay españoles de otras razas”? Yo pensaría que situa a las otras razas como de segunda categoría, ¿no es cierto? ¿O qué pensarían si el Estatuto dijese “La orientación sexual de los catalanes es la heterosexualidad pero también hay catalanes homosexuales, bisexuales o transexuales”? Yo pensaría que sitúa a estas últimas tendencias sexuales como de segunda categoría o minoritarias. ¿Y si cualquier constitución europea dijese que la religión de la nación es la católica, aunque también hay europeos que tienen otra religión? Yo pensaría que se coloca como ciudadanos de segunda a los no católicos. Pues, bien, el Estatuto de Catalunya del PSC de 2006, en el artículo 3 apartado 2º, dice que: El idioma catalán es el oficial de Cataluña, así como también lo es el castellano.  Lo que, obviamente, sitúa a los castellanohablantes como catalanes de segunda categoría.

Ya contaba Oriol Bohigas en Entusiasmos compartidos y batallas sin cuartel, que Joan Reventós, presidente de Convergència socialista, le advirtió del “peligro de un triunfo en solitario del PSOE en Catalunya”. En aquella época, la Federación Catalana del PSOE tenía gran implantación social, pero no era nacionalista, mientras Reagrupament era nacionalista pero no tenía apoyo social. De este modo, Joan Reventós entiende que la única salida es aliarse con el PSOE pues así conseguía los votos de las personas que votaban a Felipe González y se los llevaba a una formación en realidad nacionalista. El propio Reventós escribiría en sus memorias inacabadas Tal com ho vaig viure (Tal y como lo viví) que: “Los socialistas nos hubieran partido en dos mitades. Y preferí la hegemonía de Pujol”.

Quizá habría que dedicar una entrada de blog únicamente a Reventós para entender del todo lo que sucedió a finales de los setenta y principios de los ochenta y cómo el PSC ha hecho funciones de centrifugadora para recoger votos de obreros constitucionalistas, venidos del resto de España, para utilizarlos para los nacionalistas catalanes y burgueses, con algo tan ilógico como el propio Reventós escribió también en sus memorias y donde decía defender “La igualdad del género humano; la consciencia de la persona como sujeto de derechos y deberes; la identidad nacional de mi pueblo y mi país, Cataluña; la democracia, basada en las libertades individuales y nacionales, como mejor sistema político“.

¿La igualdad del género humano tratando a los que vinieron desde otros puntos de España como ciudadanos de segunda? ¿Socialismo y nacionalismo a la vez?

El PSC unió sus siglas en los primeros años (PSOE-PSC) para, una vez todos pensaran que era lo mismo, hacer desaparecer las siglas del partido nacional y quedarse sólo con PSC, Partit dels Socialistes de Catalunya. ¡Ojo! No Partido Socialista Catalán, sino Partido de los Socialistas de Catalunya, suprimiendo, por supuesto, la O de Obrero porque en el PSC nunca hubo obreros hasta que los andaluces, murcianos y extremeños entraron en política, normalmente para atraer votos pero sin aspiraciones políticas, a no ser que se catalanizaran. Desde luego, ni Reventós, estudiante en el Colegio de los Jesuitas de Sarrià y con residencia en el barrio de clase alta de Sant Gervasi, ni ninguno de los suyos eran obreros. Además, cabe destacar que el símbolo escogido por el PSC resalta la C, siendo más gruesa que la P y la S, para dejar a las claras que es más importante Catalunya que ser el Partit dels Socialistes.

2000px-Logotip_del_PSC.svg.png

El PSC ha estado en muchas de las intrigas palaciegas. En 1999, del mismo PSC, salieron las denuncias a dos colaboradores para que Josep Borrell no fuese secretario general del PSOE. De ese modo, como escribió Antonio Robles en su obra, Del fraude histórico del PSC al síndrome de Catalunya, había que acabar con el líder socialista catalán que no se avergonzaba de ser español, de ser de izquierdas y de considerar el nacionalismo como un instrumento de la burguesía”.

Curiosamente, este hecho se vendió al revés, como la muestra evidente de que las élites no querían que España fuese gobernada por un catalán.

El PSC comenzó su decadencia cuando los obreros de la zona metropolitana y de los de los pueblos costeros de Tarragona comenzaron a ver que Ciudadanos les representaba más y mejor. Desde entonces y observando la bajada de votos, han tratado de cambiar su ruta y separarse del nacionalismo catalán, pero es una pose, lo sabemos, pues ya nos han engañado con el mismo truco otras veces. Por eso, el PSC ha pasado de ser la primera fuerza en Catalunya a ser la cuarta, tras Convergència, Esquerra y Ciudadanos y, por este motivo también, personas que estaban en el PSC han formado una plataforma para hacer un Partido Socialista no nacionalista para Catalunya. De este modo, para estas primarias, han puesto como rival de Iceta a Parlon, que es aún mucho más nacionalsita que él, para que dé la sensación de que ha vencido el que no es nacionalista, pero que todos sabemos que sí lo es.

 

Fuente de la fotografía de portada: lavanguardia.com

Los últimos de Filipinas

El sitio de Baler fue un asedio al que fue sometido un destacamento español por parte de los insurrectos filipinos en la iglesia del pueblo de Baler, en Luzón (Filipinas), durante 337 días. España y Estados Unidos pusieron fin a la guerra y España cedío la soberanía a los Estados Unidos. Sin embargo, durante los últimos seis meses, los hombres atrincherados en Baler siguieron defendiendo sus posiciones, no creyendo que la guerra ya había acabado. A esta heroica defensa de aquellos hombres se le conoce como “Los últimos de Filipinas”.

De ese momento histórico me acordé al ver a Pedro Sánchez y los suyos atrincherados en la sede del PSOE de Ferraz; algo que vi con tristeza y que, junto al años sin gobierno y al intento golpista de los separatistas de Catalunya, hace que sea el momento más frágil de la historia de nuestra joven democracia. No es bueno para el país, más allá de nuestros ideales políticos, lo que está sucediendo en el Partido Socialista.

Lógicamente, los problemas del partido hasta ahora liderado por Pedro Sánchez no vienen de nuevo pues el PSOE tiene un pasado turbio del que, para saber más, recomiendo la lectura del libro de Juan Carlos Girauta La Verdadera Historia del PSOE (Buenas Letras, 2010),  desde el inicio  han tenido que convivir bajo las mismas siglas personas que ideológicamente iban desde el socioliberalismo hasta el socialismo marxista, pasando por la Social Democracia. Para más dificultad, ha de convivir con las 17 identidades diferentes que tiene el PSOE en cada una de las autonomías.

Creo que ese ha sido uno de los grandes problemas del partido socialista, tener tan diferentes discursos y, de hecho, de ahí surgieron los nuevos partidos Ciudadanos y Podemos. Aún recordamos a Pedro Sánchez presentándose a candidato con una gran bandera española tras él, tratando de dar normalidad a que la izquierda no se avergüence de la bandera de la España democrática, mientras que en Valencia Ximo Puig pactaba con un partido pancatalanista como Compromís, en ciudades catalanas se gobierna junto a ERC o la CUP y en Galicia con el BNG, por no hablar de la gran multitud de pactos con Podemos, partido que defiende referéndum ilegales para romper España.

Cierto es que el PSOE ha puesto mucho de su parte para estar como está, pero no es menos cierto que PP y Podemos hayan aprovechado muy bien su debilidad para acabar de romper a los socialistas. El PSOE ha sido tirado de un brazo por Populares y del otro por Podemistas hasta que se han roto por la mitad. Hace unos meses, Pablo Iglesias tuvo en su mano que Sánchez fuera presidente del gobierno y votó, junto al PP y los independentistas, incluido Bildu, contra él, recordando la cal viva. Para Podemos, no era posible aceptar un gobierno de PSOE con C’s pero sí veía viable un gobierno con ellos más sus mareas y los que desean romper España.

En ninguna cabeza (sana) cabe la posibilidad de que se pueda pactar una investidura de gobierno con partidos que quieren romper la unidad nacional que ese gobierno representaría. Sin embargo, tenemos que oír a personajes como Miquel Iceta, que antes de las autonómicas calcaba el discurso de unidad de catalanes que defendía Inés Arrimadas para C’s, proponer ahora un gobierno de Sánchez con el consentimiento de los separatistas en un Parlament Catalán donde Puigdemont está anunciando el intento de dar un golpe de Estado a la soberanía popular.

¿Cuántos PSOE hay? Es muy normal tener varias corrientes dentro de un partido, pero ¿hasta qué punto? Una de las grandes dificultades que tienen los socialistas es la red clientelar que les da votos pero que, a su vez, les hace tener dentro de sus muros personas de tan diferente pensamiento. Me consta que hay personas dentro del PSOE que miran lo mejor por el partido, más allá de lo que sea lo mejor por el país e, incluso, no siendo fiel a sus propios pensamientos, y eso a la larga trae problemas. El PSOE se comporta como una empresa, una sociedad en la que muchos de los que están dentro tratan de hacer lo mejor para progresar, a pesar de sus ideologías.

Veremos qué ocurre en los nuevos episodios pero, de cara a lo que nos preocupa a los que no somos votantes socialistas, tenemos que estar expectantes pues verdaderamente creo que, a día de hoy, lo mejor para España es que el PSOE deje gobernar al PP en minoría y no ir a unas nuevas elecciones en las que todo indica que Mariano Rajoy conseguirá mayoría absoluta.

Mejor una España… ¿Roja? ¿Rota? ¿O azul?

A José Calvo Sotelo se le asocia la frase: “Es mejor una España roja que una España rota”. Al parecer, la frase la dijo siendo Diputado en el Congreso, aunque hay una versión más larga de la misma cita que podría haber sido pronunciada por Calvo Sotelo en un mitín en Urumea, San Sebastián, y que dice: “Entre una España roja y una España rota, prefiero la primera, que sería una fase pasajera, mientras que la segunda seguiría rota a perpetuidad”.

Algo así pensé yo mismo cuando, en Barcelona, Barcelona en Comú sacaba del Ayuntamiento a Convergència i Unió. Ada Colau era para mí algo así como un mal menor ante un ayuntamiento separatista. Meses después, tuve que reírme, aunque no tenga gracia, cuando oí a la propia Colau y a miembros de su partido decir que en Catalunya hacía falta un partido de izquierdas catalanista, más allá de que un socialista o un comunista no puedan ser nacionalistas por ideología propia, cosa que da la impresión de que las personas de izquierdas parecen olvidarse.

¿Acaso se habla de nacionalidades en la internacional socialista? “El mundo va a cambiar de base.
Los nada de hoy todo han de ser”(…) “Agrupémonos todos, en la lucha final.El género humano es la internacional”. Mundo, género humano… ¿dónde hay lugar para el nacionalismo en la izquierda?

Lo importante es que en Catalunya todos los partidos de izquierda son o catalanistas o nacionalistas o independentistas. De modo que, en todo caso, en Catalunya lo que se necesita es un partido de izquierda no catalanista, no nacionalista, no separatista. Para lo demás, ya está la CUP, ERC, Podemos, PSC, etc. etc. etc.

Más preocupante es que los partidos de izquierdas nacionales, por cierto complejo histórico, apoyen el nacionalismo. Por muchas vueltas que le queramos dar, la libertad no está en dejar que una ley la pueda votar el pueblo si esa misma ley quita libertad al pueblo. El archifamoso referéndum catalán no es más que aceptar que la soberanía no está en los ciudadanos sino en los territorios, en las expansiones de tierra, tal y como ocurría en la época feudal.

Si en alguna zona de Andalucía, Castilla o Extremadura la familia de los Duques de Alba dijeran de hacer un referendúm para que en sus tierras hubiera leyes propias, Podemos y PSOE pondrían, con razón, el grito en el cielo. Pues no es muy distinto lo que quieren hacer en Catalunya. Sin embargo, la izquierda no es capaz de quitarse el complejo. Durante 40 años Franco secuestró España, sus símbolos, sus instituciones… pero no eran suyas. ¿Entonces? ¿Por qué la izquierda no se sacude el complejo y comienza a sentir España con naturalidad? ¿Por qué le avergüenza su propio país?

Ese sentimiento de la izquierda es el que hace que se asocie al nacionalismo. Como si defender la unidad de España fuese cuestión de “fachas” y no de constitucionalistas. ¿Todavía seguimos con los traumas de la Guerra Civil? Entonces, si Podemos o algún otro partido de izquierdas se presenta como nuevo, me pregunto yo, ¿se puede ser nuevo teniendo la cabeza en la Guerra Civil? ¿Prefiere la nueva izquierda una España rota para siempre que una España azul por un tiempo?

Porque ni siquiera se puede entender que ni PSOE ni Podemos se acerquen al nacionalismo por reeditos electorales puesto que ni en Catalunya ni en el País Vasco ni en Galicia gana Podemos ni PSOE, ni siquiera entre los dos juntos pueden gobernar. ¿Por qué la izquierda puede aceptar la independencia de tres regiones españolas donde eternamente gobierna la derecha con fuerzas conservadoras como Convergència, PNV y PP? ¿Verdaderamente no se dan cuenta de que España quedaría rota y que Galicia, el País Vasco y Catalunya son azules y no rojas?

¿Por qué tratamos de ver la independencia como algo progresista y de izquierdas y que, en las llamadas “naciones históricas”, ganen una y otra vez fuerzas conservadoras? ¿Por qué personajes como Iceta, líder del PSC, dice que prefiere pactar con independentistas de derechas y no con el Partido Popular? ¿Para un constitucionalista de izquierdas no es menos mala una España azul temporalmente que una España rota para siempre? ¿Por qué Iceta no tiene narices a decir eso ante unas elecciones catalanas? Y es que, antes de las autonómicas, calcó el discurso de Ciudadanos, de hecho, hasta Podemos en Catalunya calcó dicho discurso, motivo por el cual Colau y los suyos no apoyaron a Iglesias en su momento. ¿Es lícito que Podemos quiera recoger en las autonómicas catalanas el voto de los constitucionalistas y en las generales el de los independentistas?

Yo no quiero una España azul, ni una España roja. Mi deseo es que haya una España naranja o una España de mezcla de colores. Lo que sí sé es que no quiero una España rota, que no quiero un país de pueblos enfrentados, de vecinos y de familias que no se miran a la cara y, desgraciadamente, en ese camino vamos. Lo que sí sé es que prefiero una España azul o roja temporalmente que una España rota para siempre.

Las dos almas del PSC

Tras las elecciones del 20 de diciembre, ya opiné sobre los que votan en negativo, como en Catalunya, Podemos quien fue la fuerza más votada porque los separatistas votaron a la formación morada en lugar de hacerlo a Convergència o Esquerra, buscando el referéndum que Pablo Iglesias promete, por más que se sepa que es anticonstitucional y que, para poder realizarse, se debería cambiar la Carta Magna, así como también hacer falta dos tercios de la cámara a favor, cuestión que, hoy por hoy, es imposible pues ni PP, ni PSOE, ni Ciudadanos votarían a favor de balcanizar España.

Los números son claros: si sumarnos los votos en autonómicas de Junts pel Sí + CUP + Catalunya Sí que es Pot y los comparamos con los votos de En Comú Podem + ERC + Democracia i Llibertat y le sumamos la subida de la abstención, varía únicamente en 10.000 votos en toda Catalunya.

Ya escribí sobre lo negativo que es conseguir votos para gobernar de los que quieren romper España, sin embargo, parece que Miquel Iceta y el PSC tienen la misma táctica que Podemos, es decir, conseguir los votos de los que votan en negativo.

Los socialistas de Catalunya perdieron medio millón de votos y 400.000 en las autonómicas. La mayoría de estos sufragios fueron a parar a Ciudadanos. Sin embargo, parece que estos votos perdidos no van a intentar recuperarlos, sino que la táctica está en conseguir voto negativo de Podemos.

Esto de lo que les hablo ha quedado reflejado en estos últimos días en los que a Miquel Iceta se le pudo ver en una protesta por la suspensión, por parte del Constitucional de leyes sociales catalanas y a raíz de los recursos del Gobierno, rodeado de estelades y oyendo los gritos de independencia. Y, sí, Iceta siempre dirá que él no gritó, que él no es independentista y todo lo demás, pero a nadie se le escapa que ni Inés Arriamdas ni Garcia Albiol acudirían a esa manifestación en la que ya se sabía cómo se iba a enfocar.

Obviamente, Miquel Iceta es muy libre de ir donde le plazca pero yo, personalmente, le eché de menos en los actos de homenaje a los asesinados por ETA en al caserna de Vic pues, puestos a elegir, qué menos que estar del lado de la víctimas, más cuando unos días antes el Parlament de Catalunya abrió la puerta de todos los catalanes a Otegi, al que recibió como si fuera un héroe.

Con este tipo de cuestiones, no puede haber medias tintas. Los líderes políticos no pueden dar la espalda a según qué cuestiones por un puñado de votos y el PSC no puede seguir con su error histórico de conseguir votos del independentismo a costa de traicionar a sus votantes. En Catalunya, todos sabemos que la llama del soberanismo la inició el PSC con ese nuevo Estatut que nadie pedía en Catalunya y que ni la mitad de los catalanes votaron.

Con el Tripartit, comenzó la locura en la que nos encontramos ahora en estas tierras y, viendo las actitudes, el una de cal y otra de arena, de los socialistas en Catalunya, se comienzan a entender muchas cosas como, por ejemplo, que Carme Chacón no quisiera formar parte de este proyecto de los socialistas catalanes.

La provincia de Barcelona, que en su día fue ampliamente socialista, ahora ha abandonado al PSC, sobre todo por temas como éste, en el que los socialistas son ambiguos. En este caso, la idea es sencilla, tratan de conseguir el voto negativo de Podemos y los independentistas y, por el bien de los españoles, no sería malo que lo consiguieran. Pero, obviamente, si eso ocurre, que no sea a costa de que ellos se acerquen al soberanismo. Como pasa casi siempre, la moneda tiene dos caras y, si sale cruz, podrá ser que, no sólo no consigan su propósito, sino que el chorreo de votantes del PSC que van a Ciudadanos aumente.

 

Fuente de la fotografía de portada: elconfidencial.com

Segunda ronda de contactos

A día de hoy, sigo pensando que la peor de las posibilidades que se barajan en la política española es la repetición de las elecciones y, sí, sé que ante la posibilidad de un pacto que situara a Pablo Iglesias de vicepresidente y controlando todos los ministerios más importantes, a muchos les parecerá que la posibilidad de nuevas elecciones no está tan mal.

En mi opinión, unas nuevas elecciones serían un fracaso de España como país, una malísima imagen en el extranjero y, lo que es peor, una decepción para aquellos ciudadanos que ya descreen de la política y que quizá les supondría acabar de perder la confianza en el sistema para siempre.

Ya he escrito otras veces que defiendo la democracia representativa y que entiendo que el pueblo elige a los diputados y que son estos los que eligen al Presidente. De modo que no me rasgo las vestiduras porque el Presidente no sea el más votado y entendería y aceptaría que el PSOE gobernara con los votos de Podemos e Izquierda Unida, si entre los tres tuvieran mayoría, pero no es así.

Eso sí, lo que no entiendo es que aún y en este caso, Podemos e Izquierda Unida pidieran estar en el Gobierno. Una cosa es permitir la gobernabilidad y otra querer entrar en un gobierno a tres en el cual Podemos, que es la cuarta fuerza más votada (no contando a sus socios Compromís, En Comú y En Marea), exija al PSOE cómo debe ser el gobierno y, para rizar el rizo, colocando a un independentista a negociar el referéndum.

PSOE+Podemos+Compromís+En Marea+Izquierda Unida suman 161 escaños y, en contra, tendrían 163. Con lo cual, necesitarían que alguno de los partidos nacionalistas se sumara al bloque y eso sería pervertir las elecciones ya que ERC o Bildu, que quieren dejar de ser españoles, no deberían formar parte del gobierno del Estado y Convergència, PNV y Coalición Canaria, más allá de su nacionalismo, son de derechas. Así que la posibilidad de un acuerdo es posible, pero pervertiría el voto de los españoles.

A mi manera de ver, entendiendo que el PSOE no quiera investir a Rajoy, hubiera pedido una posibilidad alternativa al PP como, por ejemplo, abstenerse en la investidura a cambio de que Rajoy y todos los que de un modo u otro se puedan ver salpicados por la corrupción no pudieran formar parte del gobierno entrante. Pero eso no se ha planteado, ni eso ni nada parecido, porque Pedro Sánchez no ha tenido miras de Estado. Si hubiera planteado algo así y el PP se hubiera negado, Pedro Sánchez tendría más legitimidad para tratar de formar gobierno.

No acierto a adivinar qué buscó Pablo Iglesias humillando a Pedro Sánchez y al PSOE. La “sonrisa del destino” fue un duro palo para muchos miembros del PSOE, entre ellos Rubalcaba o Ximo Puig que ayer mismo ya calificaban de “chantaje” a las palabras del líder de Podemos. Pero la sensación que tengo es que Iglesias lanzó “el ordago” sabiendo que no iba a haber ese pacto entre socialistas, comunistas, populistas y separatistas. El comunicado del PSOE dejó claro que no van a arrodillarse ante la propuesta de Pablo Iglesias.

Mariano Rajoy estuvo astuto, reconoció que aún no puede formar gobierno y ganó tiempo. Ahora habrá una segunda ronda de conversaciones con el Rey en el que quien verdaderamente se la juega es el PSOE. Los socialistas tienen dos vías: una, dejar de lado a Podemos y buscar un acuerdo con Ciudadanos, o dos, aceptar un pacto con Podemos e Izquierda Unida y que, como mucho, podrá ofrecer esos 161 votos a favor. Si eso pasara, Mariano Rajoy lo tendría fácil para seguir ganando tiempo ya que, siendo el último en hablar con Felipe VI y sabiendo lo que van a hacer los demás, podría aceptar intentar formar gobierno, por más que sepa que no lo conseguiría; podría aceptar que Sánchez formara gobierno, siempre y cuando Podemos no esté en él, o incluso, en el caso de que Sánchez se presentara con esos 161 votos, sumando a Podemos y sus satélites y a Izquierda Unida. Mariano Rajoy podría sugerir al Rey aceptar que no realizase gobierno, pero que sus 123 diputados apoyasen la investidura de Rivera que, en ese caso, contaría con 163 votos, 2 más que Sánchez, lo que podría llevar al Rey Felipe a ofrecer formar Gobierno al líder de Ciudadanos antes que a Pedro Sánchez. De ese modo, Rajoy volvería a poner la pelota en el tejado de Sánchez ya que tendría dos opciones, abstenerse para que gobierne Ciudadanos o negarse y repetir elecciones. Unas elecciones a las que llegaríamos con Rajoy pudiendo decir que miró tanto por el bien del Estado que hasta ofreció la Presidencia a otro, mientras que Sánchez llegaría a esas supuestas elecciones apareciendo como el culpable de la repetición al no haber querido aceptar ninguno de los posibles gobiernos que el Rey planteó.

 

Fuente de la fotografía de portada: elperiodicodecanrias.com

¿Ya no somos independientes?

Hace poco más de una semana, Junts pel Sí y la CUP anunciaban el intento de desconexión del Parlament de Catalunya con el Estado Central. Más allá de que aquello sonó como un ordago, sí es cierto que dividió a los catalanes, pero no entre independentistas y constitucionalistas, sino entre los que defienden la opción de seguir para adelante con el Proceso, por más que no lo quiera una mayoría y, aunque eso implique no respetar las leyes, y los que no.

Tras aquello, Inés Arrimadas, Miquel Iceta y Xavier Albiol, líderes de Ciudadanos, PSC y PP respectivamente, acudieron al Tribunal Constitucional para plantar cara ante el pleno de ruptura. Cada uno presentó por separado un recurso de amparo en el que se alegó la ilegalidad del texto soberanista.

El Tribunal Constitucional rechazó por unanimidad su petición de suspender el pleno parlamentario en el que se debía debatir el inicio del proceso soberanista. El texto fue aprobado en el Parlament y el Gobierno lo impugnó. Esta vez, el Tribunal Constitucional sí dio la razón al Gobierno y declaraba nula la resolución del Parlament de Catalunya.

Los miembros de Junts pel Sí criticaron lo rápido que el Tribunal había actuado y les acusó de estar politizados, mientras que los miembros de la CUP rechazaban la sentencia ya que, a su parecer, la desconexión con el Estado ya había comenzado y el Tribunal no tenía potestad en el Parlament.

En medio de todo aquello, Artur Mas no consiguió ser investido President en ninguno de los dos intentos. Por primera vez en la historia, un candidato a la presidencia de la Generalitat era negado dos veces y eso que a primeras a muchos les podría parecer el pacto más fácil de lograr de todos ya que en unas elecciones que se vistieron de plebiscito se creía que la suma de las fuerzas independentistas sería fácil.

Pero no fue así. La semana pasada había quien decía que ya éramos independientes, sin embargo, ahora cada vez parece que está más lejos esa ansiada por algunos independencia. La CUP mantiene su veto al President y en Junts pel Sí no ven margen a nuevas concesiones. En Convergència ya no se esconden a la hora de hablar de unas posibles elecciones, las cuales serían finalmente en abril. Estas elecciones sí que serían un plebiscito, pero no sobre la independencia, sino sobre Artur Mas. La parte de Junts pel Sí de ERC tampoco ve con malos ojos que se repitan las elecciones ya que es bastante previsible que el electorado independentista castigue a Convergència y a la CUP por no haber conseguido llegar a un acuerdo, lo cual beneficiaría a Esquerra.

Casualmente (o no), ha salido una encuesta de la Generalitat que dice que Junts pel Sí mantendría sus votos, mientras que subiría la CUP. Esos datos no se perciben en el día a día de Catalunya, más bien lo contrario, pero podría ser un buen señuelo para que la CUP también viese con buenos ojos la repetición de las elecciones, buscando ese 50% de los votos +1 que, a sus ojos, les haga creer que es legítimo el proceso soberanista, por más que no haya porcentaje suficiente para saltarse las leyes.

Obviamente, la encuesta del Centre d’Estudis d’Opinió (CEO) no es muy fiable pues, a menos de dos meses para las elecciones catalanas, daban un porcentaje de 6,6% de los sufragios y quinta fuerza más votada a Ciudadanos y, finalmente, tuvo 17,9% de los votos, siendo la segunda fuerza más votada. De modo que, si esta encuesta da entre 24-26 escaños a Ciudadanos, no puedo evitar esbozar una sonrisa pensando en cómo serán los datos en realidad.

Es previsible que no haya movimientos hasta después de las elecciones generales del 20 D. En ellas, Convergència y Esquerra podrán medir sus fuerzas, sobretodo teniendo en cuenta que están en disputa los 337.000 votos de la CUP que no concurre a las generales. Me temo que esos resultados tendrán mucho que ver en lo que ocurrirá en Catalunya y en si, finalmente, habrá o no nuevas elecciones a la Generalitat. Sea como sea, si el proceso de desconexión se ha parado, yo me pregunto… ¿ya no somos independientes?

Fuente de la fotografía de portada: EFE extraída de www.publico.es