De indepes y constitucionalistas

La nación no es una esencia por encima del individuo, sino un pacto de individuos que se convierten en ciudadanos por mor del pacto. La nación española, tal y como la conocemos a día de hoy, proviene de cuando las ideas liberales se oponen a la España tradicional en la que los españoles eran súbditos de un rey. La Constitución de la Pepa de 1812 nace con la idea de legitimar un estado de ciudadanos libres e iguales.

Los liberales españoles, influenciados por los pensamientos de la Revolución Francesa y la Ilustración, tratan de redactar una constitución que acababa con el conservadurismo de la sociedad española. A día de hoy, muchos dirán que esa Constitución no era justa porque no la votaron personas elegidas por el pueblo, sino una serie de burgueses e, incluso, aristócratas. En efecto, fue así, pero eso no quita que para su época fuese revolucionaria.

Lo que también nació en aquella época, sobre todo durante las luchas contra el ejército de Napoleón, fue el nacionalismo español, que por entonces tuvo especial aceptación en Catalunya y Euskadi, debido a que esas tierras se convirtieron en campos de batalla dada su posición fronteriza. El nacionalismo español nace el día en el que los españoles que siempre habían querido un buen rey bueno y les daba igual que fuese español o no, ante el secuestro de Carlos IV y Fernando VII en Bayona, defienden al Infante por español y, obviamente, no por buen rey ya que era sólo un niño.

Desde entonces, los conservadores lucharon por mantener los privilegios de los Reyes, Iglesia y Ejército frente a los liberales que mantenían que los soberanos del país debían ser los ciudadanos. Cuando la monarquía comenzó a aceptar las ideas liberales, los nacionalistas del bando carlista quisieron conservar el poder de monarca e Iglesia con el lema de “Dios Patria y Rey”. Sin embargo, en la II Guerra Carlista unieron a ese lema la palabra “Fueros”, es decir, que los impuestos se quedaran en las tierras. De ahí nace el nacionalismo catalán del cual es heredero el de hoy en día.

El nacionalismo no es ni bueno ni malo. El nacionalismo es excluyente o, sencillamente, ¡no es! No se puede ser nacionalista y decir que se quiere la armonía con los demás pueblos pues el nacionalista piensa única y exclusivamente en su pueblo o en los que considera su pueblo. El nacionalismo no es sinónimo de patriotismo: los patriotas aman a su pueblo, los nacionalistas odian el de los demás. Obviamente, eso no podemos hacérselo entender a un nacionalista, hablar con un nacionalista es chocar contra una pared ya que un nacionalista es incapaz de pensar que tú no lo eres también. Si no eres nacionalista catalán, eres nacionalista español, no hay más.

En Catalunya se está educando a los jóvenes, no ya para que detesten lo español, sino para que llamen español a todo cuanto detestan. En la lógica separatista, si no eres nacionalista catalán, eres nacionalista español y eso te hace, por ende, un aficionado a los toros, al flamenco y a comer jamón (puede que en eso tengan razón). De modo que el no ser nacionalista catalán es señal de que te gusta ver sufrir a los toros, porque eres nacionalista español y a los nacionalistas españoles le gustan los toros… Así es la lógica indepe.

La misma lógica que dice que si no hablas en catalán es porque te gusta hablar en castellano y hablas en castellano porque es el idioma en el que Franco hablaba, de modo que no hablas catalán porque eres nacionalista español que hablas castellano como Franco. Porque, claro, Franco es español y La Pasionaria, Carrillo… “¿Eran españoles?”, te preguntas.¡No! Ellos eran comunistas y los comunistas no son españoles, por más que nazcan en España, españoles son sólo los fascistas y, si defiendes la Constitución, eres un franquista, por más que la Constitución fuese el poner la losa definitiva en la tumba de Franco.

No importa ni siquiera que los procuradores en Cortes del búnker franquista dijesen en el Congreso que, con la reforma política de la que nacería la Constitución, se mataba a Franco otra vez.  ¿Eres constitucionalsita? Eso es lo mismo que ser franquista. Hoy en día todos son fascistas, todos, los del PSOE, los de Ciudadanos, los del Partido Popular… Un hombre andaluz de izquierdas que huyendo de los caciques acabó en Catalunya es a día de hoy sospechoso de ser un fascista. Sin embargo, un hombre catalán que salía a aplaudir a Franco en los desfiles de Barcelona no. Esa es la paradoja.

¿Qué es el populismo catalanista? Pasarse el día entero hablando de Catalunya, pero no hablar nunca de los catalanes. ¿Y por qué no se habla de los catalanes? Porque a los separatistas sólo les preocupan los catalanes que siguen el Procés, y no los que, como dijo Forcadell, no son el pueblo catalán, sino el enemigo.

Y quemar la Constitución se convierte en un acto patriótico; esa Constitución que permite a los que la queman que la puedan quemar, esa Constitución que permite a los anticonstitucionalistas tratar de amedrentar a los que libremente celebran una festividad.

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