La fiebre regionalista llega al PP de Madrid

La xenofobia, el racismo, el clasismo, ya sea regionalista, autonomista, nacionalista o como queramos llamarlo, se están convirtiendo en una plaga en nuestro país. Si ayer hablábamos de los podemistas Echenique y Teresa Rodríguez, que defienden que Aragón y Andalucía son también naciones, ahora llega el turno de la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, que entonó aquello del “Espanya ens roba” de los nacionalistas catalanes, sólo que lo hizo “en madrileño” diciendo aquello que Madrid está pagando la Sanidad y la Educación de Andalucía.

Bonita cantinela esta que se está expandiendo por todo el territorio nacional que dice que unas autonomías dan de comer a otras. Hay que insistir en que es MENTIRA que en unas autonomías se paguen más impuestos que en otras a la Hacienda Pública. Un madrileño, un catalán y un andaluz que ganen 30.000 euros al año pagan los mismos impuestos, lo que ocurre es que en Madrid y Catalunya hay más personas que ganan 30.000 euros al año que en Andalucía.

A mí, que no creo en los frontismos ni en los bandos, me entristece pensar que estas palabras salgan de la boca de un miembro del PP, de aquellos que se supone que están más al centro. Si el Partido Popular, que desde la Transición hasta hoy ha ido abandonando sus posiciones conservadoras, comienza ahora a dar marcha atrás, se quedará aún más aislado.

Cifuentes ha reaccionado rápido, ha dicho que no era eso lo que quería decir; pero no es verdad, sí era eso lo que quería decir, lo que ocurre es que quizá no expresó lo que quería expresar. Su menosprecio quizá no fue por el hecho de ser andaluces, sino porque a los andaluces muchas veces se les ve desde otros puntos de España como aférrimos al socialismo, es decir, lo de Cifuentes no era una lucha de autonomías, sino de partidos, pero en el fondo recurriendo a los viejos tópicos que dicen que el PP es el de los ricos y el PSOE el de los pobres.

La lucha de clases es algo que nos llevaría a un debate eterno. Pero mal camino es ese de que las luchas no sean ya por sectores o por oficios, sino que, además, también sean por autonomías, y peor camino es el de señalar con el dedo a otras zonas de España. Porque muchos de esos que pagan impuestos, que según Cifuentes son para Andalucía, también son andaluces, que no se olvide de eso la Presidenta de Madrid.

Si el problema del paro es mayor en unas regiones que otras, quizá parte de culpa sea de esta absurda lucha entre  regiones  y con esto volvemos al tema de la entrada de ayer: si los gobiernos autonómicos buscaran el bien global y no ensalzaran el autonomismo, regionalismo o nacionalismo, por más que dé votos, otro gallo cantaría.

No querría acabar esta entrada sin dejar mi opinión en otro tema relacionado con las declaraciones de Cifuentes. No siendo yo sospechoso sobre el nacionalismo catalán, pregunta, ¿cuántas portadas, horas de televisión y radio se hubieran dado sobre estas declaraciones si en lugar de hacerlas Cifuentes las hubiese hecho Puigdemont?

Sí, ya sé que me dirán que nadie teme por el secesionismo madrileño, pero no creo que ese sea el tema. La cuestión es que hay que desaprobar todo este tipo de regionalismo y menosprecio a algunas zonas de este país, porque esto es una pescadilla que se muerde la cola. Cuando Antonio Sanz dijo que no quería que en Andalucía ganase las elecciones un partido catalán (refiriéndose a C’s), los votantes del PP sonreían. Pues ese regionalismo, autonomismo o nacionalismo, como lo queramos llamar, es el que como un boomerang ha vuelto a los andaluces del PP en palabras de Cifuentes.

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Los políticos españoles deben aprender a tender la mano al que piensa diferente

Ahora que parece que vivimos en una eterna campaña electoral, parece lejano ver cuándo comenzó todo esto. Obviamente, el 15 M cambió mucho las cosas, pero los cambios no se produjeron instantáneamente y tuvimos que esperar hasta tres años para ver el verdadero cambio que llegó en las Elecciones europeas de 2014. En ese tiempo, me di cuenta de que el espíritu de aquello que se llamó la Spanish Revolution había cambiado mucho.

De hecho, ya en los primeros días del 15 M, decidí dejar de asistir a aquellas plazas porque vi que aquello no era indignación, sino una comedia y un circo. La última vez que asistí a la Plaza de Catalunya, al irme para casa, una chica joven de estética okupa me dijo “No, nos vamos, compañero, nos tenemos que quedar aquí, la plaza es del pueblo”. Yo le contesté que tenía que dormir que al día siguiente tenía que ir a trabajar y ella me llamó esclavo.

Ese día me di cuenta de qué iba todo aquello. Mi indignación no comenzó el 15 M, yo ya lo estaba muchos años antes en los que, en charlas familiares o con conocidos, muchos no acababan de entender que criticara al PP, al PSOE y a los nacionalistas a la vez. Era como si, para los demás, fuese obvio que no hubiese más posibilidades que esas tres.

En esas fechas, hubo una manifestación por recortes en sanidad. Pasé por allí por casualidad y en la Plaza de Sant Jaume oí un discurso en el que se criticaba la democracia española por no ser real. En dicho discurso, escuché también cómo decían que en una democracia no se puede juzgar a Otegi por injuriar al Rey. No tuve que oír nada más; a mí me parece perfecto que las personas prefieran a un Presidente de la República a un Rey, ¿pero a un terrorista por encima de quien sea? Hasta ahí podíamos llegar.

En televisión vi cómo, en una manifestación similar en Madrid, los manifestantes se reían de Cristina Cifuentes diciendo que dejase el hospital público para ir a uno privado mientras, en ese preciso momento, la popular estaba en coma entre la vida y la muerte después de sufrir un accidente de moto.

Ver esas cosas me hizo estar más indignado con los indignados que con los políticos. No entendía esas burlas a una mujer que, como único pecado, tenía pertenecer al PP, es más, yo mismo, que jamás he votado a los populares en unas elecciones generales, siempre había visto a Cifuentes como de mente más abierta; no estando en contra del divorcio ni del matrimonio homosexual, siempre la había visto como una de las personas que más futuro podía y debía tener en el Partido Popular.

La diferencia es que, para mí, no hay bandos, no hay un ellos ni un nosotros. Hay políticos que lo hacen bien o lo hacen mal, pero nada más. Nunca he entendido eso de creer que los que no piensan como yo son mis enemigos.

En las elecciones europeas de 2014, menos de la mitad de los españoles iba a votar y, de ellos, menos de la mitad lo hacía a PP y PSOE. Ese día, muchos pensamos que algo iba a cambiar. Yo, personalmente, ya hacía 8 años que votaba otras opciones, pero muchos comenzaban a cambiar entonces.

En ese momento, comenzaba esta larga campaña electoral en la que parecía que la ciudadanía iba a acabar con ese bipartidismo que, no sólo se repartía el poder y las corruptelas, sino que tampoco hacía nada para que eso cambiara. De ahí en adelante, por más que hubiera por medio municipales y autonómicas en gran parte de España, todos esperaban ver si verdaderamente habría el zarpazo al bipartidismo.

Pero no, el Bipartidismo sube del 49,1% de las europeas al 50,7% de las generales, lo que demuestra que sí ha cambiado algo, pero que aún la mitad de los españoles confían en los dos partidos tradicionales. Eso no me decepcionó, pero sí lo que vi en los días posteriores y lo que sigo viendo a día de hoy y es que la nueva política no ha servido para dar un salto democrático, para madurar políticamente, ya que, a día de hoy, los españoles están más enfrentados de lo que lo estaban antes y esa es la parte que no puedo entender, lo que me decepciona de todo esto.

Más allá de las diferencias, sigo pensando que todos deberíamos tener un objetivo común como nación, pero esto no va ser posible si las cosas no cambian. No puede ser que haya fuerzas políticas sectarias, que busquen el enfrentamiento, que tengan vocabulario guerracivilista… pero, claro, luego recuerdo lo de Otegi, recuerdo que esas personas reían la posible muerte de Cristina Cifuentes y te das cuenta de que todo cuadra.

El mal hacer de algunos de nuestros políticos hace que vayamos a unas nuevas elecciones y ya estamos oyendo los primeros vetos y ese no es el camino o no debería de serlo. Podemos y PSOE son seguramente los que más lo están haciendo, pero los moderados están siendo más listos y quizá pronto superen a los socialistas que están siendo las grandes víctimas de esa pinza PP-Podemos que llevaron a que, uno negándose a hacer gobierno y otro negándose a pactar, volvamos a tener que ir a las urnas.

Curioso país tenemos en el que nos quejamos de unas nuevas elecciones y, sin embargo, si hacemos caso a las encuestas, vamos a premiar a quienes las han provocado. El 26 de junio, el pueblo hablará y el 27 tendrán que hacerlo los políticos. Para entonces, esperemos tener un gobierno lo más fuerte posible, que renueve la Constitución, que luche contra la corrupción, que suprima los aforados y que comience una nueva era para la enseñanza de los jóvenes que son nuestro futuro. Pero, para eso, habrá que llegar a acuerdos y, como ocurre en las mejores democracias europeas, espero que los acuerdos se vean claros antes de las elecciones porque, sino, quizá el cuento no acabará el 26 de junio.

Una nueva forma de hacer política

Soy yo un simple opinador y no soy quien para dar lecciones de nada, pero cierto es que a menudo me sorprendo de oír o leer cuestiones que demuestran que hay muchas personas que, al parecer, no conocen bien del todo cómo funcionan las instituciones. Hay personas que critican la postura de Ciudadanos en cuanto a que haya permitido gobiernos de PSOE y del PP en diferentes ciudades o autonomías.

En cuanto esto, hay dos cuestiones que debemos analizar. Una, que muchas personas confunden el permitir la gobernabilidad y, otra, qué es formar parte del Gobierno. Y digo esto porque, por lo que veo, hay muchos españoles que no tienen clara la diferencia. Hay quien asegura que Ciudadanos apoyó al PSOE en Andalucía y al PP en Madrid y eso es rotundamente falso.

Más allá que, de hacerlo, no ocurriría nada, ya que el partido naranja ha mantenido, desde su creación hace diez años, que es más importante mirar lo que nos une que lo que nos separa con las formaciones que no piensan como nosotros, no es cierto que Ciudadanos forme parte del gobierno de ninguna autonomía y me alegro de que así ocurra porque esa fue una promesa electoral del partido y se ha respetado en cada una de las autonomías españolas.

En Madrid, por ejemplo, Ciudadanos permitió gobernar al Partido Popular a cambio de que el partido liderado por Cristina Cifuentes aceptara una gran serie de puntos, en cuanto a regeneración política y transparencia, pero se quedó en la oposición y hace oposición así que, como es normal, en algunos asuntos votó de la mano del PP y en otros lo mismo que PSC y Podemos.

Y quienes critican que Ciudadanos dejara gobernar al PP, yo les digo, ¿Qué debía hacer? La única alternativa era votar a favor de un pacto de PSOE con Podemos, ¿eso sería mejor? ¿Verdaderamente C’s debe permitir que un partido que no respeta la Constitución como Podemos tenga la llave de la gobernabilidad en la comunidad de Madrid?

Y hay quien dice que en el PP de Madrid ha habido corrupción. Y, sí, la ha habido, de ahí que Ciudadanos sea implacable con los casos que ocurran en dicha comunidad y que, si Cifuentes no respeta el pacto, habrá un voto de censura y nuevas elecciones.

En Andalucía ocurre algo parecido. El PSOE de Susana Díaz ganó las elecciones y solamente había dos opciones, o repetir elecciones o tratar de permitir que gobernara la fuerza más votada, a cambio de ser implacable con la corrupción y que personas como Chaves y Griñan tuvieran que abandonar su acta del PSOE. Por supuesto, como ocurre en todas las comunidades, Ciudadanos se quedó en la oposición.

De modo que, en este tema, hay dos cuestiones importantes: una, que los votantes de Ciudadanos que vengan de votar anteriormente a PP o PSOE deben tener claro que el partido no debe acercarse a lo que ustedes votaron antes, sino que ustedes tendrán que dar un paso al centro si creen que la opción del cambio sensato es la mejor de todas; y lo segundo es que no seamos hipócritas, es decir, que si en las Elecciones Generales nos quejamos de que los votantes no nos hemos equivocado y que los políticos deberían haber llegado a un acuerdo, no critiquemos también lo contrario. Quienes vean mal que Ciudadanos dejara gobernar al PP en Madrid y al PSOE en Andalucía ¿qué están diciendo? ¿Que en esas comunidades sí se equivocaron los votantes? Porque no olviden que los madrileños votaron mayoritariamente al PP y los andaluces al PSOE. ¿Entonces? ¿Por qué los españoles no se han equivocado y los madrileños y los andaluces sí lo hicieron?

De modo que no confundamos churras con merinas. No es lo mismo permitir un gobierno que formar parte de él. No es lo mismo estar en la oposición que pedir cargos y sillas y, por supuesto, Ciudadanos no debe estar ni más cerca del PP que del PSOE ni viceversa. Ciudadanos debe intentar llegar a acuerdos con aquellos que quieran gobernar y recalco lo de que quieran gobernar ya que en las Generales no fue Ciudadanos quien rompió su regla de tratar de sentarse a hablar con la fuerza más votada, sino que fue la fuerza más votada la que se negó a intentar formar un gobierno.

En política, no siempre podremos estar de acuerdo con todo lo que haga un partido, porque una formación política no es una secta, hay tendencias y pensamientos diferentes y cada momento, cada lugar y cadas elecciones tienen sus matices y el no entenderse en un lugar no quiere decir que no se pueda conseguir en otro y, sino, les pondré un ejemplo. Hagamos política-ficción y supongamos que en las elecciones 2019 en Catalunya hay dos posibles gobiernos (que Dios no lo quiera) y C’s es la llave para elegir entre que gobiernen los independentistas o un gobierno alternativo de Podemos y PSOE. ¿Qué debería hacer Ciudadanos? ¿Qué problema es mayor? ¿El radicalismo independentista o el de extrema izquierda? ¿Y en Euskadi? Si Ciudadanos permitiera gobernar a Podemos para que no gobernase Bildu, ¿estaría traicionando su palabra o hay que evitar que gobierne el partido de los que antes eran ETA?

La política no es fácil, hay que tomar decisiones. Yo, personalmente, lo único que pido a C’s es que siga anteponiendo el bien de los españoles a los del partido como ha hecho durante este año. Y, ya saben, ni rojos ni azules, somos naranja y estamos aquí para intentar conseguir una nueva forma de hacer política.

¿Pactar o no pactar? He ahí la cuestión

En esta España nuestra, la crítica es uno de los deportes nacionales. Unos critican que no se llegue a pactos, otros que se pacte. Entre las personas que votaron a Ciudadanos, hay quienes dicen que ellos no les votaron para que pactaran y especifican que con el PSOE. Esas personas de verdad no habían oído nunca decir a Rivera aquello de “los que no piensan como nosotros no son nuestros enemigos, sino nuestros compatriotas”… Si no oyeron esa frase que Albert dijo en cada uno de sus discursos, es que, verdaderamente, no prestaban atención.

Ya escribí una vez que, a mí, personalmente, no me obsesiona la idea de que Ciudadanos gobierne, me encantaría pero no me obsesiona. Lo que sí me preocupa de verdad es que continúe el paro y la corrupción y que se debata la unidad de nuestro país. Digo esto porque no quiero orientar esta entrada a que dé la sensación de que me preocupa que esas personas no vuelvan a votar a C’s ya que, ciertamente, son más los que oigo o leo decir que no votaron a Ciudadanos al 20 D y que sí lo harán en las próximas elecciones, dado que han podido apreciar que es el único partido que está anteponiendo el bien común al propio.

Esta entrada va dirigida a esas personas que les parece mal el pacto y que no hablan de qué puntos les preocupan, sino simplemente por el hecho de que ha sido con el PSOE. Y a esas personas me gustaría preguntarles, si lo que querían es que C’s pactara para que gobernara el Partido Popular, ¿por qué no les votaron a ellos? ¿Quizá querían que gobernara el PP pero con alguien que vigilara sus corruptelas? Si la respuesta es sí, la solución es fácil, exíjanle a los directivos del PP que haya verdadera democracia interna en su partido, saquen a los que de un modo u otro están relacionados con la corrupción y pongan sangre nueva como Casado o Cifuentes.

Lo que no pueden pretender es que otro partido les haga el trabajo. Ciudadanos ni tiene ni debe tener preferencias a derecha e izquierda, la cuestión es con quién se puede llegar a acuerdos y para qué son esos acuerdos. Porque lo que sí está claro o debería estarlo es que, si en el pacto con los socialistas se cubre el 80% del programa de Ciudadanos, no hay ningún motivo para decir no a firmarlo.
¿Que eso puede no gustar a todos? Desde luego, pues hay pensamientos tan diversos en cada uno de nosotros que nada puede estar a gusto de todos. Pero esto es una negociación y hay que ceder y, en este sentido, me sorprende que personas que optaron por Ciudadanos no estén a favor de un pacto en el que ese alto porcentaje del programa que ha votado se cumple.

¿Que no se fían de Sánchez? Hacen bien. En este negocio no hay que fiarse de nadie, pero si los acuerdos no se cumplen, se romperán. Cualquiera que siga la política en lugares tan importantes como Andalucía o la Comunidad de Madrid puede observar que, aunque gobiernan PSOE y PP respectivamente, se está cumpliendo ampliamente el programa de C’s. ¿Por qué no se puede hacer eso en el Gobierno central?

¿Que sin el PP no se puede formar gobierno? Obvio que sin el PP (o sin Podemos) este pacto no va a tirar para adelante, correcto pero eso ya pertenece a esos partidos decidirse. ¿Que para que PP entre en ese pacto debe ser Presidente o no Rajoy? Oigan, eso que lo hablen entre PP y PSOE. Si algo ha caracterizado a Ciudadanos es que, por primera vez en democracia, está hablando de apoyos y cuestiones a reformar antes que de sillones o paguitas como sí han hecho otros.

A mí, personalmente, me da igual que gobierne alguien del PP o alguien del PSOE. Si dependiera de quien les escribe, más que de las siglas, me preocuparía de las personas y, a mi parecer, ni Rajoy ni Sánchez deberían liderar este tiempo nuevo. Eso sí, obviamente, las primarias las deben hacer estos dos partidos y ellos deben ser quienes decidan sus candidatos. Solamente hablo de una opinión muy personal.

De modo que, y muy a mi pesar, sigo teniendo la sensación de que las dos Españas siguen demasiado enfrentadas como para entender, no sólo ya que hay centro, sino también qué es el centro.

El Ministerio del Tiempo

Muchas veces he hablado del guerracivilismo actual, de cómo Podemos reivindica la desastrosa España de la II República mientras desprestigia la elogiada en todo el mundo Transición española.

Cierto es que la mayoría de nosotros podemos recordar con añoranza esos tiempos en los que personas que habían estado cuarenta años a tiros se sentaban alrededor de una mesa para dialogar y forjar cómo debería ser la España de la democracia. Lo que no se entiende es que haya personas que añoren esa República en la que no han vivido y que su añoranza no sea más que por lo que han visto en películas o han leído en libros.

Yo entiendo que haya personas que quieran una república, de hecho, en un mundo mínimamente racional y donde los ciudadanos fuesen respetuosos con sus derechos y sus deberes, obviamente no haría falta un Rey. Pero una cosa es ser republicano y, otra, segundo republicano, que es lo que son muchos en España.

Yo soy constitucionalista y, como tal, respeto la figura del monarca sin ser monárquico. Ya he escrito otras veces que, para mí, la diferencia entre un monárquico y un constitucionalista es que el constitucionalista cree que el Rey es Rey porque el pueblo lo ha querido así y el monárquico que el Rey es Rey por la gracia de Dios.

Estos días he vuelto a leer a miembros de Podemos pervirtiendo la historia diciendo que el Rey es el Jefe del Estado porque el Dictador Franco lo puso a dedo pero, por más que insistan, eso no será cierto pues al Rey lo refrendaron los españoles en un referéndum en el que el voto positivo llegó hasta al 88,54% de los votantes. Curiosamente, eso no es suficiente para un partido político que pide una vicepresidencia del gobierno cuando solamente le han votado el 12,72%.

La obsesión con el tiempo previo a la Guerra por parte de los Podemitas es tal que hemos sabido las frases que se corearon el día que, entre otros, Rita Maestre asaltó la capilla de la Complutense: “Vamos a quemar la Conferencia Episcopal” y “Arderéis como en el 36”. ¿Qué clase de cabecita hay que tener para rememorar los peores tiempos de la historia de España y que esa sea el centro de tu política?

Como escribió Douglas Coupland en su novela Generacion X, “Nostalgia legislada es la añoranza de recuerdos que en realidad no se poseen” y, sobre eso, parece girar todo lo relacionado con Podemos.

En pleno siglo XXI, hay que seguir luchando porque no haya discriminaciones por raza, sexo u orientación sexual, pero no debemos permitir que se persiga, que se discrimine y rechace a los que, haciendo gala de su derechos, tengan fe religiosa o política del tipo que sea.

La libertad es la libertad y un gobierno futurible de Podemos no es quién para decir qué opiones, qué pensamientos ni qué acciones están bien o mal. Para eso, ya está la Ley y no se puede ser tan demagogo de aplaudir los escraches que se le hicieron a Cristina Cifuentes o a Begoña Villacís y, sin embargo, llamar fascistas cuando se lo hacen a ellos, como ocurrió en la manifestación de los sindicatos de la Policía en Madrid.

Ya sabemos en qué espejos se mira Podemos y cuál es su verdadero fin en la política española. Por eso, en el caso de repetirse elecciones en España, me aterraría pensar que los votos del partido morado fuesen los mismos o más que el 20 de diciembre, porque eso sólo querría decir varías cosas: uno, o que nuestros compatriotas son muy orgullosos y no cambian el voto debido a ese motivo; dos, que verdaderamente hay más personas que comparten esa siniestra ideología política o, tres, que el nivel de conocimientos en cuanto a política se refiere es más bajo de lo que yo creía.

Podemos ya ha demostrado lo que son, enchufes, apoyo a los presos de ETA, a los que quieren romper el país, asaltar iglesias, pedir sillones, cargos y paguitas y poder, mucho poder. Podemos no les ha pedido al PSOE controlar la cultura, la sanidad ni el resto de cuestiones sociales, sino controlar los jueces, la Policía, el CNI y la televisión española.

No han pedido (que sepamos) el Ministerio del Tiempo, ese ministerio ficticio de la serie de TVE en la que el Gobierno esconde el secreto de viajar por el tiempo. Ese sería el que desearía Iglesias y los suyos para volver al pasado e intentar aupar una dictadura comunista en España.

 

Fuente de la fotografía de portada: elespanol.com

A la derecha de la Derecha

Los nuevos cambios del Partido Popular en Catalunya no son precisamente para girar al centro. Al parecer, la apuesta va dirigida hacía la derecha de la Derecha. El polémico Javier García Albiol sustituirá a Alicia Sánchez-Camacho. Observando la situación en clave nacional, sorprende. Bien es cierto que cada comunidad tiene su idiosincrasia pero, cuando en el PP se elijen los candidatos con el dedo divino de Mariano Rajoy, sorprende que se tomen decisiones tan en las antípodas como que Cristina Cifuentes fuese la candidata en Madrid y Albiol en Catalunya. Leer más

Las normas de Rivera

Los gobiernos autonómicos se empiezan a aclarar y los ayuntamientos ya están constituidos. Ciudadanos ha cumplido lo que dijo en campaña electoral. No entrar en gobiernos si no era la fuerza más votada y solamente apoyar investiduras del partido con más votos a cambio de una larga series de peticiones. De algún modo Ciudadanos consigue que se haga parte de su programa y sin el desgaste del gobierno. Leer más