Cataluña II (de 1078 a 1146) Lo que el nacionalismo nunca te contará

Tras la primera entrada de este ciclo sobre la historia de Cataluña (podéis encontrarla aquí), hoy proseguimos con un nuevo episodio que nos llevará por los siglos XI y XII.

A principios del siglo XI y debido a la debilidad de los Reinos de Taifas, los Condes de Barcelona, del mismo modo que también se hizo en el resto de la Península, comienzan a cobrar parias, impuestos a los musulmanes, a cambio de no invadirles. Otra demostración más de que no había un sentimiento de tierra propia, de patria, de nación, pues solamente había intereses familiares para los nobles y subsistencia para los campesinos, motivo por el cual buscar en épocas tan lejanas una reivindicación nacionalista en Catalunya (ni en otros puntos de España) es ridículo.

El siglo pasa sin muchos sobresaltos hasta que Berenguer Ramón II y su hermano  Ramón Berenguer (gemelo según algunos historiadores) tuvieron que partir sus posesiones. A pesar del pacto de 1078, Ramón Berenguer trató al año siguiente de ejercer la soberanía sobre el condado en solitario, acto que causó la rebelión de Berenguer Ramón, quien reclamó el arbitraje pontificio para resolver el enfrentamiento entre ambos hermanos. El Papa Gregorio VII ordenó al obispo de Barcelona que actuase como mediador y, al año siguiente, la crisis parecía haberse solucionado.

Es en ese tiempo cuando, inspirados por el derecho romano, los Condados de Barcelona comienzan a redactar sus propias leyes, las cuales regirían hasta el siglo XV, con lo que, obviamente, los condados que luego fueron catalanes sí tenían independencia judicial (hasta un punto, como luego veremos).

Desde 1082, Berenguer Ramón II prosiguió por su cuenta la guerra contra los musulmanes. Se alió con Sancho Ramírez, Rey de Aragón, y con el rey de la Taifa de Lleida. El Cid ofreció ayuda al Conde de Barcelona, el cual la rechazó y pasó a luchar en su contra. El Conde de Barcelona fue derrotado y hecho prisionero por el Cid durante el asedio de Almenara (1082), aunque más tarde sería liberado.

El 5 de diciembre de 1082 fue asesinado Ramón Berenguer II por sus propios hombres. Berenguer Ramón, cuyas relaciones con su hermano habían vuelto a empeorar tras la derrota de Almenara, fue acusado de organizar el asesinato pero, ante la ausencia de pruebas, se dio cumplimiento al testamento de su padre y pasó a gobernar el condado de Barcelona.

Se confió la custodia del hijo del conde asesinado al obispo y se encargó la organización de la lucha contra Berenguer Ramón II a Guifré Ramón, Conde de Cerdaña. En junio de 1086 se reunió una nueva asamblea, en la que se llegó a una solución satisfactoria: Berenguer Ramón II sería tutor de su sobrino durante once años, después de los cuales asociaría al trono a Ramón Berenguer III.

En 1086 el Conde de Barcelona prosiguió la guerra contra Zaragoza, ahora gobernada por Ahmed al-Mutasin quien, como su antecesor, estaba aliado con el Cid. Los planes de Berenguer Ramón eran tomar Valencia. El rey de Valencia, Utman al Qadi, puso sitio a Xátiva pero fue derrotado por las tropas del Conde de Barcelona, las cuales inmediatamente tomaron el camino de Valencia. Sin embargo, el inmediato ataque de Lleida por parte del Cid y Ahmed al-Mutasin hizo que los aliados levantasen el sitio de la ciudad y regresasen a sus tierras.

Berenguer Ramón II volvió a intentar la conquista de Valencia (1088) pero, una vez más, la oposición del Cid y el rey de Zaragoza les hizo desistir. El Conde de Barcelona consiguió entonces pactar la inhibición de Ahmed al-Mutasin y acometió de nuevo el sitio de Valencia, volviendo a fracasar, por lo que Berenguer Ramón tuvo que retirarse a Requena (1089). Desde aquel momento, el conde perdió la alianza de Aragón y Urgel y vio limitada su ayuda a la Taifa de Lleida.

Cuando en 1090 Berenguer Ramón II tuvo un encuentro con su enemigo, el Cid, fue capturado por el de Vivar. Consiguió su libertad después de llegar a un acuerdo con el Cid en Daroca (1090), por el cual Berenguer Ramón detendría su política expansiva hacia Lleida, Tortosa y Valencia. Las relaciones entre el conde y el Cid se normalizaron hasta tal punto que el Conde de Barcelona negoció el matrimonio de su sobrino Ramón Berenguer III con doña María, hija de don Rodrigo, una vez que éste logró la soberanía sobre Valencia (1094). El matrimonio se celebró en 1098.

Con la mayoría de edad de Ramón Berenguer III, las Cortes de Barcelona llevaron a Berenguer Ramón a juicio por fratricida ante el Rey Alfonso VI de Castilla y León, en otro episodio que no se cuenta por el nacionalismo catalán y que demuestra que, al no ser un Reino el Condado de Barcelona, se decidió que fuese un ente superior, el Rey de Castilla y León quien decidiera, culpando al Conde y otorgando el título a Ramón Berenguer III, lo que también demuestra que en los reinos cristianos comenzaba a haber cierta unión, más allá de que en cada zona hubiese sus leyes.

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Condados de Catalunya 1131

Se comienza a hacer la repoblación en Tarragona, que será sede arzobispal. Hay que recalcar que la reconquista de los Condados Catalanes se hacía a la par y sin hechos diferenciales a la Reconquista de los Reinos de la Península, más allá de las características propias unidas a la idiosincrasia de la zona. Al no haber gran contacto entre las gentes de los reinos católicos, el latín fue mutando en diferentes idiomas el gallego, el astur, el castellano, el aragonés y el catalán, entre otros.

Comienza a hacerse evidente el feudalismo, hasta el punto de que, incluso, la Iglesia tuvo que poner coto al dominio que los señores feudales tenían sobre sus siervos. En esta época, se crean las Sagreras, es decir, esas zonas sagradas alrededor de los templos donde los señores feudales perdían su poder y era prohibido llevar a cabo cualquier acto bélico. Allí, campesinos y comerciantes hacían su actividad.

En el año 1125 aparece por primera vez el término Catalán en un texto. Enrique de Pisa narra una cruzada contra las Baleares en la que participaban los ejércitos de Ramón Berenguer III. En ese libro, escrito en latín, se nombra al Conde de Barcelona como Dux Catalanensis y se habla por primera vez de los Catalanenses de la tierra de Catalaunia. Es a partir de ahí y no antes cuando se puede comenzar a hablar de una zona reconocida como Catalunya. Por más que sobre el significado del nombre haya cierto debate (sin resolver), no es realmente hasta 1560 que el monje Juan de Pineda no se refiere a Catalunya tal y como se escribe ahora y explica que, de antiguo, se denominaba Gothalaunia, es decir, las tierras de los Godos. Nadie había dado antes un origen certero al término.

Con Ramón Belenguer IV, se producía un hecho importantísimo en las tierras de Catalunya ya que el Conde de Barcelona se unía en matrimonio con la Reina Petronila de Aragón. Antes de que eso ocurriera, cabe destacar que el Conde de Barcelona asistió a la coronación de Alfonso VII de Castilla y León como Imperator Totius Hispaniae, es decir, Emperador de toda España. En otra de las cuestiones que no les gusta comentar a los nacionalistas catalanes, debemos decir que ese Emperador de España, hijo del Rey de Castilla y de la Reina de Aragón, estaba de algún modo unido al Condado de Barcelona ya que se casó con Berenguela, hija de Ramón  Belenguer III y hermana del propio Ramón Berenguer IV, Conde de Barcelona.

El enlace de Ramón Berenguer IV con Petronila en 1137 y la unión del Condado de Barcelona y el Reino de Aragón creará la Corona de Aragón, una unión dinástica que uniría esfuerzos de catalanes y aragoneses y que sería fundamental para la posterior expansión de la Corona. A pesar de que ambos territorios formasen un mismo concepto, las leyes y haciendas continúan separadas.

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Territorios de la Corona de Aragón 1162

Ramon Berenguer IV, obviamente, no fue Rey de Aragón, título que sí fueron su suegro primero y su hijo después, pero sí pudo poseer el de Príncipe. Con la unión, la zona ganará en fuerza e importancia y comenzará su expansión hacia el sur, que coincide con el alzamiento de la II Cruzada en el año 1146, la cual ayuda a que haya un espíritu de reconquista en toda la Península Ibérica. Lógicamente, la Iglesia incentivó esas conquistas y los Reyes de Castilla y de Aragón hacen un pacto para repartirse las conquistas del Al-Andalus. De modo que continúa la relación entre los dos reinos españoles.

Refiriéndonos a Ramón Berenguer IV, hay que decir que es el primer Conde de Barcelona al que algunos historiadores aplican el escudo de las cuatro barras, el cual ha sido siempre de gran debate si pertenecía a Catalunya o a Aragón. Parece claro que su origen es aragonés, pero lo que sí es seguro es que en la Renaixença se mintió en su origen y ha llegado a confundirse la realidad y la leyenda. El mito cuenta que Wilfredo el Velloso acudió a luchar junto al Rey Carlos el Calvo. Wilfredo, en heroica lucha, fue herido y el Rey Franco fue a visitarle. En reconocimiento, tocó la herida y en un escudo dorado pintó con sus dedos cuatro palos, cuatro barras de sangre roja que representarían desde entonces a los Condados de Wilfredo y, por ende, a Catalunya.

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Claudio Lorenzale 1844 Origen del Escudo del Conde de Barcelona

La leyenda bonita es y proviene, cómo no, de la época del romanticismo. Sin embargo, es falsa, no solamente porque teóricamente eso ocurrió en el siglo IX y los escudos heráldicos no aparecieron en Europa hasta tres siglos después, sino también porque, cuando Wilfredo el Velloso obtuvo el título de Conde de Barcelona en el año 878, el Rey Carlos el Calvo ya estaba muerto. La leyenda proviene de Pedro Beuter, un religioso valenciano que en 1551, es decir, casi 700 años después, escribió la leyenda en su Crónica general de España. Curiosamente, un mito prácticamente igual puede leerse en las historias del Rey Arturo. La leyenda de las cuatro barras de sangre fue un éxito, siendo a partir de entonces copiada por todos los historiadores posteriores dándola como verídica. No fue hasta 1812 cuando el historiador catalán Joan de Sans i de Barutell desacreditó cualquier veracidad de la leyenda, señalando las incoherencias históricas que presentaba respecto a Wilfredo el Velloso. Sin embargo, en la Renaixença volvió el bonito mito y en 1880 Jacint Verdaguer escribió el poema Las barres de sang, influenciado por el cuadro de Claudio Lorenzale.

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