Cataluña I (del s. II aC a 1017) Lo que el nacionalismo nunca te contará

Paralelamente a la historia del nacionalismo catalán (podéis encontrar aquí la primera entrada del ciclo, “Oda a la patria“), trataremos de describir en grandes rasgos la historia de Catalunya para que, de este modo, todo se entienda mucho mejor. Más allá de que la Renaixença reinventase parte de la historia de Catalunya y de que algunos catalanistas se hicieran nacionalistas y, más tarde, separatistas a base de mitos, leyendas y cuentos de hadas, ¿fue Catalunya alguna vez una nación? Para responder a ello, hay que repasar la historia de estas tierras desde que tenemos datos para formar la historia.

Comenzaremos en la primera división territorial realizada en la Península Ibérica, en la Hispania Romana, año 197 aC. Roma divide la Península en dos provincias, la Hispania Citerior y la Hispania Ulterior. La España Citerior, que comprendía la parte este desde Cartagena hasta los Pirineos, acabaría siendo la provincia Romana de Tarraconense (27 aC), en referencia a su capital, Tarraco (Tarragona). Como podemos ver en el mapa, dicha provincia no guarda relación con ninguna autonomía, provincia, ni ninguna otra delimitación de la España actual, pero en ella se incluía la actual Catalunya.

Citerior-y-Ulterior
Hispania Romana 197 A de C
tarraconensis
Hispania Romana 27 A de C

En el siglo I existen ya dos grandes ciudades marítimas en las tierras que hoy son Catalunya, Tarraco y Barcino (Barcelona). En el siglo III, habrá una nueva reforma territorial, dividiendo la Península en 5 provincias de las que Tarraconense ya solamente llegaba desde la actual provincia de Castellón a Cantabria. Un siglo más tarde, Barcino pasaría a ser la capital de la provincia en lugar de Tarraco. En ese mismo tiempo, entre el siglo IV y V, es cuando entra en Hispania el Cristianismo.

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Hispania Romana Siglo III
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Reino Visigodo Año 596

Llegaría la caída del Imperio Romano y la incursión de los Visigodos. En esos tiempos, la actual Catalunya queda incluida en el Reino de Tolosa, que posee gran parte de la Península y una parte de la actual Francia (la capital es la actual Toulouse). En el siglo VI las batallas entre Francos y Visigodos en la actual Francia hacen que los Visigodos tengan que retroceder hacía el sur. En su retroceso, estos asignan a la actual Barcelona la capitalidad del reino.

Los Visigodos aceptan el Cristianismo como religión oficial y, por primera vez en la historia de la actual España, hay una verdadera mezcla de civilizaciones ya que los Visigodos, que eran mejores en el arte de la guerra, aceptan buena parte de la cultura Hispano-Romana dado que esta era superior. De modo que, en los 300 años que están los Visigodos en la Península Ibérica, aceptan el idioma, la cultura y la religión que en la actual España había desde el tiempo de los romanos.

Con la invasión musulmana del año 711, facilitada en gran parte por las batallas internas entre los reyes Visigodos, los habitantes de la Península Ibérica huyen hacía el norte, lo que llevará a que la zona que hoy es Catalunya reciba mucho tránsito migratorio de aquellos que huían de la invasión.

En el siglo IX, gran parte de la actual Catalunya (entre el río Segre y el Llobregat) hace de frontera entre el reino musulmán (Al-Andalus) y el Imperio de Carlomagno, lo que se denominó Marca Hispánica. Esta zona de protección se realiza para que los musulmanes no vuelvan a entrar en la actual Francia. Con el tiempo, lo que los Francos llaman Hispania, se trata de volver al sur, a lo que eran sus tierra, y se comienza la repoblación al sur de los Pirineos. Se recuperó Girona (785), Barcelona (801) y toda esa zona se comienza a dividir en Condados que pertenecen a los Reyes Carolingios.

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Península Ibérica Siglo VIII
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Península Ibérica Siglo IX

Ahí es donde, de algún modo, puede comenzar verdaderamente la historia de Catalunya, por más de que aún no se llamase así. Los Condados que existían al sur de los Pirineos eran Ampurias, Rosellón, Barcelona, Girona, Besalú, Osona, Cerdanya, Urgell, Pallars y Ribagorza. Hay que decir que lo de los condados no era algo exclusivo de la zona donde ahora está Catalunya sino que en Aragón, Navarra y Euskadi ocurrió exactamente lo mismo.

Obviamente, en esos condados catalanes no habitaba una sola etnia, pues había personas autóctonas de la zona pero también Francos, Íberos, Godos, Judíos o Musulmanes, entre otros. Se organizaron instituciones de defensa en las fronteras, en la Marca Hispánica, de hecho, los que guardaban las marcas eran llamados Marqueses, título nobiliario español que aún perdura y que tiene ese origen.

El Imperio Carolingio se fragmentó y, con la muerte de Carlos II de Francia, apodado El Calvo, los condados de Barcelona, Osona, Besalú, Girona, Narbona, Agde, Bestiers, Melgueh y Nîmes, forman una reunión de territorios ya más cercana a lo que serían los Condados Catalanes.

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Para muchos nacionalitas, el origen de la Catalunya actual está en Wilfredo el Velloso (Guifré El Pilós), que estaba al mando de los Condados antes referido. Era de origen Hispano-Godo, es decir, no provenía de origen Franco y se encargó de poner a sus familiares más cercanos al gobierno de los territorios de los Condados que tenía a su cargo, creando, así, una aristocracia y fortaleciendo el linaje. No hay que olvidar que, hasta entonces, los Condes eran designados y no hereditarios. Sin embargo, Wilfredo legó los condados a sus descendientes, con lo cual rompió los lazos con los que hasta entonces habían sido sus protectores. Esto es lo único que hace diferente a Wilfredo para que continúe la seguridad ante el posible contraataque musulmán. Con ello, comienza a colonizar tierras más al sur.

A su muerte y la ya comentada repartición de los Condados a sus hijos, hace que estos se separen. Algunos acabarán formando parte de la actual Francia, otros de Navarra o Aragón pero, como nos tenemos que centrar en la historia de Catalunya, nos tenemos también que ceñir en el Conde de Barcelona, Wilfredo II, que también lo sería de Girona y Osona. Este conde sería el último que presentase vasallaje a los reyes francos.

3. Los condados catalanes bajo Guifré I el Pilós

Los problemas para los condados llegan cuando el caudillo musulmán del Califato de Córdoba, Almanzor, ataca dichas tierras. El Conde de Barcelona, Borell II, pide ayuda a los Francos, negándose Lotario I, y Barcelona y el resto de la Marca Hispánica es arrasada por los soldados musulmanes. La dinastía carolingia se extingue y, en el año 988, Borell II no acude a renovar el pacto de vasallaje, cuestión que crea el nacionalismo de Catalunya y el primer momento en el que Catalunya es considerada por éste una nación libre e independiente de cualquier otro reino. De hecho, en 1988 se celebró el Milenario de Catalunya, efeméride que sirve para que muchos nacionalistas recuerden que “somos una nación milenaria”. Dicha celebración es ridícula, dado que aquellos territorios no ocupaban la Catalunya actual, ni nadie había utilizado ni el término catalán ni Catalunya para designar dichos territorios. El milenario de 1988 es tan grotesco que, años antes, muchas ciudades catalanas celebraron el milenario de la ciudad .

La realidad es que Borell II, al no renovar vasallaje, no proclamó la independencia sino que se sometió en vasallaje al Califato de Córdoba, regido por Alhaquem. Cuando Almanzor arrasó sus tierras, Borrell II, atemorizado, pidió ayuda a Hugo Capeto. Debían encontrarse ambos personajes para que Borrell II le rindiera vasallaje, pero ese encuentro nunca se produjo. Los nacionalistas interpretan que aquello fue un acto de independencia pero no hay documento sobre lo que pasó exactamente que lo atestigüe.

Tras la muerte de Almanzor, comienza la época de los Reinos de Taifas, que eran un conjunto de pequeños estados que fueron apareciendo entre la desintegración del Califato de Córdoba. que dividía el poder musulmán, lo que llevó a que el Condado de Barcelona (y los reinos de León, Castilla, Navarra y Aragón) recuperaran posesiones. De hecho, los Reinos Musulmanes estaban tan débiles que, si no se producía en ese momento una reconquista, era probablemente por falta de repobladores e, incluso, por falta de interés (una cosa relacionada con la otra ya que, si no necesitas tierras, no hay necesidad de conseguirlas pues no olvidemos que, en esos tiempos, las personas se movían simplemente por necesidad de sobrevivir y no existían movimientos nacionales ni patrióticos). De hecho, una expedición comandada por el Conde de Barcelona, Ramon Borell, consiguió llegar cerca de Córdoba derrotando a Suleiman y saqueando y llevándose las riquezas para sus territorios.

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Reinos_de_Taifas_en_1080.svg

En esos tiempos es cuando el Papa reconoce a los Condados de Barcelona, pero no les permite la separación total de los Francos ya que, eclesiásticamente, siguen unidos pues no olvidemos que en esos tiempos las delimitaciones de la Iglesia gozaban de más importancia que incluso los reinos.

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