Hofer, Tsipras, Le Pen, Iglesias, Trump… ¿Comienza la era del Populismo?

Las novelas y las películas de ciencia ficción nos hicieron creer que el siglo XXI estaría repleto de tecnología; algunas historias fantásticas nos hicieron pensar que quizá los coches voladores y los viajes espaciales estarían a la orden del día y lo cierto es que, si bien es cierto que no todo es tal y como esperábamos, verdaderamente han cambiado muchas cosas en estos últimos años.

Eso no quita que a muchos nos haya decepcionado ese siglo XXI que, en estos primeros años, será recordado por terrorismo, guerra y crisis… Y me dirán, “nada que no se haya vivido en otras épocas” y, sí, eso es lo decepcionante. Este principio de siglo, con sus matices, se asemeja tanto al del siglo XX que debemos reflexionar sobre, si más allá de computadoras y teléfonos inteligentes, hemos avanzado algo.

Más allá de la sociedad, en política está ocurriendo lo mismo, estamos asistiendo a un resurgimiento de lo peor que vivimos en el siglo pasado, la exaltación del nacionalismo y los populimos que están llevando a que los pueblos del primer mundo estén comenzando a girar hacia los extremos. Cuando ya creíamos haber aprendido la lección, ahora nos damos cuenta de que la extrema derecha, la extrema izquierda y el nacionalismo están aquí de nuevo.

El pasado fin de semana, la extrema derecha, que ya goza de fuerza en Polonia y en Hungría, ha estado a punto de ganar las elecciones en Austria. No quiero hacer una comparativa de todos los pensamientos de extrema derecha porque creo que en cada nación esta tiene sus matices, así como tampoco compararlo con lo que pasó hace un siglo porque los factores han cambiado pero, cuanto menos, me reconocerán que es llamativo que la ultra derecha tenga su auge mayoritariamente en unas tierras donde las diferencias étnicas hicieron desaparecer el imperio austrohúngaro y que cuyas tierras causaron disputas que llevaron a la segunda Guerra Mundial.

No al mismo nivel, pero lo cierto es que, en prácticamente toda Europa, están resurgiendo la extrema derecha y la extrema izquierda, si bien es cierto que esta última solamente gobierna hasta el momento en Grecia, aunque también está subiendo en muchos países del continente como es el caso de España con Podemos.

Da la sensación de que el ser humano deja de creer en la libertad individual, deja de creer en un mundo globalizado de colaboración y solidaridad para volver a los tiempos en los que las naciones estaban encerradas en sí mismas y enfrentadas a las demás. Lo peor de todo es que todo esto se está consiguiendo con un discurso populista, antiguo y ramplón que, en mi opinión, no se acerca al verdadero pensamiento de la sociedad europea.

Hofer en Austria, Tsipras en Grecia, Le Pen en Francia, Iglesias en España, Trump en los Estados Unidos… son dos caras de la misma moneda que nos están llevando a que, en pocos años, quizá haya dos corrientes políticas más allá de siglas e ideologías, la de los moderados y la de los exaltados. Estos últimos están aprovechando la crisis, la emigración, el terrorismo y los refugiados para coartar la libertad de las personas.

En España, la extrema derecha no está teniendo auge, más allá de algunos partidos que no han conseguido representación; eso es una constante en Europa donde en los países donde había un régimen comunista apenas hay extrema izquierda y en casos como España o Portugal no hay extrema derecha tras las dictaduras vividas, con lo que se demuestra que el humano aprende de los errores propios pero no de los ajenos. En nuestro país, el problema lo tenemos con la extrema izquierda y, curiosamente, personas que critican lo que pasa en Austria, Francia o al propio Donald Trump no se dan cuenta de que Podemos y sus satélites representan exactamente lo mismo.

Además, en España, el pensamiento de la ultra derecha lo ocupan los nacionalistas, que apelan a la tierra, a la sangre y a las leyendas para conseguir, a través de la educación de nuestros pequeños y de la televisión, que, como ocurre en mi tierra, en Catalunya, los niños crezcan creyendo que la libertad no está en las personas sino en los pueblos, que la soberanía no reside en los ciudadanos sino en los territorios y que todo lo que hay más allá de nuestras fronteras es el enemigo.

Olvidar el pasado es volver a repetirlo y lo cierto es que Europa se está contagiando de exaltados. Aún estamos a tiempo de vacunarnos, de que esto no vaya a más pero, para ello, primero debemos reflexionar y pensar primero si nosotros no estamos ya infectados.

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