No es sólo un partido de fútbol, es una manifestación por la libertad

Sé que para muchas personas fuera de Catalunya no será algo noticiable que, ayer, en una ciudad española, se reunieran para ver un partido de España frente a una pantalla gigante pero, tristemente, así están las cosas por mi tierra.

Hasta hace unos años, para prácticamente nadie, la Selección Española o cualquier selección deportiva tenía tintes políticos. Todo era tan natural como que los españoles quisieran que ganara España y, salvo algún radical, la mayoría de personas, incluso las que hoy dicen que son independentistas, animaban a la Selección Española.

Pero Catalunya, como dijo Albert Boadella, está mentalmente enferma. Hoy, animar a la Selección, ponerte la camiseta de España, tristemente es significarte políticamente y algo tan natural como poner una pantalla en una ciudad española como Barcelona, cosa que incluso con gobiernos de Convergència se hizo, ahora, en la Barcelona enferma de Ada Colau y su gobierno de enchufados de Podemos, es algo prohibido.

Todo el mundo con dos dedos de frente sabe que Colau y los demás dirigentes de Podemos en Catalunya son separatistas pero, como ha hecho el PSC durante décadas, se mueven en el alambre para obtener votos de uno y otro lado. Por eso, no dejan que los aficionados al fútbol puedan poner una pantalla en Barcelona.

Electoralmente, ver en Barcelona banderas españolas no es bueno para Podemos porque, sin el voto independentista, sería quinta fuerza. Sin embargo, con el voto negativo de los que quieren romper España, unido al de la extrema izquierda, serán primera fuerza destacada, es por ello que Podemos quiere conseguir  los votos de Izquierda Unida, la CUP, Esquerra y hasta los de Convergència en Catalunya.

Lo más triste de todo es que, después de politizar Catalunya, después de menospreciar la Senyera y ensalzar ese trapo guerrillista que es la Estelada, entre los separatistas y la extrema izquierda quieran hacer ver que una bandera española o una camiseta de la Selección es signo de nacionalismo y que, además, suponga significarte políticamente, pero no lo es.

Cuando España ganó el Mundial, las calles estaban llenas de personas con camisetas de España, así como también banderas en los balcones, y en las redes sociales veías a gente celebrándolo. Algunos de estos ahora ya no lo hacen porque dicen ser independentistas. El sentimiento independentista es mayor que hace 4 años pero menor que en el último, sin embargo la confrontación y los temores se han hecho más grandes y evidentes.

Hace unos años, veía con total naturalidad llevar una camiseta de la Selección por la calle y hoy, sin embargo, no. Hoy tengo miedo de que me pueda repercutir en el trabajo o recibir una agresión porque sé que la línea de camiseta-español-nacionalista-fascista está en las cabezas de la Catalunya mentalmente enferma.

Para los nacionalistas xenófobos catalanes, que personas como yo lleven una camiseta o bandera de España es un signo de no estar adaptado, porque ellos siempre olvidan que yo nací aquí, que soy de aquí, que no he tenido que adaptarme a ningún sitio y que para mí es natural llevar la bandera catalana porque soy catalán y la española porque soy español.

En señales como estas, donde en Barcelona un partido supuestamente no separatista como Podemos se pone en manos de los de siempre y prohíbe poner una pantalla para ver a la Selección, es donde se percibe ese apartheid que existe en las instituciones catalanas, con la complacencia de una parte de la población cercana al separatismo que, a sabiendas que esto pasa, calla, mira para otro lado y disimula .

Cuestiones disparatadas como estas hicieron que surgiera una plataforma para poder poner las pantallas en Barcelona. Sin embargo, no sólo Colau y los suyos le dieron con la puerta en las narices, sino que en una carpa unas chicas fueron golpeadas cuando recogían firmas en la calle. Ayer, Ciudadanos aprovechó un acto de partido para que los barceloneses pudieran ver el partido cerca del Arco del Triunfo de Barcelona y, sí, sé que habrá quien diga que es populismo, sé que habrá quien diga eso tan absurdo de que están mezclando el fútbol y la política, pero la realidad es que, no sólo era un partido de fútbol, sino también una defensa de la libertad y una prueba más de que la mayoría silenciosa no va a callarse más, por más que nos quieran prohibir expresarnos, nos traten de atemorizar o nos boicoteen los actos.

Así están las cosas por estas tierras en las que los que somos tan raros, por ser catalanes de Catalunya y españoles de España, tenemos que mendigar para que nos dejen ver un partido de fútbol, que no es sólo un partido sino también una manifestación por la libertad.

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