Ciudadanos (la historia) – Capítulo XV

Continuamos repasando la historia de Ciudadanos (recordad que podéis encontrar el Capítulo XIV aquí):

El año 2009 de Ciudadanos acaba con unas declaraciones polémicas de Albert Rivera en las que aseguraba que PSC y CIU habían establecido un  “pacto de silencio” frente a la corrupción para no asumir sus responsabilidades políticas tras los últimos casos destapados en Catalunya. Pasqual Maragall, que había hablado años atrás de la corrupción del 3% de los Pujol, estaba ahora mudo y solamente PP y Ciudadanos querían reabrir ese debate. El silencio del PSC era preocupante.

Los partidos se preparaban para las elecciones autonómicas catalanas de 2010 y la disputa por el centro entre Ciudadanos y UPyD creaba debate. Dos partidos que peleaban por el mismo espacio se iban a perjudicar y daba la sensación de que los que confiaban en ese espacio de centro como alternativa a PP y PSC debían decantarse por naranjas o magentas.

Antonio Robles, ex de C’s, estaba ahora en UPyD y se debatía si conseguiría llevarse al electorado. Albert Rivera aseguraba que no e, incluso, públicamente, pidió que UPyD no se presentara en Catalunya para no entorpecer a Ciudadanos: “En Catalunya hemos representado una voz durante cuatro años en el Parlament. Somos conscientes de que somos una formación parlamentaria e intentaremos crecer sin estar pendiente de los cuatro votos que puedan sacar otros partidos”, dijo al preguntarle sobre si le preocupaba que UPyD pudiese arrebatarle votos.

En abril de 2010, el tripartito, apoyado por CiU, presentaba en el Parlament una resolución en la que se declaraba incompetente para dictar sentencia sobre el Estatut al Tribunal Constitucional.  Albert Rivera manifestó que Catalunya “hace el ridículo” al presentar el Parlament una resolución que catalogó de antidemocrática” y “barbaridad“.

Ciudadanos, en su cruzada contra el gobierno del Tripartit, en el que los socialistas habían vendido su alma a los nacionalistas, hacía una dura oposición e, incluso, el portavoz Jordi Cañas pidió a José Montilla que se redujese un 46% el sueldo del presidente de la Generalitat , con el fin de equipararlo al que percibía el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.

La campaña electoral comenzó con encuestas que auguraban que Ciudadanos volvería a tener prácticamente los mismos votos que en 2006. El partido presentó su candidatura en el Teatre Romea, eligió el eslogan “Rebélate” y, a diferencia del cartel de 2006, donde Rivera aparecía desnudo, esta vez eran un grupo de ciudadanos los que aparentaban estar desnudos mientras que Albert aparecía vestido.

“Nos rebelamos porque queremos convivencia, no enfrentamiento. Nos rebelamos contra la corrupción y a favor de la transparencia democrática, nos rebelamos contra la crisis y a favor de una Cataluña próspera, más justa”(…) “Nos rebelamos contra la mediocridad, contra la corrupción, contra las imposiciones, por una Catalunya libre, abierta y moderna, por una Cataluña de todos” dijo Rivera.

En el programa, C’s apostaba por una Ley electoral con listas abiertas, que se limitasen los mandatos de los representantes públicos y la supresión de las multas por no rotular en catalán, entre otras cuestiones.

Las elecciones cumplieron los pronósticos: Convergència volvió a ser la fuerza más votada, pasando de 48 a 62 diputados y, de este modo, haciendo imposible que pudiese volver a repetirse un pacto entre PSC-ERC e ICV. El PSC perdió 9 escaños y se quedó con 28, Esquerra perdió 11 y se quedó con 10, los mismos que Iniciativa que, por su parte, perdió 2. Además de CiU, los grandes triunfadores fueron el Partido Popular que subió de 14 a 18 diputados y quedó como tercera fuerza. Ciudadanos aumentó en 16.000 votos y logró mantener los tres escaños mientras que Solidaritat Catalana per la Independència logró 4, a pesar de tener menos votos que C’s.

La investidura de Artur Mas no pareció fácil de todos modos. En primera instancia, todos los partidos aseguraron que votarían No a su investidura. En la primera vuelta, requirió mayoría absoluta y no lo consiguió con 62 Sí y 73 No, es decir, toda la oposición en contra. Sin embargo, dos días después la segunda fuerza, el PSC de José Montilla se abstuvo y permitió la gobernabilidad a CiU por mayoría simple. Rivera fue el único que hizo una valoración acertada de lo ocurrido y aseguró que  Mas quiere superar al tripartito en nacionalismo” y le advirtió de que podía provocar “inestabilidad”.

Ciudadanos se quedó en el grupo mixto y lo debió compartir con SI, el partido de Joan Laporta, que estaba en las antípodas de C’s. El enero de 2011, todo quedó resuelto ya que el parlamento catalán apruebó por unanimidad una modificación de su reglamento que permitió la creación de dos subgrupos dentro del grupo mixto, a fin de que Solidaritat  y Ciutadans pudiesen funcionar de forma autónoma.

Un mes después, la Mesa del Parlament admitió a trámite la proposición de Ley de la Independencia de Catalunya con los votos a favor de CiU, ERC y SI.  Albert Rivera anunció que recurriría a la justicia. “CiU ha decidido traspasar la línea roja del Estado Derecho”. Mas contestó diciendo que “El trabajo será pesado y difícil, pero lo hemos de intentar. Yo estoy absolutamente dispuesto a poderlo hacer en los próximos dos años”.

En abril, el Parlament votó dicha proposición de Ley. Solamente Esquerra y Solidaritat tuvieron pensado votar a favor, mientras que CiU e ICV se abstendrían, quedando el voto negativo para PSC, PP y Ciudadanos. Sin embargo, ocurrió algo que en aquel momento pareció un error y que, sin embargo, quizá fuese un guiño ya que Artur Mas “se equivocó” y votó a favor, siendo el único miembro de CiU que lo hizo. A lo que sí votó de forma positiva Convergència i Unió fue a  favor del “derecho a decidir” y de la “autodeterminación”.

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Ciudadanos (la historia) – Capítulo X

Analizado en la entrada anterior, en el Capítulo IX de la historia de Ciudadanos (la podeis encontar clickando aquí), el mapa geográfico de los resultados, ahora veremos de qué caladero “pescó” los votos Ciudadanos.

Muchas veces, se habla de este tema con demasiada ligereza ya que cometemos el error de decir que los votos vienen de tal o cual partido, considerando que los votos son de alguien, es decir, como si las personas tuvieran la obligación de votar siempre al mismo. Ese quizá haya sido uno de los grandes errores de este país y el grave problema del bipartidismo en España PP-PSOE.

La diferencia entre un súbdito y un ciudadano es precisamente esa. Un súbdito está a las órdenes del Gobierno, del Estado, cuando es al revés, los gobernantes están para servir al pueblo. Nosotros con el voto cedemos la confianza a quienes nos van a representar, pero esa confianza es efímera, lo es hasta que lo creamos oportuno y, si no hacen las cosas como deben, no volveremos a depositarla en ellos. Por eso, siempre hay que tener presente que los votos, en este caso a Ciudadanos, no pertenecían a ningún partido. Eso no quita que sea de gran interés ver estadísticamente a quién habían votado antes los que ahora votaban a Ciudadanos en esta primera oportunidad de hacerlo.

Más de un tercio (36,3), eran personas que votaban por primera vez, que no habían votado antes o  que lo habían hecho en blanco. Este dato es importante ya que la teoría de que una gran cantidad de ciudadanos no se acercaba a las urnas, porque no había un partido situado en el centro izquierda no nacionalista, tomaba consistencia. Y esa era una buena noticia para un posible crecimiento del partido ya que la abstención seguía siendo del 44%. El 29,7% de los sufragios provenían de personas que habían votado en las anteriores elecciones al PSC, el 22% de ex votantes del PP y un 9,9 de CiU.

Todo es analizable, pero esos datos indicaban que Ciudadanos convencía principalmente al sector no nacionalista de los socialistas, al más centrado de los populares e, incluso, a algunos votantes de Convergènia i Unió que o bien se situaban en el centro político o bien castigaban a estos por sus pactos de estado en el gobierno de España. Las urnas habían dictaminado dónde estaba Ciudadanos. Había perjudicado al PSC, pero los que comenzaban a ponerse nerviosos eran los independentistas en general y miembros de ERC en particular, por más que tratasen de ningunear la presencia de la formación de Albert Rivera en el Parlament, diciendo que sería efímera.

En la investidura de José Montilla, los miembros de Ciudadanos fueron los únicos en no entonar el beligerante y violento himno de Catalunya, en el que se anima al pueblo a afilar las hoces y estar alerta contra el enemigo (la España Borbónica). Debido a eso, o simplemente al hecho de que tuvieran representación en el Parlament, Ciudadanos pasó definitivamente a ser el enemigo número uno de los independentistas catalanes.

El primer discurso en el Parlament del líder de Ciudadanos, Albert Rivera, era recordado así por el mismo en su libro “Juntos podemos” (Editorial ESPASA):

Sentí en cada una de mis células como todas las miradas estaban puestas en nuestro partido y, particularmente, en mí. Esos días dormí poco. Seguiamos en una nube tras haber conseguido que un nuevo partido, nacido de la sociedad civil, consiguiera entrar en el Parlament, algo que no había ocurrido en más de veinte años. Comencé a bajar los escalones desde mi escaño y las paredes se me echaban encima. Ya había pensado otras veces, durante la campaña, que ese momento podría producirse, y aunque muchos creían que no lo lograríamos, aquel día se realizó el sueño de los cerca de noventa mil ciudadanos que habían confiado en nosotros. Encaré los últimos escalones y los murmullos comenzaron a extenderse por un hemiciclo lleno, como era de esperar en una sesión de investidura. Sin duda, no era el escenario más cómodo para un chico de veintisiete años recién cumplidos que, además, tenía el honor y la responsabilidad de ser el diputado más joven de aquella legislatura. Alcé la vista por encima de las primeras filas y comencé a hablar. Por supuesto, aquel no fue mi mejor discurso, sino todo lo contrario, pero mucho me temo que cuando uno quiere preparar a fondo las cosas, casi nunca consigue el resultado esperado.

Días después, la famosa periodista independentista Pilar Rahola se despachó a gusto en un artículo para EL PAÍS:

 Lo cierto es que me parecen necesarias algunas reflexiones sobre la entrada de Ciutadans en el Parlament. Pero avanzo una previa: el fenómeno me parece relevante, pero no trágico.(…) El éxito de Ciutadans está directamente relacionado con el hostión que se ha dado Pepe Montilla en sus feudos tradicionales, esos mismos que decía movilizar gracias a sus orígenes y su apellido. (…)Algo o mucho de voto antisistema se ha llevado la gente de Ciutadans.

Los ataques contra Ciudadanos no fueron solamente verbales, ese mismo día los medios recogían la noticia de que un alumno de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), que llevaba puesta una camiseta con el logotipo del partido había sufrido un altercado por parte de un grupo de estudiantes. El joven, matriculado en Ciencias Políticas y Sociología, fue increpado durante unos minutos por varios estudiantes, hasta que finalmente una chica del grupo le arrancó la camiseta.

El rector de la UAB, Lluís Ferrer, abrió un expediente informativo y dio su rechazo absoluto a todo acto violento.

 

Fuente de la fotografía de portada: elpais.com

Ciudadanos (la historia) – Capítulo IX

Continuamos repasando la historia de Ciudadanos (recordad que podéis encontrar el Capítulo VIII aquí):

Ciutadans-Partit de la Ciutadania, la formación más joven de las que se presentan a las elecciones catalanas, dio ayer la sorpresa al lograr entrar en el Parlamento catalán, aunque por la mínima. Necesitaba el 3% de los votos y logró el 3,04%. Con el 100% de los votos escrutados obtuvo 89.500 votos y tres escaños, los tres en Barcelona. El partido ha centrado su campaña en la defensa del bilingüismo, que, en opinión de sus dirigentes, no se produce en Cataluña. La euforia se desató en el hotel desde donde se siguió la jornada electoral. En las noches electorales, todos los candidatos parecen haber ganado los comicios, pero el presidente de Ciutadans y   número uno   por Barcelona, Albert Rivera, parecía anoche el gran triunfador del 1-N. Su partido ha logrado tres escaños en apenas unos meses de vida. Además de Rivera, entrarán en el Parlament Antonio Robles y José Domingo. “Hoy hay un voto de ilusión en las urnas”, proclamó un Rivera eufórico, recibido por los militantes entre gritos de “Albert, presidente”, “A por ellos” y “Libertad, libertad”.

De este modo resaltaba EL PAÍS del 2 de noviembre de 2006 los excelentes resultados de Ciutadans en las elecciones autonómicas catalanas del día anterior.

Las elecciones volvieron a ser ganadas por CIU, que obtuvo 48 parlamentarios, PSC 37, ERC 21, PP 14, ICV-EUIA 12 y Ciudadanos 3.

La duda (si es que la había) estaba en si, esta vez, Convergència i Unió sería capaz de seducir a Esquerra Republicana para el pacto catalanista. Había una posibilidad real ya que los Republicanos habían roto el pacto con los Socialistas en el tramo final de la anterior legislatura. Incluso se especuló con la posibilidad de un pacto CIU-PSC, buscando la estabilidad y una unión de cara al gobierno central y las discusiones sobre el nuevo Estatut. Finalmente  y como era de proveer, se repitió la historia de las anteriores elecciones y se volvió a establecer un tripartito de izquierdas, esta vez con el cordobés José Montilla de President. Con el nuevo Estatut y el gobierno del tripartido Socialista-Nacionalista, comenzaba la legislatura más antidemocrática y de más persecución del castellano y de “lo español” de la historia de Catalunya.

Antes de que todo eso sucediese, el presidente de Ciudadanos analizó los resultados electorales de este modo:

“Sabemos que con los tres escaños que se ha logrado en el Parlamento de Cataluña no sacaremos adelante ningún proyecto de ley, pero sí forzaremos a los partidos a retratarse, a discutir sobre asuntos que, son los que importan a la ciudadanía”.(…) “Nosotros apostamos por el bilingüismo en la educación y cuando lo planteemos en el Parlament, obligaremos a partidos como el PSC a posicionarse al respecto”.(…) “Vamos a hacer que los políticos pongan los pies en el suelo”. (…) “No vamos a entrar en ningún pacto, de hecho no han llamado ni para felicitar y es que la irrupción de Ciutadadanos  en el escenario político incomodó al resto de los partidos”. (…) “No estamos sorprendidos, pero sabemos que lo que ha ocurrido, es histórico”. (…) “Están sorprendidos aquellos que ignoran la realidad sociedad de Cataluña”. (…) “De nuestro partido sólo ha trascendido el tema del bilingüismo, pero el proyecto es mucho más amplio”

Los cerca de 90.000 votos que logró Ciudadanos procedían principalmente de la provincia de Barcelona, sobre todo del llamado Cinturón Rojo, donde precisamente los Socialistas habían perdido sufragios. Pronto la formación aseguró que se presentaría en las elecciones municipales en aquellas poblaciones donde ya había logrado buenos resultados y se planteaba exportar su proyecto político a otras comunidades, como Madrid o Andalucía.

¿De dónde venían los votos de Ciudadanos? Tras la sorpresa por el gran resultado de la formación en las elecciones autonómicas de Catalunya, una pregunta rondaba por las cabezas de todos los que habían asistido a la actualidad política catalana. ¿De dónde han salido los votos de Ciudadanos?

Geográficamente, estaban muy definidos, como si de un microscopio se tratara, podríamos ir aumentando y veríamos:

89.840 votos en toda Catalunya, de ellos 78.525 correspondían a la provincia de Barcelona, de estos 74.435 en el Barcelonès y sus comarcas colindantes, Baix Llobregat, Mareme, Vallès Occidental y Vallès Oriental (área políticamente conocida como Cinturón Rojo por la gran cantidad de votos otorgados a los partidos de izquierda históricamente), 41.799 en la comarca del Barcelonès y, de ellos, finalmente,  31.938 en Barcelona ciudad.

Si eso lo mirásemos en un mapa, observaríamos que la zona de influencia de Ciudadanos era bastante pequeña, no llegando al 8% de la extensión de Catalunya. Explico esto porque, en los famosos mapas electorales, siempre se ve una gran Catalunya azul donde gana Convergència i Unió y un pequeño trozo en rojo donde suele ganar el PSC, lo cual puede llevar a pensar que una amplísima mayoría de los catalanes son de CIU. Por este motivo, hay que aclarar que, en ese menos de 8% de la extensión que ocupa Baix Llobregat, Barcelonès, Maresme, Vallès Occidental y Vallès Oriental, vive aproximadamente el 54% de los catalanes, con lo que el mapa no hace justicia a la realidad catalana.

Fuera de esa zona, la situación para Ciudadanos era más difícil. Además, el bajo presupuesto de la campaña tampoco les hacía llegar a todos los rincones de la región, solamente consiguiendo resultados aceptables en Tarragona y Reus, fuera de esa zona de influencia.

Resumiendo, explicaremos que solamente en catorce ciudades el partido de Albert Rivera superó el millar  de votos. A los ya mencionados 31.938 de la capital catalana, hay que añadir los más de 4.000 en L´Hospitalet de Llobregat, más de 3.000 en Badalona, más de 2.000 en Tarragona, Terrasa y Sabadell y más de 1.000 en Castelldefells, Cerdanyola, Cornellà, Lleida,  Reus, Rubí, Santa Coloma y Sant Cugat del Vallès.

Ciudadanos (la historia) – Capítulo VII

Continuamos repasando la historia de Ciudadanos (recordad que podéis encontrar el Capítulo VI aquí):

¿Quién es Albert Rivera?

Ciudadanos ya tenía cara, nombres y apellidos. El secretario general, Antonio Robles, un veterano de las batallas contra la política lingüística de los sucesivos gobiernos de la Generalitat, y el presidente Albert Rivera, un joven abogado sin experiencia política, fueron elegidos en el congreso fundacional del partido, celebrado durante un fin de semana en un hotel de Bellaterra.

La candidatura ganadora se impuso con claridad por 219 votos contra 49, pero el hecho de que hubiera dos listas lo complicó todo, hasta el extremo de que la clausura prevista se produjo casi cuatro horas más tarde. Albert y Antonio fueron escogidos por orden alfabético. La realidad es que, según dicen, fue un pequeño truco para que Rivera fuese elegido y más tarde ya se vería si sería ratificado. Obviamente, por más que hay quien lo sostiene, no fue casualidad que Rivera ya hubiese salido en los medios y que, no solo había sido campeón de España universitario de oratoria, sino que años después sería el líder político más valorado por los españoles en todas las encuestas.

En sus primeras declaraciones como presidente, Albert Rivera mostraba su perspectiva de lo que debería ser Ciudadanos:

“Este partido nunca debe dejar de ser un partido de ciudadanos, sea quien sea el presidente o su secretario” (…) Nunca entraremos en el juego de decir lo que no pensamos ni comportarnos como políticos profesionales” (…) “otra forma de hacer política, basada en la solución de los problemas”.

Los medios de comunicación criticaron mucho el hecho de que no se les dejase asistir a la asamblea. Desde el partido se decía que era cuestión de espacio, pero la prensa no creyó esa teoría e insistieron en que se debatía la tendencia política que el partido debía tomar. Según decían:

Un áspero debate entre los que defendían una etiqueta de izquierda o de centro izquierda, y aquellos otros que apostaban por una fuerza “transversal” o “liberal”; es decir, capaz de acoger en su seno al españolismo más derechista (El país).

Ciutadans busca el voto del PSC y se olvida del PP (La Vanguardia).

Ciutadans buscará el voto españolista que se abstiene en las autonómicas (El Mundo).

Al ser preguntado por esto a Albert Rivera, contestó: “Nuestra política será socialdemócrata y liberal progresista. Aunque no nos guste hablar en estos términos, nuestro partido ocupará un espacio de centro-izquierda”.

¿Pero quién es Albert Rivera? ¿De dónde había salido? Hijo de catalán y  madre andaluza (sus cuatro abuelos malagueños), fue campeón de natación de Catalunya, licenciado en Derecho y tiene un posgrado en Derecho Constitucional  en ESADE (prestigiosa universidad privada, tema que ha servido para que le acusaran de ser de buena familia, aunque sus padres pertenecen a la clase media regentando un pequeño negocio, llegándose a decir que sus progenitores le habían pagado la campaña electoral, otra de las grandes leyendas urbanas de Rivera y Ciudadanos). Fue alumno de Francesc de Carreras, catedrático de Derecho Constitucional e impulsor de la plataforma cívica que dio origen a Ciudadanos. Una vez licenciado, en septiembre de 2002 comienza a trabajar en La Caixa de Ahorros y Pensiones, “La Caixa”. En 2004 aprueba unas oposiciones internas del mismo centro y trabaja hasta 2006 como Letrado en la Asesoría Jurídica de los Servicios Centrales de La Caixa, solicitando una excedencia voluntaria para poder preparar las elecciones autonómicas de 2006.

Un partido que nace desnudo.

Las encuesta eran poco aragüeñas, los sondeos más optimistas daban un 0.5% de los votos. ¿Sería la poca notoriedad en la prensa? ¿Verdaderamente Montilla había hecho volver al redil a los votantes de centro izquierda no-nacionalistas? Sea como fuere, Ciudadanos debía llamar la atención si quería ser conocido por los votantes. De modo que, tras decir que estaban desnudos frente al nacionalismo, Ciudadanos realizó un cartel de campaña con su líder Albert Rivera sin ropa, lo cual trajo una gran controversia dentro del partido (con una gran cantidad de bajas de afiliados) y también en la opinión publica y la prensa.

Joan B. Culla i Clarà escribió en el País el 29 de septiembre del 2006:

Tras dos meses de misterio, el enigma se ha resuelto al fin. Cuando, a principios de julio, tuvo lugar el alumbramiento de Ciutadans-Partit de la Ciutadania, causó general extrañeza que el presidente y cabeza de lista de la nueva formación política no fuese ninguno de los conspicuos intelectuales o artistas que la habían engendrado, sino un joven y desconocido abogado de nombre Alberto Carlos Rivera Díaz. Ahora, después de que el partido haya publicado ya sus primeros y rompedores anuncios de prensa, se entiende a la perfección el porqué: ¿imaginan ustedes que, en vez del envidiable físico del señor Rivera -de 27 años, y ex campeón de natación por añadidura- la que apareciera desnuda a toda plana fuese la anatomía de alguno de los sexagenarios o casi septuagenarios ideólogos del grupo? El efecto sobre el electorado podía haber sido francamente desmovilizador…

 Antonio Robles, secretario general, respondió así en el mismo diario:

En su análisis del acto del Palau donde se presentó Ciutadans eliminó todos los discursos del partido, los eslóganes, a las personas relevantes que dieron su apoyo a Ciutadans y sus intervenciones, como Rosa Díez, Fernando Savater y Gotzone Mora; ninguneó el cártel metáfora de la necesidad de transparencia y frescura en la política catalana plasmado en el desnudo del candidato a la presidencia a la Generalitat, Albert Rivera. La estratagema retórica de mandarnos a la ultraderecha con el puntapié del refrán “Dime con quien andas y te diré quién eres” es clasista y sectaria. Todo el mundo sabe que en Cataluña cualquier medio o persona que no le baile el agua al nacionalismo es de ultraderecha. Ya saben,   El Mundo,   la COPE,   Libertad digital.   Toda su argumentación es asegurar que tales medios nos miman. ¿Qué habrían de hacer, ocultarnos como hace nuestra televisión pública TV-3 a pesar de que se vierten acusaciones infundadas contra nosotros y ni tan siquiera tenemos derecho a replicarlas? ¿Acaso tenemos nosotros la culpa de que en nuestra propia casa se nos oculte como se ocultaba a las madres solteras de antaño?

Ciudadanos (la historia) – Capítulo V

Continuamos repasando la historia de Ciudadanos (recordad que podéis encontrar el Capítulo IV aquí):

De ese modo, los “andaluces adaptados” daban su apoyo al PSC y la espalda al nuevo partido que, de esta manera, no iba a representar a los castellanoparlantes ni a los que vinieron de otro lugar de España o a sus hijos “porque, para eso, ya está el PSC que además ayudaba a integrarse, no como los de la plataforma que no lo están”. (Por más que la mayoría de firmantes del manifiesto eran catalanes de nacimiento y muchos de ellos hijos y nietos de catalanes también).

Verdaderamente, ni la plataforma de Ciutadans de Catalunya, ni posteriormente el partido Ciudadanos, es el partido de los catalanes de origen español ya que, precisamente, de lo que se trata es de no diferenciar una cosa de la otra porque ser catalán y español es histórica, social y culturalmente lo mismo. Sin embargo, el hecho que ocurrió entre Els altres andalusos y el govern del PSC, sí que determinó uno de los grandes “enemigos” del futuro partido y es lo que yo denomino “El trauma del charnego agradecido” y “El trauma del charnego de ciudad” (que conste, de aquí en adelante y para que no haya equívocos, que me siento legitimado para utilizar el despectivo y mal llamado término charnego, porque a mí me lo han llamado alguna vez también).

El charnego agradecido es el que, cuando va a Andalucía al pueblo de sus padres, ve lo que considera un gran retraso en dicho lugar y piensa en la suerte que tuvo de no nacer ahí, gracias a que sus padres se fueron a un lugar mejor. No entendiende que, precisamente, sus padres colaboraron con su trabajo al crecimiento de Catalunya.

El otro trauma, el de la ciudad, viene de gente que, sabiendo lo anteriormente dicho, se avergüenza de los orígenes humildes de sus familias y reniegan de ellos, creyendo que la mejor forma de lograr eso es abrazarse a todo lo catalán y renunciando a todo lo que provenga del resto de España.

Quizá alguno de estos males afectaban a la asociación Els altres andalusos. Ellos no eran inadaptados, como los de Ciudadanos de Catalunya; ellos estaban adaptados a Catalunya y tan bien lo estaban que el presidente de la asociación, Lluís Cabrera, a día de hoy, está ligado a Esquerra Republicana, se declara independentista y dice que sus antepasados son extranjeros y que sus primos andaluces le roban.

En Catalunya, como en todas partes, el nacionalismo nunca ha dejado de mostrar de una manera u otra su tendencia irreprimible a la exclusión, políticamente negando la legitimidad a PSC y PP antes, y ahora ocurría lo mismo con Ciudadanos, teniendo más gravedad lo del partido naranja ya que es un partido fundado en Catalunya y por catalanes.

En su momento, llegó a escribirse las dudas de la legitimidad que tenía Maragall para ser presidente, por ser de un partido supuestamente dirigido desde España, por no hablar de las que después hubo con Montilla, que era cordobés de nacimiento, por más que después fuese el President que hizo más política radicalmente catalanista (cosa de los traumas del charnego agradecido y del charnego de ciudad, seguramente). Políticamente, se habla de dos tipos de votantes diferentes, el de fuera del cinturón urbano, donde están los “Catalanes, catalanes” (como si se pudiera ser más catalán o menos) y luego los de Barcelona y alrededores, donde (junto a la costa de Tarragona) también se vota a los partidos “Catalanes, españoles” (como si hubiera catalanes que no lo sean)

Sin embargo, toda esta tendencia a la exclusión durante años se ha hecho ver en Catalunya que no existía y, obviamente, cierto es (salvo casos aislados) que no te pegan por hablar en castellano y también es cierto que los catalanoparlantes normalmente te hablan en castellano si ven que no conoces la lengua. Pero eso no quita que haya una reticencia a asumirla como propia por parte de la Administración, así como una protección oficial del catalán.

Lo que no había en Catalunya era una representación política para los liberales y social demócratas no nacionalistas y eso estaba a punto de cambiar.

Imagino que, por eso, de no ser un movimiento catalán, catalán (ironía), los primeros reconocimientos a la plataforma llegaron desde fuera de la comunidad autónoma con el IX Premio Gregorio Ordóñez, que otorga anualmente la fundación que lleva el nombre del que fue concejal donostiarra y presidente del PP de Guipúzcoa, asesinado por ETA en 1995.

El galardón, concedido para distinguir la “manifiesta labor contra el totalitarismo nacionalista” y la defensa del Estado de Derecho que realizaba la plataforma, era una escultura de Aitor Mendizábal que representaba la supervivencia del tronco de un árbol, aunque se desgajen partes de él. Dicho galardón fue entregado por Ana Iríbar a la representación de Ciutadans de Catalunya.

Al recogerlo, Espada expresó su “agradecimiento sentimental, pero también político” por el premio concedido, que considera un “estímulo esperanzador”, y anunció que en Catalunya se crearía un nuevo partido político para representar “a los ciudadanos que no tienen ni representación parlamentaria ni moral”.

Fuente de la fotografía de portada: libertaddigital.com