La nueva Convergència no quiere la herencia de Pujol

Convergència fue un proyecto político que nació entorno de Jordi Pujol durante los últimos años de la dictadura franquista. Pujol, que según sus propias memorias se considera “un noi de poble”, lo cierto es que perteneció a una familia burguesa de Barcelona que únicamente abandonó la ciudad para ir a Premià de Dalt mientras duraba la Guerra Civil. En 1939, ya en Barcelona, estudió en el Colegio Alemán, lugar del que sus padres no le sacaron, a pesar de lo que estaba aconteciendo en la II Guerra Mundial.

Ya a los 17 años, comenzó a enrolarse en asociaciones antifranquistas de ideología católica y catalanista. Con 30 años, fue arrestado por sus protestas contra la dictadura de Franco, en lo que fue conocido como los sucesos del Palau de la Música. Sin embargo, gracias a los contactos de su familia en las grandes esferas, no cumplió la pena de 7 años a los que le habían condenado y salió de prisión dos años después.

En noviembre de 1974, se formó el partido en una reunión clandestina a la que asistieron 150 personas. En dicha reunión, Pujol definió hacer país como formar una determinada moral, transformar las mentalidades y construir la colectividad catalana, reformar la lengua, expandir la cultura catalana, afianzar las tradiciones y crear una nueva mentalidad económica”.

Convergència lideró la coalición Pacte Democràtic per Catalunya que se presentó en las primeras elecciones generales en 1977 junto a Partit Socialista Catalá Reagrupament, Esquerra Democràtica de Catalunya y Front Nacional Catalá. Obtuvo 11 diputados, por los 15 que consiguió el PSC-PSOE.

En ese tiempo, los diputados catalanes en conversaciones con el gobierno de Suárez trataron de ponerse de acuerdo en cómo debería ajustarse Catalunya en la Constitución española, que debía votarse el año siguiente. En esas conversaciones, los representantes de Catalunya consiguieron la autonomía que debería ser reafirmada por el pueblo catalán en referéndum y decidieron no tener un concierto económico propio como en Euskadi, cuestión que Jordi Pujol siempre achacó al PSC y al PSUC, por más que miembros de este partido siempre aseguraron que precisamente Jordi Pujol era uno de los que más riesgos veía en que Catalunya tuviera una hacienda propia.

Pujol fue reafirmado como diputado en las II elecciones democráticas, las de 1979. Y en 1980 fue elegido President de la Generalitat, obteniendo el 27,83% de los votos y con el apoyo de ERC y la UCD. Con esos apoyos, la jugada salía perfecta ya que le apoyaba el catalanismo de izquierdas (a pesar de que Josep Tarradellas era muy crítico con Pujol), así como también el constitucionalismo de centro. De modo que Convergència se mostraba como catalanista dentro del orden.

Cuatro años después, Jordi Pujol obtenía mayoría absoluta y así fue hasta 1995, en una Catalunya que prospera adecuadamente y en la que Pujol tenía todo bajo control. En ese 1995 consiguió la investidura con las abstenciones de PP y PSC ya que ambos sabían que en las Generales de 1996 CiU sería necesaria, tal y como así fue, para que pudiera gobernar José María Aznar. Cuatro años después, el pacto de Madrid se trasladó a Barcelona y el Partido Popular permitió con su voto a favor la investidura de Pujol que estuvo 23 años en el poder.

Comenzaron los problemas y la sombra de la corrupción planeó sobre la cabeza del President que dejó a su delfín Artur Mas a cargo del partido. El caso Banca Catalana fue el primero, pero después vinieron otros como el caso Adigsa, el caso Palau o Millet y el de las ITV, hasta que Jordi Pujol admitió haber evadido impuestos con un dinero que tenía en Suiza y Andorra (y que luego se supo que sus hijos habían repartido por varios paraísos fiscales).

Convergència, que tiene hasta la sede embargada, se envuelve en la bandera del independentismo para que los ataques contra su partido se consideren ataques contra Catalunya. Por miedo a perder las elecciones y porque saben que sus siglas están manchadas de corrupción, se presentan a las elecciones bajo diferentes siglas Junts pel Sí en autonómicas y Democràcia i Llibertat en las generales.

Ahora, Convergència quiere refundarse, cambiar el nombre, las siglas, que nadie pueda reconocerles en la corrupción de Pujol y Más. Matar al padre para librarse de la mala imagen, un volver a empezar para esconder al pueblo que “Catalunya ens roba als catalans”.

Pero, para refundar el partido, harán falta mucho más que otras sedes u otro nombre. Tampoco valdrá con que traten de que entre al partido gente de centro y de izquierda, porque en Catalunya todo el mundo sabe lo que Convergència representa, a quienes representan y a pesar de que lleven más de 100 años con transformismos de primera calidad para quedarse siempre en el poder, pase lo que pase, mande quien mande, en Catalunya la fractura social les está haciendo a ellos mismos más daño que a nadie. Por eso, ya solamente tiene 30 diputados en el Parlament cuando llegó a tener 72 y únicamente 8 en el Congreso, cuando obtuvo 18 en sus mejores tiempos.

Fuente de la fotografía de portada: elpais.com
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