Ciudadanos (la historia) – Capítulo VIII

Continuamos repasando la historia de Ciudadanos (recordad que podéis encontrar el Capítulo VII aquí):

Sea como fuere, lo cierto es que desde ese momento los medios se interesaron por ese nuevo partido. Albert Rivera fue llamado a las televisiones y, entre broma y broma, pudo presentar a toda España el nuevo partido. Como diría años más tarde el propio Rivera, “Les dije que estaban locos, ahora no lo haría, pero como operación de marketing fue perfecto”.

Pero no todo era publicidad y Ciudadanos trataba de que el electorado pudiese ver su filosofía. En septiembre de ese 2006, cuando se acercaban las elecciones autonómicas de Catalunya, el partido denunció (junto al PP) un anuncio a favor de las selecciones catalanas por su “contenido político y publicidad ilícita”. Se trataba de un spot de televisión, promovido por la Plataforma Pro Seleccions Esportives Catalanes, de 20 segundos y protagonizado por ocho niños y niñas en un campo de fútbol. Uno de los niños, vestido con una camiseta de la selección catalana, se acerca al grupo y expresa con signos -los protagonistas no hablan- su deseo de entrar en juego, permiso que uno de los niños enfundado en una camiseta roja, en clara referencia a la selección española, le niega. La incertidumbre por la respuesta acaba cuando el niño se quita la camiseta catalana y entra en el campo, en un gesto que imitan otros niños, de manera que se acaba por disputar un encuentro entre un grupo con camiseta y otro sin ella. La imagen final muestra al niño con la camiseta catalana puesta después de que una imagen capte su cuerpo desnudo para que fluya la leyenda “una nació” desde su corazón.

Ciutadans pidió que se tomaran “las medidas cautelares oportunas” para que no se difundiese el anuncio ya que “podía calificarse como publicidad ilícita”.
El presidente de la plataforma, Xavier Vinyals, se defendió por las críticas recibidas. “El anuncio no está hecho con voluntad de ofender a nadie ni de generar confrontaciones” añadió. “Es una historia para transmitir una realidad incuestionable: las selecciones catalanas no pueden ser reconocidas porque hay otras como la española que se lo impiden”.

Días después, Ciudadanos presentó a los candidatos de las cuatro listas electorales de la formación para las elecciones de noviembre: Albert Rivera, Albert Roig, Pepa Labrador y Manuel Alba. En dicha presentación, admitían las dificultades para conseguir representación parlamentaria, aunque había esperanzas de reunir al menos el 3% de los votos, la cuota necesaria para lograr un diputado por Barcelona. Se presentó el programa social, que consistía básicamente en dedicar a la sanidad y la educación el presupuesto que ahora se destina a aspectos identitarios y en introducir el bilingüismo en las instituciones catalanas, la escuela y los medios públicos.
Como dijo Rivera “Que nadie se sorprenda si Ciutadans propone en el Parlament que en TV-3 se hable también castellano como se habla catalán, igual que también defenderemos que en TVE se continúe hablando catalán”.

Poco a poco, se iban conociendo las propuestas del partido y, a poco más de tres semanas para las elecciones, se presentó el programa electoral, basado, en tres principios básicos: la transparencia y la regeneración política, el bienestar social y la adecuación de las instituciones catalanas a su realidad plural. En este sentido, el partido proponía abolir la inmersión lingüística en la primera enseñanza y garantizar el derecho de los padres a escoger la lengua en la que quisieran que sus hijos recibiesen las clases. Así, los colegios ofrecerían tres modelos lingüísticos: el que había en ese momento, con todas las clases en catalán y la asignatura de lengua castellana; el contrario, todas las clases en castellano, más la asignatura de catalán; y, finalmente, una tercera vía que consistiría en la combinación de ambas lenguas.

A partir de los ocho años, en el segundo ciclo de la educación primaria, el modelo lingüístico se reducía a una única vía, decidida por la propia escuela, aunque se debería garantizar una presencia mínima del 35% cada lengua oficial. El tercer idioma se introduciría a los siete años, tal y como ocurría en ese momento.

Otras medidas propuestas fueron eliminar el Consejo del Audiovisual de Catalunya (CAC), un órgano de “intervención política” en los medios de comunicación y acabar con las cuotas lingüísticas de emisión en cine y televisión, así como también limitar a dos legislaturas el mandato de los altos cargos políticos, como el presidente de la Generalitat o el del Parlament. Listas electorales abiertas y la reforma de la actual Ley Electoral, que beneficia a los territorios menos poblados, y de la Ley de Financiación de los partidos políticos, así como reducir el 50% sueldo del presidente del Ejecutivo catalán y el 25% el de los parlamentarios eran propuestas también a destacar.

En el terreno de los símbolos, trasladar la festividad nacional de Cataluña, el 11 de septiembre, al 23 de abril, celebración de San Jordi, ya que la Diada no sirve más que para “enfrentar” a los catalanes entre ellos era también una prioridad.

Un 1,5 % de intención de voto era el mejor resultado que tenía Ciudadanos en las encuestas para las elecciones autonómicas catalanas. Ni los medios de comunicación ni la opinión pública confiaban en que el partido se iba a salir con la suya y muchos comenzaban a preguntarse si la formación naranja iba a desaparecer si no tenía representación parlamentaria. Albert Rivera negó la posibilidad y añadió que Ciutadans estaba pensando presentarse en municipales y generales.

Cierto era que no tener representación en las Cortes catalanas hubiera sido dar un gran paso atrás, de modo que cuando las elecciones se acercaban, los miembros del partido salieron a la calle a buscar el voto ciudad a ciudad, barrio a barrio.

Los cálculos para conseguir un parlamentario se cifraban en alrededor de 80.000 votos. Parecía imposible, pero los medios comenzaron a ver una posibilidad cuando comenzaron a observar que muchas personas empezaban a acudir a los actos del partido, como ocurrió en la Marina de Bellvitge (un barrio de L’Hospitalet) donde Rivera reunió a unas 200 personas en torno a una instalación muy elemental en un pequeño parque. El mensaje era claro, se habló de la discriminación del castellano en las instituciones (“necesitamos jueces que impartan justicia, no que den clase de idiomas; cirujanos que operen, no que discutan de filología”).

La campaña electoral acabó con un Albert Rivera criticando que los medios de comunicación le hicieran el vacío y que la televisión autonómica de Cataluña pusiese sus anuncios en malos horarios. Las expectativas no eran muy buenas, pero… saltó la sorpresa.

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