Ciudadanos (la historia) – Capítulo X

Analizado en la entrada anterior, en el Capítulo IX de la historia de Ciudadanos (la podeis encontar clickando aquí), el mapa geográfico de los resultados, ahora veremos de qué caladero “pescó” los votos Ciudadanos.

Muchas veces, se habla de este tema con demasiada ligereza ya que cometemos el error de decir que los votos vienen de tal o cual partido, considerando que los votos son de alguien, es decir, como si las personas tuvieran la obligación de votar siempre al mismo. Ese quizá haya sido uno de los grandes errores de este país y el grave problema del bipartidismo en España PP-PSOE.

La diferencia entre un súbdito y un ciudadano es precisamente esa. Un súbdito está a las órdenes del Gobierno, del Estado, cuando es al revés, los gobernantes están para servir al pueblo. Nosotros con el voto cedemos la confianza a quienes nos van a representar, pero esa confianza es efímera, lo es hasta que lo creamos oportuno y, si no hacen las cosas como deben, no volveremos a depositarla en ellos. Por eso, siempre hay que tener presente que los votos, en este caso a Ciudadanos, no pertenecían a ningún partido. Eso no quita que sea de gran interés ver estadísticamente a quién habían votado antes los que ahora votaban a Ciudadanos en esta primera oportunidad de hacerlo.

Más de un tercio (36,3), eran personas que votaban por primera vez, que no habían votado antes o  que lo habían hecho en blanco. Este dato es importante ya que la teoría de que una gran cantidad de ciudadanos no se acercaba a las urnas, porque no había un partido situado en el centro izquierda no nacionalista, tomaba consistencia. Y esa era una buena noticia para un posible crecimiento del partido ya que la abstención seguía siendo del 44%. El 29,7% de los sufragios provenían de personas que habían votado en las anteriores elecciones al PSC, el 22% de ex votantes del PP y un 9,9 de CiU.

Todo es analizable, pero esos datos indicaban que Ciudadanos convencía principalmente al sector no nacionalista de los socialistas, al más centrado de los populares e, incluso, a algunos votantes de Convergènia i Unió que o bien se situaban en el centro político o bien castigaban a estos por sus pactos de estado en el gobierno de España. Las urnas habían dictaminado dónde estaba Ciudadanos. Había perjudicado al PSC, pero los que comenzaban a ponerse nerviosos eran los independentistas en general y miembros de ERC en particular, por más que tratasen de ningunear la presencia de la formación de Albert Rivera en el Parlament, diciendo que sería efímera.

En la investidura de José Montilla, los miembros de Ciudadanos fueron los únicos en no entonar el beligerante y violento himno de Catalunya, en el que se anima al pueblo a afilar las hoces y estar alerta contra el enemigo (la España Borbónica). Debido a eso, o simplemente al hecho de que tuvieran representación en el Parlament, Ciudadanos pasó definitivamente a ser el enemigo número uno de los independentistas catalanes.

El primer discurso en el Parlament del líder de Ciudadanos, Albert Rivera, era recordado así por el mismo en su libro “Juntos podemos” (Editorial ESPASA):

Sentí en cada una de mis células como todas las miradas estaban puestas en nuestro partido y, particularmente, en mí. Esos días dormí poco. Seguiamos en una nube tras haber conseguido que un nuevo partido, nacido de la sociedad civil, consiguiera entrar en el Parlament, algo que no había ocurrido en más de veinte años. Comencé a bajar los escalones desde mi escaño y las paredes se me echaban encima. Ya había pensado otras veces, durante la campaña, que ese momento podría producirse, y aunque muchos creían que no lo lograríamos, aquel día se realizó el sueño de los cerca de noventa mil ciudadanos que habían confiado en nosotros. Encaré los últimos escalones y los murmullos comenzaron a extenderse por un hemiciclo lleno, como era de esperar en una sesión de investidura. Sin duda, no era el escenario más cómodo para un chico de veintisiete años recién cumplidos que, además, tenía el honor y la responsabilidad de ser el diputado más joven de aquella legislatura. Alcé la vista por encima de las primeras filas y comencé a hablar. Por supuesto, aquel no fue mi mejor discurso, sino todo lo contrario, pero mucho me temo que cuando uno quiere preparar a fondo las cosas, casi nunca consigue el resultado esperado.

Días después, la famosa periodista independentista Pilar Rahola se despachó a gusto en un artículo para EL PAÍS:

 Lo cierto es que me parecen necesarias algunas reflexiones sobre la entrada de Ciutadans en el Parlament. Pero avanzo una previa: el fenómeno me parece relevante, pero no trágico.(…) El éxito de Ciutadans está directamente relacionado con el hostión que se ha dado Pepe Montilla en sus feudos tradicionales, esos mismos que decía movilizar gracias a sus orígenes y su apellido. (…)Algo o mucho de voto antisistema se ha llevado la gente de Ciutadans.

Los ataques contra Ciudadanos no fueron solamente verbales, ese mismo día los medios recogían la noticia de que un alumno de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), que llevaba puesta una camiseta con el logotipo del partido había sufrido un altercado por parte de un grupo de estudiantes. El joven, matriculado en Ciencias Políticas y Sociología, fue increpado durante unos minutos por varios estudiantes, hasta que finalmente una chica del grupo le arrancó la camiseta.

El rector de la UAB, Lluís Ferrer, abrió un expediente informativo y dio su rechazo absoluto a todo acto violento.

 

Fuente de la fotografía de portada: elpais.com
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