Cuidado que viene el lobo

Políticamente, si de algo nos tenemos que sentir orgullosos los españoles es del poco (podríamos decir ningún) poder político que tiene la extrema derecha. No existe el nacionalismo español más allá de los nacionalismos periféricos. Eso no es nuevo; en las elecciones de 1933, mientras en Europa el fascismo crecía, en España la Falange únicamente conseguía un escaño de los 473 de los que constituían el Congreso.

 

A pesar de ello, desde la extrema izquierda y, sobre todo, desde los nacionalismos catalán y vasco, se manifestaba que el gobierno español tenía tintes monárquicos y fascistas. Como bien decía Cambó en sus artículos en la prensa inglesa, el fascismo español no existía, fascista era solamente cómo la extrema izquierda llamaba a sus enemigos.

 

Sin embargo, Companys intentó dar un golpe de Estado (los Mossos llegaron a disparar contra el Ejército) y lo justificó diciendo que el gobierno español tenía vertientes fascistas. Cuando los jueces de la República preguntaron a Companys dónde veía él el fascismo del gobierno español, el Presidente cesado de la Generalitat contestó, ni corto ni perezoso, que “en el tono de voz”.

 

Los nacionalismos periféricos insistieron en el tema y, por su lado, la extrema izquierda (como ahora Podemos hace) también levantó la bandera y tachó a la CEDA y al Partido Republicano de fascistas. Todo ello, envuelto en protestas, manifestaciones violentas y conatos de rebelión contra la República por parte de los partidos y sindicatos de la extrema izquierda.

 

Esta táctica para deteriorar al Gobierno no sirvió para anular el nacionalismo español, sino para que creciese. De este modo, en 1936 los conservadores de la CEDA volvieron a ser la fuerza más votada pero, ante los ataques al Estado de separatistas y comunistas, la Falange creció hasta los 44 escaños. Lo que pasó después todo el mundo lo sabe; el Frente Popular gobernó gracias al pacto de la mayor parte de la izquierda y los partidos separatistas. Poco después, llegó el alzamiento y, seguidamente, la Guerra Civil.

 

Sin comparar los tiempos, hoy ocurre algo parecido. Los ataques de los separatistas contra el Estado y la complicidad de Podemos están llevando al resurgir del nacionalismo español, el cual, por más que nos quieran vender lo contrario, no lo representa el PP ni Ciudadanos ni, obviamente, tampoco el PSOE. Las encuestas indican que, muy probablemente, VOX tenga representación tras las futuras elecciones.

 

Hay quien piensa que es bueno que se sepa cuántas personas hay en la extrema derecha nacional pero, a mi entender, en una democracia representativa, lo que no está en el Congreso no existe. Obviamente, hay personas de extrema derecha que votaban al PP, sin embargo, en mi opinión, eso no llevaba a los Populares a estar cerca del fascismo, sino a los ultraderechistas a estarlo del conservadurismo moderado.

 

Personalmente, una de las pocas cosas que tenemos que agradecer a los Populares es, precisamente, eso, haber llevado a los más extremistas a la moderación. Ojalá el PSOE hubiese conseguido lo mismo con la extrema izquierda y, de esto modo, otro gallo nos cantaría. Lo curioso del caso es que Podemos y los separatistas estén deseando que VOX tenga éxito para, así, poder decir aquello de: “¿Veis cómo sí hay fascistas en España? ¿Veis cómo sí hay que luchar contra ello?”.

 

A corto plazo, la sensación es de que Cs acabará con el PP. No obstante, yo apuesto por lo contrario; puede que Ciudadanos gane las elecciones, pero yo no me refiero a eso ya que quien puede acabar con la “necesidad” de que exista el PP puede ser VOX y, cuando eso ocurra, no quiero llantos. Más allá de nuestras creencias, de nuestra ideología, para la salud de un país es bueno que haya, a mi modo de ver, una derecha y una izquierda moderadas que no den lugar a los extremistas.

 

El gran problema de que el nacionalismo español entre en la lucha con el catalán y el vasco no es que vaya a haber un choque ideológico, pues el nacionalismo periférico es, del mismo modo, extrema derecha, por más que finjan ser otra cosa. Ya en los primeros años de franquismo, cuando el nacionalismo catalán católico comenzó a formar las bases de lo que más tarde sería Convergència, Jaume-Anton Aiguader aseguró en su articulo Una carta sucosa i un article totalitari que la diferencia entre el nazismo, el fascismo, el falangismo y el nacionalismo catalán recaía, precisamente, en que pertenecían a idiosincrasias diferentes por ser de países diferentes, pero nada más.

 

El problema real será, para los que, como yo, tenemos ideas cercanas a la social-democracia, ver cómo la balanza política gira, irremediablemente, hacia la derecha. Es decir, con VOX en juego, muchos entenderán mejor el conservadurismo moderado del PP y el liberalismo de centro de Ciudadanos, dejando poco espacio para la izquierda, lo que la llevará a tener que radicalizarse para poder obtener algún resultado, algo que no sólo será la tumba de un partido necesario como el PSOE, sino que también nos llevará a una lucha de extremos que la historia nos dice que nunca acaba bien.

 

Como dice el cuento, tantas veces se grita “que viene el lobo” que, cuando viene, nadie lo cree. Pero estemos atentos y, ya saben: Cuidado que viene el lobo

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Ciudadanos (la historia) – Capítulo XX

Continuamos repasando la historia de Ciudadanos (recordad que podéis encontrar el Capítulo XIX aquí):

En octubre de 2013, el líder de C’s, Albert Rivera, presentó la plataforma Movimiento Ciudadano con la idea de ver la voluntad que había en toda España de que el partido naranja, que hasta ese momento había realizado sus labores prácticamente sólo en Catalunya, pudiera expandirse en todo el territorio nacional. Rivera aseguró que su objetivo era “enterrar las dos Españas con siete llaves” y acabar con las “luchas identitarias” o territoriales.

La respuesta de la sociedad civil fue muy positiva y pronto se comenzó a entrever la posibilidad de que Ciudadanos pudiera presentarse a nivel nacional en las elecciones Europeas de 2014. Ante la posible implantación nacional, ocurrió lo contrario que cuando el partido surgió en Catalunya ya que, si en las tierras catalanas era el PSC quien se veía amenazado por el surgimiento del partido, ahora eran los populares los que parecían nerviosos, sobre todo porque en las encuestas sobre unas próximas elecciones a la Generalitat se observaba que, ya no solamente iban votos del PSC a C’s, sino que también los populares comenzaban a apostar por el partido de Rivera. Según todos los sondeos, Ciutadans sería tercera fuerza en Catalunya superando al bipartidismo y acercándose a Convergència y ERC.

Gracias a Movimiento Ciudadano, Albert Rivera comienza a tener repercusión en los medios españoles donde vuelve a contar cómo se sintió identificado con la plataforma Ciutadans de Catalunya, que asistió como oyente a esas primeras reuniones y que, casi sin pretenderlo, acabó siendo presidente del partido; cómo, a pesar del vacío de la prensa catalana, el partido consiguió representación en el Parlament donde Rivera se conviertió en el azote del independentismo, llegando estos a amenazar de muerte a él y a su familia.

Al acabar el año, la Comunidad Valencia y Madrid lideran el Movimiento Ciudadano y comienzan a sonar nombres para la formación naranja pero el partido, aunque no ponga vetos a personas que proceden de otros partidos, tiene la idea de que lleguen personas de la empresa privada y que, hasta ese momento, hayan estado alejados de la política.

El los últimos días de 2013 y primeros de 2014, nacen dos partidos en España, una fuerza de Extrema derecha y otra de Extrema Izquierda. A la derecha, nace VOX al que califican como “El 15 M del Partido Popular”, la formación que inició su andadura con el objetivo de “recoger el voto de la derecha desencantada con las políticas del PP” y que se presentó ante los medios de comunicación  a través de una rueda de prensa de sus promotores Cristina Seguí, José Antonio Ortega Lara, José Luis González Quirós, Santiago Abascal e Ignacio Camuñas. 

El origen de Podemos se encuentra en el manifiesto Mover ficha: convertir la indignación en cambio político, difundido por la publicación digital Público, donde firmaban una treintena de intelectuales, personalidades de la cultura, el periodismo y el activismo social y político, entre los que se encontraban Juan Carlos Monedero.  En este manifiesto, se expresaba la necesidad de crear una candidatura que concurriese a las elecciones europeas de mayo de ese año con el objetivo de oponerse, desde posturas de izquierda, a las políticas de la Unión Europea para la crisis económica. Aunque no era uno de los firmantes del manifiesto, el 14 de enero se anunció que el profesor de Ciencia Política de la UCM y analista político televisivo Pablo Iglesias encabezaría el movimiento.

En ese comienzo de año, Ciudadanos recibe una muy mala noticia al conocerse que el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya (TSJC) había decidido la imputación procesal en el marco del procedimiento judicial, seguido por fraude fiscal, durante la etapa en que Jordi Cañas fue administrador de una sociedad limitada, junto a su expareja y nueve personas más, por un supuesto fraude a Hacienda de 429.203 euros en el Impuesto de Sociedades del año fiscal del 2005, gracias a un entramado empresarial. A pesar de no ser corrupción política, de no estar condenado y de ser un hecho que se produjo antes de que el partido existiera, Jordi Cañas abandona su escaño en el Parlament de Catalunya.

Con vistas a las elecciones europeas, Ciudadanos inició las primarias para elegir los candidatos para el 25 de mayo. El independiente Javier Nart sería el número uno y el escritor Juan Carlos Girauta, que también se presentaba como independiente,  sería el segundo de la lista, por delante de la también independiente Carolina Punset. Las encuestas dicen que C’s difícilmente tendrá representación, las más optimistas dicen que quizá puedan conseguir uno pero, una vez más, el partido supera las expectativas y finalmente logra tres eurodiputados que se integraron en el grupo de Asociación de Liberales y Demócratas Europeos y consiguiendo casi medio millón de votos.

El partido sigue su expansión por el territorio nacional. Se suman partidos de carácter municipal, así como también regional y formaciones como el Centro Democrático Liberal, que lo habían formado en su momento un sector del CDS de Suárez. Vuelven también los rumores de la posible unión con UPyD, una encuesta dice que los afiliados de ambos partidos estarían dispuestos a ello. Sin embargo, Rosa Díez, que ve a C’s como si de un hermano pequeño se tratara, opina que Ciudadanos tendría que adherirse a UPyD.

En Catalunya la tensión va aumentado, Artur Mas prepara un referéndum para el 9 de noviembre, coincidiendo con al caída del muro de Berlín. Curiosa metáfora de los independentistas hacer un símil entre el reencuentro de un pueblo, con la ruptura de otro. Los jueces declaran ilegal dicho referéndum y Mas trata de hacerlo de forma no oficial. Antes de que eso ocurra, el 11 de septiembre, la propaganda separatista organiza la vía catalana que consta de hacer un río de personas en forma de “V” por la Gran Vía de les Corts Catalanes y la Diagonal. Se inscriben 530.000 personas. Finalmente, asisten algo menos, sin embargo, la organización da la cifra de un millón ochocientas mil personas. Los medios financiados por la Generalitat dan por buena esa cifra, es decir, quieren hacernos creer que ese día se recorriendo toda Catalunya para estar en una manifestación más personas de las que cruzaron una calle para votar a partidos soberanistas. En ese 11 de septiembre, el programa Al rojo vivo de La Sexta emite un especial en el que, entre muchos otros, se invita a Albert Rivera, el cual tendrá que ser desalojado por los Mossos por intentos de agresión por parte de los separatistas.

Los tiempos están cambiando

En 1963 Robert Allen Zimmerman, más conocido como Bob Dylan, sacaba a la luz el tema “The Times They Are A-Changin'” (Los tiempos están cambiando). Dylan, que contaba solamente 22 años, trataba de describir los cambios que se estaban dando en la sociedad norteamericana.

Reuníos a mi alrededor, gente, por donde quiera que vaguéis, y admitid que las aguas de vuestro alrededor han crecido,
y aceptad que pronto estaréis calados hasta los huesos. Si el tiempo es para vosotros algo que merece la pena conservar, entonces mejor que empecéis a nadar u os hundiréis como una piedra, porque los tiempos están cambiando.

Vamos, escritores y críticos, que profetizáis con vuestras plumas, mantened los ojos abiertos, la oportunidad no se repetirá. Y no habléis demasiado pronto, porque la ruleta todavía está girando. Y nadie puede puede decír quien es el designado. Porque el ahora perdedor, será el que gane después. Porque los tiempos están cambiando.

Pues bien, en España los tiempos también están cambiando. Que un 25% de los televidentes vieran el debate entre Pablo Iglesias y Albert Rivera es significativo y que el minuto de oro superara los 9 millones de personas llama la atención. Probablemente, hace unos años trataríamos de imposible que un debate entre dos políticos que representan a dos partidos que ni siquiera están en el Congreso de los Diputados superase, en el cuerpo a cuerpo, a Gran Hermano.

Esto debe hacer reflexionar a los partidos hasta ahora mayoritarios. Mariano Rajoy y el PP deben salir de las declaraciones tras el plasma y saltar a la arena. Hay muchas forma de debatir entre dos, entre cuatro, entre seis. Lo que está claro es que los españoles, en un momento tan importante como éste, exigen que los políticos den la cara y nos muestren sus propuestas si las tienen.

En principio, Pedro Sánchez, el líder del PSOE, ha dicho que acepta el reto lo cual, tratando de verlo desde el modo más neutral posible, creo que es una decisión muy valiente porque, a mi parecer, los debates a cuatro o a seis a quien menos benefician es a su partido.

En un debate entre Sánchez y Rajoy, el socialista podría tratar de demostrar que es la alternativa, sin embargo, en un debate a seis lo tendría muy difícil ya que, al fin y al cabo, el PSOE es el partido que más tiempo ha gobernado en España y difícilmente podrá mostrarse como el cambio sentado alrededor de una misma mesa donde estén Albert Rivera, Pablo Iglesias, Alberto Garzón y Andrés Herzog. Más cuando el PSOE hace cosas tan difíciles de entender como fichar a Irene Lozano de UPyD quien hace poco tiempo manifestó cosas como que ahora su partido es mafioso y corrupto.

Creamos cada uno en lo que creamos, tengamos la ideología que tengamos, lo positivo es que en las próximas elecciones habrá un partido cercano a nosotros. De tres partidos, se ha pasado a 7, donde incluyo a VOX, a más a más de los partidos nacionalistas y regionalistas. Ahora nos falta saber cerca de cuál estamos los españoles y para eso hacen falta dos cosas. Una, que los políticos debatan y muestren sus propuestas y, dos, que los españoles, tal y como estamos haciendo, nos interesemos por la política y tratemos de votar concienciados de lo que hacemos pues, como dice el sabio refranero popular español, “Más vale prevenir que lamentar”.

A garrotazos

ciudadanoadrian duelo a garrotazos

“Duelos a garrotazos” es una de las pinturas de la llamada Época Negra de Francisco de Goya. La interpretación tradicional del cuadro ha sido la de dos hombres en un duelo luchando a bastonazos en un paraje desolado enterrados hasta las rodillas. Esta pintura ha sido vista desde su creación (1819-1823) como la lucha fratricida entre españoles; en época de Goya, las posiciones enfrentadas eran las de liberales y absolutistas. El cuadro fue pintado en la época del Trienio Liberal y del ajusticiamiento de Riego por parte de Fernando VII, dando lugar al exilio de los afrancesados, entre los que se contó al propio pintor. Por esta razón, el cuadro prefigura la lucha entre las Dos Españas que se prolonga en el siglo XIX entre progresistas y moderados y, en general, en las posturas antagónicas que desembocaron en la Guerra Civil Española. Leer más