Don erre que erre

Ayer asistimos al segundo acto de ese sainete de mal guión y peores actores titulado “Procés de Independencia”. Salió a escena el señor Mas, a quien no se le puede negar que se sabe bien la obra de teatro, lo cual no quiere decir que actúe bien, más bien lo contrario. Parece que recite y recite, pero actúa sin alma, con cierta pereza. Entró diciendo “Me emplazaron a que volviera el jueves y aquí estoy, a ver si podemos desbloquear esta investidura para poder formar un Govern sólido para Catalunya”, pero ni él mismo se creía lo que decía, sabía que la CUP no le iba a hacer President y que todo aquello era una pantomima. Leer más

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PSOE, ¿dónde está ahora la bandera?

Componer un Parlament nunca había dado tanto de qué hablar, pero obvio es que el momento político de Catalunya y el resto de España están haciendo vivir momentos cuanto menos peculiares. Colocar a Carme Forcadell como Presidenta del Parlament no es que sea un intento de provocación, que lo es, sino que también es un insulto a esa mayoría de los catalanes que respeta la Ley, la Constitución y el Estatut de Catalunya.

Carme Forcadell no puede empezar un discurso diciendo que quiere ser la Presidenta de todos y acabar esa misma locución gritando “Viva la República Catalana”. Para algunos, esas palabras pueden ser una anécdota, pero no lo es. Es la clara demostración de que el soberanismo no quiere diálogo ni democracia, sino imponer su pensamiento sobre el de los demás.

De ahí que, al día siguiente, Junts pel Sí y la CUP pactasen “el inicio del proceso de creación del estado catalán”, en un proceso “constituyente ciudadano, participativo, abierto, integrador y activo para preparar las bases de la futura Constitución Catalana” […] “y declaren que los partidos trabajarán para la creación de un estado independiente en forma de República Catalana”.

La primera lectura que tenemos de eso es que la CUP, la izquierda abertzale catalana, los mismos que ayer mismo en otro tema defendieron a unos anarquistas que habían colocado unas bombas y que fueron detenidos por los Mossos, ha perdido toda credibilidad ya y pronto dejará de recibir votos de quienes los ven como un grupo simpático y algo alocado que quiere cambiar el mundo, dándose cuenta de lo que verdaderamente son, un grupo violento, más cercano al comunismo más violento y a grupos vascos, por suerte ya desaparecidos.

Baños dijo la misma noche electoral que habían perdido el referéndum y que, por lo tanto, no había Declaración de Independencia. No sabemos qué le habrá prometido la alta burguesía catalana para que cambiara de opinión pero, por lo visto, todo tiene un precio y, quizá, si le dan un poco más de eso que le han dado, pronto Baños incluso vote a favor de la investidura de Artur Mas.

Porque Junts pel Sí ya ha dicho que es una línea roja que no se va a trazar, que Mas debe ser President, lo cual deja todo muy claro que nadie puede creer que todo esto no esté organizado por Convergència, única y exclusivamente para eludir los jueces españoles. CiU nunca ha hecho nada por Catalunya en España, ni por la cultura catalana en España. Solamente ha hecho que confundir y lo siguen haciendo hasta al punto de que en el resto de España ya se debe creer que corrupción en catalán se dice independencia.

La reacción de Mariano Rajoy, para mí, ha sido correcta. No seré yo quién defienda a Rajoy, pero en un conflicto entre Constitucionalistas y Golpistas, hay que tratar de apoyar a Rajoy que, nos guste más o menos, es el Presidente de todos los españoles, de los que le votaron y de los que no le hemos votado.

La reacción de la oposición en Catalunya ha sido discutible. Ciudadanos organizó una carta de convivencia democrática que PSC y PP aceptaron. Sin embargo, al final los socialistas, como es habitual en Catalunya, se echaron atrás. Aún y así, el Parlament suspende temporalmente la moción de Junts pel Sí y la CUP.

Lo que habría que esperar es que en estos días PSC y Catalunya Sí que es Pot firmen por la convivencia democrática, más allá de que después cada uno tenga ideologías distintas y modo de trabajar diferentes. De hecho, en la carta redactada por Ciudadanos no había lugar para la ideología, solamente a la defensa de la legalidad vigente y al respeto a la Constitución. Y, si no lo van a hacer, que el PSOE no tenga la poca decencia de utilizar otra vez la bandera española. Señor Iceta, ¿dónde está ahora la bandera?

Un paso atrás

Parece que Artur Mas comienza a dar pasitos atrás. Sí, cierto es que no son excesivamente llamativos, pero ha venido a decir que esperará al resultado de las elecciones generales para negociar con el gobierno que salga, lo que da a entender que no hará esos actos de desobediencia que la CUP le pedía o quizá que comienza a tomar consciencia de que el partido de Baños no le hará presidente haga lo que haga.

También es un pequeño pasito que, por primera vez desde hace mucho tiempo, separe lo que es el actual gobierno del PP de España en sí. Dijo también que: “deseo que salga un Gobierno lo más plural posible” y que para él “el referéndum ya está hecho”.

Sí es cierto que recalcó que estaba dispuesto a hablar, aunque siempre buscando un referéndum definitivo, algo que difícilmente podrá darse ya que la única de las cuatro fuerzas que parece abierta a un referéndum es Podemos y, a día de hoy, se ve improbable que pueda ganar el 20 de diciembre. Sea como fuere, para que haya ese referéndum debe haber un cambio en la Constitución o una nueva Ley.

Lo que sí podría interpretarse como una declaración de intenciones sería saber si Junts pel Sí o bien Convergència y Esquerra se presentarán a las elecciones generales. La CUP ya ha dicho que no tiene intención de presentarse ya que no creen que deban estar en Madrid cuando su anhelo es la independencia. En raíz a eso, tampoco deberían presentarse Convergència ni ERC, aunque sí entendería que lo hiciese Junts pel Sí ya que, sin estar en las Cortes, no podrían cambiar la Constitución y, sin cambiar la Constitución, no habrá referéndum nunca.

Da la sensación que, al menos a corto plazo, Artur Mas descarta la Declaración Unilateral de Independencia y en el momento que estamos creo que eso no es poco y, como digo y repito siempre, no por que crea que la independencia pueda llegar, sino por miedo a lo que el enfrentamiento pueda traer en las calles.

En Catalunya estos días se sigue hablando del monotema y ha llegado el momento en el que en esta tierra el juego de moda es tratar de adivinar qué es lo siguiente que va a pasar. Curiosamente, la investidura del próximo President ha pasado a un segundo plano, parece algo lejano, como si todos diésemos por hecho que en la primera votación no habrá acuerdo y que las negociaciones se acelerarán cuando pase ese día.

Mientras, el Partido Popular y el PSOE hablan ya de buscar soluciones. El PP de Albiol quiere hablar con la parte de Junts pel Sí que pertenece a Convergència, siempre y cuando abandone el soberanismo, y el PSC con la parte de Esquerra de la coalición, con la idea de sumar a Catalunya Sí que es Pot y hasta a la CUP, si bien es cierto que en mayoría parlamentaria estos pactos no tendrían sentido ya que no llegarían a los 68 diputados en ningún caso.

Puede que todo esto sólo sean fuegos de artificio, que solamente se busque observar cómo reaccionan los demás. Los pactos parece que están lejos a día de hoy y que Mas quiera esperar al 20 de diciembre puede darnos un respiro en esta vorágine de actualidad política en la que llevamos unos meses.

La Catalunya no democrática

Que la democracia es votar es la respuesta que nos daría un niño de siete años, pero también es la que dan los amigos de Artur Mas. Esa respuesta es todo un insulto a la inteligencia, porque la democracia es mucho más que eso,  democracia es una forma de convivencia social en la que los miembros son libres e iguales y las relaciones sociales se establecen de acuerdo a mecanismos contractuales. La democracia es el gobierno de la multitud, el gobierno de los que son más y que aquellos que son menos no respeten lo que quiere la mayoría nunca puede ser democracia.

Las democracias liberales son desde el nacimiento de los Estados Unidos las más habituales en  el mundo occidental, tanto en repúblicas como en monarquías constitucionales, y todas ellas se basan en el respeto a la Constitución, a la división de poderes, al derecho a votar y ser votado, al de la propiedad, así como también a la existencia de partidos políticos, libertad de expresión, de prensa, asociación y vigencia de los derechos humanos.

Que un gobierno y personas cercanas, aunque sea un gobierno en funciones, vayan a un juzgado a tratar de coaccionar a un juez es una de las cosas más antidemocraticas que se han visto en esta España nuestra. Y lo más gracioso de todo es justificarlo con frases como “es que no nos han dejado poner las urnas”, “en un país normal no se prohíbe votar” y excentricidades de ese tipo.

En un país normal, justo, democrático, un presidente autónomo, es decir, el representante de España en la comunidad, no puede utilizar un censo electoral sin permiso para saber quién es independentista y quién no. En un país normal, no se amenaza a los directores de los institutos que no quieren ceder sus llaves para un referéndum ilegal y en un país normal no se dice que se prohíben las urnas, cuando en poco más de año y medio, hay elecciones europeas, municipales, autonómicas y generales.

¿Qué es un país normal, señor Mas? ¿Estados Unidos, Francia, Alemania? Porque en esos países no es que no permitan que haya referendos soberanistas, sino que la Ley prohíbe que haya partidos independentistas.

Ya he repetido una frase varias veces en mi blog y parece que los independentistas no la acaban de entender. Ser independentista no es ilegal, lo que es ilegal es la independencia. De modo que, en vez de numeritos, lo que deberían hacer es tratar de cambiar la Ley, tratar de cambiar la Constitución y no amenazar con un golpe de Estado.

También he repetido ya, que yo no temo a la independencia, porque sé que no la habrá jamás. No me asustan los no-españoles de Mas y su cuadrilla. Los que de verdad deberían preocuparnos son los anti-españoles como Ada Colau y compañía que tienen la desvergüenza (como ha hecho el PSC históricamente) de coger los votos de no independentistas y después hacer lo que les ha dado la gana con ellos, llegando incluso al jueguecito de que los miembros de Junts pel Sí dijeran que no votaran a Catalunya Sí que es Pot porque era votar NO. Todo ello para, cinco minutos después de las elecciones, decir que muchos de los votantes sí lo eran. Pero, claro, eso hay que decirlo antes de las elecciones y Ravell, Iglesias y compañía siempre dijeron en campaña estar en contra de la independencia.

Lo que son estos de Podemos, Barcelona en Comú Catalunya Sí que es Pot o como los queramos llamar se vió muy claro en el lamentable altercado de las banderas en el ayuntamiento de Barcelona. Alfred Bosch de ERC colocó una bandera anticonstitucional libremente y, cuando Alberto Fernández del PP sacó la española, fueron los miembros de Barcelona en Comú los que no le dejaron. La consecuencia fue desastrosa para ellos en las autonómicas. Me llamarán exagerado pero que pregunten en sitios como Nou Barris y lugares similares, si cuestiones como lo de las banderas tuvieron que ver mucho o no para que en lugares donde en mayo se votó a la marca blanca de Podemos en septiembre se votara a Ciudadanos.

La Catalunya que viene

Que Catalunya está partida es una obviedad. Sería simplista hacerlo entre independentistas y no independentistas, porque en medio hay mucho más. No voy a volver al tema de ayer y a sumar si hay más del SÍ o del No porque no hay bando del No. Hay un bando que no reconoce estas elecciones como un referéndum y otros que sí y en eso, obviamente, han perdido los del Sí porque solamente han logrado convencer al 36% del total de la población. Pero, como he dicho, entre los independentistas y los que no quieren la independencia hay un gran matiz de grises.

Debemos olvidarnos de los que quieren la independencia Sí o Sí y de los que dicen “tú eres español porque lo pone en el carnet”. Y entre los demás tratar de acercar posturas, si es que se puede, porque no podemos estar cada dos por tres mirando si el porcentaje es el 47, el 49 o el 51 por ciento. Así no es cómo se hacen las cosas.

El diálogo es importante pero, ciertamente, mientras los del Sí-Sí hablen de Declaración Unilateral de Independencia, jamás podrá haber ese diálogo. Fuera de la Ley, de la Constitución y del Estatut de Catalunya no hay nada, no hay debate, no hay forma, ya no de acercar posturas, sino ni siquiera de reunirse.

El sentimiento independentista no es algo fuera de la Ley, lo que está fuera de la Ley es la independencia. De modo que el camino que ellos deben tomar es tratar de cambiar la Constitución y no quejarse como hasta ahora de que no tienen una mayoría necesaria para cambiarla, porque no hay nada más antidemocrático que quejarse de que no se tiene la mayoría para buscar algo, porque si algo hay que tener claro es que hay que aceptar las mayorías y que los que no piensan como nosotros no son nuestros enemigos, sino nuestros compatriotas y que, aunque no defendamos sus posturas, hay que defender su derecho a expresarlas.

La política en Catalunya no puede ser una batalla hasta el desgaste como algunos quieren. Pero lo cierto es que soy bastante pesimista con el futuro. En Catalunya comienza a haber una guerra civil que hasta ahora es dialéctica y esperemos que quede ahí por el bien de todos. Pero difícil es saber lo que puede ocurrir ahora, cuando es complicado incluso saber si habrá un nuevo gobierno en Catalunya o si se tendrán que repetir las elecciones.

Lo cierto es que, si son honestos, si verdaderamente quieren el bien de los catalanes, tras el No de las elecciones del domingo debería haber unas elecciones normales. Cada uno con sus siglas y ver qué ocurre. El proceso de Mas no puede seguir, ya no hay más trampas, ya da igual que se inflen cifras en las manifestaciones porque las urnas ponen a cada uno en su sitio y nadie va a creerse ahora que el independentismo es capaz de hacer que millones de personas vayan desde todos los puntos de Catalunya a una manifestación y que, sin embargo, no crucen la calle para ir a votar.

Las votaciones han hablado. Catalunya es diversa y eso es la clara demostración de que nadie puede hablar en el nombre de todos los catalanes como hacen Artur Mas y Oriol Junqueras. Pero, claro, si ellos siguen diciendo que hay votos en Catalunya de Sí que es Pot, PSC y Unió que son del Sí, poco podemos hacer. Pero, en fin, ellos sabrán, porque si siguen repitiendo eso una y otra vez, esos votantes de esos partidos querrán dejar clara su postura en las próximas elecciones e, irremediablemente, se sumarán a Ciudadanos.

Las cuentas claras

No ha sido una sorpresa, lo tuvimos siempre claro pero, a pesar de eso, debemos hablar hoy de ello. Los independentistas perdieron ayer, eso es obvio. Se unieron dos de los partidos más fuertes de Catalunya, unos de izquierda y otros de derecha, para buscar la mayoría absoluta y no la consiguieron. Fin.

Aquí debería acabar la historia pero sabemos que no será así por dos grandes motivos: porque Mas es un superviviente del vivir del cuento y porque este independentismo catalán no respeta a los que no piensan como ellos.

Junts pel Sí habría conseguido el 51,2% de los votos en 1984, el 50,1 en 1988, el 54,8 en 1992, el 50,9 en 1995, el 46,8 en 1999, el 47,4 en 2002, el 48,7 en 2006, el 45,5 en 2010 y el 44,4 en 2012 y, sin embargo, ahora, cuando lo utilizan como un plebiscito para la independencia, solamente le votan un 39,5% de los que acudieron a las urnas.

Sé que parte de los votos de Junts pel Sí han ido a la CUP pero así tampoco salen las cuentas. En 2010, últimas elecciones sin sabor independentista, las fuerzas soberanistas tuvieron el 50% de los votos (CiU + ERC + SI + Reagrupament Independentista); en 2012, ya con el proceso, bajaron a 49,15% y, ahora, en 2015 a 47,78%, es decir, siempre, va a menos y no por que los independentistas sean menos, sino porque cada vez votan más personas. Es decir, porque cada vez van a votar más personas de lo que hay quien denomina la “mayoría silenciosa”.

En las elecciones se cumplió lo que tantas veces hemos dicho aquí. Mientras más personas votan, peor les va a los independentistas, porque esa parte de los que no votan no lo hacen porque durante años las autonómicas no han sido vistas como propias,porque hasta la llegada de Ciudadanos, no había ninguna formación que no hubiese pactado con los nacionalistas.

La coartada independentista está en decir que hay gente que vota a Catalunya Sí que es Pot que es independentista, lo cual es una trampa doble: una, porque la coalición se ha declarado durante todo momento en contra del proceso, tanto que hasta Mas llegó a comparar a Iglesias con Aznar; y, dos, porque no todos los que han votado a Junts pel Sí son independentistas y eso lo dejan claras las encuestas, pues muchos de los votantes de Convergència creen que, apretando por este lado, se llegará a obtener mejoras económicas para Catalunya.

Tanto es así que yo lanzo una apuesta y, hasta ahora, no me he equivocado mucho en mis predicciones políticas que ido dejando escritas aquí. Sí algún día hay un referéndum, ya sea vinculante o no, votarían el Sí muchas menos personas de ese 47,78%, atreviéndome a decir, y aquí lo dejo por si en un futuro hay que revisarlo, que el Sí apenas superaría el 30% de los votos. Y mi racionamiento lo llevo a esas dos cosas: a que hay personas que no votan y que en ese caso votarían y a que muchísimos de los que el domingo votaron a fuerzas independentistas, en un caso de Sí-No, votarían No, lo cual no debería sorprender a nadie ya que en el Quebec y Escocia pasó exactamente lo mismo.

En los próximos días veremos una lucha por el trono entre los independentistas: los de Junts pel Sí, Romeva, Mas y Junqueras, que no son más que vividores que buscan un sillón; y los de la CUP, que hasta ahora han sido personas de palabra más allá de su alocada tendencia. Ayer lunes Baños lo dijo claro. Los independentistas perdieron el plebiscito que pretendían.

Ahora lo más lógico sería que se repitieran elecciones para buscar, de una vez por todas, un gobierno catalán que se dedique a gobernar y no a malgastar el dinero.

Creced y multiplicaos

Cuando acabó la primera legislatura de Artur Mas, éste se despidió de Albert Rivera diciéndole que ya no lo vería más por el Parlament, refiriéndose a que Ciudadanos no iba a tener representación en la cámara nunca más. Poco más de cinco años después, el mismo Mas ha tenido que juntar sus fuerzas con ERC y otros partidos por miedo a que Ciudadanos ganara las elecciones.

Ese es un pequeño pero directo resumen de lo que ha acontecido en Catalunya en los últimos años. C’s marca la tendencia de un modo tan notable que PSC, PP, Catalunya Sí que es Pot, Unió e incluso Junts pel Sí han enarbolado el discurso que el partido naranja lleva explicando a la población desde hace casi diez años.

Ahora todos quieren unidad, a nadie le importa de dónde vienes pero, claro, eso es sólo campaña. En estos días hemos visto a Miquel “Travolta” Iceta bailar la mar de contento, cuando en Catalunya los perseguidos que nos sentimos tan catalanes como españoles y europeos no tenemos ánimo para ello. Aunque lo de bailar no es lo peor, sino oírle gritar en los mítines que no quiere elegir entre ser catalán o español, cuando hasta hace poco compartió ruta con Mas y, tras estas últimas municipales, el PSC ha votado en grandes ciudades como Castelldefels o Terrasa su unión a los municipios por la independencia.

Igual de bochornoso es ver a los miembros de PP y Junts pel Sí hacer el ridículo banderita en mano. Estas elecciones no van a ser una lucha de banderas o no lo debería. Es hora de pensar en los ciudadanos de una vez por todas, en que todos los ciudadanos tengan unas ideas políticas u otras. El bochorno del balcón del Ayuntamiento de Barcelona del otro día fue una foto perfecta de la Catalunya actual. Un miembro de Junts pel Sí, colocando una estelada; uno del PP que coloca la española, no entendiendo que buscar una lucha España-Independentismos es darle la razón a los independentistas; uno de Podemos que se siente agraviado por la bandera de todos, pero no por la estelada; y, mientras, todos los Ciudadanos abochornados.

Estos días casi nos hemos acostumbrado a esos bochornos. Tan lamentable ha sido oír a la banda de Mas, como a la de Rajoy. Quizá esa es la parte más triste de todo, ver que nuestros gobernantes nos toman por estúpidos. La última, la de Junqueras y Romeva respecto a si, en una Catalunya independiente, los catalanes perderían la nacionalidad española o no. Pero, ¿de verdad se piensa que somos tan tontos? Catalunya jamás será independiente, pero en un hipotético caso como ese, obviamente quienes quisieran la nacionalidad catalana perderían la española, de la misma manera que los croatas o bosnios perdieron la yugoslava con su independencia. Es una cosa tan obvia que es insultante que los políticos jueguen con eso. Hablan de doble nacionalidad y, ¿quién le ha dicho a Mas y Junqueras que España aceptaría tratados de doble nacionalidad con Catalunya? ¿O es que Mas quiere mandar también en España?

Por suerte, la Catalunya que cree en ideas sensatas va aumentando. Ciudadanos, que nació de la nada, ha ido creciendo y todo apunta a que seguirá haciéndolo en el futuro ya que, como he dicho otras veces, todavía hay muchas personas que ya son de Ciudadanos lo que ocurre es que todavía no lo saben. C’s es el partido de los que quieren luchar juntos por un futuro mejor, que quieren justicia pero no venganza, que no quieren que el miedo cambie de bando, sino que no haya ni miedo ni bandos.

A día de hoy, el partido de Albert Rivera e Inés Arrimadas es el único que puede hacer frente al independentismo radical; a los que, como Oriol Junqueras, creen que entre los catalanes hay algunos que tienen un ADN superior al de otros; a los que creen que hay catalanes  de primera y de segunda; aquellos que opinan que no vale con haber nacido aquí para ser catalán de toda la vida.

Ya quedan unas horas para saber los resultados y celebrar que los naranjitos se multiplican.