Conversos y renegados. La historia del nacionalismo catalán (III) Cuando los catalanes abandonaron el catalán

Como hemos indicado en las entradas anteriores (podéis encontrar la primera de ellas, “Oda a la patria“, aquí y la segunda, “El catalanismo literario se escribió en castellano“, aquí), La Renaixença surgió con el fin de proteger la lengua y las costumbres catalanas, más allá de que no tuviera ningún tinte de carácter político nacionalista y que la política comenzase a adentrarse dentro del catalanismo en un momento en el que se trataba de culpar a Castilla y, en definitiva, a España, de imponer las costumbres y el idioma castellano por encima de las propias de la zona.

Lo cierto es que las costumbres castellanas se impusieron, sobre todo en Barcelona y las grandes ciudades, no así en las zonas más rurales, pero no por una imposición sino que fueron los propios catalanes los que abandonaron sus costumbres. De hecho, Rovira i Virgili, del que ya hemos hablado en otras ocasiones y que es considerado uno de los mejores historiadores de Catalunya, declarado nacionalista y diputado de Esquerra Republicana de Catalunya, así nos lo reconoce en su obra Historia de los movimientos nacionalistas. 

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Historia de los Movimientos Nacionalistas de Antoni Rovira i Virgili

Obviamente, para Rovira i Virgili la decadencia de Catalunya (de Aragón) comienza con el matrimonio de Fernando de Aragón con Isabel de Castilla y de cuando a los catalanes (aragoneses) no se les permitía gozar de las riquezas americanas. De ahí que Catalunya (Aragón) fuese más pobre que Castilla y mirase con complejo a estos “El brillo engañoso de la efímera y exterior grandeza castellana los deslumbró”(…)”Los nobles catalanes iban a Madrid y se ponían al servicio de los reyes de España. Los escritores dejaban de cultivar la gloriosa lengua propia para adoptar la castellana”.

Rovira i Virgili admite que, contrariamente a lo que aseguran otros nacionalistas a día de hoy, “cuando en 1714 cayó el último baluarte de las libertades políticas (se refiere al sitio de Barcelona cuando la capital catalana quedó en manos de los “Felipistas” en la Guerra de Sucesión y se instauró el Decreto de Nueva Planta, realmente en 1716, donde quedaron abolidas las leyes propias de Catalunya) ya la intelectualidad catalana había adoptado el castellano como lengua vulgar de la cultura”.

Antes de proseguir con el análisis de Rovira i Virgili, decir que el tema de las riquezas que cuenta el historiador tiene truco. Cuando Castilla y Aragón se unen, Castilla tiene litigios con Portugal y Aragón quiere aumentar su control en el Mediterráneo (no hay que olvidar que consiguió poseer Rosellón, Cerdeña, los reinos de Sicilia y Nápoles en la actual Italia y los ducados de Atenas y Neopatria en Grecia). De modo que pactan que las tierras conquistadas hacia occidente serán para Castilla y las de Oriente (es decir, prácticamente todo el mundo conocido) para Aragón. Lógicamente, a la hora de sellar el  pacto que favorecía a la corona aragonesa no se conocía la existencia de América.

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Antoni Rovira i Virgili

Siempre en Historia de los movimientos nacionalistas, Rovira i Virgili va narrando cómo los catalanes van castellanizándose: “Estos olvidaron la noble dignidad de la raza”(…)”Los Borbones que vinieron a Barcelona fueron recibidos triunfalmente por un pueblo olvidado de su propia dignidad y su propia historia”. El historiador añade también que el buen gobierno de Carlos III hace que los catalanes acepten de buen grado las costumbres castellanas, el idioma y al monarca: “Los aciertos de aquel rey hicieron que los catalanes de entonces se excediesen de las alabanzas“. De modo que Rovira i Virgili, el catalán más nacionalista de principios del siglo XX, reconoce que la lengua no fue impuesta, sino que los catalanes la aceptaron como suya y que no fue ni Felipe V, ni obviamente los dictadores que vendrían después (Primo de Rivera o Franco), ni siquiera la emigración venida de otros puntos de España en los sesenta, quienes introdujeron la normalidad de los dos idiomas en tierras catalanas sino que, ya antes del mitificado 1714, los catalanes por voluntad propia utilizaban con naturalidad las dos lenguas.

De hecho, en los años que transcurrieron entre los primeros Juegos Florales en 1859 hasta principios de siglo, en los que incluso, como leímos en la anterior entrada, Víctor Balaguer criticó en la inauguración de los mismos juegos en 1900 que estos dejasen de ser en defensa de la cultura catalana para politizarse, los periódicos con tintes catalanistas seguían criticando la castellanización de los catalanes. Es decir, en pleno auge del resurgimiento catalanista (para algunos un simple movimiento cultural, para otros a finales de siglo ya un movimiento político), los catalanes, barceloneses sobre todo, seguían castellanizándose de modo natural.

En 1878 una carta del catalanista conservador Joan Mañé i Flaquer, contestando a otra del eclesiástico Jaume Colell i Bancells en el Diario de Barcelona, decía que “No me opongo a que se estudie formalmente la lengua castellana y que se aprovechen todas las ocasiones de ejercitarse en ella (…) Esto lo apruebo y lo aplaudo, no solamente porque se trata del idioma nacional, sino porque la lengua castellana la estimo como la más rica y hermosa de las lenguas vivas (…) hacerlo para cumplir con un deber de cortesía con los que no conocen nuestro idioma (…) pero cuando la necesidad no lo justifica, lo repruebo sin vacilación alguna y no titubeo en calificarla de moda cursi” . 

Joaquim Ayné i Rabell escribió en 1888 en Lo Somatent, diario impreso en Reus y escrito en catalán, un artículo titulado La Plaga en el que aseguraba que “hoy en día, las personas que quieren parecer algo instruidas saludan en castellano (…) llevan a sus hijos a colegios castellanos prohibiéndoles totalmente pronunciar una sola palabra en la lengua de sus abuelos”.

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La Nacionalitat Catalana de Enric Prat de la Riba (1906)

Incluso el propio Prat de la Riba, autor de La Nacionalitat Catalana y más tarde Presidente de la Mancomunidad de Catalunya, aseguraba en un artículo en La Veu de Catalunya de 1910, titulado Maniobres nacionalistas, que “El castellano no se ha impuesto por decreto en Catalunya , sino por adopción voluntaria, lenta, de nuestro pueblo, efecto del gran prestigio que iba adquiriendo la lengua castellana. Éramos libres, teníamos completa autonomía política, con cortes más soberanas que las propuestas por las bases de Manresa y ya se hablaba y se escribía en castellano, y en castellano hemos de leer uno de los discursos más ardientes que  se hicieron en el Salón de Sant Jordi en las ultimas cortes catalanas”. 

Como podemos observar, los catalanistas de la época ya reconocían que el castellano no había sido impuesto en Catalunya sino que, simplemente, se había asimilado con naturalidad. De hecho, incluso había catalanes que, siendo catalanoparlantes de cuna, creían que el catalán debía desaparecer como idioma. Es el caso de Antoni Capmany Suris i de Montpalau quien, en su obra Observaciones críticas sobre la excelencia de la lengua castellana de 1779, escribió sobre el catalán que “Es un idioma, muerto hoy para la república de las letras y desconocido del resto de Europa (…) y en este siglo casi de los mismos hijos del país”, así como también del que fuera diputado Antoni Puigblanch quien escribió en 1811 La inquisición sin máscara, donde decía que  “Se hace indispensable que (Catalunya) abandone el idioma provincial, si ha de estrecharse más y más bajo de las nuevas instituciones, con el resto de la nación, a igualarla en cultura. Desengañémonos y entendámonos, que será siempre extranjero en su patria”.

Por suerte, los catalanes jamás hemos abandonado la lengua y la cultura catalanas, lo triste es que los separatistas quieran utilizarla como un arma.

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Conversos y renegados. La historia del nacionalismo catalán (II) El catalanismo literario se escribió en castellano

Tal y como escribimos en la primera entrada, Rovira i Virgili y los demás historiadores dan como inicio del renacimiento catalán al Oda a la Patria de Aribau quien, como también citamos en dicha entrada, no sólo no era nacionalista sino que, además, luchaba para que el castellano fuese la lengua internacional en la que debieran entenderse todas las personas del mundo. Eso no supone que quisiera acabar con el catalán ni nada parecido pues, como deja ver en su poema, se emociona al oír el catalán fuera de Catalunya. Lo que ocurría era que, del mismo modo que a día de hoy los españoles aceptamos al inglés como lengua internacional y aprender el idioma nos parece algo normal, en aquel contexto histórico Aribau apostaba por que ese idioma internacional fuese el castellano. Sin embargo, cuestiones tan sencillas como estas no son entendibles para muchos. La historia del nacionalismo catalán es el intento de buscar conversos y renegados.

Es lógico que las diferencias de los tiempos hagan que, a menudo, interpretemos determinados aspectos de forma errónea y que, a veces, nos cueste incluso entender ciertas cuestiones. Por ese motivo, aclaro que, cuando me refiero a Rovira i Virgili, lo hago porque es considerado el mejor historiador sobre el renacimiento del catalanismo (por los separatistas), aunque no fuese contemporáneo de Aribau. En esta entrega, pues, repasaremos el catalanismo literario y observaremos cómo el catalanismo, en aquellos tiempos, fue una lucha por conservar tradiciones y la lengua catalana, sin que hubiese antiespañolismo en ello, más bien todo lo contrario. Para muchos, será una sorpresa saber que el renacimiento literario se hizo en castellano.

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Antoni Rovira i Virgili (1882-1949)

Uno de los precursores del catalanismo literario fue Manuel Milà i Fontanals, siendo uno de los primeros que se dedicó a estudiar gramaticalmente el catalán. Milà abrazó con entusiasmo el romanticismo de la época, primero el liberal y después el tradicionalista, contribuyendo a difundirlo decisivamente en Catalunya. En 1836 escribió su obra .Algunos estudios literarios donde recoge sus primeros estudios históricos sobre Catalunya en castellano. Es también el autor de los primeros trabajos sobre canción y poesía tradicionales de toda España, centrados en el folclore catalán, con Observaciones sobre la poesía popular con muestras de romances catalanes inéditos (1959) y Romancerillo catalán, canciones tradicionales (1882).

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Romancerillo Catalán de Manuel Milà i Fontanals (1882)

La relación de Milà con el idioma catalán no fue fácil; al principio creía que era una lengua antigua, muerta y sin futuro. Sin embargo, ya con treinta y cinco años, decidió trabajar para conservarla y pasó a ser uno de los hombres más destacados de la Renaixença, escribiendo en catalán varios poemas, como La cançó del pros Bernat (1867), La mort de Galinol (1867) y La complanta d’en Guillem. No obstante a ello, para Milà, del mismo modo que fue también para todos los primeros catalanistas, el catalanismo iba asociado al españolismo, de hecho, presidió incluso los Juegos Florales de Barcelona de 1859 (estos juegos ocupan un lugar muy importante en la historia del nacionalismo catalán y hablaremos de ellos más adelante ya que fueron tomados como una suerte de restauración de los antiguos juegos medievales y como una manifestación del renacimiento de las costumbres catalanas). En el discurso de dicho certamen, Milà dejó claro que aquellos juegos, a pesar del matiz que el nacionalismo le ha dado años después, nada tenían que ver con el nacionalismo o el independentismo: Con un entusiasmo mezclado de un poco de tristeza, le damos aquí a esta lengua una fiesta, le dedicamos un filial recuerdo, le guardamos la menos un refugio. A los que no hagan memoria de las ventajas que trae olvidarla, diremos que a estas ventajas preferimos retener un sentimiento en un rincón de nuestro pecho, y si en este sentimiento alguien quisiera ver peligros, discordias o una disminución del amor a la patria común, podríamos responder que eran bien catalanes muchos de los que ensangrentaron la sangre de Lepanto y de los que cazaron las águilas francesas; y podríamos repetir un aforismo ya usado al tratar de uno de los mejores catalanes y más ardientes españoles (se refiere a Antonio Capmany) que nunca ha habido: No puede querer a su nación, quien no ama a su provincia”.

Si repasamos la trayectoria del filólogo, podemos observar cómo, cuando reivindicaba las costumbres, el folclore y la lengua catalana, seguía escribiendo en castellano y, no sólo eso, sino que escribió también De los trovadores en España (1861) y De la poesía heroico-popular castellana (1874). Es decir, Milà i Fontanals, como seguidor del romanticismo que era, investigó y difundió las costumbres catalanas pero también la de todos los pueblos de España. De modo que, como ya dijimos de Aribau, su catalanismo no era contrario a su españolismo, es más, Milà es reconocido también como “padre de la filología española”.

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Manuel Milà i Fontanals (1818-1884)

Otro de los padres del catalanismo literario fue Joaquim Rubió i Ors. Rubió había ido al colegio con Milà, era muy religioso y entró en el seminario que más tarde abandonaría. Sus primeros escritos fueron de vertiente católica y moralista, como podemos comprobar en El libro de las niñas. Puede decirse que la Renaixença no empezó verdaderamente hasta que Joaquim Rubió escribió el manifiesto de la misma en 1841, consistente de un prólogo con una recopilación de poemas suyos publicados bajo el pseudónimo de Lo Gaiter del Llobregat y en el que se incluía el Oda a la Patria de Aribau, del que hablamos en nuestra anterior entrada. Rubió i Ors también escribió la mayoría de su obra en castellano e, incluso, pasó una parte de su vida enseñando literatura en Valladolid.

Y volvemos a preguntarnos, si los padres del catalanismo literario no sólo no eran nacionalistas sino que comenzaron a promover la Renaixença en castellano, ¿por qué ocupan un lugar tan importante en el santoral del nacionalismo catalán? Para responderlo, volvemos al historiador Rovira i Virgili que restaba importancia a eso: “Esos hombres amaban a Catalunya y a la lengua catalana, pero su lengua literaria era el castellano; en castellano se quejaba Milà i Fontanals -oh paradoja- del olvido del idioma de Catalunya“.

Cuando decimos que el catalanismo literario se escribió en castellano, no nos referimos solamente a la literatura, a las poesías o los ensayos, sino también a que los primeros periódicos catalanistas estaban escritos en castellano. Cuando hablamos de periódicos catalanistas, nos estamos refiriendo desde el catalanismo cultural hasta el que implica una lucha política. De este modo, El Estado Catalán que dirigía Valentí Almirall estaba escrito en castellano y, cuando Almirall residió en Madrid, continuó con el periódico desde la capital pero el proyecto fracasó. Víctor Balaguer dirigió La Voz de Cataluña que también estaba escrita en castellano, a pesar de que trataba de promocionar la literatura catalana. Balaguer, otro de los iconos del nacionalismo catalán del que hablaremos más adelante, escribió en su obra Añoranzas “¿Soy yo por ventura regionalista como ahora se dice? No lo sé. Creo que sí, pero en el sentido y con el alcance que yo doy a la voz regionalismo, que todavía no ha definido ni fijado la Academia. Soy, sí, regionalista; pero no de esos al uso. No lo soy hasta el punto de faltar a mi patria española por mi hogar catalán, que la patria está por encima de todo”.

Siete años después, aún iría más lejos en su discurso presidencial de los Juegos Florales de 1900 diciendo: Franca y explícitamente, pues, declaro que no soy catalanista, aunque sí catalán ferviente y convencido de corazón y de raza, como quien más lo sea y pueda serlo (…). No pertenezco al bando de los catalanistas, ni habito en sus falansterios, ni comulgo con ellos, ni acepto el programa de Manresa, ni creo en el himno de “Los Segadores”. La primera evolución del catalanismo estaba dentro de los Juegos Florales. Mientras no se apartó del terreno literario, pisaba en firme y gozaba de todos sus derechos (…) Pero ya ahora, desplegada su bandera política debe pasar honradamente a otro campo a luchar por sus ideales, que respeto, pero que deploro, abandonando aquél donde sólo pueden sonar voces de paz y concordia y no de odio y venganza”. 

Conversos y renegados. La historia del nacionalismo catalán (I): Oda a la Patria

Muchas veces en este Blog he observado que hay muchas más visitas cuando se habla de un tema actual, cuando lo que muestro es algo relacionado con la historia. Eso ha hecho que haya tardado bastante tiempo en empezar a redactar esta serie de entradas (podéis encontrar la segunda de ellas, es decir, la que continúa a la presente clickando aquí) que quería hacer ya desde tiempo. No sé si la historia interesa mucho pero creo que, a pesar de hablar del pasado, el tema del nacionalismo catalán y la nación inventada es tan actual que a muchos interesará. Estos escritos son un reflejo de meses leyendo libros sobre el tema, de visitar páginas web  y de repasar datos y diarios en el archivo, es decir, de leer todo lo que ha llegado a mis manos sobre el nacionalismo catalán y la deriva separatista.

Cuando empecé a recapitular datos creí que habría cuestiones que causarían debate, partes de la historia que podrían no quedar claras entre cómo lo describen los independentistas y la realidad, pero lo cierto es que no pues todo está tan claro que realmente no hay debate. A través de los escritos, pues, trataré de ir escribiendo qué autor, en qué libro o en qué diario encontré lo que voy narrando.

En esta serie de entregas, hablaremos de la historia del nacionalismo catalán. Más allá de las leyendas del país milenario que nos han vendido en los últimos años, trataremos de acercarnos al verdadero nacionalismo, intentando explicar los hechos, lo acontecido y los nombres más importantes de más de un siglo de catalanismo y de la historia de Catalunya. Iremos hacia delante y atrás para explicar todo lo relacionado con el nacionalismo y cómo ha derivado al punto actual en el que el gobierno autonómico catalán desafía al Estatuto de Catalunya, a la Constitución Española y, en definitiva, a los ciudadanos en un ataque contra el Estado.

Para ello, comenzaremos en el año 1833 ya que es entonces cuando todas las historiografías catalanistas coinciden en atribuir como el origen de La Renaixença (El Renacer) a una poesía de Bonaventura Carles Aribau llamada Oda a la patria. 

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Oda a la Patria (Bonaventura Carles Aribau)

La Renaixença se podría definir como un movimiento cultural y toma de conciencia catalana que reivindicaba el uso público y cultural de la lengua catalana. Según sus seguidores, el idioma catalán estaba cerca de desaparecer a causa del “colonialismo” cultural y político castellano. El primer tinte político que se le dio fue culpar de la situación del momento de la sociedad catalana a los Borbones y a la abolición de las instituciones políticas catalanas por el Decreto de Nueva Planta, un conjunto de decretos promulgados entre 1707 y 1716 por el rey Felipe V, vencedor de la Guerra de Sucesión (dicha guerra se libró a causa de la muerte sin descendencia del Rey Carlos II El hechizado y a la reclamación del trono tanto por parte de Felipe de Borbón como del Archiduque Carlos de Habsburgo), por los cuales quedaron abolidas las leyes e instituciones propias del Reino de Valencia, del Reino de Aragón, del Reino de Mallorca y del Principado de Catalunya (16 de enero de 1716), todos ellos miembros de la Corona de Aragón y que se habían decantado por el Archiduque Carlos como heredero al trono.

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Decreto de Nueva Planta (1716)

Ya volveremos a esta Guerra de Sucesión en adelante ya que es otra de las grandes mitificaciones del nacionalismo catalán, pero ahora nos centraremos en La Renaixença y en ese embrión que, como hemos escrito antes, fue el poema de Aribau llamado Oda a la patria, tal y como reconocen todos los que escribieron sobre los inicios del nacionalismo, entre ellos Rovira i Virgili en su Historia de los movimientos nacionalistas.

Sin embargo, Aribau nunca fue nacionalista y, si repasamos su vida y obra, observaremos lo obvio que es esto. No se trata ya de que Aribau usara el castellano normalmente en su día a día, cuestión que era bastante común entre la burguesía y los intelectuales del momento ya que, por aquel entonces, hablar en castellano era visto como signo de distinción, lo que hacía que en Catalunya se hablase catalán en la zona rural y castellano en las grandes ciudades, sino que en 1817, en su discurso Sobre la posibilidad de un idioma universal. Tratado de taquigrafía, defendió que el castellano debía ser esa lengua universal. Aribau deseaba que el gobierno de España extendiera la lengua castellana a todos los rincones del país, entre otras cosas para reforzarla de cara a ser esa lengua universal.

Curiosamente, el hombre al que asocian con el inicio del catalanismo vivió gran parte de su vida en Madrid, fue co-director (junto al también catalán Manuel de Rivadeneyra) de la Biblioteca de Autores Españoles, además de colaborador en los periódicos El Español, La España La Nación,  y dirigió el diario madrileño El Corresponsal . Como pueden imaginar, por sus nombres ninguno de ellos era cercano al catalanismo.

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Bonaventura Carles Aribau (1798-1862)

Y ustedes dirán que, si todo esto es así, por qué los historiadores catalanistas dan inicio con él al nacionalismo catalán. Lo cierto es que Rovira i Virgili y otros historiadores de ideas republicanas y de izquierdas no veían con buenos ojos, como explicaremos más adelante, reconocer que la realidad es que el nacionalismo catalán surgió de la burguesía conservadora y monárquica de Barcelona, así que decidieron darle “el honor” de ser el padre del catalanismo a un republicano y de izquierdas. Además, dado que Rovira i Virgili aseguraba que el origen del catalanismo provenía de las ideas jacobinas de la Revolución Francesa, era acertado por su parte que se eligiese a un afrancesado como Aribau como origen del renacimiento del catalanismo, por más que realmente no fuese nacionalista.

La realidad de Oda a la patria es que, debido a la celebración del santo del Marqués Gaspar de Remisa, noble afincado en Madrid y nacido en Catalunya, sus empleados, entre los que estaba Aribau, deciden hacerle como regalo unas poesías escritas en diferentes lenguas. A Aribau le toca realizarla en catalán, como él mismo reconocería en una carta a su amigo Francesc Renart. Oda a la patria se publicó por primera vez en el Periódico El Vapor y realmente no tenía titulo. Lo cierto es que fue el propio periódico quien lo bautizó como La Patria y no sería hasta ocho años después cuando en 1841 Joaquin Rubio i Ors lo tituló como Oda a la patria en el prólogo de la primera edición de Lo Gaiter del Llobregat.

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Marqués Gaspar de Remisa

El poema, escrito de un catalán para otro, hablaba de la nostalgia de alguien que vive fuera de su tierra, teniendo, así, referencias a las montañas y la mar de Catalunya pero no reivindicaciones políticas ni nada parecido. Lo cierto es que la única referencia que se hace en él al idioma catalán es para calificarlo como “la lengua de aquellos fuertes que acatan los reyes” y a Catalunya la cita como “Región al referirse a los que, nacidos en Catalunya, no se emocionan al oír hablar en catalán.

De modo que, resumiendo, diremos que La Renaixença surgió como un movimiento cultural para evitar la muerte del idioma y las costumbres catalanas. Es cierto que la literatura catalana había ido a menos y que los más grandes escritores catalanes lo hacían en castellano, pero es falso que no se escribiera en catalán. De este modo, varios historiadores apuntan que, antes del poema de Aribau, se habían escrito 250 títulos literarios en catalán en el siglo XIX, así como también que, por temas políticos y no admitir que los inicios del catalanismo fuese cosa de la burguesía monárquica barcelonesa, Rovira i Virgili y otros historiadores acuñaron el nacimiento del movimiento a un poema escrito por un catalán que reivindicaba el castellano como lengua universal, que la usaba a diario y que escribía en ella (en toda su bibliografía solamente encontramos unas pocas poesías en catalán) y que, para más inri, iba destinado a un aristócrata que acabó siendo director del Tesoro debido a su amistad con la Reina María Cristina, es decir, a un Borbónico, un Botifler como llaman despectivamente a estos en Catalunya que, además, se había enriquecido vendiendo pertrechos a las fuerzas napoleónicas que mataban a los catalanes.