Le voy a contar un secreto señor Otegi

Hola, señor Arnaldo Otegi. Usted a mí no me conoce, pero para que sepa quién le habla, le voy a decir quién soy. El día 19 de junio de 1987 yo estaba muy feliz; había sido el último día de cole y comenzaba las vacaciones. Para una niña de siete años como yo, era muy ilusionante pensar en un largo verano, en la piscina, en ir a la playa, en volver a ver a mis primos. Sin embargo, aquel verano no llegó nunca, fui con mi madre a buscar la compra al Hipercor de la Avenida Meridiana y allí acabó todo. No me dio tiempo a darme cuenta de lo que ocurrió y fue después cuando ya supe que unos señores malos habían puesto una bomba en el centro comercial. Yo ya sabía lo que era ETA por la tele; eran señores con un calcetín en la cabeza que llevaban pistolas y que mataban a militares y Guardia Civiles.

Hace ya mucho tiempo que estoy muerta, muchas horas mirando desde las alturas a mi familia, a mi madre, que se hace viejita y que sigue teniendo heridas, algunas en el cuerpo, otras en el corazón. Aún se acuerda de mí. ¿Sabe, señor Otegi? Todos los días se acuerda de mí y se pregunta cómo hubiera sido mi vida, si hubiese sido buena estudiante, si hubiese ido a la universidad, si me hubiese casado y tenido hijos. Pobrecita, no debería pensar en eso, porque lo cierto es que aquel día que los hombres malos del calcetín en la cabeza pusieron la bomba en Hipercor, acabó todo para siempre.

Señor Otegi, sé que usted era amigo de los hombres malos… ¿Qué digo amigo? Era uno de sus jefes, uno de los que dirigía lo que ustedes denominaban como guerra, esa guerra en la que los señores malos del calcetín en la cabeza estaban de un lado y las niñas de siete años, ilusionadas porque habían acabado el cole, estaban del otro. Mi madre, mi padre y mi hermanito son, cómo se dice… ¿daños colaterales? de aquella guerra. Yo, simplemente, desaparecí y desde entonces miro desde aquí, desde las alturas, a mi familia y no me entero mucho de cómo acabó la guerra.

Años después, llegó aquí a las alturas mi amigo Ernest Lluch y, como era profesor de la universidad, trató de explicarme todo y creo que, más o menos, lo entendí. Me dijo que los señores malos del calcetín, que en realidad es un pasamontañas, se llaman terroristas y que se dedican a asesinar a gente. A mi amigo Ernest también lo asesinaron, aunque creo que usted eso ya lo sabe porque, como usted era uno de los jefes de los asesinos, seguro que estaba al tanto. Cuando llegó aquí a las alturas, le pregunté si él también era una víctima de aquella guerra, pero me explicó que no había ninguna guerra en realidad y que ese término sólo lo utilizaban usted y sus amigos para justificar sus asesinatos.

El día 11 de septiembre vi que usted estaba en Barcelona y me alegré mucho, ya que pensé que venía a ver a mis padres y pedirles perdón. Lo cierto es que me asusté un poco, porque a lo mejor a ellos les costaba aceptar que usted estuviera allí, pero Ernest me dijo que no, que usted estaba allí porque ahora dice que es amigo de los ciudadanos a los que antes asesinaba. Eso no lo entendí mucho, pero debe de ser porque soy una niña de siete años que espera las vacaciones que nunca llegaron y esas son cosas de mayores.

Ernest me explicó que usted está a favor de que pongan una frontera entre Cataluña y el resto de España. Yo de esas cosas no entiendo, pero me da pena que, cuando mis primos vengan a ver a mi hermano, tengan que pasar por una frontera; pero ustedes, los de la tierra, sabrán lo que se hacen. Quien se echa las manos a la cabeza es mi amigo Vlado. ¡Ah! Perdón, que no le he presentado a Vlado. Él es un niño como yo, también tiene siete años y también espera las vacaciones que no llegan. Él es de Bosnia, ¿sabe? Y lo mataron  en una guerra que se hizo para poner fronteras dentro de un mismo país.

Él está asustado por lo que pasa en Cataluña; me ha explicado lo del nacionalismo y el profe Ernest me acabó de hacer entender lo que significa todo eso y creo que ya lo he entendido. Pero, perdone, señor Otegi, que me estoy yendo por las ramas, pues yo a lo que venía era a decirle que me ha parecido muy mal que fuese a Barcelona y no pidiera perdón a las víctimas de aquel día en el que todo se volvió negro. Y también quería decirle otra cosa, esto es un secreto, porque no se puede explicar nada de cómo son las cosas aquí, pero se lo voy a decir: desde aquí arriba, desde las alturas, las fronteras no se ven.

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9 comentarios sobre “Le voy a contar un secreto señor Otegi”

    1. Eras lo eres y lo seguirás siendo un hijo de la grá puta mientra vivas, y las personas como tu que se dedicaban a matar niñas como la de este caso y cientos de personas mas que aquí no se cuentan. Espero que cuando subas arriba y te juntes con la niña sepas explicarle el porqué la mataste, porque fue por discrepar vosotros del resto de la mayoría prácticamente de todos los Españoles, espero que lo pases como esos padres que perdieron a su hija. Y no se como no te da verguenza de venir ahora a Barcelona a sacar el pecho de tus azañas y provocar mas al pueblo para que pueda morir por vuestras sucias ideas alguna persona mas.

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  1. Preciosa carta dirigida a un impresentable que no debería aparecer en los medios (mecrrfiero al impresentable, no a la carta ). Porque es lo que él quiere: publicidad gratis. Si todos los medios de unieran en eso, en ignorarlo, se le bajarían un poco los humos. Por favor, medios de comunicación, no lo saqueis. Que a mí me importa un pito lo que haga, diga o café (con perdón). Informenme de lo que consiguen y hacen los buenos y no los malos. Que a él le hagan todo lo que desea para los demás y multiplicado por cuatro.

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  2. Sentimientos desgarradores al leer esta carta y recordar aquel cruel atentado del que ya casi nadie recuerda cuando vemos a este señor pavoneándose por las calles de nuestra querida Barcelona. Esas flores debería haberlas llevado a las puertas de Hipercor en la avenida meridiana y después ir a pedir perdón a sus víctimas.

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  3. Dolor ,mucho dolor,heridas que no cicatrizan ,un simple perdón no valdría,creo que este tipo de gentuza o animal sin sentimientos no deberían ver la luz del sol en el resto de su vida,arrebatarles cualquier contacto con sus seres queridos y desahuciarlos hasta su extinción. Un catalán dolido.

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  4. Si pidiera perdón seria falso se le ve en la cara que no esta arrepentido. Yo no soy catalana, soy bilbaina pero asesinar es igual en todos los sitios y los asesinos solo deben estar encerrados para siempre.

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  5. Una carta preciosa con educación, no como la persona a la que se dirige que es lo peor. Da igual qué este asesino la lea, no le llega al corazón ni a la cabeza. Que pena tener u cerebro tan pequeño bueno mejor aún no tener nada de cerebro.

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  6. Lo increible del tema es ver a gente clamar por justicia en una españa,segun ellos aun franquista y a la vez apoyarse en un gran “democrata luchador de la libertad”como este ser.Me gustaría ver como los autoproclamados democratas de hoy en dia se hecharian las manos a la cabeza si un partido Franquista entrara en nuestras instituciones,disfrutando del dinero de tidos y privilegios que ello conlleva,sin tan siquiera pedir perdon por el sufriniento provocado durante la dictadura….y me gustaria verlo porque el mismo caso lo tenemos encarnado por lo que este ser y los suyos representan,que al final con sangre y mucho dolor,por cierto solo de uno de los “bandos” de esa “guerra”,an conseguido que parte de la población,a la que le queda mas lejos las cunetas que la ETA,le llamen hombre de paz.

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  7. Impresionante, felicidades; he terminado con lágrimas en los ojos. En aquellos años conocí una persona que creció sin padre por lo mismo; también recuerdo vivamente como explotó una madrugada una bomba a escasos 200 metros de mi casa (murió un bebé que pasaba de casualidad en un coche con sus padres por esa calle y mutilaron un Guardia Civil jovencísimo que hacía guardia en una garita). Les parecerá una tontería, pero yo aún me siento terriblemente incómodo cuando veo un coche mal situado o una bolsa llena abandonada por la calle…. Son reflejos de mi infancia, en las que un día sí y otro también explotaba una bomba o mataban a alguien, ¿puede alguien ser el responsable de la muerte de otro ser humano -indiscriminadamente- y dormir tranquilo? Ojalá algún día se den cuenta, se arrepientan y pidan perdón.

    Un abrazo a todos

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