Ciudadanos, ¿del naranja al amarillo?

Ya hemos hablado muchas veces sobre cómo nació Ciudadanos, de los debates de aquellos primeros días, meses, años y de cómo ha ido derivando la formación naranja. Yo no estaba en el partido en aquellos primeros instantes pero, como persona a la que le preocupa lo que sucede a su alrededor, siempre estuve pendiente de lo que acontecía en esa nueva formación.

El problema de Catalunya lo hemos explicado ya cientos de veces: el PSC, desde sus comienzos cuando lo lideraba Joan Reventós, hacía políticas cercanas al nacionalismo catalán, por más que, la mayoría de sus votantes fueran constitucionalistas. Aún así, muchos votamos al PSC porque era la única formación que podía acabar con el Pujolismo. No esperábamos que iba a ser peor el remedio que la enfermedad y que el tripartito socialista-nacional, nacional-socialista, iba a ser el comienzo de una década en la que el separatismo catalán iba a crecer hasta creerse dueño de mi tierra.

Hemos hablado muchas veces también sobre cómo el Estatuto del Tripartit situaba a los castellanohablantes como ciudadanos de segunda y que eso sirvió para que, definitivamente, los constitucionalistas decidieran entrar en política, muchos de ellos en Ciudadanos, partido que conseguía representación en el Parlament.

Ciudadanos surgió de un manifiesto de intelectuales y precisamente uno de ellos, Francesc de Carreras,  fue el encargado de escribir su ideario, el cual decía que el partido “Se nutre del liberalismo progresista y del socialismo democrático. En la articulación de ambos, encontramos los principios que hoy fundamentan la convivencia en todas las sociedades avanzadas. Estas tradiciones políticas parten de una base común configurada en la época de la Ilustración: el predominio de la razón, por encima de los sentimientos y las tradiciones, en el enfoque de los problemas políticos. Ello comporta, muy especialmente, la afirmación de los derechos y las libertades individuales de las personas frente a unas supuestas identidades colectivas, la preocupación por la realidad y por los problemas cotidianos, más que por los símbolos y los mitos, la utilización de argumentos razonables en lugar de dogmas ideológicos inamovibles”.

El liberalismo progresista y el socialismo democrático, es decir, Ciudadanos se integra del amarillo y del rojo, de ahí que sea un partido naranja. ¿Y qué significa eso? Que Ciudadanos nació en el centro izquierda, como un partido socioliberal, como un partido naranja, es decir, que mezclaba amarillo y rojo.

Imagino que las formaciones políticas las hacen sus militantes quienes, a través de sus pensamientos, van variando el del partido y, lógicamente, el propio cambio de la sociedad hace que los partidos cambien. No podemos criticar ideologías del siglo XIX por el hecho de ser tan antiguas y, a la vez, negarnos al cambio de nuestro propio partido. Pero, claro, ese cambio debería llegar por la propia inercia de sus militantes y no ser impuesto.

Yo creo en la democracia representativa y que los representantes que todos votamos deben tener la voz y el voto de los que estamos abajo, pero también creo que no hay motivo para que Ciudadanos pase de ser un partido socioliberal a liberal sin más, es decir, que cambie el naranja por el amarillo.

Entiendo que se defienda la pureza del centro, querer hacer de la formación un partido de extremo centro o de centro radical, pero también opino que los que nos situamos en el centro lo hacemos porque creemos que, a día de hoy, nadie es totalmente de derechas, igual que no hay nadie totalmente de izquierdas, del mismo modo que nadie puede ser del centro del todo.

Hasta hace unos años, unos éramos de derechas y otros de izquierdas, por el simple hecho de que no había un partido de centro, hasta que apareció UPyD y Ciudadanos en Catalunya.

Aunque los cambios en el partido de Rivera vienen de antes, la expansión nacional ha sido definitiva para que C’s deje de utilizar el término centroizquierda y pase, definitivamente, a ser de centro, pero no abandonaba el discurso de creer que las ideas liberales y el socialismo democrático pueden estar unidas en un partido.

Con el Congreso, en unos meses, parece que Ciudadanos quiere dejar atrás su ideario, abandonar su origen y ser un partido liberal, un partido de centro extremo, un partido amarillo y no naranja. Más allá de dar nombre a las ideologías y más allá del antiguo debate derecha-izquierda, sí he de decir que ser un partido de centro extremo, cuando a la derecha sólo hay una formación a nivel nacional y a la izquierda tienes varias, hace que ser de centro te acerque mucho a la derecha, ser liberal a secas está cerca de ser liberal-conservador, ser amarillo en España es acercarse al azul.

En términos de estrategia, cuando el partido más votado en España es de centro-derecha, quizá sea bueno que Ciudadanos acerque la caña de pescar a ese bando porque, obviamente, el caladero es mayor pero, entonces, dejará de ser Ciudadanos y será otra cosa. Estaremos atentos a lo que ocurre en el Congreso y a lo que deriva Ciudadanos. Yo espero que el partido siga siendo socioliberal, que siga siendo naranja y que integre y no excluya.

C’s venía a acabar con el bipartidismo, Podemos venía a ser parte de él, a ocupar el puesto del PSOE. Quizá Ciudadanos acabe siendo eso, quien ocupe el puesto del Partido Popular en un nuevo bipartidismo Ciudadanos-Podemos, pero es que yo no quiero un nuevo bipartidismo, sino que no haya bipartidismo. Lo que yo quiero es que haya diputados que me representen y para que a mí me representen han de ser naranjas y no amarillos. Y llamadme idealista pero prefiero 32 naranjas que 70 amarillos.

Si, finalmente, Ciudadanos acaba siendo un partido de centro radical, a mi modo de ver, la propia aritmética le volcará al centroderecha y, si Ciudadanos acaba siendo un partido de centroderecha, perderá mi voto. Quizá gane diez, veinte o cien, pero yo prefiero tener un diputado que me represente bien que setenta que me representen mal. Porque, para que me representen mal, ya votaba al bipartidismo antes.

La idea de que un partido revisa sus principios es simplemente absurda. Los principios son aquello que identifica a un partido y como tales son inmodificables sin que el partido cambie, sin que sea otro partido. Es como acudir a jugar a fútbol y decir, sí, pero ahora cogeremos en balón con la mano. Más absurdo todavía es hablar de su caducidad “por el paso de los años”. Un principio no caduca o envejece. Tampoco pesa ni huele . Esas son afirmaciones sin sentido, predicaciones imposibles ¿Han caducado los principios de la revolución francesa? Si acaso, lo que cambian son las propuestas institucionales, la táctica con la que se juega el fútbol.
Salvo, claro, que uno sea el dueño de la pelota. Y diga, aquí se juega a lo que yo quiero.

Felix Ovejero.

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