La loca historia del mundo

Me quedé dormido con la radio puesta, me desperté de madrugada y escuché algo sobre las elecciones de los Estados Unidos. Miré el reloj, eran las tres de la mañana. Adrián, sigue durmiendo, me dije. Cuando desperté, creí haber oído que Donald Trump era el nuevo Presidente de los Estados Unidos.

Crucé los dedos y deseé haberlo soñado. No puede ser, me dije. Un Jesús Gil americano, un hombre que parece sacado del show de Benny Hill con pelazo, maquillaje y un pequeño Adolf Hitler dentro no puede ser presidente de la primera potencia mundial.

Pero no era un sueño, ni siquiera una pesadilla: un racista, machista y misógino hombre de negocios que ha hundido varias empresas y solamente ha salido a flote aprovechándose de los inversores de bolsa, personas que se empobrecían al ritmo de que este estafador se hacía rico, es presidente de los Estados Unidos de América.

El crecimiento de las extremas derecha e izquierda en el mundo no deja de sorprenderme, pero creo que es algo a lo que debemos comenzar a acostumbrarnos. La memoria es corta, el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra y llevamos camino de repetir los peores momentos de la Humanidad.

Lo peor de estos es que los ultras de ambos lados se autoalimentan y van a seguir creciendo estas tendencias. Pronto Francia y Alemania tienen unas peligrosas elecciones en las que, muy probablemente, los populistas de derecha crezcan como la espuma.

En Europa, el crecimiento de partidos de extremas derecha e izquierda, como Syriza y Podemos, además del lamentable Brexit británico, nos debe poner en alerta. Un mundo desunido, a la larga, será un mundo en guerra y eso llegará antes que tarde si políticos radicales como estos llegan a los gobiernos de los países importantes.

Ante eso, los que creemos en la libertad debemos ser firmes, no ir a un bando u otro, porque precisamente nuestro deber es luchar porque no haya bandos. Que el mismo día que cayó el muro de Berlín, ese muro que reflejaba todo el mal que nacionalistas y comunistas habían hecho al mundo, nos enteremos de que Trump será presidente de los Estados Unidos es una de esas coincidencias trágicas de la historia.

Hoy la libertad ha perdido y ha vencido el proteccionismo, el egoísmo, ese pensamiento que cree que hay ciudadanos de primera y otros de segunda y que, no todos, debemos ser iguales ante la Ley.

En España hemos de luchar porque esto no pase y no hay mejor lucha que la de tratar de reformar nuestro sistema sin romperlo. Nuestro país necesita cambios y que estos lleguen sin bandos, sin frontismos. Y, sí, sé que esto parece difícil de conseguir pero, si el Presidente Suárez fue capaz de sentar alrededor de una mesa a personas que habían estado literalmente a tiros, es seguro que, a día de hoy, lo tenemos más fácil.

Eso sí, hay personas que no sé si están confundidas o si nos quieren confundir a los demás. Ver a Podemistas lamentarse de que haya ganado un presidente americano, que va a cumplir el viejo anhelo de que los americanos dejen de estar en conflictos internacionales, de que vuelvan las tropas a su país, que apuesta porque el mercado común caiga, así como oír también a separatistas catalanes lamentarse de que gane las elecciones uno que piensa que América es para lo americanos, que hay que abandonar las uniones internacionales y que hay que volver a los nacionalismos y a las viejas costumbres de cada país, es prueba de que o ellos están locos o nos quieren volver locos a los demás.

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