Conversos y renegados. La historia del nacionalismo catalán (XI) El Catalanismo se une en Solidaridad Catalana para acabar con Lerroux y su lucha obrera

Dejando la última entrada de este ciclo sobre la historia del nacionalismo catalán en el momento en el cual “Barcelona se divide entre el catalanismo y el republicanismo”, proseguimos con una nueva entrada:

Cuando el anarquismo surgió en Barcelona, a los regionalistas les asaltó la duda, dado que, si ese movimiento se tornaba partido político, seguramente restaría votos a los republicanos pero si, contrariamente no lo hacía, los ataques y actos terroristas irían contra ellos, los burgueses. Con esas premisas, mejor que se metieran en política, ¿pero cómo convencerles?

Como ya dijimos en nuestra anterior entrada, Lerroux había sido el primero en levantar el obrerismo y ello había llevado a la huelga general; de ahí surgió el anarcosindicalismo, si bien es cierto que, ya a finales de siglo, comenzó a haber personas que se autodenominaban anarquistas. Estos venían de la tradición revolucionaria europea, de la Primera Internacional y del Marxismo.

Donde más adeptos consiguió el movimiento fue entre los obreros textiles quienes, desde un primer momento, mostraron su carácter violento. No hubo mucha unidad entre ellos y pronto se separaron entre Colectivistas y Comunistas. En 1902 nació el periódico La Huelga General de Francesc Ferrer i Guàrdia, que llegó a decir que, con la anarquía, “los ricos serán más felices que hoy porque continuarán gozando sin ver sufrir a los demás”.

La huelga general del 17 de febrero pareció que acabaría en guerra y, tras un tumulto entre obreros y el ejército en Sant Antoni el día 19, muchas familias burguesas salieron de Barcelona poniendo rumbo a sus casas de veraneo. Finalmente, no llegó la sangre al río por más que la huelga acabó durando una semana.

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Anarquistas en Barcelona

Muchos abandonaron el anarquismo al ver su carácter violento y más al ver de cerca también la violencia del ejército. Una gran parte se fueron al republicanismo de Lerroux y los menos al PSOE, donde a partir de 1903 y de la publicación La Guerra Social, intentaban ganar adeptos.

Sin embargo, esa no era la lectura de algunos de los más importantes anarquistas que creían que los que se habían ido al Lerrouxismo era porque creían que la revolución podía llegar antes por vías políticas que por la lucha en las calles. Lo cierto es que el anarquismo no tenía plan más allá de intentar matar al Rey Alfonso XIII, cuestión que intentarían sin éxito varias veces.

Los anarquistas pronto entraron en descomposición y quedó reflejado, cuando no tuvieron éxito a la hora de realizar una nueva huelga general y sus últimos activistas acabaron marchando al PSOE, que pronto mantendría el discurso de “Nada de alianza con partidos burgueses, ni de izquierdas ni de derechas y un comportamiento intachable para mostrar superioridad moral”.

En ese momento, Lerroux no sentía preocupación alguna, sabía que el gran rival del republicanismo era el regionalismo que cada vez comenzaba a ser más nacionalista. Lerroux consiguió que los republicanos se uniesen bajo el liderazgo de Salmerón, presidente durante la I República, y queriendo que la ansiada II República se consiguiese desde las instituciones, por más que la reciente aún coronación de Alfonso XIII hacía que en toda España hubiera la esperanza de que fuese un buen rey.

En abril de 1903, eran las Elecciones Generales y en Catalunya, además de las dos fuerzas dinásticas de Conservadores y Liberales, había otras tres variantes que, aunque algunas de ellas se presentaran en toda España, eran casi puramente catalanas. Estas eran la Unión Republicana de Salmerón y Lerroux, la Lliga Regionalista de Prat de la Riba y Cambó y los carlistas que a la postre acabarían formando un partido de extrema derecha de Rusiñol y Domènech, entre otros. Más adelante explicaremos cómo del partido carlista acabaría surgiendo el Comité de Defensa Social, partido catalán que pondría la semilla para el futuro fascismo español.

La lista de Lerroux salió íntegra en Barcelona, donde obtuvo más votos que Regionalistas y Carlistas juntos. Solamente unos meses después y en elecciones municipales, los republicanos consiguieron 29.000 votos por 12.500 de los regionalistas. Como consecuencia, la Lliga y demás partidos regionalistas iniciarían paulatinamente (y según convenía dependiendo de cómo estuvieran las aguas) en un nacionalismo catalán y antiespañol, que al principio pareció no dar resultado pero que, a partir de 1905, lograría recortar las distancias con el Partido Republicano.

La táctica de la Lliga comenzó tratando de convencer que el partido Republicano y, por ende, Alejandro Lerroux eran españolistas y anticatalanistas, por más que lo cierto era que aquello era totalmente falso. A Lerroux no se le podía llamar españolista, tal y como se entendía en su momento, menos cuando estaba en contra de todo lo que se supone que defendía el nacionalismo español, es decir, Rey e Iglesia básicamente. En el semanario satírico republicano La Campana de Gracia, Roca i Roca decía que “(los regionalistas) hacen protestas de españolismo con la boca chica, se reservan abrirla para cantar Els Segadors, el himno del odio”.

En 1906 se formó una gran coalición catalanista llamada Solidaridad Catalana que unió a catalanistas desde la extrema derecha (carlistas) a la izquierda, pasando por los de la Lliga y Republicanos  de El Poble Català. Cuando eso ocurre, los concejales que tenía la Lliga no asisten a la jura de bandera y se niegan a recibir al Conde de Romanones. Lerroux diría de todo esto que, para estar en Solidaridad Catalana “No hace falta tener principios, sino tener estómago”.

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Los Carlistas estaban asociados con el catalanismo por varios factores: una de las cuestiones que les unían era que ellos negaban la soberanía del Estado, algo que ni los catalanistas se atrevían a decir. A principios de 1907, hubo tres grandes manifestaciones en Barcelona contra el nuevo proyecto de Ley, los cambios de la Constitución que era más liberal y que, entre otras cosas, permitía el matrimonio civil.

El Catalanismo estaba en contra de esas cuestiones y pronto culparon a Lerroux. En aquellas manifestaciones no se pedía ir a la caza de él, sino de los Lerrouxistas. El político republicano no se amedranta dicendo que “He sido puesto por el pueblo para ir contra Solidaridad Catalana”.

En marzo de 1907, hubo elecciones provinciales y la amalgama de partidos de Solidaridad Catalana es la fuerza más votada. Pronto deciden que los partidos que forman la unión también vaya juntos en las elecciones a Cortes, así que crean un programa en el que hay gran cantidad de medidas autonomistas que piensan exigir al Gobierno, entre ellas el reconocimiento del derecho catalán. La Iglesia se pone de parte de Solidaridad y acaba habiendo una pequeña guerra en Barcelona, con escaramuzas y altercados, en la cual matan de un disparo a un obrero Lerrouxista. Días después, asaltan el coche en el que van Salmerón y Cambó. Este último es gravemente herido. Al poco tiempo, en Rubí se toman la venganza y agreden a Lerroux, rescatado por la Guardia Civil.

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El antiespañolismo de Solidaridad seguía y su postura comienza a ser la de desprestigiar todo lo castellano. Para eso, utilizó lo que se denomina la “Leyenda Negra española”, descrita por el historiador Julián Juderías como “El ambiente creado por los fantásticos relatos que, acerca de nuestra patria, han visto la luz en casi todos los países; las descripciones grotescas que se han hecho siempre con el carácter de los españoles como individuos y como colectividad; la negación o, por lo menos, la ignorancia sistemática de cuánto nos es favorable y honroso en las diversas manifestaciones de la cultura y el arte; las acusaciones que en todo tiempo se han lanzado contra España, fundándose para ello en hechos exagerados, mal interpretados o falsos en su totalidad; y, finalmente, la afirmación contenida en libros, al parecer respetables y verídicos, y muchas veces reproducida, comentada y ampliada en la prensa extranjera, de que nuestra patria constituye, desde el punto de vista de la tolerancia, de la cultura y del progreso político, una excepción lamentable dentro del grupo de las naciones europeas. En una frase, entendemos por leyenda negra, la leyenda de la España inquisitorial, ignorante, fanática, incapaz de figurar entre los pueblos cultos lo mismo ahora que antes. Dispuesta siempre a las represiones violentas, enemiga del progreso y de las innovaciones o, en otros términos, la leyenda que, habiendo empezado a difundirse en el siglo XVI a raíz de la Reforma, no ha dejado de utilizarse en contra nuestra desde entonces y más especialmente en momentos críticos de nuestra vida nacional”.

Resumiéndolo, diríamos que los catalanistas aprovechan la fama creada a los españoles por sus rivales en la antigüedad, a veces exagerada y a veces inventada, con el fin de mostrar que los catalanes son mejores que el resto de los españoles. Para ello, se excusa a los catalanes de todas las supuestas cosas que España no ha hecho bien. La leyenda negra se centra en dos puntos: en el exterminio indígena en América y la Inquisición, cuestiones que aún hoy en día se utilizan y a las que hay que sumarles la Dictadura de Franco de la que, por supuesto, los catalanes tratan de eximirse.

Lo cierto es que, en todos los libros en los que se habla de la Leyenda Negra, el primer hecho histórico en el que se acusa el salvajismo español es en los destrozos que los Almogàvers hicieron en el Mediterráneo, algo de lo que no hablan los nacionalistas catalanes pero sí del resto para, de esto modo, deslegitimar a España desde su creación. Es decir, su origen se basa en la tiranía, en expulsiones de árabes y judíos, en el robo a los indígenas o en la tortura de la Inquisición, entre otros.

De este modo, los catalanes se excusan de la Reconquista y son los españoles los que destruyeron una sociedad más avanzada, como era el Al-Andalus, además de acabar con América y, en el siglo XIX, acabar con el imperio español.

Solidaridad Catalana pasó a ser la primera fuerza en Catalunya y el Lerrouxismo pasaría a ser parte de la propia Leyenda Negra, hasta al punto de que Lerroux sería incluso expulsado del Partido Republicano, lo que llevó a que en 1908 creara el Partido Radical e iniciara una nueva era.

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