Conversos y renegados. La historia del nacionalismo catalán (IX) El Catalanismo Monárquico y el Catalanismo Hispanista

En la última entrada al blog de Conversos y Renegados, “El nacionalismo catalán es hijo del patriotismo español”, tratábamos de explicar cómo el patriotismo español nacía en las batallas ante la ocupación napoleónica, así como también cómo que el País Vasco y Catalunya se convirtieran en campos de batalla supuso que el nacionalismo español fuese más fuerte allí que en otros lugares, motivo por el cual en la Guerra Carlista fuesen mayoritariamente vascos y catalanes los que defendían lo que llamaban la España pura, en la que las mujeres no podían gobernar, el Rey tenía poder absoluto, la Iglesia era parte indispensable de la imagen nacional y debía volver la Inquisición.

“Dios, Patria y Rey”, reclamaban vascos y catalanes. Como también indicamos, a ese lema se unió “y fueros”; esos derechos regionales fueron los que transformaron a nacionalistas monárquicos españoles en cómo se llamó entonces, regionalistas.

Siempre he tenido la sensación de que las Guerras Carlistas son generalmente desconocidas en España y que no se les da la importancia que tuvieron, no ya porque fueron dos guerras civiles españolas en un margen de 16 años, sino porque su trascendencia llega incluso hasta nuestros días pues, de algún modo, en ese periodo fue cuando la nación se rompió en lo que solemos llamar las dos España. Tras la I Guerra, importantes nombres del bando carlista creyeron que lo ideal para limar asperezas era que Isabel II contrajera matrimonio con el pretendiente carlista Carlos Luis de Borbón. Sin embargo, Isabel II acabó casándose con Francisco de Asís de Borbón y eso realzó a los carlistas.

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Isabel II de Borbón

Centrándonos en Catalunya, que es lo que nos pertoca, hay que recordar que la Segunda Guerra Carlista sucedió casi íntegramente en tierras catalanas. Muchos de los carlistas catalanes de la I Guerra, al acabar esta, se “echaron” al monte actuando como bandoleros para no ser ajusticiados. Una gran crisis en 1846 afectó mucho a las tierras catalanas: las comarcas más pobres y dependientes de la agricultura tenían dificultades de suministro de alimentos, lo que obligó al gobierno a enviar ayudas económicas. La introducción del sistema de reclutamiento de quintas, que privaba a las familias de manos útiles en momentos especialmente difíciles, fue la gota que rebasó el vaso, motivo por el cual los carlistas se unieron.

Los catalanes volvieron a luchar por “Dios, Patria, Rey y Fueros”, pero los carlistas volvieron a salir derrotados. Esas dos guerras sirven para que surja el germen del catalanismo que, como hemos indicado en anteriores entradas, no era más que un regionalismo que defendía sus derechos, su cultura y que también tenía la idea de dirigir España.

Sobre las Guerras Carlistas el filósofo y teólogo Francesc Canals afirmó que “No sé si habrá algún pueblo ibérico o europeo que pueda decir de sí mismo lo que podemos decir nosotros los catalanes. En poco más de medio siglo, en los cincuenta y cuatro años que van de 1822 a 1876, nuestra tierra vivió quince años de guerras populares contra el liberalismo”.

Es decir, ninguna tierra como Catalunya luchó tanto por el conservadurismo, la monarquía y la Iglesia como Catalunya, por más que, a día de hoy, los separatistas acusen de lo mismo al resto de España, sobre todo a la zona sur del país. De hecho, es constante la crítica al conservadurismo del resto de España cuando lo cierto es que el Partido Popular únicamente ha gobernado 13 años en la historia de la democracia, mientras que en Catalunya, a excepción de los 8 años del Tripartito, siempre ha habido un President de la Generalitat de derechas.

Que la mayoría del pueblo catalán apoyara el bando carlista no quiere decir que no hubiera catalanes que estuvieran del bando Liberal-Isabelino. De hecho, intelectuales como Pere Felip y Pere Mata decidieron exiliarse en Madrid

Dando un salto en el tiempo, recordaremos que los gobiernos de los catalanes Estanislau Figueras y, sobre todo, de Francesc Pi i Margall fueron la primera oportunidad de los catalanes para dirigir España. Pero aquello no salió bien y Catalunya, que en ese momento había sido republicana, pasaba paulatinamente a ser regionalista.

Como ya hemos comentado anteriormente, los regionalistas eran en principio monárquicos y más lo fueron con el fracaso de la Primera República. La monarquía era sinónimo de orden para ellos y, como ya dijimos en anteriores entradas, la burguesía catalana fue la gran promotora de la vuelta de Alfonso XII. De hecho, en gratitud al pueblo barcelonés, el monarca decidió entrar en España por Barcelona.

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Alfonso XII de Borbón

Como ya hemos ido comprobando, durante siglos hay que diferenciar mucho los pensamientos de la burguesía de Barcelona con los de los campesinos de la Catalunya profunda, que en aquel momento representaba prácticamente todo el resto .

Ya en tiempos de Alfonso XII, nació en Barcelona la Fundación de la Producción Nacional, dirigida por el industrial Josep Güell i Ferrer, así como también la Fundación Fomento de la Producción Española de Pere Bosch i Labrús, autor del manifiesto A Luchar que acababa con la frase “Pensemos en España: que ha de ser rica y fuerte y considerada para que sus habitantes sean instruidos, disfruten del bienestar y gocen de los beneficios de una buena administración. Todo por España, ¡Viva España!”.

En ese momento, y aunque no hubo un movimiento oficial, los regionalistas monárquicos, de algún modo, lucharon por que Barcelona fuera la capital de España. De hecho, ese había sido un antiguo sueño de la burguesía barcelonesa. Ya en el siglo XVI, Felipe II le dijo a su hijo antes de morir que, si quería que el Imperio durara dos siglos, pusiera la capital en Madrid y si, contrariamente, quería que el Imperio durara siempre, la pusiera en Barcelona.

A finales del siglo XIX, ese sueño fue retomado, al menos querían que Barcelona fuese la capital ultramarina, es decir, si no era capital de España, al menos que lo fuera del mercado hispano, de ahí que muchos regionalistas defendieran el Hispanismo. En esa época fue cuando se construyó la estatua de Colón para presidir el Puerto de Barcelona y en Las Ramblas se situaron los edificios de la Compañía General de Tabacos de Filipinas y el Banco Hispano-Colonial. Desde Pla de Palau hasta el Eixample, son muchos los relatos que se pueden contar sobre las riquezas de ultramar y el crecimiento de la capital catalana.

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Fachada del Banco Hispano-Colonial en Barcelona

También se había fundado el Casino Hispano Ultramarino. De ahí que, como explicamos en la entrada “Más se perdió en Cuba”desde Barcelona se promovieron muchísimas acciones contra el separatismo cubano, llegando al punto de que en Barcelona se fundara la Liga Nacional, una liga antiabolicionista que deseaba mantener la esclavitud en Cuba. De hecho, aún a día de hoy, hay en Barcelona monumentos y calles dedicadas a esclavistas cubanos. El separatismo de la actualidad, sobre todo por parte de ERC y con más ahínco en la CUP, trata de hacer desaparecer de Barcelona todo rastro del esclavismo catalán. Los que lo observen con buena fe creerán que es de recibo no homenajear a estas personas, pero lo cierto es que el objetivo real es desvincular a la sociedad catalana de la leyenda negra española.

Pero la historia esta ahí y que el catalanismo fue el impulsor del Hispanismo es un hecho. En 1892 Barcelona fue la ciudad que puso más empeño en celebrar el IV Centenario del Descubrimiento de América y acogió el Congreso Mercantil. En 1900, con motivo del Congreso Hispanoamericano, ya perdidas las colonias, la burguesía trató de reorientar las relaciones comerciales con Hispanoamérica, se fundó la revista Mercurio. Revista Comercial Hispanoamericana y en 1911 fundó la Casa de América, donde ese 12 de octubre se celebró por primera vez en España el Día de la Hispanidad. Esta iniciativa fue difundida por el periodista José María González, iniciando una campaña para que se proclamara como Fiesta Nacional. Sí, ver para creer, el Día de la Hispanidad es también una idea catalana y catalanista.

Sobre el Hispanismo, Joan Esterlich diría en su obra Catalunya endins: “El catalanismo, en la forma dominante desde su resurgimiento hasta ahora, es una manifestación de hispanismo”.

En ese clima, Montaner i Simón publicaba el Diccionario enciclopédico hispano-americano de literatura, ciencias y artes y nace la empresa Espasa y Salvat, que obtuvieron éxito con la publicación en fascículos coleccionables que podían ser adquiridos por personas que económicamente no podían comprar un libro entero. La pareja fue a vivir a la misma casa donde estaba la imprenta, en la calle Robador. Pablo Espasa se retiró de la empresa y Josep Espasa llegó a un acuerdo con su cuñado Manuel Salvat para constituir Espasa y Compañía. Más tarde, Salvat dejó la empresa y creó Salvat. En sus orígenes, la editorial Salvat publicó obras como Hojas selectas, en la que colaboraron escritores de España y América. La empresa creó una distribuidora en Buenos Aires, donde abrió la primera sucursal americana. Barcelona se convertía, de ese modo, en la ciudad por autonomasia de la literatura Hispano-americana en el mundo.

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