Conversos y renegados. La historia del nacionalismo catalán (V) El sueño catalanista de liderar España

Hemos hablado ya del catalanismo cultural y de cómo se acabó convirtiendo en nacionalismo político años más tarde (podéis encontrar la última entrada publicada de este ciclo aquí). Sin embargo, no hemos explicado cómo ocurrió esa mutación. Será una constante en estas entregas ir adelante y atrás para, de este modo, tratar de que se entienda mejor todo lo ocurrido en Catalunya y cómo el nacionalismo surgió y se propagó.

Ya hemos nombrado en otras entradas a Valentí Almirall, pero ahora nos centraremos más en la vida de este abogado, periodista y político que es, sin duda, un hombre clave en la historia del nacionalismo catalán. Almirall, nacido en Barcelona en 1841 e hijo de una familia acomodada de la burguesía comercial barcelonesa, estudió Derecho y se licenció en 1863 aunque, al parecer, no tenía suficiente vocación para la abogacía y sólo la ejerció ocasionalmente. En cambio, actuó intensamente en la vida pública barcelonesa, llegando a ser en su momento la figura más importante del resurgimiento político catalán.

220px-Almirall
Valentí Almirall

En 1868 participó en la preparación de la Revolución de Septiembre en Barcelona (sublevación militar que supuso el destronamiento y exilio de la Reina Isabel II, así como también el inicio del llamado Sexenio Democrático) e intervino en la fundación del Partido Republicano Federal que se presentaría a las Elecciones Generales de España de enero de 1869. Como ya hemos escrito antes, el catalanismo renaciente nada tenía que ver con el nacionalismo político y la catalanofobia que se ha “vendido” después el separatismo. De hecho, los catalanes eran vistos con gran admiración en ese tiempo, tanto que no es casualidad que los dos partidos grandes que se presentaban a tan importantes elecciones tuviesen al frente a sendos catalanes: en los Republicanos Federales de Almirall, el candidato era Francesc Pi i Margall y la Coalición Progresista Liberal, que a la postre fue la vencedora de dichos comicios, era liderada por el General Prim i Prats.

Francisco_Pi_y_Margall
Francesc Pi i Margall
juan_prim_y_prats_1000x1436
Joan Prim i Prats

Prim, héroe de la Guerra Carlista y de la Guerra de África, moría asesinado en el famoso atentado de la Calle del Turco. El mismo día del asesinato, el futuro Rey Amadeo I de Saboya viajaba hacia España para ser coronado Rey de España, tras la elección del Congreso en lo que debía ser el inicio de la monarquía democrática. El momento político hace imposible el reinado de Amadeo que acabará abandonando, siendo las Cortes las que proclamarán la República el 11 de febrero de 1873. Por más que los delirios separatistas insistan en que en esa época ya a Catalunya le costaba encajar en España y que estos no querían a los catalanes, yo debo seguir contando la historia tal y como fue y, por tanto, contar también que el Congreso eligió como Presidente al también catalán Estanislau Figueras i Moragas, que convocó las elecciones de la I República para el 10 de mayo de 1873.

6604671
Estanislau Figueras

Dichas elecciones las ganaría el catalán Pi i Margall con el 90% de los sufragios. Con el gobierno de Margall y el Partido Republicano Federal, compuesto por catalanes como Ramón Nouvilas y Francesc Suñer i Capdevila, el sueño catalanista de dirigir España era por primera vez posible. Eso no quita que, debido a una proclamación federalista republicana y no separatista, el día 5 de marzo de 1873 y durante 48 horas en Barcelona, se proclamara el Estado Catalán dentro de la Federación Española, que acabó cuando el Presidente de la República, Estanislau Figueras, y el líder del partido federal, Pi i Margall, prometieron la disolución del ejército español en Catalunya. Este episodio es visto por los nacionalistas como uno más de los intentos de independencia, pero ni fue un acto separatista ni, como veremos en breve, ocurrió solamente en Catalunya.

Dentro de los Republicanos Federalistas había, como es habitual en política, distintas corrientes. De este modo, aunque el proyecto de Constitución Federal era común, el proyecto se basaba en una rígida separación de poderes, todos electivos. Así, el Presidente de la República no era elegido por las Cortes sino mediante unas juntas electorales, votadas en cada estado regional, que emitirían su voto. El candidato que obtuviera la mayoría absoluta sería proclamado por las Cortes. Los estados que promovían el proyecto eran similares a la España de las autonomías actual, contando con 15 estados regionales. Estos estados tendrían una “completa autonomía económico-administrativa y toda la autonomía política compatible con la existencia de la Nación”, así como también “la facultad de darse una Constitución política”.

Sin embargo, mientras los moderados, donde se encontraba Pi i Margall, apostaban por tal de que las Cortes Constituyentes elaboraran y aprobaran la nueva Constitución Federal, los intransigentes querían instaurar inmediatamente la República Federal de abajo arriba. La falta de acuerdo hizo que se iniciara la rebelión cantonal. Estos reclamaban que en su programa no se hubiesen incluido algunas de las reivindicaciones históricas de los federales como “la abolición del estanco del tabaco, de la lotería, de los aranceles judiciales y de los consumos repuestos en 1870 por ausencia de recursos”.

En dicha rebelión cantonal y hechizados por el romanticismo y por el regionalismo, ocurrió algo que, para los que lo desconozcan, será muy curioso ya que el separatismo nació entonces. Pero, no solamente en Catalunya, pues Sevilla fue la primera ciudad en independizarse. También lo hicieron otras como Alcoy, Algeciras, Almansa, Andújar, Bailén, Cádiz, Granada, Motril, Salamanca, Tarifa y Torrevieja. Entre otras cosas, fueron rebeliones comarcales o provinciales. El más duradero y activo de todos los cantones fue el de Cartagena. Para ponérselo aún más difícil a Pi i Margall, estalló una nueva Guerra Carlista, una guerra civil que se desarrolló, sobre todo, en las Provincias Vascas, Navarra y en Catalunya, pero de esto ya hablaremos más adelante ya que las Guerras Carlistas son otros quebraderos de cabeza para los que tratan de inventar la historia del separatismo catalán.

Rebelión_cantonal.svg
Focos Rebelión Cantonal

Lo cierto es que la política de Pi y Margall no consiguió detener la rebelión cantonal. El sector “moderado” le retiró su apoyo el 17 de julio proponiendo, para sustituirlo, a Nicolás Salmeron (en los siguientes gobiernos de la I República, contarían con otros ministros catalanes, tales como Santiago Soler i Pla y Víctor Balaguer i Cirera). Al día siguiente, Pi y Margall dimitió y es entonces cuando los catalanes de los Republicanos Federales se dividen. Entre ellos (sin seguir ya en política), se encontraban Pi i Maragall, que creía haber fracasado por las circunstancias y el momento, y otros como Almirall, que no aceptaban el propio fracaso y acusaban a los castellanos de no haber dejado que “el modelo catalán” pudiese cuajar. Almirall dijo de sí mismo que “era demasiado catalanista para los republicanos y demasiado republicano para los catalanistas”, lo que le llevó a acabar abandonado por unos y otros y fracasar una y otra vez en su intento de aunar las fuerzas de todos los catalanistas.

En 1880 organizó el Primer Congreso Catalanista y fue elegido presidente por la mayoría de los mil doscientos congresistas. Al año siguiente, intervino en la organización del Primer Congreso de Jurisconsultos Catalanes, donde defendió enérgicamente el derecho catalán. En 1882 fundó el Centro Catalán de Barcelona y en 1883 organizó el Segundo Congreso Catalanista, que condenó la participación de los catalanes en partidos políticos sometidos a la disciplina de los de Madrid. En 1885 fue redactor ponente de la Memoria en Defensa de los Intereses Morales y Materiales de Catalunya, llamada Memorial de Greuges, y se trasladó a Madrid integrado en la comisión que entregó al monarca.

El mismo año 1886 fue designado presidente de los Juegos Florales de Barcelona y publicó su obra capital: Lo Catalanisme, primera exposición de la doctrina catalanista en el periodo regionalista del movimiento. En 1887 fue elegido presidente del Centro Catalán, pero se produjo una escisión y los disidentes, como Àngel Guimerà y Montaner, fundaron la Liga de Catalunya. Mostró su actitud hostil al proyecto de Exposición Universal de Barcelona y al alcalde Rius i Taulet. Los Juegos Florales de 1888, los de la Exposición Universal, de los cuales fue designada reina de la fiesta María Cristina, la Reina Regente, Almirall y sus amigos del Centro Catalán disienten de la organización y celebran unos de paralelos.

1391485615
Lo Catalanisme de Valentí Almirall

Valentí Almirall acabó sus días alejado del catalanismo que había comenzado a derivar en nacionalismo y luchó por el republicanismo en toda España. Definió, ya en esa época, al catalanismo como “Un arma de reacción contra toda idea moderna, tanto en el terreno político como en el social y religioso absorbiendo casi todo el carlismo de Catalunya (…) no podemos permitir que él (catalanismo) nos confunda. Antes que catalanes somos hombres”.

A pesar de que los nacionalistas traten de achacar sus últimos movimientos políticos a que Almirall comenzó a tener problemas mentales, lo cierto es que acabó militando en movimientos republicanos de izquierda caracterizados por su españolismo, de la mano de otro de los grandes enemigos de los separatistas de hoy, Alejandro Lerroux.

En 1902 escribió en Ribes (Girona): “Siempre hemos visto y pregonado en el federalismo regionalista la particular de ser el sistema de organización que mejor se ha de adaptar a las regiones de España en general, y en particular a la nuestra. De manera que para nosotros es circunstancia afortunada el poder simultáneamente trabajar en pro de nuestra región y de la nación que formamos parte (…) que los separatistas por odio y malquerencia sigan los procedimientos que crean que mejor les lleve a su objetivo, pero no finjan, ni mientan, ni pretendan engañarnos. El odio y el fanatismo sólo pueden dar frutos  de destrucción y tiranía; jamás de unión ni concordia. Pretender buscar la armonía entre las regiones españolas que han de vivir unidas, por el camino de los insultos o al menos de los recelos (…) nuestra propaganda siempre ha tenido el mismo ideal. Jamás hemos entonado ni entonaremos Los Segadors, ni usaremos el insulto ni el desprecio para los hijos de ninguna de las regiones de España”.

Anuncios

Un comentario sobre “Conversos y renegados. La historia del nacionalismo catalán (V) El sueño catalanista de liderar España”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s