El debate interno de los partidos, ¿positivo o negativo?

Que la política se haya convertido en una suerte de espectáculo televisivo de grandes audiencias hace que, a mi parecer, se esté desnaturalizando. A día de hoy, quien más o quien menos se considera un experto en política aunque quizá eso no es del todo nuevo. En España siempre ha habido 40 millones de Presidentes del Gobierno y 40 millones de seleccionadores nacionales de fútbol, pero sí es cierto que ahora, además de creer que sabríamos dirigir el país, también creemos que sabemos dirigir a los propios partidos.

En estos últimos tiempos, me he dado cuenta de que la prensa y con ello la opinión pública, que a mi parecer en España siempre confía más en lo que dicen los periodistas que en los que les dice su propia lógica, ha conseguido que veamos como debilidades de las formaciones políticas el debate interno como si, de algún modo, la fortaleza de un partido político estuviese o no en parecer una estructura sólida o como si el pensar diferente supusiera obligatoriamente no estar unidos.

Los debates de la calle y de la prensa están, en mi opinión, afectando a las formaciones que tratan de ocultar dichos debates internos cuando estos son la esencia de la democracia. Sin estos debates, la política estaría muerta y no avanzaría. Sin embargo, parece que los partidos políticos están algo nerviosos con esto y hablo de partidos en plural.

Las formaciones están compuestas de personas, las cuales cada una son de su padre y de su madre, y que aunque tengan una base ideológica común, no las interpretamos todos del mismo modo. No obstante, como he dicho, los partidos quieren ocultar el debate interno y creo que, cuando eso se hace, no es más que miedo de las cúpulas a que otros con mejores o con, al menos, nuevas ideas les quiten la silla.

En el Partido Popular la siempre polémica Rita Barberá y Esperanza Aguirre ya han tenido sus más y sus menos con algunas de las jóvenes promesas, como Andrea Levy, a la que han acusado entre otras cosas de no tener clara la ideología. En el partido conservador, da la sensación de que las discrepancias están entre el antiguo PP, el que proviene de la Alianza Popular fundada por un Ministro de Franco, y una nueva hornada de jóvenes políticos que han nacido en democracia y no cargan con políticas del pasado.

En los socialistas, las discrepancias parece que son debidas a otras cuestiones y no al cambio generacional; parece que hay una parte del PSOE que aceptó el cambio de Felipe González y que abogan por ser un partido constitucionalista por encima de todo, una formación que, definitivamente, dejó la utopía socialista por la más sensata socialdemocracia. En este barco están, además del expresidente, Guillermo Fernández Vara o Susana Díaz entre sus nombres más destacados. Resumiendo, personas más cercanas al centro. En realidad eso ha sido el PSOE durante muchos años, sin embargo, el miedo a que Podemos les adelantara por la izquierda les ha hecho virar su ruta.

Hablando de Podemos aquí parece que el debate interno esté entre los que quieren tener posiciones socialdemócratas, donde al parecer está Errejón, y el lado de extrema izquierda y anticapitalista en el cual destacan, entre otros, Teresa Rodríguez. El caso de hacia dónde debería andar la formación morada es quizá el más complicado porque, si Podemos no abandona el extremismo, nadie querrá pactar jamás con ellos; sin embargo, si hace eso, dejará de ser Podemos.

Ciudadanos, que en su primera época en Catalunya tuvo problemas sobre dónde debía situarse, parece ahora quien tiene menos problemas internos, lo cual no es ni bueno ni malo, imagino que la cercana expansión a todo el territorio español hace que no haya debate en cuanto al líder ni en cuanto a sus ideas. También el hecho de que no gobierne en ningún lado más que en algunos municipios hace que no haya grandes debates internos, cuando lo normal en una formación de centro sería que hubiese más debate que en las demás formaciones.

Sin embargo, sí hay muchas voces entre las personas que iniciaron el proyecto naranja que no están contentas con la actual deriva de la formación. Muchos de estos hombres que están ya fuera de C’s, no obstante, no han intentado quedarse dentro de la formación para crear ese debate  que, a mi parecer, es tan sano, a pesar de que desde fuera se vea como algo que debilita a las formaciones. Aún así, tal y como he dicho antes, creo que el debate  mueve la democracia pues, si un partido se queda quieto, no avanza y los españoles deberíamos estar contentos de que los haya y de que, con un poco de suerte, esos debates sean ganados por las mejores opciones para nuestro país.

Mi última reflexión es sobre cómo serían unas elecciones con listas abiertas en las que, no sólo pudiésemos votar al Partido, sino que también lo hiciéramos a los candidatos. ¿Qué hubiera pasado si, más allá de que el PP fuese la fuerza más votada, los españoles hubieran podido elegir qué candidato querían? ¿Hubiera sido más fácil llegar a un acuerdo de este modo?

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