Antes de ser ciudadano

En mi primera entrada al Blog, hace aproximadamente 14 meses, comencé diciendo que tardé 4 años en votar a Ciudadanos y 4 más en forma parte de él. De modo que me tomé con calma las cosas. Antes que eso ocurriera, a menudo hablaba con mis hermanos sobre la política española. Recuerdo que muchas veces debatíamos sobre cómo el carácter democrático de nuestro país estaba tan infectado que los ciudadanos veíamos con total naturalidad cosas como que los partidos (en ese caso Convergència) dijesen con total naturalidad que aprobarían o no los presupuestos según lo que les diesen a cambio. Bueno… hay cosas que no cambian tanto ya que Pedro Sánchez también dijo que no aprobaría unos hipotéticos presupuestos del PP sin que estos todavía existan.

En esas conversaciones que teníamos, parecía imposible que, en un futuro, pudiese haber un partido que se dedicara a unir y no a enfrentar, igual que veíamos imposible que los partidos pusieran impuestos a las empresas porque creíamos que estas dominaban a los partidos políticos. Sin embargo, ahora en el pacto PP-Ciudadanos hay una específica subida a las empresas del IBEX 35 (¿Seguirá la cantinela de que C’s es el partido del IBEX?). En aquella época, mis hermanos y yo votábamos a partidos diferentes. Como ya he escrito otras veces, yo también he utilizado el mal llamado voto útil, cosa de la que  me arrepentí.

En aquellas conversaciones, siempre recalcaba que lo ideal era que nadie gobernase en mayoría, que lo ideal sería que hubiera que recurrir a pactos, pero para eso hacían falta más partidos ya que en ese momento, como partidos bisagras, solamente podían actuar los nacionalistas que, lejos de su primera razón de ser, intentar gobernar el país a su modo regionalista, desde la restauración de la democracia, solamente actuaban buscando el bien propio y no el bien de la nación.

Además, como catalán, he podido comprobar que Convergència miraba, como he dicho antes, el bien propio, el cual no hay que confundir con el bien de mi tierra. Convergència, herencia de la derecha catalana burguesa y cuya única ideología era “poder abrir la fábrica los lunes”, solamente buscaba poder y, sobre todo, cuando el PP llegó al gobierno, sucedió como el perro que se muerde la cola, pues el PP y Convergència pasaron a utilizar la catalanofobia para ganar votos, unos en Catalunya y los otros en el resto de España.

De ese modo, el partido de Jordi Pujol dejó de actuar como un partido regionalista y no aprovechó su poder para mostrar al resto del país las grandes cosas que Catalunya tiene para mostrar, ni tan siquiera para explicar y hacer comprender a los otros pueblos de España las particularidades que tiene esta tierra, sino que Pujol intentó hacer antipática a Catalunya en España y que España resultara antipática a Catalunya. Con el tiempo, pasamos al Madrid nos odia y al España nos roba del separatismo catalán.

Cuando Rosa Díez y los suyos presentaron UPyD, pensé que comenzaba a haber la posibilidad de esa tercera fuerza que anulase el poder nacionalista. Sin embargo, UPyD no logró tener los apoyos para ser decisivos puesto que, a mi modo de ver, a pesar de que la formación magenta hizo muchas cosas buenas, nunca entendí que, en lugar de hacer de políticos, muchas veces hicieran de fiscales. Y no es que desprecie la lucha de UPyD contra la corrupción, todo lo contrario, pero sí opino que no lo hicieron del modo adecuado.

Con la erupción de Ciudadanos y Podemos, sí daba la sensación de que el bipartidismo que había hecho que la democracia española dejara de progresar iba a acabar. No me rasgo las vestiduras al admitir que creí que la presencia de Podemos iba a ser positiva para la salud de la democracia española pero, claro, eso fue hasta que observé que Podemos no quería acabar con el bipartidismo, sino formar parte de él, y que iba a ser el Caballo de Troya de los nacionalistas (En Comú, Compromís, En Marea y hasta Bildu) para que estos siguiesen dominando la gobernabilidad de España.

Al PSOE, que tantas cosas mal ha hecho en los últimos años, siempre tendremos que agradecerle que se negara a pactar con Podemos y, obviamente, también a Ciudadanos, que se adelantó al pacto con el PSOE y, de ese modo, dejó a la formación morada en meros espectadores de la actualidad política. Tras ir a las urnas de nuevo Ciudadanos, ha tragado sapos y culebras para poder llegar a un acuerdo con el PP, un acuerdo que es lo menos malo a lo que podemos aspirar a día de hoy. Una vez iniciada la conversación, era muy pesimista con lo que C’s podía sacar de ahí, sin embargo, al leer los 150 puntos de acuerdo, me sorprendí (de hecho, aún estoy sorprendido) de cómo los populares han podido ceder tanto.

Ayer traté de ver gran parte del debate. Tuve que ver cómo Pedro Sánchez seguía con el no,no,no,no y “qué parte del no no has entendido”, a pesar de que, en estas últimas elecciones, el PP haya salido aún más reforzado y que unas nuevas elecciones seguramente le beneficiarían todavía más. También pude que oír un miserable discurso de Pablo Iglesias que creo que le ha hecho perder aún más votos y que, al final, se quedará únicamente con los verdaderamente suyos, con esos que puño en alto cantan canciones de la Guerra Civil y que sonríen con los 300 millones de asesinatos que el comunismo lleva en su mochila.

Obviamente, el líder podemista (que me han dicho que no diga podemita que es despectivo) volvió a hablar de la Guerra Civil y de la Dictadura de Franco. Entre otras lindezas, recordó algo que todos tenemos claro, que Alianza Popular fue fundada por ministros de Franco y que su primer presidente fue un personaje tan tétrico como Fraga Iribarne. “Su partido lo fundaron unos señores que utilizaban el saludo romano y vestían de camisa azul”(…) “a España no se le olvida de dónde vienen, de un régimen que prohibía los partidos” (…) “Sé que les avergüenza , pero su partido lo fundaron ministros de una Dictadura”.

Todo cierto, pero también es cierto que al Partido Popular le tendremos que agradecer eternamente algo todos, incluso los que jamás les hemos votado: que la extrema derecha que gobernó España haya quedado en el olvido y que no tenga representación, algo que ojalá los socialistas hubieran hecho con la extrema izquierda. Después tuvimos que oír al castrista Alberto Garzón dirigirse a los Diputados como representante de la gente. ¿De qué gente, me pregunto yo, si su formación tuvo que unirse con Podemos porque solamente había sacado 2 escaños? ¿Eso es ser el pueblo?, ¿los demás que somos?

De lo que dijeron los nacionalistas ya hablaremos en otra ocasión, sobre todo de lo que dijo ese cómico metido a político, el insultón y desvergonzado Tardà quien, entre otras perlas, dijo que si “los metían en la cárcel, daba la libertad a Catalunya”. Tiene tela que, con sólo el 17% de los votos, alguien de ERC se muestre como representante de los catalanes. Pero, bueno, en otra ocasión hablaremos de Tardà pues me gustaría  acabar mi blog hablando de otro catalán, de Albert Rivera.

Hay seguidores, votantes, militantes y afiliados de Ciudadanos que ven a Albert como el amado líder que nunca se equivoca. Yo no soy de esos puesto que hay días que Rivera me gusta más y otros que me gusta menos. Ayer, oyendo su discurso, recordé aquellas conversaciones con mis hermanos, recordé qué cosas que pedíamos entonces tales como que hubiera bajas por maternidad más largas, ayudas para los autónomos o que los jueces puedan elegir a sus representantes, además de un largo etcétera eran peticiones que nos parecían imposibles pero que ahora, sin embargo, no lo son, del mismo modo que también es posible los lazos entre partidos, pues hay que buscar siempre la unión y no el enfrentamiento. Todo eso que pedía antes de ser de Ciudadanos ahora mi representante en el Parlamento lo estaba defendiendo.

Yo no soy de los que elogian siempre al líder, soy más socioliberal que de Ciudadanos y más de Ciudadanos que de Albert Rivera. Ayer me sentí orgulloso de mi ideología, de mi partido y del líder del mismo. Albert Rivera demostró que tiene madera para dirigir este país, que es el mayor y mejor hombre de Estado de la actualidad. Albert Rivera demostró que puede ser el Presidente que mire a los ojos a los líderes europeos. Por eso, sólo puedo acabar esta entrada dando las gracias a los representantes de Ciudadanos en el Congreso, por llegar a este gran acuerdo y por representarme tan bien. Y, cómo no, dar las gracias a Albert Rivera por decir en la casa de todos los españoles lo que mis hermanos y yo, que votábamos a partidos diferentes, reclamábamos desde el salón de casa hace ya algunos años.

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