Ni fascistas, ni colonos, ni botiflers, ni nacionalistas españoles, simple y llanamente españoles de España

Llevo algún tiempo investigando, estudiando, leyendo toda la historia del nacionalismo catalán. Intentando conseguir libros, periódicos antiguos, leyendo artículos, tratando de saber todo lo que ocurrió en el pasado para entender el presente. Espero tener preparada pronto una serie de entregas sobre dicho nacionalismo, pero hoy no voy a hablar de eso sino que, a consecuencia de un artículo que leí hace poco, escrito para The Daily Telegraph por el líder catalanista Francesc Cambó del partido conservador Lliga Catalana y en el que comentaba los hechos ocurridos que llevaron a la Guerra Civil, me reafirmo en mi pensamiento en el que la actualidad política es similar al que había en la época justo anterior a que estallase el conflicto bélico.

Como ya he dicho más de una vez, con esto no estoy diciendo que vaya a haber una guerra. Realmente no creo que eso pueda ocurrir, pero sí pueden haber ciertos enfrentamientos entre la población que hagan difícil la convivencia entre los ciudadanos. En el artículo de Cambó, publicado el 28 y 29 de diciembre de 1936, se relataba cómo, en las elecciones del de 16 de febrero de 1936, la población no votó a partidos que defendían ideas cercanas al fascismo y ponía como ejemplo que, en esas elecciones, en Madrid, lugar donde el fascismo según él era más numeroso de 400.000 personas del censo, solamente 3.000 votaron a formaciones fascistas.

Proseguía el líder catalanista diciendo que, en dichos comicios, los partidos de izquierda que formaron el Frente Popular se organizaron para luchar contra un fascismo inexistente y que, persiguiendo ese fantasma, consiguieron crear una realidad un bando llamado “fascista” porque era cómo le llamaban su enemigos. Cambó afirmaba que el gobierno de izquierdas buscaba una sovietización del país y que el fin no era la democracia republicana sino desbancar la República para entrar en una dictadura del proletariado, es decir, una dictadura comunista a imagen y semejanza de lo que había sucedido en Rusia tras la Revolución Bolchevique.

En España, con las diferencias del tiempo, está ocurriendo algo similar: que el guerracivilismo cada día está más patente es una obviedad y, en mi opinión, no sólo por parte de los políticos, sino lo que es más preocupante, por parte de los ciudadanos. No sé si se deberá a la crisis o al creciente interés político de los ciudadanos pero es obvio que cada vez hay más enfrentamientos y menos respeto por los que piensan diferente y desde la nueva extrema izquierda que comparten Izquierda Unida y Podemos, como ocurrió antes de la Guerra Civil, nos acusan de fascistas a todos los demás.

Para más inri, los que vivimos en Catalunya, además, tenemos que sufrir las mismas descalificaciones por parte de los independentistas donde ya no es que nos llamen fascistas, sino que, ni siquiera, somos catalanes para ellos. El Nacional-catalanismo ha conseguido que, de algún modo, se asocie lo independentista a lo catalán y los que no, a lo fascista. Pero no es así, no somos fascistas pues yo ni siquiera soy nacionalista español o como lo quieran llamar, simplemente soy español de España y, por supuesto, catalán de Catalunya.

La presión que vivimos en Catalunya los no independentistas, como ya comenté alguna vez, hizo que en su día me llegara a plantear ir a vivir a otro sitio. A día de hoy, no puedo estar más feliz de haberme quedado en mi tierra, donde no sólo quiero vivir, sino que quiero envejecer y, llegado el momento, incluso espero que mis cenizas queden para siempre en la tierra de mi barrio; quiero quedar para siempre en mi Ca’ n Oriol, en mi Rubí, en mi Catalunya y en mi España.

Quedarme para luchar por los que piensan como yo, contra los que injustamente nos acusan de cosas que, por supuesto, no somos fue el motivo por el que no abandoné mi tierra y, día tras día, observo que hay mucho por hacer. El nacionalismo y la extrema izquierda son dos grandes lacras para el avance de nuestra nación. En los últimos días, me han contado dos situaciones lamentables que hacen que no me olvide que vale la pena seguir luchando y que no hay que desfallecer por duro que sea. Porque hay personas que quieren silenciar a los que no piensan como ellos y esas son cuestiones que no se pueden permitir.

Hace unos días, una amiga me contaba cómo en su día protestó porque en su universidad se trataba el proceso soberanista de forma partidista y sectaria, a lo que (y ante la pasividad del profesor) un alumno le indicó que ella no podía opinar de ese tema ya que su apellido era Rodríguez. Es decir, mi amiga no era verdaderamente catalana, a pesar de haber nacido en Catalunya, de vivir siempre en esta tierra y de que su madre y su segundo apellido fuesen catalanes. Si no eres independentista, eres una fascista, da igual que, como en este caso, mi amiga sea de izquierdas.

Otro caso lamentable es el que le ha ocurrido a un familiar al que (y esto fuera de Catalunya) un vecino le ha indicado al Presidente del edificio que debía quitar la bandera española que tenía colgada en el balcón. Al no hacerlo inmediatamente y reclamar que le enseñasen la ley por la cual dicha acción era ilegal, vio con sorpresa cómo un vecino (suponemos que el denunciante) había colgado una bandera de la República.

Nunca hubiera pensado que en el año 2016 un extremista de izquierda pudiera sentir a la bandera nacional de la España democrática como un ataque a sabe dios a qué… ¿Así estamos ya? ¿A este punto ha llegado el guerracivilismo en este país? Obviamente, para ese nostálgico que nunca vivió la República, los que sentimos como propia la bandera de España somos fascistas, como si la bandera de un país democrático pueda, de algún modo, representar algo tan antidemocrático como el fascismo.

Para los independentistas, para la extrema izquierda, todos los demás somos fascistas y eso se debe, como dijo Cambó en 1936, a que para su propia supervivencia necesiten crear un enemigo. Lo que es una obviedad es que todo aquel que para sentirse más catalán necesita ser independentista o para ser más de izquierdas deba acusarnos a los demás de lo que no somos es porque duda de lo que ellos son. Yo lo tengo claro, ni fascista, ni colono, ni botifler, ni nacionalista español, simple y llanamente español de España.

 

Fuente de la fotografía de portada: relojistas.com
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3 comentarios sobre “Ni fascistas, ni colonos, ni botiflers, ni nacionalistas españoles, simple y llanamente españoles de España”

  1. Recomiendo un libro esclarecedor de nuestra historia breve y muy documentado La Corona de Aragón del proferor José Luis Corral. Acabo de leerlo.

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  2. Menuda idiotez acaba de decir que Podemos y I.U. , son de la derecha, estos intimos de los etarras y de todo lo contrario a una España Unida , lo que si es una verdad como una casa que este sistema es inviable, empezando por la corrupcion y terminando por los fiscales y jueces de este pais, que no esta en el orden que tenian que estar se contradicen unos a otros y eso es muy malo para la supervivencia, y otro tema que no a tocado es los inmigrantes porque nos llenan el pais de inmigrantes si aqui no hay trabajo esa es otra, y las subveciones y las ayudas ,…

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