En esta rueda de pactos lo que está en juego es el sentido de Estado del PSOE

A mi modo de ver, el Partido Socialista dio en la pasada y corta legislatura claras muestras de miras de Estado, a diferencia de en ocasiones anteriores. Cierto es que sabemos que Pedro Sánchez, tras el 20 D, era un cadáver político y que el pasapalabra de Mariano Rajoy ante el Rey le hizo resucitar, pero no es menos cierto que, quizá, en otro momento, los miembros del PSOE se hubieran sentido tentados gobernar como fuese, incluyendo un pacto con los populistas y con el beneplácito de los independentistas.

Sin embargo, los socialistas trataron de realizar el pacto más complejo, pero también el más sensato. Curiosamente, esa parte de la España que protesta por todo criticó que el PSOE tratara de hacer un pacto, como fue el de los doscientos puntos de acuerdo con Ciudadanos, por más que era el más beneficioso para la estabilidad del país.

No hablo de Sánchez, hablo del partido; me da igual quién diese las órdenes, la cuestión es que los socialistas no aceptaban gobernar con Podemos, no aceptaban el chantaje, no aceptaban las sillas que ya había encargado Pablo Iglesias, incluidos la vicepresidencia, el Ejército, la Policía, los espías y la televisión.

La pinza PP-Podemos obligó a que se convocaran otras elecciones: el Partido Popular, porque sabía que le beneficiaba y, Podemos, porque subestimaron su propia inteligencia y dieron por hecho que en política dos mas dos son cinco y que los votos de IU iban a Podemos. La táctica Podemista de, a falta de tener más votos, comprar almas falló por algo tan sencillo como que creyeron que los votos son de los partidos y no de las personas y que las personas que habían votado anteriormente a Izquierda Unida, esta vez iban, a votar simplemente a quien les diera la gana y no a quien Alberto Garzón dijese.

Del mismo modo que creía que lo mejor para España era que PP o Podemos se abstuvieran para permitir el pacto PSOE-C’s, ya he comentado anteriormente que, en esta ocasión, PSOE y C’s deberían permitir, también con la abstención, que gobierne la fuerza más votada. Eso sí, a cambio de muchas, pero que muchas, concesiones de los Populares.

Se han oído muchas voces que opinan que lo ideal es que el PSOE pregunte a sus bases si deben o no deben permitir la gobernabilidad del PP. Me llama la atención que, últimamente, todo el mundo esté tan de acuerdo en este tipo de consultas. A mi modo de ver, los referéndums, tanto a las bases de un partido político como a la ciudadanía, son actos de irresponsabilidad política. La democracia debe ser representativa y los que verdaderamente conocen los problemas son quienes deben tomar decisiones y no los que muchas veces somos ignorantes de las cuestiones más importantes.

Tras el Brexit, creo que todos deberíamos tener claro que las grandes decisiones son para los que cobran por asumir ese tipo de responsabilidades y no para los ciudadanos de a pie. Por eso, quizá la solución no esté en la decisión de las bases, sino en que (y, lógicamente, tras las conversaciones) el PSOE dé libertad de voto a sus miembros, cosa que, obviamente, no van a hacer, pero que quizá fuese lo más sensato y que, por supuesto, permitiría la gobernabilidad de este país. Porque todos tenemos claro que, si de los Diputados socialistas dependiese, habría gobierno y que, si finalmente el PSOE vota en grupo de forma negativa, sería a petición de la cúpula y eso sólo podría ser por un motivo: intentar gobernar con Podemos y con el beneplácito de los independentistas, lo que sería un cambio drástico en el comportamiento de los socialistas.

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