¿Quién salvará el Procés? ¿PSC o Podemos? Se admiten apuestas

La CUP, un partido anticapitalista, anarquista, partidario de la okupación de las propiedades privadas y de la Kale Borroka, es la base donde una autonomía tan importante para España como Catalunya debe sostenerse. A Junts pel Sí le fallaron las cuentas en las pasadas elecciones catalanas: en el año 2012 Convergència y Esquerra consiguieron 71 diputados y un 44,4 % de los votos, de modo que unieron fuerzas con el objetivo de llegar al 50,1% y mantener la mayoría absoluta que está en 68 parlamentarios.

Artur Mas y Oriol Junqueras, embriagados por manifestaciones donde supuestamente (no se lo creen ni ellos) había 2 millones de personas, creyeron que era el momento de unir fuerzas y mostrar una mayoría soberanista. Pero no la hubo, Junts pel Sí perdió 4,8% de votos y 9 diputados. Artur Mas quedaba en manos de que un partido antisistema le permitiese gobernar. Finalmente, la CUP permitiría el gobierno de Junts pel Sí, a cambio de la cabeza de Artur Mas y Carles Puigdemont, el señor Mas de lo mismo, era nombrado President.

Un pacto del partido de la burguesía catalana, que primero fueron monárquicos, después franquistas, más tarde catalanistas y ahora independentistas, con tal de chupar del bote y que suponía unirse con un grupo de antisitemas para gobernar. ¿Difícil? Mucho, pero todo intento es poco para salvar el Proceso, el proceso judicial de los Pujol, claro, que es realmente de lo que va esto del independentismo.

Ahora la CUP, que llamaba a los catalanes a la desobediencia, no aprueba los presupuestos de Junts pel Sí porque, sin presupuestos, para una autonomía, pero no para un país. En fin, queda visto para sentencia que el Catadisney de la CUP es aún más de dibujos animados que el de el señor Mas de lo mismo y sus secuaces.

De modo que en septiembre habrá una moción de confianza para el President Marioneta. En ella, en teoría, tendrá 62 votos a favor (los de Junts pel Sí) y 63 en contra (los de toda la oposición). De modo que los 10 de la CUP volverán a ser el árbitro que decida.

Desde el minuto 0, ha comenzado la segunda parte del PressingCup. Los amigos cupaires, que no tienen miedo ni a las pelotas de goma de la policía del régimen, supuestamente atemorizados, llegaron a un acuerdo la otra vez. ¿Volverán a repetir? En Catalunya todo el mundo cree que sí, que finalmente la CUP cederá, que al final en una de esas múltiples asambleas y, tras empate, prórroga y penaltis, la CUP dirá Sí por un voto.

Yo tengo la sensación de que, en estas asambleas, al final siempre se hace lo que dice el que más grita y me parece que quien más grita es Anna Gabriel. En este caso, quizá la CUP diga No y entonces, teóricamente, deberíamos ir a nuevas elecciones en noviembre.

¿Acabaría entonces el Procés separatista? No. La independencia de Catalunya es cómo esas películas de terror malas en las que, al final, el fantasma siempre aparece para hacer una nueva parte. A más, sabiendo que hay partidos que se mueven única y exclusivamente por intereses electorales, si hay partidos a los que les interesa que las elecciones no se repitan, ayudarán a aprobar los presupuestos.

En la Catalunya en la que se quiere que haya ciudadanos de primera y de segunda, en la que se quiere separar a los catalanes por la lengua o por las costumbres, unas nuevas elecciones deberían convertirse en el fin de toda esta locura nacionalista, pero no va a ser así por varias cuestiones.

Primero, porque obviamente no hay un grupo del No, sino que Ciudadanos, PSC, Catalunya Sí que es Pot y Partido Popular tienen autonomía propia y pensamientos diferentes.

De todos modos, en el caso de que la CUP dijera No al voto de confianza (que lo gracioso sería que dijese Sí, pero que le volvieran a negar los presupuestos), seguramente PSC o Podemos pelearían por llegar a un acuerdo con Junts pel Sí (y si no, al tiempo) ya que las encuestas dicen que muchas personas quieren un referéndum, aunque sea para votar No.

En realidad, lo que habría que hacer es informar a esas personas que quieren referéndum para votar No que esa ley solamente existe para las colonias y los pueblos oprimidos y que, si el gobierno de España aceptara esa votación, estaría reconociendo que Catalunya es un pueblo oprimido, cosa que no es, y que, entonces, ya no habría STOP pues se podrían estar haciendo referéndums de independencia cada día, con la diferencia de que, si gana el No, podrían repetirse  eternamente hasta que ganase el Sí y que, si una sola vez ganara el Sí, sería una decisión para los siglos de los siglos.

 

Fuente de la fotografía de portada: lavanguardia.com
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